Dicen que el exgobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina sigue esperando su nombramiento como titular del Instituto Nacional de Migración, pues el cargo se mantiene ocupado por Francisco Garduño Yáñez, amigo del expresidente Andrés Manuel López Obrador; esto a pesar de que la presidenta Claudia Sheinbaum había decidido nombrar al poblano desde inicios de su sexenio. Según dicen en la 4T, el cambio ocurrirá cuando tenga lugar “una circunstancia especial”, lo que no queda claro es si se refieren a una plática entre el exmandatario tabasqueño y la nueva administración federal o si se trata de alguna modificación en la estrategia para atender la migración en el marco de las negociaciones con Estados Unidos. (A la Sombra, El Sol de México, Nacional, p. 2)
De allá para acá
Donde menos se espera salta la liebre. Agentes de Inmigración de Estados Unidos aprehendieron en Houston y deportaron a México a Ariel Núñez Figueroa,
Se trata de uno de los principales implicados en la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Se dice que es muy cercano al Patrón, cuyo apodo aparece en las indagatorias como quien dio la orden de desaparecer a los jóvenes.
En el momento de los acontecimientos, septiembre del 2024, Núñez Figueroa era policía en activo de Huitzuco; por ahí, tierra de tigres, comenzará la búsqueda del Patrón (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
Hay reconocimiento, entre tirios y troyanos, de que México es el país que mejor ha negociado con Donald Trump.
Esto no solo se debe a la doble pausa conseguida en la aplicación de los aranceles con los que nos amenazaba, sino también a la posibilidad de que estos se suspendan permanentemente.
La clave está en que Trump, al analizar las relaciones comerciales globales antes de abril, finalmente decida no incluir el IVA como parte del “arancel” que pagan las empresas norteamericanas, pues se trata de un impuesto aplicable a todos los agentes económicos, sin importar su origen.
Es claro, sin embargo, que Trump necesita “colgarse varias medallas” en la nueva relación con México. Lograr que perciba suficientes elementos para afirmar que ha ganado es clave para nuestro futuro.
Parece que la diplomacia coordinada por la presidenta Sheinbaum, junto con el sector privado y sus aliados en Estados Unidos, está rindiendo frutos… por ahora.
Sería muy complicado que Trump hubiera aceptado la pausa en los aranceles si no hubiera percibido presión de las empresas norteamericanas para evitar romper de facto el TMEC.
Pero, al mismo tiempo, no podría haber tomado esta decisión sin que el gobierno mexicano hubiera mostrado de manera fehaciente los avances en el control de la migración ilegal y el combate a los cárteles que operan el tráfico de fentanilo y sus precursores.
En las pocas semanas que restan para el 1 de abril, se requiere seguir trabajando en la misma línea e ir más allá.
El tema de la seguridad es especialmente delicado, pues se ha hecho evidente que al gobierno de Trump no le bastó la entrega de capos de las bandas de narcotráfico ya aprehendidos.
Aunque sería relevante la captura de otros personajes de alto perfil, quizás el factor determinante es que el gobierno mexicano detenga a figuras del aparato político con vínculos con el crimen organizado.
Según documentos de la Casa Blanca, este parece ser el principal déficit detectado por el gobierno de Trump: no se ha combatido con suficiente fuerza a quienes desde el interior han tolerado o incluso pactado con los criminales.
Para la presidenta Sheinbaum, la oportunidad política es única, pues cuenta con un amplio respaldo de la población y podría actuar para capturar a personajes políticos, consolidando aún más su liderazgo.
De esta manera se reduciría la posibilidad de que el gobierno estadounidense no reconozca los avances obtenidos.
Se ha reiterado varias veces, pero vale la pena recalcarlo: la disputa estratégica principal de Trump no es con México, sino con China.
En la medida que Trump perciba que mantener una relación comercial fluida con nuestro país fortalece su posición estratégica frente a China, podría desviar la atención de México hacia otros temas más urgentes, como el techo de la deuda, las disputas arancelarias y tecnológicas con China o la situación en Ucrania, por mencionar algunos.
En una conversación sostenida en La Silla Roja, con el exsecretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, planteábamos que la clave está en convencer a Trump de cambiar su lema original: no solo “Make America Great Again”, sino “Make North America Great Again”, incluyéndonos como parte del fortalecimiento económico regional frente a otros bloques económicos globales.
No será fácil, pero si queremos evitar cuatro años más de incertidumbre sobre las acciones del gobierno de Trump hacia México, debemos esforzarnos en lograr un acuerdo que brinde estabilidad.
No será fácil debido al temperamento volátil del presidente estadounidense, pero conseguir ese acuerdo sí merecerá celebrarse.
Ventas masivas en las bolsas
La semana pasada nos preguntábamos en este espacio: “¿Se acerca la recesión de Trump?”.
Las preocupaciones volvieron a asaltar a los inversionistas el día de ayer, provocando un lunes negro en las bolsas de EU.
El índice Nasdaq tuvo su peor día desde el 2022. Las acciones tecnológicas fueron las que encabezaron las pérdidas.
Los temores de recesión e inflación están presentes. A ver si esto ayuda a la negociación de México, ahora que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y su equipo están hoy en Washington. (Enrique Quintana, El Financiero, Página Dos, p. 2)
El retorno de los republicanos a la toma de decisiones en el gobierno de Estados Unidos ha traído de vuelta el discurso, y probable toma de acción, en contra de las personas migrantes, planteando como un punto central de la política migratoria las deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados o sin un estatus legal permanente.
La idea de las deportaciones masivas se alimenta de un sentimiento proteccionista que pretende favorecer el aumento de empleos y de salarios para los norteamericanos nativos, y que además fue respaldada por un gran porcentaje (alrededor del 54%) de votantes que le otorgaron la victoria a Donald Trump en las pasadas elecciones en noviembre.
Esta situación es especialmente preocupante para el sector agrícola y para los trabajadores de origen mexicano o de países centroamericanos que laboran y sostienen prácticamente toda la cadena de distribución de alimentos en Estados Unidos. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas del Departamento del Trabajo de Estados Unidos, alrededor de 60.65% de las personas que se encuentran trabajando en el campo norteamericano nacieron en México, mientras que 5.6% provienen de países centroamericanos, lo que arroja un total de 67.39% de la fuerza laboral en el campo, es decir más de la mitad del total de trabajadores. Por otra parte, de acuerdo con cifras del Centro Nacional para la Salud del Trabajador Agrícola, se estima que existen 2.9 millones de trabajadores agrícolas en Estados Unidos, de los cuales alrededor de 1.7 millones son inmigrantes indocumentados.
Así pues, en el escenario hipotético que ha planteado Donald Trump en el que la deportación masiva de inmigrantes indocumentados es una constante, estamos hablando de que afectaría a más de la mitad de la fuerza productiva en el campo, que además, a partir de la pandemia de COVID-19, ha sufrido una escasez muy importante de mano de obra. La idea de que los trabajos que desocupen los inmigrantes indocumentados serán sustituidos por mano de obra norteamericana tampoco tiene un sustento sólido, pues de acuerdo con un estudio que registró el retiro de aproximadamente medio millón de trabajadores mexicanos en el campo tras la cancelación del programa de braceros en 1965, arrojó que la exclusión de estos trabajadores no se tradujo inmediatamente en la mejora de los empleos para estadounidenses, ni el aumento de los salarios. Por el contrario, los empleadores buscaron ajustar la escasez de mano de obra con otro tipo de estrategias como la mecanización de los procesos de siembra y cultivo, el uso de otras variedades de semillas y el empleo de agroquímicos y pesticidas, o sencillamente la contratación de inmigrantes indocumentados.
Las disrupciones en la cadena de producción de alimentos que provocaría la deportación masiva de la fuerza laboral en el campo son amplias y altamente costosas puesto se perderían ingresos fiscales esenciales, además de que se verían afectados los precios de los alimentos al perder gran parte de la mano de obra esencial, sumado a las perturbaciones de la economía norteamericana en general. En suma, la contribución de las personas jornaleras agrícolas migrantes para el funcionamiento del sistema alimentario de Estados Unidos es incalculable, y la falta de reconocimiento del mismo es un gran problema que los impulsores de la política migratoria trumpista están tomando muy a la ligera sin prever las graves consecuencias que ello podría tener para la vida misma de millones de norteamericanos. (Daniel Cortés Martínez, NosotrXs, El Sol de México, Análisis, p. 21)
Hace unos días, en mi oficina de la Cámara de Diputados, tuve la visita de Carmelita, una joven empresaria originaria de Tapachula. Me contaba con entusiasmo sobre el crecimiento de su negocio, una pastelería, me pareció fascinante que fuera uno de los negocios que abrió sus puertas para personas migrantes que buscan una oportunidad de empleo y mejores condiciones de vida.
El trabajo de las personas migrantes es esencial para las economías globales, ya que suple la escasez de trabajadores en sectores específicos. Además, las remesas que envían a sus países de origen son una fuente crucial de ingresos para muchas familias y, en algunos casos, representan una parte importante del PIB de sus países de origen.
Para darnos una idea, las y los mexicanos que laboran en Estados Unidos generan alrededor de 338 mil millones de dólares anuales, una cantidad mayor al PIB de países como Chile, Perú y Colombia. Además, el 80% de los salarios que los trabajadores mexicanos ganan en Estados Unidos se consumen ahí mismo.
Si estos trabajadores dejaran de consumir, la economía norteamericana podría contraerse entre 2.6% y 6.2% del PIB. En los últimos años, el flujo migratorio hacia México ha aumentado considerablemente y muchas de las personas que transitan dentro de nuestro territorio deciden quedarse.
El marco jurídico nacional contempla instrumentos para que las y los migrantes puedan laborar de forma segura y digna, como la condición de Visitante Trabajador Fronterizo o el Programa de Integración Local para refugiados.
De acuerdo con datos de ACNUR, más de 35 mil personas refugiadas han encontrado empleo formal en México, lo que ha generado un impacto positivo en la economía, con una contribución anual de 187 millones de pesos en impuestos y contribuciones estatales.
Afortunadamente, México cuenta con herramientas legales que regulan el ingreso y estancia de personas en situación de movilidad o refugio, permitiéndoles incorporarse al mercado laboral. Sin embargo, aún hay retos, uno fundamental es hacer más accesible el procedimiento de reunificación familiar para que estas personas puedan estar junto a los suyos.
Historias como la de Carmelita nos recuerdan que la migración no es solo un desafío, sino también una oportunidad para establecer políticas de puertas abiertas que ayuden a fortalecer nuestras economías. (Rosy Urbina, El Sol de México, Análisis, p. 22)