Deportaciones de Trump
Desde Estados Unidos el gobierno de Donald Trump ya implementa los programas de deportaciones de indocumentados y cancela el acceso al asilo a los migrantes latinoamericanos. En la conferencia matutina del pasado 3 de marzo, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que desde la llegada de Trump a la Casa Blanca ya habían sido deportados a México 15 mil 611 mexicanos, y 4 mil 52 personas de otras naciones latinoamericanas.
Las expulsiones de los extranjeros se realizan en autobuses estadunidenses, dejando a connacionales en ciudades fronterizas y, además, se están haciendo por vía aérea. En el aeropuerto de Tapachula, Chiapas, se han recibido 13 vuelos, dejando un total de mil 500 migrantes mexicanos y centroamericanos (La Jornada, 17/3/25). También se está expulsando a aquellos que en Estados Unidos residían bajo el programa TPF llamado parole, esto es, por tener un permiso humanitario.
Trump ya estableció acuerdos con mandatarios latinoamericanos y del Caribe para cancelarles el permiso humanitario a migrantes y devolverlos a sus países de origen.
En febrero y marzo se deportaron en aviones estadunidenses a cubanos, haitianos, brasileños, colombianos, nicaragüenses y, mayormente, a venezolanos. Sobre lo anterior, el caso más distintivo fue la expulsión de 324 venezolanos a El Salvador (La Jornada, 30/3/25). Los presidentes Trump y el salvadoreño Nayib Bukele acordaron encarcelar a ciudadanos venezolanos con el cargo de terroristas y confinarlos en la megacárcel de máxima seguridad conocida como Centro de Confinamiento del Terrorismo. (Mario Trujillo Bolio, La Jornada, Editorial, p. 2)
Negociaciones contra aranceles de Trump hasta el último minuto
A un día de conocerse la decisión de Donald Trump sobre los aranceles, nos cuentan que el gobierno de México sigue trabajando en las negociaciones para que estos no apliquen a nuestro país. Nos comentan que, en las últimas horas, autoridades de Seguridad y de la Cancillería viajaron a Washington para reunirse con funcionarios de los Departamentos de Estado y Justicia, en seguimiento a las reuniones de las últimas semanas. Particularmente nos dicen que confían en que el secretario Omar García Harfuch y el jefe de la Unidad para América del Norte de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, traerán “buenas nuevas” para México. Además, el canciller Juan Ramón de la Fuente sostuvo una conversación con el secretario de Estado, Marco Rubio, en el que el estadounidense reconoció la cooperación en materia de combate a los cárteles y el fentanilo, así como en materia de migración. La tarea está hecha, habrá que ver qué tanto influye en las decisiones de Trump. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
Esperan más acuerdos
Habrá que estar pendientes del viaje a Estados Unidos que realice el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch. En Washington D.C., capital estadounidense, se encontrará con funcionarios de los departamentos de Estado y de Justicia, así como de otras instancias pertenecientes a la Casa Blanca. El motivo de la reunión es continuar con los intercambios en materia de seguridad y migración con la administración del presidente Donald Trump. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Cierran pinza a narcocorridos
El anuncio de la Presidenta de promover que se evite la violencia y el crimen organizado como eje central de los corridos tumbados se vio reforzada con el retiro de visas, por parte del Gobierno de Estados Unidos a los integrantes del grupo Los Alegres del Barranco, quienes no tuvieron empacho en proyectar, a manera de apología, imágenes de El Mencho, lo que estalló en un escándalo… El argumento para revocar el documento migratorio de EU fue la promoción de grupos catalogados como terroristas. ¿Harán lo mismo con la Doble P o el Nata? ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, PÁG. 2)
El tema de la migración ilegal es sumamente complejo. Todo país tiene derecho a exigir que sus fronteras sean respetadas y que exista orden y legalidad en los procesos migratorios que se lleven a cabo. La molestia de gran parte de la población estadounidense y del actual gobierno está fundada y es de esperar que existan medidas que correspondan a esta preocupación genuina.
Desde el gobierno de Obama se ha atendido esta preocupación de una forma bastante más agresiva que en el pasado. Trump no ha llegado sus números récord de deportaciones, aunque sus acciones han sido mucho más crueles y escandalosas. Todos recordamos las infames imágenes durante su primer mandato en las que podíamos ver cómo separaban familias y enjaulaban a niños, incluso bebés, en bodegones que no tenían las condiciones mínimas para un trato digno. No sólo se criminalizó a los niños, sino que se les separó de sus padres y algunos de ellos nunca volvieron a verse puesto que se perdieron en el caos administrativo de aquel gobierno.
En esta ocasión vemos que nuevamente el tema de la inmigración es una bandera del gobierno de Trump y que, con menos reflectores y un plan mejor orquestado, está operando de la misma manera cruel que pretende ser disuasoria para los migrantes. Hace unos días se han retirado los fondos para la defensoría de los niños migrantes que llegan solos a la frontera. Este pequeño acto tiene grandes e infames consecuencias. Los menores no acompañados tienen que defenderse solos, sin el apoyo de un traductor y un abogado, en una corte migratoria que define su destino. Esto no sólo es ilegal según las normativas internacionales, sino que es inhumano.
Muchos de estos niños vienen huyendo de la violencia y el hambre. Sus casos están amparados en leyes internacionales que contemplan la trata, la violencia, las guerras y los desastres naturales como causales para buscar asilo. Sus casos merecen ser escuchados ante una corte que pueda dirimir su destino protegiendo su especial vulnerabilidad al ser menores de edad. Sin embargo, estos niños que se tienen que presentar solos ante un juez no entienden la ley, muchos no hablan inglés e, incluso, algunos son tan pequeños que ni han aprendido a hablar en su lengua materna. Es una parodia de la justicia que viola su dignidad y derechos fundamentales.
Republicanos y demócratas habían acordado en el pasado que los niños tenían derecho a representación legal en los tribunales de migración. Era un límite fundamental de decencia que ambos partidos respetaban. Pero la era Trump ha trastocado los valores fundamentales de la política estadounidense. Es una vergüenza que la violación de derechos de los infantes se esté usando como arma disuasoria para la migración. (Montserrat Salomón, La Razón, Mundo, p. 24)
Hoy por la noche, cuando el presidente Donald Trump anuncie la imposición unilateral de “aranceles recíprocos” a la mitad de los países del planeta con los que Estados Unidos (EU) tiene intercambios comerciales (entre ellos, México y Canadá), estaremos asistiendo a la terminación de facto del T-MEC, tal como lo conocemos ahora.
Termina la era del neoliberalismo comercial y entramos a una modalidad de proteccionismo imperial que pudiera derivar en una guerra arancelaria, preludio de otro tipo de guerras y de un nuevo orden mundial.
Es importante apuntar que no es el presidente Trump el que inicia este deslizamiento hacia el proteccionismo a escala global. Su antecedente inmediato es el brexit, es decir, el proceso mediante el cual el Reino Unido (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte) deja la Unión Europea con argumentos muy similares a los que ahora escuchamos en los EU: los países europeos abusaron comercialmente de ese Estado soberano y ello le causó un déficit enorme, que la libra esterlina subsidiara y cargara al euro, y que una inmigración incontenible desde África y Oriente Medio (el mundo del Islam) amenazara la identidad cultural de la gran nación madre de la Europa Occidental.
“Alto al Islam” y “Alto a la invasión del sur”, son consignas similares por el alto contenido de racismo, clasismo y discriminación que las inspira. Maga (Make America Great Again) y brexit, en este sentido, son movimientos similares, con gran arraigo popular y una narrativa que explota muy bien el malestar social de sus seguidores, que ven en los otros, en los aliens, una amenaza a la seguridad nacional y a la convivencia social.
A nueve años del triunfo del brexit y a cinco años de la salida formal del Reino Unido de la Unión Europea, ¿cómo le ha ido económica, social y políticamente? ¿Se detuvo la inmigración, se incrementó el nivel de vida del británico promedio y volvió a ser aquella potencia que impulsó la Revolución Industrial del siglo XIX? En suma, ¿las y los connacionales de Shakespeare ganaron o perdieron con el brexit?
De acuerdo con un informe de Cambridge Econometrics del año pasado, el Reino Unido ha perdido 15 por ciento de su capacidad exportadora y la productividad económica es 4 por ciento menor que antes del brexit, mientras que el costo de la vida se ha incrementado sensiblemente debido al encarecimiento de los alimentos. Estima que en el Reino Unido hay casi dos millones de puestos de trabajo menos, en general, de los cuales 300 mil se han dejado de generar solamente en la ciudad de Londres.
“El británico medio está con dos mil libras menos de ingresos anuales, mientras que el londinense medio está en 3 mil 400 libras menos que antes del brexit”. Por su parte, las restricciones migratorias han traído un declive en la industria hotelera, de la construcción, los servicios financieros y en la llamada “economía digital”.
De seguir el brexit, para el año 2035, la economía del Reino Unido habrá perdido 300 mil millones de libras esterlinas de su valor actual, con un marcado declive en la economía mundial, donde los ganadores serían China, Japón y Corea del Sur.
De hecho, hoy en Londres hay en marcha un movimiento político para que el Reino Unido regrese a la Unión Europea y para revisar las restricciones migratorias, llamado briturn, apoyado ya por la mayoría de los británicos, de acuerdo a diversos sondeos.
¿Estamos en las puertas del brexit americano? (Ricardo Monreal, Milenio, Fronteras, p. 14)
La definición de Interméstico es una relación internacional que tiene impactos internos, o domésticos.
Y pocas relaciones en el mundo son más intermésticas que la existente entre México y Estados Unidos –o en justicia, entre Estados Unidos y Canadá–, aunque la atención de los dos gobiernos se concentre sobre todo en sus respectivos partidarios.
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una difícil situación internacional y presiones de su principal socioeconómico mientras de acuerdo con diversos análisis, atraviesa una complicada situación interna creada en gran parte por problemas heredados, de la economía y las relaciones exteriores a la seguridad y el medio ambiente, y limitaciones políticas simbolizadas por el peso de la presencia de su predecesor y amigo, Andrés Manuel López Obrador, a través de leales que dicen cuidar los compromisos asumidos durante ese régimen.
Los grandes titulares se refieren a la relación con el gobierno de Donald Trump, que prácticamente busca desmontar acuerdos que, en su opinión, ponen a su país en desventaja. Y no importa si son comerciales, como el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) o de defensa mutua, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
La continuidad del T-MEC y la relación comercial con Estados Unidos son, sin embargo, de la mayor importancia para el gobierno mexicano, cuyos planes de desarrollo se basan en ellos, al menos para el futuro próximo.
Para tratar de mantener al menos la mayor parte de un acuerdo rebasado ya por la unilateralidad estadounidense, el gobierno de la presidente Sheinbaum aceptó reforzar la colaboración de seguridad, que incluye el combate al narcotráfico, limitaciones al paso de presuntos migrantes o peticionarios de asilo, y en ese marco aceptar apoyos estadounidenses que incluyen información de inteligencia derivada de intercepciones telefónicas y sobrevuelo de aviones o “drones” de espionaje.
Esa cooperación ha asumido tal importancia que el actual Secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, es por ahora al menos el principal interlocutor mexicano en la relación bilateral, en vez de los Secretarios de Economía, Marcelo Ebrard o de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente. Uno tiene a su cargo la negociación de aranceles y comercio, el otro de migración.
Ciertamente, es una visión extremadamente pragmática, sobre todo, ante lo que parece una muy desordenada, pero también muy nacionalista formulación de la política exterior planteada por el presidente Trump, sobre una línea básica de proteccionismo comercial.
Por lo pronto, ante la incertidumbre creada por Trump, un creciente número de economistas vaticina que el país enfrentará una caída, si no una recesión económica, en un futuro inmediato.
El hecho es que la relación entre los dos países es interméstica, y la seguridad nacional estadounidense depende de la de México, aunque no al nivel que la mexicana de la estadounidense. ¿Ideal o bonito? No ¿pragmático y realista? Sí. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)
Suponer árboles de sombra cuando solo hay un descampado, recordar el ruido de un río cuando el cuerpo se deshidrata hasta la inconsciencia, colonizar un dibujo con arquetipos imitados, forzar los símbolos patrios y anidarlos en las plazas públicas cuando se reparten dádivas falsas, sujetar anuncios con las columnas de cemento de los hogares dando la bienvenida, ilustrar las paredes con consignas de empatía, decorar espacios con artesanías que vendieron una vez las manos caídas, hacer versos con dolores y agruparlos con estrofas de protesta, ocultar las caras tristes por facciones altivas, renombrarlos “guerreros” cuando su única arma son los dedos de los pies ampollados y repetir sin cansancio que son los “paisanos” los que edifican al país con su arduo trabajo sin reconocer que se reconstruyen como otros, pero con hambre.
Romantizar el gran viaje del héroe, dotarlo de todos los paisajes y fenómenos naturales que ha vencido, videar las largas caminatas de quienes luchan amenizadas con música regional, fomentar los encantos de las ciudades que les reciben, fotografiar los retos como si fueran una gran aventura que busca un final feliz de guiones clásicos con personajes ingenuos que logran el todo porque quieren. Comunicar desde un lado mundano y desinformado las vivencias del migrante, retratando solo la parte final de las odiseas que les han perseguido, es una costumbre que tiraniza y que deja en completa orfandad a los que condenan sonorizando de melancolía lo que debería ser una canción de horror.
Nada es más común en el lenguaje cotidiano mexicano que evitar las palabras precisas, como cuando a la cárcel le dicen reclusorio, a los pantanos selvas, a las remesas enviadas con un sacrificio sin nombre, en vez de decirles sufrimiento y esclavismo, le llaman crecimiento económico y sostén. Cuando a esa violación consecutiva de mujeres en las fronteras adoran decirle solo “trata” y al tráfico de niños sin pasaporte y venta de órganos le titulan “comercio fronterizo” y “derecho de piso”.
Ese lado laberíntico, justificado, romantizado, que evita la polémica, la realidad, lo que siempre se hace en un país que sufre de una mayoría que desea morirse en casa pero no puede, dejando atrás su verdad que es la “tierra”, una palabra que significa que perteneces, y que todo aquello que proviene de ella volverá a ella porque a es “patria” y desde ahí eres, serás y fuiste para volver a ser. Y es por eso que no pueden diferenciar que el triunfo de cruzar una frontera no es lo mismo que el triunfo de quedarse, una verdad abismal que tiene que ver con el vencedor y el derrotado, y entonces biografía, historia de una vida de una persona, que confunden con un documental que parece una marabunta desolada que ilustra personas que buscan en otro cielo un reflejo que no es el suyo. Un espejismo constante, un ideal de sufrimiento inimaginable al que llamarán “lucha” y una revolución interna tan dolorosa a la que no podrán nombrar jamás.
Una urgencia, en este inmenso universo de palabras mal concebidas es hacer entender la absoluta soledad que los eufemismos postulan y no pueden justificar en aquello que daría entrada a la palabra “represión” para definir un terrorismo de Estado que expulsa hacia la muerte a sus propios connacionales a los que llama con ternura “paisanos” para esconder los origenes de una guerra que casi todos los que les agradecen tendrían por la que pagar. (María Cecilia Ghersi Picón, El Heraldo de México, Online)
Difícil pensar en un comienzo más difícil como el que le ha tocado enfrentar a la Presidenta. Nos tendríamos que remontar a los ochenta y noventa del siglo pasado, con De la Madrid, Salinas y/o Zedillo, para encontrar a mandatarios con una agenda de problemas tan complicados.
El problema número uno para Sheinbaum ha sido Trump. Como lo dijimos en este espacio desde hace ya varios meses, ahora reconocido por el primer ministro de Canadá, Mark Carney, Estados Unidos ha dejado se ser un socio confiable.
Desde que tomó posesión, Trump ha generado una enorme incertidumbre sobre las medidas arancelarias que ejecutará. Supuestamente mañana se resolverá este asunto. Vamos a ver cómo le va a México. Pero, por lo pronto, la incertidumbre ha sido veneno para la economía mexicana. Si de por sí venía desacelerándose desde 2024, este año se detuvo y ya estamos al borde de una recesión.
La Presidenta ha manejado razonablemente bien el tema de Trump con prudencia y cabeza fría. Para tranquilizarlo, la mexicana aceptó una mayor presencia de la Guardia Nacional para evitar el cruce de migrantes indocumentados al vecino del norte, le envió —sin proceso de extradición de por medio— a 29 capos del narcotráfico para que los juzguen allá y les ha dado golpes importantes a los traficantes de fentanilo.
No obstante, Trump es Trump y tiene al mundo entero de cabeza. Como ya lo alertaba The Economist, de regresar a la Casa Blanca, el país que estaba más expuesto a sufrir sería México por su gran dependencia económica de Estados Unidos.
Así ha ocurrido.
A Claudia le ha tocado enfrentar un huracán categoría cinco llamado Donald y, lo peor, es que así será en los próximos cuatro años.
Además de a Trump, Sheinbaum ha tenido que enfrentar tremendos problemas heredados de su antecesor.
Destaca una hacienda pública raquítica. El gobierno no tiene dinero. El secretario de Hacienda del sexenio anterior, Rogelio Ramírez de la O, ya se fue dejando tras sí un presupuesto muy difícil de cuadrar. El déficit del 2025 y el hoyo financiero que significa Pemex pone en peligro la calificación de la deuda soberana del país, que podría perder el grado de inversión.
Con un nuevo titular de Hacienda, Edgar Amador, la Presidenta deberá superar este reto enorme, nada menos que un contexto de una cada vez más probable recesión económica.
Otro problema heredado fue la inseguridad. Ahí sí hemos visto un rompimiento con el gobierno anterior. En la práctica, se acabó la política de “abrazos, no balazos” para combatir la impunidad por medio de operaciones policiacas basadas en inteligencia, el sello de tener al mando a un policía profesional como es Omar García Harfuch.
Es tan grande el problema heredado que tardará mucho tiempo para que México se pacifique. La violencia no ha cesado en varios estados. En Sinaloa, por ejemplo, sigue la guerra intestina entre las dos facciones dominantes del cártel de ese estado.
En las estadísticas, los homicidios han bajado, aunque las desapariciones han subido. Por lo menos hay que aplaudir que se está haciendo algo diferente que en sexenios pasados.
Claudia se comprometió a pasar las reformas constitucionales que anunció AMLO el año pasado. Cumplió y ahora tiene que ejecutar la ridícula elección de todos los jueces federales y locales de México. Es una locura que no tiene ni pies ni cabeza, una ocurrencia del expresidente que va a salir mal.
Sí, Morena se apropiará del Poder Judicial, pero a un precio altísimo. Lo que menos necesita una economía en recesión es la incertidumbre jurídica que esta reforma generará. Un problema heredado por AMLO pero que, al parecer, la Presidenta no quiso o no pudo frenar.
Estos seis meses han sido de divisiones y reacomodos en Morena. Ya sin AMLO en el escenario, muchos protagonistas del morenismo se han enfrentado (Adán Augusto López y Ricardo Monreal, por ejemplo). La Presidenta no pudo pasar su reforma contra el nepotismo como quería por divisiones dentro del movimiento. Y la CNTE logró detener la reforma a la Ley del ISSSTE que pretendía el gobierno.
Ahí están, también, los bochornos que Morena ha tenido que sufrir por la reelección de Rosario Piedra como presidenta de la CNDH, la integración de Miguel Ángel Yunes a la bancada guinda, la foto del hijo del expresidente afiliando al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, al partido y, desde luego, la protección política que le otorgaron los diputados morenistas a un presunto violador (Cuauhtémoc Blanco).
Seis meses de muchos problemas. Varios frentes abiertos con pocos operadores políticos eficaces que apaguen los fuegos. Un comienzo de sexenio muy difícil. Lo bueno, para Sheinbaum, es que no existe una oposición que la desafíe. (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p. 9)
Cada día, el trumpismo avanza en diversos frentes. No se detiene. Lo hace demoliendo los viejos paradigmas del libre comercio y los derechos humanos. Lo mismo fija aranceles al acero y al aluminio que a la industria automotriz, abroga los programas de cooperación al desarrollo, deporta a indocumentados venezolanos a cárceles salvadoreñas, combate el wokismo y empuja un nuevo orden mundial basado, como nunca, en la primacía de los intereses estadunidenses y sus valores nacionales.
Se trata, según explica el filósofo ruso cercano al fascismo Alexander Dugin, en el libro La revolución de Trump, de un nuevo orden de grandes potencias que ha pisoteado, derrotado y remplazado al globalismo. Según él, nos encontramos ante un nuevo multilateralismo que nada tiene que ver con el de Rusia, China o el BRICS, sino con una versión más fría, cínica y dura de multilateralismo.
Trump quiere frenar el declive de la manufactura y reindustrializar Estados Unidos (EU) más allá de las ventajas comparativas y el bajo costo de la fuerza de trabajo, trasladar las plantas automotrices a su país y, como ha explicado Yanis Varoufakis, conmocionar a los bancos extranjeros y hacer que reduzcan los tipos de interés nacionales.
Esta avasalladora ofensiva ha provocado que la inestabilidad, el caos, la incertidumbre y la confusión previas, crezcan y adquieran nueva dimensión. El embrollo por la crisis del capital mundial (y la civilización de la modernidad), que arranca con la crisis financiera de 2007-08, y rebota con la recesión de 2020-22 provocada por el covid-19, en el que se condensaba un cúmulo inimaginable de desajustes estructurales del sistema, se ha exacerbado.
La mezcla de confusión e incertidumbre generada por el choque permanente entre, por un lado, el requerimiento de reformar el capitalismo hacia formas más estables y dinámicas, y, por el otro, la compulsión a conservar sin modificar mecanismos obsoletos de extraer ganancias extraordinarias, haciendo a un lado requerimientos demográficos, necesidades tecnocientíficas y conservación ambiental, se han vuelto más desconcertantes.
El trumpismo está decidido a hacer volar por los aires cualquier regulación ambiental contra el uso de combustibles fósiles para controlar el calentamiento global. Mientras, el capital digital de Silicon Valley no ha dudado en aliarse a fondo con el nuevo inquilino de Washington. Grandes empresarios antes enfrentados sobre la forma más adecuada de gestionar el capitalismo, hoy convergen en su apoyo a Trump. Empeñado en hacer de los migrantes un demonio interno al que culpar de todos los males, el nuevo gobierno ha instaurado el reino del terror entre quienes aspiran a vivir el sueño americano.
Simultáneamente avanza en su guerra fría contra China, descobija a la Unión Europea en su aventura en Ucrania, se enoja con Putin, mueve sus fichas para hacerse del control de Groenlandia y el Canal de Panamá, ataca Yemen, escala la agresión contra Venezuela, al tiempo que exacerba el clima de terror dentro de EU contra universidades y activistas pro Palestina y aprieta las tuercas a la prensa tradicional. Sin exagerar, cada vez que Trump lanza una bravata, por más absurda que parezca, sus piezas avanzan en el tablero.
Aunque no ha expresado su deseo de que México se convierta –como ha dicho de Canadá– en el estado 51 de EU –quizás porque no sabría que hacer con los mexicanos–, lo que sucede acá es tratado, cada vez más, como cuestión de política interna estadunidense. Así es, al menos, con la seguridad de la frontera, el fentanilo y los políticos ligados al narcotráfico.
La complejidad y dudas sobre el futuro inmediato de la relación binacional van más allá de los plazos para que entren en vigor los aranceles generales o de la industria automotriz instalada en territorio mexicano, que Trump desea que migre a su país. Su ofensiva rebasa lo económico.
Parte de esta nueva incertidumbre proviene de los choques de hace años entre la 4T y funcionarios que hoy son claves en la administración trumpista. No está claro si estos pulsos quedaron atrás o esperan su momento de cobrarse. Más allá de las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la defensa de la soberanía nacional, generan inestabilidad. Sobresalen dos.
Marco Rubio, hoy secretario de Estado, criticó al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Cuando en 2022 el mexicano no fue a la Cumbre de las Américas declaró: Me alegra ver que el presidente mexicano, que ha entregado secciones de su país a los cárteles de la droga […] no estará en Estados Unidos. López Obrador respondió en una mañanera emplazando a Rubio y al senador Ted Cruz, a presentar pruebas. Los acusó de hablar sobre derechos humanos, pero destinar 40 mil millones de dólares de armas para Ucrania.
Al frente de la Oficina para el Control de Drogas de EU se encuentra Terry Cole, quien fue hasta 2020 jefe regional para México, Canadá y Centroamérica. En 2020, dijo al portal Breitbart News (https://shorturl.at/zmq8j) que en México los cárteles trabajan en todos los niveles de fabricación, transporte y distribución de drogas “mano a mano con altos funcionarios de gobierno […]. Es difícil saber quién es quién a la hora de lidiar con los cárteles, si son policías, militares o funcionarios federales”. En octubre de 2024, afirmó: Vemos cómo México se convierte en campo de entrenamiento para el terrorismo.
El proyecto trumpista de redefinir las fronteras y las reglas de la economía y la política internacional hacen que nuestro futuro inmediato esté atravesado por el caos, inestabilidad, incertidumbre y confusión. Nuestro país no es la excepción. (Luis Hernández Navarro, La Jornada, Opinión, p. 17)

(Xolo, 24 Horas, Página 2)

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 46)