Opinión Migración 060425

Noticias del otro lado

Hace unos días me llegaron unas fotos de los campos de mandarina y limón en el Valle de San Joaquín. Los árboles estaban rebozando de fruta madura, había mucho producto tirado en el suelo y ausencia de trabajadores. Ésa y otras cosechas se han perdido por falta de mano de obra, lo que rara vez sucedía en los campos de California.

No ha habido redadas en el valle, pero la gente tiene miedo; piensan que en cualquier momento los pueden capturar y deportar, y lo más fácil es en el trayecto o cuando están trabajando. No han cundido las redadas, pero sí el miedo, y éste no se quita.

Por el contrario, en Las Vegas el show continúa y no hay noticias de arrestos o redadas: la mafia lo tiene todo controlado.

Pero no sólo está alarmada la gente trabajadora; también la policía de muchos condados que ha convivido por décadas con los migrantes y sabe que son personas honestas y trabajadoras. Que se pierdan las cosechas afecta directamente a su comunidad, por eso en muchos condados los policías han decidido ir a hablar con los trabajadores y explicarles que ellos no colaboran con la migra.

Esto va en contra del artículo 287g, de la ley antimigrante de 1996, firmada por Bill Clinton, llamada “de comunidades seguras”, que insta a las policías locales a colaborar con la migra. Pero la indisciplina ha llegado incluso a Texas, donde un sheriff y sus ayudantes llevaron un tenderete con comida (tacos, donas y refrescos) para congraciarse con los migrantes que estaban haciendo sus labores. Todos felices y contentos.

Por ahora, las amenazas del zar de la migración, Tom Homan, a las ciudades santuario no han pasado a los hechos. El tema de la migración está todos los días en la prensa y en las redes sociales, pero se trata de casos aislados, de intervenciones quirúrgicas, en determinados lugares o de operativos que se dirigen a personas en particular, como los profesores y estudiantes extranjeros con visa que se distinguieron por sus opiniones y manifestaciones contra Israel.

Los números indican que hay más capturados que deportados; se han abierto nuevos centros de confinamiento, como el de Guantánamo; se ha remodelado un viejo edificio en Nueva Jersey, y se ha llevado a los capturados a Panamá, Costa Rica y El Salvador, lo que pone en evidencia que la deportación masiva tiene sus bemoles legales y problemas logísticos.

En tanto, se dice que 47 mil cubanos con residencia están en la lista negra de la deportación por haber ido de visita a la isla. Se trata de personas que alegaron haber tenido “un temor creíble de persecución”, y con gran desfachatez se fueron a Cuba a visitar a la familia, sin ningún temor de ser perseguidos. Es uno de los casos típicos que alega Mr. Trump, de fraude y de haberse aprovechado de las bondades o ineficiencias del sistema de refugio.

Para remate, a Trump le molesta la gran cantidad de visas de residencia –Green Cards– que se otorgan anualmente, y ha suspendido por 90 días cualquier tipo de trámite en este aspecto. Esta medida afecta a varios cientos de miles de migrantes que han esperado años y pagado a bufetes de abogados, para tramitar sus visas. Entre ellos, unos 180 mil mexicanos que recibían anualmente la reina de las visas, la de residencia. Este recurso legal que tienen los ciudadanos de traer a sus familiares ha transformado y legalizado a buena parte de la comunidad mexicana residente en el otro lado.

También están amenazados los residentes que suelen viajar o vivir en sus países de origen por largo tiempo. Es una práctica común en la frontera e incluso en el interior del país burlar la norma de tener como límite seis meses, porque simplemente no se registra la salida y se puede ingresar por tierra y cruzar la frontera, alegando que hacía una semana estaban en Modesto, California, con la familia y que fueron a México a ver un partido de futbol y a hacer compras.

Los aeropuertos se han convertido en una pesadilla, y los controles se han acentuado. Muchos viajeros, incluso residentes y naturalizados, han tenido que pasar horas en “el cuartito” a la espera de una respuesta positiva para poder ingresar; incluso confiscan los celulares y revisan los chats y publicaciones. Es generalizado el miedo que se ha generado entre los viajeros.

Al contrario, en la frontera sur, la migra tiene muy poco trabajo. Las últimas estadísticas disponibles señalan que fueron capturados unos 11 mil migrantes en febrero: nada que ver con los 301 mil migrantes y solicitantes de asilo capturados en diciembre de 2023, un año antes de que llegara Trump al poder.

También el miedo se ha extendido a los migrantes que están en tránsito y a los que pensaban en migrar.

No sólo eso, los 10 mil guardias nacionales mexicanos también han hecho su trabajo de contención, y los números lo avalan, y esa ha sido una carta en las negociaciones con Trump. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 12)

El enroque de Sheinbaum en la “guerra comercial”

Si viéramos la posición de Claudia Sheinbaum como una partida de ajedrez, su estrategia es un enroque defensivo dentro del feudalismo de Donald Trump y el Plan México para salvar la guerra comercial. Su movimiento ata el destino inmediato del país al nacional-proteccionismo de EU y su confinamiento al bloque económico de Norteamérica.

México se encierra en el castillo del T-MEC para tratar de protegerse y esquivar una gran dislocación del comercio mundial por las políticas de Trump, y adaptarse al dominio regional de EU, incluso aprovechar ventajas de las nuevas reglas del comercio mundial que Trump quiere imponer a través de la coerción arancelaria para dejar atrás la globalización por mercados regionales cerrados.

Es decir, opta por acogerse a la zona fortificada de Norteamérica para guarecerse del shock comercial, que apenas empieza en el mundo como anticipa la “semana negra” de pánico en bolsas y mercados financieros por las represalias de China y sus grandes empresas tecnológicas con aranceles recíprocos. Aunque México ni aislándose puede tener plena confianza en el T-MEC cuando su socio lo considera el “peor acuerdo de la historia” y su intención de apresurar su renegociación bajo mayores restricciones.

El gobierno mexicano se congratula de salir mejor librado que otros de la última agresiva andanada de tarifas y lo atribuye a la buena relación con Trump y su colaboración antinarco y migración. Sobre todo, destaca obtener un trato preferencial gracias al T-MEC. Esa deferencia lo convence de que funcionó la táctica de no desafiar al “jefe supremo”, aunque Canadá sí lo hizo y también evadió el impuesto general que aplicó a más de 60 países. No obstante, a ambos socios les encajó gravámenes de 25% al acero, aluminio y autos, pero con posibilidad de rebajas a las exportaciones que cumplan con el T-MEC, y otros descuentos ligados al combate al fentanilo y control migratorio en las fronteras.

A pesar de la incertidumbre, Sheinbaum intenta sortear la guerra comercial sobre una cuerda floja entre el “garrote” arancelario que Trump usa como moneda de cambio para presionar a México, y los gravámenes como la principal arma “ideológica” con que abre paso a un nuevo modelo de administración centralizada del comercio de EU. Para realizar su enroque, la Presidenta ha tenido que hacer importantes concesiones migratorias y de seguridad a fin de conseguir las mejores condiciones posibles de las nuevas reglas.

La alta integración económica no deja mucho margen a México para otra cosa y Sheinbaum hace lo posible por evitar males mayores, incluso el país alberga la esperanza de encontrar nuevas oportunidades para resucitar la promesa del nearshoring. Pero el expansionismo nacionalista de Trump golpea a las empresas mexicanas y destruye empleos sobre un terreno de alta vulnerabilidad económica interna, y sobre todo que conlleva costos para la soberanía difíciles de eludir por la subordinación de todo a su seguridad nacional y el interés por el sector energético.

La declaratoria de “guerra” enseña que la casa del T-MEC es poco confiable para proteger la economía nacional con el Plan México. El desafío de hacer habitable el “señorío” comercial de Trump es enorme porque implicará ajustar a más de la mitad de exportaciones mexicanas a reglas comerciales más restrictivas con terceros países para abatir aranceles.

El proteccionismo ha vuelto con fuerza. La renegociación del T-MEC puede poner en jaque a Sheinbaum por incluir al sector energético bajo dominio estatal. El reporte de la USTR apunta a incluirlo para resolver “prácticas discriminatorias”, señala. López Obrador se negó a ello desde la firma del acuerdo en 2019 y su incorporación a la discusión pondría la Presidenta en una posición comprometida entre el salvamento del T-MEC y la defensa de la soberanía.

El shock arancelario pone cada vez más en claro que Trump usa las tarifas como instrumento para que avancen sus políticas e intereses nacionales, pero también como parte de una revolución “ideológica” proteccionista que reordena al comercio mundial en bloques regionales más cerrados con limitaciones asfixiantes hasta para los que creen poder manejar sus turbulencias. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 10)

Que no nos gobierne el dinero

No controla su lengua ni sus instintos, y poniendo aranceles a todo lo que llega allá, intenta mejorar la economía de su país, aunque con ello condene al desempleo a miles de trabajadores en el extranjero. Con sus amenazas económicas, somete a nuestros gobiernos. No limita la producción de armas ni las empresas bélicas, porque generan mucho dinero.

 Sus electores en eso se basaron para elegirlo, en la promesa de que mejorarían sus ingresos económicos. Culpa a todo mundo de la degradación que las drogas, sobre todo el fentanilo, han causado a muchas personas, pero no evita su mercado interno. Detiene las migraciones de quienes buscan allá mejores condiciones de vida, sin considerar que ese país se ha formado con migrantes de todo el mundo, y que ellos sostienen en gran medida esa economía. ¿El dinero domina todo?

Durante las campañas electorales de nuestro país, el dinero influyó en gran manera en los votantes. Con el gran apoyo económico que recibieron del gobierno, de nuestros impuestos, vendieron sus conciencias, como si el mejor partido político fuera el que nos da más dinero. Muchos electores definen su voto sólo analizando, como criterio definitivo, quién les ofrecen mejorar su economía. Algunos legisladores y gobernantes no se atreven a llevar la contra a quienes están arriba no por convicción, sino por el interés de seguir ascendiendo en puestos y no perder ingresos económicos.

Los cárteles y grupos armados de la delincuencia organizada tienen como máxima aspiración tener más y más dinero. Para ello, levantan sobre todo a jóvenes, para que, incluso contra su voluntad, vendan o trafiquen droga, extorsionen, cobren piso, secuestren, maten y eliminen a quienes se oponen a sus planes. Adolescentes y jóvenes, también adultos, tienen como ideal llegar a ser narcos, para tener dinero, poder y placeres. El dinero gobierna sus vidas.

Hay padres de familia que compran con dinero y con regalos a sus hijos, aunque su vida sea poco recomendable. En conflictos conyugales, compran su benevolencia a base de recursos económicos. Cuando hay pleitos por herencias, el dinero es el que destruye familias.

En nuestra vida personal, muchas veces el dinero también nos domina. Nos creemos más de lo que valemos porque tenemos más dinero, mejor vehículo, buena casa, cuentas bancarias más voluminosas, viajamos por todos lados y nos damos una buena vida. (Felipe Arizmendi, El Sol de México, Análisis, p.15)