Opinión Migración 180425

El pase de lista

Francisco Garduño Yáñez es, sin duda, junto con personajes como Hugo López-Gatell y Octavio Romero Oropeza, la viva imagen de la irresponsabilidad e ineficiencia gubernamental de los gobiernos de la transformación. Los tres fracasaron en sus encomiendas públicas con enormes costos para el país y, sin embargo, los tres gozan de la impunidad que les da la cercanía con Andrés Manuel López Obrador.

A López-Gatell se debe el pésimo manejo de la pandemia de Covid19 y la lamentable muerte de miles de mexicanos; estuvo en el gobierno del tabasqueño hasta el final de su mandato, protegido y defendido siempre por la clase gobernante morenista. Reapareció hace poco en un programa de la televisión pública, en una escena que causó más indignación que gracia, pero al parecer poco le importa al médico que tiene la certeza de saber que por lo menos en este segundo piso, tampoco será llamado a cuentas.

A Octavio Oropeza, que también estuvo al frente de Petróleos Mexicanos todo el sexenio del originario de Macuspana, se le atribuye la deuda de más de 506 mil millones de pesos en Pemex, por lo que diversos legisladores de la oposición han exigido que rinda cuentas sobre el pésimo manejo de la paraestatal, aunque como premio, haya sido nombrado en el gobierno de la presidenta con “A”, titular del Infonavit. Vale la pena hacer hincapié en la alarma que ha causado la decisión del gobierno con “A” de abuso, de usar como propios, los fondos de pensión de los trabajadores. ¡Vaya atraco!

Francisco Garduño, el compadre del tabasqueño, dejará el gobierno una vez que consiguió el “perdón” legal, luego de la trágica muerte de 40 migrantes en la estación migratoria de Ciudad Juárez. Su gestión al frente del Instituto Nacional de Migración es considerada como una de la más desastrosas en las últimas décadas. Para la historia quedará como emblema del segundo piso de impunidad y justicia selectiva de este gobierno… ¡Ah, como me recuerda la línea dorada del Metro en la Ciudad de México!

Pero estos tres personajes no son los únicos, la enorme lista de la impunidad del régimen crece todos los días, sin que sus acciones u omisiones tengan consecuencias.

Ignacio Ovalle fue el protagonista de uno de los casos más grandes de corrupción gubernamental del movimiento autodenominado “honestidad valiente”: el caso Segalmex, en el que más de 15 mil millones de pesos del erario público fueron desviados para enriquecer a la clase política cuatroteísta, sin que él responda por ello, al contrario, el expresidente de México lo justificó por “haber sido engañado por unos malos priístas”. ¡Así el cinismo!

¡Qué decir de Juan Antonio Ferrer, quien fuera director del Insabi, organismo creado en 2020 y extinguido tres años después, sin saber dónde quedaron los 75 mil millones de pesos que tuvo de presupuesto! Gracias a ello, 50 millones de mexicanos no tienen acceso digno a la salud. Ferrer, junto con Jorge Alcocer Varela, secretario de Salud en el obradorato, son los responsables y cómplices del desastre que mantiene en espera de sus medicamentos a miles de pacientes con cáncer. También les debemos la eliminación del sistema de vacunación y los brotes ahora de sarampión, que están causando las primeras muertes en México, luego de años de que habíamos superado esos temas.

Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, y Rosa Icela Rodríguez, actual secretaria de Gobernación, quienes estuvieron al frente de la Secretaría de Seguridad Pública, junto con Luis Cresencio Sandoval, extitular de la Secretaría de la Defensa Nacional, son los responsables del fracaso en materia de seguridad que mantiene a México en un baño de sangre, cambiando las cifras de homicidios y desaparecidos sin mayor consecuencia, sólo rotando posiciones que les permiten mantener el control político del país.

El pase de lista de los personajes de Morena que mantienen a México al borde del precipicio en materia de política pública es muy largo. Lo peor del caso es que no existe intención alguna de exigirles que rindan cuentas y asuman las consecuencias de su irresponsabilidad.

La cuarta transformación se convirtió en el lavatorio de “pecados” que purifica personajes, absuelve culpables y aplica la justicia a modo, mientras el pueblo, aunque viva en inseguridad y clame el respeto a sus derechos, dicen ellos, en palabras de su mesías, está “feliz, feliz, feliz”. (Adriana Dávila Fernádez, El Universal, Online)

¿Dónde están los corridos y miniseries de soldados?

Hace unos días, un concierto en Texcoco terminó en batalla campal porque el cantante se negó a interpretar narcocorridos. Estaban prohibidos en la región y, aun así, los asistentes exigieron que los cantara. El incidente no fue sólo un acto de violencia desbordada: fue un espejo de lo que ocurre en el país, como lo han reflejado siempre los corridos.

El corrido tradicional en México ha hablado de rebeldes, bandidos o figuras al margen de la ley: desde Heraclio Bernal hasta el Tigre de Santa Julia. Lo que ha cambiado es el contexto: la cultura del narco no sólo se tolera, se celebra.

No es nuevo. Los narcocorridos llevan décadas narrando, con ritmo y melodía, la vida de quienes se hicieron millonarios al margen de la ley. Pero lo más preocupante es que esas historias se han transformado en narcoseries de alta producción, que normalizan y glorifican la figura del delincuente.

Las narcoseries tienen un poder de seducción visual y narrativa mucho más fuerte que los narcocorridos. Mientras un corrido puede contar la historia de un narcotraficante en tres minutos, una serie lleva al televidente por varias temporadas, mostrando lujos, poder, impunidad y un estilo de vida aspiracional.

El narcotraficante es retratado como un hombre audaz, poderoso, dueño de vidas y del respeto de las mismas autoridades. Un personaje que, a pesar de su brutalidad, se convierte en ídolo. ¿Qué mensaje reciben los jóvenes en contextos donde la desigualdad social, la marginación y la impunidad son el pan de cada día? Que delinquir puede ser una vía legítima para triunfar.

Mientras eso ocurre, los verdaderos héroes no tienen pantalla. No aparecen en series ni en canciones. Me refiero a los soldados del Ejército mexicano, a los marinos y policías, que enfrentan al crimen con recursos limitados, bajo amenaza constante, en trincheras solitarias. Uniformados que han dado su vida por defender al país, y cuyos nombres rara vez aparecen en los periódicos y difícilmente reciben siquiera una línea en un guion.

¿Dónde están sus historias? ¿Por qué nadie las cuenta? ¿Por qué el cine nacional no ha producido aún una gran serie o miniserie sobre un pelotón o una compañía militar que se niega a corromperse? ¿Por qué no se ha hecho una película sobre el soldado o marino que resistió al narco con dignidad hasta el último día?

La ausencia de esas narrativas no es casual. En las productoras, y en muchos niveles del Estado, hay políticos y funcionarios cuyos intereses están atados al crimen organizado. Y construir una cultura de reconocimiento al heroísmo institucional incomodaría a quienes prefieren mantener el silencio, la ambigüedad y la impunidad como norma.

México sí tiene héroes. Los hay en las Fuerzas Armadas, en las policías estatales y municipales, en los pueblos que resisten, en las madres buscadoras, en los jueces que no se doblan. Lo que no tiene —o no ha querido tener— es la voluntad de un Estado dispuesto a darles voz, rostro y lugar en el imaginario colectivo.

No se trata de censurar corridos ni series. Se trata de disputar el relato, de invertir en una narrativa distinta, honesta, que no idealice, pero sí reconozca a quienes luchan con principios, incluso cuando el sistema entero les da la espalda. Hoy más que nunca, México necesita ver reflejados a sus verdaderos héroes en la pantalla, en las canciones, en los libros y en la memoria. Porque mientras el crimen tenga el monopolio del relato, seguirá teniendo medio país en sus manos.

* A partir del 1 de mayo, Francisco Garduño dejará de ser comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), y en su lugar entrará Sergio Salomón, exgobernador de Puebla. Sin embargo, Garduño no pisará la cárcel por la muerte de 40 migrantes durante el incendio ocurrido en marzo de 2023 en la estación migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua, ya que fue indultado por un Tribunal Colegiado de Apelación.

DE IMAGINARIA

Para el Ejército mexicano no hay Semana Santa ni días festivos. En Chihuahua, Sinaloa, Durango, Guerrero y Oaxaca destruyó 167 plantíos de amapola y 62 de marihuana, además de desmantelar cinco narcolaboratorios. La afectación a los cárteles superó los 129 millones de pesos. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Nacional, p. 14)

Trascendió

Que la fiesta del 5 de Mayo que celebran los mexicanos en Estados Unidos con el rango de patria terminó por lo menos para el barrio latino de Chicago, Illinois, ante el temor de que quienes viven ahí sin un estatus legal puedan ser deportados por la cacería que ha emprendido el gobierno de Donald Trump. Roberto Martínez, abogado especialista en temas migratorios en esa ciudad, advirtió que no solo se ha cerrado esta fecha para los latinoamericanos radicados en aquel país, sino que también hasta las salidas a trabajar frente a la persecución. (Redacción, Milenio, Al Frente, p. 2)

Rayuela

¡Ah, qué señor Trump! Cómo le gusta hacer enojar… o reír a los mexicanos. (Redacción, La Jornada, Cp.)

CARTONES

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(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)