Opinión Migración 260425

Disco Duro / Migración: la transición pendiente

Pasó una semana más sin que se concretara el cambio de titular en el Instituto Nacional de Migración (INM). Ni se va Garduño ni llega Sergio Salomón.

La explicación extraoficial es que la Presidenta Sheinbaum no quería que el huracán Trump nos inundara de migrantes y tomara al INM por sorpresa, con directivos inexpertos. Pero ese peligro, al parecer, ya pasó.

Pocas instituciones del Estado mexicano están tan marcadas por la tragedia reciente como el INM. A casi un año del incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez —una de las peores catástrofes humanitarias del sexenio— el relevo en la titularidad del organismo no solo es inevitable: es urgente.

Francisco Garduño, el aún titular, se va no por decisión política sino por presión legal. Está imputado por ejercicio ilícito del servicio público, luego de que 40 migrantes murieran y 27 resultaran heridos en un centro bajo su responsabilidad directa.

Durante su gestión, el INM acumuló más de 5,600 quejas ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. La militarización de sus operaciones, la opacidad en sus procesos y el trato punitivo a las personas migrantes hicieron del instituto un espacio que se parecía más a un brazo de contención fronteriza —al servicio de intereses ajenos— que a una entidad protectora de derechos.

Ahora, con Claudia Sheinbaum se anuncia un cambio: el ex gobernador de Puebla, Sergio Salomón Céspedes, asumirá el INM. Un político sin experiencia en temas migratorios, pero con la confianza absoluta de la Presidenta. ¿Será suficiente? La respuesta, como casi siempre, depende de lo que se quiera transformar.

El gobierno entrante ha prometido una “reforma estructural” del INM. Y aunque ya se han anunciado mejoras mínimas —detectores de humo, infraestructura menos carcelaria—, lo que está en juego es mucho más profundo: cambiar el enfoque de control por uno de derechos, dejar de tratar al migrante como amenaza para tratarlo como ser humano.

El desafío es mayúsculo. Salomón Céspedes llega en medio de una crisis migratoria regional, con miles de personas atrapadas en el sur del país y un norte convertido en antesala de la frontera estadounidense. Deberá enfrentarse, además, a inercias institucionales, resistencias internas y a una Guardia Nacional que sigue cumpliendo tareas migratorias con lógicas militares.

Pero también hay una oportunidad. Si Sheinbaum quiere marcar un nuevo rumbo desde el inicio de su gobierno, el INM puede ser símbolo de esa transformación. Un instituto menos opaco, más transparente. Un espacio donde la ley no solo se aplique, sino que proteja. Un organismo que vea en la movilidad humana un fenómeno social, no un problema de seguridad.

La salida de Garduño es apenas el primer paso. La verdadera prueba comenzará cuando Salomón tome posesión del cargo. Y entonces, todos deberemos mirar con atención: no solo por las víctimas del pasado, sino por la dignidad de quienes aún buscan cruzar este país con la esperanza a cuestas. (Alejandro Jiménez, El Sol de México, Nacional, p. 2 y La Prensa, Editorial, p. 10)

Trump: Estado policial

Agentes de la FBI arrestaron ayer a la jueza de Wisconsin, Hannah Dugan, acusada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de ayudar a un inmigrante indocumentado a escapar de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) que se presentaron en el tribunal presidido por Dugan a fin de detenerlo. La juzgadora enfrenta cargos de obstrucción de la justicia y ocultación a una persona para evitar su arresto, los cuales podrían costarle hasta cinco años de cárcel, aunque de momento seguirá su proceso en libertad. Durante la primera presidencia de Trump, otra jueza fue imputada en un caso parecido, pero los cargos fueron desechados y sólo encaró un proceso disciplinario.

Con el arresto de Dugan, el gobierno de Donald Trump rompió lo que hasta ayer la sociedad estadunidense consideraba un dique irrompible de su sistema democrático: la sacralidad e intocabilidad de los jueces, quienes suelen permanecer inmunes incluso en casos en que existen graves y probados señalamientos en su contra. Asimismo, el trumpismo ha enviado un mensaje de que no se detendrá ante nada ni nadie en el cumplimiento de su espectáculo propagandístico en contra de la comunidad migrante, a la cual ha elegido como chivo expiatorio de todos los males de su país, muchos de los cuales son provocados por el magnate, sus compinches multimillonarios y la clase política -de ambos partidos- que ponen intereses personales y del gran capital por delante de las mayorías.

El calificativo de “espectáculo” para la batida contra las personas que se encuentran en territorio estadunidense sin los documentos necesarios se sostiene en tanto hasta ahora la Casa Blanca no ha incrementado de manera significativa el número de deportaciones y nada apunta que se dirija a la expulsión de las 20 millones de personas que el mandatario prometió en campaña, pero sí ha convertido la persecución en un suceso mediático en el que la violencia de Estado, la crueldad y la humillación se transmiten en tiempo real para delicia de los sectores fascistas que constituyen el electorado duro del trumpismo y para mantener a sus opositores paralizados por el miedo a un régimen que cada día tiene menos que envidiar a los totalitarismos.

En este despliegue de sadismo, el gobierno republicano ha perpetrado secuestros de migrantes que contaban con sus papeles en regla o se encontraban en el trámite para obtenerlos, e incluso de personas con residencia permanente, y ya se documentó al menos un caso en que se detuvo a un ciudadano y se le acusó de ser un “extranjero no autorizado” en una evidente causa de racial profiling, es decir, criminalizar a alguien debido a sus características físicas. Estos secuestros se han realizado con lujo de violencia, involucrando a menores de edad y con agentes enmascarados, como si se tratase de operativos para detener a jefes del crimen organizado.

Ayer, por ejemplo, se conoció que una bebé estadunidense de dos años fue deportada a Honduras de manera ilegal después de que su madre y su hermana mayor fueran arrestadas durante una cita de seguimiento a su situación migratoria, un procedimiento que se ha vuelto habitual.

Como todo régimen autoritario, el trumpismo invoca la ley para quebrantarla. En su justificación del arresto de la jueza Dugan, la fiscal general Pam Bondi aseguró que nadie se encuentra por encima de la ley, ni siquiera los jueces, una afirmación que sólo puede interpretarse como una burla cuando proviene de un Ejecutivo que en solo tres meses ha roto todos los códigos a todos los niveles.

El miércoles, este diario publicó un importante trabajo periodístico en el que se da cuenta del crecimiento de frentes de resistencia a las políticas más atroces del magnate, desde universidades, políticos locales que se niegan a participar en la cacería humana, estudiantes hasta la comunidad judía, en cuyo nombre la Casa Blanca financia el genocidio contra el pueblo palestino. Cabe esperar que estos grupos encuentren los caminos para salvar lo que queda de la democracia estadunidense y revertir la oscura deriva en que se encuentra su nación. (Editorial, La Jornada, p. 2)

Los de Abajo

AL FRENTE DE la Red Regional de Familias Migrantes, Enamorado anunció la Tercera Brigada Internacional de Búsqueda “Tejiendo rutas”, que tiene el objetivo de recabar información sobre el paradero de los jóvenes migrantes desaparecidos en territorio mexicano, ejerciendo su derecho de participar activamente en las búsquedas. Sonora, Tamaulipas, Baja California y Ciudad de México son los estados que recorrerán esta semana.

ESTA BRIGADA ES particularmente esperanzadora, pues al parecer dos de las familias hondureñas que viajan con el grupo cuentan con posible información sobre sus hijos. Cada pista cuenta para estas seis madres y un padre que permanecerán en territorio mexicano hasta el 13 de mayo. Aquí las agarrará el 10 de mayo, fecha que para ellas se ha convertido en un día emblemático de su lucha, pues si para una madre mexicana es terriblemente dolorosa la desaparición de su hijo o hija, para las madres centroamericanas la angustia se recrudece al buscar en un país distinto al suyo, sin conocer el territorio ni personas que puedan auxiliarlas. Por eso la Red creada por Ana Enamorado resulta un acompañamiento fundamental. (Gloria Muñoz Ramírez, La Jornada, Política, p. 8)

El Papa inmigrante

Técnicamente, Jorge Mario Bergoglio era un inmigrante; vivía en un país distinto al que nació. Además, nacido en Buenos Aires, Argentina, era hijo de un inmigrante italiano y de una mujer argentina que tenía raíces en Liguria, Italia. Y todo eso -ser extranjero en Italia y haber nacido en una familia de extranjeros- le dio una sensibilidad especial ante los que se van de su país de origen. Nadie tenía que explicarle lo difícil que es porque él lo vivió. Sabía que ser inmigrante, más que una decisión totalmente racional, es algo que te expulsa de una nación y te atrae de otra. A veces eres de los dos países y, otras, de ninguno.

Los abuelos paternos y el padre del Papa que acaba de morir dejaron Italia en 1929 huyendo del caos y el hambre en Europa, y buscando una vida mejor en Sudamérica. De hecho, el padre del pontífice -también llamado Mario Bergoglio- llega a Argentina como niño. Tras un largo viaje en barco tiene que acostumbrarse a un nuevo país y a un nuevo idioma. Es muy posible que le hablara en italiano a sus cinco hijos -Jorge Mario era el mayor- y eso fue fundamental para que el futuro Papa, ya en el Vaticano, pudiera comunicarse con fluidez -aunque con acento- con otros líderes de la Iglesia católica. Cuando el Papa Francisco hablaba italiano en público nunca se le notaba incómodo. Pero el español era la lengua que realmente dominaba y a la que recurría cuando quería decir algo importante.

Y la usó con libertad.

“Construyan puentes, no muros”, dijo el Papa Francisco en el 2016 en Ciudad Juárez. Pero no se quedó ahí y se metió de lleno en la campaña presidencial en Estados Unidos donde había un candidato llamado Donald Trump. “Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global. Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias”, dijo en un discurso. El propósito del Papa era ponerles nombre y apellido a quienes los políticos estadounidenses estaban deshumanizando. Y lo hizo en su cara.

Su misión proinmigrante la marcó al cuarto mes de su pontificado. En julio del 2013 viajó a la pequeña isla italiana de Lampedusa, donde estaban llegando miles de inmigrantes de las costas africanas. Pero muchos morían en endebles embarcaciones en el trayecto a Italia y Grecia y el Papa quería que el mundo supiera sobre esa tragedia. Ahí, en un gesto sencillo pero bien estudiado, tiró una corona de flores al mar y luego hizo una pregunta: “¿Quién ha llorado por ellos?”.

Algo que me llama muchísimo la atención es que este Papa, que visitó 68 países en 12 años, nunca regresó a Argentina. Dejó Buenos Aires para ir al cónclave tras el inusual retiro de Benedicto XVI y se quedó. Desde Roma seguía las magias de Messi y los sube y baja de su equipo, el San Lorenzo. Pero también las pesadillas de la política en Argentina. Basta un ejemplo: Javier Milei, antes de llegar a la Presidencia, le llamó al Papa “imbécil” y “representante del maligno”.

La realidad es que Francisco nunca quiso que su visita a Argentina se utilizara con fines políticos. Quizás por eso no fue. Y la evitó. Pero puede haber también otras explicaciones. Como ocurre con muchos inmigrantes, siempre surgen tensiones y resentimientos con el país de origen. El deseo de regresar -ver a tus amigos, volver a tus rincones, comer lo que más te gusta…- a veces se contrapone con una nueva y predominante visión crítica del país que dejaste. Ese regreso a Argentina fue uno de los pendientes que dejó Francisco.

Otros, esenciales y dolorosos, el que las mujeres no se puedan ordenar como sacerdotes, y que muchos religiosos católicos acusados de abuso sexual de menores sigan libres. Por eso la reticencia de llamarle revolucionario a su papado. Pero sin duda su acercamiento a la comunidad LGBTQ+ y su famosa frase “¿Quién soy yo para juzgar?” abrieron un diálogo que, antes de él, estuvo totalmente cerrado.

Hoy, en su funeral, la pregunta es si la Iglesia católica dará marcha atrás. Espero que no. El Papa eligió a 108 de los 133 cardenales que escogerán a su sucesor y, muchos de ellos, al igual que él, vienen de la “periferia”, una palabra -y un concepto- que el pontífice usaba mucho. Es, al final de cuentas, la huella de un Papa inmigrante. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 6)

Acceso Libre / El Papa de la gente

CIUDAD DEL VATICANO.- No hay que indagar mucho para comprender por qué decenas de miles de personas han llegado hasta este territorio a despedirse de uno de los papas más queridos en la historia reciente. Para la mayoría de los peregrinos que desfilaron frente al féretro de Jorge Mario Bergoglio, hay dos conceptos que lo acompañan: ejemplo y congruencia.

La noticia del fallecimiento del papa Francisco sorprendió al mundo católico y no católico y dejó en evidencia el profundo cariño hacia el primer pontífice latinoamericano y jesuita.

Desde el inicio de su pontificado, Francisco impulsó una Iglesia más cercana, alejada de los lujos y volcada hacia los más pobres. Su estilo rompió con formas tradicionales: usó vestimentas sencillas, vivió en la Casa Santa Marta en vez del palacio apostólico y se ganó el respeto —y también las críticas— por su cercanía con los sectores marginados, incluida la comunidad LGBTIQ+.

Francisco fue un papa con sensibilidad política. Aunque evitó declaraciones ideológicas explícitas, muchos lo vincularon con los postulados de la Teología de la Liberación, al poner a los pobres en el centro del mensaje cristiano. Condenó con firmeza la desigualdad, lo que incomodó a sectores conservadores dentro y fuera de la Iglesia.

En el escenario global, alzó la voz por la paz. Pidió el cese de la violencia en conflictos como el de Ucrania o el de Israel y Palestina, y exigió que se investigaran los crímenes cometidos en esas guerras. Esa postura le valió críticas, pero reflejó su compromiso con la justicia.

Uno de sus actos más valientes fue pedir perdón a las víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero. No esquivó la responsabilidad y asumió con humildad ese doloroso capítulo.

En doce años transformó a la Iglesia Católica. También intentó muchos cambios que no pudo concretar, pero que al menos, ahora son abordados sin tanto tabú, una actualización que hacía falta.

“Fue un pastor simple y muy amado”, dice el Rogito, un documento que ahora yace en el ataúd de Francisco y que describe fielmente lo que ha pasado en la Catedral y Basílica de San Pedro en los últimos tres días.

El funeral reunió a personas muy diversas, incluidos migrantes, transgénero y presos, reflejando el compromiso de Francisco con la inclusión. Un joven migrante dijo que “El papa Francisco nos dio voz y esperanza. Hoy estamos aquí para agradecerle por su amor y compasión”. 

Estando en El Vaticano dándole cobertura periodística a este evento, me es grato constatar que siguen surgiendo personajes que tocan la vida de decenas de millones en una era donde es fácil vanagloriar, juzgar y condenar. Francisco optó por la misericordia, la compasión y el perdón con mensajes claros y ejemplos abundantes. Esto lo coloca como una de las personas más influyentes del siglo XXI.

Pasando su funeral, la jerarquía de la Iglesia Católica tendrá una de las disyuntivas más relevantes: continuidad o freno. Pese a las resistencias, el legado de Francisco parece marcar el camino, pero nada está escrito hasta ahora. (Carlos Zúñiga Pérez, El Heraldo de México, La 2, p. 2)