Opinión Migración 040525

Bajo Reserva

Respiran en el INM tras la partida de Garduño

Ahora que Francisco Garduño finalmente dejó el Instituto Nacional de Migración, nos dicen que se respira “otro ambiente” con la llegada de Sergio Salomón Céspedes como nuevo comisionado. Nos hacen ver que el recién llegado, después de meses de espera en la banca por el inexplicable aplazamiento del relevo, ha pedido una revisión de lo que no funciona y lo que se dejó de hacer para atender a los migrantes. También nos indican que para arrancar bien, el nuevo titular del instituto ha pedido reuniones con otras dependencias para revisar una serie de temas de coordinación que estaban descuidados, al parecer porque don Francisco estaba muy ocupado viendo cómo librarse del proceso penal por el incendio en la estación migratoria de Ciudad Juárez en 2023, que causó la muerte de 40 personas, encerradas bajo candado en las instalaciones. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)

Frentes Políticos

Herencia. Puebla enfrenta el desmantelamiento de una red de tomas clandestinas que no nació ayer. La Semar, bajo el mando del almirante Raymundo Morales, y Pemex, con Víctor Rodríguez a cargo, han inhabilitado 100 tomas ilegales sólo en lo que va del año. El gobernador Alejandro Armenta respalda las acciones y no se esconde: enfrenta un problema heredado, en parte por la permisividad de gobiernos anteriores, como el de Sergio Salomón Céspedes, hoy cómodamente instalado al frente del INM. El huachicol no florece solo, alguien lo regó durante años. Y ahora toca limpiar la tierra… aunque huela gasolina vieja. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 11)

Tierra crisol

La historia de los Estados Unidos empieza, sin lugar a dudas, por una mezcla entre diferentes culturas e ideas. Allá confluyeron diferentes proyectos europeos sobre cómo administrar el territorio y fundar las 13 colonias que dieron inicio a parte de lo que hoy conocemos.

En aquel tiempo fue sencillo, a pesar de que había orígenes diferentes, la visión de negocios era donde todos coincidían. Los fundadores estaban convencidos de que si bien existían diferencias, la intención de hacer prosperar la tierra y obtener dividiéndose los unía en un objetivo en común y de beneficio para todos.

Hoy la realidad estadounidense no está tan lejos de sus orígenes, nunca lo ha estado, la mezcolanza y la vida ecléctica han sido, desde siempre, sus comunes denominadores. Las grandes ciudades como Nueva York reciben la etiqueta de “melting pot” que bien podríamos traducir como una gran caldera donde se funden todas las culturas del mundo.

Esta semana, por ejemplo, en la costa este, una de sus zonas más vibrantes y con una diversidad muy marcada, el día jueves estuvo marcado por mucha actividad que refleja la gran cantidad de asuntos en la agenda estadounidense. En el estado de Nueva Jersey hubo una audiencia que citó al estado contra una empresa privada encargada de gestionar centros migratorios, a razón de que en el estado se quiere lanzar un decreto para que empresas sean contratadas por migración para administrar sus centros de detención.

Lo que es una evidente iniciativa pro migrante, contrasta con las polémicas leyes del estado de Florida, en la misma costa este y la cual apunta a expulsar a migrantes sin estatus.

En Filadelfia, el mismo jueves también, un gran grupo de personas mayores salieron a las calles para manifestarse en contra de la administración actual. Filadelfia que está ubicada dentro del estado de Pensilvania, mismo que resultó republicano en la elección presidencial.

Estos altos contrastes, si bien por un lado dotan de una cultura muy rica al país, son la fuerza motora de una economía de consumo apabullante y forma sociedades diversas, por otro, son realidades complejas difíciles de administrar. El escenario estadounidense no es uno de rojos o azules, sino es un caleidoscopio en donde podemos ver tantos colores como en este objeto.

Gobernar un país donde conviven tantas agendas, valores y cosmovisiones diferentes exige un liderazgo que sepa equilibrar entre inclusión, representación y toma de decisiones. Sin embargo, la misma diversidad hace que el consenso sea difícil. Podría parecer otra cosa y algunas voces hablan de lo que está muy a la vista, pero el gran reto de los Estados Unidos para recuperar ese liderazgo a nivel mundial, es armonizar la diferencia como parte esencial del proyecto estadounidense. (Azul Etcheverry, El Heraldo de México, Online)

El retroceso trumpista

A 100 días de haber retornado al poder, Trump ha organizado el caos perfecto para provocar que Estados Unidos entre en un declive aún más pronunciado que el que ya vivía antes de la agresiva y torpe política arancelaria que lleva a cabo el obcecado presidente. Esto ocurre al tiempo en que su aceptación bajó, según la cadena de noticias CNN, a 41 puntos entre la ciudadanía estadunidense en general; lo cual se explica con el hecho de que una mayoría de estadunidenses están en desacuerdo con las medidas arancelarias punitivas que está encaminando Trump, entre otras cosas.

Este índice de aprobación es el más bajo en el primer trimestre de cualquier presidente desde le segunda guerra mundial, con la excepción de él mismo en su primer mandato. En una encuesta hecha por The New York Times, los adjetivos que mejor definen los primeros 100 días de Trump para los votantes son: caótico (66%), aterrador (59%) y emocionante (42%).

No obstante, el sentimiento que más se palpa entre la mayoría de las narrativas opuestas al trumpismo es el del miedo y la imposición del terror de las medidas trumpistas entre el público estadunidense es la razón central de esto. “Todos tenemos miedo”, dijo en días pasados la senadora republicana Lizza Murkowski, conocida por sus críticas a Trump. Todo el mundo padece el miedo al trumpismo, los migrantes por ser expulsados o eventualmente enviados a una cárcel de alta seguridad en El Salvador, especialmente si tienen un tatuaje. Tienen miedo los empleados federales de más despidos arbitrarios por parte del celador Elon Musk.

Tienen miedo a manifestar sus discrepancias los políticos republicanos. Tienen miedo los estudiantes extranjeros de ser deportados sin garantías, a pesar de su estancia legal en Estados Unidos. Las universidades, aunque hoy en una mejor posición de resistencia política y legal, tienen miedo a que el autócrata les retire fondos federales para la investigación y para becar a estudiantes de escasos recursos.

Los abogados están atemorizados por las represalias en caso de no ceder a las exigencias de Trump. Los medios tienen miedo a sufrir represalias por sus posturas críticas frente al trumpismo locuaz. Y tienen miedo los jueces por las amenazas de la fiscal general Pam Bondi (que en días pasados mandó a detener a una jueza de Wisconsin que protegió a un migrante) de apresarlos si dan un paso en falso ante las medidas represivas que la administración ha llevado a cabo en contra de las personas migrantes (además de la represión en contra de jueces que fallaron en contra de Trump en los juicios que se le siguieron). “Éste es el rostro del fascismo”, replicó el senador Van Hollen. ¿Lo es? Se trata de una discusión vigente sobre el alcance neofascista de estas medidas y su similitud con las que trágicamente alcanzó el nazismo en los años 40 del siglo XX.

En todo caso, el método es el mismo, el cual es de libro de texto: las fuerzas iliberales y autócratas utilizan el sistema democrático electoral para ascender al poder y desde ahí minan las instituciones democráticas, cuando no las destruyen, y empieza así su dominación sobre el régimen político nacional e internacional. En este sentido, el régimen liberal internacional o el internacionalismo liberal (desde donde nació el actual orden internacional de posguerra) no ha terminado, pero se encuentra en crisis. Su constitución política, de la cual se han aprovechado diversas fuerzas, no ha sido capaz de mantenerse a la vanguardia, aunque sí en la resistencia sistémica. Las fuerzas iliberales, entre las cuales el trumpismo es su vanguardia, no son la excepción, han aprovechado los tiempos turbulentos para apoderarse de la narrativa y de la agenda internacional.

Los primeros 100 días del trumpismo han sido de demolición y caos, y esto mismo podría terminar con él en los próximos meses con un efecto bumerang violento e irremediable. Ciertamente, la república podría muy pronto hartarse de esta obsesión autocrática por hacer que el gobierno sólo dependa de la rama ejecutiva y de la presidencia de Trump, excluyendo a las ramas legislativas y judicial.

Se trata del mayor reto que haya vivido el sistema de contrapesos en Estados Unidos. Ante la obsesión de Trump de que el poder únicamente lo personifica él y que la legislatura y la judicatura tendrán que conformarse con la perpetua dominación de la figura del decreto presidencial como única manera de ejercer el poder, está por verse el grado de resistencia que estos dos poderes y otros sectores cada vez más amplios de sociedad civil y política (muy a pesar del dramático desarraigo que está confrontando el Partido Demócrata), sean capaces de detentar antes de las elecciones intermedias que podrían convertirse en el dique que detenga al oligarca autócrata en tiempo y forma. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, p. 11)