Opinión Migración 170525

Rayuela

En EU buscan reducir el presupuesto en salud y apropiarse de parte de las remesas; mientras, el aparato militar se frota las manos a la vista de un billonario gasto nuclear. (La Jornada, Contraportada)

ROZONES

Respaldo en Congreso de EU

Y nos piden no perder de vista el pronunciamiento que hicieron integrantes del Caucus Hispano en el Congreso de Estados Unidos ante la propuesta republicana de gravar con un cinco por cierto las remesas que mandan los paisanos al exterior. Fue a través de una carta enviada al presidente del Congreso, Mike Johnson, que congresistas hispanos advierten que esta medida afecta desproporcionadamente a las comunidades inmigrantes y socava los lazos económicos con otras naciones. En su escrito dan la razón, nos hacen ver, a la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, al advertir que “ya ha condenado públicamente esta propuesta, calificándola de perjudicial para la economía de ambos países”. Señalan los congresistas que limitar las remesas agravaría precisamente las presiones migratorias que los republicanos del Congreso pretenden abordar. Tienen razón cuando anotan que cuando se detenga el flujo de dinero, la desesperación impulsará a más personas a emprender el peligroso viaje a la frontera sur de Estados Unidos. Pendientes. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)

La Esquina

El presidente de Estados Unidos ya comprobó que no tiene el total apoyo de los legisladores de su partido como pensaba, y es que el revés que sufrió al ser parada en seco su propuesta de cobrar impuestos a remesas de migrantes ya le dejó un mensaje; la decisión del ala dura republicana es un respiro para los migrantes, pero aún están en juego aranceles contra productos mexicanos y el futuro incierto del T-MEC. (La Esquina, La Crónica de Hoy, P. p.)

Nudo gordiano / Remesas

El anuncio del avance legislativo en Estados Unidos para imponer un impuesto de 5% a las remesas enviadas por migrantes ha encendido las alarmas en México y en la propia comunidad internacional. La reacción del gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha sido contundente: la medida es discriminatoria, injusta, y viola el tratado bilateral para evitar la doble tributación firmado en 1994. Tanto la Secretaría de Hacienda como la Cancillería, el embajador Esteban Moctezuma y el encargado de las relaciones con América del Norte, Roberto Velasco, han movilizado todos los recursos diplomáticos para frenar lo que consideran un golpe directo a millones de familias mexicanas y a la relación bilateral.

Sheinbaum ha calificado la propuesta como “inaceptable” y “anticonstitucional, incluso en EU”, subrayando que los migrantes mexicanos ya pagan impuestos en ese país. El Senado mexicano, en una rara muestra de unanimidad, ha respaldado esta postura, argumentando que la medida supondría una doble tributación sobre el ingreso de los migrantes, algo expresamente prohibido por los acuerdos internacionales. La carta enviada por Moctezuma y Velasco a los legisladores estadunidenses enfatiza que 80% del ingreso de los migrantes permanece en la economía de EU, beneficiando directamente a su población y a su fisco.

El impuesto, de aprobarse, no sólo golpearía a México: India, América Latina y otros países receptores de remesas también serían afectados. Para México, el impacto sería brutal: las remesas superaron los 64 mil millones de dólares el año pasado, constituyendo la principal fuente de divisas para millones de hogares, sobre todo en las regiones más marginadas. Un gravamen de 5% podría significar una pérdida de al menos 3,250 millones de dólares anuales para las familias mexicanas. Pero el daño va más allá de las cifras: se trata de un golpe directo a los hogares más vulnerables, cuya subsistencia depende de ese flujo constante.

Es un bumerán para Estados Unidos. Paradójicamente, la medida también es una mala idea para el propio gobierno estadunidense. Los expertos advierten que, lejos de aumentar la recaudación, el impuesto incentivará el uso de canales informales, incluso ilegales, para el envío de dinero, reduciendo la transparencia y dificultando la supervisión financiera. Además, la expectativa de recaudar 22 mil millones de dólares en una década es poco realista, ya que los remitentes buscarán alternativas para evitar el gravamen, lo que reducirá tanto el flujo formal de remesas como la base gravable.

A esto se suma un efecto colateral: al hacer más costoso y riesgoso el envío de remesas, se desincentiva el trabajo formal y la integración de los migrantes a la economía estadunidense, afectando sectores enteros que dependen de su mano de obra y su consumo. Como han señalado analistas y diplomáticos,  80% del ingreso de los migrantes se queda en EU y sólo 20% se envía como remesas, por lo que castigar ese pequeño porcentaje es, en el fondo, un tiro en el pie para la economía estadunidense.

Es una batalla política con consecuencias humanas. El trasfondo de la iniciativa es eminentemente político: se trata de una estrategia republicana para endurecer la política migratoria y enviar un mensaje electoralista en año de comicios. Pero el costo humano y económico es demasiado alto. Los migrantes, que ya pagan impuestos y contribuyen al crecimiento de Estados Unidos, serían castigados doblemente, mientras que sus familias en México y otros países quedarían aún más expuestas a la pobreza y la marginación.

En suma, gravar las remesas es una mala idea para México, para los migrantes y, sobre todo, para Estados Unidos. Es una medida que, en nombre de la recaudación y el control migratorio, sacrifica la justicia, la legalidad y la sensatez económica. Y, como suele ocurrir, los más vulnerables serían los primeros en pagar la factura. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 12)

¿Texas seguirá el ejemplo de Trump?

Acabo de leer un artículo sobre Andrea Ramos, una joven migrante mexicana que, hace más de veinte años, no podía inscribirse en la universidad por ser indocumentada. Me llena de orgullo saber que, de alguna manera, formé parte de su historia. En ese entonces, siendo Coordinador de la Oficina de Mexicanos en el Exterior del Presidente Vicente Fox, me tocó respaldar la iniciativa del gobernador de Texas en la elaboración del Texas Dream Act—una ley que cambió miles de vidas.

Texas fue el primer estado en aprobar una ley que permitiera a jóvenes indocumentados pagar colegiaturas como residentes. Fue una decisión valiente del gobernador Rick Perry, respaldada por legisladores de ambos partidos. La prensa la bautizó como el Texas Dream Act, pero para muchos de nosotros era simplemente justicia.

Recuerdo bien cómo el gobernador de Guanajuato, Juan Carlos Romero Hicks, y el presidente Vicente Fox felicitaron al Republicano Rick Perry por su decisión. En esos años, parecía que las fronteras podían ser puentes, que los migrantes eran reconocidos como parte del tejido binacional. En semanas recientes, tanto el Papa Francisco como el nuevo Papa León XIV han alzado la voz en defensa de los migrantes. Qué distinto sería nuestro presente si más líderes políticos actuaran con esa misma visión.

Pero hoy ese sueño está en peligro. Legisladores texanos, fortalecidos por las acciones anti-migrantes del Presidente Trump, dicen que votarán esta semana para eliminar el Texas Dream Act. Alegan que no es justo subsidiar a quienes llegaron sin documentos. Pero se equivocan: estos jóvenes ya son parte de Texas. Sus familias pagan impuestos, muchos no conocen otro país que este. Negarles la oportunidad de estudiar no es justicia: es retroceso.

Lo digo como tejano y como alguien que ha trabajado toda su vida con migrantes: sería un error histórico. Muchos de estos jóvenes se gradúan con honores, fundan empresas, trabajan en hospitales y escuelas. Texas les dio una educación básica durante doce años. ¿Y ahora se les cierran las puertas justo cuando están listos para retribuir al estado y a la nación americana?

Andrea Ramos, aquella joven migrante que un día no podía inscribirse en la universidad, logró transformar los obstáculos en oportunidades. Su historia prueba lo que puede lograr una sociedad cuando decide abrir puertas en lugar de cerrarlas. (Pueden leer su testimonio completo aquí: https://immigrationimpact.com/2025/05/09/in-state-tuition-undocumented-students-texas-dream-act/)

Texas creyó en jóvenes como Andrea una vez. Esta semana, al votar sobre el Texas Dream Act, sus legisladores decidirán si todavía creen en ese sueño… o si lo dejan morir. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p. 12)

CARTONES

Stand By

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(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)

Información que cura

Información que cura

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 11)