Merecen respeto los derechos del migrante // Aportan mucho a la economía de Estados Unidos // Urge un acuerdo justo
M IGRANTES MEXICANOS REPELIERON las redadas de la “migra” en Los Ángeles y otras ciudades de Estados Unidos y hubo confrontaciones de diversa intensidad. El presidente Donald Trump desplegó soldados de la Guardia Nacional y marines. ¿Con cuál opinión coincides?.
Metodología PARTICIPARON 2,215 PERSONAS en el sondeo en redes sociales de esta semana. X (Twitter), 438; Facebook, 75; El Foro México, 85; Instagram, 120; Threads, 97 y YouTube 1,400. Utilizamos la app SurveyMonkey.
X (Twitter) INDISCUTIBLE DEFENDER DERECHOS, pero los que indujeron a la violencia pueden ser gente pagada por grupos de ultraderecha para generar el caos, la persecución y caza de indocumentados y esto avivará más el odio social. Los que pagarán los platos rotos son los indocumentados, no olvidemos que hay descendientes de mexicanos que quieren a sus paisanos sin papeles.
@albaVilla/Ciudad Sahagún APOYO QUE EXISTAN acuerdos migratorios que dignifiquen el trabajo de los mexicanos.
@Soulrabia/Mérida DEBEN RESPETAR A muchos migrantes que no tienen patrimonio y ni esperanza de pensión alguna.
@ElviraValladares / de México Facebook ME CONMUEVE VER cómo tratan a mis compatriotas, que los deporten y lleguen sin nada, y a un México tan jodido con la delincuencia. iQué van a hacer, caray! Ivonne Buárez/Cuernavaca UN ACUERDO MIGRATORIO donde no haya vencedores ni vencidos.
Xóchitl tiz/Ciudad de México SON TRABAJADORES QUE apoyan también la economía de Estados Unidos.
María Guerra/Puebla El Foro México EN LAS CONDICIONES actuales de los Estados Unidos, los migrantes no sólo están defendiendo sus derechos humanos, sino los de todos los ciudadanos de ese país.
Ma. Eugenia Rodríguez/Toluca ES LAMENTABLE CÓMO Trump está tratando a los migrantes a pesar de que son importantes en la economía estadunidense.
Javier Ruiz Gutiérrez /San Luis Potosí EL ESTADO ESTÁ actuando de manera fascista contra cualquier persona con apariencia latina, violando sus derechos humanos y su dignidad. Es lamentable que los políticos de derecha se aprovechen de esta circunstancia para tratar de debilitar el gobierno de México.
¿Lo vamos a permitir? Laura Álvarez z/Cuernavaca DEFENDIERON SUS DERECHOS como humanos y como trabajadores que aportan mucho al gobierno sin recibir sus beneficios.
Considero que Trump está violando muchas leyes e instituciones estadunidenses, está danando mucho a esa nación.
Josefina Mena Abraham/Ciudad de México
Instagram DEBE HABER UN acuerdo donde se especifiquen los derechos de los migrantes y que reciban el salario justo con sus prestaciones laborales; que no se violen los derechos humanos.
Jorge Covas /Celaya LOS MIGRANTES SON seres humanos que dejaron atrás a sus familias, costumbres y su cultura para iniciar una nueva vida buscando mejorar su vida y la de su familia. Solamente un desquiciado arremete contra ellos, utilizando toda la fuerza que tiene el Estado americano para llegar a un acuerdo satisfactorio.
Mario Gijón Barragán, /estado de México LOS MIGRANTES HAN han salvado muchas veces a Estados Unidos, pero los gobiernos han sido muy ingratos.
Práxedis Sánchez/Saltillo Threads HAY MEXICANOS QUE ya tienen trabajando en Estados Unidos más de un año y no los han querido legalizar. Ahora dicen que son ilegales; urge que esta situación se regule.
Víctor Arellano/Cuautitlán Izcalli LAS AUTORIDADES, TODAS, de los Estados Unidos de América deben de actualizarse; quieren resolver problemas empleando métodos del siglo XIX.
Luis Ángel García Sánchez/Le Facebook, TikTok, Twitter, Instagram: galvanochoa Correo: galvanochoa@gmail.com
¿Migrantes mexicanos repelieron las redadas de la “migra” en Los Ángeles Con cuál opinión coincides? Sin opinión 4% Seguirá el caos;urge un acuerdo migratorio 6% Debieron someterse ante la autoridad 3% Solo defendieron sus derechos como sereshumanos 87% 2,215 participantes (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)
La cacería de migrantes que está realizando el gobierno de Estados Unidos, persiguiéndolos incluso por las calles, entrando a sus viviendas y maltratando a buena parte de ellos, es una muestra más de que las democracias han dejado de existir incluso en el norte global, allí donde nacieron. Lo realmente novedoso son las respuestas que están dando tanto los migrantes como muchos hijos de migrantes que nacieron en EU y no tienen problemas legales.
Es posible que los migrantes se estén convirtiendo en los cristianos de la antigua Roma. Fueron perseguidos pero jugaron un papel destacado en la transformación y también en la caída del imperio, ya que se negaban a participar en los ritos oficiales. Ahora no es igual, pero puede ser un síntoma de la descomposición creciente de la “nación imprescindible”.
Digamos las cosas por su nombre: esto es una guerra del capitalismo. Contra las personas migrantes, contra las personas del color de la tierra, contra los pueblos originarios y negros, contra los diferentes. Aunque se hace en nombre de la democracia, es totalitarismo. El filósofo Giorgio Agamben definió el totalitarismo moderno como “una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos, sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político”.
Por cierto, no es una guerra contra todos los migrantes (nunca es “contra todos”), sino contra aquella porción de jóvenes que dicen ¡basta!, que no se dejen, se ponen de pie y resisten. Lo notable es que son cada vez más y que tienen una conciencia más clara de que su situación no se debe a un gobierno ni a un gobernador, sino que es resultado de un sistema global que se llama capitalismo y que los ataca en California, en México, en Europa, en Wall Mapu o donde se encuentren.
Las movilizaciones en curso remiten a las que miles de jóvenes protagonizaron en 2024 en apoyo al pueblo palestino, solidaridad que sigue en pie y tiende a crecer en estos momentos. Los protagonistas son las mismas camadas juveniles que no tienen futuro en el sistema. Pero también se vinculan con la larga experiencia de luchas en el estado de California, tanto de los migrantes como de la población negra, que se levantó cuando un jurado absolvió a los policías que dieron una paliza a Rodney King en 1991, con un saldo de más de 50 muertos.
Ahora los migrantes sin documentos, los hijos de migrantes legales y muchos blancos, confluyen mostrando su rabia acumulada por décadas de políticas neoliberales que favorecen solamente a los ricos. Las protestas en curso desnudan la cruda realidad que viven millones de personas en Estados Unidos.
En primer lugar, enseñan la verdadera cara del sistema, que movilizó 2 mil agentes de la Guardia Nacional y luego 700 marines para contener las protestas, aunque el gobernador asegura que ya son 4 mil guardias. La brutalidad de los uniformados fuertemente armados, el uso abundante de gases y bombas aturdidoras, enseña de qué se trata la tan mentada democracia de la superpotencia. La respuesta consistente en la militarización para contener a los pueblos, enseña que hay cada vez menos diferencias entre norte y sur globales. En segundo lugar, las protestas abrieron una grieta institucional, ya que el gobernador de California y la alcaldesa de Los Ángeles rechazaron la militarización.
Es normal que las protestas de los abajos abran grietas en las instituciones, más en un estado como California, que se pronuncia claramente contra Trump. Veremos hasta dónde llega la fisura institucional, aunque poco podemos esperar de ella. Lo más importante, empero, es que los migrantes perdieron el miedo. Desde que comenzó la política trumpista de expulsiones, muchos se encerraron en sus casas por temor a ser descubiertos, detenidos y deportados. Ahora no sólo salen a las calles, sino que no temen enfrentarse a los cuerpos armados del país más poderoso del mundo.
Algo ha cambiado y ese cambio nos llena de esperanzas en el momento más oscuro de la dominación capitalista. Para quienes deseamos la caída del imperialismo y del capitalismo, este es un momento importante. No porque crea que su caída va producirse de la noche a la mañana. Sabemos que estamos ante un proceso histórico de agudas luchas entre el arriba y los abajos, que demandará décadas, será prolongado y tortuoso.
Lo que nos alienta es comprobar que las rebeldías no han sido acalladas, que lo que sucede en Gaza no quedará en la impunidad y, sobre todo, que las más diversas luchas se están enlazando. Por último, quienes pensamos que la caída de un imperio se produce tanto desde dentro como desde afuera, las movilizaciones en California y en otros estados, nos muestran que estamos ante una posibilidad inédita: la continuidad de las luchas en Estados Unidos, ya que hasta ahora hubo grandes llamaradas que se apagaban en pocas semanas. Al parecer, estamos ante una nueva realidad. (Raúl Zibechi, La Jornada, Opinión, p. 13)
Las protestas que han sacudido a Los Ángeles han repercutido por todo EU y el mundo. El presidente Trump manipula las confrontaciones entre los manifestantes y la policía como parte de una estrategia para distraer atención de sus problemas y así poder crear chivos expiatorios de los inmigrantes. Pero en esta ocasión, la política de distracción y provocación se ha transformado en algo diferente y más serio.
En medio de su divorcio público con Elon Musk, el presidente Trump contrató con la compañía Palantir la creación de una base de datos de todas las personas en EU, anunció la prohibición de viajeros a EU de 12 países africanos, asiáticos y latinoamericanos, impulsó una propuesta legislativa que aumentaría la deuda nacional en casi 3 trillones de dólares, reduce los impuestos para los sectores más acaudalados y elimina la asistencia médica a millones de estadunidenses. Después de seis meses en el poder, su guerra de aranceles ha empeorado la economía, y su promesa de concluir 90 tratados económicos en 90 días no ha producido ni un solo acuerdo. La popularidad de Trump está en su nivel más bajo.
Ante esta situación, Trump busca explotar los temas que ha manipulado históricamente, la inmigración, y la supuesta traición de los liberales. Su objetivo es establecer al inmigrante como chivo expiatorio que representa una fuerza invasora inducida por la política de los demócratas.
Hace una semana, Stephen Miller, su principal asesor sobre inmigración, despidió a varios directores del ICE porque no habían logrado deportar 3 mil personas al día. Miller les ordenó hacer redadas en la ferretería Home Depot y la tienda 7/11 y así enfocarse en personas en sus quehaceres diarios. Los nuevos directores de ICE se comprometieron a alcanzar la meta de un millón de deportados al año.
El jueves 5 de junio el gobierno federal anunció que había federalizado a 2 mil miembros de la Guardia Estatal de California, sin el consentimiento del gobernador Gavin Newsom (demócrata y probable candidato presidencial en 2028), que es el verdadero comandante de las tropas. Trump los envío al condado de Los Ángeles, el más grande del país, con una población de casi 10 millones, la mitad de los cuales son latinos, con el propósito de proteger los edificios federales mientras agentes del ICE efectúan redadas masivas.
Las redadas ocurrieron en los tribunales, las ferreterías, los campos agrícolas, las fábricas, las iglesias, las escuelas e incluso las universidades. El sistema universitario de Los Ángeles advirtió a los padres sin documentos no asistir a la ceremonia de graduación de sus hijos por temor a ser detenidos. Cada día el ICE aterroriza a los inmigrantes a pesar de su estatus en EU. Y las redadas no sólo incluyen a latinos, también han detenido africanos, asiáticos, indios y árabes.
En Los Ángeles no había violencia política antes de la llegada de la guardia y los agentes de ICE, FBI y DEA. Las acciones de estas agencias han generado la violencia que se vive en Los Ángeles. Una confrontación con “una ciudad de criminales,” como lo ha descrito Kristi Noem, secretaria de Seguridad Interna, sirve para incitar los seguidores más fanáticos de Trump. También distrae la atención de la economía, el conflicto con Musk, el uso de Palantir, y el presupuesto ante el Senado. Pero el gobierno de Trump tiene ambiciones aún más amplias.
Los asesores de Trump mantienen el “ojo sobre la pelota”. El 10 de junio, ante soldados seleccionados por su ideología en Fort Bragg, Trump indicó que en California ocurre un “asalto contra el orden público y la soberanía nacional… con el propósito de continuar una invasión extranjera de nuestro país, y no lo voy a permitir”. Al proponer la existencia de una invasión extranjera, Trump busca activar el acta de insurrección de 1807 que le permitiría enviar tropas a los estados. El magnate declaró que las protestas contra agentes de ICE “constituyen una forma de rebelión,” lo cual le permitirá establecer un estado de excepción y así suspender los derechos políticos de todo estadunidense.
EU ha cruzado el Rubicón y entra en un nuevo territorio político e histórico donde el gobierno manipula una crisis humanitaria para producir una confrontación constitucional. La “declaración de excepción” no es sólo un arma para enfrentar a los manifestantes, sino también avanza la ambición de transformar EU en un estado nativista y represivo confirmando el sueño de Trump y sus asesores.
No obstante, hay un impedimento en este sueño ultraderechista. Los Ángeles tiene una larga historia de lucha social, que va desde el movimiento obrero inmigrante de los 1910 y 1930, las emblemáticas protestas por los derechos civiles de Watts en 1965, las manifestaciones después del juicio de Rodney King en 1992, las marchas lidereadas por jóvenes latinos contra la propuesta 187 en 1994, las protestas pro inmigrantes de 2006 que movilizaron más de medio millón, y las marchas después del asesinato de George Floyd en 2020.
Los grupos pro inmigrantes, comunitarios y sindicatos activaron un plan de respuesta rápida y han protestado en casi todos los sitios donde ICE se desplaza, al igual que en el centro de Los Ángeles, que ha vivido múltiples noches de protestas que han sacudido a la ciudad. Las protestas se expanden por el país y ya incluyen Boston, Nueva York, Chicago, Austin y San Antonio. Algunos demócratas, como el gobernador Newsom, intentan posicionarse como líder del movimiento popular, pero el resultado de este nuevo enfrentamiento y, últimamente, la defensa de la democracia en EU será determinada por la movilización popular que ocurre en Los Ángeles y en el resto del país. (Victor Silverman y Miguel Tinker Salas, La Jornada, Opinión, p. 13)
Trump y su burbuja onanista // Ordena cacería en el campo: indocumentados escapistas
DONALD TRUMP va que vuela a imponer un récord: poner en su contra a todos los sectores económicamente productivos estadounidenses (y no pocos de los sociales y políticos, más buena parte de la comunidad de naciones), que en apenas cinco meses han visto cómo su salvaje proceder ha deteriorado en grado sumo sus balances y perspectivas. Uno de ellos, que no es el único, es el agrícola, el cual, a partir del pasado 20 de enero, comenzó a sufrir las consecuencias del pernicioso cuán enloquecido proceder del inquilino de la Casa Blanca en materia migratoria.
A PARTIR de esa fecha, los trabajadores del campo estadounidense (mayoritariamente mexicanos altamente especializados en esta materia, como en tantas otras) comenzaron a escasear o a tener presencia intermitente, no por falta de ganas y necesidad de laborar, sino por el temor a ser deportados. Desde entonces, la producción ha decaído, porque el intento de suplir esa mano de obra con ineficaces laburantes gringos ha sido un sonado fracaso.
A LOS PRODUCTORES gringos esa situación los mantiene en vilo y sus balances a la baja, pero a Trump le tiene sin cuidado. Tanto, que ahora lo que se ve en los campos agrícolas estadounidenses (principalmente en el suroeste de California) es una multitud de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en plena cacería de inmigrantes indocumentados, quienes en ese estado, como en tantos otros, no solo hacen altamente rentable esa actividad, sino que en buena medida dan de comer a gran parte de los estadounidenses.
SE ESTIMA QUE solo en California alrededor de 256 mil inmigrantes indocumentados trabajan en el sector agrícola y sobre ellos van. De acuerdo con un reporte difundido por varias agencias informativas, “al recrudecerse la cacería de migrantes, agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas comenzaron a perseguir en campos agrícolas a presuntos indocumentados en California, mientras organizaciones defensoras de derechos de migrantes reportaron múltiples operativos en todo el estado. Elementos del ICE irrumpieron en plantaciones de arándanos y otras instalaciones agrícolas, en un aumento de las redadas que busca cumplir con una cuota de 3 mil detenciones diarias impuesta por la Casa Blanca”.
DE CUMPLIRSE, y sin considerar las artes escapistas de los indocumentados, el gobierno gringo tardaría cerca de tres meses en “limpiar” el campo californiano, algo por demás inalcanzable, al tiempo que el único “logro” sería el profundo deterioro y abandono de las zonas productivas, y sus consecuencias en materia alimentaria para el resto de la población.
PERO COMO TRUMP vive en una burbuja onanista, racista y xenófoba, en la que decide y da órdenes sin medir consecuencias, ayer apenas se enteró de que “nuestros agricultores se están viendo muy perjudicados” por la cacería ordenada por él mismo. Los inmigrantes perseguidos, dijo, “son muy buenos trabajadores; han resultado ser geniales y vamos a tener que hacer algo al respecto; vamos a tener una orden sobre eso bastante pronto” y no solo en agricultura, sino “en el sector del ocio, de los hoteles”. No cabe duda de que es un personaje de circo, verdaderamente ridículo.
EN VÍA DE mientras, un análisis del CEMLA, bajo la firma de Jesús A. Cervantes y Juan Antonio Ortega, aporta información fresca sobre el número de trabajadores inmigrantes ocupados de origen mexicano, estimado en alrededor de 7 millones 528 mil (al cierre de septiembre de 2024). “En algunas actividades, su participación es más elevada, como ocurre en los sectores agropecuario, de la construcción, alimentación, hospedaje, recreación y servicios en hogares”.
ASÍ, DETALLA, “EN los primeros tres trimestres de 2024, uno de cada 5.9 trabajadores del sector agrícola era un inmigrante mexicano; en la construcción y la minería, uno de cada 7.2, y en alimentación, hospedaje y recreación, uno de cada 13.5. En algunas actividades económicas estadounidenses hay una presencia significativa de inmigrantes originarios de Guatemala, Honduras y El Salvador”.
ELLO IMPLICA QUE los inmigrantes de estas últimas nationalidades, más los mexicanos, representan uno de cada 5.1 trabajadores agrícolas, uno de cada 5.2 trabajadores en construcción, uno de cada 10 en alimentación, hospedaje y recreación, y uno de cada 6.8 en los servicios en hogares, que incluye cuidado de niños y actividades de limpieza, cocina y jardinería.
Las rebanadas del pastel
DEL GOBERNADOR DE California, Gavin Newsom, para Trump: “Enviaste a tus tropas aquí sin combustible, comida, agua o un lugar para dormir; si alguien trata irrespetuosamente a nuestras tropas eres tú”. (Carlos Fernández-Vega, LA Jornada, Economía, p. 16)
Frentes Políticos
Cordial. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó como “muy buena” la reunión con Christopher Landau, subsecretario de Estado de Donald Trump, quien vino a presentarse como si México no estuviera molesto por las redadas contra migrantes. En tono diplomático, la mandataria le dejó claro que no comparte el modelo de persecución que criminaliza a quienes sostienen la economía de ambos países. Eso sí, la acusación de Kristi Noem ni se tocó, y el nombre de Marco Rubio apenas se asomó como futuro visitante. Queda claro que el “buen vecino” no se deja, pero tampoco se pelea.
Sensatez. En un país donde la estridencia se confunde con patriotismo, Mauricio Kuri, gobernador de Querétaro, se atrevió a lo impensable, pedir cordura en el espinoso tema de los migrantes. Hizo un llamado a respaldar la postura de Claudia Sheinbaum ante el G7 y construir con inteligencia una relación con EU, y con Donald Trump. Sin gritos, sin posteos incendiarios, sin arengas de mercado. En tiempos donde la diplomacia se dirime en redes y los oficios se escriben en X, alguien que pide mesura suena casi revolucionario. Y es que hoy lo más indicado es actuar con responsabilidad. Escúchenlo. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 13)
Primer acto. Alex Padilla, primer senador de origen hispano en la historia de California, quería hacer preguntas a la secretaria de Seguridad interior de EU, Kristi Noem, sobre las redadas y deportaciones de indocumentados en Los Ángeles.
Pero agentes federales encargados de la seguridad de la funcionaria se lo impidieron. No sólo lo echaron a empujones del salón donde Noem ofrecía una conferencia de prensa, sino que lo tiraron al piso en forma brutal y lo esposaron, aun siendo senador.
¿Su delito? Intentar hacer preguntas a la funcionaria sobre las redadas contra indocumentados en Los Ángeles. Una escena que, como bien dijo Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado, revuelve el estómago.
“Apesta, a totalitarismo. Esto no es lo que hacen las democracias”, puntualizó Shumer.
El gobierno de Trump desplegó cuatro mil guardias nacionales y 700 marinos en las calles de Los Ángeles, la segunda ciudad con más habitantes de origen mexicano en el mundo, para sofocar las protestas provocadas por las redadas del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).
Schumer explicó que el senador Padilla estaba en el edificio federal de Los Ángeles, donde Noam ofrecía una conferencia de prensa, para cuestionar a las autoridades federales por los operativos antiinmigrante ordenados por Trump.
Noem, sin embargo, responsabilizó a Padilla “por no identificarse”, según La Opinión de Los Ángeles. Falso. En el video de los hechos se escucha claramente cuando él dice “soy el senador Alex Padilla…”.
Después de la agresión, el senador apareció en un video para hablar de la brutalidad de los agentes federales: “Si es así como la administración (de Trump) responde a un senador que tiene una pregunta, podemos imaginar lo que están haciendo con los trabajadores agrícolas, los cocineros, los jornaleros en California y en todo el país”.
* Segundo acto. Melissa Cornejo, consejera de Morena en Jalisco, nunca imaginó que el mensaje que subió a X para protestar por el anuncio del gobierno de Trump de cancelar las visas a quienes alienten las protestas en Los Ángeles, sería respondido al más alto nivel.
“Viva la raza y métanse mi visa por el culo”, escribió la morenista.
El subsecretario de Estado, Christopher Landau, exembajador de EU en México, le respondió: “Yo ahí no puedo meter tu visa, pero sí te quiero informar que personalmente di la orden de cancelarla, después de ver este vulgar posteo. Y no te ha de sorprender lo que me contestaron: que ni siquiera tienes visa para cancelar”.
El mensaje no es sólo para la morenista, sino para todos los cibernautas que tengan la intención de enviar “posteos vulgares” contra el presidente Trump y su política migratoria.
Algo así como una ley censura en las redes sociales.
* Tercer acto: Claudia Sheinbaum se reunió el miércoles pasado con Landau. Fue una visita de “cortesía” que aprovechó la Presidenta para mostrarle, dice, resultados en seguridad y en temas de migración.
“Hablamos de la defensa de nuestros hermanos migrantes, de que no estamos de acuerdo que se utilizaran redadas para detener personas que trabajan honestamente en EU, que eso iba a dañar no solamente a las personas, sino a la propia economía de Estados Unidos”, dijo la mandataria.
No quiso ahondar, pero lo más probable, como apunta el excanciller Jorge Castañeda en su artículo de Nexos, es que se haya tratado el tema de la posible reunión entre Sheinbaum y Trump en Canadá.
Pero también del contenido y las características de la próxima visita del secretario de Estado, Marco Rubio, a México, y de las acusaciones de Kristi Noem a Sheinbaum, de alentar las protestas contra el gobierno de Trump en EU.
* Cuarto acto: una encuesta de Washington Post mostró que se oponen a deportar a quienes no han cometido delitos distintos a los de inmigración (57-39 %), a quienes llegaron de niños (70-26 %) y a quienes llevan más de diez años en el país (67-30 por ciento). Otra del Pew Research Center mostró que los estadunidenses se oponen a deportar a personas “que tienen un trabajo”, 56% contra 41 por ciento.
También se oponen a la deportación de quienes llegaron de niños (68-30%), padres de hijos ciudadanos estadunidenses (60-37%) y a inmigrantes indocumentados casados con ciudadanos (78-20 por ciento).
Las protestas contra la política migratoria de Trump se han extendido a Nueva York, Seattle, Chicago, Austin, Las Vegas y Washington. Los cuatro actos nos llevan a bautizar la obra: In Trump we don’t trust. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p.6)
La escalada del conflicto migratorio en Estados Unidos refleja una preocupante deriva hacia una realidad autoritaria, militarizada, incluso con tintes fascistas. En días recientes, agentes de ICE violaron abiertamente espacios religiosos considerados históricamente como refugios sagrados para migrantes, realizando redadas dentro de iglesias en Los Ángeles y arrestando a personas frente a feligreses y pastores. Estos operativos rompieron con normas históricas que protegían templos, escuelas y hospitales, provocando denuncias por abusos y atropellos de derechos humanos.
La profanación deliberada de espacios religiosos constituye un ataque directo a los fundamentos morales de la sociedad estadunidense. Esta táctica, históricamente empleada por regímenes totalitarios para quebrar la resistencia social, marca un punto de inflexión donde el aparato estatal abandona cualquier pretensión de legitimidad moral. La normalización de estas acciones representa una erosión acelerada de las instituciones que tradicionalmente han servido como último refugio contra la tiranía.
La situación se agrava con ataques sistemáticos a la prensa y a la libertad de expresión. Recientemente, la vocera de la Casa Blanca insultó a una reportera por preguntar sobre las protestas pacíficas, calificando públicamente su pregunta de “estúpida”. A ello se suman múltiples casos de periodistas heridos o detenidos mientras cubrían las protestas, golpeados con balas de goma y gas pimienta. Esta violencia llevó a organizaciones internacionales a condenar las acciones y advertir sobre la clara erosión de la libertad de prensa estadunidense.
La agresión contra periodistas revela una estrategia calculada para controlar la narrativa pública y ocultar la magnitud de los abusos gubernamentales. Cuando reporteros veteranos describen el tratamiento que reciben en territorio estadunidense como comparable al de regímenes autoritarios, estamos presenciando un colapso institucional sin precedentes. Esta dinámica reproduce fielmente los mecanismos empleados por dictaduras: primero se demoniza a los medios, luego se los ataca físicamente, y finalmente se los subordina completamente al poder político.
Por si fuera poco, la propia Casa Blanca adoptó propaganda supremacista blanca, difundiendo desde canales oficiales un cartel que incitaba a los ciudadanos a denunciar “invasores extranjeros”. Este mensaje xenófobo proviene originalmente de grupos extremistas, y su adopción oficial legitima la ideología supremacista, fomentando la delación entre ciudadanos.
En otro episodio alarmante, el senador demócrata Alex Padilla fue arrestado y esposado momentáneamente mientras intentaba cuestionar a la secretaria de Seguridad Nacional durante una conferencia en Los Ángeles. Este incidente, captado en video, generó indignación nacional, mostrando cómo el aparato represivo alcanzó incluso a un funcionario electo.
A nivel nacional, el despliegue de miles de tropas militares en ciudades como Los Ángeles, Nueva York y Chicago, acompañado por toques de queda y arrestos masivos de manifestantes pacíficos, envía un mensaje claro: la disidencia será reprimida y criminalizada. La retórica oficial, que compara migrantes y manifestantes con invasores, legitima estas acciones mientras las libertades fundamentales retroceden dramáticamente.
Lo que presenciamos no es simplemente una crisis política pasajera, sino la metamorfosis acelerada de Estados Unidos hacia un estado policial que utiliza el miedo xenófobo como catalizador de transformación autoritaria. Mientras el mundo observa con horror cómo la nación que se autoproclamó guardiana de la democracia global emplea tácticas que habría condenado en otros países, una pregunta inquietante emerge: si Estados Unidos puede descender tan rápidamente hacia el autoritarismo, ¿qué esperanza queda para el resto del mundo democrático? La respuesta se decidirá en las calles estadunidenses durante los próximos meses, donde se determinará si la democracia más poderosa del planeta sobrevive a su propia transformación o si el siglo XXI será recordado como la era en que la libertad murió en su propia cuna. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 14)
Es entendible por qué desde México muchos han visto la reciente embestida en contra de los migrantes de Los Ángeles como un ataque a nuestro país. Las víctimas de estas acciones son en su mayoría paisanos que viven allá y, la mayoría, que llevan muchos años trabajando honestamente en el país del norte.
Las escenas que hemos visto estos días en Los Ángeles y sus alrededores por la movilización de ICE arrestando a los primeros que encuentran son leídas como un ataque directo a México.
Creo, sin embargo, que nuestros paisanos son víctimas de una guerra, de una batalla interna en Estados Unidos que tiene que ver con mucho más que ellos, los migrantes, y que seguiremos viendo en los próximos años.
Tal vez porque pasé más de una década de mi vida profesional viviendo y trabajando allá, en los últimos años, sobre todo después de lo que sucedió en el Capitolio después de la elección que Trump perdió, he leído muchos libros y estudios que cuentan el origen de lo que hoy vemos.
Hace un par de décadas que se comenzó a formar un movimiento, primero aislados unos de otros, pero cada vez más comunicados que decepcionados y otros muy enojados del liberalismo económico y social del siglo pasado, comenzaron a organizarse para discutir cómo influir en lo que para ellos se había hecho muy mal en su país.
Hoy el ejemplo más público en lo internacional es la migración, pero desde hace varios años la lucha de estos grupos en sus pueblos, ciudades y estados tiene que ver con la educación pública —que aborrecen por “liberal”—, la separación de la la iglesia del Estado —que, están convencidos, va contra los principios en los que fue fundado el país—, la intervención del gobierno en la vida cotidiana —las armas, el mejor ejemplo— o que se permita el aborto y en la actividad económica y productiva.
Estos grupos encontraron en Trump un líder, porque ese líder encontró que darles gusto le daba votos y poder —no porque crea mucho en lo que ellos creen—.
Hacer las redadas en Los Ángeles días antes del desfile militar del sábado y cuando se discute en el Congreso la iniciativa que dará recursos a las propuestas de Trump, no solo es porque ahí hay muchos migrantes. Es también porque Los Ángeles —y California— es la ciudad que este movimiento odia, por liberal, diverso y lo que ellos llamarían lleno de la élite woke.
Stephen Miller, la mano derecha de Trump, originario de Los Ángeles, arquitecto de todo esto en la Casa Blanca, odia Los Ángeles de hoy. Y es ahí donde quería hacer explotar esta guerra cultural. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p.2)
El despliegue de la Guardia Nacional y las tropas de Infantería de Marina en Los Ángeles pueden verse como parte de un desarrollo mayor y más allá de los alegatos del presidente Donald Trump y sus aliados de que la llegada masiva de migrantes y peticionarios de asilo equivale a una “invasión” y hace necesaria la presencia de los militares para enfrentar el problema.
Pero muchos críticos del gobierno de Trump creen que es más bien parte de su disposición autoritaria y una abierta jugada de poder.
Para ellos, el actual problema de manifestaciones fue creado por el propio gobierno Trump, en buena parte al exagerar la gravedad de los choques entre opositores a redadas migratorias y policías el viernes pasado en Los Ángeles.
El presidente Trump y sus aliados hablan ahora de movilizar a las fuerzas armadas, si fuera necesario, para controlar la situación en otras ciudades donde haya protestas migratorias o acciones “de extrema izquierda”.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró ante el Congreso que el Pentágono tiene la capacidad de aumentar el número de tropas de la Guardia Nacional a más ciudades “si se producen otros disturbios en lugares donde las fuerzas del orden se ve amenazadas”.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, advirtió que se trata de “un mensaje inequívoco para los radicales de izquierda en otras partes del país que están pensando en imitar la violencia para detener las deportaciones masivas de este gobierno”.
Pero la amenazante bravata busca al parecer encubrir los crecientes problemas internos del gobierno Trump.
De acuerdo con la más reciente encuesta de Quinnipiac University, el mandatario estadounidense tiene calificaciones negativas en todos los órdenes, incluso lo que se consideraba como su punto fuerte: migración: solo 43 por ciento aprueba las políticas migratorias de Trump, mientras que 54 por ciento las desaprueba. En cuanto a sus políticas de deportación, 40 por ciento las aprueba y 56 por ciento las desaprueba.
Algunos analistas puntualizan que el rechazo podría estar influido por la forma en que la policía migratoria el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) ha desarrollado sus redadas para arrestos de migrantes, con lujo a veces de violencia y sin considerar si están en proceso de regularización o incluso si detiene a ciudadanos.
Pero también es cierto que Trump parece emocionado de recurrir a los militares. “Creo que estamos entrando en una nueva fase, especialmente con el presidente Trump y su enfoque en la patria, donde la Guardia Nacional y la Reserva se convierten en un componente crucial para asegurarla”, declaró el secretario Hegseth el pasado martes.
Pero esa formulación tiene implicaciones preocupantes en un país donde no hay una tradición de despliegue de tropas dentro de las fronteras nacionales y hay una prohibición constitucional para que actúen como Policía.
Algunos analistas temen que con las decisiones del gobierno del presidente Trump, la barrera que impedía el uso de las fuerzas armadas en el país, excepto en situaciones extraordinarias, haya desaparecido. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 36)
‘Serenos, morenos…’
“No me ayudes, compadre”, expresó ayer el líder de Morena en el Palacio Legislativo, Ricardo Monreal, al pedir a los morenistas “no llamar a la confrontación ni a la polarización” con Estados Unidos por el tema de los migrantes. “Dejemos que sea la presidenta la que lleve a cabo la negociación y el entendimiento. Nada ganamos con llamar a la confrontación”. El exhorto fue para los inquietos senadores guindas. Nos dicen que ya preparaban una protesta ante la embajada de EU en México y en el Ángel de la Independencia, y que fue frenada por órdenes de alto nivel. Ahora sí que ‘serenos, morenos…’, les pidió el zacatecano.
Otro funcionario sin visa
Ayer se señaló que hay otro funcionario al que le negaron la entrada a Estados Unidos. Se trata del alcalde de Puerto Peñasco, Sonora, Óscar Eduardo Castro, a quien los agentes de migración en la Garita de Lukeville, Arizona, le retiraron su visa de turismo. Fuentes del ayuntamiento confirmaron a varios medios que el pasado fin de semana el presidente municipal pretendía viajar junto con su esposa e hijos hacia Estados Unidos, pero al llegar a la garita, a través de Sonoyta, los agentes migratorios le informaron del retiro del documento, tanto a él como a sus familiares. ¿Quién será el próximo o la próxima? (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 37)
¿Recuerda aquella película de Sergio Arau titulada “Un día sin mexicanos”? Estrenada en 2004, esta divertida sátira narraba cómo una misteriosa niebla envolvía California y hacía desaparecer a todos los mexicanos del estado. De inmediato, la sociedad enfrentaba un caos profundo ante la pérdida súbita de su fuerza laboral y trastornaba toda la vida cotidiana.
La cinta ponía en perspectiva cómo, para visibilizar ciertas realidades, es necesario que estas desaparezcan temporalmente. Hoy, esa ficción parece estar cobrando vida gracias a las políticas migratorias agresivas impulsadas por Donald Trump.
Según un análisis publicado recientemente por The Wall Street Journal, estas políticas podrían estar generando ya impactos negativos en la economía estadounidense ante la ausencia creciente de trabajadores hispanos, particularmente mexicanos.
El texto también subraya las dificultades para evaluar con precisión la presencia real de inmigrantes mexicanos en la fuerza laboral, debido a la creciente negativa de estas personas a responder las encuestas del Departamento del Trabajo.
Aun así, los datos del primer trimestre revelan que, según la Oficina del Censo, la cantidad de trabajadores mexicanos disminuyó en 146 mil 830 personas. Un análisis detallado realizado por Jesús Cervantes y Juan Antonio Ortega, investigadores del CEMLA, detectó además que la cifra de mexicanos “no ciudadanos” en la fuerza laboral estadounidense cayó en 221 mil 107 personas, equivalente a una reducción de 4.3 por ciento a tasa anual, antes incluso de la reciente oleada de redadas masivas.
El informe del Bureau of Labor Statistics refuerza esta tendencia, mostrando que la población activa nacida en el extranjero que trabaja o busca trabajo en Estados Unidos se contrajo en aproximadamente un millón de personas entre marzo y mayo.
¿En qué momento la economía estadounidense sentirá plenamente el impacto de la pérdida de los trabajadores mexicanos? La respuesta varía según las regiones y sectores económicos.
California encabeza la lista como el estado con mayor número de trabajadores mexicanos, con aproximadamente 2 millones 350 mil personas. Le sigue Texas, con cerca de un millón y medio, e Illinois en tercer lugar, con alrededor de 370 mil trabajadores. Nueva York, aunque con cifras menos precisas, también figura entre los grandes refugios de inmigrantes mexicanos.
Desde la perspectiva sectorial, la agricultura y ganadería lideran con alrededor de 1 millón 250 mil empleados mexicanos. A continuación, aparecen la construcción y minería con aproximadamente un millón, seguido muy de cerca por los trabajadores domésticos. Las manufacturas emplean a más de 800 mil personas, mientras que los sectores de restaurantes, hoteles y comercio cuentan con medio millón cada uno.
La postura ideológica de Trump ignora sistemáticamente el impacto económico y humano de sus medidas migratorias. Sin embargo, sus acciones más recientes parecen estar motivadas por la frustración ante el fracaso de su promesa de campaña de realizar “la mayor deportación en la historia”.
Con todo, ayer ya tuvo que admitir Trump los reclamos de productores y empresarios agrícolas de los servicios, que observan el efecto negativo que ya se presenta por el ambiente que han creado las deportaciones.
De acuerdo con cifras oficiales, entre enero y abril de este año se deportaron alrededor de 43 mil personas. Para comparar, en el mismo periodo del último año de la administración Biden fueron casi 66 mil, y en el mismo lapso de 2023, la cifra alcanzó las 92 mil deportaciones.
El autoproclamado “gran deportador” no ha logrado cumplir sus expectativas, y por eso ha intensificado acciones que han sacudido ciudades y campos agrícolas en todo Estados Unidos.
La gran pregunta es: ¿será necesario que se produzca una crisis como la de “¿Un día sin mexicanos” para que la sociedad estadounidense reconozca plenamente la contribución esencial de los trabajadores mexicanos, guste o no a Trump y su administración? (Enrique Quintana, El Financiero, Pagina Dos, p.2)
Que los migrantes ya se quedaron en medio de una lucha sin cuartel entre republicanos y demócratas, pues mientras los alcaldes de las ciudades santuario se solidarizan con los trabajadores y residentes sin papeles, incluso con demandas como la que motivó que un juez desautorizara ayer el uso federal de la Guardia Nacional en Los Ángeles, después apelado, en el bando de Donald Trump las medidas se recrudecieron en Texas, con el despliegue de miles de soldados, y en Florida, cuyo gobernador, Ron DeSantis, dio luz verde al atropellamiento de manifestantes que rodeen vehículos y bloqueen su marcha. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Las protestas en Los Ángeles le cayeron como anillo al dedo a Donald Trump. Bastaron unas imágenes —encapuchados, vidrios rotos, tiendas saqueadas y fuego en la calle— para que el presidente hiciera lo que mejor sabe: cambiar la conversación. Ya no se habla de su ruptura con Elon Musk ni de los recortes sociales de su “Big and Beautiful Bill”.
Con la ayuda de medios como Fox News, esas imágenes se amplificaron para apuntalar la narrativa sobre los migrantes que Trump ha impulsado desde el primer día de su segundo mandato, cuando declaró una emergencia nacional, calificó la migración como una “invasión” y autorizó el despliegue de tropas para reforzar barreras, infraestructura y vigilancia militar en la frontera sur.
Trump no necesitaba una insurrección: le bastó una bandera mexicana entre llamas para justificar el uso de tropas, encuadrar la migración como una crisis de seguridad nacional, tomar el control de la Guardia Nacional de California y movilizar 700 marines a Los Ángeles. Poco importó que las protestas fueran, en su enorme mayoría, pacíficas; que los actos violentos hayan sido aislados; y que la policía local tuviera la situación bajo control.
Hasta hace unas horas, todo indicaba que Trump no se echaría para atrás. Las redadas de ICE se ampliaron a centros de trabajo, puntos de reunión, cortes migratorias y cualquier lugar donde pudieran encontrarse migrantes —pues de lo que se trataba era de cumplir la cuota de 3 mil deportaciones diarias—. Este no parecía ser uno de esos casos en los que Trump da un paso adelante y luego dos atrás. Ningún tema es tan importante para él, ni unifica tanto a los republicanos, como la migración.
Pero algo cambió. Este jueves a mediodía, Trump reconoció públicamente que su propia política migratoria está dañando sectores clave de la economía. “Nuestros grandes agricultores y la gente del sector hotelero han dicho que nuestra política muy agresiva en inmigración está alejando a trabajadores muy buenos, de muchos años, con empleos casi imposibles de reemplazar”, escribió en Truth Social. En un evento posterior en la Casa Blanca, insistió: “No podemos hacerle eso a nuestros agricultores. Vamos a tener que usar mucho sentido común”.
Los números hablan por sí solos. Según el Departamento de Agricultura, el 42 por ciento de los trabajadores agrícolas no tienen documentos. En el sector hotelero también hay una alta proporción de trabajadores no documentados que están siendo afectados por las redadas. El presidente admitió que muchos de estos trabajadores “han trabajado durante 20 o 25 años, y han resultado ser muy buenos”.
Los efectos colaterales se multiplican rápidamente. Según datos del primer trimestre de 2025 citados por The Wall Street Journal, la proporción de compradores hispanos que visitan tiendas cayó del 62 por ciento al 53 por ciento. La baja en ventas alcanza tanto a los mercados de La Villita, en Chicago, como a los Home Depot de Los Ángeles o los Walgreens de Houston.
¿Estamos ante un punto de inflexión? La situación recuerda al episodio de los aranceles, cuando Trump tuvo que dar marcha atrás tras la sacudida del mercado de bonos. Pero hay diferencias cruciales. En el tema arancelario, había divisiones dentro del equipo republicano y los mercados financieros ejercieron presión inmediata y brutal. En migración, el consenso entre los republicanos es mucho más sólido, y la presión viene de sectores económicos específicos, no de Wall Street.
Además, dar marcha atrás en materia migratoria le costaría mucho más políticamente que en el tema arancelario. Trump ha hecho de la migración el eje de su narrativa de poder desde 2015 y buena parte de sus votantes lo reeligieron el año pasado justamente por esa promesa. Cualquier retroceso significativo sería visto como una traición a su base más leal. La pregunta es qué salida encontrará y hasta dónde estará dispuesto a retroceder.
Trump ha dominado, hasta ahora, la guerra de las imágenes. Pero las imágenes más poderosas que pueden generar las protestas hoy compiten con otra narrativa: la de sectores económicos tambaleándose. En política, los números duros a veces pesan más que las emociones visuales. Y cuando la economía habla, hasta Trump escucha.
Eso no significa, sin embargo, un regreso al pasado ni un abandono de las deportaciones masivas. Su respuesta será calibrada: lo suficiente para no quebrar sectores clave, pero sin ceder en su narrativa central de la “invasión” migrante. La pregunta no es si cambiará de rumbo, sino qué tan mínimos serán los ajustes. (Leopoldo Gómez, El Financiero, Opinión, p. 32)
El impuesto del 3.5% que pretende aplicarles el presidente Donald Trump y las redadas de migrantes que está realizando en algunas ciudades de Estados Unidos, podrían hacer disminuir el flujo de esa poderosa corriente de divisas que venía creciendo y rompiendo récords prácticamente cada año.
El impuesto y las razias representan una fuerte amenaza para los envíos de recursos de los mexicanos que trabajan en Estados Unidos a sus familiares en México.
De aprobarse el gravámen a las remesas y de continuar las agresivas redadas y las consecuentes manifestaciones de protesta, el impacto de la disminución de las remesas que llegan a México se traducirá en un golpe a la economía nacional y a la economía de millones de mexicanos que las reciben.
Al cierre del pasado año 2024 las remesas alcanzaron un monto total de 64,745 millones de dólares.
Es una cifra récord que equivale al 3.5% del Producto Interno Bruto Nacional
Las remesas son la segunda fuente de divisas que ingresan al país.
En el ranking de las principales fuentes de divisas que llegan a México, están en primer lugar las exportaciones de autopartes con un monto de 106,000 millones de dólares.
La industria de autopartes es la principal fuente de divisas y representa el 17.2% de las exportaciones totales de México.
Las remesas ocupan el segundo lugar, con sus 64,700 millones de dólares, por encima de las exportaciones de vehículos ligeros y pesados que generaron 60,000 millones de dólares en 2024.
Las remesas las reciben alrededor de 10 millones de personas en México.
Son alrededor de 4.5 millones de hogares los que se benefician con su recepción.
Y dependiendo de la región, entidad o localidad, las remesas representan niveles diferenciados del gasto de las personas y familias que los reciben.
En algunos lugares representan hasta el 41.7% de su gasto.
Por ello, la disminución de las remesas, podría implicar un fuerte golpe para la economía nacional.
Y sin duda, tendría un impacto negativo en el abatimiento del nivel de pobreza de amplios sectores de la población nacional.
Las remesas y los programas sociales representan un alivio a la precaria condición económica en la que viven millones de mexicanos.
La gobernadora de Banxico, Victoria Rodríguez Ceja, advirtió, durante la presentación del Reporte de Estabilidad Financiera, sobre los riesgos por la posibilidad de que se concrete un impuesto al envío de remesas desde Estados Unidos.
El propio banco central, en su reporte, destaca que una reducción o menor crecimiento de las remesas podría afectar al sistema financiero mexicano, especialmente en las regiones que más dependen de estos ingresos.
Explica que menores remesas aumentan la morosidad, con un impacto más significativo en los segmentos de crédito personal, adquisición de bienes de consumo durable y microcréditos, que son precisamente en los que los acreditados son más vulnerables y tienden a depender más de estos recursos.
La preocupación por la disminución en el flujo de remesas, es válida porque en los hechos, la reducción ya se está registrando.
En el primer cuatrimestre de este año 2025 se registró una caída en el flujo de remesas de 2.5 por ciento.
Y todavía más preocupante, en el mes de abril pasado, la caída en el flujo de remesas fue de 12.1 por ciento.
Fue justo el mes previo a la propuesta inicial de un impuesto del 5% a las remesas presentada en la Cámara de Representantes.
El 12 de mayo de 2025, la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes de EE.UU. presentó una propuesta de ley fiscal, parte del paquete legislativo denominado “The One, Big, Beautiful Bill”, impulsado por el presidente Donald Trump.
Ésta incluía un impuesto del 5% sobre las remesas enviadas desde EE.UU. al extranjero, dirigido a migrantes sin ciudadanía o residencia permanente, con el objetivo de desalentar la migración ilegal y financiar medidas como la seguridad fronteriza.
El 22 de mayo del 2025 la Cámara de Representantes aprobó reducirlo al 3.5%, tras la presión de servicios financieros y esfuerzos diplomáticos mexicanos.
Todavía falta su aprobación en el Senado de EU, en donde el senador Schmitt presentó una propuesta para aumentar el gravamen al 15%, aunque no ha sido aprobada.
El tema migratorio ha sido y sigue siendo uno de los más relevantes en la agenda del presidente Donald Trump. La crisis que está provocando la política de persecución de migrantes en EU está escalando y no se sabe hasta dónde llegará.
La presidenta de México ha sido cuidadosa pero enfática en la defensa de los derechos de los migrantes.
La defensa de las remesas, al final representa la defensa de los ingresos de millones de mexicanos. Al tiempo. (Marco A. Mares, El Economista, Empresas y Negocios, p. 24)
El caso de Georgia
En un momento complejo, nos comentan, ha venido a informarse el deceso de un connacional en un centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Stewart, Georgia. El hecho ocurrió el pasado 7 de junio, de acuerdo con lo que reportó la Secretaría de Relaciones Exteriores, a cargo de Juan Ramón de la Fuente. La dependencia ha lamentado el suceso y pedido una explicación sobre las condiciones en las que se dio el fallecimiento. “Personal del Consulado visita regularmente ese centro de detención para entrevistar a las y los connacionales. En las visitas recientes, no se recibió notificación para entrevista, por lo que el Consulado ha solicitado una explicación a las autoridades del centro”, indicó anoche. Además, aseguró que analiza alternativas legales existentes en dicho caso, y brinda seguimiento directo con las autoridades de ICE en Stewart. Este caso, en medio de las tensiones por las redadas y en general por la defensa de los paisanos está requiriendo, nos comentan, mucha más cabeza fría de la que se pensaba. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Aunque parece una obviedad, el dimensionamiento de los flujos turísticos supone la mayor importancia y al paso del tiempo se han desarrollado esfuerzos para perfeccionar su medición. A primera vista, la tarea parece más sencilla cuando se trata de corrientes de viajeros internacionales, porque estos deberían cumplir con formalidades migratorias de las que se desprenden registros administrativos.
Vale la pena señalar que en siglo pasado el área encargada de las tareas de migración no tenía la capacidad suficiente para realizar la compilación de las formas migratorias e, incluso, en alguna ocasión se transfirieron recursos de la Secretaría de Turismo para contratar empresas que realizaran este trabajo.
La necesidad de información sel sector turístico sobre los movimientos internacionales fue suplida, entonces, por el Banco de México que lo hacía para cumplir la encomienda de elaborar la Balanza de Pagos; es decir, en realidad, al banco central no le eran muy relevantes las cabezas, sino las carteras de los viajeros. En la Administración del Presidente Fox, desde el Instituto Nacional de Migración a cargo de Magdalena Carral, se creó el Sistema Integral de Operación Migratoria (SIOM), con lo que se realizó un salto cuántico en la tarea de contabilización de los viajeros. Unos pocos años después, se normalizó la diferenciación en estas cuentas entre nacionalidad y residencia de los visitantes, lo que permitió una mayor precisión en las acciones de atracción de los visitantes.
Con estos antecedentes llama la atención la falta de consistencia en las llegadas de turistas por vía aérea reportadas por el Instituto Nacional de Migración y las que ha publicado el inegi esta misma semana. En el primer caso se habla de un incremento de 4.8% para los primeros cuatro meses del año y en el segundo que considera el mismo periodo, se apunta a una caída de 2.4%.
La percepción empresarial que entre otras cosas se basa, permítaseme la expresión, en atender de manera cotidiana el mostrador, se inclina más por el lado del descenso que por lo que indica la autoridad migratoria. Hay 3 elementos adicionales que se alinean con esta posición: por un lado, la información sobre la programación de vuelos entre Estados Unidos y los destinos de playa para la temporada invernal que indicaba un decrecimiento en la oferta de asientos de 4.5% y, por otro lado, el movimiento de pasajeros internacionales en este mismo perfil de destinos en los aeropuerto, pues en Cancún se reportaron cerca de 600,000 menos en comparación interanual –compensados en parte por un aumento de 277 mil en el aeropuerto de Tulum y caídas en Los Cabos (0.4%) y Puerto Vallarta (4.5%), en ambos casos también en variación interanaual. Finalmente, el tercer elemento es la estadistica oficial de Estados Unidos sobre los viajeros que se desplazan al exterior y que muestra una contracción en los viajes a México para el mismo periodo de 2.3%, recordando que el mercado norteamericano participa con alrededor de 65% de las llegadas de turistas por dicha vía aérea a nuestro país.
No es esta la primera vez en tiempos recientes que parecen encontrarse inconsistencias en la contabilidad realizada por el Instituto Nacional de Migración, pues hace unos 2 o 3 años, a partir de la automatización de los procesos de internación en algunos aeropuertos y para ciertas nacionalidades, se observaron discrepancias que después fueron revisadas.
En todo caso parece indispensable que se aclaren las diferencias, pues esta información es crucial para la mejor toma de decisiones de los destinos y de las empresas turísticas en ellos implantadas. Es nuestra impresión que pareciera haber un sobredimensionamiento en las llegadas de turistas provenientes de Estados Unidos, al menos en el aeropuerto de Cancún.
La importancia del tema da para ser tratado en el Comité Técnico Especializado de Estadísticas Económicas del Sector Turismo, órgano conformado por mandato legal en el que, por cierto, valdría la pena incoporar representaciones del sector empresarial. (Francisco Madrid, El Sol de México, Análisis, p, 21)
Las redadas ordenadas por el gobierno de los Estados Unidos de Donald Trump, además, de violatorias a los derechos humanos, no son dignas de dos países que cohabitamos en un mismo espacio geográfico a lo largo de su historia, de dos naciones vecinas y socios comerciales en el Tratado de América del Norte (TMEC).
Como miembro del Senado de la República e integrante de la Comisión de Asuntos Internacionales alzamos la voz para repudiar la contradictoria cooperación de los EU. Este episodio revive la necesidad de una reforma migratoria de gran calado que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ya anunció que la impulsará y que nosotros la respaldaremos. Es un hecho, el encuentro que tendrá con Trump y seguramente será abordada.
A propósito de estas redadas, nos sumamos a la enérgica protesta que ha hecho la doctora Sheinbaum Pardo en defensa de las comunidades migrantes, no sólo de México. La tensión que se vive en Los Ángeles es de gran preocupación. Otras ciudades como Illinois, Arizona, Nuevo México, Dallas, Nueva York, Denver, San Francisco y Las Vegas, entre muchas otras ya enfrentan protestas en defensa de los migrantes. El gobierno norteamericano no está midiendo bien al fenómeno y sus efectos.
Bajo este escenario de enorme tensión, reprobamos las irresponsables declaraciones de la secretaria de Seguridad de los Estados Unidos, Kristi Noem quien acusó a nuestra presidente de alentar las protestas de migrantes, situación que es totalmente falso y lo único que provocan es más tensión de la que existe y que podría escalar. Afortunadamente, la doctora Sheinbaum con mucha inteligencia salió a desmentir de inmediato lo informado por la funcionaria en una reunión donde se encontraba el presidente Trump que, de pronto, da señales que todo cree, cuando la realidad es totalmente distinta.
El argumento que da el gobierno de EU, de que hay migrantes que “son malas personas”, en donde enfoca su calificativo hacia los mexicanos, por ser mayoría en aquel país, no corresponden a la realidad, no se niega que pueda haber alguna gente con conductas inapropiadas, pero, eso de generalizar que todos “son malas personas”, es una mentira. Por el contrario, la aportación que hacen las comunidades migrantes a la gran economía del vecino país no está siendo valorada, no se diga, la mano de obra que es reconocida por los norteamericanos.
Sobra decir, que, en estos momentos de tensión, hay millones de migrantes en donde su estatus migratorio ya es legal por contar con la doble nacionalidad y, aun así, han sido detenidos con lujo de violencia por la Guardia Nacional, los Marines y la policía de la ciudad de Los Ángeles. Ya se habla de más de 300 personas detenidas, mayormente, mexicanos.
Respaldo a la presidenta
Con agrado vemos, que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo acudirá como invitada a la reunión del G7, que no es otra cosa, que el encuentro entre los países más poderosos del mundo. Cierto, México acude como un país invitado, pero, es importante. A través de la Cancillería que encabeza, Juan Ramón de la Fuente se buscó un encuentro privado entre la presidenta Sheinbaum y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump para hablar de este momento y otros temas, como el rechazo total al impuesto del envío de remesas, además, del polémico tema de los aranceles. La reunión es casi ya un hecho.
Desde ahora, ante las violatorias redadas, la presidenta de México tiene como propósito abordar la necesidad de una gran reforma migratoria que le dé certeza al libre tránsito entre naciones, pero, sobre todo, que solucione los problemas que ahora vemos en las fronteras entre EU y nuestro país. Evidentemente, la doctora Sheinbaum planteará a Donald Trump otros temas igual de trascendentes.
En suma, el hecho de que México, a través de nuestra presidenta impulse una gran reforma migratoria que se ha negado históricamente ayudaría a resolver los problemas que todo fenómeno migratorio impone. (Saúl Monreal, El Sol de México, Análisis, p. 20)
Aunque la instrucción fue guardar la prudencia, la consejera estatal de Morena en Jalisco, Melissa Cornejo, decidió poner en sus redes sociales un mensaje en el que glorificó las protestas violentas por las redadas del gobierno estadounidense. El citado mensaje le valió una respuesta contundente de Christopher Landau, subsecretario del Departamento de Estado de EU, con quien la presidenta Claudia Sheinbaum se reunió apenas esta semana para abordar temas de la relación bilateral. La consejera morenista tuvo que eliminar el mensaje y restringir sus cuentas en las que ahora ya no se pueden ver las múltiples fotografías que presume siempre en esos espacios con la senadora chihuahuense Andrea Chávez.
A la sombra…
Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum está fuera del país para participar en la Cumbre del G7 pidió a los cuatroteístas que aborden el tema de las redadas migrantes en Estados Unidos con la mayor responsabilidad posible. Aseguran que la mandataria nacional reprobó comentarios como los que se hicieron en el Congreso por parte de la bancada morenista sobre que “Trump, a México se la pelas”, o las que específicamente hizo el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña sobre que México sí pagaría el famoso muro “pero con la frontera de 1830”.
“Fue realmente una reunión, más, de cortesía. Vino a presentarse en su nuevo encargo en el Departamento de Estado del gobierno del presidente Trump y —dicho por él— a buscar la mejor relación entre México y Estados Unidos. En realidad, fue una reunión de cortesía”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum, sobre su encuentro en Palacio Nacional con Landau. “Hablamos de distintos temas: le mostramos los resultados en seguridad, temas de migración; hablamos de la defensa de nuestros hermanos migrantes, de que no estábamos de acuerdo que se utilizaran las redadas para detener a personas que trabajan honestamente en los Estados Unidos, que eso iba a dañar no solamente a las personas, sino a la propia economía de los Estados Unidos”.
Y luego salió Landau en X, a recriminar la actitud de la morenista de Jalisco, escribiendo desde El Salvador: “Yo ahí no puedo meter tu visa, pero sí te puedo informar que personalmente di orden de cancelarla después de ver este vulgar posteo. Y no te ha de sorprender lo que me contestaron: que ni siquiera tienes visa válida para cancelar. Que fácil hablar de tu desprecio hace “mi visa” en redes sociales cuando no la tienes. Los que glorifican la violencia y el desafío a las legítimas autoridades y al orden público (“FU** ICE”) de ninguna manera son bienvenidos en nuestro país”. Que a algunos de Morena sí les dió mucha vergüenza el mensaje. Y más, tomando en cuenta que la Presidenta está tratando de ser lo más cuidadosa posible en esta ofensiva narrativa que se gesta en Washington. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)
Donald Trump ha emprendido una batalla contra sus propios ciudadanos y residentes en el marco de la implementación de redadas masivas e indiscriminadas contra la población migrante. Durante su discurso en Fort Bragg, afirmó que Los Ángeles estaba siendo “invadida por un enemigo extranjero”, lo que utilizó para justificar el despliegue de 4,000 elementos de la Guardia Nacional y 700 marines en la ciudad.
La administración federal ha adoptado una estrategia de confrontación directa con los estados que se oponen a sus políticas migratorias, en especial con California. El gobernador Newsom calificó el despliegue como “dictatorial” y “un asalto a la democracia”, e inició acciones legales para frenarlo. Los otros 22 gobernadores demócratas lo respaldaron con una declaración conjunta en la que consideran lo sucedido como “un alarmante abuso de poder”.
Las redadas, intensificadas a partir del fin de semana pasado, han sido denunciadas por el uso excesivo de la fuerza por parte de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) encapuchados que irrumpen armados, sin órdenes judiciales ni vehículos identificados, en restaurantes, escuelas, hospitales, iglesias, centros de trabajo y juzgados, replicando tácticas de guerra contra población civil.
Estas acciones trascienden el control migratorio, para imponer una narrativa de odio que ha convertido al migrante en enemigo público. Ante la insatisfacción con las cifras actuales de deportación, figuras como Stephen Miller y Tom Homan han ordenado intensificar redadas con cuotas de hasta 3 mil arrestos diarios. El resultado son detenciones sin criterio, incluso de personas sin antecedentes, y escenas aterradoras que hemos visto circular en redes y medios en los últimos días.
La respuesta de la comunidad ha sido contundente: miles han salido a las calles no solo en Los Ángeles, sino también en 38 ciudades más en 24 estados. Las protestas, en su mayoría pacíficas, evidencian un rechazo creciente a una política que siembra el miedo como herramienta de control. La solidaridad con las personas migrantes se ha convertido en una defensa activa de los valores democráticos.
La persecución de migrantes indocumentados en Estados Unidos ha dejado de ser un asunto meramente administrativo para convertirse en el catalizador de una batalla ideológica. De un lado, sectores de la ciudadanía y gobiernos locales de ciudades santuario se oponen a operativos que vulneran derechos fundamentales; del otro, el gobierno de Trump está imponiendo una política que criminaliza la migración y polariza a la sociedad, forzando a las agencias federales a ejecutarla, incluso en contra de sus propios criterios. 48% del personal del Departamento de Seguridad Nacional es de origen no blanco y un 22% se identifica como hispano o latino.
Trump está aplicando en Los Ángeles una estrategia que EU ha utilizado en otras partes del mundo: la fuerza militar bajo la excusa de preservar la seguridad. La migración se convierte en el pretexto para una ofensiva interna cargada de ideología y temor, mientras una democracia debilitada enfrenta una de sus pruebas más duras desde la posguerra.
California se ha erigido como un bastión de resistencia. Con una población diversa y una fuerte identidad inmigrante, el estado ha desafiado abiertamente las políticas migratorias federales. Lo que está en juego es el equilibrio de poderes y la vigencia de los derechos constitucionales. ¿Hasta qué punto puede el gobierno federal imponer su voluntad sin vulnerar los principios democráticos? La respuesta se está escribiendo en las calles, no solo de Los Ángeles, sino en todo el país, donde la defensa de los migrantes se ha convertido también en la defensa de la democracia estadounidense. Incluso el propio Trump parece haber comenzado a medir el costo político de sus acciones: el día de ayer reconoció que sus medidas están afectando a sectores estratégicos como la agricultura y anunció posibles ajustes en su política migratoria. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. 7)
Es francamente repugnante que la vapuleada oposición política y mediática de los oligarcas del país respalde y haga eco de la mal intencionada narrativa estadounidense que culpa a Claudia Sheinbaum de “alentar” las masivas y violentas protestas que se registran en Los Ángeles y otras ciudades gringas contra las redadas de inmigrantes emprendidas desde el fin de semana pasado por el gobierno de Donald Trump.
Semejante reacción a la “condena” que contra la presidenta mexicana se atrevió a pronunciar Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional estadounidense a la que le da por dejarse ver disfrazada de Rambo, no solamente muestra su enfermizo afán de que fracase este gobierno a costa de lo que sea, sino que desnuda también su sometimiento ideológico al proyecto de dominación de Trump y su miopía política.
¿No alcanzarán a ver que las legítimas y muy preocupantes protestas de miles de migrantes afectados por las redadas (¿limpieza étnica estilo nazi?), y de miles más, muchos de ellos estadounidenses, que se oponen al propagandístico MAGA (“Hagamos a América Grande Otra Vez”, por sus siglas en inglés), han sido infiltradas por grupos violentos -muy probablemente con el patrocinio de la Casa Blanca- precisamente para justificar con su clientela electoral el violento racismo antimexicano y las punitivas políticas arancelarias e intervencionistas que tan buenos dividendos en votos le han dado a Trump?
¿No verán ni con lentes de fondo de botella que la verdadera instigación a tales hechos violentos viene realmente desde Washington y cumple el doble propósito de mermar la creciente fuerza política del gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, posible candidato presidencial en las próximas elecciones estadounidenses, y/o distraer de la ruptura plutocrática entre Donald Trump y Elon Musk, quien acusó al presidente estadounidense de estar en la lista de clientes de la red de tráfico sexual de menores que tejió el pederasta Jeffrey Epstein, aunque ya metió reversa porque el miedo no anda en burro?
Fue antes de las redadas y de la reacción violenta que desataron desde el viernes pasado cuando Sheinbaum planteó, exactamente el 24 de mayo, que “de ser necesario nos vamos a movilizar porque no queremos que haya impuestos a las remesas de nuestros paisanos”.
Convocaba, sí, a movilizarse contra la ilegal doble tributación prohibida en acuerdos bilaterales, no a alentar acciones violentas contra redadas que en ese momento ni siquiera habían ocurrido.
Si bien movilizarse no es sinónimo de instigar a la violencia, la interpretación de ese dicho sobre el que Sheinbaum parece no haber aplicado la regla de cabeza fría que tan bien le había funcionado en su interlocución con Trump, dio el pretexto para que Noem, poseedora de una lengua más rápida que su cerebro, la acusara de incitar a los disturbios que sacuden a cada vez más ciudades de Estados Unidos.
Estamos, por eso, frente a una clara provocación que ameritaría, por lo menos una disculpa de la secretaria Rambo, pero Sheinbaum, recuperada la frialdad que amerita la atención de una crisis bilateral como ésta, lo asume con un malentendido que deberá aclararse. Primero, eso sí, declaró absolutamente falso el señalamiento de la secretaria de seguridad interior de los Estados Unidos, mientras que la cancillería mexicana desmintió que se le haya exigido a Sheinbaum entregar y/o procesar judicialmente a presuntos narcopolíticos mexicanos que integran una fantasiosa lista de la que nadie ha documentado su cabal existencia, pero a la que sospechosamente se refirió la agencia Reuters justo el día en que la presidenta mexicana se reunió con el subsecretario de Estado para América, Christopher Landau.
Las redadas de Trump, por lo demás, solo sirven para mostrarle a los estadounidenses que es rudo y cumplidor conforme lo que prometió, ya que la migración ha disminuido dramáticamente no por ellas sino por el cierre fronterizo que los especialistas califican como el más severo jamás ocurrido.
Estadísticas elaboradas por Tonatiuh Guillén, excomisionado nacional de Migración y ex presidente del Colegio de la Frontera Norte, indican que en diciembre de 2023 hubo más de más de 300 mil “encuentros” con extranjeros en la frontera México-EU, mientras que en abril pasado fueron apenas doce mil.
En el contexto de esta bomba migratoria y si no hay cambios ominosos de última hora, es que Sheinbaum y Trump se encontrarán por primera vez a cara a cara este fin de semana en las reuniones bilaterales de la cumbre del G-7 en Alberta, Canadá. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, A.12)
La persecución que están viviendo nuestros hermanos migrantes en Estados Unidos de América es lastimosa. Miles de connacionales mexicanos llevan generaciones enteras viviendo en el país vecino del norte, han estudiado, formado sus familias y forjado un camino que hoy, está siendo truncado.
Las fotografías de jóvenes estudiantes recién graduados, sin sus padres a lado, sin la posibilidad de festejar sus logros, llegan al corazón. Ninguna familia en el mundo debe sufrir la separación de sus integrantes y las autoridades mexicanas deben actuar con responsabilidad para que estas violaciones a sus derechos no continúen.
Las redadas en varias ciudades de EUA, como Los Ángeles, Nebraska, Nueva York, Chicago, Filadelfia, Phoenix, Denver, Miami, Atlanta, Texas, han generado una ola de incertidumbre. Muchos mexicanos, aún y cuando cuentan con arraigo en la comunidad, están siendo detenidos, e incluso, están siendo deportados a México.
Nuestros hermanos migrantes son personas trabajadoras, que luchan todos los días por un mejor futuro para ellos y sus familias. Son personas valientes, no son criminales y no merecen el trato inhumano que les están dando. Si están fuera del territorio nacional, es por una necesidad, ya sea económica, laboral o para sobrevivir a la violencia.
Esta crisis debe llevar al gobierno mexicano a hacer sendas reflexiones, ya que el presupuesto de protección consular ha ido disminuyendo cada año. Tan sólo del 2024 al 2025, le redujeron 33.5 millones, dejando sin recursos al servicio exterior para atender a nuestros connacionales y sus familias, así como lo han hecho público nuestros legisladores como la diputada Noemí Luna Ayala, el senador Ricardo Anaya Cortés y el diputado migrante Raúl Torres Guerrero.
De acuerdo con el artículo 68 del Reglamento de la Ley del Servicio Exterior Mexicano, la asistencia y protección consular asesora jurídicamente a los mexicanos, los representa y el servicio exterior los visita cuando se encuentran detenidos u hospitalizados.
Ante estos tiempos de confrontación, se requieren diplomáticos de carrera, profesionales y responsables, no improvisados. Es claro que hay una crisis diplomática que se debe corregir. Nuestros connacionales deben ser acompañados debidamente por el Estado, sin embargo, el régimen no ocupa su tiempo, dinero ni inteligencia en hacerlo, lo ocupa para seguir atacando a la oposición mexicana.
La respuesta a estas redadas en EUA nunca debe ser por la vía de la violencia. Sirvan estas líneas para decirle a nuestra comunidad migrante que, desde Acción Nacional, nos solidarizamos, los acompañamos y exigimos respeto a sus derechos humanos. Como lo ha manifestado el presidente nacional de mi partido, Jorge Romero Herrera, la violencia es condenable y nunca recurriremos a ella.
El pilón: Tengo claro que hay temas mucho más importantes en nuestro país, sin embargo, en los últimos días se ha abierto el debate sobre el uso de la toga en los próximos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Incluso, se ha presentado una iniciativa en el Congreso mexicano para eliminar su uso.
La toga, tiene su origen en la antigua Roma y representa la responsabilidad, lealtad, integridad, honor y rectitud del juzgador. Esta vestimenta, le recuerda al ministro dos cosas: 1) que tiene una responsabilidad en la interpretación y aplicación de la ley; y 2) que sus decisiones son tomadas en nombre de la justicia y no a título personal.
Derivado de su significado, levanté una encuesta en mis redes sociales y una abrumadora mayoría indica que prefiere que los nuevos integrantes de la Corte sí utilicen la toga. ¿Tú qué opinas, estimado lector? (Kenia López Rabadán, El Universal Opinión, A. 13)
En el peor momento de las relaciones de México y Estados Unidos, la Presidenta Claudia Sheinbaum se reunirá personalmente con su homólogo de ese país, Donald Trump, en el marco de la Cumbre del G7 que inicia este domingo en Kananaskis, provincia de Alberta, a la que asistirá por invitación del Primer Ministro de Canadá, Mark Carney.
Luego de siete conversaciones telefónicas, será el primer encuentro desde la imposición del republicano de aranceles a remesas de ese país, aprobada por la Cámara de Representantes y pendiente de ratificación senatorial, que además tras una serie de redadas, originara violentas protestas en Los Ángeles el pasado fin de semana, extendida hoy a varias importantes ciudades de ese país, de lo que la Secretaria de Seguridad, Kristi Noem acusara a la Presidenta Sheinbaum de “alentarlas”, lo que ella rechazó de inmediato.
Al mismo tiempo que el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, ordenó desplegar cinco mil elementos de la Guardia Nacional y más de dos mil policías en ese estado para frenar protestas de migrantes como en Los Ángeles, Chicago, Nueva York y otras ciudades, el gobierno de Estados Unidos ordenó a medio millón de migrantes, admitidos en el programa de permiso humanitario “CHNV” en el gobierno de Joe Biden, abandonar ese país.
Se trata de ciudadanos de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela a los que se autorizó su permanencia en distintas ciudades estadounidenses a los que a través de correos electrónicos se les notifica ahora que su estancia fue revocada, luego de un fallo de la Corte Suprema del que se informó al Departamento de Seguridad Nacional para ser cumplido.
Sigue el desvisadero del gobierno de EU que comenzó con la gobernadora de Baja California y su esposo y que incluye a varios alcaldes de Morena, algunos empresarios, así como a cantantes de narcocorridos que exaltan a capos del crimen organizado que controlan varias regiones de entidades federativas.
Trascendió ayer que el Subsecretario de Estado del gobierno estadounidense, Christopher Landau, que el miércoles se reunió en Palacio Nacional con la Presidenta Sheinbaum, reconoció haber ordenado personalmente cancelar la visa –ni siquiera vigente– de la consejera estatal de Morena en Jalisco, Melissa Cornejo, tras soez mensaje en X por violencia a migrantes.
Como si poco importara que más de mil audiencias diarias queden pendientes, el paro de labores en el Poder Judicial en CDMX, a cuyo personal le niegan un incremento salarial de 7 por ciento, cumple una semana y su sede en la colonia Doctores sigue cerrada a pesar de que un grupo de golpeadores intentó en vano despejar el bloqueo del personal en la llamada Ciudad Judicial.
Frente a un energúmeno, Sheinbaum requiere respaldo. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)
Luego de que el presidente Donald Trump incrementara los operativos migratorios a través del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), por sus siglas en inglés, las manifestaciones en Los Ángeles han dominado la conversación pública, por la reacción del mandatario al desplegar 2 mil efectivos de la Guardia Nacional y 700 marines para aplacarlas.
Como un hecho sin precedentes en al menos los últimos 60 años, el republicano giró la instrucción sin tomar en cuenta al gobernador demócrata de California, lo que desató de inmediato que las autoridades locales y los activistas descalificaran las acciones, por considerar que el conflicto aumentó innecesariamente.
En México, medios de comunicación, analistas, políticos de todos los partidos han manifestado sus posturas y las redes sociales se han desbordado, para calificar las acciones del gobierno de Estados Unidos, pero también las reacciones del gobierno mexicano y de sus representantes legislativos, quienes sólo atinan a culpar a “los opositores” de lo que ellos mismos detonan por su incapacidad, verborrea y falta de oficio político.
Lo cierto es que la relación entre ambos países no atraviesa su mejor momento. Estamos frente a dos gobiernos encabezados por populistas, más interesados en mantener sus bases electorales que en atender los problemas de fondo que llevan años sin resolverse, pero que hoy se agravan por el perfil político de los mandatarios.
El 23 de enero, en mi columna para este medio, lo dijimos y me permito además transcribirlo:
“No ha habido sorpresas con la reacción del gobierno mexicano frente a Donald Trump y su narrativa, ya conocida -desde su primera campaña- sobre nuestro país y los cárteles de las drogas y su opinión sobre los migrantes”. Tampoco fue distinta la reacción de los líderes opositores partidistas que, ansiosos por visibilizarse, solo logran mantenerse en la intrascendencia.
En el marco de esta discusión, la propuesta legislativa de aumentar en 15% el impuesto a las remesas se salió de control, no sólo por el riesgo que existe para su aprobación, sino porque en un desliz propio de los agitadores, la presidenta de México señaló que “de ser necesario nos vamos a movilizar”.
La reacción no se hizo esperar: apoyándose en imágenes de manifestantes con banderas mexicanas y propaganda de Sheinbaum, difundidas a nivel internacional, la secretaria de Seguridad de Estados Unidos, Kristi Noem, acusó a la mandataria mexicana de alentar las protestas. Lo cierto es que la ex jefa de gobierno de la
CDMX no dimensiona el impacto de sus palabras, pues lo que diga debe ser responsable y prudente, porque es la representante de toda una Nación… sus años de líder estudiantil debe dejarlos en el pasado.
Pero como eso es prácticamente imposible, los morenistas regresaron a la cantaleta oficialista de envolverse en la bandera del patriotismo, que se convierte en un vicioso círculo donde los únicos que pierden son los ciudadanos, que ven cómo se agravan los problemas, especialmente de inseguridad y economía en ambas naciones.
También lo dijimos en la columna del 23 de enero: “la realidad es que la política pública no existe para los gobiernos cuyo único propósito es mantener electores cautivos para sostenerse en el poder. La discusión sobre migración y seguridad se mantiene en el terreno superficial, con consecuencias verdaderamente graves”.
El gobierno de Estados Unidos no desea sentar las bases para una discusión seria sobre el fenómeno migratorio, su interés está solo en el extremo de la descalificación y las violentas deportaciones que afectan a mexicanos que contribuyen a la economía de Estados Unidos. Y no cause extrañeza que en poco tiempo retire cada vez más visas a funcionarios mexicanos que atenten contra su gobierno y su política.
Lo triste es que en México tampoco las cosas son distintas: el gobierno sigue sin habilitar las instancias oficiales para atender este grave problema que se intensifica y ocasiona profundas violaciones a los derechos humanos.
Y mientras hoy algunas legisladoras morenistas practican el histrionismo parlamentario para mostrarse como férreas defensoras de los migrantes -solo en palabra-, apenas en diciembre pasado su partido votaba la disminución del presupuesto en materia migratoria.
Así lo señalamos también el 23 de enero: “el Instituto Nacional de Migración (INAMI), la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), la Coordinación para la Atención Integral de la Migración en la Frontera Sur, la Unidad de Política Migratoria, Registro e identidad de Personas, disminuyeron sus recursos en más de 50 por ciento. Sin contar además que la conducción del tema migratorio sigue en manos de los amigos del oficialismo y se manda al cajón de la impunidad la muerte de 50 migrantes en Ciudad Juárez”.
En tanto las estaciones migratorias se encuentran con enormes carencias, las organizaciones civiles y los particulares que se dedican a brindar apoyo humanitario a estos grupos, se enfrentan a la indiferencia gubernamental y a los riesgos que conlleva la atención a los migrantes, una gran parte de ellos desplazados de sus lugares de origen por la inseguridad y la precaria economía que los agobia.
La historia que se repite todo el tiempo no ha cambiado. Los migrantes son, para una parte de la clase política gobernante, el pretexto para el control político de las naciones y, lamentablemente, los rehenes perfectos del populismo. (Adriana Dávila Fernández, El Universal, Online)
Unos días sin mexicanos
Los trabajadores migrantes mexicanos, con documentos o sin ellos, explican en buena medida la fortaleza de la economía de Estados Unidos. La inmensa mayoría de ellos son personas de bien, trabajadoras, disciplinadas, que envían dinero para la manutención de sus familias en México.
Esto es particularmente notorio en el sector agrícola, donde cientos de miles de mexicanos trabajan, sin lirismos, de sol a sol, desquitando cada dólar que les pagan.
La agresiva política migratoria de Trump ha provocado una alarmante falta de mano de obra en el campo norteamericano. Las quejas de los empresarios del ramo ya llegaron a la Casa Blanca. Trump puede perder apoyo entre su base electoral más fiel; por eso, ya dijo que revisará el tema. Si la política migratoria supremacista causa desabasto en los supermercados, será un suicidio político para Trump, que por eso está obligado a recular.
La Copa de Oro
Está por rodar el balón en el certamen Copa de Oro 2025, de la Concacaf, que es una fiesta mexicana en Estados Unidos. La política migratoria de Trump puede arruinar la fiesta.
¿Habrá redadas del ICE, el servicio de migración, en los estadios? Hablamos de varios de los mejores estadios deportivos del mundo, como el ATT de Arlington o el SoFi de Inglewood, pegadito a Los Ángeles. Los mexicanos llenan los estadios y, de paso, los bolsillos de los organizadores y patrocinadores.
La Concacaf dice que está en comunicación permanente con las autoridades para que los juegos se desarrollen sin contratiempos. ¿Los agentes del ICE verán los partidos o tomarán unas vacaciones? Mañana mismo, el titubeante equipo del Vasco Aguirre se enfrenta en la inauguración del torneo a República Dominicana. ¿Qué pasará en los alrededores de los estadios donde jugará México? ¿Los aficionados boicotearán los partidos? (Pepe Grillo La Crónica, La Dos p. 2)

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 22)
(Patricio, La Prensa, Editorial, p. 14)

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 20

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 54)