No sorprende la marcada disminución de cruces migratorios en la frontera, en función de la atemorizante estrategia de Donald Trump.
La disminución de cerca del 81%, en comparación con los primeros meses de años anteriores, es la respuesta inevitable de los migrantes. Las intenciones no cambian, la cuestión es que no tiene sentido correr más riesgos de los que de por sí ya se corren.
Los migrantes andan en espera de que pudieran cambiar las cosas; sin embargo, no hay manera de que esto suceda, por lo menos mientras Trump esté en la Casa Blanca.
A pesar de todo ello muchos migrantes no han perdido la esperanza ni la intención de cruzar la frontera. Si alguien lo sabe son los polleros y, en general, la delincuencia organizada que ha encontrado en los migrantes un espacio más para sus “actividades”.
Las cantidades que se están pidiendo para cruzar a los migrantes la frontera desde hace tiempo son de escándalo, pero ahora son brutales. Se pide entre 25 y 30 mil dólares por cruzar todo el país, desde Tapachula hasta la frontera. En su “oferta” los polleros aseguran que dejarán a los migrantes del otro lado de la línea.
El riesgo de muchos años a la fecha ha crecido, pero ahora es claro que es mucho mayor. Pueden ciertamente colocar a los migrantes en EU, pero tendrán que pasarse una buena etapa de su estancia inicial agazapados o escondidos. No hay manera de salir a la calle o de que puedan conseguir en esta etapa un empleo que les permita el mínimo de seguridad.
Donde trabajen serán buscados por las autoridades con el enorme riesgo de que puedan ser llevados a cárceles, como la que acaba de inaugurar Trump en Florida en medio de un muy lamentable sarcasmo respecto a los riesgos que tienen los migrantes en caso de querer huir.
Muchos migrantes han encontrado en México su improvisado nuevo destino. Es por ello por lo que en diversas ciudades los encontramos en las calles o ya los vemos empleados en diferentes actividades de toda índole, trabajan en lo que les ofrezcan.
Sigue siendo por mucho, mayor el número de mexicanos que pretenden cruzar la frontera que migrantes de otras nacionalidades. Las razones se encuentran en que no tienen opciones en nuestro país, y que, en muchos casos, la gente materialmente huye de México en medio de la violencia en algunas comunidades.
La cuestión económica ha sido la constante, pero al menos en los últimos 10 años, la violencia y la inseguridad se convirtieron en un factor fundamental para tratar de irse a EU.
Esta tendencia se vino a sumar a lo que sucede en muchos países de la región. El éxodo venezolano es una manifestación de ello. No se ha encontrado hasta ahora una salida, porque las condiciones políticas del país no han cambiado, a pesar de todas las irregularidades que han acompañado los “triunfos” electorales del gobierno de Maduro.
Venezuela seguirá expulsando a su gente. No hay un solo indicador que pudiera mostrar la posibilidad de un cambio interno que permitiera una reconciliación y romper, de una vez por todas, con la marcada división que tiene a la nación dividida en dos.
La violencia política se ha convertido en un elemento fundamental para la migración. Para Trump no es un elemento para considerar porque para él el problema está en otro lado. Lo que quiere es cerrar las puertas de su país entre otras consideraciones, por lo que asegura que provoca la migración en un país construido por migrantes.
Lo que hay que preguntarse es en dónde se han metido mujeres y hombres que buscan cruzar la línea o que están escondidos en el interior de EU. De qué están viviendo, qué están haciendo en su cotidianidad en espera de un mejor momento, el cual cada vez se ve más lejano.
RESQUICIOS.
El avezado titular de Salud dijo algo que sorprende: la gente está llegando tarde a los hospitales. Una gran cantidad de personas está muy lejos de Dinamarca y muy lejos de las clínicas en donde podrían conocer cuál es su estado de salud. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, LA DOS, p. 2)
El 8 de junio pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum se posicionó respecto a una decisión de política interna de Estados Unidos de aplicar sus leyes migratorias en la ciudad de Los Ángeles.
Dijo: “No estamos de acuerdo con esta forma de atender el fenómeno migratorio. No es con redadas ni con violencia como se va a resolver”. En virtud de que ciertamente la mayoría de los afectados son personas de origen mexicano.
El pasado fin de semana, durante una manifestación contra la gentrificación, que respaldaba la postura de la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, se presentaron hechos de violencia en contra de ciudadanos mexicanos y extranjeros, y sus intereses.
Esto llamó la atención del gobierno de Estados Unidos que respondió de forma menos diplomática, más agresiva, pero más o menos lo mismo que argumentaba la presidenta Sheinbaum.
La gentrificación es también un fenómeno migratorio, tiene también un componente económico, y afecta a los habitantes locales tanto como la emigración a Estados Unidos. Por eso, si hay congruencia en exigir respeto a los emigrantes mexicanos, hay que tener respeto por los inmigrantes estadounidenses, o de donde sean.
La gentrificación es una migración internacional y no puede encontrar en el Gobierno de la Ciudad de México un muro de esa lucha de clases que enarbolan y que se desfoga en manifestaciones que después no pueden contener.
Las manifestaciones violentas y xenófobas del sábado pasado en la Ciudad de México ganaron titulares en los medios estadounidenses y la atención del Departamento de Seguridad Interna (Homeland Security) que no dejaron pasar el hecho.
Habitualmente hay poca atención a lo que hace el gobierno de la Ciudad de México. Los ciudadanos son apáticos y cualquier crítica se matiza en la realidad de que vivir bajo el ala de la Cuarta Transformación garantiza impunidad, pero no hay duda de que la ciudad está en uno de sus peores momentos.
Nos parece normal que las calles estén llenas de baches y socavones y no lo es, es una de tantas irresponsabilidades de las autoridades del gobierno central y de las alcaldías.
El libre tránsito en un derecho menor frente a la “libertad de manifestación” que cierra calles y avenidas, todo es cuestión de clientelas políticas y de preferir ser una sociedad anárquica, antes que ejercer la autoridad.
Mientras haya más potenciales votantes que reciban alguna dádiva del Bienestar, importará menos la condición del Metro de la capital, el número de baches mortales en las vialidades, la cantidad de días perdidos en el tráfico derivado del cierre de calles, lo que vale es lo que muestren las encuestas.
La policía capitalina tiene bien identificados a los grupos violentos, pero claramente tienen la orden de dejarlos actuar con impunidad en las manifestaciones.
Los costos son muy altos, pero los pagan los particulares, son los que reparan y los que pagan impuestos para reponer todo lo destruido y eso se lo ahorran las autoridades que no ejercen su obligación de hacer cumplir la ley.
Sin embargo, lo sucedido el sábado ya encendió focos de alerta fuera del país y por lo tanto en Palacio Nacional, porque sí hay un doble discurso y porque hay una afectación directa a esos extranjeros. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 8)
Las protestas violentas ocurridas el fin de semana contra la gentrificación en las colonias Roma y Condesa de la CDMX son una bomba de tiempo con varias aristas que deben ser consideradas por Clara Brugada, jefa del Gobierno capitalino, y que, a juzgar por los hechos, ya fue rebasada por el problema del desplazamiento de las clases sociales populares de las zonas con mayor plusvalía de la capital, generando con ello un grave problema que, incluso, puede vulnerar la gobernabilidad.
Vayamos por partes: una cosa es la justa demanda de los ciudadanos desplazados de sus barrios y colonias a causa de la gentrificación y otra, muy diferente, que los grupos anarquistas los tomen de pretexto para generar violencia contra personas de origen extranjero, particularmente de nacionalidad norteamericana.
Los disturbios provocados por estos manifestantes “aceitados” por el ala dura del radicalismo de Morena tuvieron el tiempo suficiente para llevar a cabo la destrucción de negocios y autos. Además, atacaron no solo con insultos, sino físicamente a varios extranjeros. Todo esto ocurrió con la complacencia de las autoridades de las áreas centrales del gobierno, es decir, de la oficina de jefa de Gobierno y sus subalternos.
La violencia fue alentada desde el oficialismo con la actitud complaciente de la policía capitalina y de la Guardia Nacional.
Las autoridades capitalinas se encuentran ante un galimatías que requiere soluciones e inversiones inmediatas para construir más de medio millón de viviendas para acoger a las personas expulsadas.
Ni el gobierno federal y menos el de capital del país, tienen los recursos presupuestales necesarios y ni siquiera hay interés en apostarle a la solución de este problema con tantos recursos presupuestales, prefieren alentar las invasiones, el despojo por delincuentes y por la misma autoridad.
Hace unos meses, decenas de censores del gobierno recorrieron las colonias de mayor plusvalía de la CDMX para detectar inmuebles desocupados o subutilizados y expropiarlos con el pretexto de destinarlos a viviendas populares. Sin embargo, no pudieron llevar a cabo tal atraco debido a la furibunda protesta de los dueños y la población afectada.
Por desgracia, estas movilizaciones de grupos de choque financiados por Morena seguirán. Con ellas se llevarán entre las patas al gobierno de la capital y pondrán en riesgo la organización del mundial de futbol a celebrarse el próximo año en la capital del país, Monterrey y Guadalajara. Además, claro está, la reacción del gobierno de Estados Unidos por las agresiones a sus ciudadanos.
En la Casa Blanca ya acusaron recibo de los sucesos violentos contra norteamericanos; de hecho, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos, encabezado por Kristi Noem, se burló para justificar su política de autodeportación. En un post en X, el DHS escribió: “si se encuentra ilegalmente en Estados Unidos y desea unirse a la próxima protesta en la Ciudad de México, utilice la aplicación GBP Home para facilitar su salida”; y en otro, se mostraron imágenes de las protestas donde se insultaba a extranjeros y se exigía “aprender español”, “pagar impuestos” o “México no es tu hogar”, expresiones que son utilizadas para justificar los operativos contra migrantes mexicanos asentados en la Unión Americana.
Si solo observamos una cara de la moneda, diríamos que las protestas contra la gentrificación son legítimas. Esto se debe a que, en lo que va de este siglo, el gobierno de izquierda (PRD y Morena) ha gobernado la capital de todos los mexicanos. Ha impulsado incentivos fiscales y todo tipo de apoyos para regenerar el espacio urbano en varias zonas de la Ciudad de México.
Estas áreas ahora son las de mayor plusvalía, como el Centro Histórico y los corredores Roma, Condesa, Juárez y Polanco. Los dueños de los inmuebles también han invertido cantidades millonarias para hacer más atractivas sus viviendas y rentarlas a mayores precios.
La expulsión de más de 20 mil familias por la gentrificación a zonas periféricas o al Estado de México no es provocada, ni un acto irracional por parte de población con mayor poder adquisitivo. En cambio, es una consecuencia casi natural de las políticas de gobierno para detonar esos polos de desarrollo.
Veremos en qué momento intervendrá la presidenta Claudia Sheinbaum para solucionar el problema, sobre todo porque cuando ella era jefa del gobierno de la capital, ya tenía la bomba de tiempo de la gentrificación, pero no hizo nada para desactivarla.
“Las muestras xenofóbicas hay que evitarlas. No se pueden justificar”, advirtió la presidenta Sheinbaum, con justa razón. (Alejo Sánchez Cano, El financiero, Opinión, p. 25)
CON EL POMPOSO NOMBRE de “Operación Excálibur”, el gobierno de Donald Trump lanzó una aparente redada masiva en la céntrica zona del Parque MacArthur, en el centro de Los Ángeles, cuyo resultado fue… ninguno.
DE ACUERDO con documentos del propio gobierno de EU y que fueron filtrados, la operación sólo buscaba amedrentar y hacer “demostración de fuerza”. Puro apantallaje, pues.
ADEMÁS del cada vez más fascista ICE, también participaron la DEA, el FBI, Aduanas, la Policía, la Agencia de Armas de Fuego y Tabaco… ¡y hasta el Fisco! Todo eso nomás para espantar a los migrantes y seguir tensando la relación con las autoridades de California. ¡De no creerse! (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
Arropo al agente discriminado
Relevante, nos hacen ver, que la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina, a cargo de Pablo Vázquez, haya cerrado filas con el agente agredido con expresiones de racismo y discriminación por una mujer en la colonia Hipódromo el fin de semana pasado —caso que fue grabado y se hizo viral en las redes. Y es relevante, porque otros agentes que en algún momento se encuentren en una circunstancia similar podrán realizar sus tareas con la certeza de que si tienen un correcto actuar, como en este caso, contarán con el apoyo de la corporación. También es un cierre de filas institucional del Gobierno capitalino para mandar un mensaje fuerte contra el racismo de algunos ciudadanos que actúan con prepotencia ante la autoridad. En buen momento la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, decidió que hoy se lanzara una campaña contra la discriminación en coordinación con el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación.
“Después de todo el odio”
De destacar, nos comentan, el reconocimiento que hizo ayer la actriz ganadora del Oscar, Viola Davis, a la Presidenta Claudia Sheinbaum por las acciones de apoyo a las víctimas por las inundaciones en Texas que realizan brigadas mexicanas. “La Presidenta de México acaba de enviar equipos de rescate a Texas. Después de todo el odio. Después de todas las políticas antiinmigrantes… Ella todavía ayudó… A un estado rojo (republicano) que no haría lo mismo por ella. Eso es liderazgo. Eso es poder. Eso es ser mujer”, refirió Davis en su cuenta de Instagram. La cifra de víctimas por las inundaciones en el estado fronterizo con México superó ya el centenar. Ayer, el embajador Ronald Johnson publicó: EU y México están unidos, no sólo como vecinos, sino como familia, especialmente en tiempos de necesidad. Los equipos caninos mexicanos, entrenados con apoyo de EU para misiones de seguridad, están ahora en Texas ayudando a las familias a encontrar a sus seres queridos desaparecidos. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Primero la solidaridad
La presencia de rescatistas mexicanos en Texas, ante la tragedia provocada por las lluvias que ya supera 100 muertos fue reconocida por artistas, periodistas y políticos, quienes contrastaron que, a pesar de los embates de los grupos más radicales hacia el Gobierno de Sheinbaum, la solidaridad y humanidad es primero. Habrá que ver qué dice el presidente de EU, Donald Trump. ¿Será?
Revisan incidentes
Nos dicen que el gobierno de Clara Brugada en la Ciudad de México revisa si hay algunos grupos políticos con intención de desestabilizar su administración detrás de las agresiones registradas no solo contra propiedad privada, sino contra turistas que paseaban por calles de las colonias Roma y Condesa en la alcaldía Cuauhtémoc, de Alessandra Rojo de la Vega… Y es que las protestas contra la gentrificación del viernes pasado causaron alerta en autoridades de algunos países, incluidas las de EU, por los actos xenófobos y la violencia en la manifestación. ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, Pág. 2)
Redada en Parque MacArthur
Armados hasta los dientes, como si fueran a entrar en combate, agentes del ICE realizaron un operativo en el Parque MacArthur de Los Ángeles. Eligieron el lugar porque ahí acuden familias migrantes a tener un rato de esparcimiento.
Usaron caballos, tanquetas, helicópteros, fusiles de asalto. Fue un exceso, una provocación, porque las familias migrantes que pasean por el parque tienen como arsenal algodones de azúcar y hot dogs.
Lo que pretende la Secretaría de Seguridad Interior es volver a encender la chispa de las protestas. Para justificar sus excesos, quieren a la gente protestando en las calles. Es una jugarreta; que los migrantes no caigan en ella va a favor de sus intereses. La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, demócrata, dijo que es una forma de intimidación de la administración Trump, y la fiscal general de Nueva York pidió que se detengan las redadas inconstitucionales de ICE en Los Ángeles.
Las autoridades, omisas o cómplices, han dejado que la delincuencia se enquiste en la región. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
¿Además de boxeador, Chávez Jr. es escapista?
Resulta que ayer se dio un hecho poco común en la justicia de Estados Unidos. El boxeador mexicano Julio César Chávez Junior, acusado de pertenecer al Cártel de Sinaloa, no se presentó a una audiencia en la que se determinaría su deportación a México. Michael Goldstein, su abogado, aseguró que el pugilista no se comunicó con él y no sabe ni dónde está. En una declaración a un medio estadounidense dijo que la audiencia estaba prevista a celebrarse en la División Noreste del Tribunal Superior de Los Ángeles. Destacó que lo último que supo es que su defendido estaba en Hidalgo, Texas, bajo custodia del Departamento de Seguridad Nacional, pero no acudió a la audiencia y no tiene ni idea de dónde pueda estar… (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 29)
Sin aparecer
Como por arte de magia desapareció de la faz de la tierra el boxeador Julio César Chávez Jr. Ayer debió presentarse ante el Tribunal Superior de Los Ángeles, por un tema pendiente con la ley que data de 2024, derivado de la posesión de un arma de fuego, pero no acudió. Incluso, su abogado declaró que no sabe dónde se encuentra. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Agentes a caballo contra migrantes
La gente que tiene negocios o habita en el centro de la ciudad de Los Ángeles se vio aterrorizada cuando llegaron agentes de la migra a pie y a caballo a hacer una redada. Ocurrió en el parque McArthur, justo enfrente del Consulado de México. Intervino la valerosa alcaldesa, Karen Bass, para detener la embestida. Entre el 6 y el 22 de junio, los agentes de inmigración detuvieron a más de mil 600 personas, en lavaderos de coches, estacionamientos de los centros comerciales, en las escuelas.
La economía de la segunda ciudad más grande de Estados Unidos está sufriendo los efectos de las redadas. La gente no sale a trabajar por temor. Y el problema apenas comienza, Trump se propone deportar a un millón de personas cada año. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)
Las palabras de los hombres públicos importan e importan mucho. Incluso si son estupideces o enunciados fuera de lugar. Las denuncias que hacen los poderosos pueden convertirse en situaciones peligrosas para sectores de las sociedades. El discurso de López Obrador como presidente estuvo cargado de odio y de rencor de señalamientos personales de división social. Se puede decir que es lo de moda: polarizar, dividir y es cierto, es el discurso que predomina en el mundo. Por eso es más peligroso continuarlo.
Trump ha diseminado su discurso odiador por todo el mundo. Las consecuencias han sido fatales. En el caso de México, es un hecho que desde su campaña sembró el veneno en contra de los inmigrantes y concretamente de los mexicanos. De asesinos, violadores y ladrones y al hacer el retrato de los migrantes hasta llegó a decir que se “comen sus mascotas”. Como resultado político hay deportaciones, detenciones y miedo, mucho miedo en los mexicanos que viven allá. Trump ha generado también un ambiente de rechazo en muchos lados.
“Fuera pinches gringos”. La lamentable marcha supuestamente contra la gentrificación de las colonias Roma y Condesa culminó en insultos a los estadounidenses que habitan en esas demarcaciones y en donde el idioma inglés se usa de manera común en los establecimientos comerciales, se usa el horario de aquel país para los restaurantes y el costo de la vida es, se puede decir, en dólares. Todo esto es muy similar a lo que sucede en varios centros turísticos en nuestro país. La marcha fue sin duda una demostración de xenofobia y en el absurdo destrozaron una taquería (no una hamburguesería o sandwichería). No parece ser el mejor ambiente para un mundial de futbol que celebra juegos en esta ciudad el año que viene.
“Odio a los negros como tú, los odio por pinches nacos”. Una mujer –según esto una modelo argentino-mexicana–, baja de su Mercedes Benz y procede a insultar a un policía que cumplía con su trabajo al intentar sancionarla. En este caso parece que la argentina aprendió bien el clasismo mexicano y se siente orgullosa de su blanquitud que le permite estar lejos de personas como ese “pinche indio y negro culero”, como definió al mexicano que cumplía con su trabajo. El video de la mujer agresora se popularizó en redes y el enojo en su contra no es poca cosa. La señora merece una sanción, legal, por supuesto, pero también una social que no tardará en llegarle.
“Argentina de mierda, ponte a meserear”. Este insulto es uno de los muchos que le llegaron a la señora que odia “a los negros culeros”. El insulto tiene que ver con la multitud de personas que llegaron hace años –precisamente a colonias como la Condesa–, huyendo de una de las crisis económicas de ese país, en su mayoría jóvenes cuya disposición y necesidad de trabajo, independientemente de lo que hubiesen estudiado en su país de origen, se desempeñando atendiendo en restaurantes de moda en esa colonia. El insulto –que se oye también después de los partidos entre selecciones de ambos países–, pretende mofarse de una persona por medio del trabajo que realiza por necesidad, pero con dignidad.
Como se puede ver, del odio nadie escapa, el odio siempre regresa y hay para todos. Es responsabilidad de cada uno cuidar que la forma en que nos comunicamos y quienes ostentan cargos públicos deben poder controlar su lenguaje y si les es imposible decir algo cordial, o sin insultar o dividir, mejor quedarse callados que las palabras tienen consecuencias. (Juan Ignacio Zavala, el Heraldo de México, País, p. 9)
La “big beautiful bill” que acaba de aprobar el Congreso estadounidense es un nuevo aviso, otro más, de dificultades para México. El presupuesto para control fronterizo y migratorio ascenderá a la descomunal cifra de 170 mil millones de dólares.
Aunque la Casa Blanca trate de mitigar el impacto económico de las deportaciones masivas, lo cierto es que el tema de los inmigrantes ocupa un lugar prioritario en el mandato electoral del trumpismo. A pesar de los costos potenciales, Trump no se va a echar para atrás: políticamente, está obligado a dar algún tipo de resultado no sólo tangible sino, dada su concepción de la política como reality show, “espectacular”. No se sentirá ni se verá de inmediato (gastar semejante cantidad tomará tiempo), pero más vale que México se prepare: ahí viene el golpe.
Aunado a otros cambios en el escenario de la relación bilateral –la cancelación de visas, los señalamientos del Departamento del Tesoro contra instituciones financieras mexicanas por lavado de dinero, las imputaciones de Ovidio Guzmán u otros capos como parte de sus acuerdos con la justicia estadounidense o las crecientes tensiones en torno a la revisión del TMEC–, la pregunta es qué puede hacer el gobierno mexicano al respecto.
Escribía Leopoldo Gómez la semana pasada en El Financiero que el dilema de Sheinbaum es imposible: “las opciones reales para la presidenta se reducen a dos caminos igualmente problemáticos. Confrontar, con el riesgo de abrir un frente del que México no saldría bien librado, o simplemente seguir resistiendo, con el riesgo de debilitarse”. En efecto, la situación es muy compleja. Creo, sin embargo, que la pregunta no es cómo “ganar” ante semejante adversidad sino, como dicen los economistas, cómo “darle forma a la demanda”.
Ni México ni Estados Unidos pueden solos, tanto la migración como el narcotráfico son dos temas bilaterales en una relación de interdependencia asimétrica. Y sin la absorción de mano de obra en el mercado estadounidense no habría tanta migración; sin la demanda de drogas de sus consumidores y el contrabando de armas desde territorio estadounidense el narcotráfico no hubiera crecido ni se hubiera empoderado tanto. Trump quiere que Sheinbaum “colabore”, pero sin su colaboración recíproca no hay solución posible. La expectativa de cambio no puede estar solamente al sur de la frontera: si en el norte no cambian también, al final no va a cambiar nada.
¿Es probable que la Casa Blanca no sea receptiva a un planteamiento así? Por supuesto. Pero si de todos modos la presidenta no puede “ganar”, al menos que intente algo distinto, que imagine otra posibilidad, sin confrontarse pero tampoco achicándose. Hay derrotas honorables, útiles, que siembran posibilidades para el futuro. Aguantar vara no es una política exterior. Si México va a tener que hacer sacrificios, que no sean sólo para tratar de darle gusto o aplacar a Trump. Que nos sirvan para algo, pues, que valgan la pena para nosotros. Menos miedo, más visión. (Carlos Bravo Regidor, El Heraldo de México, País, p. 10)
A la pregunta sobre qué opinaba de la acusación al exmandatario Enrique Peña Nieto de haber recibido un soborno de 25 millones de dólares por la adquisición del sistema Pegasus, la Presidenta Claudia Sheinbaum respondió en su mañanera que “estuvo medio tremendo” y, aunque dijo que no estaba el nombre completo del priista, que fue electo en 2012, “el presidente Peña Nieto, ya dijo que no es cierto”.
Luego hizo referencia “a este asunto” como un conflicto mercantil entre dos empresarios Avishai Beriah, dueño de un grupo empresarial y Uri Ansbacher, proovedor de software, revelado por el diario israelí The Marker el fin de semana, que ambos calificaran de “inversión” como presunto soborno, por lo que la mandataria sólo agregó, “ahí está el tema” y no habló más, y cuyo caso desató inmediatas reacciones, luego de que al relevo presidencial, surgieran versiones de que, presuntamente, ambos acordaron un “pacto de impunidad”.
México y sus habitantes han sido siempre hospitalarios con cuantos extranjeros lo han visitado, recorrido o decidido vivir aquí, por lo que el impune vandalismo registrado y las expresiones de xenofobia de quienes participaron el viernes en una marcha contra la gentrificación en el Corredor Condesa-Roma Norte, mereció condena general.
Lamentable fue, también que, a pesar de los cuantiosos daños causados por hombres encapuchados a restaurantes, cafeterías y establecimientos comerciales en ese rumbo, no hubo ningún detenido por corporaciones policiacas de los Gobiernos federal y capitalino que confunden restablecer el orden público con “represión”.
En lo que calificó del más grande aseguramiento de huachicol en la presente administración, Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, anunció el hallazgo de más de 15 millones de litros de combustible de procedencia ilícita en Ramos Arizpe y Saltillo, capital de Coahuila, así como de más de un centenar de carros-tanque asegurados.
Ahora fue el Fiscal General, Alejandro Gertz Manero, el que reprochó al gobierno de Estados Unidos permitir la entrada de Julio César Chávez hijo a ese país, a pesar de saber que contaba aquí con una orden de aprehensión. Lo que le van a preguntar es por qué no la ejecutó si desde enero de 2023, le fue girada.
La inclusión del expresidente del INE, Lorenzo Córdova, como “ejemplo” de discriminación a un indígena en libros de textos de la SEP, cuyo caso se ventiló hace unos días en el Pleno de la Corte, ha motivado airada reacción contra quien desde la 4T cobra venganza al que fuera uno de los mejores y respetados titulares de ese hoy decadente organismo que buscan desaparecer.
Rechazan países del Brics, las amenazas arancelarias de Trump. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)
México no es lo que vimos el viernes pasado en la manifestación contra la gentrificación en las colonias Condesa y Roma. Siempre hemos sido un país solidario con los extranjeros que vienen al país no sólo perseguidos, sino porque se sienten bien recibidos.
Lo que ocurrió es vergonzoso para una nación que ha abierto los brazos a los forasteros, sea cual fuere su condición.
Y lo que era una protesta pacífica contra la “gentrificación”, convocada por vecinos, se transformó en una manifestación racista, xenófoba, particularmente en contra de los estadunidenses que viven, consumen y gastan su dinero en ambas colonias. En mi vida había visto algo semejante. Me siento orgulloso de la apertura de México hacia los extranjeros: los españoles que huyeron de Franco, los chilenos que escaparon de Pinochet, los centroamericanos que buscan una mejor vida, los que viven aquí por el puro gusto.
* La manifestación inició a las 15:30 horas en el Foro Lindbergh del Parque México. Le siguió una marcha por las colonias Roma y Condesa de la CDMX que derivó en actos de vandalismo. La alcaldía Cuauhtémoc cifra en 14 los inmuebles que sufrieron daños graves, uno de ellos con robo de mercancías por parte de jóvenes del Bloque Negro. Se contaron grafitis en más de 30 fachadas.
Las consignas más repetidas fueron: ¡Fuera gringos!”, “gentrificación no es progreso, es despojo”; Pay taxes (paga impuestos), Learn spanish (aprende español), Not your home (no es tu casa); “Haz barrio y expulsa un gringo”.
* La gentrificación es un proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo.
Boris Berenzon, académico, difusor, columnista, abunda sobre ese fenómeno: “Eleva rentas, expulsa a residentes históricos, convierte barrios en mercancía y borra memorias colectivas.
“Aun así —matiza—, no se combate con exclusión ni odio. Señalar al extranjero como enemigo oculta al verdadero responsable: un modelo de ciudad que privilegia el capital sobre la ciudad”.
Sintetiza: “Los recientes actos de violencia en la Ciudad de México exponen una misma herida: el uso del odio como identidad y la normalización del desprecio del otro”.
* La intervención de la policía para contener el vandalismo de algunos manifestantes fue tardía. No hay un solo detenido. Sólo condenas verbales de la presidenta Claudia Sheinbaum y la de la jefa de Gobierno, Clara Brugada.
Dijo la Presidenta: “Los seres humanos somos iguales y no podemos tratar a nadie como menos. Las muestras de esa manifestación hay que condenarlas, no puede ser que, por más legítima que sea, la demanda sea ‘fuera cualquier nacionalidad de nuestro país’”, señaló. Aunque reconoció que la gentrificación es un tema de especulación inmobiliaria.
Y Brugada: “Aquí no aceptamos xenofobia ni discriminación. No porque vengan de otros países a vivir en la ciudad los vamos a maltratar. Aquí se recibe a todas y todos, son bienvenidos y bienvenidas. Es necesario rechazar la discriminación y la xenofobia, porque es un deber moral y una obligación ética y política. En esta Ciudad de México, capital de la transformación, todas y todos caben”.
* En EU destaca la respuesta del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que aprovechó las imágenes y noticias de la manifestación para promover su aplicación CBP Home destinada a facilitar la autodeportación de indocumentados.
“Si estás en Estados Unidos ilegalmente y deseas unirte a la próxima protesta en la Ciudad de México, usa la aplicación CBP Home para facilitar tu salida”, ironizó.
La respuesta del DHS generó críticas en redes sociales. Los usuarios señalaron que la migración y la gentrificación son fenómenos distintos.
Destacaron que los indocumentados en Estados Unidos contribuyen con impuestos pagando cerca de 76 mil millones de dólares en 2022, según el Consejo Americano de Migración.
* Si hubiese una olimpiada de mentiras, AMLO se llevaría la medalla de oro. En su primer informe de gobierno, el 1 de septiembre de 2019, sostuvo que “hemos podido eliminar prácticamente” el huachicol. Y le aplaudieron.
Cinco años y diez meses después, el titular de la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, subió el siguiente mensaje a su cuenta de X:
“En operativos realizados en Ramos Arizpe y Saltillo, Coahuila… se aseguraron 129 carros tanque con más de 15 millones de litros de diésel, gasolina y destilado de petróleo. Es el aseguramiento de hidrocarburo más grande en la presente administración”.
Fuentes gubernamentales de Coahuila nos dicen que no fue un golpe de suerte, sino consecuencia de la estrecha colaboración que mantienen equipos de seguridad federal con el estatal. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 6)
El hecho duro y maduro y más grave ocurrido en calles de las colonias Condesa y Roma –con 56 inmuebles dañados y cero detenidos- no es la modificación del perfil habitacional en esa zona, conocido como gentrificación, sino el mensaje de odio, xenofobia y miedo por el hecho en sí y por la inacción y permisividad del gobierno local e incluso federal ante la violencia.
La conocida estrategia de evadir responsabilidades y culpar al pasado de todos los males del presente, incluida la crisis habitacional, no ayuda a una reflexión de fondo sobre las trabas reales en la construcción de vivienda en una ciudad cuyo gobierno apenas autorizó 6 mil viviendas nuevas en 2023.
Se ignora hasta la fecha por qué permanecieron cerradas más de un año las ventanillas locales para el trámite de proyectos y permisos inmobiliarios, y por qué se sigue hostigando ferozmente la propiedad privada y se desincentiva la construcción de vivienda, como lo hemos comentado antes en este espacio.
Resolver y superar el actual embudo deficitario de 250 mil nuevas viviendas seguirá siendo la única manera de contener la diáspora que lleva a millones de personas a vivir en periferias que implican hasta 6 horas diarias de transporte ida y vuelta para quienes deben llegar a sus centros de trabajo.
Las colonias Condesa y la Roma, con numerosos inmuebles catalogados como históricos, han sido ocupadas desde la época porfiriana por familias de la clase media alta con estilos de vida similares a los de algunas ciudades europeas.
El gobierno de la capital se ha caracterizado por impulsar decisiones e iniciativas administrativas y regulatorias para controlar el mercado inmobiliario moviendo a sus clientelas electorales, pero despreciando el conocimiento en la interacción entre la oferta y la demanda.
Lo ocurrido este fin de semana en puntos de la Condesa y Roma tiene un grave significado político, no solo como distractor poderoso para un gobierno agobiado por reclamaciones y críticas internas y externas, muy señaladamente las que le vienen de los Estados Unidos, cuyos connacionales aquí fueron tomados como blanco directo del insulto y el odio callejero.
En la Alemania nazi de 1933 y bajo el lema “defendámonos, no compren a los judíos”, se produjo un movimiento político-social que dio inicio a uno los procesos de discriminación más atroces de la historia, al culminar en campos de concentración.
¿Cuál es la diferencia entre esa exhibición de odio y violencia y la movilización violenta por la gentrificación o por cualquier otro motivo entre los muchos invocados para la exclusión en estos tiempos y que a la vez son tolerados por las autoridades?
En un país de riqueza multicultural como el nuestro, históricamente caracterizado por su calidez y trato a los extranjeros, es contradictorio y absurdo que nos indignemos con el trato que se da a los mexicanos en Estados Unidos y reproduzcamos sin consecuencia alguna las expresiones xenófobas que vimos hace algunos días.
Todo esto no es mera casualidad. Desde el gobierno pasado, en México se ha implantado la narrativa de que la culpa de todo es de los ricos, de los conservadores y ahora de los extranjeros; idea peligrosa que atenta profundamente contra el respeto, el honor, la integridad y la tolerancia.
La confrontación como doctrina es el instrumento perfecto de manipulación de los gobiernos populistas. Ofrecer y crear la imagen de un enemigo común distrayendo el descontento contra el gobierno y dirigiéndolo contra el chivo expiatorio en turno es una verdadera infamia.
Ciudades en Baja California y San Miguel de Allende se han beneficiado de un relativo buen auge económico precisamente por la aceptación y convivencia de mexicanos y extranjeros, (especialmente norteamericanos, en ambos lugares) que han encontrado un espacio para vivir tranquilamente.
En una ciudad con más de 10 millones de habitantes, las trabas a la construcción siguen elevando la demanda y el rápido aumento de los precios. La gentrificación conecta con las dinámicas naturales de la migración a lo largo de la historia. No así los frenos burocráticos que impiden la construcción de viviendas dignas que la población requiere.
La presión social por vivienda será atendible con planes de desarrollo alternativos, sin burocratismos puramente controladores y sin la indiferencia gubernamental que vimos este fin de semana ante la xenofobia, el lenguaje de odio y la violencia irresponsable e impune.
La corrupción, la polarización y la indiferencia no son los caminos para resolver el problema. (Ignacio Morales Lechuga, El Universal, Nación, p. A7)

(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 22)

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 24)

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)

(Hernández, La Jornada, Política, p. 9)

(Solís, Excélsior, Nacional, p. 14)

(Chelo, El Universal, Opinión, p. A15)

(Jabaz, El País de nunca Jabaz, Milenio, Al Frente, p. 3)