Opinión Migración 130725

El Correo Ilustrado

Más muestras del odio de Trump a México

Conforme avanza el periodo presidencial de Donald Trump, más evidencias aparecen de su odio a la migración, con énfasis en la mexicana. Su grupo de choque llamado ICE (hielo, en inglés), ya privó de la vida a un compatriota, alentado por las declaraciones del ocupante de la Casa Blanca, que sigue con su retórica de que se trata de peligrosos criminales, responsables, entre muchos otros males, del tráfico de fentanilo y de las muertes que éste acarrea entre sus consumidores.

Jaime Alanís, del condado de Ventura, es el primer mártir de la nueva era trumpiana que se une a los reclusos de la cárcel de los Everglades, de Miami, a quienes se da trato de perros y se proporciona alimentos insuficientes y agusanados, según las denuncias de algunos detenidos.

Al visitar Texas, mucho después de que se presentó la emergencia causada por precipitaciones pluviales, Trump se dedicó a respaldar a las autoridades locales (del Partido Republicano) sin tomar en cuenta las abundantes críticas por la falta de prevención. Incluso llamó malvado a un reportero que preguntó al respecto y las ensalzó y los elevó a la categoría de héroes (Correo Ilustrado, La Jornada, Editorial, p.12)

Impuestos y dispuestos

Hace ya más de 10 años me invitaron a dar una conferencia sobre la mano de obra mexicana en Estados Unidos. Me invitaban varias empresas de berries, (arándano, frambuesa, fresa, zarzamora) entre ellas las trasnacionales Driscol’s, Hortifrut y otras, que trabajaban en Jocotepec, Jalisco. Allí se producen los berries de invierno que llegan, en esa temporada, a Estados Unidos.

Curiosamente, en ese valle se hizo el último intento de colectivizar a los ejidatarios mexicanos. El proyecto húngaro (1979) y la Secretaría de Agricultura, pretendían arrasar con todas las parcelas y sembrar maíz forrajero, en todo el valle, de punta a punta. El que escribe y otros colegas, éramos los encargados de convencer a los campesinos. Tarea más que imposible, si se hacía por las buenas.

El modelo socialista no prosperó, pero sí el capitalista que se adaptó al medio, donde pueden llegar a arreglos personales diversos con los ejidatarios y pueden rentar tierra, ya no les interesa comprar. En resumen, todo el valle no está cubierto de maíz, sino de plástico blanco, para el cultivo confinado. Y allí trabajan, miles los campesinos sin tierra y los jornaleros, la mayoría de los ejidatarios viven de sus rentas.

Los empresarios de Florida me comentaban que sólo los mexicanos y guatemaltecos eran capaces de hacer esos trabajos, que habían probado diferentes maneras de mecanizar y facilitar las tareas, pero que no había funcionado. Dependían de la mano de obra migrante y estaban preocupados por las políticas de aquellos años, con respecto a la inmigración.

La mecanización de la agricultura en Estados Unidos ha sido implacable con la mano de obra, las decenas de miles que trabajaban en el algodón, el betabel, la caña y tantos otros cultivos, quedan para la historia. Pero no es el caso de las frutas y las verduras, de ahí que las grandes empresas se muden a México y estén preocupados por la falta de mano de obra en Estados Unidos.

Para los republicanos, la fórmula migratoria, para ganar elecciones, es fundamental y efectiva y tiene varios componentes: se justifica por la ilegalidad de los trabajadores, genera miedo, afecta a extranjeros, promueve un racismo encubierto y favorece al supremacismo blanco. El gobernador de Florida, en campaña para suceder a Trump, se ha distinguido por su combate a los migrantes y ahora se pavonea con su cárcel del Alcatraz, que limita con los Everglades y el pantano de caimanes. Su objetivo es llegar a la presidencia y ese es el camino; no le importa si afecta a los agricultores y al turismo, que son dos de los principales rubros de su economía.

Curiosamente, la mayoría de empresarios agrícolas y ganaderos votaron por Trump y ahora se lamentan; lo mismo que muchos latinos, cubanos, venezolanos e incluso mexicanos que ahora la ven ruda. El miedo se ha desbordado. Ahora están preocupados los que tienen visa de residencia e incluso los naturalizados. En 2024, cerca de 180 mil mexicanos recibieron la green card.

Pero opinar del tema migratorio en Estados Unidos es algo así como hablar de Israel, cualquier opinión en contra se considera un anatema. Simplemente no se puede defender a los llamados ilegales y ahora criminales. No se puede decir que la economía y la demografía requieren de mano de obra migrante. Los políticos, de toda índole y partido, se aplican la autocensura, porque las consecuencias de hablar y opinar pueden ser funestas con el electorado, aunque muchos de sus votantes requieran mano de obra.

Pero la realidad es muy distinta. Los únicos impuestos para este tipo de trabajo en la agricultura son los mexicanos y guatemaltecos. Es un trabajo manual, pero especializado, para lo cual hay que estar ¡impuesto!, mexicanismo que significa ¡estar acostumbrado a algo!, es decir, trabajar a pleno sol, devengar un magro salario y además pagar por el transporte o el raid y llevar su lunch.

Los braceros deben pagar impuestos y además estar impuestos y dispuestos a realizar ese trabajo, que suele ser temporal, depender del tipo de la cosecha, del salario a destajo y de las variables de la producción en cada año. Los agricultores también están impuestos, es decir acostumbrados, a contratar mano de obra indocumentada y barata, sin que tengan ningún tipo de sanción. Nadie plantea que esto sea una doble moral, incluso en Texas se formuló legalmente que la contratación estaba permitida, pero no el trabajo, y que éste debía ser sancionado (ver Texas Proviso).

Ahora la oreja izquierda de Trump ya no escucha a la secretaria de Agricultura que lo convenció de que había crisis en el campo y que había que parar las redadas; ahora escucha por la derecha a Stephen Miller y ordenó que se activaran las redadas en el campo.

Se ha demostrado que la frontera es muy fácil de controlar, por un lado, la Guardia Nacional mexicana, por el otro, la Patrulla Fronteriza y, aún más potente, la narrativa punitiva y criminal de Trump. Pero en tres años y medio, ¿volverá todo a la normalidad?, como sucede desde 1884, año en que el ferrocarril selló un pacto de sangre entre la mano de obra mexicana y la voracidad de los empleadores americanos. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 11)

Las viñas de la desconfianza y la incertidumbre

El colapso agrícola recorre las fértiles praderas estadunidenses. Según algunos analistas, la situación que se vive en el medio rural del país vecino del norte sólo se asemeja al Dust Bowl (Tazón de Polvo), la gran crisis agrícola y social provocada, entre otros factores, por la gran sequía de los años 30, que inspiró Las Viñas de la Ira, gran novela de John Steinbeck, llevada al cine por John Ford.

En la situación de ahora, a diferencia de aquella, no pesan tanto la sequía ni la agricultura extensiva. Lo definitivo son una serie de decisiones políticas de la administración de Trump: la guerra comercial y arancelaria, su política represiva hacia los migrantes y su Ley Presupuestaria, la Big Beautiful Bill, que recorta importantes fondos para la salud y bienestar de las mayorías (https://acortar.link/oKlzqx).

Incluso, la reciente cancelación de los Programas de Acuerdo Cooperativo de Asistencia para la Compra de Alimentos Locales (LFPA) y Alimentos Locales para Escuelas (LFS) por parte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) ha afectado significativamente a agricultores, escuelas y bancos de alimentos locales.

A las decisiones políticas vienen a sumarse el deterioro de la infraestructura de transporte y almacenamiento, la no actualización y cobertura deficiente de tecnologías de información y de comunicación y el cambio climático.

La guerra comercial desatada por la política arancelaria de Trump ha tenido un efecto perverso inmediato: los productores estadunidenses se han visto privados de grandes mercados como el de China. Sobre todo, los productores-exportadores de soya, trigo, sorgo, carne de res, leche y almendras.

China ha respondido a las bravuconadas de Trump como los héroes de las películas del Oeste: silenciosamente y con tiros precisos. Ha sustituido la proveeduría de Estados Unidos comprando ahora la soya a Brasil, el trigo a Rusia, la carne a Argentina, las almendras a Turquía, y así sucesivamente. Firma contratos de mediano plazo y va más allá en su desarrollo de proveedores: les ayuda a construir puertos, terminales graneleras y vías de comunicación. China está tratando de presentarse como una opción de mercado segura, estable y confiable.

Este realineamiento del mercado global agroalimentario perjudica gravemente a los productores estadunidenses, los priva de la principal salida de gran parte de su producción, derrumba sus ingresos, los entrega en manos de los bancos y los arrastra a la venta de sus activos y a la quiebra. El destino de muchas granjas familiares es la subasta: éstas han aumentado 40 por ciento en los años más recientes. Según los datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el número de granjas se ha reducido en 141 mil 633, y el área cubierta por ellas se ha reducido en 20 millones de acres con relación al censo de 2017.

La ofensiva de Trump contra los migrantes también perjudica a los granjeros estadunidenses: está disminuyendo la disponibilidad de personas jornaleras agrícolas: de ellas, dos terceras partes son extranjeras y 42 por ciento, indocumentadas. La necesidad de contratar una mano de obra más cara, más escasa, más exigente de prestaciones sociales, sin disposición a laborar largas jornadas, va a encarecer la producción agroalimentaria afectando tanto a productores como consumidores. Trump parece dispuesto a ceder un poco en este rubro, pero con él lo único seguro es que tenga otra ocurrencia.

Si los granjeros estadunidenses no encuentran mercados comparables al de China, su producción irá en descenso. Algunos especialistas pronostican que para 2030, en Estados Unidos la importación de alimentos superará las exportaciones.

La inseguridad y la desconfianza que corroen a la agricultura estadunidense tienen profundos efectos económicos y sociales: los granjeros ya no quieren correr riesgos contrayendo créditos, comprando maquinaria, invirtiendo en equipo e infraestructura; reducen la superficie a sembrar o simplemente la venden o abandonan. El comercio de las zonas rurales ha entrado en recesión, los jóvenes huyen de la agricultura, las poblaciones languidecen. Más de 700 hospitales, casi la tercera parte de hospitales rurales de Estados Unidos, enfrentan la posibilidad de cerrar por problemas financieros que se agravarán con la Beautiful Big Bill de Trump y los republicanos (https://acortar.link/ynur8d).

No sólo es cuestión de economía, sino de un modo de vida, de ecosistemas biológicos y sociales, de una cultura, que están siendo agredidos por las decisiones de política trumpista.

No sólo se perjudican la agricultura y economía de Estados Unidos. Se está generando una grave disrupción del mercado agroalimentario global con consecuencias imprevisibles: sobreproducción sin vender en algunos lados; mayor uso político del arma alimentaria y hambruna en otros lados. La guerra arancelaria es una caja de Pandora que apenas se abre.

Campean la desconfianza y la incertidumbre en las granjas estadunidenses. Quienes se suponía eran una de las bases sociales más duras de Trump, ahora se sienten traicionados, tratados como descartables, ya no indispensables, para el American Way of Life. Ahora, muchos se arrepienten del In Trump we trustque emitieron apenas en las elecciones de noviembre pasado. (Víctor M. Quintana S., La Jornada, Opinión, p. 11)

365 días / Por supuesto que no es justo, ¿y?

Por supuesto que no es justo que con una delegación de cinco secretarías mexicanas presentes y negociando en territorio de Estados Unidos (Relaciones Exteriores, Hacienda, Comercio, Energía y Seguridad), Trump le enviara ayer una carta a la presidenta Sheinbaum para anunciarle que, pese a lo que México se ha esforzado en materia fronteriza, nos impondrán un arancel generalizado de 30% por no haber hecho lo suficiente en el combate y tráfico de fentanilo.

Tan injusto como que hayan cerrado por segunda ocasión el paso al ganado mexicano por un brote controlado de gusano barrenador en Veracruz. Injusto es que, junto a las imágenes de mexicanos sometidos y humillados en sembradíos de California por policías y guardias americanos armados para una guerra de exterminio, Trump exaltara a los jefes antimigrantes, Tom Homan y Kristi Noem, por “estar haciendo un trabajo fantástico, ¡gracias!”

Claro que es injusto, ¿y de qué nos sirve tener la razón? ¿Ha valido la pena la política de cabeza fría que cada vez parece más una de sumisión? Lo inteligente sería decir que sí lo ha valido, porque si la respuesta fuera no, ¿qué nos quedaría o seguiría? Aunque, a medio año ya de trumpismo, el balance bien podría marcar que, salvo Irán, y quizá Ucrania, ningún país ha sido peor tratado en tantos ámbitos que México. (Ciro Gómez Leyva, Excélsior, Nacional, p. 4)

La visa TN

Después de la visa de turista, la siguiente que llegó a mi vida fue la TD. No era un pase para trabajar, sino un permiso migratorio temporal que me permitió cruzar la frontera y vivir en Estados Unidos como esposa de un portador de la visa TN.

La TN, ese documento que para muchos mexicanos es la llave a una vida profesional exitosa en el extranjero, nació de acuerdos entre gobiernos: primero el NAFTA, y ahora el T-MEC, que reemplazó al anterior tras ser renegociado durante la primera administración Trump

En teoría, el trámite parece sencillo: cumplir con los requisitos, una cita en el consulado o embajada y, si todo sale bien, uno a tres años para trabajar, vivir y cruzar sin restricciones. Pero la realidad, como suele pasar, siempre es más compleja.

Yo recuerdo, desde el 2006, las mañanas de cita en Nogales o Hermosillo. El estómago apretado, los documentos revisados una y otra vez, esa incertidumbre -o nervio- de saber que llevas todo, pero aun así estás a merced de la discrecionalidad del entrevistador. La TN es en realidad una visa generosa, aunque siempre ha traído consigo la sombra de la temporalidad. No hay promesa de residencia permanente, solo la posibilidad de renovar y renovar, año tras año, mientras la vida y el trabajo sigan alineados con los requisitos de un tratado que, a veces, parece tan frágil como el papel en el que se imprimen las visas o tan voluble como la política que las dicta.

A diferencia de otras visas, como la H1B (que también tuve en mi largo camino migratorio), la TN no tiene un límite máximo de renovaciones, pero tampoco ofrece un camino claro para echar raíces. Es un acuerdo entre países, sí, pero también entre sueños y realidades. Solo mexicanos y canadienses pueden aspirar a ella, siempre que demuestren que son los profesionales exactos que el tratado exige.

Pero con los muchos cambios migratorios, este permiso temporal también ha sentido el impacto de la segunda administración Trump. La visa TN como tal no ha desaparecido a pesar de las muchas publicaciones en las redes sociales y algunos medios de comunicación, solo que las reglas se han endurecido, las puertas se han estrechado.

De acuerdo con las cifras del Departamento de Estado, en el año fiscal 2023 se emitieron más de 32 mil visas TN para mexicanos. Los canadienses tienen reglas distintas y no requieren una visa, solo una admisión en el puerto de entrada.

El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) ha puesto lupa en cada solicitud: ya no basta con tener un título, ahora el empleo y el diploma deben encajar como piezas de rompecabezas, no hay cabida para títulos “relacionados o similares”. El autoempleo, el trabajo remoto y algunas consultorías independientes quedaron fuera de la ecuación y solo una oferta de trabajo o contrato con una empresa estadounidense puede abrir la puerta.

Pero entre los que ya tienen la visa, muchos miran hacia el futuro con incertidumbre: analistas, programadores, consultores, técnicos y hasta oficios como soldadores o electricistas podrían quedarse fuera en la próxima renovación. Los médicos, que antes encontraban en la TN una vía para ejercer, ahora solo podrán hacerlo si se dedican a la investigación o la enseñanza.

Estos cambios, que entraron en vigor en junio, no afectan a quienes ya tienen la visa… todavía. Pero la inquietud está ahí, como esas largas y agonizantes horas en una sala de espera. Algunos temen que esto sea apenas el primer paso hacia una fricción mayor en el tratado comercial, una antesala de la indeseada desaparición de la TN. (Maritza Félix, El Sol de México, Análisis, p. 15)

Cartones

Vecino encimoso

Vecino encimoso

(Jerge, La Jornada, Política, p. 6)