A lo largo de la presente gestión del gobierno de Estados Unidos, se registra la detención de más de 286 mil migrantes que ingresaron sin la documentación correspondiente en diferentes años.
De acuerdo con la Fundación Pies Secos, la mayoría de los detenidos que reporta el Departamento de Seguridad Nacional y se estima que entre ellos se encuentran cinco mil poblanos, aunque en diferentes casos en complicado corroborarlos, ya que muchos de los detenidos no llevan identificaciones oficiales o portan documentos falsos.
Las autoridades norteamericanas reportaron que más de 70 por ciento de los migrantes detenidos enfrentan diferentes cargos penales. En contraste, para Ricardo Andrade Cerezo, presidente de la asociación de apoyo para los connacionales, la situación es diferente, ya que, a parte de los llamados “sin papeles”, solo buscan deportarlos.
El pasado 12 de julio, Maame Ewusi-Mensah Frimpong, jueza federal de distrito en California, aseguró que es ilegal la detención de migrantes sin ninguna justificación y ordenó que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) desarrolle directrices para que los agentes determinen una “sospecha razonable”.
De acuerdo con el fallo de la jueza, las detenciones de los agentes se realizan basándose en la raza o etnia aparente de una persona, el idioma o su acento; sin embargo, dicha situación no se puede permitir.
En respuesta, Kristi Noem, titular de la Secretaría de Seguridad Nacional de Estados Unidos, rechazó que los agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) conduzcan operativos “inconstitucionales” para detener a migrantes por su apariencia física o acento, y anunció que apelará el fallo de una jueza de California que puso en pausa las redadas itinerantes.
En medio de las disputas legales, las organizaciones civiles denuncian que los agentes de inmigración realizan operativos y acciones para detener a migrantes sin causa probable.
Por ahora, las acciones contra los migrantes continuarán ante la política de contención; sin embargo, miles de personas continuarán desafiando el destino y arriesgándose a buscar mejores condiciones de vida fuera del lugar en el que nacieron. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Online)
Primer año, primeros ajustes
Al cumplir el primer año de gobierno, en septiembre próximo, ya se habla de ajustar el equipo con personajes más operativos y más cercanos a la Presidenta. Estos enroques se analizan cuidadosamente para que no les suceda lo que pasó con Francisco Garduño, quien, nombrado por el expresidente como comisionado de Migración, no se quería salir de la oficina argumentando que el exmandatario AMLO le dijo que no renunciara.
En este contexto, hay un grupo de personajes ligados al Servicio Exterior Mexicano que no dejan de golpear al secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, y señalan que tiene los días contados en ese cargo.
Habría que ver qué decide la Presidenta, porque lo que nos aseguran fuentes de la cancillería es que el exrector está realizando, al pie de la letra, lo que Claudia Sheinbaum le pide, y aunque aseguran que no hay quien le abra la puerta en Washington, en realidad tiene una relación cercana con el secretario de Estado, Marco Rubio, con quien está en contacto de manera directa. Aunque, con un mandatario como Trump, eso no parece ser suficiente. (Alberto González, 24 Horas, México, p. 4)
Apariencias que engañan
Nos platicaron que el encuentro que sostuvieron el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, fue sólo la pantalla para ocultar la verdadera razón de la visita del encargado de la seguridad del país al Senado… Y es que, dicen, en realidad García Harfuch fue a platicar con el líder de los senadores de Morena, Adán Augusto López, quien se ha visto envuelto en señalamientos luego de que detuvieran a quien fue su secretario de Seguridad cuando era gobernador de Tabasco, y que está identificado como líder del grupo criminal La Barredora. ¿Será?
Otra contra migrantes
No se olviden de la DEA, porque ni perdona ni olvida… y si no, ahí están las declaraciones de la Fiscal de EU, Pam Bondi, que dijo que sus “valientes integrantes” están limpiando del “veneno de las drogas” a sus comunidades, y tan es así que ahora aseguraron carfentanilo o el “tranquilizante de elefantes”, droga más potente que el fentanilo, la cual, según los dichos de la funcionaria, la distribuyen los migrantes… Lo que sea para volver a operar a sus anchas en México, se escuchó decir. ¿Será?
Más recursos para pensiones
Nos comentan que activistas de la comunidad migrante en Estados Unidos ya andan poniendo en aprietos al Gobierno federal al pedir la pensión de adultos mayores para los connacionales. Señalaron que es una deuda histórica que tienen con los mexicanos en el exterior. La pregunta del millón ¿De dónde sacarán recursos este año para mantener la política social que ha funcionado a la cuarta transformación?, ya recortaron recursos a dependencias importantes… Esperemos que puedan solucionar primero la deuda del país y luego la deuda histórica con los mexicanos en EU. ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, PÁG. 2)
LOS FUNCIONARIOS del INE pueden sentirse seguros de que nada ni nadie osará entrar sin permiso a sus instalaciones. Cuentan con una jefa de Seguridad con muuucha experiencia. Se trata de Ofelia Sánchez Frías que ha sido muy enérgica a la hora de no dejar pasar a opositores que quieren usar el instituto para manifestaciones.
Y SU CURRÍCULUM no deja duda de su experiencia. Fue suboficial de la Policía Federal desde la época de Genaro García Luna y fue jefa de investigación de Delitos Informáticos en la Fiscalía de Tabasco bajo el gobierno de Adán Augusto López.
¿UNA TABASQUEÑA en el INE? Pues sí. Y quizás ella tenga bastante información que pueda aportar para dar con el paradero de Hernán Bermúdez Requena, el prófugo ex secretario de Seguridad estatal acusado de crimen organizado y que llegó al cargo justamente con Adán Augusto.
A VER SI la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, le permite a Ofelia ir a declarar sobre ese delicado asunto. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
Que contra su costumbre, el presidente de la Junta de Coordinación Política en San Lázaro, Ricardo Monreal, ha estado “de pisa y corre” esta semana, pues lunes y martes fue convocado a largas reuniones de trabajo en Palacio Nacional para revisar las prioridades del próximo periodo ordinario de sesiones, pero también para deliberar con el primer círculo presidencial sobre asuntos delicados como los aranceles, la inminente revisión del T-MEC y la política antimigrante de Donald Trump, entre otros. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
El García Luna de Adán Augusto
Nos cuentan que senadores oficialistas ya están ensayando el discurso para defender al coordinador de Morena en el Senado, Adán Augusto López por la decisión de haber designado en su mandato como gobernador de Tabasco a Hernán Bermúdez Requena como su secretario de Seguridad Pública, y quien es buscado por la justicia por su presunta relación con el grupo criminal La Barredora. La estrategia, nos detallan, se centrará en comparar al tabasqueño con el expresidente Felipe Calderón y decir que el panista nunca rindió cuentas, ni fue citado por el caso Genaro García Luna y por ende el exgobernador de Tabasco tampoco debe ser cuestionado. Sin embargo, nos hacen ver que esta defensa podría ser como escupir al cielo, pues el entonces presidente López Obrador decía, en este mismo caso, que era imposible que un Presidente no estuviera enterado de lo que hacían los miembros de su gabinete. ¿A poco el gobernador Adán no sabía en qué andaba su García Luna Bermúdez? (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
3 Barredora institucional. Hernán Bermúdez Requena no sólo era el secretario de Seguridad en Tabasco, era el Comandante H, operador estrella de La Barredora, célula criminal ligada al CJNG. ¿Quién lo nombró? Nada menos que Adán Augusto López, quien lo ascendió de empresario sin experiencia penitenciaria a jefe policiaco estatal. Bermúdez no arribó solo, llegó respaldado por Adán Augusto. Y, bajo su mando, florecieron el huachicol, la extorsión y las desapariciones. Hoy tiene ficha roja de Interpol y se pasea en Brasilia, mientras su padrino político cobra como senador. ¿Nadie va a pedirle cuentas a quien lo puso ahí? En serio, ¿nadie? (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 13)
Pensión del Bienestar, ¿hasta EU?
Mucho llamó la atención la unión y el acuerdo que lograron ayer Morena, PRI y PAN en la Comisión de Asuntos Migratorios de la Cámara de Diputados, para garantizar que los adultos mayores mexicanos que vivan en Estados Unidos, y en cualquier parte del mundo, tramiten y reciban de inmediato la Pensión Bienestar. Desde la priista Marcela Guerra, hasta la morenista Delia María González, y con el acompañamiento de las panistas Liliana Ortiz y Blanca Gutiérrez, propusieron que quienes vivan sin documentos –principalmente en EU–, así como los que sean residentes y hasta los que tengan la doble nacionalidad, puedan cobrar ese beneficio. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 29)
Karma político
La 4T, en su primero y segundo pisos, le ha sacado raja política al caso de Genaro García Luna, como una forma ideal de golpear a Felipe Calderón que en el 2006 les ganó la presidencia “haiga sido como haiga sido”.
Pero tendrán que cerrar ese depósito de municiones quesignifica García Luna, si Adán Augusto López no sale a explicar con detalle cuál era su relación con Hernán Bermúdez, su secretario de Seguridad en Tabasco y, al mismo tiempo, jefe del grupo delictivo La Barredora.
Ya se dijo que no se le investiga, nadie lo demanda por el momento, pero López no es un político más, fue aspirante presidencial y ahora es jefe del Senado de la República, no pueden hacer como que nada pasa.
Cosas del karma político, Adán tendrá que decir que nunca se enteró de nada, que no se imaginaba que su mano derecha era un gánster. No puede dejar pasar demasiado tiempo, senadores aliados y adversarios ya lo están apurando. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
La compasión consiste en mirar con atención y actuar en consecuencia. —Simone Weil
En la entrega de la semana pasada expuse los principales retrocesos en los derechos humanos de las personas migrantes que representa la aprobación del Big, Beautiful Bill de Donald Trump. En esta columna me centraré en un ámbito menos visible, pero igualmente crucial: el replanteamiento del acceso a los servicios de salud.
El sistema de salud en Estados Unidos funciona mediante aseguradoras. Algunas son completamente privadas; otras reciben subsidios del Estado y exigen ciertos requisitos. Aún así, existía un amplio número de ciudadanos que no podían pagar un seguro privado ni acceder a los seguros públicos. Por ello, el gobierno de Barack Obama impulsó una reforma legal —conocida como Obamacare— que incorporó subsidios federales y permitió pagos individuales a aseguradoras privadas reguladas.
Antes del Obamacare, casi uno de cada seis estadounidenses carecía de seguro médico. En apenas seis años, la reforma redujo esa cifra a la mitad: veinte millones de personas ganaron acceso al sistema gracias a la expansión de Medicaid, los subsidios federales y la inscripción obligatoria. Hoy, cada intento de desmantelar esa política no sólo desatiende cuerpos: borra avances concretos en la historia de los derechos sociales en EU
El llamado One Big Beautiful Bill no sólo pretende levantar muros entre países, sino también entre los pacientes y la atención médica. La ley desmantela pieza por pieza el Obamacare: elimina la inscripción automática (que benefició a más de 10 millones), acorta el periodo de inscripción e impone una burocracia que dejará fuera del sistema a millones. Además, reduce miles de millones en fondos para Medicaid, impone requisitos laborales, duplica verificaciones y aplicará recortes que podrían dejar sin seguro a casi 12 millones de personas para 2034.
En pocas palabras, el trumpismo ha buscado debilitar los tres pilares: reduciendo fondos a Medicaid, amenazando con privatizar Medicare e intentando desmantelar el ACA.
El resultado: primas más altas, menos cobertura y hospitales rurales en crisis. Así, la ley no sólo refuerza un muro físico: consolida uno sanitario, separando los cuerpos que merecen ser cuidados de aquellos que, por no encajar en la narrativa del mérito, deben ser excluidos. Se invierte el principio básico del derecho a la salud: ahora se convierte en herramienta de castigo.
El derecho a la salud implica, en términos básicos, accesibilidad, asequibilidad, calidad y no discriminación. El Big Beautiful Bill vulnera cada uno de estos elementos. Reduce la accesibilidad al imponer requisitos laborales y verificaciones redundantes que excluyen a quienes viven en condiciones precarias o irregulares. Compromete la asequibilidad al elevar los costos y desmontar subsidios. Deteriora la calidad al favorecer planes de bajo costo que no cubren servicios esenciales. Y, sobre todo, rompe con el principio de no discriminación, al condicionar el acceso a la salud a la nacionalidad, el estatus migratorio o la productividad económica. Así, convierte un derecho en un privilegio volátil, fragmentando aún más el paisaje desigual de la atención médica y promoviendo la exclusión.
El Big Beautiful Bill no sólo protege fronteras: sacraliza el cuerpo blanco, sano y productivo como el único digno de atención. La ley es “bella”, sí. Pero como los cuerpos en los campos de internamiento: ordenados, controlados, silenciados.
¿Qué significa hacer del cuerpo enfermo un riesgo legal?
El Big Beautiful Bill no necesita balas: le basta con negar una ambulancia, un tratamiento contra el cáncer o el abastecimiento de medicinas que permiten conservar la vida. Imagino pocas circunstancias más crueles. (Valeria López Vela, La Razón, Mundo, p. 25)
A pesar de la continuidad que ha dado el actual gobierno a la agenda política del anterior, en la relación bilateral con EU no ha gozado del mismo éxito. En el último mes, México ha recibido una ofensiva en varios frentes: aranceles al jitomate, presión legal por narcotráfico, exigencias en seguridad, una carta directa de la Casa Blanca y un pleito con el abogado de un narcotraficante. La estrategia de ajustarse a sus peticiones ya no es tan efectiva. Trump se dio cuenta del poder coercitivo que tiene sobre México y no desea parar; va por más.
El rompimiento del acuerdo comercial del jitomate tiene un simbolismo relevante. Trump impuso un arancel del 17% a un producto que representa más de 2,800 millones de dólares anuales en exportaciones mexicanas. Claudia Sheinbaum restó gravedad con el argumento de que no hay sustituto para el jitomate mexicano. Pero detrás del gesto hay una advertencia: Trump está dispuesto a usar el comercio como palanca política, incluso fuera del T-MEC. La amenaza de aranceles del 30% para agosto confirma que esto va más allá de un diferendo agrícola. El jitomate representa un bien ajeno al T-MEC y un producto crítico para las exportaciones mexicanas.
El segundo frente es la seguridad. El caso de Ovidio Guzmán resurgió por las declaraciones de su abogado, Jeffrey Lichtman. Su acusación es más política que legal, pero fue amplificada por medios afines a Trump. La respuesta presidencial fue inmediata y firme, aunque no logró evitar que la narrativa permease en el debate bilateral.
Lo anterior no abona a las declaraciones que ya había hecho Kristi Noem, jefa de Seguridad Nacional, quien retomó el discurso del “México fallido”. Su apoyo a redadas con perfil racial y su defensa de la militarización fronteriza tensionan aún más el entorno. Acusar al Gobierno de México de incitar a la movilización de los migrantes fue una herramienta demagógica útil para el equipo de Trump.
La carta enviada por la Casa Blanca el sábado pasado exige avances claros en temas donde México no tiene el control total: flujo migratorio, drogas y armas. Es, en los hechos, una hoja de condiciones.
Ante esto, Sheinbaum ha mantenido una posición defensiva. Rechaza la intervención, defiende la soberanía, no ha trazado una estrategia ofensiva ni ha involucrado a aliados estratégicos. Su apuesta parece ser negociar con bajo perfil, confiando en la interdependencia económica. Pero ese cálculo tiene límites.
Lo que está en juego es la relación con Trump, y también la percepción internacional de su liderazgo. ¿Tiene espacio para construir una narrativa propia frente a un socio que impone ritmos, agendas y amenazas? Todas las relaciones atraviesan crisis y para superarlas habrá que recurrir a la comunicación y en que ambas partes cedan, no en la imposición ni la improvisación. (Antonio Michel Guardiola, La Razón, México, p. 13)
En el callejón 1. Las posiciones de Trump y de Sheinbaum parecen confluir. Sólo que en sendos callejones sin salida. Al menos, sin salidas airosas para las partes. Por un lado, para que Trump ‘apruebe’ la “suficiencia” del combate mexicano a los cárteles y con ello levante los castigos arancelarios, Sheinbaum tendría que dar pruebas fehacientes de estar “desafiando” el poder criminal asociado, según Trump, al poder político. Ello implicaría llevar a juicio o a la extradición a personajes del grupo gobernante. Pero, por otro lado, Sheinbaum parece ciertamente dispuesta a negociar todo, menos la entrega a la justicia de algunos de los suyos. Un estrecho callejón sin rutas de escape, al menos por ahora.
Los gajes de la mañanera. En ese callejón pareció verse la presidenta en su gira de fin de semana por Sinaloa y Baja California, de fiesta con sus gobernadores en la mira de Estados Unidos. Y así lo exhibió ella misma al bajar su nivel de interlocución pública: ya no con Trump y su staff, sino con Ovidio Guzmán, reclamándole que pruebe los señalamientos que todavía no hace contra personal del régimen, pero que quizás ella conoce o intuye. Y con un abogado de narcos, exigiéndole, la propia presidenta, primero, disculpas por lo que el defensor dijo de los vínculos de palacio y los cárteles. Y luego corrigiéndose con el anuncio de que lo demandará por sus dichos. Son los gajes, cada vez más gravosos, de la mañanera.
En el callejón 2. Tras meses de trajines CDMX / Washington / CDMX del alto funcionariado mexicano, con todo tipo de propuestas, concesiones, argumentos dirigidos a ‘ablandar’ al equipo de Trump en el tema arancelario, la presidenta lleva semanas anunciando la inminencia de un acuerdo “global”. No por su alcance planetario, sino por ‘englobar’ en un solo instrumento los temas más delicados de la relación bilateral. Pero, a reserva de que se dé a conocer su contenido, podría darse el caso de que el “acuerdo global” no sólo no sea la fórmula para evitar las decisiones unilaterales de Trump en esta y otras materias, sino que con su firma se estuviera formalizando y perpetuando la actual anomalía de la supeditación de los temas comerciales, específicamente los arancelarios, a la calificación unilateral, discrecional de la Casa Blanca —como ahora— sobre el comportamiento de México en materia de combate a los cárteles y en temas migratorios. En otras palabras, por el “acuerdo global”, la exigencia de combatir a los cárteles y a sus asociados en el poder político podría quedar ahora en un instrumento vinculante, de cumplimiento obligatorio para México, sin poder escapar, tampoco en este punto, del callejón sin salida del nuevo, reforzado unilateralismo estadounidense.
Dinámica de la rendición. En esas condiciones, su suscripción no sólo no corregiría la conducta de Trump en las materias incluidas en el acuerdo, sino que podría llegar a entenderse como una rendición al objetivo de la Casa Blanca de liquidar el estatus de integración regional conquistado hace 30 años por México, con Estados Unidos y Canadá, bajo el principio esencial de desarrollar relaciones comerciales libres de imposiciones unilaterales, de barreras ajenas a las normas acordadas y de condicionamientos de orden político, como los que ahora aplica Trump en la región y en el mundo. Sería dejar en el aire —y quizás ése sea el objetivo— el fundamento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC o TLCAN), en vigor desde 1994, renovado e 2018 en el TMEC.
Guajolote en Navidad. Con humor y precisión, el respetado e influyente columnista Manuel Buendía, asesinado en 1984, solía comparar al funcionario que presumía el honor de suscribir un arreglo trascendente, pero ruinoso, con un guajolote que presumiera el ‘honor’ de haber sido invitado a la cena de Navidad. (José Carreño Carlón, El Universal, Opinión, p. A14)

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)

(Kemchs, El Universal, Opinión, p. A14)

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)

(Jabaz, El país de nunca Jabaz, Milenio, Al Frente, p. 3)

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)

(Alarcón, El Heraldo de México, La Dos, p. 2)