Opinión Migración 140825

EU y los derechos humanos: informe grotesco

Estados Unidos presentó esta semana su Informe anual sobre derechos humanos, que en esta ocasión se encuentra marcado por el peculiar enfoque trumpista.

Así, desaparecieron las secciones dedicadas a los abusos contra mujeres, homosexuales y pueblos indígenas, pero se mantuvo el apartado de “antisemitismo”, etiqueta con la que Washington designa y criminaliza cualquier crítica al gobierno de Israel, incluidos los señalamientos sobre el genocidio que desde hace casi dos años perpetra en la franja de Gaza.

En este sentido, destaca que el capítulo sobre Israel pasó de 103 a sólo 16 cuartillas respecto al documento de hace un año, y en él no se hace mención a la tasa de muerte infligida al pueblo palestino.

Los severos recortes en los apartados por país se extienden por todo el reporte, incluso en los casos de las naciones atacadas y calumniadas por la Casa Blanca sin importar el partido gobernante, como Cuba o Venezuela.

En el caso de México, el Departamento de Estado, encargado de elaborar el documento, asegura que existen “reportes creíbles de asesinatos arbitrarios 0 ilegales, desapariciones, tortura, tratamiento cruel, castigo inhumano o degradante”, mientras el gobierno fracasó en investigar y enjuiciar a los responsables, por lo que “la impunidad y tasas extremadamente bajas de enjuiciamientos permanecen como problema para todo tipo de crímenes, incluyendo vulneración de las libertades civiles”. Asimismo, denuncia “el arresto o detención arbitraria, serias restricciones sobre la libertad de expresión y libertad de medios, incluyendo violencia o amenazas contra periodistas y el cumplimiento de o amagos de cargos criminales y civiles para limitar la expresión, así como agresiones contra activistas laborales o integrantes de sindicatos”.

Con independencia de los problemas reales en materia de derechos humanos en México y otros 150 países incluidos en el dosier, la elaboración y publicación de ese documento es uno de los ejercicios injerencistas más cínicos y notorios de la superpotencia. En manos de Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, el informe no sólo conserva el habitual doble rasero al evaluar a los gobiernos según su sintonía ideológica y su subordinación a Washington, sino que se convierte en grotesco por la distancia entre los estándares con que se juzga al resto del mundo y los aplicados en territorio estadunidense.

Desde el regreso del magnate al Despacho Oval, Estados Unidos ha mantenido su título como el mayor violador global de los derechos humanos, y ha lanzado contra sus propios habitantes las arbitrariedades y el abuso de poder que, en general, solía reservar a las víctimas de sus operaciones en el extranjero.

La hipocresía se torna farsa cuando habla de impunidad una administración presidida por un criminal convicto, quien, en lugar de pisar la cárcel, retornó a la presidencia gracias a la complicidad de los ministros que nombró en la Suprema Corte y que usa su cargo para indultar a todo tipo de delincuentes, desde los que lo acompañaron en su intento de golpe de Estado en 2021 hasta defraudadores y asesinos.

Cada día, centenares de personas son detenidas como parte de la cacería humana lanzada por los republicanos contra los migrantes. Lejos de dirigirse a “peligrosos criminales”, que suponen una ínfima minoría de la comunidad migrante, los operativos han seguido directrices racistas para secuestrar a padres de familia, comerciantes, trabajadores, muchos de ellos con estatus legal e incluso con ciudadanía estadunidense. En cuanto a la libertad de expresión, pasa por su peor momento desde el macartismo: el presidente exige logra-que los medios despidan a periodistas y cancelen programas que desagradan al mandatario; las universidades son obligadas a enseñar únicamente lo que se alinee con la ideología del magnate, se equipara la expresión pacífica de las ideas con terrorismo. Los derechos a la salud y a la educación sufren embates sin precedente tanto por el desfinanciamiento como por la imposición de dogmas contrarios al consenso científico.

En conclusión, hoy más que nunca la evaluación de los derechos humanos en el planeta por parte de Washington debe rechazarse como un despliegue injerencista que nada tiene que ver con un interés legítimo por la vigencia de las garantías individuales, y todo con el empecinamiento de intervenir en los asuntos internos de otros países. (Editorial, La Jornada, Editorial, p. 2)

La aldea / La ofensiva americana

Cada semana desde hace meses, Washington emite nuevos ataques, revisiones, cancelaciones y exigencias hacia y en contra de México.

Más allá de la guerra arancelaria, global y generalizada al mundo entero, el presidente Trump quiere someter a nuestro país en una especie de satélite complaciente y obediente.

Bajo el argumento de la seguridad nacional, impuso una serie de medidas fronterizas y exigió al gobierno mexicano otras tantas, para reducir cruces, aceptar deportaciones y resguardar en nuestro territorio a miles de aspirantes a migrantes como un tercer país seguro.

Pero después vino el ataque a tres instituciones financieras mexicanas, dos bancos y una casa de bolsa, que no solo fueron multados, sino canceladas sus operaciones en Estados Unidos, que, en los hechos, representa una herida de muerte. CI Banco, Intercam y Vector Casa de Bolsa fueron señalados y estigmatizados sin elementos de prueba sólidos que acreditaran una conducta financiera ilegal.

Otra línea de hostigamiento ha sido la aviación comercial, no solo por la supervisión y exigencia —válida y sustentada— de incrementar los equipos y condiciones de seguridad en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, sino además, impulsando la ruptura de la alianza comercial entre Delta y Aeroméxico.

Ahora ha sancionado a empresas privadas en Puerto Vallarta dedicadas al Airbnb —renta de inmuebles para vacacionistas— bajo la sospecha de ligas y relación con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Hace unos días anunció autorización abierta al Pentágono para atacar a los cárteles mexicanos, abriendo un enorme y delicado debate para el gobierno mexicano respecto a una invasión militar, una ocupación terrestre, etcétera.

La presidenta Sheinbaum lleva días respondiendo preguntas respecto a una operación militar estadounidense en suelo mexicano.

Para muchos analistas, la estrategia de Washington apunta a dos objetivos. Uno primario es debilitar a México, nuestras autoridades y gobierno, frente a la futura y muy próxima renegociación del T-MEC. Uno segundo, pero más peligroso aún, es sustentar el vínculo de políticos, autoridades y funcionarios del gobierno de México que están ligados al narcotráfico con distintos grupos criminales en diferentes regiones del país. Esto supone un grave punto de tensión entre un país y otro.

Muchos han especulado acerca de la posible solicitud del Departamento de Justicia de Estados Unidos para arrestar y entregar a sus autoridades a esos potenciales servidores públicos sospechosos en el presente o en el pasado de relación y negocios con el crimen organizado.

Hace un par de días, fueron entregados 26 prisioneros mexicanos a autoridades americanas, como un gesto de buena voluntad en la colaboración con la justicia de ese país.

Pero los alcances pretendidos son mucho mayores. Trump habla con frecuencia de tener una zona más segura y eliminar a los cárteles, y a todos aquellos que los han protegido, cobijado, informado y servido para que sus negocios prosperaran por varias décadas.

Para Claudia Sheinbaum este es un punto de quiebre. Me atrevo a afirmar que no tendría inconveniente en detener y entregar a cualquier político priista o panista que la justicia americana requiriera bajo sospecha de colaboración con el narco.

¿Pero qué pasará cuando las pruebas o las órdenes apunten a un morenista?

¿Investigan a Adán Augusto López y sus vínculos con su exsecretario de Seguridad, prófugo de la justicia?

¿Hay elementos sólidos para considerar que el gobierno anterior protegió al Cártel de Sinaloa y a la familia de El Chapo Guzmán? ¿Es solo una suposición sin sustento, por las erráticas decisiones del expresidente López Obrador?

Los extravíos y desproporciones de Trump bien lo pueden conducir a ordenar operativos “quirúrgicos” en Sinaloa, Tamaulipas, Jalisco, Guerrero, Michoacán, Estado de México y tantas otras entidades para atacar, detener, neutralizar y eliminar a criminales.

Muchos en México podrán aplaudir que ¡por fin! habrá operativos frontales contra el crimen organizado. Pero esto es extremadamente delicado, porque incursiones extranjeras podrían provocar enormes daños entre población civil sin distinción alguna.

Trump quiere a un gobierno de México consecuente y obsequioso de sus peticiones y demandas. Sheinbaum ha manejado con extrema cautela y prudencia una compleja, áspera y voluble relación bilateral, tan crucial para México.

Todo indica que se ha establecido un acuerdo en materia de seguridad, sin anunciarlo ni nombrarlo como un plan específico (al estilo Mérida del pasado). Pero es resultado evidente que Omar García Harfuch tiene comunicación, colaboración y entendimiento.

Antier sobrevoló un dron de vigilancia sobre Valle de Bravo, otro enclave de los grupos criminales encubiertos por los políticos mexiquenses.

Nos faltan más de tres años de resistencia, de aguda diplomacia, de discurso fino y colaborativo, sin renunciar a nuestros principios ni soberanía.

Ojalá y la presidenta cuente con los asesores, expertos y diplomáticos más allá del estrecho e improvisado círculo de Morena, para ayudarla a diseñar estrategias de contención. Esto es por México, no por la grandeza de ningún partido ni gobierno. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Opinión, p. 31)

Antes del fin / ¿Y dónde están los migrantes?

En 2023, apenas dos años atrás, las imágenes del tren La Bestia abarrotado de personas recorrieron el mundo. Hombres, mujeres y familias enteras avanzaban hacia la frontera norte con la esperanza de ingresar a Estados Unidos. Muchas lo lograron gracias a mecanismos que ofrecían vías legales y ordenadas: el Temporary Protected Status (TPS), el parole humanitario para Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela, la aplicación CBP One para agendar solicitudes de asilo y el programa “Quédate en México”, que obligaba a esperar en territorio nacional el fallo de las cortes estadounidenses.

En conjunto, estos instrumentos amortiguaron la presión en la frontera y dieron cierta previsibilidad a los flujos migratorios. Sin embargo, con el regreso de Donald Trump en enero de 2025, en pocos meses se eliminaron el parole y el TPS para casi un millón de personas, se redujo drásticamente el uso de CBP One y se reactivaron redadas migratorias internas. El 30 de mayo de 2025, la Corte Suprema respaldó el fin de esas protecciones. Estados Unidos presume que las llegadas irregulares han caído. Pero la pregunta es inevitable: ¿y dónde están los migrantes?

No todos regresaron a sus países. Muchos no pueden hacerlo porque no existen acuerdos de retorno asistido —como en el caso de Cuba, Nicaragua, Haití o Venezuela— o porque las condiciones humanitarias lo impiden. Según la Casa Blanca, México aceptó recibir no solo a sus nacionales, sino también a personas de esas nacionalidades. Ahí comienza el fenómeno que denomino migración residual: personas que quedan varadas, sin posibilidad de avanzar ni de retornar, atrapadas en un limbo legal y laboral. No son tránsito ni destino final; son un remanente humano, invisible en las estadísticas pero presente en calles, mercados y economías locales.

La migración residual tiene rasgos identificables:

  • Permanencia forzada más allá de lo planeado.
  • Integración parcial, casi siempre en la informalidad.
  • Acceso limitado a derechos y servicios, pese a que la Constitución y la Ley de Migración los reconocen.
  • Falta de rutas legales realistas para regularizar su situación, más allá de refugio o vínculo familiar.

Su impacto ya es visible. En Ciudad de México, unas 5 mil personas viven entre albergues y viviendas precarias (estimación oficial, mayo 2025). En Tapachula, más de 14 mil expedientes de refugio esperan resolución, con trámites que pueden prolongarse un año. En la frontera norte, ciudades como Tijuana y Ciudad Juárez reciben constantemente a mexicanos repatriados y a no nacionales devueltos por Estados Unidos.

El problema es que este fenómeno no se mide de forma sistemática. Las cifras disponibles son fragmentarias y no permiten estimar su magnitud real ni anticipar sus consecuencias. Esto deja a los gobiernos locales en una posición insostenible: sin facultades para definir el estatus migratorio, pero obligados a cubrir salud, educación, vivienda y seguridad para una población que crece sin planificación.

La experiencia internacional muestra que, cuando no se reconoce ni se gestiona a tiempo a las poblaciones residuales, el costo social y político se multiplica. Grecia tras la crisis de refugiados sirios e Italia en sus ciudades portuarias son ejemplos claros. La diferencia es que México aún puede anticiparse, siempre que decida medir y actuar.

México necesita un sistema nacional de medición de migración residual que integre datos de COMAR, INM, gobiernos locales, organizaciones civiles y organismos internacionales. Este sistema debe identificar nacionalidad, estatus legal, tiempo de permanencia, inserción laboral, habilidades y vulnerabilidades. Con esa base, se pueden diseñar políticas realistas: regularización temporal, vinculación laboral formal y estrategias de integración local.

ANTES DEL FIN

No es un debate de “perjuicio” o “beneficio”. La migración residual implica riesgos: presión sobre servicios locales, crecimiento de la informalidad y exposición a violencia, pero también oportunidades: capital humano capaz de cubrir déficits laborales, generar consumo formal y dinamizar economías regionales. Invisibilizar a estas poblaciones es un error estratégico. Sin medición ni planificación, los costos se multiplican.

Los migrantes no han desaparecido; siguen aquí. Ignorarlos es renunciar a gestionar una realidad que ya nos habita. Dimensionarlos hoy evitará que la migración residual se convierta en la próxima crisis social y económica de México.

“No todos regresaron a sus países. Muchos no pueden hacerlo (…) porque las condiciones humanitarias lo impiden”

“Los migrantes no han desaparecido; siguen aquí. Ignorarlos es renunciar a gestionar una realidad que ya nos habita” (Nadine Cortés,El Financiero, Opinión, p. 32)

Ruiz-Healy Times / Con el “terrorismo” como pretexto, Trump aumenta la presión

Las últimas medidas de EU contra México parecen más un instrumento de presión política que simples acciones de seguridad.

El lunes pasado, el Departamento de Estado actualizó su advertencia de viaje para México: mantuvo al país en nivel 2 (ejercer mayor precaución), pero seis estados quedaron en nivel 4 (no viajar): Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas y Zacatecas. Añadió una advertencia de terrorismo que hasta hace poco no se asociaba con nuestro país.

EU refuerza así la tendencia a tratar a ciertos cárteles como organizaciones terroristas extranjeras (FTO). No obstante, según la ONU, académicos y la ley mexicana, el terrorismo implica fines políticos, ideológicos o religiosos y no como la mayoría de los actos de los cárteles, que tiene fines económicos: proteger rutas, controlar territorios, eliminar rivales o disuadir autoridades.

Existen excepciones: el ataque con granadas en Morelia en 2008, el uso de explosivos improvisados contra fuerzas de seguridad o asesinatos de candidatos para influir en elecciones. En esos casos sí hay intención de intimidar a la población o alterar decisiones de gobierno. No obstante, la violencia cotidiana responde a una lógica criminal.

En cambio, EU clasifica como terrorismo cualquier acto violento cometido por una FTO, sin importar su motivación. Así, un ataque de un cártel contra un convoy rival, que en México sería homicidio y delincuencia organizada, EU lo considera terrorismo.

Ayer, el Departamento del Tesoro sancionó a cuatro personas y 13 empresas ligadas al CJNG por fraudes inmobiliarios de tiempo compartido en Puerto Vallarta, calificándolos como terrorismo financiero y actuando junto al FBI, la DEA y la UIF de México. Las sanciones congelan activos en EU y prohíben a sus ciudadanos y empresas realizar transacciones con los sancionados.

Mientras tanto, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum muestra avances internos. En la mañanera del lunes pasado, el secretario de Seguridad Omar García Harfuch reportó una reducción del 25% en homicidios diarios, cierre de laboratorios clandestinos, decomiso de miles de armas y toneladas de droga. Ese mismo día, México extraditó a 26 presuntos criminales más a EU, sumando 55 en lo que va del año, un indicador de cooperación judicial que contradice la narrativa de Donald Trump.

Más que coincidencia, estas acciones combinadas —alertas, sanciones, acusaciones y extradiciones— muestran cómo seguridad, crimen y corrupción se entrelazan en una estrategia diplomática con fines políticos claros y dirigidos desde la Casa Blanca. Entre ellos destacan: justificar acciones unilaterales contra cárteles mediante su catalogación como “terrorismo”, lo que crea el marco para intervenir militarmente o lanzar operaciones encubiertas en México bajo el argumento de defensa propia; capitalizar políticamente en EU con una retórica de mano dura que moviliza a su base electoral y desvía la atención del escándalo Epstein y de problemas internos y; presionar a México mediante concesiones en migración, control fronterizo y comercio, incluso dentro del T-MEC.

Hasta ahora, Claudia Sheinbaum no se ha dejado intimidar: ha mantenido su estrategia y sus prioridades, dejando claro que la política interior de México no se define en EU. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)

Antropoceno / ¿Mejor irse de México?

Millones de campesinos empobrecidos conocieron ese momento terrible, mezcla de frustración y de esperanza, cuando, por fin, se decidieron a dejar el país. Cogieron un morral, se bebieron un café de olla en la madrugada y agarraron pa’l norte. Ocurrió masivamente en los años 90, después de que las importaciones de granos, por el TLC, desestabilizaran al campo mexicano.

Ha sucedido en las últimas décadas en ciudades asoladas por el crimen organizado. Se fueron muchos que recibieron amenazas; quienes presenciaron un asesinato; quienes sufrieron un secuestro. Yo también me iría si de sobrevivir se tratara.

Pero hoy escribo de otros migrantes. Ésos a los que no les creímos. Unos que han sido poco estudiados y que corresponden a una frase cliché que pocas veces tomamos en serio: “Si gana Morena, me voy del país”. De clase media y alta. La frase, parecida a un chantaje, la pronunciaron algunos en 2018. Otros cuantos en 2024. Y la mayoría, obvio, no se fueron. Aquí siguen quejándose de la política, de la inseguridad y de la economía.

Pero conozco cuatro familias mexicanas que decidieron migrar a Canadá, entre 2018 y 2025, aunque no vivían en medio del fuego de la narcoguerra, ni fueron víctimas de un secuestro. Me intrigan y, por eso, respetuosamente, escribo sobre ellas.

En dos de esos casos, el factor fueron los padres y su miedo al “comunismo”, al “socialismo”. Tanto temor tenían de que ganara López Obrador que, cuando ocurrió, los hijos no esperaron a ver lo que hacía, emprendieron la huida.

En otro caso, el motivo fue aspiracional, seguir mejorando generación tras generación. Pero el catalizador para partir, tristemente, fue la reducción de la pobreza en México, bajo el argumento de que “lo que el clientelismo le está regalando a la gente ‘gratis’, se lo están quitando a la clase media que sí le echa ganas”. Aclaro que no comparto esa idea. Hasta el más humilde mexicano paga el IVA y, por lo tanto, tiene derecho a recibir los programas sociales que le corresponden.

Finalmente, al cuarto caso que conozco le fue mal en la feria (mucho trabajo y poco reconocimiento), sumado a un íntimo desprecio contra los “arribistas”.

¿Están equivocados esos migrantes? Personal y subjetivamente creo que sí, lo cual no es sorprendente, pues si yo opinara de otro modo ya estaría tramitando visas. Pero sólo el tiempo podrá decir si tenían razón, si México se convertirá en un país más pobre, inseguro y autoritario. O al revés. O mejorará en algunos aspectos y empeorará en otros.

No ignoro que, hoy, 40 personas desaparecen al día en el país. Al mismo tiempo, veo a mi alrededor a gente luchando para salir adelante, no a “zombis adormilados por las dádivas del Gobierno”, como diría la derecha. La semana pasada disfruté enormemente conviviendo con mexicanas de Hermosillo, Morelia, Querétaro y otras ciudades más, dentro del Encuentro Nacional de Capoeira. Amigos de barrios fifís y de colonias populares. Lo armamos en un teatro del Estado y dentro de un nuevo parque (Parcur, en Chapultepec). Estuve tan contento que no resistí pensar: “¡Qué chido país! ¿Por qué algunos privilegiados se van?”. (Bernardo Bolaños, La Razón, México, p. 6)

Pulso Político / “Decisión soberana”, envío de capos: CSP

El traslado de 26 capos e integrantes de organizaciones criminales a Estados Unidos fue una decisión soberana por la seguridad de México y no a petición del gobierno de Donald Trump, declaró la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la mañanera, aun cuando poco después, en conferencia de prensa del Gabinete de Seguridad que encabezó Omar García Harfuch, en Palacio Nacional, mencionaría que también fue a solicitud de EU, como se anticipara en el comunicado emitido la víspera.

También comentó que autoridades mexicanas y estadounidenses acordaron que no se aplicaría pena de muerte a ninguno de los presuntos criminales, pero sí se les impondrá cadena perpetua, aun cuando algunos, como Abigael González Valencia, El Cuini, cuñado de Nemesio Oseguera, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, tras su traslado, se declarara “no culpable” ante un Tribunal de Justicia de Estados Unidos, como seguramente lo harán otros en un intento de no pasar el resto de sus vidas en prisión.

En respuesta a la pregunta de que, si la entrega de los 26 delincuentes a Estados Unidos fue una extradición, el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, explicó que no, que fue hecha bajo el artículo V de la Ley de Seguridad Nacional, así como lo estipulado en la Convención de Palermo y que, si hubiera alguna otra solicitud en el futuro, si es procedente, se cumplirá también, pero tiene que haber una solicitud de un gobierno debidamente fundada.

De nueva cuenta, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos aplicó sanciones a personas y empresas de México vinculadas al Cártel Jalisco Nueva Generación en ese estado, al que califica de “brutalmente violento”, ahora por fraudes de tiempos compartidos en Puerto Vallarta y lugares cercanos.

Por cierto que, nuevamente, el Departamento de Estado de EU, al actualizar su alerta a sus connacionales que deseen viajar a México, incluyó, además de hechos delictivos como homicidios, secuestros, robos de vehículos y asalto en carreteras, el de “violencia terrorista”.

Ahora fue la titular del INE, Guadalupe Taddei, quien se pronunció contra la desaparición de los Organismos Públicos Locales Electorales, OPLE, que propone la Presidenta Sheinbaum para la reforma electoral, por lo que dijo que habrá que esperar el diagnóstico de ésta, ya que las funciones de aquéllas y el organismo que preside están diferenciadas en lo estatal y federal.

El próximo presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz, aseguró que llegará a ese cargo sin compromiso con ningún partido político. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)

Gracias a Trump

Qué vergüenza. La lucha contra la criminalidad, la corrupción y la impunidad en México no la está encabezando la presidenta de México, sino el presidente de Estados Unidos. Sucede que los ciudadanos que disentimos de la 4T hemos de estar agradecidos con el nefasto Trump, quien aparece ahora como el único valladar capaz de contener las torpes acciones y las sospechosas omisiones de la camarilla que en hora mala se apoderó de nuestro país. Muy bien usó el periódico Reforma la palabra “ofrenda” para calificar la entrega que Sheinbaum hizo a la justicia americana de 26 narcotraficantes mexicanos.

En efecto, tal acto tuvo toda la apariencia de un sacrificio hecho por un feligrés a su deidad, o por un vasallo a su señor. La Presidenta, víctima de su propio régimen, se debilita, en tanto que la imagen del amarilloso ocupante de la Casa Blanca se fortalece tanto en su país como en el nuestro. Los actos de corrupción cometidos por mexicanos no son descubiertos aquí, sino en la nación vecina, y de allende el Bravo viene la esperanza de que las cosas mejoren, no de nuestro gobierno, sometido visiblemente a los dictados del caudillo, atento sólo a la conservación y perpetuación de su poder. Lo dicho: qué vergüenza…

Procuraré en seguida atenuar ese sonrojo con el relato de algunas lenes historietas humorísticas. Del escritor latino Marcial decían sus coetáneos: Castigat ridendo mores. Riendo critica las costumbres… Doña Jodoncia leía en la cama un artículo sobre liberación femenina. Se volvió hacia su consorte, don Martiriano, y le preguntó en tono de reclamo: “¿Por qué tú nunca me has tratado como objeto sexual?”…

El marido se acercó al lecho de su esposa y le dijo con sugestivo acento: “Voy a hacerte la mujer más feliz del mundo”. Replicó ella, conmovida: “¡Gracias! Aunque tu ausencia hará seguramente que te extrañe los primeros días”… Aretusa había enviudado hacía poco, y fiel a las tradiciones de su pueblo vestía de riguroso luto. Una amiga le dijo: “Te veo muy flaca”. Explicó ella:

“Es que el negro me adelgaza”. Le aconsejó la amiga: “Pos cámbialo por uno blanco, porque ese hombre te va a dejar en los puros huesos”… Nalguera. Tal era el nombre de la pequeña ánfora de cristal llena de tequila, brandy o ron que los bebedores acostumbraban llevar en el bolsillo trasero del pantalón, para cuyo efecto la tal anforita tenía ligeramente curvo uno de sus lados. Sucedió que un temulento o beodo iba trastabillando por la calle, en estado de embriaguez completa y con su nalguerita en el bolsillo de atrás. Perdió pisada y cayó de sentón en las baldosas. Se levantó como pudo, y sintió que un líquido le corría pierna abajo.

Exclamó lleno de zozobra: “¡Dios mío! ¡Que sea sangre!”… No tienen fin las desazones conyugales de la esposa de Chinguetas. Hace unos días el tarambana llegó a su domicilio cuando iban a dar ya las 8 de la mañana. Le preguntó, airada, la señora: “¿Por qué vienes a esta hora?”. Respondió el cínico sujeto: “Por el desayuno”… Don Poseidón fue a la granja vecina a comprar un toro semental. Lo acompañó doña Holofernes, su mujer.

El dueño del tal toro lo ponderó: “Es muy bueno. Puede cumplir su deber tres o cuatro veces seguidas”. Doña Holofernes oyó eso y le dio un codazo a su marido al tiempo que le decía por lo bajo con intencionado acento: “¿Ya ves?”. Atufado, molesto, don Poseidón le preguntó al granjero: “Oiga: eso de tres veces, cuatro veces seguidas ¿es con la misma vaca o con vacas diferentes?”. Respondió el hombre: “Es con vacas diferentes”. Don Poseidón, entonces, le dio un codazo más fuerte aún a su señora y le dijo con rencorosa voz: “¿Ya ves?”… FIN. (Catón, Reforma, Opinión, p. 9)

¿Atacará Trump a los cárteles?

La presunta orden secreta del Presidente estadounidense, Donald Trump, para que las Fuerzas Armadas de su país estudien opciones militares para atacar a los cárteles de la droga en México podría transformarse en un error desastroso.

Lejos de frenar el narcotráfico, convertiría a los involucrados en héroes populares en muchas zonas, y los fortalecería. Incluso algunos de los ex asesores de línea dura del Mandatario me han comentado que una invasión unilateral o una embestida con drones de Estados Unidos, sin el consentimiento de México, sería un gravísimo error.

Entre otras cosas, provocaría una ola de nacionalismo que beneficiaría a los narcos mexicanos.

John Bolton, quien fue asesor de seguridad nacional de Trump, me lo dijo sin pelos en la lengua en una entrevista reciente: una ofensiva de Washington a los cárteles en México “no tiene ningún sentido”.

Bolton reconoció que se debe hacer algo para combatir el tráfico de drogas, pero pensar que Estados Unidos puede resolver este problema sin la ayuda de México es “una fantasía”, me señaló.

Si el republicano lo intenta “empeorará las cosas”, agregó.

Trump envió al Pentágono una orden secreta en la que pidió opciones para atacar a los cárteles que su Gobierno ha clasificado como organizaciones terroristas, informaron The New York Times y NBC News el 8 de agosto.

Funcionarios de Was-hington confirmaron que el Presidente considera todas las posibilidades, aunque aún no hay nada decidido.

No me sorprendería que todas estas noticias sobre una posible acción militar provengan de filtraciones de la Casa Blanca para presionar a México a que conceda una luz verde para un ataque, presentándolo luego como una operación conjunta.

Pero si Trump se decide a actuar por su cuenta, los resultados podrían ser contraproducentes por tres motivos. Para empezar, como me explicó Bolton, una incursión estadounidense sin la venia de México podría hacer que los cárteles se vuelvan más populares.

Los narcos ya se han comprando la lealtad y protección de mucha gente en sus comunidades. No es casual que se hayan popularizado los “narcocorridos” que glorifican a los capos de la droga. Una agresión de Estados Unidos haría aumentar su apoyo.

En segundo lugar, cualquier ación unilateral de Washington desataría una reacción en México.

La Presidenta Claudia Sheinbaum se vería bajo una enorme presión para romper los acuerdos de cooperación antinarcóticos y de migración con los estadounidenses.

Sheinbaum ya ha aumentado los decomisos de fentanilo y los controles en la frontera en respuesta a presiones de la Casa Blanca. Pero ha dicho que una acción militar desde Estados Unidos está “absolutamente descartada”.

Y en tercer lugar, quizás lo más importante: una ofensiva militar de Trump no ayudará a reducir el narcotráfico mientras su nación siga siendo la principal consumidora de drogas del mundo.

Guadalupe Correa-Cabrera, directora del Centro de Terrorismo, Crimen Transnacional y Corrupción de la Universidad George Mason, me indicó que Trump tiene un diagnóstico equivocado. Si sigue habiendo demanda de drogas en Estados Unidos, seguirá existiendo la oferta, afirmó.

Incluso si matan a algunos jefes de cárteles, éstos se dividirían en grupos más pequeños y seguirán operando. Son redes que se adaptan y sobreviven.

“Los cárteles ya no son estructuras verticales, como en los días de Pablo Escobar”, me señaló.

Lo más probable es que la orden secreta del Mandatario al Pentágono buscara simplemente que le dieran todas las opciones posibles, y que no veremos ninguna invasión inmediata.

Pero no me sorprendería que en el futuro decida ordenar un ataque contra México. Trump es un maestro de la distracción. Es un experto en tapar las malas noticias de ayer con una declaración escandalosa o una acción inesperada que capte los titulares, y desvíe la atención para que todo el mundo pase a hablar de otra cosa.

De manera que si las cosas se ponen feas en Estados Unidos, por ejemplo si aumenta la inflación por los aranceles, o si recrudece el escándalo político sobre el fallecido financiero Jeffrey Epstein, el republicano podría sentirse tentado de lanzar una acción militar como una maniobra de distracción.

Su base de seguidores nacionalistas y antimigrantes lo aplaudiría, pero cualquier ataque unilateral de Washington terminaría ayudando a los narcos. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)

¿Viene la invasión?

A raíz de la publicación del New York Times, “Trump incorpora al ejército de EU en la campaña contra los cárteles de la droga” (08/09/25), donde afirma que Trump firmó “una orden ejecutiva secreta para combatir militarmente a los cárteles en el mar o en el extranjero”, las alarmas se prendieron en los países latinoamericanos.

El gobierno mexicano, por su parte, desplegó toda una colección de frases “nacionalistas”, ya repetidas anteriormente, llegando al extremo la presidenta Claudia Sheinbaum de deletrear el himno nacional en plena conferencia mañanera, como una especie de exorcismo ante la imaginaria invasión estadounidense.

Un hecho: la Casa Blanca ha estado acumulando amplia información acerca del funcionamiento de los grupos delictivos en México y sus relaciones a nivel internacional con otros grupos. Esos datos históricos son usados tácticamente en función de coyunturas específicas y en la correlación de fuerzas para las “negociaciones”, que más bien son imposiciones disfrazadas de acuerdos.

Los aparatos de inteligencia estadounidense hoy se aprovechan de los múltiples pactos hechos en el sexenio de López Obrador, que fue disfrazada con su política de “abrazos no balazos” y permitió la fortificación de las rutas del narco tratando de llegar a una especie de pax narca.

En esta frágil negociación la presidenta Sheinbaum y su grupo de seguridad han intentado calmar a Trump con entregas de múltiples capos, y otros 26 en las últimas horas, como una ofrenda de “colaboración” para disminuir la presión por la detención de los narco-políticos, mayoritariamente morenistas, y que están detectados por el gobierno norteamericano. La ingenuidad o desesperación es patética.

Trump navega como “buen vecino” y exhibe periódicamente la debilidad del gobierno mexicano frente a los cárteles y continúa su política agresiva en migración. Al mismo tiempo, practica las atrocidades con los draconianos centros de reclusión, la militarización de la frontera y redadas contra latinos en sus centros de trabajo teniendo atemorizada a la población.

Hoy la mira está puesta en las alianzas que se hicieron con el narco. La presidenta lo sabe y son algunos de sus compañeros de partido. Atención, no veremos tanques y aviones en territorio nacional, sino presiones, bloqueo de visas y hasta extracciones selectivas y precisas.

Empezarán con presidentes municipales y gobernadores, aunque el objetivo estratégico es el jefe de todos ellos, el habitante VIP de Palenque. Esta es la invasión que puede venir y con ello caerán muchas máscaras. De poco servirá entonar el Himno Nacional y envolverse en la bandera. (Pedro Peñaloza, El Sol de México, Análisis, p. 22)

Cartones

Justicia Americana

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(Obi, Reforma, Opinión, p. 8)

Rebajadota

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(Galindo, El Universal, Opinión, A15)

Confesiones peligrosas

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(Rocha, La Jornada, Política, p. 5)