Discuten el destino de lo recaudado en el sorteo de la Lotería Nacional
Nos cuentan que en el Servicio Exterior Mexicano está en marcha un debate sobre los recursos que serán destinados a la protección de los mexicanos en Estados Unidos, por medio del sorteo especial de la Lotería Nacional, “México con M de Migrante”. Por un lado están los trabajadores de los consulados que quieren incrementos salariales para cumplir con sus funciones en territorio estadounidense, mientras que hay otro grupo que los acusa de querer vivir como reyes. Veremos cómo se resuelve esta discusión en la Cancillería para que se aproveche de la mejor manera lo recaudado y se refleje en una atención adecuada a los mexicanos que viven bajo los retos de la segunda era de trumpismo. (Bajo Reserva, El Universal, Nación, p. A2)
Olivia Salomón, Directora General de Lotenal
Lo recaudado por la venta de los “cachitos” de lotería para el Sorteo Especial no. 303, “México con M de Migrante” será destinado, íntegramente, a fortalecer la estrategia de apoyo a los connacionales en EU. La prioridad es cubrir las fianzas de los paisanos detenidos por ICE (Sube y baja, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
The Washington Post reveló ayer que, en las primeras semanas del nuevo gobierno de Donald Trump, la Administración de Control de Drogas (DEA) sugirió perpetrar ataques militares en territorio mexicano, entre los que se incluían asesinatos selectivos de presuntos líderes de cárteles y la destrucción de infraestructura que, a juicio de la agencia, fuera usada por el crimen organizado. La intervención armada en México fue promovida por el entonces director interino de la agencia, Derek S. Maltz, quien se expresó “totalmente a favor” de atacar los laboratorios de producción y a los cabecillas de los grupos criminales, pero fue descartada por la Casa Blanca y el Departamento de Defensa, ahora renombrado Departamento de Guerra.
Aunque la información del rotativo no resulta sorprendente, reafirma el carácter de la DEA como uno de los organismos del gobierno estadunidense más propensos al injerencismo, la violación abierta de la legalidad internacional, la aplicación extraterritorial de la ley, las ejecuciones extrajudiciales y otros excesos inaceptables en un estado de derecho.
El impulso de la agencia para que Washing-ton violara la integridad territorial mexicana y llevara adelante operaciones militares ilegales en nuestro país ratifica una vez más el acierto de la reforma a la Ley de Seguridad Nacional enviada al Congreso por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador en diciembre de 2020. Dicha iniciativa estableció la obligación de los agentes de otros gobiernos y de las embajadas acreditadas en México cuyo personal realice actividades en materia de seguridad nacional de poner en conocimiento de las autoridades mexicanas la información que se alleguen en el ejercicio de sus funciones, con lo que puso fin al libertinaje con que se manejaron los espías estadunidenses durante las administraciones neoliberales, el cual alcanzó niveles escandalosos en el calderonato.
La DEA nunca perdonó al ex mandatario que haya terminado el uso de México como patio trasero para sus actividades encubiertas, las cuales no redundaron en ninguna disminución del trasiego de estupefacientes y, por el contrario, se dieron en un marco de complicidad con Genaro García Luna, a quien hoy las autoridades estadunidenses mantienen preso por tráfico de cocaína. Por ello, los intentos de agresión revelados ayer deben entenderse en el marco del continuo golpeteo político con que la agencia busca debilitar a los gobiernos de la Cuarta Transformación con el propósito de recuperar sus capacidades para actuar arbitrariamente en persecución de objetivos que nada tienen que ver con el combate a los cárteles.
En momentos en que Washington ya ha presumido el hundimiento de tres embarcaciones en las cercanías de Venezuela y el asesinato de sus tripulantes sin aportar prueba alguna de que se encontraran cometiendo algún delito o pertenecieran a algún grupo criminal, es imperativo insistir en que matar a personas por su supuesta participación en el tráfico de drogas, sin hacer intento alguno por detenerlas, procesarlas y demostrar su culpabilidad no es una forma de aplicación de la ley, sino la puesta en práctica de la piratería imperial y un crimen en sí mismo que merece una condena tajante por parte de todo gobierno, organismo multilateral, organización de la denominada sociedad civil e individuo comprometido con la vigencia de las leyes y el respeto a los derechos humanos.
Desde México, es urgente revisar la relación con la DEA y evaluar la pertinencia de poner en pausa toda colaboración con la agencia en tanto no se comprometa de manera explícita y creíble a conducirse con apego a las leyes mexicanas y dejar de lado la mentalidad neocolonial que guía sus acciones. (Editorial, La Jornada, p. 2)
Empecemos por lo más básico: la violencia política es injustificable. Y hay que denunciarla, venga de donde venga.
El asesinato del activista conservador Charlie Kirk en una universidad de Utah nunca debió ocurrir. Pero ocurrió y su funeral es este fin de semana. Su asesinato se realizó en un momento de grandes divisiones en Estados Unidos, con polarización, con mucha desinformación en las redes sociales y los algoritmos empujándonos a nuestras trincheras ideológicas, y con más armas que personas.
Muchos no estaban de acuerdo con la manera de pensar de Kirk -desde su rechazo al aborto y el apoyo irrestricto al uso de armas hasta sus críticas a los inmigrantes y a las personas transgénero- pero este activista conservador tenía todo el derecho de decir lo que quisiera. Y lo hizo. Hasta que lo silenciaron en un acto de absoluta cobardía y crueldad. Más allá de sus ideas, tenemos que reconocer que su método se basaba en el diálogo y el debate. Se metía a las universidades, ponía dos micrófonos en lugares públicos y argumentaba con cualquiera, sin ningún tipo de censura. Podía uno estar o no de acuerdo con él, pero no se le podía criticar de estar cerrado a un intenso intercambio de ideas.
Me enteré del asesinato de Kirk por dos adolescentes de 15 y 16 años que me textearon y me dijeron: “This is a big deal”. Tenían razón. A pesar de sus ideas tradicionalistas, Kirk tenía millones de seguidores en las redes sociales y en su podcast. Su argumento era que los jóvenes estadounidenses eran mucho más conservadores de lo que sugerían las encuestas. Y los buscaba con mucho éxito.
El terrible asesinato de Kirk, lejos de promover un momento de reconciliación nacional, ha desatado un cruce de acusaciones entre demócratas y republicanos. Apuntan vagamente a la “ultraderecha” y a la “ultraizquierda” de la racha de atentados contra políticos de ambos partidos. El centro, el punto de encuentro, ha desaparecido.
El gran temor es que este tipo de violencia política se siga propagando en Estados Unidos. Y desafortunadamente hay dos condiciones que favorecen la polarización y el salvajismo: la desinformación en las redes sociales y la proliferación de armas.
En un país donde hay más pistolas, rifles y ametralladoras que personas, es muy fácil matar. Cualquier conflicto, prejuicio o trastorno mental se puede convertir en una masacre o una tragedia con un arma de fuego al alcance. No hay mucha ciencia en el argumento de que con menos armas habría menos muertos. Pero este es un debate cerrado en Estados Unidos y casi nadie se atreve a tocar -o a restringir- la Segunda Enmienda de la Constitución. Así, continuarán los tiroteos en las escuelas, universidades, iglesias y lugares públicos.
Además, internet nos está comiendo. Está inundado de mentiras, desinformación y de bots. Con la inteligencia artificial es difícil saber lo que es cierto y lo que es mentira. Todos dudamos constantemente de lo que leemos online y en las redes sociales. Particularmente cuando los ya famosos algoritmos nos alimentan con contenidos afines a nuestras ideas y nos alejan de puntos de vista distintos. Vivimos en burbujas. Esto ha creado una sociedad de opuestos. Y no hay nada más peligroso que ver a tu vecino, al inmigrante o al miembro del otro partido político como tu enemigo.
Desinformación, odio y armas forman una combinación explosiva.
Por muchos años se trató de convencer a las grandes empresas tecnológicas de vigilar y regular sus plataformas para evitar contenido falso y peligroso. Pero todos los esfuerzos fracasaron estrepitosamente. Ahora la responsabilidad de diferenciar entre los datos y las mentiras es de nosotros.
Parte de la solución está en tratar de convertir a todos en una especie de periodistas amateurs, comprobando que la información que utilizamos en las redes sociales sea verídica, revisando nuestras fuentes, basándonos en datos y evitando la difusión de mentiras, rencores y teorías conspirativas. Ante las dudas, más periodismo.
Charlie Kirk fue asesinado por un joven cargado de odio, malinformado y con acceso a un arma de fuego. El reto está en evitar una espiral de violencia política en Estados Unidos. Pero las cosas que escucho y veo no me dejan dormir. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 8)

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 10)