La enorme dimensión de contagios por el Covid-19 que se avecina en México impone la necesaria corresponsabilidad gubernamental y social. No va a existir nivel de gobierno que tenga los recursos y capacidades suficientes por sí mismo para atender la emergencia.
Ante la emergencia, lo más conveniente es avanzar hacia un formato de acción adecuado para cada municipio conforme a sus necesidades específicas. No es lo mismo un municipio con alto riesgo de contagio, con rápida propagación del virus, que uno de medio riesgo u otro de baja tasa. También son diversos las fuentes de contagio para cada localidad. No es igual vivir en Tijuana – con San Diego como fuentes más probable de diseminación- que residir en algún municipio de la sierra de Puebla, donde el hilo de contagio tendrá otras características. (Tonatiuh Guillén López, Reforma, Opinión, 9)
¡Qué necio es el Presidente! Las autoridades sanitarias emitieron una recomendación para que todas las personas usen cubrebocas en lugares públicos, pero Donald Trump ya dijo que no lo hará. ¿O en quién estaban pensando? (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
Que la clase empresarial espera disposición y apertura del presidente Andrés Manuel López Obrador para escuchar sus propuestas sobre la economía nacional en los tiempos de emergencia sanitaria, sobre todo después de la reunión de jueves con los representantes de las cámaras y la cena ese mismo día con su equipo asesor en la materia, además de que la próxima semana tiene agendadas citas, el lunes con el Consejo Mexicano de Negocios, y el martes con el Grupo de Los 10, es decir los empleadores más importantes de Nuevo León. Esos encuentros dan un mensaje de tranquilidad. (Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
Muy al estilo de Carlos Salinas con el PRD en la década de los noventas, Andrés Manuel López Obrador “ni ve ni oye” a los empresarios que reclaman apoyos fiscales para enfrentar el tsunami socioeconómico provocado por el coronavirus y de este modo salvar empleos.
Y es que no les fue muy bien a los dirigentes de los organismos empresariales que el jueves se reunieron en Palacio Nacional con el jefe de la Nación. Salieron sin un “compromiso” para diferir el pago de impuestos. Tampoco lograron la prórroga de seis meses que plantea el sector privado para la declaración anual.
La reiterada negativa del Presidente a hacer ajustes en su estrategia económica, salpicado de ideología, llevó a un grupo plural de 28 notables mexicanos, ninguno de la Cuarta Transformación, a escribirle una “carta abierta” en términos muy respetuosos.
En la parte final le piden al Presidente que convoque, a la brevedad, a los principales actores económicos y sociales para construir un acuerdo nacional para superar la crisis. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Es momento de demostrar que la manera más eficaz para golpear al Presidente es hacerse creer que existe una inconformidad generalizada con su gobierno. Lo anterior por la supuesta carta que un militar escribió al Presidente y que sitios como La Silla Rota se encargaron de difundir, independiente a lo que de suyo hicieron las redes sociales.
Las fuerzas armadas no están para reclamar, en primer lugar, porque justo se encuentran en un momento donde todas las energías, recursos, ideas, ánimo, atención, protección y defensa, se centran en combatir al covid-19. En segundo lugar, porque los militares no reclaman en esa forma, es decir con cartas que demuestran insatisfacción o bien sentimientos de ofensa por lo que el Presidente haga, o deje de hacer. (Juan Ibarrola, Milenio Diario, Política, p. 9)
Barones: crece fuga de capitales// Larrea: ante todo, congruencia
En estos tiempos de emergencia nacional, cuando es necesaria la solidaridad, la protección de la casa y el esfuerzo de todos para sacar al país del barranco, da gusto saber que los barones mexicanos ocupan el primer lugar latinoamericano en lo que a fuga de capitales se refiere: alrededor de 76 mil millones de dólares (equivalentes a cerca de 2 billones de pesos al tipo de cambio actual) suman los depósitos de esos angelitos acostumbrados a remitir sus frondosas utilidades al sistema financiero estadunidense (y a uno que otro paraíso fiscal) y a estirar la mano en tiempos de crisis para exigir todo tipo de apoyo, rescate y salvamento a costillas de los dineros de la nación (de sus fortunas no sacrifican ni un centavo), al tiempo que cancelan empleos por no tener con qué enfrentar ese gasto. (Carlos Fernández – Vega, La Jornada, Económica, p. 18)