Poco afortunado, por decir lo menos, resultó el comentario que hizo ayer en Twitter el titular del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, Jenaro Villamil.
Tras el tiroteo en una tienda en El Paso, Texas, escribió: “La sociedad norteamericana está enferma de su dependencia a las armas” y utilizó la etiqueta #walmartshooting que era la tendencia mundial número uno.
El tuitazo generó reacciones entre tuiteros, desde los que le dijeron que en México también hay balaceras, pero del crimen organizado, hasta quienes le hicieron ver lo fácil que es meter armas ilegales de EU a nuestro país.
Pero quizás lo que más sorprende es que el encargado de los medios del Estado suelte esos mensajes sin explicar si son opiniones personales o una postura oficial del gobierno al que pertenece y representa. Y no, no es una cuestión de libertad de expresión, es de claridad en la definición. (F. Bartolomé, Reforma, p. 8)
Fuera de la ley. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, retó a los huachicoleros a no delinquir y estos reaccionaron en Hidalgo, enfrentando a las autoridades y tratando de impedir, junto con parte de la población, el aseguramiento de cuatro vehículos cargados de huachicol, que después de un tiroteo, les fueron decomisados. Si otras administraciones permitieron el robo de combustible, ésta no: se les acabó. En el municipio de Tlaxcoapan, policías estatales y personal de la Sedena replegaron a los agresores y recuperaron lo robado. Hurtan a todos los mexicanos, así que no son bien vistos: ¿lo entienden? (Excélsior, p. Principal 9)
Que la Procuraduría General de Justicia de Ciudad de México ya identificó al segundo autor material del asesinato de los israelíes Benjamin Yeshurun Sutchi y Alon Azulay, ocurrido en un restaurante de la plaza comercial Artz, en la zona del Pedregal, hace un par de semanas. Se trata del hombre que, junto con Esperanza “N”, vinculada a proceso por el doble homicidio, disparó contra las víctimas y aparece en un video cuando logra huir segundos después de cometer el crimen. La Policía de Investigación ya se dio a la tarea de localizar al sujeto. (Milenio Diario, p. 2)
La veintena de víctimas fatales que produjo ayer un tiroteo masivo en un centro comercial de El Paso, Texas, engrosa la desmesurada cifra de personas que pierden la vida por atentados de este tipo en Estados Unidos. Apenas el pasado lunes 29 de julio, David Brooks, corresponsal de La Jornada en ese país, contabilizaba este año 247 ataques armados contra civiles en distintos puntos del territorio estadunidense llevados a cabo por uno o más tiradores cuya característica común –además de su agresividad– es su juventud. En efecto, la nueva masacre, que vendría a ser la número 248, habría corrido por cuenta (según informaciones todavía fragmentarias) de un joven de 21 años, aparentemente detenido por la policía local.
Las estadísticas eventualmente pueden variar; lo que permanece inalterable es el hecho de que ni la recurrencia de las matanzas ni la escandalosa cantidad de muertos y heridos que dejan, son suficientes para que los sucesivos ocupantes de la Casa Blanca decidan adoptar alguna medida que al menos les permita ejercer mayor control sobre el nutrido armamento que inunda EU. El verbo inundar no es exagerado: en esa nación hay 88.9 armas por cada 100 habitantes, y el número de armerías establecidas formalmente en todo el país ronda los 130 mil. A esos negocios deben sumárse los vendedores informales y las transacciones originadas en los llamados gun shows (espectáculos de armas) que se celebran en los estados más permisivos, donde coleccionistas y acaparadores aprovechan para mercar sin control su mortífero arsenal. (La Jornada, p. 2)
El sociólogo especialista en migración, Carlos Soledad, escribe en su artículo: “Si me preguntaran qué es la cárcel, os respondería sin dudar que es el basurero de un proyecto socioeconómico determinado, al cual arrojan a todas aquellas personas que molestan dentro de la sociedad: por eso la cárcel alberga principalmente pobres…” Así la definió Xosé Tarrío, quien cumplió 17 años de prisión en el Estado español, 12 de los cuales fueron de aislamiento. Protagonizó múltiples fugas y motines. En 1987, lo encerraron para que cumpliera una pena de dos años, cuatro meses y un día por un pequeño robo que realizó para mantener su adicción a las drogas; adicción que abandonó a medida que fue tomando conciencia a través del proceso de autoformación política una vez recluido. Esos dos años y cuatro meses se convirtieron finalmente en 71 años de penas firmes. Murió el 2 de enero de 2005 y se convirtió en un símbolo del movimiento anticarcelario. (Carlos Soledad, La Jornada, p. 13)
La sabiduría popular sostiene que el ser humano es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Idea acertada; tropezamos muchas veces y caemos otras tantas. Ignoro el origen del término, no ignoro su universalidad: ver el mundo para confirmar. No sé si Marx lo escuchó, pero, la fiase que da inicio al 18 Brumario de Luis Bonaparte, “La historia ocurre dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”, amplía la visión de la nunca despreciable sabiduría popular.
Las palabras de una y otra idea se entrelazan. Ser testigo de la realidad contemporánea da cuenta no sólo de la contumacia humana, sino de su desdén hacia la realidad y el menosprecio propio de nuestra especie hacia la vida, hada las calles de la vida y con los vecinos.
Verdades y mentiras siempre han sido ingredientes de la humanidad Es veraz la idea que sostiene que debido a la celeridad contemporánea nos enteramos más rápido de cualquier suceso; en ese contexto también debería ser cierto contar con elementos suficientes para diferenciar entre verdad y mentira. El culmen de este fenómeno es el culmen de un suceso impensable hace dos y medio años: el ascenso, la permanencia y la posible continuidad cuando Trump finalice su primer período presidencial. Según el Washington Post, desde que inició su nueva chamba como Rey —las cifras son del 7 de junio—, faltó a la verdad en 10,796 ocasiones. (Arnoldo Kraus, El Universal, p. Nacional 13)
La nueva corporación de seguridad pública, ha comenzado desplegarse en las zonas más conflictivas del país, incluyendo a la Ciudad de México. Aún y con los serios contratiempos, destacando las muestras de protesta e inconformidad de algunos integrantes de la Policía Federal, así como una serie de prejuicios por partes varios analistas y segmentos de la opinión pública, la Guardia Nacional tiene como principal reto, hacer sentir a la ciudadanía, la vuelta de la tranquilidad y certeza en un desarrollo sostenido por la plena vigencia del Estado de derecho.
En particular, la presencia de integrantes de la Guardia Nacional en 9 estaciones del Metro durante los días de la semana que concluye, llamó con razón la atención. Las críticas a las revisiones aleatorias a bolsas, mochilas y otro tipo de contenedores, sirvió de argumento -incluso aludiendo al artículo 16 de la Constitución, para señalar una supuesta ilegalidad en dichas acciones. No deja de sorprender, que ante la histórica peor situación de violencia criminal en décadas, se pretenda desde esas posiciones minimizar la atmósfera de miedo que se vive en buena parte del país. (Javier Oliva Posada, El Sol de México, p.17)