Rosario Robles: 5 mil millones // Zebadúa, operador en la mira // ¿Y los demás peñistas? // Chimoltrufio Fox y su seguridad
Rosario Robles Berlanga decidió ir personalmente ante un juez para cumplir con la primera diligencia relacionada con el sistema de saqueo de la riqueza pública conocido como la estafa maestra. Pudo haberse hecho representar por su defensor jurídico, el penalista Julio Hernández Barros, invocando presuntas o reales violaciones procesales y un clima adverso que podría intimidarla o retraerla.
Pero no se acogió a tal posibilidad de elusión y, tal como había hecho saber con toda oportunidad, llegó a las oficinas judiciales del Reclusorio Sur para iniciar un camino que podría significarle una sentencia de años de cárcel, una exigencia de resarcimiento de miles de millones de pesos y una mancha imborrable en su carrera política llena de sobresaltos y acusaciones desde 2000, cuando fue jefa sustituta de Gobierno, relevada por el ganador capitalino de aquel año, Andrés Manuel López Obrador, quien arrancó en aquella fecha la acometida contra una izquierdista en proceso de pasar a filas contrarias. (Julio Hernández López, La Jornada, Opinión, p.8)
En septiembre de 2008, hace 11 años, dos granadas fueron detonadas en medio de la población que celebraba la Independencia. Ocho muertos y más de 100 heridos, según las cifras oficiales. Un acto terrorista que México no había visto.
En 2010, conocimos que el diputado Julio César Godoy, pariente del gobernador, estaba en los mejores términos con La Tuta, le decía tío, pues; al líder del grupo delincuencial que tenía azotado por la violencia Michoacán. Trabajaba con o para él. ¿Por cierto, dónde anda Julio César?
En 2012 llegó a la gubernatura Fausto Vallejo. Conoceríamos que su hijo, también tenía una buena relación con La Tuta. Vallejo dejó la gubernatura por un problema médico y fue nombrado gobernador interino Jesús Reyna, quien terminaría acusado formalmente de tener nexos con el crimen organizado. (Carlos Puig, Milenio, Opinión, p.2)
El gobierno mexicano está en camino de infligirse, y de infligirle al país, un daño económico y político comparable a su clausura del nuevo aeropuerto, un daño que podría ser definitivo en la destrucción de la poca confianza que el gobierno tiene ya, por desgracia, en los mercados y entre los inversionistas.
Me refiero a los litigios de la Comisión Federal de Electricidad, de cara a sus contratos firmados con distintas empresas para la construcción de siete gasoductos, prácticamente terminados, que podrían duplicar la oferta de gas del país. (J. Jesús Ángel M. Milenio, Opinión, p.3)
En el siglo XIX, el presidente mexicano carecía del poder que tiene hoy. Muchas veces debía de luchar contra la Cámara de Diputados o la propia Suprema Corte, donde se encontraban sus oponentes políticos, interesados en quitarlo de la silla presidencial.
Los gobernadores, en esa época tan turbulenta, podían hacer o deshacer una presidencia. En parte porque la mayoría eran generales al mando de columnas dispuestas a seguirlos a la batalla, en parte porque su control poblacional era imprescindible para ganar una elección. Su papel era fundamental en la vida política mexicana.
En el siglo XX, los gobernadores, miembros del partido hegemónico, veían las elecciones como su trabajo principal. Debían mantener el poder local en sus manos para mantener el poder nacional. La operación electoral era primordial; en un segundo lugar venían las preocupaciones de gobernar. Así se garantizaba el flujo de dinero. (Esteban Illades, Milenio, Opinión, p.3)
Un cuarto de siglo sin visión geopolítica. El último presidente que esbozó sobre su mesa un proyecto de México en el mundo fue Carlos Salinas de Gortari, anatema de la clase política.
Salinas abrió las ventanas hacia el mundo de un país etnocentrista donde a la sustitución de importaciones se le vinculaba con el orgullo nacionalista. El Estado fabricaba palomitas en los cines que administraba (operadora Cotsa), incentivaba a fabricantes de bicicletas chafas y controlaba la telefonía. Sobre la OCDE y los tratados de libre comercio, nada se sabía.
En los sexenios de los presidentes Zedillo, Fox, Calderón, Peña y López Obrador (en sus primeros ocho meses), los planes de política exterior a largo plazo dejaron de existir. (Fausto Pretelin Fausto Pretelin, El Economista, Opinión, p.35)
Uruapan se despertó el jueves con un carnaval de muerte. Cadáveres mutilados, desmembrados, con señas de salvaje tortura. Cachos de humano en bolsas. Cabezas sin torso y torsos sin extremidades. Cuerpos usados como tétrico adorno en pasos peatonales. Mantas firmadas por presuntos delincuentes, jactándose de la matazón.¿Qué es esto? ¿Qué pasó? Van algunos apuntes rápidos:
El otro día, un muy querido amigo y colega me hizo llegar este mensaje:
“A la detención de Juan Collado, más como pivote de la mafia del poder que como criminal consumado, se suma en este periodo el citatorio para Rosario Robles. La FGR filtra que la quiere vincular a proceso por la Estafa Maestra. Van por ella. Y reviven, vaya ironía, su denuncia contra Carlos Ahumada por extorsión. Van por él también. El presidente López Obrador balconea, no con mucha claridad, a Vicente Fox como deudor del fisco y él no niega. Collado, abogado y operador central de Carlos Salinas de Gortari, amigo de Diego Fernández de Cevallos; Ahumada, Rosario y hasta rasponcito a Fox. Todos, relacionados con los videoescándalos del 2004. Lo suyo no es la venganza, afirma el presidente”.
Me dejó pensando. No tengo elementos para decir que todo esto es una maquinación desde Palacio Nacional para cobrar saldos políticos pendientes. No lo veo tan diáfano como lo ve mi amigo. Voy más allá: no lo creo. Pero no son tiempos en que haya que descartar nada, mucho menos cuando hemos visto en las conferencias mañaneras el abierto uso del poderoso aparato del Estado para la intimidación de los que sencillamente se atreven a contradecir al presidente (y eso que no son sus enemigos históricos, ni se empeñaron en impedir su victoria electoral). (Carlos Loret de Mola, El Universal, Opinión, p.5)
La próxima elección de la nueva dirigencia del PRI tiene varias particularidades que la hacen muy especial y que, vista con objetividad, podría ser promisoria sólo a condición de que la dirija la persona indicada.
Con un siglo en el escenario nacional y muchas décadas como partido cuasi único-hegemónico-dominante-mayoritario-opositor, el PRI ha hecho y ganado todo y, por el desgaste del ejercicio del poder, no es poco lo que ha perdido.
Uno de sus factores fundacionales fue su ideología, vinculada al espíritu y los objetivos de la Constitución y de la Revolución. Sobre esa base, recreada con un discurso de promesas y de no pocas realizaciones, se mantuvo por años. Pero al abrazar el neoliberalismo, con el que se polarizó la sociedad entre ricos y pobres, cayó en el descrédito. (Óscar Mario Beteta, El Universal, Opinión, p.8)