NO ES por fomentar el sospechosismo, pero todo indica que el canciller Marcelo Ebrard no está siendo claro con los mexicanos sobre la renegociación del T-MEC con Estados Unidos y Canadá. De entrada, ¿estamos en una renegociación de la cual no han informado? Porque hasta hace unos días, el acuerdo estaba concluido y sólo esperaba el visto bueno del Capitolio.
PERO AHORA resulta que los norteamericanos están pidiendo más y más y más cambios, ante un subsecretario Jesús Seade, que cual mesero, fue les tomó la orden y la trajo ayer a los senadores mexicanos para que la cocinen al vapor. Tan es así que el “cuarto de junto”, el de los asesores por parte del empresariado, ya se quejó de que no están siendo tomados en cuenta por la Cancillería.
QUIENES traen el pulso del Consejo Coordinador Empresarial comentan que al interior del organismo están inquietos porque, justo en esta etapa crítica, los están ignorando.
Y, PARA COLMO, del lado del Legislativo lo que hay es un “cierre de filas” que en los hechos se traduce en un cheque en blanco, acrítico y, más bien, sumiso. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
El embajador que avergonzó a la 4T.- Todo indica que el gobierno de la autodenominada 4T tendrá que demostrar que las escaleras sí se están barriendo de arriba hacia abajo en materia anticorrupción y promoción de la honestidad. El vergonzoso caso del embajador de México en Argentina, Ricardo Valero Recio Becerra, quien fue descubierto, y grabado en video, cuando robaba un libro de una librería de Buenos Aires, tendría que acabar en su cese, incluso con notas de baja deshonrosa. Ayer el propio canciller Marcelo Ebard aseguró que habrá cero tolerancia a la deshonestidad, y que de comprobarse la veracidad de los hechos, el diplomático será separado del cargo. Nos dicen que las evidencias son demoledoras y que la situación de Valero es muy complicada. Sin embargo, aseguran que lo embarazoso del caso podría ser capitalizado por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, para que sea él, personalmente, quien dé a conocer el cese del embajador que, según la información difundida en Argentina, robó un libro con un costo menor a los 200 pesos mexicanos. Nos hacen ver que fue la 4T quien rescató a Valero Recio y aseguran que cuenta con la simpatía del Presidente, lo que podría hacer aún más efectivo el mensaje de que no se tolerará el robo. (El Universal, Nación, p. 2)
Con honores. Jesús Seade, subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte, y el líder de la bancada de Morena, Ricardo Monreal, protagonizaron un papel de excelencia en las negociaciones finales del T-MEC. En momentos en los que era necesario mostrar firmeza en peticiones y exigencias para consolidar un tratado que lleva ya demasiado tiempo en la mesa, el par de funcionarios lo logró. Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, destacó la actuación del subsecretario y el acierto del senador, por haber impulsado que el Tratado se aprobara primero en México, antes que en Estados Unidos y Canadá. Una jugada maestra que cerró las posibilidades de grandes cambios. Monreal se dice optimista, pues las negociaciones mejoran. Sólo el ventarrón de las elecciones en EU modificaría el escenario. Pero los pronósticos no ven más nubarrones. (Excélsior, Nacional, p. 17)
QUE la reunión que sostuvieron los senadores de diversas fracciones con los secretarios de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y de Economía, Graciela Márquez Colín, fue calificada de ejercicio inédito. En la encerrona solicitada por el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal, los enviados del Ejecutivo expusieron las demandas solicitadas por Estados Unidos en el tema del T-MEC y escucharon los planteamientos de las bancadas. (Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
T-MEC, momento de decisión.- El gobierno de la 4T se juega mucho con la aprobación del T-MEC. Hubo un tiempo en que lo trataron con desdén, pero una vez que personajes como Ebrard, Seade y Herrera calibraron su importancia, AMLO dio luz verde para buscar con todo la firma.
La visita dominical de los mandos de la cancillería y de Economía al Senado de la República muestra que hay alerta total. Ahí estaban con ropa causal Ebrard, Seade, Monreal y Gabriela Márquez.
Firmar el T-MEC abre la posibilidad de que las inversiones se reanuden, se creen empleos y la actividad económica salga de su actual estancamiento. No firmarlo es abrir un periodo de incertidumbre, que suele ser tóxica para los empresarios. Los norteamericanos, al tanto de los apuros mexicanos, buscan presionar para lograr concesiones de última hora para el acero y el aluminio. El T-MEC ser tema central de la mañanera de este lunes. (La Crónica de Hoy, Opinión, p. 3)
El embajador y el libro.- El que está en verdaderos aprietos es el embajador de México en Argentina, Oscar Ricardo Valero Recio Becerra, luego de que fuera exhibido el video en el que presuntamente intenta robar un libro en Buenos Aires. Las imágenes corresponden a las cámaras de seguridad de la librería El Ateneo, y en ellas se aprecia cómo el diplomático entra al establecimiento, se dirige a un anaquel, toma un ejemplar, lo coloca en medio de un periódico y después aparentemente de comprar otros libros, sale del lugar. Los hechos corresponden al 26 de octubre, pero fue ayer cuando el canciller Marcelo Ebrard activó al Comité de Ética de la Cancillería para que revise el caso y le ordenó al embajador regresar a territorio mexicano. Sería gravísimo que un funcionario de ese nivel fuera hallado culpable por algo así. (La Razón, La Dos, p. 2)
El gobierno de México tomó un enorme riesgo al ir a rescatar a Evo Morales hasta Bolivia y traerlo a nuestro país para darle casa, comida y sustento. El periplo mismo lo dice todo. Hubo momentos en el viaje de regreso en los que nadie, ni siquiera los altos mandos de la Fuerza Aérea, sabían bien a bien qué estaba pasando, cuál sería la siguiente escala.
Ya en México el boliviano abusó de la hospitalidad brindada. Se sirvió con la cuchara grande. Utilizó a México para seguir haciendo grilla boliviana. Ignoro si incurrió en una falta reglamentaria para los refugiados, pero lo cierto es que le valió que su activismo tuviera un costo político para el gobierno anfitrión que lo salvó de la muerte. Es ingrato.
El otro día, coincidiendo con la visita del Fiscal General de EU a nuestro país, Evo resolvió seguir viajando y dicen que se fue a Cuba. No se sabe por cuánto tiempo ni si piensa regresar. Mientras tanto, el gobierno mexicano volvió a pagar la factura política de la versión que todavía circula de que Trump exigió la salida del boliviano a cambio de retrasar la clasificación de las bandas mexicanas del crimen organizado como organizaciones terroristas, lo que abriría de par en par las puertas a una intervención directa de fuerzas especiales gringas. ¿Hubo tal negociación? (Juan Manuel Asai, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 2)
Evo en fuga.- No terminaba de irse de México el fiscal general de los Estados Unidos, William Burr, y ya Evo Morales dejaba su privilegiado asilo político en México para volar a Cuba, supuestamente para hacerse estudios médicos (como si en México no hubiera medicina especializada). En realidad, es que Evo, con pedido de captura de la Interpol, sintió que su situación en México comenzaba a deteriorarse por el malestar que generó en Estados Unidos, no su asilo en México, sino por la forma en que fue recibido, alojado, elogiado y apapachado por las autoridades.
El gobierno federal acertó en otorgar asilo a Evo, pero se equivocó en muchas otras cosas.
La primera y principal al considerar su caída como un golpe de Estado. No lo fue y la OEA en su informe final sobre los comicios fraudulentos que provocaron la caída de Morales, ratifica que las elecciones no fueron legítimas, como lo no lo había sido ni siquiera su participación en esos comicios. Prácticamente, ninguna democracia del mundo calificó lo sucedido en Bolivia como un golpe de Estado. Quedamos en el mismo tren que Cuba, Nicaragua, Rusia y Venezuela, a ese bloque al que en estos días se sumará, a medias, Argentina, decidimos pertenecer. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 14)
Nuestro embajador en Argentina, ladrón, y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, cómplice por su silencio.
El acto vergonzoso del embajador Óscar Ricardo Valero Recio Becerra fue narrado el fin de semana por Claudia Peiró en Infobae.
El pasado sábado 26 de octubre, el máximo representante del gobierno mexicano ante Argentina visitó una de las librerías más bellas del mundo, El Ateneo de Buenos Aires. A las 13:30 horas la policía recibió una llamada a través del 911: “Un hombre había sido acusado de hurtar un libro y el personal de seguridad lo retenía en el lugar”, publica Infobae.
Valero escondió en un periódico una biografía de Giacomo Casanova y lo resguardó en un casillero a la entrada de la librería. Después, se dirigió a la zona de CD’s, eligió algunos y los pagó, recogió lo que intentaba robar y un detector electrónico sonó a su salida de la librería. (Fausto Pretelin, El Economista, Geopolítica, p. 41)
Un nuevo capítulo en las relaciones México- Estados Unidos se escribió la semana pasada con la visita a nuestro país del fiscal William Barr para hablar del tráfico de armas, de drogas y de otras cositas.
Sobre los dos primeros temas no hubo nada nuevo; lo relevante fueron las otras cositas, entre ellas la solicitud del presidente de México a Donald Trump, de que reculara en su decisión de declarar a los cárteles de la droga en México como organizaciones terroristas. “A petición de un hombre (maravilloso había dicho unos días antes) que me agrada y respeto y que ha trabajado muy bien con nosotros, presidente Andrés Manuel López Obrador, detendremos temporalmente esta designación e iniciaremos esfuerzos conjuntos para combatir decisivamente a estas crecientes organizaciones”, afirmó Trump, no sin antes aclararle que “todo el trabajo para declarar terroristas a los carteles mexicanos está hecho, y estamos listos para hacerlo”. (Luis Soto, El Heraldo de México, País, p. 10)
Aunque oficialmente el canciller Marcelo Ebrard aseguró en entrevistas a medios que “México no le ofreció nada a Trump a cambio de no designar a los cárteles mexicanos como terroristas”, fuentes del gobierno federal aseguran que el presidente López Obrador sí hizo compromisos para aumentar el combate a los capos del narcotráfico y, en particular, las autoridades nacionales aceptaron al menos dos “peticiones” del fiscal William Barr: la primera, acelerar la extradición y entrega de Rubén Oseguera González, El Menchito, actualmente preso en Hermosillo, y la segunda, aceptar la integración de una “unidad especial” de búsqueda e inteligencia coordinada por los dos países, con inteligencia estadounidense y marinos mexicanos, que empiece una “cacería” para atrapar al narco mexicano más buscado por el FBI y la DEA: Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Los nombres de los dos narcotraficantes mexicanos fueron puestos sobre la mesa por el fiscal Barr, quien según las fuentes gubernamentales, fue directo en transmitir las peticiones del presidente Donald Trump, bajo el argumento de que tanto Oseguera Cervantes como Oseguera González, son parte de los “objetivos prioritarios” que el gobierno de Estados Unidos tiene en su lista que ubica al CJNG como una de las cinco organizaciones más peligrosas para la seguridad de su país, y en contra de la cual, los Departamentos de Justicia, de Estado y del Tesoro de EU declararon desde octubre de 2018 un operativo especial que incluye “una serie de medidas para atacar y desmantelar” a la organización criminal trasnacional a la que le documentaron la compra de 100 millones de dólares en lingotes de oro para lavar dinero, además de que la acusan de traficar muchas toneladas de cocaína, metanfetaminas y heroína con fentanilo a Estados Unidos, además de ser responsables de miles de muertes en México. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 15)
El entramado institucional creado como consecuencia de la Iniciativa Mérida se ha ido deshilachando gradualmente con el paso de los años. Los contactos de alto nivel se han vuelto menos frecuentes y la colaboración en el terreno se ha vuelto más compleja por la reconfiguración del sector seguridad en México.
En específico, hay dos problemas. En primer lugar, hay confusión sobre los objetivos de la política mexicana en materia de combate al crimen organizado: ¿existe una política de persecución de cabecillas de las bandas criminales? ¿Hasta donde está dispuesto a colaborar México en la “neutralización” de personajes como Nemesio Oseguera o los hijos del Chapo Guzmán? Las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador y del secretario de Seguridad Alfonso Durazo sobre un supuesto vuelco estratégico (y el fin de la política de descabezamiento de bandas criminales) se ven contradichos por eventos como el ocurrido en Culiacán hace dos meses. Decir una cosa y hacer lo contrario no contribuye a despejar dudas.
En segundo lugar, no está claro para los estadounidenses quién es el interlocutor principal en México en materia de seguridad. El secretario Durazo no ha querido o no ha podido asumir ese rol, y, sobre todo, no ha sido empoderado para tal fin por el presidente López Obrador. El canciller Ebrard ha asumido un papel importante en la interlocución con los estadounidenses, pero no tiene brazo operativo en México y las agencias de inteligencia siempre han sido reacias a trabajar con la Secretaría de Relaciones Exteriores. La Fiscalía General de la República es ahora un ente autónomo que no representa al gobierno. La Marina, el actor institucional favorito de las agencias estadounidenses, está replegada. Queda la Sedena, pero la relación de esa dependencia con los estadounidenses ha sido tradicionalmente difícil. (Alejandro Hope, El Universal, Nación, p. 14)
En la vida pública, como en las relaciones personales, cuando se pierde la confianza es casi imposible restablecerla, salvo que haya un cambio radical en las conductas que llevaron a romperla. Tal es el caso de empresarios, consumidores y el presidente, por más que cada día se tomen fotos juntos y digan “vamos a echarle ganas”.
No puede restablecerse la confianza porque el gobierno manda señales de que ha extraviado por completo la ruta del desarrollo y se aferra a ocurrencias que no generan progreso. El pesimismo es generalizado en sectores clave de la vida productiva del país. Lamentablemente, hay fundamentos para estar preocupados.
Como los ingresos del gobierno han sido menores a los esperados en este año, tiene que echar mano de 149 mil 598 millones de pesos (de acuerdo con el Reporte de Finanzas Públicas de la Secretaría de Hacienda) del Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios (FEIP), que le dejaron administraciones anteriores y se creó para atender emergencias graves. Bueno, estamos en emergencia grave porque el gobierno no tuvo dinero para acabar el año, pues se le cayó la recaudación, y echa mano de 150 mil millones de pesos del FEIP. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 48)
La idea de declarar terroristas a los narcotraficantes mexicanos trae un alud de consecuencias que, resultan tan atrayentes como preocupantes para los mexicanos, podría convertirse en la piedra angular de las relaciones México-Estados Unidos.
Sin ingenuidad hay que considerar que, en el contexto de la política norteamericana, la declaración del presidente de Estados Unidos Donald Trump podría ser simplemente una estrategia de campaña, es sabido que la “mexican piñata”, se ha traducido en mucho apoyo para el presidente Trump, el asunto podría no pasar de una mera ocurrencia política.
Más allá del chovinismo nacionalista, las posibilidades de intervención que abre esa declaración ponen los pelos de punta a más de uno en nuestro país. Desde este lado de la frontera los problemas de seguridad publica se multiplican, que el estado mexicano parece quedarse sin respuestas ante los embates de los criminales. (Eliseo Rosales Ávalos, El Economista, El Foro, p. 54)