Sacuden la Comisión de Víctimas.- Nos dicen que muy apurados están los funcionarios de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV). Nos cuentan que ayer tuvieron una larga reunión con el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas; reunión larga y tendida para revisar los números de esa dependencia no sólo en cuanto a víctimas atendidas, sino al estado de las finanzas y el manejo que se dio a los recursos. Nos dicen que quieren dejar todo listo para que la dependencia inicie con el pie derecho la gestión del nuevo comisionado que está en vísperas de ser seleccionado. Hay que recordar que la mala administración de los recursos públicos fue una de las críticas que organizaciones sociales hicieron a esta institución cuando Jaime Rochín estuvo al frente, una historia que la Cuarta Transformación tendrá que investigar y, si es que sucedió, evitar que se repita. (El Universal, p. 2)
Los recientes tiroteos contra grupos de personas en sitios públicos han hecho ver la urgencia de hacer algo contra el inusitado aumento de la posesión de armas entre los ciudadanos de Estados Unidos. Una carta firmada por 214 integrantes de la Conferencia de Alcaldes Estadounidenses demanda a los miembros de su Senado que regresen de inmediato de su receso de verano y se pongan a trabajar ya en el análisis y aprobación de dos proyectos de ley para endurecer el acceso a armamento por parte de la ciudadanía. Tales iniciativas pasaron ya por la aprobación de la Cámara Baja y ahora toca su turno hacer lo propio al Senado.
“Nuestra nación ya no puede esperar a que nuestro gobierno federal tome las medidas necesarias para evitar que las personas que no deberían tener acceso a las armas de fuego puedan comprarlas”, se precisa en un párrafo de la misiva que se hizo llegar en primer lugar a Mitch McConnell, coordinador de la mayoría republicana en el Senado estadounidense, así como al líder demócrata Chuck Schumer. (Editorial, El Universal, Opinión, p. 12)
Sin duda, esta semana fue ensombrecida por el horror y el error. Horror, porque no podemos dejar de sentirlo cuando la mañana del jueves pasado aparecieron los cuerpos de 19 hombres, torturados, mutilados y algunos colgados en puentes vehiculares de Uruapan, Michoacán.
Error, que las autoridades encargadas de la seguridad en ese estado anuncien el hecho como algo normal. Error es también esperar a que sea la Guardia Nacional quien solucione de inmediato los males que aquejan a ese bello estado.
Hasta hoy, en este horror hay 14 detenidos por la Secretaría de Marina. Horror, por los 22 muertos en El Paso, Texas, de los cuales 18 son hispanos y de ellos ocho eran mexicanos, sin olvidar los 24 heridos. A pesar de que no sucedió este hecho en México, el error viene a cuento por el jodido empoderamiento que muchos mexicanos tienen de manera equivocada, es decir, el horror de El Paso es producto de quien cree poder hacer justicia por mano propia; eso es precisamente el error que se vive en nuestro país. (Juan Ibarrola, Milenio Diario, p. 17)
Si bien ya de por sí son macabras las imágenes de la masacre de Uruapan, lo que resulta verdaderamente estremecedor es que dejan al descubierto que la realidad en Michoacán es muy diferente al discurso triunfalista de Silvano Aureoles.
En las redes sociales se volvió viral la imagen de un vendedor de hamburguesas laborando a unos metros de los cadáveres desmembrados y debajo de los cuerpos colgados del puente, como prueba de que la inseguridad y la violencia son cosa de todos los días en la vida de los michoacanos.
Pero lo más grave es que, según ha trascendido de las investigaciones, detrás de la masacre de 19 personas está la disputa entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y la banda de Los Viagras, que pelean el “mercado” de las extorsiones a empresarios y aguacateros.
Es decir, hoy todos voltean a ver hacia Michoacán por el multihomicidio, cuando en realidad la tragedia se vive a diario en ese estado. (Reforma, Opinión, p. 8)
Que entre halago y halago, el presidente Andrés Manuel López Obrador aprovechó la presencia del director del Seguro Social, Zoé Robledo, en su gira por Durango, para aplicar un par de banderillas a algunos de sus adversarios políticos y a otro que cayó de su gracia en fechas recientes, Germán Martínez, a quien aludió cuando dijo que los últimos directores del IMSS “no han sido tan buenos”.
Después habló de los títulos del ex subsecretario de Gobernación, pero omitió mencionar la institución en la que obtuvo la licenciatura en Ciencias Políticas, el ITAM (“nadie es perfecto”, ironizó), que ha visto pasar en diversos grados a personajes como Pedro Aspe, Francisco Gil Díaz, José Antonio Meade, Felipe Calderón, Luis Videgaray, Josefina Vázquez Mota y Luis Carlos Ugalde, entre otros. (Milenio Diario, p. 2)
Dando y dando… México tomó nota ante las amenazas de Donald Trump, sobre “descertificar” al país por incumplir la lucha contra el narcotráfico y recordó que la legislación estadunidense no tiene efectos sobre México. La SRE aseguró que “refrenda su compromiso para seguir cooperando en el combate a la producción y tráfico de estupefacientes, bajo marcos de colaboración bilaterales y multilaterales” con Estados Unidos y recordó que, aunque seguirá las líneas que marcan los acuerdos internacionales y las recomendaciones de este memorándum, “México no tiene obligaciones legales de cumplirlo”. Dijo que el tráfico de armas y el lavado de dinero dificultan erradicar el narcotráfico y pidió que los países de la región también combatan estos aspectos, a la vez que agradeció a EU su disposición para frenar el trasiego de armas hacia México. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 9)
Listo desde una perspectiva histórica, el concepto de guerra fría parece admitir tres significados distintos. El primero, acaso el más evidente, se refiere a los dispositivos de la guerra misma. La proliferación de bombas nucleares a finales de la década de los 40 trajo consigo un dilema hasta entonces desconocido: si dos potencias nucleares chocaban entre sí, el resultado más probable sería la destrucción mutua –incluso si una de ellas contaba con un arsenal menor. El estallido de una pequeña bomba nuclear en Nueva York sería tan fatal como el de una bomba mayor. Hay historiadores que explican así el hecho de que, por primera vez en la historia moderna –es decir, desde el siglo XVI– transcurrieron ya 70 años sin que las grandes potencias se confrontaran directamente. Sus contradicciones se dirimirían desplazando sus tensiones hacia países menores (y no nucleares). Una práctica que seguimos observando en el terrible conflicto que asola en la actualidad a Siria. (Ilán Semo, La Jornada, Opinión, 16)