México: 50 años en crisis // Medio siglo a la deriva
México –el mundo en general– vive tiempos extremadamente difíciles, en los que de la mano se tomaron rotos con descosidos, el hambre con las ganas de comer. Recesión económica –que se advertía desde mediados de 2018– y una crisis sanitaria de proporción espeluznante.
El presidente López Obrador debe marcar una diferencia: privilegiar el diálogo, cuidar el empleo de millones de trabajadores y el bienestar de sus familias. El único mecanismo para lograrlo es mantener vivas a todas las empresas en México. Las micro han sido la válvula de escape ante las crisis que se han vivido en cinco décadas. La pequeñas y medianas son el tejido que da consistencia socioeconómica. ¿Cosas por mejorar?: disminución de pobreza e informalidad, por ejemplo. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Opinión, p.)
En la actualidad la presencia de indígenas en diversas ciudades de México se ha venido a convertir en una realidad inocultable. La Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, las ciudades/frontera y en pasadas fechas los sitios turísticos del país, se encuentran entre los lugares de destino para miles de indígenas. Es justamente con la residencia de indígenas en contextos urbanos, como podemos observar que la migración indígena no sólo se ha venido a convertir en una vía para acceder a una fuente potencial de recursos o para mejorar las condiciones de vida, el fenómeno también muestra como a la migración debemos sumar el despojo de tierras y la violencia que azota a las comunidades de origen, todos los cuales son los motores que generan los cambios más drásticos en la distribución contemporánea de la población indígena. Para el caso de la ciudad de Guadalajara la presencia de indígenas se ha incrementado considerablemente. Los números así los reflejan. Por ejemplo, el 28 noviembre de 2015 en el Diario Oficial del Estado se publicó el Padrón inicial de localidades y comunidades indígenas de Jalisco, ahí se reportó que el total de indígenas en el estado ascendía a 68 mil 317 personas. Más allá de la exactitud de las cifras, existe un dato revelador: en Jalisco los indígenas vivimos mayoritariamente en la ciudad, pues del total reportado, resulta que 44 mil 727 vive en la urbe. Es decir, más de la mitad de la población indígena no vive en el contexto rural. En cinco años, sin duda los números se incrementaron. (Fortino Domínguez Rueda*, La Jornada, Opinión, p.)
Se les ha invisibilizado siempre. Sin embargo, el número de personas jornaleras agrícolas y sus familias llega a representar casi 5 por ciento de la población nacional, más que la de un buen número de estados de la República. Cuando menos la cuarta parte de ellas son indígenas. Y vaya que su trabajo es esencial: gran parte de la actividad productora de los alimentos que llegan a nuestra mesa depende de ellas, así como la exportación de hortalizas, importante fuente de divisas.
Por ello los jornaleros agrícolas no pueden parar, ni confinarse, ni dejar de migrar de acuerdo a la temporalidad de los cultivos. De sus callosas manos y de sus espaldas siempre dobladas depende nuestra alimentación, en tiempos de coronavirus o no. (Víctor M. Quintana S.*, La Jornada, Opinión, P.)
Los momentos críticos de la vida social aceleran con enorme fuerza los flujos, avenidas, ríos y arroyos del conocimiento y, por supuesto de su componente inseparable, la emoción. No hay un sólo momento clave, un punto de inflexión en la historia de sociedades e instituciones, que carezca de fuertes corrientes de conocimiento y emociones desbordadas. Las mismas que, soliviantadas por acontecimientos naturales, sociales o políticos, interactúan con gran fuerza, se potencian recíprocamente y transforman su alrededor. Como el movimiento nacional que llevó al proceso electoral de 2018 y a López Obrador a la Presidencia; en otra escala, el reciente (y latente) movimiento estudiantil-feminista, y el largo y cruento movimiento magisterial 2012-2018 que zarandeó buena parte de la Constitución de Peña Nieto. En todos esos momentos, la emoción del movimiento obliga a la naturaleza humana colectiva a una intensa actividad: explosión de redes sociales, artículos, conferencias, foros, reflexiones personales y en grupos; ensayos, pronunciamientos, asambleas, movilizaciones y plantones, reflexiones, propuestas, ocupación de escuelas y universidades. Son experiencias de emoción-conocimiento que calan profundamente porque residen en la subjetividad y espacio cognitivo que constituye a cada individuo y grupo. Toda una generación transformó mucho del país e instituciones a partir del 68, por ejemplo, e hizo surgir universidades y sus organizaciones sindicales, una renovación educativa y un dinamismo político aún vigente. (Hugo Aboites*, La Jornada, Opinión, p.)
Ya el tiempo dirá. Sabremos hasta entonces cuál será el precio que Estados Unidos ponga a nuestro país por su intervención en el acuerdo para la reducción de producción petrolera propuesto por la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
El papel de México y la secretaria Rocío Nahle alcanza para otro costal. También de ello sabremos pronto el monto de la factura. Sin embargo, esa coyuntura provocó que Andrés Manuel López Obrador finalmente hablara, aunque sea un poco, de un tema al que le había dado la vuelta no sólo en el discurso, sino, también, al momento de la toma de decisiones. (Yuriria Sierra, Excélsior, Opinión, p.)
QUE la industria cervecera y su apreciable clientela estaban más que complacidas con la “autorización” liberada por la Secretaría de Agricultura, a cargo de Víctor Villalobos, para reanudar operaciones pese a la prohibición derivada de la emergencia sanitaria, pero ni ocho horas habían pasado cuando el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, les arruinó el festejo: que siempre no, que fue un error y que se va a enmendar. Aun si la primera dependencia reculó anoche, no faltaron las voces que interpretan como “una mala decisión” la marcha atrás y creen que el aumento de poder le cayó mal al funcionario de la Ssa. (Milenio, Opinión, p.2)
Uno de los temas que más debe preocupar en esta etapa temprana de las crisis de salud pública y económica es el desencuentro de los sectores productivos con el Presidente de la República. Las posturas históricas del Presidente han conspirado contra el sentido común. Los empresarios, incluso los más moderados, se exasperan por el rechazo presidencial. Afortunadamente en el sector sindical ha prevalecido la mesura, al igual que en los grandes empresarios mexicanos, la prudencia. (Liébano Sáenz, Milenio, Opinión, p.)
Políticas Irremediables / ¿Apoyos? No… ¡amenazas!
¿Ahora sí detiene AMLO sus giras?
Nos comentan que el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que por ser días santos este fin de semana descansaría, se quedaría en la Ciudad de México y no realizaría su gira de trabajo por los estados. Nos detallan que a pesar de que no se ha informado si estas giras seguirán, será complicado que estas puedan llevarse a cabo en los próximos fines de semana, debido a que por la contingencia del Covid-19, en diversos estados los servicios de hotel y de alimentación han sido suspendidos, lo que supondría un aspecto complicado para su equipo de logística. Además nos hacen ver que en pocos días México entrará a la Fase 3 de la contingencia, es decir, el riesgo de contagio será mayor, y por lo tanto las medidas sanitarias serán más restrictivas. ¿Será que las giras del Ejecutivo federal estarán en pausa hasta que pase la pandemia? (El Universal, Opinión, p.2)
En toda la historia de la muy compleja relación México-Estados Unidos, la experiencia nos enseña que siempre que Washington ofrece un favor a los mexicanos, es porque espera a cambio un beneficio. La frase que el secretario de Estado del presidente Eisenhower, John Foster Dulles, acuñó en los años 50 de que “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”, bien valdría recordarla ahora que el presidente López Obrador dice que “muy generosamente” el presidente Donald Trump le ofreció “que nos iba a apoyar con los 250 mil (barriles de petróleo) adicional a lo que ellos aportaron”.
La primera prueba de que la “generosidad” de la Casa Blanca no fue desinteresada, la dio ayer mismo Trump cuando salió a erigirse ante el mundo como el “salvador de México” frente a la OPEP, para luego aclarar que la ayuda ofrecida de 250 mil barriles de petróleo no fue gratuita ni un gesto del altruismo energético, como lo presentó el presidente mexicano, sino más bien un préstamo que “ellos nos reembolsarán en una fecha futura, cuando esté preparados para hacerlo”. (Salvador García Soto, El Universal, Opinión, p.)
Esta frase expresada por Carlos Salazar, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, CCE, resume la sensación que deja la actitud presidencial frente al sector productivo de nuestro país.
Es entendible que la palabra empresario en México tenga una connotación y significado negativo, porque culturalmente ha servido, principalmente durante el siglo XX, para justificar una supuesta lucha de clases entre los empleadores y sus trabajadores y así, desde las instituciones gubernamentales se pudo ejercer control sobre el sector obrero. (Ricardo Homs, El Universal, Opinión, p.)