La carta que envió Pat Cipollone, el consejero jurídico de la Casa Blanca a Nancy Pelosi, vocera de la Cámara Baja, expresa sin cortapisas que el poder ejecutivo no cooperará con la investigación para el impeachment (juicio de desafuero). La razón expuesta por el abogado de la oficina oval es la misma que ha expuesto Trump una y otra vez en los medios de comunicación –soy víctima de un linchamiento político para sacarme de la Casa Blanca a manos de los demócratas quienes no pudieron ni podrán conmigo en las urnas.
Trump sabe que Pelosi tiene los votos para que proceda el impeachment. Es decir, cuando se vote en el pleno de la Cámara Baja, la mayoría demócrata asegura que procederá. Pero la vocera ha decidido tener más evidencia, por lo que está llamando a testificar a distintos actores, entre ellos, funcionarios de la Casa Blanca y diplomáticos que dependen del departamento de Estado. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Opinión, p.33)
El pasado martes, el presidente Andrés López Obrador tuvo un desayuno de trabajo con diputados de Estados Unidos, donde estuvieron los secretarios de Relaciones Exteriores, Hacienda y del Trabajo. La reunión, aunque se le reconoció su importancia, se mantuvo en bajo perfil. En la página personal del Presidente se difundió un comunicado kosher y de trámite, que no mostró lo relevante del encuentro y el personaje que encabezó a los estadounidenses, Richard Neal, presidente del Comité de Medios y Procedimientos de la Cámara de Diputados. Ese Comité, uno de los más poderosos en el Capitolio, es el que maneja el presupuesto y autoriza adquisiciones. Asimismo, es el órgano clave para determinar si los demócratas podrán sentirse cómodos con un nuevo acuerdo comercial con México y Canadá, que remplazará al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Opinión, p.43)
El gobernador de Puebla, si es creyente como indican sus palabras, debe saber que Dios no asesina. Salvo que hablemos de dioses con minúsculas, que sí matan por venganza o por traición.
Lo que dijo Miguel Barbosa el miércoles en Huejotzingo no lo habíamos visto en ningún político mexicano y de otras latitudes: celebrar la muerte de sus contendientes electorales.
Y confirma lo que no pocos piensan: Morena no es el partido del amor al prójimo como se quiere presentar, sino el partido del odio y del resentimiento. (Pablo Hiriart, El Financiero, Opinión, p.42)
CERO y van tres veces que Andrés Manuel López Obrador contradice públicamente a Arturo Herrera y le corrige la plana. Esta vez fue sobre la posibilidad de incrementar la edad de jubilación.
PONIÉNDOLE CARA a la crisis que se viene en el tema de pensiones, el secretario dijo que hay de dos sopas: o los trabajadores comienzan a ahorrar más o será necesario que se retiren a mayor edad, pues no van a tener ahorros suficientes. El revire presidencial fue desde la descalificación ideológica y no con base en datos, calificando la idea de “neoliberal”. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.12)
El martes planteé en este espacio que si la renuncia de Eduardo Medina Mora a su asiento en la Suprema Corte no fue producto de presiones ni de venganzas lanzadas desde el gobierno federal –como ha asegurado el presidente Andrés Manuel López Obrador–, entonces las presuntas investigaciones contra el aún ministro tendrán que dar resultados.
Si no los hubiese, agregué, querría decir una de dos cosas: 1) o dichas investigaciones no tenían sustento y sólo se fintó con las consecuencias o 2) sí la tenían y se desactivaron cuando Medina Mora se hizo a un lado para evitar un daño mayor. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Opinión, p.2)
Hablar de la salud del Presidente es tema tabú. No exageramos cuando decimos que es casi secreto de Estado. Pobre de aquel que se atreva a preguntar. Lo acusan de “conservador” (el peor insulto en la 4T).
Pero hay una edad donde al poderoso ya le es difícil escapar del escrutinio ciudadano, del elector que observa y se pregunta si el comportamiento del mandatario es normal.
Lo decimos porque López Obrador, 65 años, reveló en la mañanera que llegó ayer al Inai una solicitud de constancia médica y siquiátrica acerca del Presidente de la República. (Francisco Garfías, Excélsior, Opinión, p.4)
El presidente López Obrador festejó que en un municipio del llamado Triángulo Dorado, ahí donde se unen Chihuahua, Durango y Sinaloa, se hayan dejado, dijo, de cultivar drogas, para cultivar maíz, en una zona donde, aseguró, tendrá un gran impulso el programa Sembrando Vida.
Creo que le están informando mal al Presidente de la República: en el Triángulo Dorado veo casi imposible que se deje de sembrar amapola y mariguana para optar por el maíz o los árboles de Sembrando Vida. Primero, porque la orografía de la zona no permite tener extensiones significativas de cultivo de maíz, quizá sí de algún tipo de árboles, pero poco más. Es una zona árida, terrosa, de montes y valles empinados, de muy difícil acceso. En el Triángulo Dorado, el control real lo tiene, desde hace muchas décadas, el narcotráfico, y hoy, sobre todo, el Cártel del Pacífico (con uno de sus aliados, conocido como el Cabrera Sarabia), aunque existe una disputa intensa en varios municipios con organizaciones de los Beltrán Leyva, del Nuevo Cártel de Juárez y del llamado Cártel Independiente de La Laguna. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Opinión, p.16)
QUE en la misma Suprema Corte de Justicia de la Nación sorprendió el anuncio de su presidente, Arturo Zaldívar, sobre la suspensión del magistrado Arturo Camero, pues aunque se sabía que estaba bajo investigación por “inconsistencias financieras”, también se conocía su gran amistad con los ministros Alberto Pérez Dayán y Luis María Morales, éste hasta hace poco tiempo titular del máximo tribunal y del Consejo de la Judicatura.
Por lo demás, el sancionado estaba asignado a participar en la resolución del tema del aeropuerto de Santa Lucía. (Milenio, Opinión, p.2)
El monto y deuda de la pensiones se han convertido en la más grave carga, insostenible, que lastra las economías del mundo.
La causa son las políticas públicas de retiro sostenidas, idealmente, por las aportaciones de jubilados en sus años laborales. En teoría no tendría por qué existir el adeudo, pero los gobiernos históricamente han gerenciado mal esos fondos y utilizado para salir de las crisis. Especialistas han hablado de la necesidad de elevar la edad de jubilación, 65 años, que se establecieron cuando en México la esperanza de vida era muy inferior a la que se tiene hoy, de 76-78 años, que permitirían subir ese tope a 68 años y dar un espacio a los angustiosos plazos de esas pensiones, además de seguir cotizando. (Joaquín López Dóriga, Milenio, Opinión, p.3)
La ley de Austeridad Republicana aprobada el 8 de octubre contiene la ofensiva legal más demoledora que se haya hecho contra la burocracia federal mexicana.
Las intenciones de la ley no podrían ser mejores: limpiar de dispendio, corrupción y abuso el gasto de la burocracia federal.
Pero sus consecuencias de mediano y largo plazo podrían también ser que el gobierno se quede limpio de funcionarios de calidad, honradez y experiencia. (Héctor Aguilar Camín, Milenio, Opinión, p.3)
Ayer, en estas páginas, Mario Maldonado narraba un hecho escandaloso: el 3 de octubre, fecha de la presentación de la renuncia de Eduardo Medina Mora como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) solicitó a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores el congelamiento de cuentas de Medina Mora y de 11 personas físicas y morales relacionadas con él, incluyendo a dos de sus hermanos.
Pero, dos días después, con la renuncia consumada, las cuentas fueron descongeladas a solicitud de la propia UIF. Esta secuencia de hechos obliga a algunas preguntas obvias: si había delito que perseguir contra Medina Mora, sus familiares y sus empresas, ¿por qué descongelar las cuentas? Si no había delito que perseguir, ¿por qué congelarlas? ¿O es que descubrieron algo que exoneraba al hoy exministro en un plazo de menos de 48 horas? (Alejandro Hope, El Universal, Opinión, p.13)
Yeidckol contra superdelegados // Padrones utilizables para elecciones // Congelar y descongelar cuentas // ¿Rutina, amago, coincidencia?
Menudo enredo se ha armado en torno a la elección de dirigencia de Morena. Además de la circunstancia surrealista relacionada con un padrón de militantes del partido en el poder, cuya cuantía y confiabilidad ponen en duda varios de los probables competidores, la actual presidenta en funciones, Yeidckol Polevnsky, ha llegado al extremo (que parecería impensable en otro contexto) de acusar de delincuencia electoral a algunos miembros de la plantilla estelar y favorita del obradorismo para el reparto asistencial, los superdelegados estatales.
Polevnsky, cuya carrera política luego de dejar una representación de intereses empresariales ha dependido estrictamente de la imperativa voluntad de quien hoy preside a la nación, ha dado a esa estructura de coordinadores estatales de programas federales un golpe políticamente más fuerte que el gestionado y conseguido por el Partido de la Revolución Democrática (con el ex diputado Rafael Hernández Estrada como uno de los principales promotores) en el ámbito del Instituto Nacional Electoral. (Julio Hernández López, La Jornada, Opinión, p.8)
Durante décadas, los súbitos defensores de los contrapesos, esos que llamaron al voto dividido y que ahora se rasgan las vestiduras cuando se critica a la miríada de organismos, institutos y comisiones desconcentrados y autónomos, encontraron normal que al autoritarismo priísta más grosero, la hipocresía panista, el dogma liberal y el elitismo tecnocrático fueran hegemónicos en el país: dominaban los tres poderes, los gobiernos estatales y municipales y también, por supuesto, el INE, el INAI, la CRE, las empresas productivas del Estado y todas esas instituciones que del salinismo en adelante fueron alojadas en brillantes rascacielos de cristal para blindar en lo político y lo económico al régimen oligárquico.
La propiedad pública fue desplumada al amparo de ese monopolio absoluto del poder; de la misma manera se colocaron sobre los hombros de todos los mexicanos deudas gigantescas, se cometieron fraudes electorales escandalosos, se reprimió con total impunidad, se entregó el país a intereses económicos y geoestratégicos extranjeros y se instauró la industria de los contratos lesivos para el interés público, las concesiones a los amigos y cómplices y las licitaciones con dados cargados. (Pedro Miguel, La Jornada, Opinión, p.21)
Como candidato, Andrés Manuel López Obrador sabía muy bien cuál era el más grande problema que envolvía al país. Como presidente, está desmantelando las piezas más sólidas de la estructura que lo constituyen. Porque, como lo dijo tantas veces, México, efectivamente, estaba bajo el domino de la mafia del poder. Y el poder de la mafia aprovechaba instituciones, leyes, personas y recursos para su exclusivo beneficio.
Parafraseando al Rey Sol, Luis XIV, quien expresó: “El Estado soy yo”, para imponer su voluntad en todo y vivificar el absolutismo durante 72 años, los grupos que gobernaron al país durante casi un siglo lo expresaron con hechos y, sobre la máxima de la complicidad, se asumieron como “El Estado somos nosotros” (Óscar Mario Beteta, El Universal, Opinión, p.16)
Eran del dominio popular en el Poder Judicial las historias que corrían sobre el poder y los presuntos casos de corrupción ligados al magistrado federal Jorge Arturo Camero Ocampo, hoy suspendido por el Consejo de la Judicatura Federal por registrar inconsistencias “graves” en sus finanzas. El poder que había logrado amasar Camero fue tal que, nos dicen, impidió que otro presidente de la Corte que supo de sus irregularidades se atreviera a suspenderlo e investigarlo. Sin embargo, nos aseguran que esta vez existen muy sólidas pistas que apuntan a que el magistrado era la cabeza de una red de corrupción y tráfico de influencia que extendió dentro y fuera del Poder Judicial y que le generaba jugosas ganancias económicas. Camero, explican, podría ser la punta de un gordo ovillo, por lo que su caída podría anticipar una limpia más amplia. El poder que detentaba Camero hasta la mañana de ayer cuando salió de su casa al trabajo sin idea de cómo iba a terminar el jueves, concluyó la tarde de ayer, nos aseguran. (El Universal, Opinión, p.2)