Joe Biden y su ayer 11 de agosto, designada compañera de fórmula, la senadora por California, Kamala Harris, deberán tomar en cuenta estos datos para definir la política migratoria de su gobierno en caso de ganar la elección de noviembre.
El candidato presidencial por el Partido Demócrata ha prometido que anulará o modificará muchas de las políticas migratorias de Donald Trump. Harris ofreció hacerlo cuando buscó la candidatura presidencial de su partido el año pasado.
Ambos han manifestado su desacuerdo con casi todas las decisiones que en la materia ha tomado Donald Trump, antes y durante la pandemia. Biden ha dicho que los inmigrantes ayudan a hacer crecer la economía y generar empleos y que detendrá la deportación inmediata de migrantes capturados en la frontera sur de su país, incluso de menores no acompañados y solicitantes de asilo.
Refiriéndose al Programa de Acción Diferida para quienes Llegaron a EU en su Infancia (DACA), que protege de ser deportados a unos 644,000 jóvenes adultos, la mayoría de ellos hispanos, conocidos como Dreamers, Biden y Harris se han comprometido a darles mayor protección y hacerlos elegibles para recibir ayuda federal para estudiantes. También promoverán una ley que les permita lograr ser ciudadanos junto con los 11 millones de inmigrantes ilegales que hay en EU.
En lo que al muro fronterizo se refiere, Biden promete que detendrá su construcción, pero que mantendrá los 427 kilómetros construidos por Trump. En enero del 2019, Harris fue uno de sólo tres senadores demócratas que votaron en contra de otorgarle fondos al gobierno para su edificación.
En lo que a asuntos migratorios se refiere, a los mexicanos que residen legal o ilegalmente en EU les conviene que Biden y Harris ganen la elección. (Eduardo Ruiz – Healy, El Economista, Política, p. 41)
A lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, la sensación de crisis es palpable. La pandemia de covid-19 está afectando a las ciudades y pueblos que se encuentran en el límite de ambos países, desde Tijuana hasta Matamoros, San Diego hasta Brownsville, con El Paso y Ciudad Juárez en el medio. Actualmente, los casos de covid-19 en las ciudades fronterizas entre Texas y México se encuentran al alza y las principales ciudades en la frontera de Arizona vieron un incremento en los casos de casi mil por ciento durante junio de 2020.
Las ciudades fronterizas están unidas umbilicalmente – cliché, pero cierto. Su elemento vital es la industria transfronteriza, el comercio que alienta a decenas de miles de personas de ambos lados a cruzar legalmente todos los días. Miles de fábricas mexicanas de propiedad extranjera, como lo son las maquiladoras, distribuyen productos que llenan los estantes de los grandes almacenes de costa a costa. Camiones llenos de frutas y verduras cultivadas en México continúan cruzando a los Estados Unidos para llenar los supermercados. Aún con la actual restricción de viajes no esenciales, no se ha detenido el flujo de mercancías y viajeros que cruzan entre ambos países.
Sin embargo, la administración de Trump se ha movido en la dirección opuesta, demostrando consistentemente su falta de apoyo a los programas que promueven la colaboración transfronteriza, particularmente en las áreas de salud y medio ambiente.
El presidente Trump pasa su tiempo obsesionado con un muro fronterizo, tratando desesperadamente de posicionar la frontera como un punto de división. Sin embargo, la realidad es otra, la frontera es un punto de conexión, de personas y destinos conectados. La colaboración binacional a través de organizaciones como la Comisión de Salud Fronteriza es la medicina que nuestra región necesita desesperadamente y debemos exigir a nuestros líderes que la administren. (Irasema Coronado, Eva Moya, y Steve Mumme, El Universal, Opinión, p. 12)