PARA Claudia Sheinbaum, son las “conferencias” para dar a conocer sus programas y experiencias de gobierno en la CDMX.
PARA Marcelo Ebrard, son las presentaciones de su libro y las inauguraciones de nuevas oficinas de pasaportes de la SRE.
PARA Adán Augusto López, son las reuniones de coordinación con gobernadores y las jornadas de “atención ciudadana” de la Segob.
Y PARA Ricardo Monreal, son su labor como docente en la UNAM y los informes de actividades de sus compañeros en el Senado.
EL HECHO es que las cuatro corcholatas presidenciales que, se supone, tienen trabajo como servidores públicos en la CDMX andan en plena campaña entre semana y en gira por el resto del país en sábado y domingo… y los pretextos ¡son lo de menos!
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QUE NO coman ansias, les dijo Dante Delgado, dirigente de Movimiento Ciudadano, a los aspirantes del partido naranja a la gubernatura de Jalisco.
PERO, minutos después, dio el pistoletazo de salida en la carrera por la candidatura presidencial de 2024 anunciando que los emecistas darán a conocer a su abanderado el 5 de diciembre.
ASÍ ES QUE, con la contienda morenista en su apogeo y ante el inminente arranque de la emecista, quienes se están quedando atrás son los tres (ni tan) alegres compadres del PAN, PRI y PRD, Marko Cortés, Alejandro “Alito” Moreno y Jesús Zambrano.
EN UN ESCENARIO de sucesión adelantada, queda la sensación de que los integrantes de la alianza Va por México ya van tarde en la definición de los cuándos y los cómos del proceso para elegir a quien los representará… o a quién se sumarán en la boleta para la Presidencia el año que entra.
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CUANDO quedan sólo 21 días para la elección de la nueva gobernadora del Estado de México, cuentan que una de las personas más solicitadas en esa entidad es el senador Juan Zepeda.
AUNQUE Movimiento Ciudadano decidió no registrar candidato para esa contienda en la que muchos esperaban ver al ex alcalde de Nezahualcóyotl en la boleta junto al emblema naranja, los bonos del ex perredista están por las nubes.
SEGÚN DICEN, se le han acercado enviados tanto de la candidata morenista, Delfina Gómez, como de la aliancista, Alejandra del Moral, para pedirle su apoyo.
QUEDA CLARO que en ambos cuartos de guerra saben del arrastre de Zepeda, quien obtuvo un millón de votos como candidato a la gubernatura en 2017 y 1.9 millones de votos para llegar al Senado en 2018.
SIN EMBARGO, las señales que ha mandado el emecista es que no se irá ni con melón ni con sandía y que ya vendrá su momento. Incluso, hace unos días publicó en su cuenta de Twitter: “Como dijo Timbiriche:
Si no es ahora, será mañana…’. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
No es ningún secreto en el círculo íntimo de los amigos de los hijos del presidente López Obrador. Su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, mandó investigar a Andrés López Beltrán, conocido como Andy.
La siguiente historia fue confirmada por tres fuentes para esta columna. Dos de ellas, involucradas en el círculo social de los hermanos López Beltrán, y una más que todavía forma parte del gobierno.
La conexión entre la actual esposa del presidente López Obrador y los hijos de éste en su primer matrimonio con Rocío Beltrán Medina, no es la mejor. Desde que el Presidente comenzó la relación con Beatriz Gutiérrez Müller, Andy, José Ramón y Gonzalo la vieron con recelo. A la fecha, eso se mantiene de ida y vuelta. Unos días más, otros días menos.
A los pocos meses de que López Obrador ganó la presidencia y llegó a Palacio Nacional, Beatriz Gutiérrez Müller comenzó a recibir quejas de distintas voces de confianza que señalaban que los hijos del presidente ya estaban aprovechando los privilegios de la posición para iniciar negocios a través de sus más cercanos a costa del gobierno. Con el paso del tiempo, cada vez más personas se acercaban con la señora para tratar de sondear si aquello tenía el visto bueno del patriarca. No lo hacían con él por temor a una reacción fúrica.
Beatriz pensó que sólo una oficina podría ayudarla y solicitó el favor a una persona integrante de la Unidad de Inteligencia Financiera, en ese entonces comandada por Santiago Nieto Castillo, hoy encargado de despacho de la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo.
Las fuentes desconocen el resultado de la investigación y si Beatriz lo compartió con el presidente López Obrador o lo hizo a sus espaldas, ya que nada quedó en el historial oficial. Lo cierto es que Andy no ha sido el único bajo la lupa de la UIF. Otros varios miembros de la familia presidencial pasaron el escáner de esa oficina a petición de la no primera dama, en distintas épocas.
Hoy, después del trabajo de mis colegas Montserrat Peralta, Julio Astorga, Mario Gutiérrez Vega e Isabella González, presentado en Latinus por Carlos Loret de Mola, sabemos que las acusaciones que llegaron a oídos de Beatriz Gutiérrez Müller tenían fundamento. La investigación periodística reveló que los amigos de Andy tejieron una red empresarial que les ha dado contratos del gobierno por más de 100 millones de pesos.
El Presidente podrá simular públicamente que es inmune al escándalo, que la corrupción no lo toca, pero en su propia casa tienen las peores sospechas entre ellos.
Stent:
“Un grupo de asesores gringos llegó a reforzar la campaña de Claudia, ante la preocupación de que las encuestas de Palacio revelan que no levanta. Esos gringos le hicieron la campaña a un gobernador demócrata en Estados Unidos, ya hasta les pusieron su oficina muy cerca del Zócalo”. (Claudio Ochoa Huerta, El Universal, Nación, p. 9)
La del 2024 no será una elección cualquiera. Estará en juego la división de poderes. AMLO ha sido claro: buscará una mayoría calificada para su coalición en el Poder Legislativo. El objetivo es eliminar de la Constitución todo aquello que acote al poder presidencial. No será fácil que alcancen los votos necesarios para ello, pero si Morena gana con amplitud, luego intentará presionar a legisladores de otros partidos para que se sumen a su coalición. Así lo hicieron en el 2018.
El más reciente enojo de AMLO con la Suprema Corte se debe a que ésta invalidó la primera parte del llamado Plan B. La Corte no entró al fondo de si la ley violaba la Constitución. Se quedó en la parte formal porque Morena y sus aliados fueron incapaces de respetar las reglas de operación del Congreso. En palabras del ministro González Alcántara, “por sí sola, la regla de la mayoría resulta insuficiente para legitimar este proceso legislativo que prescinde de los trámites elementales que garantizan la toma de decisiones en una forma deliberada y [que] permite generar consensos razonados”.
Países como Chile resuelven el dilema de cambiar de fondo su Constitución con comicios especiales para elegir a los responsables de hacerlo. Tras un año de deliberaciones, el pasado 4 de septiembre, el 62 por ciento de los votantes rechazó la Constitución propuesta por el órgano constituyente. Al electorado le pareció la propuesta demasiado de izquierda.
El domingo pasado eligieron a quienes deberán redactar la nueva Carta Magna. El triunfo de la derecha y la extrema derecha fue contundente: 33 de los 50 escaños. El partido de izquierda del presidente Gabriel Boric no tiene suficientes votos para vetar los acuerdos de esa mayoría.
Así lo quiso el sabio pueblo. De acuerdo con la nota “Ultraderecha y derecha chilena arrasan en la elección de consejeros” de La Jornada, la elección se “convirtió también en un juicio a la marcha de gobierno del presidente Gabriel Boric, agobiado por una crisis de seguridad pública, el ingreso ilegal de migrantes y por una situación económica que es percibida como mala por la alta inflación (13 por ciento en 2022) y el bajo desempeño de la economía”. El elector se volcó no solo a la derecha, sino a la más radical.
En Chile el voto es obligatorio, por lo que la tasa de participación suele ser alta: cerca del 80 por ciento del padrón electoral en este último ejercicio. El reto para nosotros en el 2024 es lograr un porcentaje similar. Que el objetivo propuesto por AMLO no lo decida una minoría del padrón electoral, sino que la ciudadanía salga a votar como nunca antes.
AMLO ya prometió hacer de la elección del 2024 un plebiscito constitucional. Mientras tanto, el Presidente debe respetar la Constitución que protestó guardar y hacer guardar.
Esperemos la voluntad popular para decidir cuál es el futuro de México, aunque hay un problema de fondo: la tensión entre el voto de la mayoría y los derechos individuales. ¿Si la derecha chilena usara su amplia mayoría para hacer obligatoria la religión católica se podría seguir hablando de una democracia? La respuesta es no. Una democracia liberal supone reglas que protegen a las minorías, ya sean sexuales, religiosas, étnicas y hasta políticas. Tener la mayoría no implica poder hacer cualquier cosa. No hay democracia verdadera sin separación de poderes.
Los malos resultados de este gobierno se disimulan por el gran talento narrativo de AMLO. Discutimos su agenda, no los verdaderos problemas del país, como tantos muertos y desaparecidos cada día. Bastaría la inseguridad carretera en tramos tan transitados como la México-Cuernavaca, donde el fin de semana pasado varios automovilistas fueron asaltados mientras estaban varados por un bloqueo de ejidatarios, hecho que no mereció ni una mención en la mañanera, para hacer de la seguridad un tema central en el debate público. Hablamos de otra cosa porque AMLO así nos ha adiestrado. (Carlos Elizondo Mayer-Serra, Reforma, Opinión, p. 9)
El estilo de gobernar de Andrés Manuel López Obrador ha hecho escuela. Aunque, a diferencia de otras academias, en la suya no se requiere conocimiento, el único requisito para entrar es que demuestren su lealtad y que sean capaces de aprobar las materias que se imparten.
En el colegio lopezobradorsista existen materias que son obligatorias y que todos deben tomar, empezando por la abyección. Una vez que los alumnos empiezan a tomarla se van transformando hasta convertirse en una sombra de lo que fueron o de lo que alguna vez quisieron ser.
El líder nacional de Morena Mario Delgado y el coordinador parlamentario de ese partido en la Cámara de Diputados, Ignacio Mier son los alumnos más aplicados y casi siempre aparecen en el cuadro de honor. Los dos están atentos a que el Presidente diga algo para inmediatamente tratar de hacerlo realidad, no importa si se trata de iniciativas anticonstitucionales o deseos guajiros, ellos están para complacerlo y aprobar lo que sea en fast track.
No son los únicos, los titulares de algunas instituciones también son capaces de demostrar su sumisión, aunque queden en el peor de los ridículos. El jueves pasado, por ejemplo, desde la cuenta de Twitter de Canal Once, se colocó un tuit acompañado por la foto de los 11 ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la leyenda: “Los insultantes 40 privilegios de los ministros de la SCJN”, iniciando un hilo con las supuestas concesiones. Seguramente, el mandatario les puso una estampita de lombriz de tierra en la frente a quien permitió este disparate.
Otra asignatura indispensable es la de degradación. El inquilino de Palacio Nacional siempre le manda decir a su gabinete que no hay nada por encima de él. No le gusta que nadie lo corrija o vaya en sentido contrario. Si alguna alma se vuelve rebelde, hay de tres sopas: la primera salirse voluntariamente del colegio del tabasqueño, la segunda que lo expulsen y la tercera que lo sometan.
Tatiana Clouthier, exsecretaria de Economía o Carlos Urzúa, extitular de Hacienda, han sido de los alumnos que prefirieron cambiarse de escuela para no seguir matando a sus neuronas. Sin embargo, hay otros que decidieron agachar la cabeza como el senador Ricardo Monreal.
Respecto al famoso plan B electoral, el zacatecano había incluso votado en contra por considerar que algunas normas “que se aprobarían podían alejarse de los principios constitucionales”. Cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación echó abajo la primera parte, el legislador dijo que como: “Constitucionalista, me alegra que haya contrapesos”, pero al día siguiente dijo que siempre no y amagó con llamar a comparecer a los ministros de la SCJN, incluso hacerles juicio político. (Vaney Esquinca, Excélsior, Nacional, p. 9)