Vacunas, ¿el nuevo frijol con gorgojo?
Crece la preocupación, nos comentan, sobre cómo se distribuirán las vacunas ahora que comience un proceso masivo de aplicación, ya no sólo al personal médico sino a la población general. La intención, se teme, es que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador querrá utilizar las vacunas como parte del botín político para ganar la Cámara de Diputados en las elecciones venideras. Y para muestra, un botón. Ayer, durante la reunión de la Comisión de Salud de la Conago, el secretario Jorge Alcocer y el subsecretario Hugo López-Gatell escucharon una propuesta de los gobernadores del PAN, presentada por Carlos Joaquín González, de Quintana Roo: que sea el Sistema Nacional de Vacunación el que lleve a cabo la distribución y aplicación de la sustancia. ¿La respuesta? Silencio. Ninguna reacción por parte de los funcionarios. ¿Algo sabrán? La estructura paralela al gobierno que entregará las vacunas pinta para ser el nuevo frijol con gorgojo.
El fast-track del caso Cienfuegos
Más allá de calidad de las pruebas que pudo haber aportado la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) a la Fiscalía General de la República, algunos conocedores de los procesos penales en México se maravillaron de la celeridad con la que la FGR de Alejandro Gertz Manero resolvió el expediente del general Salvador Cienfuegos: menos de dos meses, con todo y que, en medio, se atravesó el fin de año y lo más crudo de la pandemia. ¿Se analizaron las 700 páginas del archivo estadounidense y, encima, se hicieron investigaciones propias para determinar la inocencia del general en menos de 60 días? Se pregunta más de uno. Quizá hubiera sido mejor, nos dicen, haber esperado un poco a desahogar todas las posibilidades y, entonces sí, no dar un argumento adicional al sospechosismo. ¿La fiscalía fue iluminada con una eficiencia inédita o a los investigadores les cayó el mal de ojos de hormiga? Sólo puede ser una o la otra. (El Universal, Opinión, p.2)
El Presidente de la República pretende desaparecer el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). Así, ¡zas!, de un súbito chasquido de látigo, sustentado en múltiples mentiras: por ejemplo, que el INAI encubrió a grandes deudores fiscales y ocultó datos del caso Odebrecht, lo cual es falso. Como si fuera un autócrata conservador, durante el apogeo de las peores épocas del priismo, Andrés Manuel López Obrador intenta regresarnos al oscurantismo en la rendición de cuentas, esa ominosa etapa que padecimos en el siglo veinte.
Ese retroceso es inadmisible, es un abuso de poder.
El INAI es una institución que nos hemos dado los mexicanos para combatir la corrupción y los despilfarros del poder, de todos los poderes que tengan acceso a recursos públicos, incluidos entes privados y sindicales. Es un órgano constitucionalmente autónomo, dedicado a conseguir la transparencia de datos, y que verdaderamente está al servicio de los ciudadanos (de cualquier ciudadano): de estudiantes, investigadores, académicos y periodistas. (Juan Pablo Becerra-Acosta M, El Universal, Opinión, p.2)
Sin que coincidiera con celebración o conmemoración alguna, el presidente Andrés Manuel López Obrador recordó el jueves al actor Jorge Arvizu, “El Tata”, simpatizante de Morena y amigo suyo, quien nació un 23 de julio y falleció el 18 de marzo de 2014, hace casi siete años.
Eran cerca de las nueve y media de la mañana y el Presidente había decidido concluir su conferencia de prensa mañanera, argumentando que ya era hora del café con leche y un pan. Asoció el momento con la frase del Tata “quiero mi cocol”. Y pidió que se buscara primero una imagen del actor y luego insistió en que se pusiera en la pantalla una escena de “Don Gato y su pandilla”, donde se escuchara a Benito Bodoque, el simpático gatito cuya voz doblaba al español Jorge Arvizu.
Una ocurrencia.
Ocurrencia que tuvo expectantes 3 minutos 20 segundos a los reporteros presentes y a los miles que lo seguíamos por televisión y redes. Lo que se comenta de esa conferencia, principalmente como crítica, que hasta resultó tendencia, fue la aparición de Benito Bodoque, con el presidente de México, en Palacio Nacional. (Amador Narcia, El Universal, Opinión, p.5)
El dictamen de la Fiscalía General de la República (FGR), por el cual se exoneró de delitos relacionados con el narcotráfico al exsecretario de la Defensa Salvador Cienfuegos, marca un precedente inédito en la relación de cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad interior, toda vez que contrario a lo que ocurría en el pasado cuando cualquier observación o juicio que viniera de autoridades del país vecino del norte, se aceptaban como verdades absolutas e incuestionables.
Pero ahora, la FGR desestimó las pruebas y documentos presentados y desmontó el expediente incriminatorio en un par de meses, un trabajo de investigación en el que la DEA había invertido 7 u 8 años, y que ahora se cae como castillo de naipes por lo endeble de su integración. (El Universal, Editorial, p.10)
Miércoles 6 de enero, 2pm, el Capitolio, sede del Poder Legislativo en los EUA, es vandalizado por una turba incitada por Donald Trump, en un mitin que anticipó “sería salvaje”. Fue el día en que se fusionaron la furia y la cobardía en Washington DC.
La furia
El bufón Giuliani atiza la hoguera al convocar a la chusma a un “juicio por combate”. Tras sus derrotas legales, apela a la fuerza. Sigue Donalito Jr. quien amenaza a los senadores a que “eligieran entre ser cero o un héroe”, si no apoyaban a su padre.
Cierra el llamado a la insurrección un presidente degradado a tirano, convocando a la chusma a ir al Capitolio por la Avenida Pennsylvania, con el grito de guerra: “si no luchan como el infierno, no tendrán más un país” y engañándolos con su compañía, que nunca realizó. (Emilio Rabasa Gamboa, El Universal, Opinión, p.11)
La CNDH es el órgano autónomo más caro de los que están en la mira del Presidente. La Comisión cuesta tres veces más que lo que cuesta la Cofece, el menos costoso de los órganos autónomos. Según datos publicados por Reforma el 8 de enero, mientras que la CNDH cuesta 1,679 millones de pesos anuales, la Cofece cuesta 598 millones. Queda clara la enorme distancia que existe entre ambas instituciones. En el caso específico de la CNDH (a diferencia de otros órganos autónomos, incluida la Cofece) sí creo que valdría la pena evaluar cómo utilizar de mejor forma esos recursos, pero con el mismo objetivo: la defensa y protección de los derechos humanos de los más vulnerables. Un gobierno de izquierda no puede simplemente ignorar esta tarea.
Como lo he sostenido por varios años, el diseño institucional y las atribuciones de la CNDH se han hecho cada vez más obsoletos para cumplir con su objetivo. Los mecanismos de protección de derechos humanos que tiene la Comisión -recomendación, conciliación y orientación al quejoso- son fórmulas desgastadas y poco efectivas en el México de hoy. Nada de lo que determine la CNDH obliga a las autoridades. La Comisión es un órgano cuya eficacia e impacto depende centralmente del contexto político en el que está inserta. Si en este contexto es costoso, en términos de reputación y carrera política, no hacer caso a las determinaciones de la CNDH, entonces la institución puede tener relevancia. Vale la pena preguntarnos qué tan costoso sería hoy para cualquier autoridad no cumplir con una recomendación de la CNDH. Me queda claro que hace tiempo necesitamos reinventar a la Comisión. En concreto, es urgente pasar de la arena política a la arena jurisdiccional la defensa y protección de los derechos humanos de los más débiles. Ello sería una política ejemplar de un gobierno que se ha propuesto cerrar las amplias brechas sociales. (Ana Laura Magaloni Kerpel, Reforma, Opinión, p.9)
El jefe de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, calificó de hito desgarrador el umbral rebasado ayer de 2 millo-nes de fallecidos a causa del Covid-19, un número detrás del cual, dijo, hay nombres y rostros: la sonrisa que ahora sólo es un recuerdo, el asiento siempre vacío en la mesa de la cena, la habitación que resuena con el silencio de un ser querido. Este panorama resulta incluso más sombrío si se considera que pasaron nueve meses para que la pandemia se cobrara un millón de vidas, pero apenas transcurrió la tercera parte de ese tiempo para alcanzar el segundo millón, una aceleración de las muertes que está lejos de amainar, pese al arranque de la vacunación.
Como señaló Guterres, la distribución de las vacunas ha vuelto a evidenciar una de las mayores fallas sociales al hacer frente al coronavirus: un déficit de solidaridad al que puede achacarse, en buena medida, la magnitud y la duración de la emergencia sanitaria. En efecto, al constatar que las vacunas están llegando rápidamente a los países de altos ingresos, mientras que los más pobres del mundo no tienen ninguna, no puede sino concluirse que la ciencia tiene éxito, pero la solidaridad falla. Este deplorable fracaso recuerda que la ciencia es una de las herramientas más formidables de que se ha dotado la humanidad, pero sólo despliega su completo potencial cuando todos los agentes involucrados en ella se guían por los más elevados estándares éticos. (La Jornada, Editorial, p.2)
El general, con respuestas sobre los 43
“No voy a permitir que interroguen a mis soldados”, declaró contundente en 2015 el recientemente exonerado general Salvador Cienfuegos, en el marco de la indagatoria de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa perpetrada la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, cuando él encabezaba la Secretaría de la Defensa Nacional. Han pasado más de seis años y un cambio de gobierno federal, pero siguen básicamente sin cumplirse las promesas de avances reales en las investigaciones. Y, por otro lado, Cienguegos ya fue detenido y liberado en Estados Unidos por sus vínculos con el narcotráfico, y este jueves la Fiscalía General de la República lo declaró libre de cargos en México.
Mientras, los padres y madres de los normalistas insisten en la participación del Ejército en la fatídica noche de Iguala. Hace un par de días lo dijeron en Palacio Nacional, frente al Presidente, sin conocerse aún la noticia de la liberación del general que habita en sus pesadillas: dejaron de confiar en que el Ejército está del lado de la verdad en la investigación del caso. Como respuesta, el jefe del Ejecutivo renovó las promesas, pero éstas no tienen el mismo sabor de las de hace 24 meses. (Gloria Muñoz Ramírez, La Jornada, Opinión, p.10)
Es muy significativa la irrupción de miles de golpistas de derecha en el Capitolio estadunidense y el despliegue de 20 mil soldados para protegerlo. El espacio representativo de la democracia liberal en el mundo es ahora un disputado objetivo político-militar. Y esos miles de soldados no conjuran a la derecha, confirman su presencia y avance, pues muestran que ya ha conseguido derechizar los términos mismos del conflicto. Ya no es en el marco legal, sino en el escenario que le es más favorable: la violencia y, además, armada.
Pero también, para insomnio de otros en el mundo, la derecha ganó porque está aprovechando las contradicciones y debilidades de ese tipo de democracia. A tal punto que esa derecha salvaje tiene el apoyo implícito y explícito de una importante fracción de diputados y senadores movidos por sus inmediatistas intereses de grupo (como aquí), y hasta tiene el abierto apoyo del comandante supremo de las fuerzas armadas. (Hugo Aboites*, La Jornada, Opinión, p.16)
Miércoles 6 de enero, una turba alentada por Donald Trump y compuesta por diferentes sectores de la alt-right estadunidense asalta por la fuerza el Capitolio, y realiza una performance que mostraba la descomposición de un régimen incapaz de cohesionar a la comunidad política de un imperio en decadencia.
Lunes 11 de enero, el ex director de la CIA y secretario de Estado saliente, Mike Pompeo, anuncia que Estados Unidos reintegra a Cuba a la lista de estados patrocinadores del terrorismo, lista de la cual había sido retirada por Obama.
Ambos hechos son ataques a la democracia por parte de Trump y la alt-right, que con la medida contra la revolución cubana intenta poner trabas a un posible restablecimiento de las relaciones por parte del presidente entrante, Joe Biden, y se convierte en una nueva agresión que sumar a las realizadas desde enero de 1961 en que la administración de Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con el gobierno que lideraba Fidel Castro. Después vino el ataque mercenario de Playa Girón, en abril de 1961, el bloqueo económico, comercial y financiero, en 1962, y la introducción por primera vez en la lista de estados terroristas por parte de la administración Reagan, en 1982. Entre medio, pequeños gestos de distensión como la creación de las secciones de intereses en ambos países en 1977 y la reapertura de embajadas en 2015. (Katu Arkonada, La Jornada, Opinión, p.16)
Que si alguien está preocupado por la investigación derivada de acusaciones de abuso sexual, que puede arriesgar su candidatura de Morena a gobernador de Guerrero, ese no es Félix Salgado Macedonio, quien acaso envalentonado con el espaldarazo partidista y de la 4T en pleno se organizó un pachangón de cumple que él mismo amenizó al micrófono con más de 500 invitados en un salón en Chilpancingo, el jueves pasado.
Que por cierto, el abogado Xavier Oléa sigue esperando el citatorio de parte de la Fiscalía de Guerrero para acudir a declarar sobre el caso abierto por violación del candidato de Morena al gobierno de la entidad y no lo hará solo, sino con sus defensores: Víctor Oléa Peláez, Ricardo Zinser, Eduardo Luengo Creel, José Luis Nassar, Alfonso Jiménez O’ Farril, Rafael Heredia y Luis Madrigal Pereyra. O sea, llamó a la caballería.
Que en el equipo de Marcelo Ebrard están convencidos de que la llegada de Joe Biden abre el compás idóneo para reestructurar la relación con EU sobre una base de estrecha colaboración, pero diferente a la que ha privado durante los últimos años, con un trato más equitativo, recíproco y de reglas claras. Se quiere enviar el mensaje de que las prioridades mexicanas también cuentan. (Milenio, Opinión, p.2)
Se llama hipocorístico al diminutivo cariñoso que aplicamos a ciertos nombres familiares, pero éste no es el caso. Las reglas ortográficas señalan que los títulos inician con mayúscula, de ahí que esta columna dé la impresión de referirse a Don, hipocorístico del nombre propio Donald, pero también sabemos que cuando el tratamiento de don o doña se aplica nada más al apellido (no sin alguna dosis de sarcasmo), uno debe entender que el aludido es claramente indigno de respeto. Y tal sí que es el caso del hasta hace muy poco hombre-más-poderoso-del-mundo, hoy día convertido en apestado planetario.
Nadie que a estas alturas lo corteje, elogie o justifique está a salvo del público desprecio, aun si no faltan sectas de resentidos —supremacistas, skinheads, neonazis y demás entusiastas del gorilato— para quienes resulta mentor, emblema y mártir, pero antes que eso facilitador. Al modo del amigo zalamero y canalla que respalda y aplaude tus impulsos más viles, don Trump ha habilitado a émulos y discípulos para hacer caso a sus peores instintos y gritar lo indecible no nada más sin rastro de rubor, sino hinchados de la clase de orgullo que exhiben los maleantes aún impunes. Gente que hace lo que hace “porque puede” y se siente eximida de respetar a nadie que no comparta sus torcidas creencias, por llamar de algún modo al catecismo de odio que les solivianta. (Xavier Velasco, Milenio, Opinión, p.3)
Fue políticamente muy arriesgada la decisión de dar a conocer el documento entregado por el Departamento de Justicia al gobierno mexicano, a propósito de la investigación que en Estados Unidos se siguió contra el general Salvador Cienfuegos Zepeda.
Sin embargo, habría sido políticamente peor para el presidente Andrés Manuel López Obrador no haberlo hecho.
Cabe suponer que ese documento de más de 750 páginas no comprende toda la investigación de los fiscales de Nueva York. También cabe la posibilidad de que el texto compartido ayer por la secretaría de Relaciones Exteriores haya sido editado.
De confirmarse alguna de estas dos hipótesis no será fácil que el resto de la evidencia vaya a permanecer mucho tiempo guardada. (Ricardo Raphael, Milenio, Opinión, p.12)
Acusar públicamente a la DEA de haber “fabricado” las acusaciones de narcotráfico y lavado de dinero al general Cienfuegos es el peor error de política exterior que ha cometido el actual Presidente de la República.
Ese pronunciamiento de AMLO, a cinco días de que el demócrata Joe Biden asuma la presidencia de Estados Unidos, no sólo es un desafío al poderoso vecino del norte, sino que rubrica el fin de la luna de miel del mandatario mexicano con la Casa Blanca.
Estados Unidos ya reviró. Se reserva el derecho a reiniciar el proceso contra Cienfuegos, si México no lo hace, advirtió en un comunicado.
Del lado mexicano sabemos que en la Cancillería se planteó, al más alto nivel, la intención de reformular la política de cooperación con los vecinos del norte.
La idea no es generar una escalada, sino promover reciprocidad en la cooperación.
Durante décadas, las prioridades de México —tráfico de armas y dinero ilícito— no se han atendido.
Las cosas que Washington pide son extradiciones, captura de capos y más operativos “y México jala”. (Francisco Garfias, Excélsior, Opinión, p.4)
El caso del candidato a la gubernatura de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, acusado de violencia sexual, no quedará en una anécdota del verano electoral.
Independientemente de la suerte que el senador con licencia tenga cuando Morena defina si esos señalamientos cancelan o no su postulación, el tema de la normalización del acoso ya se coló en el debate público.
Y eso es lo que todavía no terminan de dimensionar los defensores del abanderado, bajo el argumento de que mientras no exista una sentencia, todo queda en dichos convenencieros.
Por supuesto que se está haciendo uso deliberado del caso para descarrilar esa candidatura.
Pero sea la oposición o el llamado fuego amigo el que utilice el tema, esto confirma que la desnormalización de la violencia sexual contra las mujeres llegó para quedarse. (Ivonne Melgar, Excélsior, Opinión, p.8)
Las palabras de un presidente importan, por bueno o malo que sea ese presidente. En el mejor caso, las palabras de un Presidente pueden inspirar; en el peor pueden incitar: Joe Biden.
Creíamos haberlo visto todo con las ocurrencias de Donald Trump, pero no. Su lado impredecible y ambicioso, una vez más, mostró al mundo que es capaz de poner de cabeza a los Estados Unidos con tal de retener el poder que, según él, le será arrebatado en próximos días por un “gran” fraude electoral.
Por supuesto, difícil de creer en un país que no se caracteriza por padecer supuestos complots, fraudes, rebatingas y toda clase de artimañas electorales que padecemos en los países latinoamericanos. Además de que siendo el presidente en turno del país más poderoso, el hecho de que, un fraude le haya pasado por las narices sin darse cuenta es un chiste que se cuenta solo. (Fernando Islas, Excélsior, Opinión, p.10)