El Poder Judicial está en la miseria y en podredumbre. Así lo dijo Alejandro Encinas, subsecretario de Gobernación a cargo del caso Ayotzinapa y su Comisión Presidencial, después de una nueva decisión del Poder Judicial, del juez Samuel Ventura Ramos, que ha liberado aún a más presuntos responsables de la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa. Suman 77 las liberaciones de 142 detenidos. Y probablemente vienen más. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
QUE en los próximos días la Comisión Presidencial para la Verdad y el Acceso a la Justicia por el Caso Ayotzinapa recibirá al ex gobernador de Guerrero Ángel Aguirre y a su ex procurador Iñaki Blanco, además de otros ex funcionarios, como parte de las investigaciones que se mantienen abiertas pese a la decena de liberaciones que se han dado en los últimos días. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Rudeza innecesaria la del subsecretario federal de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, al afirmar que la indignante excarcelación de 24 policías municipales de Iguala implicados en el caso de Los 43, es “una muestra de la miseria y la podredumbre en que se encuentra el sistema de impartición de la justicia en el país”. Es innegable que muchos juzgadores imparten más bien injusticia, pero la generalización es tan aventurada como descalificar todo el trabajo de los poderes Ejecutivo y Legislativo. (Carlos Marín, Milenio, Política, p. 7)
Mientras usted comía un chile en nogada o le pegaba al pozole de puerco en recuerdo de los héroes que nos dieron Patria, Gil leía una nota de Jannet López Ponce en su periódico MILENIO en la cual informaba que el Presidente de México se comprometió a no cerrar las normales: “No se van a cerrar las escuelas normales, al contrario se van a abrir más y el que salga de ahí va a salir con su plaza”, dijo en la mañanera de un viernes frío y nublado. Como lo oyen: más normales y todos los maestros cargando su plaza de miel: “ya se acabó la política privatizadora en materia de educación”. (Gil Gamés, Milenio, Al Cierre, p. 47)
Las dos más recientes leyes de amnistía en México han tenido destinatarios claros y se dieron en una circunstancia histórica apremiante. A finales de 1978 el gobierno mexicano publicó la Ley de Amnistía para eliminar toda responsabilidad penal de quienes se enfrentaron con corporaciones policiacas desde grupos políticos —pacíficos o armados. Con ello se legalizaron las actividades del Partido Comunista de México y se inició su participación plena en la vida política nacional, también se pretendió cerrar el episodio conocido como “guerra sucia”.
En 1994, luego del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el gobierno mexicano anunció una ley de amnistía para quienes participaron en el movimiento de sublevación que se dio en el estado de Chiapas. Ahora, en 2019, veinticinco años después de la ley que benefició a las filas zapatistas, el presidente Andrés Manuel López Obrador envió al Congreso de la Unión una iniciativa de Ley de Amnistía de amplio alcance para que abandonen la prisión los reclusos que caigan en los siguientes supuestos. (Editorial, El Universal, Opinión)
La retirada, el jueves, de la sección XXII de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) de las inmediaciones de la Cámara de Diputados fue sólo un respiro para gozar del puente de fiestas patrias. Cientos de maestros están convocados a volver a San Lázaro el miércoles, día en que sesionarán los diputados, y permanecer ahí hasta nueva orden, para hacerse presentes y presionar en la discusión de las leyes secundarias de la reforma educativa. Así que aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador y una comisión de la CNTE ya decidieron qué va y qué no en esas leyes, al parecer todavía no están plenamente satisfechas las demandas y volverán cuantas veces sean necesarias hasta que se vote lo que quieren. Esos sí, una vez que hayan disfrutado del pozole, el tequila y el baile de las fiestas patrias. (Bajo Reserva, El Universal)
Nos señalan que la comunidad Chol, en Chiapas, pide al presidente Andrés Manuel López Obrador que la Cuarta Transformación sea justa y que se pase del discurso a los hechos en su demanda de tarifas justas de energía eléctrica en favor de los pueblos originarios. Los pobladores, nos comentan, no dudan en recordarle a su dicho favorito en campaña: “Tabasco es mi agua y Chiapas es mi tierra”, para solicitarle que condone su deuda “por su histórica miseria y el abandono institucional”, como lo hizo en mayo pasado con los tabasqueños, a quienes les perdonó 11 mil millones de pesos adeudados ante la CFE. Habrá que ver si AMLO recuerda su juventud en la tierra de la marimba. (Kiosko, El Universal)
Apenas el domingo pasado escribía de la necesidad de parar los ataques en contra del Ejército y de la urgencia de detener las humillaciones en contra de los militares, y el lunes ocurría el incidente en Acajete, Puebla, en donde al asegurar una bodega con vehículos robados, entre otros productos del crimen, el “pueblo” atacó al Ejército mexicano. Al alcanzar el punto de no retorno, el presidente López Obrador autorizó el uso de la fuerza, proporcionado a la agresión recibida. (Francisco Zea, Excélsior,Nacional, p. 4)
El Ejército es uno de los pilares fundamentales del Estado mexicano. La institucionalización de nuestras Fuerzas Armadas, lograda después del movimiento revolucionario, fue uno de los principales logros del proceso de pacificación del país y de la consolidación del Estado moderno. Su historia de respeto por el poder civil define nuestro pasado no golpista, tan característico de la historia Latinoamericana; su credibilidad como institución defensora de la soberanía. No comparto la opinión de aquellos que piensan que sería bueno desaparecer el Ejército mexicano. Sin duda alguna, esa posición carece de un entendimiento claro del papel que juega, pues desprecia la trascendencia del trabajo que hacen nuestras Fuerzas Armadas por la nación, especialmente en tiempos de crisis, y su fortaleza como instrumento del Estado en la protección de los intereses de la sociedad. (Armando Ríos Piter, Excélsior, Nacional, p. 15)
SI ALGUIEN quiere hacerle un buen regalo a los panistas por los 80 años del PAN, podría darles un GPS porque andan muuuy perdidos… y no se ve que puedan encontrar el rumbo.
LO QUE tendría que haber sido un gran festejo para Acción Nacional, en realidad está resultando ser algo más parecido a un funeral, pues a más de un año de haber sido vapuleados en las urnas, siguen sin reencontrarse con algo que sabían hacer bien: ser oposición. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
La Cuarta Transformación insiste en que lo es. Todos los días busca crear una narrativa de cambio verdadero, de ruptura real, de bandazo bendito. Según la historia oficial, membretada y diseminada en cada documento de gobierno, ha habido solo cuatro hitos de alteración auténtica: la Independencia, el periodo juarista, la Revolución de 1910 y la etapa actual. Todos los esfuerzos de democratización antes de Andrés Manuel López Obrador fueron apócrifos. Todos los trabajos de construcción y remodelación institucional fueron en balde. Todas las alternancias anteriores no cuentan. Ahora se trata de reescribir el pasado para controlar el futuro; de concebir a la política como un espectáculo continuo con actores que memorizan el guion escrito en Palacio Nacional; de poner a desfilar a pipas de Pemex y a los beneficiarios de los programas sociales y los miembros de la Guardia Nacional. México transformado cuando en realidad es México abreviado. Simplificado. (Denise Dresser, Reforma, Opinión, p.9)
Bajo la rijosidad del discurso presidencial se esconde una apuesta decisiva. No pertenece a la fantasía del México renacido porque es una apuesta de continuidad. No tiene vuelos de hazaña, porque tiene, ante todo, propósito mercantil. Hablo de la decisión de mantenerse en la órbita norteamericana, de cuidar al máximo la relación con el gobierno de Estados Unidos, de refrescar el acuerdo que rige el comercio de la zona. Se trata de una determinación clara y firme. En ello no hay ambages: López Obrador no coquetea con el sur y podría decirse que está dispuesto a todo para complacer al demagogo del norte. El Presidente reconoce la importancia de la asociación económica y está decidido a no ponerla en riesgo. Para demostrar su empeño ha llegado a la medida más radical a la que podría llegar el presidente López Obrador: el silencio. En efecto, hay asuntos sobre los cuales el Presidente puede callar. Y si algo puede provocar el mutismo del Presidente es que es algo muy, muy serio. En efecto, cuando se trata de la relación con Estados Unidos y, en particular, de las agresiones de Donald Trump, el presidente de México calla. Sella sus labios como si fueran un zíper y extiende las manos en signo de paz. Si con sus opositores y sus críticos, con los medios independientes y las organizaciones civiles tiene una mecha diminuta, con el presidente de Estados Unidos tiene una cuerda kilométrica. (Jesús Silva-Herzog Márquez, Reforma, Opinión, p. 8)