De Hoyos el ausente en plan de AMLO.- A ninguno de los hombres de negocios del país causó sorpresa, nos dicen, la ausencia de Gustavo de Hoyos, jefe de la Confederación Patronal de la República Mexicana, en la presentación el martes del Plan Nacional de Infraestructura, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Por supuesto, nos explican, la Coparmex no dejó la silla vacía y envió a Sergio Leal, director y fundador de la Inmobiliaria Vinte. Sin embargo, nos recuerdan que don Gustavo ha mantenido una posición de contraste y, en algunos casos, de confrontación con las políticas del gobierno de AMLO. El punto, nos mencionan, es que desde Palacio Nacional se tomó nota de los empresarios que acudieron para apoyar el plan que considera varios cientos de miles de millones de pesos para 147 proyectos. ¿Será que don Gus quedó ya en la lista negra por no pasar lista en el corazón político de México? (El Universal, Nación, p. 2)
QUE hay senadores de todas las fracciones, incluidos de Morena, inconformes con que en el Presupuesto 2020 se les haya homologado su dieta con la de los diputados, por lo que Pablo Gómez argumentó que se actuó conforme a la Constitución toda vez que había “algunos” que ganaban más que el Presidente, así que se tuvo que emparejar el tabulador y a partir del 1 de enero cobrarán 74 mil 548 pesos, “y si quieren que interpongan su recurso ante la Corte… que al fin no va a proceder”.
Por cierto, se rumora en esa Cámara que la fiesta decembrina de la bancada de Morena será en el rancho de Pedro Haces, pero hay quienes no han sido requeridos, como la presidenta Mónica Fernández, quien respondió: “al menos todavía no tengo conocimiento”. Tsss. (Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
Sin duda, el Culiacanazo le pegó. Marcó, para algunos, un punto de quiebre en su gobierno (para otros fue la consecución del operativo fallido en Culiacán y la masacre de la familia de los LeBarón en los límites de Chihuahua y Sonora).
Pero aún así, las cifras de las principales encuestas ponen a Andrés Manuel López Obrador por encima de sus tres últimos antecesores (Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Vicente Fox) en su primer año de gobierno.
En el histórico de la encuesta de encuestas Oraculus las cifras de la evaluación de los mandatarios por la ciudadanía es de llamar la atención:
El que en peor situación se halló al cumplir sus primeros 12 meses al frente de la Presidencia de la República fue Peña Nieto. Para diciembre de 2013, las líneas de aprobación y desaprobación a su gobierno estaban a punto de cruzarse: caía su aprobación a 47% y se elevaba la desaprobación a 45. La tendencia final de ese primer año no cambiaría en los años siguientes. Peña terminaría su sexenio con una descalificación de 73%. (Martha Anaya, El Heraldo de México, País, p. 6)
¿Está de regreso la mexican piñata? Dos declaraciones de Donald Trump, en menos de 72 horas, son suficientes para justificar la pregunta. El ocupante de la Casa Blanca sabe que usar a México como costal de boxeo le fue muy rentable en el 2016. Intuye que el vecino del sur sigue teniendo poderes curativos para su vida política y empieza a practicar sus golpes modelo 2019. Ahora le pueden servir para desviar la atención sobre el proceso de impeachment, además de preparar el terreno para su campaña de reelección para el periodo 2020-2024.
Las dos declaraciones del presidente tocan órganos vitales de la relación bilateral. El T-MEC está muerto, por culpa de los demócratas, dijo Donald Trump el domingo. Ayer subió la temperatura al horno cuando dijo, en una entrevista de radio: “Los cárteles mexicanos serán designados como terroristas (…) he estado trabajando en eso durante los últimos 90 días”. (Luis Miguel González, El Economista, El Foro, p. 55)
Ha transcurrido un año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el saldo más relevante es, para mí, un déficit entre expectativas y realidad. Evidentemente hay cosas positivas (la voluntad de erradicar la corrupción; la recuperación del salario mínimo y la reforma sindical, por ejemplo), pero el recuento amplio arroja números rojos. En primer lugar, el estancamiento económico. Las malas decisiones presidenciales derrumbaron la confianza empresarial y la inversión privada; una administración pública deficiente hundió la inversión pública.
La seguridad es zona de desastre, descontrol y tragedias cada vez más conmovedoras e impactantes. Solo Alfonso Durazo y el Presidente creen que todo va bien. Aquí, además de romper la confianza de la ciudadanía, ya perdió la de Donald Trump y de la clase política estadunidense, lo que se puede traducir en una injerencia indeseada y en mayor desprestigio internacional del país. En materia de corrupción hay más voluntarismo y discurso que realidades; no solo se frenó la construcción del Sistema Nacional Anticorrupción, sino que además cientos de miles de millones de pesos del presupuesto se gastan sin reglas de operación y sin transparencia; se incrementaron los contratos por adjudicación directa, la persecución de corruptos se sigue haciendo con fines políticos. ¿La draconiana austeridad y la norma de que los funcionarios no podrán contratarse durante 10 años no está generando un gobierno atrofiado e inepto por perder a sus mejores cuadros? (Guillermo Valdés Castellanos, Milenio Diario, Política, p. 13)
Javier Sicilia va más allá de la poesía. Académico, sólido intelectual, líder y activista por la paz y los Derechos Humanos, ahora se convierte, en el “villano de turno” de las mañaneras.
Dijo que le daba “flojera” recibirlo. ¿Se podría creer que son palabras de un Presidente?, ¿De un Ejecutivo Federal obligado a gobernar para todos y a no exentar a ninguno por antipatías, caprichos o revanchismos?
El pecado de Sicilia fue enviarle una carta en la que le solicita lo reciba para comentar la política de seguridad, a su juicio, equivocada. El activista se quedó helado con la majadería de la respuesta, máxime cuando el tlatoani le echa encima la artillería pesada, en boca, en particular, de quien se dice sacerdote, Alejandro Solalinde. (Catalina Noriega, El Sol de México, Análisis, p. 18)
Las ocurrencias de los funcionarios de esta administración no conocen límites a la hora de dar rienda suelta a verdaderas imaginerías. No tienen los pies en el piso. Unos levitaron y otros no han comprendido que están, desde hace un año, en el gobierno.
El presidente López Obrador ya piensa como Luis XIV, y no porque –como el Rey Sol– también viva en un Palacio y no en la casa de los presidentes de México que mandó construir el general Cárdenas.
Ahora nos dice que el secuestro y asesinato de los normalistas de Ayotzinapa no fue crimen de Estado. ¿Lo malinterpretaron? No, de ninguna manera. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 36)
Desde hace casi 60 años, la vida de la familia Alemán se mide públicamente en dígitos. Forma parte de una leyenda construida sobre realidades desde que Miguel Alemán Valdés asumió la Presidencia en 1946. Alemán Valdés, un cachorro de la Revolución y el primer mandatario sofisticado, cultivado y técnicamente entrenado para dirigir, transformó a México y lo industrializó, pero siempre obteniendo una pequeña parte de todo para ir amasando su fortuna. Impulsó la minería, y se quedó con parte del negocio; abrió las transmisiones de televisión y se quedó con un paquete de acciones de Telesistema Mexicano, hoy Televisa; impulsó el turismo y se quedó con propiedades en Acapulco, que él construyó, y donde desde los primeros días en Los Pinos, empezó a comprar terrenos que hoy valen millones de dólares. El turismo y el negocio de los bienes raíces fue lo suyo durante y después de la Presidencia. Compró a precio de remate lo que hoy es Ciudad Satélite, urbanizó terrenos en Cuernavaca, en una parte del Bosque de Chapultepec, y ganó millones al fraccionar Polanco. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p. 38)
Estamos a tres días de que se cumpla el año de gobierno y la discusión pública estará monopolizada por los logros y también por fracasos de la administración del Presidente, sus aciertos y yerros, por las verdades, medias verdades o francas mentiras que se den a conocer y por lo que se propone concretar en los próximos 12 meses.
Ante esta segura avalancha, aprovecho para hablar de lo que no se hablará. De un espectro: la oposición política. Aquella que, al menos en apariencia, decidió retirarse del campo de batalla como si su derrota en 2018 hubiese sido la de Waterloo, que supuso el fin de Napoleón y del Imperio Francés.
Cierto que Andrés Manuel López Obrador ganó de manera incuestionable y con una diferencia de 30 puntos no vista desde que los procesos electorales merecen el nombre de democráticos. También es cierto que la coalición Juntos Haremos Historia significó la restauración de un gobierno de mayoría que no se había visto en los últimos 21 años. (María Amparo Casar, Excélsior, Nacional, p.6)
Los humanos somos animales que nos cuesta mucho trabajo aceptar nuestros errores. A los políticos les cuesta aún más. Un político como López Obrador, simple y sencillamente, nunca se equivoca. A lo mejor, en privado, con su cabeza sobre la almohada, sí reconoce que la regó en algo, pero jamás de los jamases lo expresará públicamente. Digo esto porque a veces me pregunto si el Presidente, por lo menos en su fuero íntimo, ya se habrá dado cuenta de la gran equivocación que cometió al haber cancelado la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco.
En lo personal, creo que ha sido el peor error que ha cometido desde que ganó la elección presidencial, en julio del año pasado. En vísperas de que tomara esa decisión, en octubre de 2018, Citibanamex publicó un documento en el que definía la posible suspensión de la obra de infraestructura más grande de la historia de México como el “error de octubre”, haciendo eco al terrible “error de diciembre” de 1994 que marcó al sexenio de Ernesto Zedillo. Bueno, pues AMLO sí canceló el NAIM y hoy podemos afirmar que, efectivamente, fue un error que determinó a su gobierno. (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p.13)