Tenía que ser Chicago, enorme ciudad de migrantes que conocen del dolor y el hambre de las guerras que dejaron atrás en su búsqueda de refugio. (La Jornada, Contraportada)
El acuerdo migratorio entre senadores republicanos y demócratas que debía ser presentado esta semana está derrumbándose. Esto abre una oportunidad única para AMLO y Bárcena.
Se trata de adelantarse a los acontecimientos. De utilizar la política pública para hacer diplomacia hacia el vecino país. Ordenar el proceso migratorio y evitar que se profundice la crisis migratoria en nuestra frontera común.
Sin duda alguna el acuerdo que se había cocinado en el Senado es draconiano. Con certeza sabemos que regresábamos a momentos como los protocolos de migración segura (MPP’s), en que los peticionarios de asilo esperaban por varios meses en las ciudades de la frontera norte mexicana y nuestro país asume todos los costos de la espera.
Una cláusula del acuerdo se filtró a la prensa. Permitiría cerrar la frontera cuando se llegaba un número mayor de 5 mil migrantes al día detenidos por la Patrulla Fronteriza. En diciembre pasado el promedio de detenciones llegó a ser de 10 mil al día.
Aunque no conocemos todos los detalles del acuerdo, sí sabemos de dónde provenía, por lo que podemos inferir que sería dramáticamente antimigratorio y derogatorio para nuestro país.
Los republicanos decidieron hace unos meses que ligarían la ayuda a Ucrania e Israel a la frontera sur. Es decir, para que el Congreso autorizara fondos que pedía la administración para ambas guerras, exigió se aprobara un paquete de medidas para acabar con la crisis migratoria en la frontera.
Durante los dos últimos años fiscales, 2022 y 2023, se rompieron récords de migrantes detenidos por la Patrulla Fronteriza, 2.2 y 2.1 millones, respectivamente. Y noviembre y diciembre pasados se tuvieron los números más altos de detenciones en la historia: 235 mil y 252 mil, respectivamente.
Evidentemente, los republicanos tenían todo a su favor para exigir el mayor cierre de la frontera sur que hallamos conocido. Más aún, el propio presidente Biden compró el acuerdo porque se percató que le permitirían poner orden en una frontera ingobernable.
La elección es el 5 de noviembre próximo. La frontera en crisis le ayuda enormemente a Trump. Eso explica que, el sábado pasado, en un rally político en Pensilvania, Biden espetó: “Si suben los números de migrantes, cerraremos la frontera”.
Trump, al rescate. Al pedir Trump a sus correligionarios del Congreso no darle un triunfo legislativo a Biden y dejar que continúe el caos migratorio en la frontera, nos salva de enfrentar el más canino acuerdo migratorio en la historia de la relación bilateral.
Presidente López Obrador y canciller Alicia Bárcena, Trump les otorga una oportunidad sin precedente al reventar el acuerdo migratorio del Senado.
Urge ordenar los flujos migratorios que transitan por nuestro país. Tolerancia cero para las caravanas. Es año electoral. Evitemos darle municiones a Trump y Fox News: “Nos invaden las caravanas migratorias de países de mierda”.
Por interés nacional no les regalemos una crisis migratoria a los supremacistas blancos.
Ustedes dos lo han expresado bien: para frenar de raíz los flujos migratorios hay que llevar desarrollo a Centroamérica y a las zonas expulsoras de México.
Sí hay tiempo en este año electoral para manejar los flujos. Incluso los mexicanos. No olvidemos que una tercera parte de los que llegan a la frontera son connacionales. Veinte por ciento de Centroamérica y el resto de Venezuela, Cuba, Haití y Nicaragua. Y, desde luego, del mundo entero, destacando China y Afganistán.
Señor Presidente, usted fue capaz de cerrar las fronteras sur y norte cuando Trump amagó con la subida de aranceles en 2019. Se trata de repetir el esfuerzo. Adelantarse y hacer política exterior con una legítima política de orden y legalidad al interior del territorio nacional.
Sin cuartel contra los traficantes de personas. Se trata de aprovechar sus buenas relaciones con el vecindario centroamericano para cerrar filas en este ordenamiento migratorio.
Si actuamos ahora, ordenando los flujos migratorios, pondremos nuestro granito de arena. Primero, para evitar un escenario que le favorece a Trump y, segundo, para invalidar el acuerdo draconiano que ya cocinaron ambos partidos.
Con o sin retorica mañanera, es hora de actuar, señor Presidente. (Rafael Fernández de Castro, El Financiero, Mundo, p. 31
Cuando le preguntaron al presidente López Obrador por el origen de las filtraciones que señalan que el Cártel de Sinaloa financió su campaña presidencial en 2006, acusó al Departamento de Estado.
De ser así, más le vale que Donald Trump gane la Presidencia en noviembre.
Con Trump, de seguro le irá mal a México, pero tal vez a él no. Le ha servido con indiscutible lealtad.
Pero de reelegirse Biden, el expresidente López Obrador tendrá un enemigo declarado en la Casa Blanca.
Ya se la juraron, como lo intuyó acertadamente.
La enemistad de Biden se la ha ganado a pulso, porque le jugó las contras en todo.
En octubre López Obrador ya no tendrá la coraza del águila y la serpiente terciada al pecho.
Tampoco será el dueño de la llave de paso de los flujos migratorios en la frontera del norte, como lo es ahora.
Sí, AMLO tiene contra las cuerdas la reelección de Biden por el flujo desbordado de migrantes hacia el norte.
Las elecciones en Estados Unidos son en noviembre, y allá existe una antigua tradición de que las carreras presidenciales que vienen cerradas las definen las “sorpresas de octubre”.
Por eso es peligroso entrar a jugar en las elecciones del país vecino de la manera tan abierta, y con golpes bajos, como lo ha hecho nuestro Presidente.
Nuestro Presidente se equivocó al confundir la buena fe de Joe Biden con el “buen hombre” de la picaresca mexicana.
Biden no tiene un pelo de eso.
Trató de llevar una buena relación, tragó saliva amarga para no chocar con su colega del sur.
Insistió en la reforma migratoria de amplio espectro, se desgastó con adversarios y aliados en busca de legalizar a 11 millones de ilegales, mexicanos la mayoría de ellos.
Y no pudo por la oposición de los congresistas y senadores que siguen a Donald Trump.
En el ocaso de ambos periodos presidenciales, Joe Biden se siente traicionado por López Obrador.
AMLO señala a Blinken como el origen de las insinuaciones de ligas con el Cártel de Sinaloa.
De ser el caso, como pienso que es, esto apenas empieza.
La prioridad número uno en política exterior de la administración Biden es la guerra en Ucrania.
El presidente de Estados Unidos alineó a Europa en apoyo a Ucrania y sanciones a Rusia por la invasión.
Fue una labor titánica porque su antecesor, Donald Trump, dejó prácticamente rotas las relaciones con la alianza atlántica y llegó a la Casa Blanca en 2016 con la ayuda de Putin.
Con el pegamento de la diplomacia Biden pudo convencer a los aliados del Atlántico de sancionar a Rusia –su abastecedor de gas– y proveer de pertrechos militares a la agredida Ucrania.
Y resulta que el gobierno de México, el vecino, el socio, el amigo, jugó con dos caras.
En la ONU votó por la condena a la invasión, pero se negó a sumarse a las sanciones comerciales y desplegó una amistad con Moscú que no se veía desde que en ese país gobernaba Gorbachov.
Hasta un grupo de amistad con Rusia formó el partido del presidente López Obrador en el Congreso.
Putin y el embajador ruso no se han cansado de agradecer al gobierno mexicano por la amistad fortalecida.
La cadena de información del Kremlin, Russia Today (RT), prohibida en Estados Unidos, Canadá y Europa, se instala en México como en su casa.
El mayor número de espías rusos en el extranjero se encuentra en la Ciudad de México, según el Departamento de Estado.
Por si fuera poco sabotear la prioridad en política exterior de Biden, en el sur se le da oxígeno a la dictadura de Maduro con negocios oscuros en perjuicio de México y de la relación con Estados Unidos.
Además, el presidente López Obrador entra a jugar en la disputa interna por el poder en el país vecino, en el año de las elecciones presidenciales.
Hace poco más de una semana funcionarios del gobierno de Estados Unidos señalaron que las autoridades mexicanas habían dejado de colaborar en la contención de los flujos migratorios.
Sí, en año electoral allá.
Sólo en diciembre, la Patrulla Fronteriza frenó y regresó a 250 mil migrantes indocumentados en su frontera sur. Anualizado, son 3 millones de detenciones.
¿Y cuántos pasaron sin ser detenidos?
Con la frontera desbordada por olas de esa magnitud con migrantes ilegales, el gran ganador es Trump.
La lectura en Washington es que el Presidente de México ha decidido intervenir en sus elecciones, por segunda vez, en favor de Trump y contra Biden.
Tal vez no sea a propósito.
Explíquenselo al Departamento de Estado. A ver si les creen.
Incluso es posible que el embajador Ken Salazar deslinde a su gobierno de las tres publicaciones en línea con el presunto financiamiento del Cártel de Sinaloa a la campaña de AMLO.
¿Le van a creer al embajador?
Imposible.
La confianza está rota.
Qué final.
(Por cierto, el miércoles se dio a conocer la más reciente encuesta de la Universidad de Quinniapiac: Biden se recuperó y está seis puntos arriba de Trump en las preferencias electorales). (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 38)
México está en el centro de las campañas en EUA. Biden anunció —a la Trump— que, si el Congreso aprueba el acuerdo sobre el financiamiento para Ucrania y la protección de la frontera, cerraría la frontera con México hoy mismo. A pocos días, ProPublica y DW publicaron artículos incriminando a AMLO con el Cártel de Sinaloa, elevando la presión electoral sobre México.
La crisis migratoria, la epidemia de fentanilo y los artículos de ProPublica y DW, revelan problemas complejos que son reformulados, aprovechando los miedos y prejuicios de la gente, para convertirlos en causas y propuestas de campaña.
Migración: Los republicanos argumentan que los migrantes arrebatan los empleos y disminuyen los salarios de los trabajadores estadounidenses. Esther Duflo y Abhijt Banerjee, en Good Economics for Hard Times, no encuentran evidencia de eso y, por el contrario, muestran que los migrantes incrementan la oferta de trabajo, pero hacen lo propio con la demanda al consumir en las comunidades en las que viven. Contrario a lo que quieren hacer creer los republicanos, una persona no decide migrar para hacerse rico, sino que lo hace para huir de situaciones críticas que los obligan a salir de sus casas y buscar un lugar seguro en donde vivir. En la retórica republicana la migración es una invasión que diluye la cultura estadounidense, que incrementa la delincuencia y disminuye el ingreso de sus residentes y no un problema de pobreza, inseguridad y violencia continental o, por lo menos, de escasez de vivienda y servicios públicos.
Fentanilo: Algunos republicanos proponen abordar el problema del fentanilo como un tema de seguridad nacional, buscando “eliminar” la oferta y no como un problema de salud pública. Entre sus propuestas está declarar a los cárteles mexicanos como terroristas y justificar una intervención militar en su contra en territorio mexicano. Si no se contempla la eliminación del tráfico de armas hacia México y se reduce la demanda por fentanilo, esta estrategia en contra de nuestra soberanía, únicamente incrementaría la letalidad de la violencia de los carteles y no impediría que otras organizaciones en México o la región sustituyan las operaciones de los cárteles eliminados. Por supuesto, tampoco controlaría la epidemia de fentanilo. Aun así, estas propuestas son exitosas porque identifican a México como un enemigo, logrando popularizarse en una parte del electorado.
Señalamientos: ProPublica y DW han publicado artículos basados en investigaciones de la DEA, argumentando que el Cártel de Sinaloa financió la campaña electoral de AMLO en 2006. Un escándalo gravísimo. A pesar de que la revelación podría haber generado una crisis en otros países, en México, AMLO desestimó las acusaciones como falsas, atribuyéndolas a una campaña en su contra por parte del Gobierno estadounidense. Las repercusiones legales y políticas están por verse, pero estos artículos serán utilizados en las campañas estadounidenses para señalar la complicidad del Gobierno mexicano con la crisis migratoria y del fentanilo, popularizando soluciones fáciles con repercusiones catastróficas. (Pedro Sánchez Rodríguez, La Razón, México, p. 09)
El lunes le comentaba sobre el anuncio del departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT, por sus siglas en inglés) que amenaza con no refrendar la alianza entre Aeroméxico, de Andrés Conesa, y Delta Airlines, al mando de Ed Bastian, pues bien, de darse iría más allá de la relación comercial entre ambas aerolíneas.
Y es que como se ha dicho, se trata de una queja a las obligaciones que ambos países suscribieron de manera voluntaria al abrir el Acuerdo Bilateral Aéreo en 2016, durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto, en donde se elimina el límite de empresas aéreas que pueden volar entre ambos países, lo que de facto permite una mayor competencia y un crecimiento en el tráfico de pasajeros.
Es un hecho que los beneficios del bilateral se han visto en el mercado transfronterizo y podrían ser aún mayores si se hubiese permitido la alianza entre Viva Aerobus, que lleva Juan Carlos Zuazua, y Allegiant, de John T. Redmond, sin embargo, la serie de tropiezos que ha cometido el gobierno de México en materia aérea son el pretexto perfecto para poner en pausa indefinida estas alianzas.
No será el final de Aeroméxico, porque primero, no dejaría de volar a EU, pues conserva slots en distintos aeropuertos y conserva hasta el momento la alianza patrimonial de Delta, pero sí implicaría un replanteamiento profundo de su estrategia comercial.
Mientras ambas aerolíneas muestran alegatos a la decisión del DOT, quedan en el aire muchas preguntas sobre el papel que jugará el gobierno de México para convencer a EU de que ha cumplido el acuerdo bilateral, que la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), que comanda Miguel Vallín, demuestre con números que el mercado ha crecido, pero sobre todo si hay o no interés de mantener la apertura aérea entre los dos países. Hasta hoy nada de esto, está claro.
¿SUMARÁN VOTOS A PROPUESTA?
Habrá que estar atentos sobre el camino que tome la discusión de la propuesta que enviará el presidente Andrés Manuel López Obrador, para fortalecer el sistema de pensiones. Las sorpresivas declaraciones del coordinador de los diputados del PRI, Rubén Moreira, y de la precandidata a la presidencia Xóchitl Gálvez, en apoyar un eventual cambio al régimen de jubilaciones, quitará presión a un tema delicado que de no ser atendido de forma responsable podría poner en riesgo la viabilidad financiera de nuestro país.
BUENA PERSPECTIVA DE FUTURO
El Día Actinver 2024 fue el epicentro de voces de la economía, tecnología, finanzas y energía. Un diálogo para abordar los retos de las industrias mexicanas en los siguientes cinco años. El evento de la compañía dirigida por Héctor Madero abordó temas cruciales como las tendencias de Inteligencia Artificial, nuevas energías y la importancia de la diversidad de ideas. Actinver se posiciona como un catalizador de diálogos para diseñar el futuro de nuestro país. (Jaime Nuñez, El Heraldo de México, Merk-2, p. 19)
El presidente de Estados Unidos, se llame como se llame, tiene la facultad de ordenar bombardeos sobre pueblos polvorientos situados a 12 mil kilómetros de las fronteras de su país, pero carece del poder expedito para poner orden en su frontera sur e impedir que un gobernador racista y demagogo le usurpe la potestad de administrar esa demarcación binacional. Puede pedir en extradición a un narcotraficante latinoamericano (y en casos extremos, ordenar su secuestro), pero no tiene ninguna posibilidad de establecer un programa federal de rehabilitación para los millones de adictos que deambulan por las ciudades estadunidenses; a lo sumo, logrará que se distribuya y administre algunas dosis de una sustancia para reanimar momentáneamente a los que se les pasó la mano con la jeringa, quienes, pasado el peligro, serán devueltos a la calle y a su infierno.
Un ocupante de la Casa Blanca ignora muchas de las tramas que se urden en los pasillos de la DEA, la CIA, ATF, los departamentos de Estado y de Justicia, y otras de esas dependencias oficialmente adscritas a su autoridad, las cuales, con frecuencia, se enredan en rivalidades políticas o burocráticas y que desde luego no están exentas de ese cáncer que de manera recurrente Washington diagnostica en gobiernos amigos o enemigos: la corrupción. Mientras más vasto es el poder global de un Estado, más espesos son los laberintos a los que debe enfrentarse su jefe para gobernar.
Un caso especialmente lamentable es el del condicionamiento republicano a la intención de Joe Biden de enviar a Ucrania un paquete multimillonario de ayuda militar. Para aprobarlo, el bando tomado por el supremacismo y la paranoia xenófoba exige la adopción de medidas en contra de los migrantes. En el peor de los escenarios, demócratas y republicanos se pondrán de acuerdo para aprobar dos canalladas: el reprobable propósito presidencial de echar más gasolina al fuego de la guerra y la represión policial –si no es que militar– de trabajadores extranjeros a quienes los republicanos llaman invasores.
La cosa se complica en tiempos de recambio electoral porque los intereses partidistas –y los económicos que están detrás– van contaminando los asuntos en las más altas instancias y llegan a teñir el desempeño de las oficinas más insignificantes; desde los entresijos de los programas sociales hasta las decisiones de seguridad nacional. Hoy, el conjunto institucional de la potencia vecina se encuentra en una situación cada vez más descontrolada, en muchos casos, de parálisis, y con un gobierno que no tiene mucho más que ofrecer al electorado que el de servir por cuatro años más como muralla a los afanes vandálicos del trumpismo.
En tales circunstancias, México se enfrenta desde ya al enorme batidillo de intereses contrapuestos que es el escenario político estadunidense, y es en ese contexto que debe situarse la campaña insidiosa organizada en los albañales interconectados de la DEA y el periodismo mercenario para sembrar la idea de que en 2006 el actual Presidente mexicano recibió financiamiento del narcotráfico para su campaña electoral. Desde luego, López Obrador tiene toda la razón en dirigirse al gobierno de Estados Unidos –concretamente, al Departamento de Estado– para exigir explicaciones y disculpas por la difamación, pero es posible que ni el ocupante de la Casa Blanca ni su subordinado Antony Blinken estén en condiciones de formular una respuesta coherente al requerimiento, por la sencilla razón de que, aunque formalmente el primero tiene la responsabilidad última sobre la DEA, no la tiene sobre intereses mediáticos que, por el motivo que sea, pretenden meter la nariz en los asuntos de México y darle a la coalición opositora un balón de oxígeno que requiere con suma urgencia. Y es que, de manera concertada o no, la abanderada de esa coalición, Xóchitl Gálvez, viajó a Estados Unidos en medio del escándalo artificial para ofrecer allá, en la bandeja de sus aspiraciones cada vez más improbables, el retorno a las políticas privatizadoras que tanto gustan en los entornos políticos y empresariales del país vecino. La coincidencia es más que sospechosa.
Participar en ese juego sería una tentación sumamente peligrosa tanto para Biden –que ha encontrado en el mandatario mexicano colaboración sincera y digna– como para el bando de Trump, al cual no le conviene llevar su histeria antimigrante a un nivel de confrontación abierta con el Estado mexicano. Más peligro aún resulta para los alicaídos gerifaltes del PRIANRD, su coordinador empresarial y sus operadores mediáticos: abrir la puerta a la injerencia de instancias foráneas es una acción particularmente odiosa no sólo para la gran mayoría ciudadana que respalda a la Cuarta Transformación, además de que la historia nacional la marca como la más baja sima de la deslealtad.
Lo mejor que puede ocurrir es que Biden formule una explicación y una disculpa, así sea balbuceante. Y si los opositores mexicanos no renuncian a su coqueteo impúdico con los intereses intervencionistas de Estados Unidos, que se atengan a las consecuencias en las urnas. (Pedro Miguel, La Jornada, Opinión, p. 19)
Una de las frases más socorridas de Churchill es que “la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás”. Al margen de la ironía, vale la pena reflexionar sobre la crisis de la democracia en el contexto electoral de Estados Unidos.
La democracia puede ser entendida como la necesaria correspondencia entre los actos de gobierno y los deseos de aquellos que son afectados por ellos. Es decir, que la titularidad del poder reside en el pueblo, que lo ejerce por sí o a través de representantes. Para que haya una verdadera democracia, debe haber certidumbre en las reglas electorales, pero incertidumbre acerca de quienes puedan ganar. Además, certeza sobre el cumplimiento de los resultados electorales. En el caso de Estados Unidos —a diferencia de nuestra región latinoamericana— se hablaba de una democracia consolidada, al menos hasta el gobierno de Trump. Él nos recordó que sin importar cuán frágil o consolidada esté, cualquier democracia está siempre en riesgo.
Estados Unidos tiene un sistema bipartidista en el cual demócratas y republicanos han definido la vida política del país, se celebran elecciones libres y periódicas, hay libertad de asociación y expresión, la posibilidad de ser elegido para cargos públicos, competencia y oposición. Pero ¿qué sucede cuando una artista tiene el potencial para cambiar los resultados en las elecciones de un país? El fenómeno Swift es un ejemplo entre otros de cómo la ignorancia política puede llevar a todo un país a someterse al mandato de un presidente elegido por los motivos equivocados. Hay otros horizontes a los cuales mirar, que nos llevan a preguntarnos si basta con seguir las reglas del juego para hablar de una verdadera democracia. La “mayoría” no basta para que un régimen sea democrático. Por ejemplo, la opinión mayoritaria puede ser incongruente con los elementos mismos que definen a un régimen democrático. El principio mayoritario debe proteger también a las minorías, a través de compromisos y consensos. De otro modo, la tiranía de la ignorancia y el miedo pueden controlar la opinión popular e inclinar la balanza sobre uno u otro candidato. Mientras no exista una cultura cívica, se acorten las brechas de la desigualdad y aumenten los niveles de educación, la “democracia” podrá ser utilizada como una forma de legitimar la imposición de agendas político-económicas de poderes fácticos.
El gobernador de Texas, Greg Abbott, ha utilizado un discurso xenófobo en contra de los migrantes, asociándolos con la delincuencia y la inseguridad. No solo ha asegurado votos, sino que mediante la opinión pública ha puesto contra la pared al gobierno de Biden.
La propagación de fake news y teorías conspirativas con propósitos partidistas son otros métodos de manipulación que resultan efectivos en sectores de la población que no saben discernir acerca de su veracidad. La inteligencia artificial ha vuelto más accesible este recurso, por lo que las elecciones de 2024 podrán verse aún más afectadas que las anteriores.
Y el fenómeno Taylor Swift cobró una importancia inusitada. Un sondeo reveló que 3 de cada 10 estadounidenses menores de 35 años serían más propensos a votar por un candidato respaldado por la artista. Además, a partir de una publicación suya en Instagram, 30,000 personas se inscribieron en el día nacional de registro de votantes. Esto puede ser decisivo para inclinar la balanza en las elecciones de 2024. En 2020, el 48% de los votantes elegibles de 18 a 29 años votaron, en comparación con el 73% de aquellos de 65 a 74 años. Sectores de la derecha han manifestado su preocupación por la influencia que la cantante pueda tener en las elecciones de 2024, dado que antes apoyó abiertamente a candidatos demócratas.
La democracia asegura el desenvolvimiento pacífico de la lucha por el poder y la vía electoral es indispensable dentro de cualquier estado de derecho democrático. Cabe preguntarnos, sin embargo, qué mecanismos es necesario implementar para limitar la influencia de los medios de comunicación y de los poderes económicos y de facto, que utilizan la opinión pública para controlar el sistema electoral. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A5)
En campaña

(Xolo, 24 Horas, Pagina 2, p. 2)
Fuga de cerebros

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)
Metiendo sus narices
