Opinión Migración 020225

Ante la agresión, unidad nacional

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo rechazó categóricamente la calumnia que hace la Casa Blanca al gobierno de México de tener alianzas con organizaciones criminales, así como cualquier intención injerencista en nuestro territorio, en referencia al comunicado en el que Washington acusa a Palacio Nacional de proporcionar refugios seguros a los cárteles para que se dediquen a la fabricación y el transporte de narcóticos peligrosos, así como de sostener con los grupos delictivos una alianza intolerable que pone en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos.

La respuesta de la mandataria fue contundente en desmontar los bulos propalados por la administración de Donald Trump y recordarle a su par que toda cooperación debe darse en un marco de irrestricto respeto a la soberanía mexicana. Con respecto a la goebbelsiana reiteración de que México no colabora para atajar el tráfico de fentanilo, cabe recordar que entre 2019 y 2023 los decomisos de esa droga se incrementaron mil 79 por ciento frente al sexenio antepasado, se desmantelaron mil 788 laboratorios clandestinos y se causó un quebranto de 1.6 billones de pesos a las arcas de la delincuencia organizada.

En sólo cuatro meses, el gobierno de Sheinbaum confiscó más de 20 millones de dosis de fentanilo. Mientras tanto, Estados Unidos toleró el tráfico de armas hasta un extremo rayano en la complicidad: cada año entran de manera ilegal a territorio mexicano alrededor de 200 mil armas de fuego, la inmensa mayoría de ellas, a través de la frontera norte. Frente a las incautaciones de 70 mil 571 artefactos efectuadas aquí por autoridades de los tres niveles de gobierno, Washington apenas aseguró 2 mil 955 dispositivos mediante su operación Southbound: un raquítico 1.5 por ciento del flujo anual.

En cuanto al lavado de dinero, en 2020 el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) encontró que Deutsche Bank, Bank of New York Mellon, Standard Chartered, JPMorgan y HSBC movieron más de 2 millones de millones de dólares en operaciones clasificadas como actividades potenciales de lavado de activos. Esta cifra surgió únicamente del 0.2 de los documentos sobre procedimientos bancarios turbios analizados por ICIJ, y no motivó ningún seguimiento por parte de Washington para desconectar la inmensa lavadora de dinero ilícito que es la economía estadunidense.

Pese a la gravedad de las acusaciones vertidas por el magnate y su oficina, hay razones para pensar que él mismo es consciente de su falsedad y que, como ha hecho en toda su carrera empresarial y política, miente sin recato para conseguir sus objetivos. Sólo así se explica que unas horas antes de la enésima agresión de Trump contra México su secretario de Defensa, Pete Hegseth, haya acordado con su homólogo, el general Ricardo Trevilla Trejo, y con el secretario de Marina, almirante Raymundo Morales Ángeles, mantener una estrecha comunicación y coordinación entre sí para proteger a los ciudadanos y territorios de ambas naciones. ¿Qué sentido tendría reafirmar la cooperación de defensa con un gobierno al que considerase aliado del crimen organizado?

Cabe saludar la firmeza de la presidenta Sheinbaum para afrontar uno de los ataques más graves contra el país en décadas y reiterar el llamado a la unidad nacional a fin de hacer frente a las pretensiones trumpianas de extorsionar a México mediante aranceles que violentan todos los principios del sistema económico global construido –por las buenas y por las malas– por el propio Estados Unidos, y violan de manera flagrante el acuerdo comercial de América del Norte impulsado por Trump. Al hacer suya la narrativa del magnate y alinearse con los sectores militantemente racistas y xenófobos de la sociedad estadunidense, los miembros y simpatizantes del Partido Acción Nacional (como otros elementos de la oposición política y mediática) no hacen sino confirmar por qué los ciudadanos los han repudiado en las urnas y por qué hoy por hoy se encuentran en el basurero de la historia. (Editorial, La Jornada, p. 6)

Entre halcones y buitres, los deportados

El triunfo electoral de Donald Trump se suele concentrar en su persona, sin embargo, Trump es solo la cristalización de un proyecto político que viene desarrollándose hace décadas en Estados Unidos que busca definir los elementos sustanciales de su identidad política y cultural supuestamente amenazados. Este proceso puede rastrearse de manera muy clara a partir del gobierno de Ronald Reagan, fortalecido por autores como Samuel Huntington, en textos de gran popularidad como “¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadunidense” del 2004, donde se plantea que hay un peligro latente en ese país dada la tolerancia de su sociedad hacia la diversidad.

Por tanto, lo que podría pensarse como excesos de un presidente con una personalidad vociferante y avasalladora no son sino un estilo personal que da forma a lo que en realidad es un debate ideológico muy profundo que finalmente encontró un líder. Es por esto por lo que se hace tan difícil dialogar entre países, porque mientras los estadunidenses hablan del daño profundo que perciben en lo que denominan la migración como acto criminal, nosotros, mexicanos, resignificamos ese proceso como un acto de sacrificio, valor y hasta heroicidad.

Mientras ellos hablan de “deportar al mayor número de su historia”, en México se hace un recuento de los beneficios que la mano de obra trabajadora de los mexicanos representa para la economía y productividad del país vecino. Es un diálogo de sordos, unos no escuchan a los otros y los otros responden sin escuchar. De esta manera en un discurso en que las claves de comprensión se contradicen del todo, es indispensable que se encuentren puentes que peritan un mínimo dialogo.

No podremos convencer a las bases trumpistas de la valía de la migración como fuerza motora de su economía en tanto que el discurso de asociar a los migrantes con criminales prevalezca. La clave entonces no está en querer convencer a una masa enceguecida por un discurso que ya los convenció de que sus problemas se resolverán cuando los saquen a todos, mientras al mismo tiempo su líder, Trump, amenaza al resto del mundo y busca retomar un liderazgo completamente cambiante por un nuevo orden geopolítico del que no hay regreso. Avanzan otras economías y no hay duda de que el escenario es otro para la otrora hegemonía estadunidense respecto a un mundo multipolar de distintas economías, principalmente la China.

Frente a este escenario, más allá de solo ver al otro, los que tenemos que cambiar somos nosotros. ¿qué hacer? Dado que estamos frente a un gobierno de halcones como se les denomina a los políticos estadunidenses que todo gobierno de ese país incluye en sus filas, caracterizados por estar volcados a la guerra y a la amenaza intervencionista y con pretensiones abiertamente expansionistas, desde México urge acelerar el paso para desarrollar la economía soberana y que la migración que durante décadas ha sido una válvula de escape a la precariedad económica y la búsqueda de movilidad social negada en nuestro país, encuentre un nuevo escenario donde la estructura de explotación laboral que ha prevalecido cambie del todo.

Si bien los salarios mínimos en México han aumentado de manera importante el último sexenio, siguen siendo bajos respeto a la productividad y la ganancia que generan, además, el trabajo informal es muy extendido y las condiciones de empleo en todos los niveles aún hoy rayan en el abuso y la incertidumbre. Ni siquiera se ha podido avanzar en reducir la jornada laboral a 40 horas semanales que es una conquista del movimiento obrero del siglo pasado y sigue siendo una promesa inalcanzable aún.

La migración mexicana ha sido históricamente económica, lo que implica que la mayoría de las personas contaban con un empleo antes de emigrar, sin embargo, ha sido la baja expectativa salarial y de movilidad social personal y para sus familias lo que ha mantenido un circuito migratorio que impuso el neoliberalismo que siguen tan campante bajo el esquema de recibir los beneficios secundarios que la migración genera vía remesas.

El regreso de miles de deportados pondrá tensión a nuestra sociedad como pocos procesos, pero es tal vez la oportunidad para preguntarnos porqué esa masa de hombres y mujeres altamente productivos en el país del capitalismo más salvaje, han sido aprovechados por un mercado que hoy los desprecia y que aquí pueden ayudar mucho a la economía local si las condiciones lo fomentan. Un tema que no puede omitirse es el asedio de los buitres que en México rondan ya a los migrantes con abusos, extorsiones, cobros de piso y amenazas latentes. La seguridad, por tanto, es uno de los puntos centrales para modificar la correlación de fuerza a favor de México y una manera de empezar a dialogar con los estadunidenses. No esta fácil, pero tal vez era la pieza que le faltaba al tablero del cambio que México anhela tanto. (Leticia Calderón Chelius, El Universal, Opinión, Online)

Número Cero /“Trumpeconomics” o un thriller del miedo

La pregunta clave para México en la zozobra ante Trump es qué grado de incertidumbre podrá soportar Sheinbaum hasta calmar al dragón, o ceder. La perspectiva es resistir más de la mitad de su sexenio a un poder inquietante y resuelto a usar cualquier medio para frenar el declive de la potencia mundial y mantener viva la promesa electoral de devolverla a una “edad dorada”. Decía Einstein que la inteligencia se mide por el volumen de incertidumbre que se es capaz de soportar. La Presidenta se defiende con serenidad y paciencia –como recomendaba Kalimán– para sobrellevar y hasta tolerar amenazas y sacudidas en migración y fentanilo; pero no es claro si será suficiente cuando active el arma más dañina para la economía mexicana para forzar a contenerlos: los aranceles. Trump es la mayor prueba a la fortaleza y límites a su voluntad de diálogo y “cabeza fría”, aunque evitar el choque directo tampoco asegura escapar de la boca del león y del daño de sus zarpazos. Un dilema para un estadista…

Trump finalmente aprobó el duro golpe de imponer tarifas de 25% al comercio con México, Canadá y China, que justifica por migrantes y drogas, pero en clara violación al T-MEC. Se cierra un primer momento de angustia que inició con el aviso el primer día de su mandato, pero sólo para abrir otros nuevos tiempos de ansiedad y desasosiego, que también afectan a los consumidores estadunidenses con inflación y carestía. Pero tampoco le importa, porque no se trata de una lógica económica, sino de un thriller psicológico de miedo.

El mayor reto no es el caos de su “revolución económica”, sino la incertidumbre permanente de una estrategia que hace del miedo su mensaje para confundir y negociar desde posiciones de fuerza; que continuará con formas más o menos violentas, a veces amigables, con mejores y peores resultados, los próximos cuatro años. Pero el temple de Sheinbaum está a prueba por la acechanza de una guerra comercial que sirve para todo menos a la economía. Cuando apenas concluía las reformas heredadas de AMLO y empezaba a marcar el ritmo de su gobierno, debe concentrarse en una crisis migratoria que “abraza” sin chistar y en el impacto económico de tarifas que enfilan a una recesión. Pero ni así las interrogantes se despejan: los aranceles ¿serán permanentes o hasta ver resultados en migración y drogas?, ¿representan el fin del T-MEC o un cambio en el modelo de comercio en Norteamérica?, ¿hasta dónde el intervencionismo contra los cárteles o la vuelta obligada de México al nacionalismo?

En el lugar de la vulnerabilidad de la paciente espera, la Presidenta se pertrecha en la retaguardia de planes A, B y C para mitigar los peligros y tranquilizar al país; desde la posición de debilidad por la actuación impredecible de un personaje mercuriano como Trump, pero del que depende el curso de 80% de las exportaciones del país. ¿Qué terreno prepara? ¿Pueden planificarse respuestas de miles de manufacturas y servicios afectados, desde la industria automotriz, energía, y hasta aguacate? Paradójicamente, las políticas proteccionistas y nacionalistas de Trump no son novedad ni sorpresa, acaso la diferencia es el enorme poder para llevarlas a cabo y el aprendizaje de errores de su primer mandato. Si bien Ebrard califica sus medidas de “error estratégico”, casi ninguna acción del gobierno mexicano lo persuade de necesitar al país o del equivoco de su “revolución económica” conservadora de una rara mezcla de aislacionismo y expansionismo que pone un muro a la integración de Norteamérica.

En vez de eso, lo único claro con la incerteza de Trump es que, por un lado, siempre dedica toda su capacidad mental a encontrar culpables y exaltar, como un redentor, la “pureza” de motivos que lo impulsan al conflicto; ya sea por atacar una “alianza del crimen con el gobierno mexicano”, las drogas que “matan” a sus ciudadanos o la “basura” de la migración. Por otro, el populismo que reduce la solución de su déficit comercial o la rivalidad tecnológica con China a lograr que todos los demás paguen o se lleven su dinero y la producción a EU.

Este sólo ha sido un episodio de “Trumpeconomics”, pero la zaga de su agenda económica proteccionista y expansionista tiene muchos pies de película que contar con el poder de las mayores compañías de redes dentro de su gabinete. ¿Qué sigue en la serie de la zozobra de Trump? (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 12)

Cartones

El padre migrante

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(Boligán, El Universal, Opinión. p. 14)

Aranceles

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(Solís, Excélsior, Nacional, p. 10)

Cuál tómbola, son migrantes

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(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 15)

 

Imparables

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(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 13 y La Prensa, Editorial, p. 14)