Opinión Migración 020324

El campo de batalla

Trump y Biden. El mismo día en el mismo lugar. Separados, apenas, por unos kilómetros en Texas. Pero los dos queriendo aparecer como muy duros en la frontera. Se acabó la era en que se hablaba de legalizar a millones de indocumentados o de ayudar a los dreamers. Ahora todo es ganar votantes para las elecciones de noviembre. Y una forma de hacerlo es viajando a ese lugar, tan temido y soñado -esa franja entre México y Estados Unidos- y decir que si las cosas se ponen muy mal, vas a cerrar la frontera.

Empecemos por la realidad. Nunca han cruzado tantos inmigrantes ilegalmente desde México a Estados Unidos como en la Presidencia de Joe Biden. Ya van 6.4 millones desde el 2021 al 2023 -según datos de la Patrulla Fronteriza- y todavía nos falta este año. Solo en diciembre pasado 302,034 migrantes fueron encontrados en la frontera sur de Estados Unidos.

Se trata, en realidad, de un gigantesco movimiento migratorio -un tsunami- que nadie sabe cómo parar.

Millones están siendo expulsados de sus países de origen. La pandemia dejó muy golpeada económicamente a América Latina y la recuperación ha sido mucho más rápida en Estados Unidos. Esto explica, en parte, ese flujo sur-norte. Además, tenemos tres dictaduras -Cuba, Venezuela y Nicaragua- que están generando un éxodo masivo a un país con más libertades, democracia y oportunidades. Y naciones violentísimas, como Ecuador y México, donde los cárteles de las drogas controlan -a pesar de lo que digan sus presidentes- partes del territorio nacional. No se necesita mucho más para tomar la decisión de irte de tu casa.

Esto no lo puede parar Estados Unidos. Ni con muros, ni con más agentes, ni con nuevas leyes. Nada detiene a una mujer que huye de la violencia (en casa o fuera de ella), ni a una familia sin dinero para buenos doctores y escuelas, ni al que busca un país libre de censura y de autoritarismo.

Pero el presidente Joe Biden y el exmandatario Donald Trump están en una guerra electoral para demostrar que son los más fuertes frente a los inmigrantes. La frontera es el nuevo campo de batalla. Lo sorprendente de este enfrentamiento no es lo que dice Trump -a él ya le conocemos todo un historial antiinmigrante- sino el cambio que ha dado Biden.

Trump dijo hace poco en sus redes sociales: “Cuando yo sea su Presidente, inmediatamente sellaré la frontera y detendré la invasión, y el primer día vamos a comenzar la más grande deportación de ilegales criminales en la historia de Estados Unidos”. Esta declaración de intenciones coincide con un expresidente que separó a miles de niños de sus padres y que en el 2015 dijo que los inmigrantes mexicanos eran “criminales” y “violadores”.

Pero lo que brinca es cuando Biden se pone en el mismo plan que Trump.

Es cierto que Biden envió al Congreso en su primer día como Presidente un plan para legalizar a millones de indocumentados. Pero lo que suena fuera de lugar es que ahora sea Biden quien diga que “la frontera es un caos” y que estaría dispuesto a “cerrar la frontera”.

Biden, claramente, se siente obligado a hacer algo drástico. Si no, puede perder la reelección. La frontera, lo dicen las encuestas, es una de las principales preocupaciones de los votantes. Por eso está considerando fuertes restricciones al derecho de los migrantes a solicitar asilo cuando entran a Estados Unidos. Y eso afectaría muchísimo a México, ya que los inmigrantes rechazados en el norte no tendrían a donde ir. México sería, una vez más, la sala de espera de Estados Unidos.

Siento, tristemente, que hemos perdido (por ahora) el debate migratorio. Hace algunos años todavía se hablaba de legalizar a 10 millones de indocumentados y de tratar dignamente a los que entraban. Los dreamers estaban a punto de regularizar su situación migratoria. Ya no. El presidente Biden y algunos demócratas han hecho concesiones injustificables para muchos votantes hispanos. Y me pregunto si esos latinos desilusionados podrían decidir una elección muy cerrada en noviembre.

Sigo creyendo que, a la larga, Estados Unidos hará lo correcto, que legalizará a los que llegaron después de mí y seguirá siendo ese mismo país generoso que me dio la bienvenida en 1983. Pero hoy, a veces, no lo reconozco. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)

México SA  /  Paisanos, pilar económico // En México y Estados Unidos // ¿Quieren correr a todos?

Los paisanos no dejan de apoyar a sus familias, a la economía mexicana y a su patria, con todo y la xenofobia, el racismo y las enfermas amenazas del gobierno estadunidense, de algunos gobernadores esquizoides, como el texano Greg Abbott, de legisladores de pésima calaña y de los aspirantes a repetir en la Casa Blanca (Joe Biden) o a regresar a ella (Donald Trump), quienes de forma por demás vil utilizan el tema migratorio con fines electorales. Pero, en los hechos, ¿qué pasaría en la economía del vecino del norte si cumplieran con aquello de regresarlos a todos los mexicanos?

De entrada, el Banco de México informa que “las remesas sumaron 4 mil 575 millones de dólares en enero de 2024, dato que no sólo representó un avance de 3.1 por ciento frente a igual periodo del año pasado, sino que es el mayor monto para un primer mes desde que inició el registro. Pese a lo anterior, los envíos de dinero que hacen los mexicanos que viven en el extranjero –especialmente en Estados Unidos– observaron un descenso de 1.8 por ciento frente a diciembre de 2023. En promedio, cada envío ascendió a 389 dólares, un aumento de 3.9 por ciento comparado con enero de 2023” ( La Jornada, Alejandro Alegría).

Como bien lo señala David Brooks, corresponsal de La Jornada en el vecino del norte, con el duelo electoral entre Joe Biden y su probable contrincante republicano Donald Trump trasladado el jueves pasado a dos puntos diferentes de la frontera de Texas con México, queda claro que el tema de control fronterizo será uno de los principales campos de batalla de esta elección. Esto marca un triunfo republicano al obligar a los demócratas a ponerse la defensiva sobre el tema, el mismo que fue central en la primera campaña exitosa de Trump en 2016 y quien ahora repite el guion. Con la visita dual, quedó claro que los republicanos ahora tienen una narrativa de que el problema de la frontera sur es que Biden ha sido demasiado deferente con México y no está obligando al mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a reimponer medidas como Quédate en México como lo hizo Trump.

Pero, más allá de las bravatas y el alud de tonterías que cotidianamente dicen los políticos gringos, ¿qué pasaría en la economía gringa si corren a todos los mexicanos? En días pasados, la secretaria de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, hizo pública una suerte de radiografía sobre la presencia, participación y peso específico de la comunidad mexicana en Estados unidos, cuya información tira al suelo los enfermos comentarios de esos políticos.

La canciller mexicana detalló que en Estados Unidos viven 37.3 millones de mexicanos, de los cuales 26.7 millones son mexicanos de segunda y tercera generación; 10.6 millones nacidos en México y 5.3 millones de mexicanos indocumentados. Si se suma ese universo con quienes permanecen en territorio nacional, entonces los mexicanos en ambas naciones suman alrededor de 163 millones.

Solo los que viven en Estados Unidos equivaldrían al quinto país más numerosos de América Latina y el Caribe, solo por abajo de Brasil, del propio México, Colombia y Argentina. Y la comunidad mexicana en el vecino del norte se concentra fundamentalmente en dos estados: California, con 36 por ciento del total, y Texas, con 22 por ciento.

La campaña en contra de nuestros paisanos en Estados Unidos, de larga data, nunca ha reconocido los enormes aporte que hacen a la economía estadunidense. Alicia Bárcena detalló: el ingreso de los mexicanos contribuye con 324 mil 800 millones de dólares en impuestos para el erario estadunidense. Envían remesas por más de 63 mil millones, pero el resto de su ingreso lo gastan en el vecino del norte.

Lo anterior quiere decir que cada mexicano en Estados Unidos paga 1.38 dólares en impuestos que se comparan con los 69 centavos que paga un estadunidense, Los paisanos contribuyen mucho más (dos tantos), incluso para mantener el gobierno, anotó la canciller.

No puede dejarse de lado que siete de cada 10 trabajadores agrícolas en Estados Unidos son de origen mexicano. Por eso, cuando dicen que los van a mandar a todos de regreso, entonces la pregunta obligada es ¿quién les va a trabajar el campo de aquel país?, sin olvidar su aportación invaluable a otros sectores esenciales económicos (servicios, construcción), a pesar de no necesariamente contar con estatus migratorio regular.

Las rebanadas del pastel

Solo una mente podrida y deleznable como la de Benjamin Netanyahu puede ordenar y celebrar la masacre de 112 palestinos cuyo pecado fue recibir alimentos. Indignante. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 16)

‘Furor & sangre en el Trópico’

¿Dónde está su dios? migración bajó a 19 personas de un autobús rumbo a Oaxaca de Juárez, ningún europeo ni estadunidense, a ellos no les pidieron papeles. Camaradas guatemaltecos, salvadoreños, venezolanos, haitianos, a una señora de Juchitán y a una chiapaneca también las obligaron a bajar, después las regresaron a sus asientos. Impotencia. Cerraron las puertas del bus, avanzamos, varias personas lloramos. Qué vergüenza, escuché a alguien decir “shá está…es por seguridad”. Marinos y milicia por todas partes, el Puerto Escondido de hace 10 años con pescado fresco y barato, no existe ya.

La primera noche del We´re Loud Fest (16 de febrero) escuché a Erizo (Oaxaca), traían a un maestro afilador de cuchillos en vivo que producía sonidos extraños. La reaparición de los Still Animals que llegaron desde St. Louis, fue una estampida de energía, lograron descolocarnos a todos. Me perdí casi todo el set de los Sex Sex Sex, estuve con Russell de The Mummies, después con Miguel Servín y Jasmina espiando a Trent, vocal de las momias, que se escondía de todos. Los Explosivos tocaron el himno punk de Miguel Calderón y su banda Intestino Grueso: Barracuda,  fue una fiesta el slam. Segunda noche (17 de febrero), Carrion Kids abrió con su canción Tu Vicio Crediticio…nacemos para vender y comprar…mira sus caras, morirás, morirás…es tan falsa tu necesidad… ¿mañana qué vas a comprar?… en medio de guitarras killers, con su ya clásico pañal, en la dorado y verde en los ojos, espeso delineador, actitud salvaje/demente, con la mirada de alegre villano Miguel bajó del escenario rompiendo la cuarta pared que separa al rock del público, cuando sonó Ritalín, sus fans slameaban/coreaban frenéticos rita, rita, rita, ritalín, los niños deben estar dopados. Tocaron dos canciones nuevas: Manicure y No chingues, interpretada por Jasmina. Slab City y Bang Bang Babies dejaron muy caliente el escenario antes de que The Mummies aparecieran en lo alto de un edificio atrás del escenario iluminados por un reflector verdoso, fue extraño, nos paralizamos para después estallar en un violento slam en cuanto pisaron el escenario.

Arena, chanclas, patadas, celulares, tenis y camisetas volando, sangre en algunas narices. Casco de Los Explosivos aguantó la marea de cuerpos furiosos, no se abría, se volvió el fokin rock en el mosh pit igual que Levi, nacido en Idaho, en el pueblo en el que se suicidó Hemingway, él viaja siguiendo el rock, aprende español en México. El domingo nos veíamos medio podridos, Les Lullies desde Montpellier cimbaron con su desafiante sonido, con The Ramores slameamos durísimo en Pet Sematery. Algún día contaré por qué Miguel acabó en un hospital del puerto.

Nos vemos hoy a las 4 de la tarde en el homenaje que armó la FIL del Palacio de Minería (calle de Tacuba, Centro CdMx) a José Agustín, un honor compartir mesa con el genial Andrés Ramírez, poeta/editor, hablaremos de su padre, de la contracultura. Jamás nos rendiremos. (Susana Iglesias, Milenio, Política, p. 15)

CARTONES

Cartón 02 marzo1

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)