Me parece lamentable la cantidad de casos que a últimas fechas se han intensificado sobre la travesía y sufrimientos que viven los migrantes en todo el mundo.
Cada vez son más lamentables las tragedias en la que muchos seres humanos mueren por intentar alcanzar una mejor vida o simplemente huir de la violencia que aqueja a sus comunidades.
“Entre tubos, láminas y botes; así viajaban 45 migrantes ocultos en un camión. Los migrantes viajaban en un compartimento secreto del vehículo que aparentaba transportar desperdicio industrial por una carretera de Veracruz. Un grupo de 45 migrantes extranjeros que viajaba en el compartimiento oculto de un camión fue interceptado por autoridades mexicanas en el estado de Veracruz (este), informó este lunes el Instituto Nacional de Migración (INM). Agentes de la Guardia Nacional hicieron el hallazgo en la madrugada del lunes y fue reportado al INM, que se ocupó de auxiliar a los migrantes, quienes viajaban hacinados en el camión que aparentaba transportar desperdicio industrial. ‘Al abrir la puerta trasera del transporte de carga solamente se apreciaban láminas, tubos, tapas y botes de metal aplastados; sin embargo, detrás de ello se escuchaban voces de personas’, detalló el despacho de Migración en un comunicado. En la parte inferior derecha de la pared que formaba el desperdicio industrial quedó al descubierto un pasadizo en el que solamente podía entrar o salir una persona de rodillas, según la descripción de la autoridad. ‘Al ingresar al compartimento, se encontraron colchonetas entre paredes de malla ciclónica que estaban sujetas a estructuras tubulares, donde, sin ventilación, eran llevadas las personas migrantes extranjeras’, añade el comunicado. De los 45 extranjeros, 20 son de Venezuela, nueve de República Dominicana, cinco de Ecuador, cinco de Cuba, tres de Bangladesh, uno de Guatemala, uno de El Salvador y uno de Nicaragua (Excélsior, 1/VIII/22)”.
Es decir, después de haber sido testigos de la tragedia que implicó enterarnos de que muchos migrantes murieron asfixiados o por el intenso calor en una caja de tráiler, la desesperación los sigue llevando a repetir el arriesgado método. En este caso qué bueno que las autoridades competentes pudieron rescatarlos con vida y, así, evitar una tragedia.
Pero cuántos más están viajando en estos momentos en condiciones infrahumanas. Si en algún momento alguien llega a ver a esta gente deambulando en las calles, ayudémosla, démosle agua y alimento, no es justo el sufrimiento por el que están pasando. (Rebeca Hernández S., Ciudad de México, Excélsior, Nacional, p. 8)
En marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al covid-19 como una pandemia. 28 meses después de esa declaratoria, es importante hacer un balance de sus múltiples impactos en la región.
Con este propósito, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), a finales de junio de 2022, publicó el informe: “Los impactos sociodemográficos de la pandemia de covid-19 en América Latina y el Caribe”, en el cual se presentan indicadores reveladores sobre la situación regional en diversos ámbitos.
En el ámbito sanitario, la CEPAL señala que la región ha sido la más afectada a nivel mundial respecto al derecho a salud, al concentrar el 15% de los contagios de covid-19 a nivel mundial, y el 28% de los decesos en el mundo por la misma causa; contabilizando, a la fecha, más de 73 millones de personas contagiadas y 1.7 millones de muertes a nivel regional.
Lo anterior ha incidido en la disminución de la esperanza de vida regional, la cual se ha reducido a causa de la mortalidad de la pandemia, pasando de 75 a 72 años, deteniendo una tendencia de disminución de la mortalidad y mejora de las condiciones de vida de la población regional que venía desde 1930.
La pandemia ha evidenciado las debilidades de los sistemas de salud pública, los cuales se caracterizan por su débil financiamiento, insuficiente personal sanitario, inadecuada infraestructura y escasa provisión de insumos. Esto se evidencia en que el promedio regional de gasto público en salud ni siquiera alcanza el 6% del (PIB).
Los indicadores sociales muestran un importante retroceso, a finales del 2021 la pobreza regional llegó al 32.1% de la población, representando a 201 millones de personas. En cuanto a la pobreza extrema, ya se suman más de 86 millones de personas, que representa al 13.8% de la población regional.
En cuanto a la educación, más de 165 millones de estudiantes se vieron afectados por el cierre de los centros educativos y las dificultades en el acceso a internet y medios tecnológicos, lo cual acrecentó las brechas de aprendizaje y desigualdad en la región.
Una consecuencia natural de los efectos brutales de la pandemia es la creciente migración dentro y fuera de América Latina. A diferencia de 2020, cuando varios países cerraron sus fronteras, en 2021 y 2022 los flujos migratorios se han reanudado significativamente.
La mayor diáspora regional se sigue concentrando en Venezuela por su colapso democrático. Según el comisionado de la OEA para migrantes y refugiados venezolanos, David Smolansky, la diáspora venezolana alcanza este 2022 6.2 millones de personas migrantes en todo el hemisferio, abandonando diariamente un promedio de 1,700 ciudadanos su país natal.
BALANCE
Sin democracia no existe desarrollo posible y viceversa. Los derechos humanos son interdependientes e indivisibles, por ello su abordaje, tutela y garantía no puede realizarse de forma individual y parcial. Es imperativo mantener el vínculo e interdependencia entre democracia y desarrollo económico, garantizando los parámetros y mecanismos democráticos en la adopción de las medidas para afrontar las consecuencias de la pandemia.
La generación de agendas y políticas públicas que aborden las problemáticas del futuro, demanda de espacios de deliberación democráticos, plurales y diversos. La democracia, en el origen como en el ejercicio del gobierno, es la única vía para llegar a acuerdos y consensos entre el Estado y la ciudadanía. Como lo ha mencionado Luis Almagro, secretario general de la OEA, el camino siempre será más democracia, más derechos, más igualdad, para más gente.
*Los puntos de vista son a título personal. No representan la posición de la OEA (Francisco Guerrero Aguirre, Excélsior, Editorial, p. 10)
A finales de la semana pasada llegaron a México tres millones de dosis de la vacuna contra covid-19 de Pfizer-BioNTech. Desde el 23 de diciembre de 2020, día en el que llegó el primer embarco de vacunas gestionado por la Secretaría de Relaciones Exteriores a nuestro país, sumamos más de 178 millones de dosis que han llegado a México. Hoy vale la pena reparar en el arribo de estos más de tres millones de biológicos no sólo porque serán utilizados para inmunizar a adolescentes mexicanos, sino porque es el reflejo de un vínculo cada vez más complejo y cada vez más sólido de amistad entre México y Canadá.
Las dosis de las vacunas contra covid-19 viajaron desde Canadá, a través de Estados Unidos, para llegar al aeropuerto internacional de Toluca en la mañana del jueves 28 de julio. De parte de México, además de la Cancillería, participaron los Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México (Birmex); el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia (Censia); la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), así como elementos de las distintas autoridades que trabajan en el Aeropuerto Internacional de Toluca. Por parte de Canadá contamos con la presencia de un grupo encabezado por su embajador en México, Graeme Clark. El arribo de los biológicos reitera la amplitud de los vínculos norteamericanos con diversas instancias del gobierno de México y nos recuerda nuevamente que la cooperación estrecha entre socios y amigos da resultados concretos en beneficio de nuestros pueblos.
Concretamente, combatir a la pandemia y fortalecer los mecanismos norteamericanos en materia de salud es uno de los resultados de la última Cumbre de Líderes de América del Norte celebrada en Washington, D.C. El arribo de los más de tres millones de vacunas contra el coronavirus de la semana pasada es producto del diálogo entre el presidente Andrés Manuel López Obrador, el primer ministro Justin Trudeau y el presidente Joseph Biden. Los tres países acordamos mantener la cooperación en este rubro entre nosotros y también hacia otros países de América Latina y el Caribe, a donde México ha enviado un número importante de dosis. México y Canadá han coincidido desde el inicio de la pandemia en la necesidad de tener acceso universal a la vacuna en todos los países del mundo.
La diplomacia mexicana, bajo la conducción del canciller Marcelo Ebrard, ha impulsado la idea de Norteamérica y la importancia del trabajo conjunto entre nuestros tres países. Los lazos de América del Norte nos hacen una región más fuerte, más próspera y solidaria.
Además del plano de salud y combate al covid-19, México y Canadá avanzamos en materia de cooperación para el desarrollo y también con respecto a nuestro objetivo compartido de una migración más ordenada, segura y regular. En ese sentido, exploramos, junto con la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid), opciones que nos permitan trabajar de manera coordinada para impulsar oportunidades económicas en las comunidades de origen de personas migrantes provenientes del norte de Centroamérica. Destaca el interés compartido de México y Canadá por trabajar estrechamente con Honduras y Haití.
Asimismo, como resultado del Diálogo de Alto Nivel de Movilidad México-Canadá, alistamos mecanismos y campañas de comunicación a fin de poder dar información veraz sobre opciones de movilidad laboral regular que benefician a compañías canadienses, así como a trabajadores y trabajadoras mexicanas. Buscamos que esta información haga frente a la desinformación proveniente de las redes del crimen transnacional para que las personas mexicanas que busquen un empleo en Canadá lo hagan de una manera regular, humana y segura, en concordancia con las leyes y normas mexicanas y canadienses. (Roberto Velasco Álvarez, Abogado y maestro en políticas públicas. Jefe de la Unidad para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Excélsior, Nacional, p. 14)
Unos 27,565 millones de dólares por concepto de remesas llegaron a México durante el primer semestre de este año, una cifra récord, 16.6% más que los 23,647 millones que entraron durante los primeros seis meses de 2021.
Cuando empezó la pandemia de Covid-19, no fueron pocos los analistas que pronosticaron que disminuiría el monto del dinero que los mexicanos y personas de origen mexicano envían regularmente a sus familiares radicados en nuestro país.
El 15 abril de 2020 escribí en este espacio: “EU ya está en recesión y de acuerdo con el FMI su PIB caerá 5.9% este año, lo cual se traducirá en menos demanda de las exportaciones mexicanas, menos turistas estadounidenses hacia México, y una baja de entre 17% y 25% de las remesas hacia nuestro país, entre otras desagradables realidades”. Entre los que pronosticaron dicha baja estuvo BBVA Research, que en un informe del 1 de abril de ese año señaló que debido a la pandemia el nivel de las remesas podría recuperarse entre 2023 o 2028, no sin antes aclarar que “Debido a la incertidumbre en torno a su duración, es difícil poder estimar los impactos de la crisis por Covid-19 en el flujo de remesas a México”.
Sin embargo, pocos tomaron en cuenta que los mexicanos y mexicano-estadounidenses que viven en Estados Unidos habían enfrentado antes momentos de gran adversidad y que, pese a ellos, habían seguido mandando parte de sus ingresos a sus familiares.
Por esa resiliencia demostrada durante décadas por los llamados paisanos, los pronósticos pesimistas no se cumplieron.
Así, en el primer semestre de 2020, en plena pandemia, las remesas ascendieron a 19,289 millones de dólares, 10.5% más que los 17,451 millones que llegaron en el mismo periodo de 2019.
Al concluir el primer año de la pandemia, las remesas fueron de un total de 40,605 millones de dólares, 11.4% más que en 2019.
En 2021 fueron aún más los dólares que recibieron millones de mexicanos de sus familiares del extranjero: 51,586 millones, que significó un espectacular aumento del 27% sobre 2020.
¿Cómo puede explicarse lo que ha sucedido si tomamos en cuenta el desbarajuste económico causado por la pandemia?
Manuel Orozco, miembro de la junta Asesora de Servicios Financieros y director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, opina que “la nueva migración, además de las entradas legales autorizadas a través de visas H2 y la unificación familiar, agregará 350,000 mexicanos, el 70% de los cuales enviará dinero, en 2022. Además, la cantidad promedio enviada entre todos los migrantes mexicanos es al menos un 3% más que el año anterior”.
Para Julia Yansura, directora de programas para América Latina y el Caribe de Global Financial Integrity, “El crecimiento de las remesas está siendo impulsado por la necesidad económica y la inflación en México, junto con un dólar relativamente fuerte y patrones de envío más frecuentes entre los migrantes en los EU”.
Y Tara Hariharan, directora gerente de investigación macro global en NWI Management LP, asegura que “las tasas de interés ascendentes de EEUU han fortalecido al dólar; las remesas aumentan cuando el dólar puede comprar más pesos. Además, las remesas digitales están ayudando a que las transferencias sean más convenientes”. (Eduardo J Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 36)
Este verano viajé con mi familia a Estados Unidos. Viajamos en auto hasta la frontera, viendo costas con arenas que cambian de color entre un valle y otro, paisajes lunares enmarcados por montañas que parecen no tener fin y bosques milenarios que se mantienen como testimonio de la enorme diversidad ecológica que existió algún día en lo que alguna vez fue parte de nuestro país. Constatamos la enorme diversidad de nuestro país, las desigualdades que son visibles para cualquier visitante y también la pluralidad de formas de vida y organización social.
Vimos también varios convoyes militares, con jóvenes armados viajando en enormes camiones verde olivo cubiertos parcialmente con lonas del mismo. Entre nuestra casa y la frontera, cruzamos varios retenes. Largas filas de vehículos se formaban para ser inspeccionados visual o físicamente. En algunos, solo nos hicieron una señal con la mano para seguir adelante. En otros, nos preguntaban reiteradamente nuestro destino, oficio y procedencia antes de dejarnos pasar. En uno de los retenes nos pidieron descender del vehículo, abrir la cajuela y bajar algunas maletas. “¿A dónde van? ¿A qué se dedican? ¿De dónde vienen?”, nos preguntó el militar, evidentemente cansado y acalorado. Quién sabe cuánto tiempo llevaba parado en el sol, a más de 35 grados, portando chaleco y botas, haciendo las mismas preguntas. “Abran esa maleta. Adelante, pueden seguir”, nos dijo una vez que había constatado el contenido de la misma: ropa desdoblada, pijamas, traje de baño, toalla y unas chanclas desgastadas por el uso.
En uno de los estados por los que pasamos —sobre una carretera federal— nos detuvo otro retén de entre 20 y 25 hombres armados, vestidos de camisas negras y pantalón beige. Algunos traían gorras, otros lentes obscuros y/o telas para cubrir la boca. Del otro lado del camino uno de ellos inspeccionaba la cabina de un tráiler, mientras el conductor parado a un lado parecía responder preguntas. De nuestro lado había dos carros parados, quizás también esperaban una inspección. Varios hombres vigilaban desde cada costado del camino. Cruzamos el retén sin siquiera abrir la ventana cuando el que parecía a cargo nos hizo un gesto de “avance” con su mano. No vimos en aquel retén ningún coche oficial ni logos de identidad claros sobre la ropa o gorras que portaban. Por ahí alguno de los hombres portaba una gorra con el escudo nacional y la leyenda “Sinaloa”, pero ese ajuar no era claro ni consistente. Otro traía un bordado en el pecho izquierdo de su camisa. Nos alejamos de ahí sin saber bien a bien si los hombres de aquel retén eran autoridades (del Estado mexicano).
Llegando a la frontera vimos el largo muro de metal oxidado que se pierde entre las montañas y reaparece adelante. En la garita, luego de la larga fila de espera, se nos acercó un oficial mexicano para revisar nuestros documentos. Después cruzamos la frontera y pasamos con un oficial de Migración de Estados Unidos, quien también revisó los documentos. Cerca de ahí salían las personas que habían cruzado a pie. “Nos tomó como 4 o 5 horas”, nos dijo una señora. La sensación de viajar hacia la frontera es una de estar bajo constante vigilancia.
Cuento esto por el claro contraste que vivimos entre viajar al norte e ingresar a Estados Unidos, y volver a México. Para ingresar a México, prácticamente no se requiere nada. Un alto momentáneo, un aparato que tomó una foto del vehículo y un letrero verde de “siga” en una pantalla. Nadie revisó pasaportes, ni hizo preguntas. Nadie siquiera vio cuántas personas viajaban en el vehículo. Apenas unos agentes mexicanos que miraban desde una sombra lejana, ante nuestra falta de movimiento, nos señalaron que debíamos avanzar.
La frontera existe, pero solo de norte a sur. Por el norte, puede entrar lo que sea a México, a la vista del Estado mexicano. Ya están militarizadas las fronteras, como tantas otras partes del Estado, pero solo para cuidar lo que sale del país. Mientras el gobierno de López Obrador demanda en tribunales a las empresas de armas norteamericanas por no hacer nada para evitar el tráfico ilícito del plomo, el río de armas entra al país con un gesto de “avance”.
Es evidente el lucro que nuestra guerra representa para la industria armamentista, pero la demanda legal en su contra no es más que un gesto. Nada parece hacer el gobierno mexicano para evitar que las armas —que causan muerte y dolor de este lado de la frontera— entren a nuestro territorio. En cambio, mucho invierte para evitar que las drogas o migrantes lleguen allá. La primera prueba que pueden ofrecer las empresas de armas demandadas durante el juicio es la indolencia del gobierno mexicano cuando de cuidar sus fronteras se trata. El dicho dice que “nadie sabe para quién trabaja”, pero la verdad es que cruzar la frontera de ida y vuelta deja muy claro para quién trabaja el Estado mexicano en lo que a seguridad respecta… y no es para los mexicanos. (Catalina Pérez Correa, Profesora investigadora del CIDE, El Universal, Opinión, p. A17)