La secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, pronunció un discurso poco difundido el pasado 8 de julio. En respuesta a las preocupaciones de la agroindustria de que la campaña de deportación está socavando la oferta laboral, advirtió que las deportaciones masivas continuarán y que no habrá amnistía bajo ninguna circunstancia para los trabajadores agrícolas. En última instancia, la respuesta es la automatización, y también algunas reformas dentro de la estructura gubernamental actual, dijo. Y, además, hay 34 millones de adultos sanos en nuestro programa de Medicaid (salud pública). Hay muchos trabajadores en Estados Unidos.
Existe una lógica subyacente en todas las recientes acciones estadunidenses, desde las deportaciones masivas y la guerra arancelaria hasta el proyecto de ley de presupuesto aprobado por el Congreso, la intervención en Medio Oriente, la negociación de un acuerdo de paz en el Congo, etcétera. Todo tiene un propósito común: abordar la crisis del capitalismo global liberando al capital trasnacional para que persiga una nueva ronda de expansión depredadora en todo el mundo mediante la digitalización, la apropiación extractivista de recursos, la guerra, la degradación de las clases trabajadoras y populares y la reestructuración radical del Estado capitalista hacia formas autoritarias y neofascistas.
Los trabajadores migrantes trasnacionales son vulnerables a la sobrexplotación debido a las fronteras nacionales y a la división de la clase trabajadora global entre trabajadores ciudadanos y migrantes. Los migrantes en Estados Unidos representan casi 20 por ciento de la fuerza laboral total. Se concentran en los estratos más bajos de la economía, como la construcción, la agricultura, los recursos naturales, las ocupaciones de mantenimiento y los servicios manuales, donde pueden ser sobrexplotados y sobrecontrolados por la clase capitalista trasnacional en su afán por maximizar la extracción de plusvalía.
El objetivo del Estado capitalista bajo el régimen de Trump es imponer también a los trabajadores nativos las condiciones en que los migrantes trabajan arduamente. Esta degradación de la mano de obra nativa sólo puede lograrse si la deportación masiva se coordina con la panoplia de ataques contra la clase trabajadora multinacional, desde drásticos recortes en los servicios sociales hasta la represión sindical, la eliminación de la protección a la salud y pensiones, despido de cientos de miles de funcionarios públicos, restricción del acceso a las prestaciones por desempleo, etcétera.
Los trabajadores nativos se ven obligados, por privación e inseguridad, a aceptar los empleos abandonados por los trabajadores deportados. El proyecto de ley de presupuesto recientemente aprobado resultará en una reducción de los ingresos de 40 por ciento más pobres y en la pérdida de atención médica y asistencia alimentaria para millones de personas. Recorta drásticamente el gasto en salud pública y al mismo tiempo condiciona las prestaciones de salud pública a la obtención de empleo. Como Rollins dejó claro, millones de trabajadores perderán sus prestaciones de salud a menos que estén dispuestos a remplazar a los migrantes en la agricultura y otros sectores mal remunerados en condiciones de sobrexplotación.
Una forma de revertir la caída de la tasa de ganancia es abaratar la mano de obra y degradar las condiciones laborales para aumentar la tasa de explotación. Esto se conoce como expansión de la plusvalía absoluta y explica la reubicación de la producción y los servicios a zonas de bajos salarios durante el último medio siglo de globalización. La otra forma es remplazar la mano de obra con tecnología mediante la automatización, como menciona Rollins, proceso que expande la plusvalía relativa, ya que se extrae más valor con menos mano de obra.
Este proceso lleva décadas en marcha y ahora se está potenciando gracias a las tecnologías digitales impulsadas por la IA, lo que ha dado lugar a una rápida expansión mundial del excedente de mano de obra. Las filas de la humanidad excedente se cuentan ahora por miles de millones a medida que se extiende la desintegración social. Las nuevas tecnologías basadas en la automatización y la IA, combinadas con el desplazamiento generado por los conflictos, el colapso económico y el cambio climático, están aumentando exponencialmente las filas de la humanidad excedente.
Las industrias digitales, como el comercio electrónico, el software y los servicios de IA, los servicios en la nube, los vehículos autónomos, la ciberseguridad, la robótica, la biotecnología y otras, tienen un interés particular en un aumento de la plusvalía relativa sobre la absoluta. A medida que estas industrias se desplazan hacia el centro mismo de la economía global, las pocas corporaciones que desarrollan y controlan las tecnologías digitales están acumulando un poder sin precedentes sobre los estados, los sistemas políticos, el comercio y las instituciones militares. Los multimillonarios tecnológicos, como Palantir y Accenture, están profundamente arraigados en el régimen de Trump, que ha recurrido a Palantir para crear y gestionar un depósito centralizado de datos impulsado por IA, el primer paso hacia una privatización y automatización más radical del propio estado.
Inversionistas trasnacionales han invertido miles de millones de dólares en empresas tecnológicas y de plataformas como salida para su capital acumulado excedente, inflando los valores y generando múltiples burbujas especulativas. La automatización como estrategia para debilitar a la clase trabajadora también genera agudas contradicciones. Sólo el trabajo genera plusvalía. A medida que la masa de mano de obra excedente se expande, también lo hace la masa de capital excedente. Desigualdades globales sin precedentes agravan la crisis de sobreacumulación. Los mercados globales no pueden absorber la producción de la economía global. Los estados deben gestionar crisis de legitimidad en espiral a medida que el tejido social se desintegra. Una crisis económica de la escala de la de 2008 o superior es prácticamente inevitable.
Cuando llegue ese momento, se producirán levantamientos masivos que desestabilizarán aún más los estados y sistemas políticos y avivarán las llamas del conflicto militar. El Estado fascista debe contener la rebelión masiva atacando los derechos civiles y políticos e infundiendo miedo para impedir el desarrollo de sujetos revolucionarios. Incitar el nativismo y el nacionalismo y criminalizar a migrantes y refugiados es sólo una táctica para confundir, dividir y desorganizar a las clases trabajadoras. El levantamiento popular en los barrios de Los Ángeles, desde donde escribo, contra el terrorismo de ICE es una señal de la rebelión global desde abajo en marcha. (William I. Robinson, La Jornada, Opinión, p. 13)
El Banco de México (BdeM) dio a conocer que en junio pasado los ingresos por remesas provenientes del exterior sufrieron una caída de 16.2 por ciento con respecto al mismo mes de 2024, lo cual supone el mayor descenso para un junio desde que se tiene registro, así como la peor reducción desde septiembre de 2012. Además de bajar el monto total enviado por los mexicanos que laboran en el extranjero, la inmensa mayoría en Estados Unidos, también cayeron el número de operaciones (14.3 por ciento, con 12.7 millones frente a 14.8 millones de 2024) y la cuantía de la remesa promedio, la cual se contrajo de 419 a 409 dólares. Al acumularse cuatro meses continuos a la baja en los ingresos por remesas, se prevé que termine la racha de 11 años consecutivos de crecimiento que inició en 2025.
A partir de los datos divulgados por el banco central, analistas del mayor grupo financiero que opera en el país resaltan el sorprendente crecimiento de las remesas en el periodo 2013-2024, cuando prácticamente se triplicaron (de 23 mil 090 a 64 mil 746 millones de dólares) pese a que desde 2007 el número de migrantes mexicanos en territorio estadunidense se ha mantenido fijo en torno a los 12 millones de personas.
En realidad, no es un hecho sorpresivo, sino coherente con el enorme esfuerzo que realizan los paisanos para mejorar sus propias condiciones de vida, las de sus familias y las de sus comunidades de origen y de acogida. Son datos que hablan de trabajadores infatigables que se integran cada vez mejor a los requerimientos del mercado laboral estadunidense, quienes además son portadores de una cultura de emprendimiento, pues no pocos migrantes han transitado de jornaleros y trabajadores de servicios a empresarios formales que crean empleos para sus compatriotas, para migrantes de otras nacionalidades y para la población local de los pueblos y ciudades donde residen.
Por ello, la cacería humana desatada por el gobierno de Donald Trump contra quien sea –o parezca, según el perfilamiento racial descaradamente practicado por los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE– no sólo afecta a los receptores de remesas en México y otras naciones del Sur Global, sino también al tejido social y a la economía estadunidense. Al obligar a los migrantes a permanecer ocultos por miedo a caer víctimas de una redada, se induce un declive en las transferencias de las que dependen millones de familias, con lo que se logra el objetivo de la administración republicana de desincentivar la búsqueda del sueño americano por parte de personas provenientes de países en vías de desarrollo. Sin embargo, el magnate y sus compatriotas que abrazan el discurso fascista de culpar a los migrantes indocumentados por todos los males que aquejan a Estados Unidos no parecen percatarse de que, al empujar a las sombras a millones de sus mejores trabajadores, también paralizan sectores enteros de la actividad económica, lastiman a comercios de todo tamaño y destruyen los empleos que supuestamente pretenden recuperar expulsando a los foráneos.
Las autoridades y la sociedad mexicanas no pueden incidir en las políticas de Washington, pero sí tienen la posibilidad y el deber ético de crear las condiciones para que los connacionales acorralados por la persecución xenófoba en Estados Unidos puedan retornar a México con la certeza de que aquí gozarán de seguridad física y patrimonial, así como de un contexto propicio para el desarrollo de sus oficios, profesiones y negocios. (Editorial, La Jornada, p. 2)
México ganó… tiempo // Aranceles, amenaza latente // Trump: visión imperial
Tiene razón la presidenta Sheinbaum cuando dice que México ganó con la prórroga (90 días) negociada con el troglodita de la Casa Blanca. Sin embargo, este periodo de gracia no erradica el quid de la cuestión. Se trata de un respiro, sin duda, pero no soluciona el problema de fondo, toda vez que la amenaza arancelaria está latente. Cierto es que el gobierno nacional cuenta con 90 días adicionales para intentar ablandar, para convencer a Trump, pero éste no negocia, impone.
Ayer, la mandataria afirmó: “lo que sí puedo decir es que somos de los (países) menos afectados por esta nueva política del gobierno estadunidense. Por supuesto, internacionalmente estamos viviendo una situación compleja. Compleja, porque el presidente de Estados Unidos, electo por su pueblo, ha tomado la decisión de cambiar el esquema –que habíamos vivido, hasta el 20 de enero del 2025– en el mundo entero, del comercio internacional. Es una visión que él tiene, más allá de si uno está de acuerdo o no”.
Bien, pero esa visión no es compartida por el grueso de la comunidad de naciones, en el entendido de que Trump no la negocia, la impone desde una posición de fuerza, y al que no le guste, pues palo en la cabeza. Ahí está el caso de Brasil: Lula no se dobló y en automático 50 por ciento de aranceles (desde la samba y el carnaval hasta la caipirinha y la feijoada, pasando por todo lo demás), pretextando, además, razones extracomerciales y extraeconómicas, porque el batacazo se debe a que el mandatario y la justicia brasileña osaron juzgar a su despreciable cuan golpista compadre Jair Bolsonaro, un fulano igual al actual inquilino de la Casa Blanca, pero en versión tropical.
El caso mexicano es similar: la imposición arancelaria se da por razones de narcotráfico (especialmente fentanilo, en el que Trump no ha hecho el menor esfuerzo por reducir su consumo y ofrecer asistencia a los adictos; sólo hay que recorrer las calles de la principales ciudades gringas para constatarlo), migratorias (que le ha dado el pretexto para llevar a cabo una cacería de inmigrantes indocumentados, todos de tez morena, porque no se conoce a cuántos blancos ha deportado, si en realidad lo ha hecho) y de seguridad nacional, y a partir de ahí la permanente agresión contra nuestro país.
Lo mismo sucede con todo aquel que no acepte la visión imperial del mandatario gringo, a quien le tiene sin cuidado si realmente existen disparidades comerciales (pretexto por él utilizado para iniciar hostilidades) para imponer aranceles. Lo que busca es meter la mano donde no le corresponde, violar la soberanía de las naciones y reivindicar el destino manifiesto. Entonces, ¿se puede negociar con este tipo de esperpento? ¿Qué logrará México en esos 90 días y en qué deberá ceder? Lo veremos en tres meses.
En vía de mientras, ayer la presidenta Sheinbaum dijo que primero, no confrontarnos, defendiendo nuestros principios; no hemos cedido en nada que tenga que ver con nuestros principios; buscamos una buena relación en distintos temas, manteniendo nuestro proyecto. Y en ese marco, el trabajo que hemos estado haciendo todo el equipo, en la relación con el gobierno de Estados Unidos, nos permite decir que somos de los países menos afectados por esta situación.
Reconoció que sí hay afectaciones, porque traemos un arancel del 50 por ciento en el acero y el aluminio, menor al 25 por ciento en automotriz porque hay descuentos relacionados con la fabricación de partes en Estados Unidos, en México y en Canadá, y otros. Pero finalmente, lo que nos afecta a nosotros le afecta a todo el mundo. O sea, 50 por ciento de acero y aluminio es para todo el mundo, el 25 para automotriz es para todo el mundo; el de cobre que acaba de poner es para todo el mundo, no sólo para México.
Pero en este marco, dijo, ¿qué beneficios tiene lo que hemos logrado? Que hay un porcentaje muy grande de mercancías que sigue teniendo cero arancel, que sigue manteniendo las ventajas de tener el Tratado México-Estados Unidos-Canadá. ¿Cómo hemos hecho esta relación? Con cabeza fría, manteniendo nuestros principios y buscando siempre la mejor salida posible.
Entonces, veremos en tres meses, siempre con buenos deseos y la esperanza de obtener el mejor resultado para México ante el embate imperial.
Las rebanadas del pastel
El guerrerista Trump no ceja en su empeño de obtener el Premio Nobel de la Paz: ahora ordenó, por si acaso, desplegar dos submarinos nucleares en regiones cercanas a Rusia ante las provocadoras declaraciones de Dmitri Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad del país euroasiático. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 16)
El fentanilo con fines “recreativos”, cuya potencia adictiva y letal desviada de su correcto uso como anestésico poderoso y paliativo para los dolores intensos (cien veces superior a la heroína) ha sido usado ahora —con obtusos argumentos como arma de presión de los siempre hipócritas Estados Unidos—, contra México, China y Canadá, al extremo de considerar los aranceles como un impuesto a la droga, para proteger a sus 30 o 40 millones de drogadictos de ese y otros productos a veces letales.
La alucinación política del zafio Donald Trump, muy cercana a la locura, lo empujó a otro aplazamiento de todos los aranceles contra México, además de los ya vigentes, y desvelar la existencia (¿?) de un gravamen al fentanilo.
Fue necesario el mentís de la presidenta (con A), Claudia Sheinbaum para poner en evidencia una de dos cosas: Trump no revisa ni los documentos con su firma —como el reciente ucase—, ni entiende su propia realidad.
“Hemos acordado —dice Donald Trump en su red social—, extender, por 90 días, exactamente el mismo acuerdo que tuvimos durante el corto periodo anterior: México SEGUIRÁ PAGANDO UN ARANCEL DE 25% AL FENTANILO, un arancel de 25% a los automóviles y un arancel de 50% al acero, el aluminio y el cobre… Además, México acordó eliminar de inmediato sus numerosas barreras comerciales no arancelarias. Hablaremos con México durante los próximos 90 días con el objetivo de firmar un acuerdo comercial dentro de ese plazo, o incluso más”.
Y la señora Sheinbaum le explica (es un decir) a quién lo necesite:
“…Recuerden que la publicación que hizo el Gobierno de Estados Unidos en la segunda negociación es que el 25% que está fuera del tratado, ellos el argumento que dan de ese 25% tiene que ver con el tema del fentanilo…”
Aquí el enredo es mayúsculo por todas partes y con ese ejemplo uno puede imaginarse la Babel de las negociaciones entre nuestros funcionarios (entre cacahuate y cacahuate) y los de allá, siempre reacios a entender cualquier cosa fuera de la cuadratura jactanciosa de su superioridad y sus caprichos.
Una cosa es el origen del castigo arancelario (el tráfico transfronterizo de drogas y personas) y otra, muy diferente, aplicarles una tarifa a las drogas clandestinamente introducidas a su territorio en perjuicio de la salud pública y, a la larga, de su economía lastrada con millones de adictos improductivos en riesgo de morir. Pues muéranse, diría el cínico.
Lo otro es cobrarle impuestos al “terrorismo”.
Son tan torpes como la Conago:
“…Este entendimiento fortalece la relación bilateral sobre la base del respeto, el diálogo y la cooperación…”
¿Cuál? No fue entendimiento, fue una pausa unilateral. (Rafael Cardona, El Heraldo de México, País, p. 7)
Los seis meses de gobierno de Donald Trump y su controversial política antiinmigrante se han convertido en una pesadilla para México, no sólo por las arbitrarias expulsiones de connacionales que han contribuido con la economía del vecino país, sino por la cacería inhumana que aumenta. La administración Trump tiene sólo en la mira la expulsión de migrantes, sin aceptar que esta comunidad es la que ha hecho grande a EU (La Esquina, La Crónica de Hoy, P.p.)
CARTONES
Lucrativo

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 8)