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A quien ayer se le vio feliz, feliz, fue a Francisco Garduño Yáñez, titular del Instituto Nacional de Migración, pues estuvo presente en la ceremonia donde 678 personas mexicanas obtuvieron visas temporales para trabajar de forma segura, ordenada y regular en los campos agrícolas norteamericanos. Hasta les pidió a los connacionales que no se olviden de quienes se quedan en México y tienen la esperanza de recibir un apoyo de ellas y ellos, pues parece que no se han enterado del peso que tienen en la economía mexicana las remesas. ¿Será? (24 Horas, A2, p.2)
Tomás Eloy Martínez, autor de Santa Evita, entrevistó a Perón en su exilio y aprovechó para preguntarle por qué, siendo militar, no había llamado al Ejército en momentos cruciales. El general respondió con un apotegma: el problema no es sacar a los soldados a las calles, sino regresarlos a los cuarteles.
Desde que Felipe Calderón inició la guerra contra el narcotráfico, México padece una ocupación militar que ha exacerbado la violencia y los daños a la población civil. En su campaña, López Obrador prometió revertir esta estrategia, pero cambió de opinión al calibrar la correlación de fuerzas desde la Presidencia.
¿Qué hacer con las tropas que patrullan el país sin aportar seguridad? Por presiones de Trump, la recién creada Guardia Nacional se ocupó de detener a los migrantes que buscan llegar a Estados Unidos. Además, abordó otras tareas. La progresiva ampliación de sus funciones, ¿ciudadaniza al Ejército o militariza al país?
Empecemos por algo positivo. Resulta encomiable que en mayo de 2022 se firmara un acuerdo con los Carabineros de Italia para reforzar la custodia del arte mexicano. El convenio fue precedido del otorgamiento del Águila Azteca, en septiembre de 2021, al general Roberto Riccardi, titular de los Carabineros. Pocos países tienen más conocimiento que Italia en la recuperación de obras de arte. Llama la atención que los medios hayan hablado tan poco de la asesoría que el Batallón de Patrimonio Cultural recibe de expertos italianos en piezas robadas.
También es provechoso que la Guardia Nacional participe en ciertas obras de construcción, atienda a damnificados y supervise puntos neurálgicos de seguridad. Pero ¿cuál es el límite de su poder?
La pregunta cobró mayor urgencia en septiembre con las revelaciones del colectivo Guacamaya, que investigó a fuerzas militares en América Latina. De los 10 terabytes liberados, 6 corresponden a México. Hay que tratar con cautela una información que puede estar plagada de inexactitudes: también los espías dicen mentiras (Graham Greene escribió una novela maestra sobre el tema, Nuestro hombre en La Habana).
Pero no hay duda de la progresiva fuerza que adquiere el Ejército. Hace poco se cancelaron las órdenes de aprehensión a 16 militares vinculados al caso Ayotzinapa y el titular de Sedena, Luis Cresencio Sandoval, se negó no sólo a comparecer ante el Congreso, sino a recibir a una delegación de diputados. Con ese gesto se puso por encima de la Constitución.
Próximamente, el sector castrense se hará cargo de las aduanas, una aerolínea y hoteles en la península de Yucatán. Además, la reforma constitucional ampliará su presencia en las calles hasta 2028. ¿Tiene sentido empoderar de ese modo a las tropas sin saber quién gobernará en los próximos años?
El Presidente acusa de conservadores a todos los que cuestionan su política, incluidos los que se encuentran a la izquierda de él. Pero no hay nada más conservador que ser rehén del Ejército.
En su número de noviembre, la revista Zócalo, de clara tendencia progresista, dedica un estupendo dossier a los Guacamayaleaks. Ahí, Tanius Karam refuta la tesis de que el Ejército, por su disciplina y eficacia, es un apoyo insoslayable para el Ejecutivo. El solo hecho de que la información fuera hackeada demuestra inoperancia. Además, los reportes revelan pifias. Al respecto escribe Karam: “Los militares han sabido de ataques que se iban a dar como el del pasado julio en Caborca, Sinaloa -donde sicarios desataron una balacera contra elementos de la Agencia de Investigación Criminal-, y no hicieron nada. Si antes preocupaban poderes fácticos como las televisoras, sindicatos, monopolios de telecomunicación, hoy se suma esta lista, cuando no a la cabeza, la Sedena, que aparte de fortalecerse […] está obteniendo un importante enriquecimiento haciendo de éste un nuevo poder extractivo de recursos públicos”.
En la misma revista, Alejandro Navarrete señala que el titular de Sedena tiene como asesores, con sueldos de 150 mil pesos mensuales, a los generales encargados de la seguridad con Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto. ¿Ese grupo maneja su propia agenda? ¿Cuál es el límite de su lealtad?
En los albores del militarismo alemán se decía: “Prusia no es un país que tiene un Ejército, sino un Ejército que tiene un país”. México no parece tener un porvenir al que se avanza sino al que se marcha. (Juan Villoro, Reforma, Opinión, p.11)
Cuando la Policía Federal detuvo (30 de agosto de 2010) a Édgar Valdez Villarreal, los gobiernos mexicano y estadunidense ofrecían 30 millones de pesos y dos millones de dólares cada uno como recompensa por información que condujera a su captura.
Recordé ayer aquí el argumento de La Barbie para mostrarse sonriente ante la prensa y los agentes que le notificaron que sería extraditado: porque “estaba vivo, gracias a Dios estaba vivo, estoy vivo, me agarraron vivo”, lo que no era habitual en las capturas que hacían los militares de la Marina y el Ejército.
Además de contrabandear drogas, La Barbie fue jefe de sicarios de Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, cabeza de la banda que formó con sus hermanos Alfredo, Carlos y Mario Alberto, caracterizada por su reguero de cuerpos desmembrados, cabezas cercenadas y mensajes contra sus competidores. Fue pionero en México del uso de internet para causar terror, estrategia copiada de Al Qaeda para difundir videos de ejecuciones. El 1 de diciembre de 2005, por ejemplo, subió el interrogatorio y asesinato de cuatro presuntos zetas que habían sido levantados en Acapulco seis meses antes.
Los policías que lo detuvieron (decenas festejaron su hazaña en la taquería El borrego viudo) y las autoridades que lo recluyeron en el Altiplano estaban al mando del entonces secretario federal de Seguridad Pública Genaro García Luna, contra quien probablemente La Barbie declare.
La cocaína colombiana que traficaba (una y dos toneladas al mes) cruzaba Panamá, Nicaragua y Guatemala; entraba por Tapachula y era transportada hasta Nuevo Laredo para cruzarla al mercado estadunidense.
Arturo Beltrán le había dado en 2006 el control de las operaciones en Guerrero, el bastión más importante de la célebre pandilla familiar.
El 16 de diciembre de 2009, luego de la muerte de Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca (a manos de marinos que profanaron el cadáver tapizándolo de dólares), los Beltrán culparon a La Barbie de haberlo traicionado pero, ante sus captores, comentó que aquel día El Barbas lo llamó para pedirle que su gente lo sacara del área en que estaba sitiado pero Valdez le sugirió que se entregara.
Muerto Arturo, se desencadenó una serie de ejecuciones y enfrentamientos con el Cártel Del Pacífico Sur (nombre que los Beltrán adoptaron cuando el mando de la banda quedó a cargo de Héctor, El H, y de Sergio Villarreal Barragán, El Grande).
Con la escisión y la captura de Gerardo Álvarez Vásquez, El Indio, compadre y guardaespaldas de La Barbie, éste reorganizó su pandilla manteniendo Guerrero e incursionando en Morelos, el Edomex, CdMx, Nuevo León, Tamaulipas y Quintana Roo.
En aquel 2010 reveló que Arturo Beltrán ordenó matar a mandos de la PF, en represalia por cateos a casas de seguridad y la detención de integrantes de su grupo.
Hace diez años (noviembre de 2012), publicó una descocada carta contra “los narcos” García Luna y Felipe Calderón que le servirá de guion en su papel de testigo protegido… (Carlos Marín, Milenio, Política, p.7)
¿Sabía usted que en México en 2021 el sueldo mínimo era 45 por ciento del salario promedio? Somos afortunados. Los pobres trabajadores de Estados Unidos con sueldo mínimo ganan solamente 27 por ciento del promedio. Pese a eso, cientos de miles de mexicanos arriesgan la vida cada año para cruzar la frontera y trabajar en nuestro vecino del norte. La razón es que el salario promedio es mucho más alto en la Unión Americana.
No hay relación directa entre el salario mínimo de un país y sus sueldos promedio o su prosperidad. Con un sueldo mínimo de 27 por ciento del promedio, Estados Unidos tiene el salario más alto de los países de la OCDE: 74,738 dólares anuales. México registra el más bajo, 16,429 dólares. Suiza, que no tiene sueldo mínimo, alcanza un salario promedio de 68,957 dólares.
No hay medida gubernamental más popular que aumentar el mínimo. Por eso el presidente López Obrador afirmó ayer en la mañanera: “Les tenemos una buena noticia… Ya llegaron a un acuerdo para el aumento del salario mínimo”. El incremento es de 20 por ciento en un momento en que la inflación es de 8 por ciento anual. El sueldo mínimo general pasará de 172 a 207 pesos diarios; en la frontera norte, de 260 a 312 pesos. Acompañaron al Presidente en su anuncio los dirigentes de las cúpulas empresariales. Todos los políticos y los dirigentes quieren pararse el cuello con este aumento.
No entienden que el salario mínimo es una prohibición de contratar a trabajadores por debajo de un determinado sueldo. Ayuda a algunos, pero discrimina a otros, en particular a los más pobres. En Estados Unidos, por ejemplo, el salario mínimo, cuando se empezó a aplicar, aumentó el desempleo de negros y jóvenes, como lo experimentó personalmente el economista negro Thomas Sowell.
No hay fórmulas mágicas para lograr la prosperidad. Si subir el salario mínimo lo fuera, todos los países del mundo ya serían ricos. En México tuvimos entre 1970 y 1982 los mínimos más elevados de la historia, pero esto no nos permitió administrar la abundancia.
“El salario mínimo siempre es cero, sin importar las leyes”, ha sentenciado Sowell en Basic Economics. Si el mínimo es demasiado alto, los trabajadores con menor preparación o productividad se quedan sin empleo o tienen que trabajar en la informalidad. Si el salario mínimo se mantiene a un nivel bajo, su impacto en la economía es relativamente pequeño; pero si se eleva demasiado, genera altas tasas de desempleo e inflación.
En México el mínimo ha aumentado de 102.68 en 2019 a 172.87 pesos diarios en 2022, 68.4 por ciento. El número de quienes ganan hasta un salario mínimo ha subido de 10.5 millones en el primer trimestre de 2019 a 18.3 millones en el tercero de 2022. Quienes obtienen de 1 a 2 mínimos aumentaron de 17 a 19.2 millones. Pero quienes reciben de 2 a 3 mínimos bajaron de 9.8 a 6 millones, los que obtienen de 3 a 5 mínimos de 4.5 a 2.3 millones, y los que reciben más de 5 mínimos se desplomaron de 1.7 a 794 mil. Al mismo tiempo, la población que trabaja sin recibir ingresos pasó de 3 a 3.4 millones (INEGI).
Una política económica debería aumentar la prosperidad general. Prohibir la contratación de personas que ganen menos de un mínimo ayuda a algunos y perjudica a otros. Genera distorsiones económicas, entre las cuales la peor es que impide que personas con escasa preparación, con discapacidades o que solo quieren trabajar unas horas a la semana obtengan un empleo formal. Hay métodos más eficaces para conseguir justicia social.
A partir de enero del 2023 el estado de Puebla prohibirá la circulación de vehículos con “placas foráneas” por su territorio que no obtengan un “pase turístico especial”. Imita así a la Ciudad de México en un proceso que restringe la libertad de todos para circular por el país. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p.10)