¿Sabías qué?
Refugiados aportan 138 mdp al año en impuestos
Tan sólo un grupo de 25,000 personas refugiadas, contratadas por empresas en México, aporta cada año 138 millones de pesos en impuestos y contribuciones estatales. Esa cifra es casi tres veces el presupuesto de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), el cual es de 48.3 millones de pesos para 2023.
Pero si todas las personas que han solicitado asilo desde 2020 a la fecha tuvieran un empleo formal, apenas en seis meses el Estado mexicano recaudaría alrededor de 609 millones de pesos, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). (El Economista, El Foro, p. 39)
Frentes políticos
Indicadores estables. México recibió el histórico monto de 58 mil 497.4 millones de dólares en remesas durante 2022, un crecimiento de 13.4% respecto al año anterior. Tan sólo en diciembre, los mexicanos que viven en el extranjero enviaron 5 mil 358.8 mdd, de acuerdo con datos de Banxico. Ante estas cifras, el presidente Andrés Manuel López Obrador, agradeció a los mexicanos que viven en Estados Unidos por su solidaridad. Las remesas son la principal fuente de ingresos de nuestro país. Por otra parte, la paridad del dólar estadunidense ha rondado los 18.66 pesos, lo que tiene en calma a las aguas de la economía, sin embargo, no debemos olvidar que los oleajes financieros tienen muchos más componentes que la simple fe. El superpeso no existe. (Excélsior, Nacional, p. 9)
En el espejo de Washington // Una Norteamérica posible
Norteamérica tiene un potencial de desarrollo y prosperidad infinito. Toca a los liderazgos de estas naciones hacerlos realidad y a los ciudadanos de la región empujar y presionar para hacerlo posible.
Para lograrlo es indispensable dejar a un lado la miopía, para crear y promover una visión de largo plazo que sirva para enfrentar los retos, aprovechar las oportunidades y combatir las amenazas que tenemos en común quienes vivimos en la región.
Para que esto sea posible debemos ponernos la camiseta del patriotismo y no la del nacionalismo, de la manera en que Emmanuel Macron lo ha definido: Patriotismo es amar a los tuyos, nacionalismo es odiar a los otros.
Quien se ama a uno mismo está en posibilidad de amar a los demás. No es necesario dejar de amar a México y tener orgullo por nuestro país para construir una región fuerte, abierta a los intercambios y segura de lo que puede aportar a la construcción de una vida mejor para quienes vivimos en estas geografías y para todo el planeta.
La visión de una Norteamérica integrada, vital, próspera, armónica, equitativa, sustentable, segura requiere identificar la enorme gama de intereses creados que prefieren el estancamiento y caos del presente, al progreso y armonía del futuro.
Los obstáculos son múltiples, pero los más rocosos y elevados son dos muy conectados con las emociones y las vísceras.
En Estados Unidos el sentimiento antiinmigrante, xenofóbico, del supremacismo blanco. Basado en el temor al otro, al diferente, a la piel oscura y al idioma desconocido. Explotado hasta la saciedad entre el electorado republicano, fue la bayoneta con la que Donald Trump se abrió paso para llegar a la presidencia.
En México, el sentimiento antigringo de la población y antiimperialista entre algunas elites políticas nubla las oportunidades que podemos aprovechar por culpa del resentimiento, las afrentas y los prejuicios ideológicos (vale decir que esta sensibilidad no es gratuita, pero a la vez es poco útil).
Si no hacemos nada para modificar estas emociones entre las poblaciones que las experimentan, si no combatimos las narrativas que medran con estos sentimientos para llevar agua a su molino electoral y político, va a ser imposible construir la Norteamérica soñada.
Ya Yuval Noah Harari nos ha enseñado como el homo sapiens ha llegado hasta aquí gracias a ser una especie capaz de organizarse para colaborar en grupos muy numerosos: masivos. Ir más allá del clan y la tribu es lo que nos ha permitido construir naciones y regiones que colaboran y compiten como mecanismo para salir adelante.
Por lo tanto, hay una Norteamérica que podemos construir tomando lo mejor de las tres naciones que a la vez albergan una gran diversidad de sensibilidades, culturas, vocaciones productivas y marcos axiológicos.
Necesitamos superar los estereotipos y la desconfianza sistemática para imaginar nuevas realidades como las siguientes:
Millones de mexicanos que salen de las sombras para poder ir y venir libremente, de manera legal y segura. Hoy la mayoría que se queda en Estados Unidos lo hace no tanto por gusto y apego al american way of life sino porque regresar a visitar a sus familias y a su lugar de origen les obligaría a volver a arriesgar su vida en cruces ilegales. En una Norteamérica prospera el flujo migratorio regresaría a un neto neutral entre los que llegan y los que se van.
Millones de estadounidenses y canadienses que pueden huir del frío y el aburrimiento para vivir temporalmente en México generando una gran fuente de riqueza para las economías locales y regionales, aún mayores a lo que ya lo son hoy.
No solo por su poder de consumo sino también por las aportaciones de nuevas ideas y negocios que pueden traer consigo generaciones de jóvenes con alta formación y vocación por crear nuevos conceptos, servicios y productos. Esto en cuanto a los “nómadas digitales”, pero también la oportunidad es mayúscula para atraer a un gran número de retirados que encontrarán en nuestro país la calidez y la amabilidad de nuestra gente, servicios de salud accesibles, un clima envidiable y una enorme gama de satisfactores para cerrar positivamente la marcha de sus días.
Pensar en las personas, en la riqueza de los intercambios, en la libertad para moverse y buscar lo que es mejor para su vida, sería el mejor punto de partida para la Norteamérica posible. (Guido Lara, El Financiero, Opinión, p. 34)