Mala marcha. Las cosas no andan bien en la Comisión Nacional de Derechos Humanos desde que Rosario Piedra Ibarra asumió la presidencia. Son ya cuatro los titulares de distintas visitadurías que prefieren alejarse, renuncian y se van. El caso más reciente es el de Elizabeth Lara Rodríguez, quien ayer presentó su renuncia a la Quinta Visitaduría de la CNDH. Qué coincidencia, a un mes de la publicación de la investigación del informe que ocultó la Comisión sobre atrocidades cometidas a migrantes. Sin embargo, aunque se advierten diferencias con la titular del organismo y con algunos de sus colaboradores cercanos, ella advirtió que no dará declaraciones sobre los motivos de su salida. Llegó gracias al apoyo del padre Alejandro Solalinde y tuvo, en su momento, posibilidades de ocupar la Presidencia de la CNDH. Eso que anda mal terminará peor. (Excélsior, Nacional, p. 13)
Notas indiscretas…
Siguen los problemas internos en la CNDH de Rosario Piedra Ibarra. Renunció a su cargo Elizabeth Lara, de la Dirección General encargada de la 5ta. Visitaduría General (atiende Migración y Agravio a Periodistas) Ayer la vieron sacando sus cosas de la oficina, aunque su renuncia la entregó desde el viernes, pero ayer se concretó. Con la salida de Elizabeth, el padre Alejandro Solalinde pierde una posición relevante para sus intereses. Lara fue la candidata de Solalinde para presidir la CNDH y cuando el presidente López Obrador decidió que sería Piedra, luego ratificada en un controvertido nombramiento por la mayoría de Morena en el Senado, como premio de consolación a Solalinde le dieron la 5ta. Visitaduría que ayer perdió… (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 9)
Esa relación bilateral ha sido asimétrica por razones económicas. En el comunicado conjunto, se señala el esfuerzo por atender la raíz detrás de la migración. Esa raíz es económica. También se suscribió la colaboración de ambos gobiernos para combatir la corrupción, que ha afectado nuestra vida económica. Así que es la economía, según la frase de Clinton. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
El secretario de Seguridad Nacional subrayó la “urgencia” de solucionar el problema de los menores indocumentados que fueron separados de sus padres en la frontera bajo el gobierno de Trump y cuyos padres aún no han sido localizados. Mayorkas, quien encabeza el grupo de tareas para reunificar a padres e hijos migrantes en un intento por desalentar el flujo de indocumentados, dijo que se les dará a esas personas la posibilidad de vivir juntas en Estados Unidos o en su país natal, si así lo desean. (La Crónica de hoy, La dos, p. 2)
Cuando le informaron del éxito de la ambiciosa misión espacial, cuyos detalles vale señalar después, el presidente de los Estados Unidos de América, Joe Biden exclamó lacónicamente: “…es una hazaña, es un gran resultado del poder de la ciencia y del ingenio estadounidense”.
El poder de la ciencia, dice el señor Biden. Y eso sin conocer a la doctora Buylla.
Ese día, posiblemente, el presidente estadunidense no sabía aún la fecha precisa de su reunión virtual con el presidente de los Estados Unidos Mexicanos ni lo que le deparaba el porvenir en su relación con los vecinos del sur.
Tampoco tenía conocimiento de cómo se le ha preparado, para cuando las condiciones de sociabilidad lo permitan, una gran sorpresa: lo van a invitar a conocer el mayor avance tecnológico de Mesoamérica, las trochas encementadas, hechas prácticamente a mano, para ocupar a los campesinos ociosos cuyas tierras flacas no dan para la agricultura y cuya economía los convierte en migrantes por la fuerza,cuyo mauyor recurso es cantar la canción mixteca del maestro López Alavaez.
–Que lejos estoy del suelo….”.
Para evitar su escape, se les están poniendo “cortinas de desarrollo”.
Y una de ellas es este sistema redentor y tecnológicamente pasmoso, hacer caminos a mano. Como en la Colonia o los tiempos no tan lejanos de Luis Echeverría y Luis Enrique Bracamontes.
Este programa social, localizado en el floreciente sureste mexicano, entre otros lugares en Oaxaca, cuyo avance científico permite las perlas en el mezcal, el colorido de la Guelaguetza y la captura de chapulines para la botana (no cualquiera los atrapa), permite hacer caminos “sociales”, en un ambicioso programa de carreteras a mano.
Caminos artesanales, verdaderas obras de arte, las ha llamado el Señor Presidente. Así lo expresó a la letra:
“…”Yo lo invité a México (a Biden) porque en el tema del desarrollo para enfrentar el fenómeno migratorio le hablé de las cortinas de desarrollo, el que la gente tenga posibilidades de empleo para que no se vea obligada a emigrar y le hablé del Tren Maya, y del proyecto del Istmo. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 3)
Sin duda la inmigración masiva de personas sin documentos que se está viendo en la frontera sur de Estados Unidos, en su mayoría provenientes de Guatemala, Honduras y El Salvador es, luego del coronavirus, el problema más fuerte que tiene el presidente Joe Biden. Irónicamente, ese flujo migratorio beneficia de gran manera a las empresas que tienen contratos millonarios manejando las cárceles privadas donde se les detiene.
En Estados Unidos la detención en la frontera de aquellos que entran sin visa no es una función estrictamente gubernamental como muchos se imaginan y como sucede en otros países, sino que es llevada a cabo por compañías privadas que brindan servicios con jugosas ganancias, que van desde proveerle al estado albergues carcelarios, hasta vuelos privados para los deportados, préstamos financieros con altas tasas de interés para quienes pueden salir bajo fianza, servicios de salud y primeros auxilios, alimentos y transferencias de fondos desde el extranjero.
El negocio es redondo ya que aun cuando infinidad de personas que cruzan la frontera ilegalmente son detenidas y deportadas inmediatamente, la ley requiere protección y albergues para las familias y los menores que vienen sin adultos y para todos aquellos que dicen tener razones para pedir asilo.
Por consecuencia se requiere de infinidad de centros de detención y de ahí el éxito económico de las cárceles privadas, estimándose que a ellas va a dar el 75 por ciento de los inmigrantes detenidos por el Servicio de Inmigración y Aduanas conocido como ICE. Quienes han logrado salir de ahí, hablan de malos tratos, alimentos incomibles, indiferencia hacia los enfermos y brutalidad en general.
Sin embargo, siendo este un país con 2.3 millones de personas viviendo tras las rejas, el negocio de las cárceles privadas de todo tipo está en su mejor momento.
Y si bien cumpliendo una promesa de campaña, el presidente Joe Biden ordenó ya la cancelación de contratos del gobierno federal con esas empresas, se trata solo de cerca de 14 mil reos los que por lo pronto serán trasladados a prisiones manejadas por su administración. No hay una ley que impida a los gobiernos estatales dejar a sus reos en manos privadas, básicamente de dos empresas: CoreCivic y GEO Group, esta última una de las más grandes donantes a Donald Trump.
Pero la inmoralidad de beneficiar a unos con el encarcelamiento de otros, no es nada nuevo. Las prisiones empezaron a privatizarse en 1800 y tuvieron gran auge después de la Guerra Civil. Hoy día es todo una industria de millones de dólares, que se ha beneficiado enormemente por el incremento de 500 por ciento de la población carcelaria en los últimos 40 años. (Concepción Badillo, La Crónica de Hoy, Mundo, p. 19)
Hay, por un lado, un claro propósito de cambiar la política migratoria desarrollada por Trump, con la connivencia de los países del triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador); pero también, y más relevante aún, una revisión de las relaciones con los países que crecientemente experimentan pulsiones autoritarias (El Salvador) o que ya son francas tiranías (Nicaragua).
En este sentido, la administración Biden decide revertir dos de las medidas centrales tomadas por su antecesor: en primer lugar, marcha atrás a los acuerdos de “tercer país seguro”, por los que autoridades migratorias de Estados Unidos podían deportar sin más a ciudadanos de los países del triángulo norte; y, por otra parte, detener el absurdo gasto en la construcción del ineficaz muro trumpiano en la frontera con México.
Se observa, además, en la nueva administración una clara intención de atender las causas de la migración desde las regiones donde más se origina, para así generar espacios de cooperación y desarrollo con miras a intentar disminuirla y ordenarla.
Pero lo más interesante del nuevo viraje del gobierno de Estados Unidos hacia Centroamérica es el establecimiento de una agenda que prioriza la defensa de la democracia, el Estado de derecho, el combate a la corrupción y el respeto a los derechos humanos (muy explicable que, después de los coqueteos de Trump con el autoritarismo, Biden busque marcar distancia tanto en su política doméstica como en la internacional). (Horacio Vives Segi, La Razón, México, p. 9)
La insistencia de López Obrador en defender la soberanía como elemento fundamental en la vida del país tiene lógica y su explicación.
Joe Biden no es ningún improvisado. Ha sido y es un hombre de partido que ha pasado por diferentes cargos de elección popular en los cuales ha dejado muy en claro su forma de ver la política, la vida y el mundo.
Lo que sí se aprecia es que estamos ante una relación que será por mucho diferente a la que el tabasqueño sostuvo con Donald Trump. Biden es un político que entiende las formas y principios y, por ello, no va a bajar la guardia en temas que le son fundamentales.
Algunos de ellos van a provocarnos dolores de cabeza, pero al mediano plazo podrán ser de enorme utilidad, como la defensa del medio ambiente.
Lo importante es que EU está en vías de llevar a cabo un cambio fundamental en el tema a diferencia de México que, si bien quema pocas energías fósiles comparado con el vecino, no se vislumbra política alguna en el mediano plazo que revierta la situación que tenemos, al Presidente mexicano le molestan hasta las aspas de viento.
En el tema migratorio pueden venir los cambios más importantes. Da la impresión que hay un principio de entendimiento, porque para los dos países la situación los tiene contra la pared, lo que conlleva el destino de cientos de miles de personas.
Fue un buen encuentro y de productivas formas, pero como todo lo que pase es lo que cuenta antes que las versiones de lo que pasó y se dijo. (Javier Solórzano, La Razón, La Dos, p. 2)
Tamaulipas es un estado con problemas de inseguridad desde hace varios sexenios y los reiterados paganos han sido migrantes, víctimas de la delincuencia organizada. El precio de sangre por su osadía y esperanza de querer alcanzar el sueño norteamericano, una nueva vida.
Migrantes que huyen de la violencia y pobreza que existe en sus países, dispuestos a correr riesgos de vida desde que empiezan la travesía, a veces solos, con sus hijos o con toda la familia. Hay puntos del recorrido en los que tienen que entrarle con su cuota o no pasan, expuestos a lo peor.
Complicado devolverle la tranquilad. Sabido por habitantes y visitantes que hay sitios y carreteras que es preferible evitar. No es tema nuevo. Los peligros se conocen dentro y fuera del estado. En la campaña de 2018, activistas de distintos partidos, si les tocaba viajar a Reynosa, operaban de día y ya por la tarde se iban a dormir del otro lado de la frontera.
Es una situación compleja que hasta ha sido abordada en documentales y películas. Notoria penetración de grupos delictivos y presuntos vínculos con autoridades. Con alto costo para los mismos políticos. Está en la cuenta de sangre la muerte de un candidato local, del partido dominante en el siglo pasado. (Arturo Zárate Vite, Contra Réplica, On line)
Más allá del diálogo respetuoso y protocolario, los objetivos del encuentro fueron muy claros: cooperación bilateral y multilateral en materia de migración; cooperación bilateral en el manejo de la pandemia, y en el tema de la mitigación de los efectos del cambio climático.
Vámonos por temas. Acerca de migración, tenemos que recordar que el antecesor de Biden presionó con echar abajo la firma del T-MEC, así como subir los aranceles, si nuestro país no fungía como “barrera” para detener las caravanas migrantes provenientes de Centroamérica, a lo cual el gobierno tuvo que acceder y movilizó a la Guardia Nacional hacia el sur de nuestro país, y así fungir de border patrol a la mexicana. Ya con Biden se tendrá que re definir esta situación. (Adriana Sarur, El Heraldo de México, País, p. 9)
¿Realmente el presidente López Obrador piensa que es cuasi una bendición tener de vecinos a EU? ¿Cree que después de más de un siglo nuestros partners se van a tentar el corazón y después de un acto de contrición se arrepentirán de todos los pecados que han cometido contra México? ¿Cree que de aquí en adelante nos van a respetar y dejarán de vernos como su patio trasero, como le dijo Biden? ¿Cree que en materia de migración ahora sí nos van a dar la enchilada completa y EU va a regularizar a millones de mexicanos que trabajan en aquel país?
Si esas y otras cosas ve el Presidente en la nueva relación bilateral, habrá que pedir que alguien nos recuerde a los mexicanos un solo caso donde EU se haya inclinado a un mayor respeto para las leyes e instituciones mexicanas, para la soberanía, pues, porque la historia no registra ninguna en más de 150 años.
Antes de su entrevista virtual con el primer mandatario de EU, el presidente López Obrador afirmó que, así como Donald Trump, fue respetuoso y no ve a México como el patio trasero de Estados Unidos, Joe Biden es respetuoso de nuestra soberanía. Efectivamente, con Trump dejaron de vernos como su patio trasero, porque nos convertimos en su patrio delantero al hacerle el favorcito de tener en territorio mexicano a todos aquellos migrantes que Estados Unidos rechazaba. Y con Joe vamos a seguir igual, apuntan los especialistas en la relación bilateral México-EU. (Luis Soto, El Heraldo de México, País, p. 10)
La reunión del lunes entre los presidentes Joe Biden, de Estados Unidos, y Andrés Manuel López Obrador, de México, puso de relieve las prioridades de política doméstica para ambos y lo que necesitan de la relación bilateral.
Eso resultó especialmente cierto en el caso del presidente Biden, para quien el tema migración es un punto siempre conflictivo en la relación bilateral, pero también de especial importancia para su recién iniciado gobierno por sus implicaciones de política doméstica.
De hecho, es además un tanto urgente. El anuncio de cambio y la abrogación de las políticas antiinmigratorias de su predecesor Donald Trump alentó a un nuevo movimiento de migrantes centroamericanos hacia México y la frontera con Estados Unidos.
El lunes por la mañana, horas antes del encuentro Presidencial, el secretario de Seguridad Nacional estadounidense, Alejandro Mayorkas, afirmó que las políticas de Trump habían sido inhumanas, pero pidió a los indocumentados tener paciencia, porque el sistema migratorio de EU debe ser reconstruido desde cero.
Además de deportaciones casi indiscriminadas, la reforma de Trump obligó a peticionarios de asilo y presuntos inmigrantes a permanecer en México, amén de presionar al gobierno de AMLO a aceptar la permanencia de los que ya estaban aquí y a usar la Guardia Nacional para frenar las caravanas de centroamericanos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 21)
Una mujer ocupó el tercer asiento a la derecha del presidente de Estados Unidos, durante su llamada con el mandatario de México. En la cabecera de la mesa en la Casa Blanca se sentó Joe Biden. A su derecha, junto al secretario de Estado Blinken y el asesor de Seguridad Nacional Sullivan, portando cubrebocas, estaba Roberta Jacobson, exembajadora de Estados Unidos en México y actual coordinadora del gobierno federal para la Frontera Sur.
Está claro que a esa reunión virtual fueron convocados los que definirán la política del gobierno de Biden hacia el de Andrés Manuel López Obrador. Y está claro que una voz de primerísima importancia será la de Roberta Jacobson.
Roberta Jacobson lamentó que, como parte de la gira de AMLO a Washington, en plena contienda electoral, el gobierno mexicano no haya solicitado una reunión con Biden o con los demócratas, por mínimo equilibrio diplomático: “eso es una cosa que nadie va a olvidar”. Tampoco hubo una reunión con la comunidad mexico-americana en ese viaje, y destacó que ella no recordaba una visita de un presidente mexicano en el que no se reuniera con la potente comunidad migrante.
Jacobson hizo notar las graves similitudes entre Trump y López Obrador: “los dos presidentes son anti-institucionalistas. A ellos no les gusta el Poder Judicial, la Legislatura. Cualquier cosa que pueda frenar u obstaculizar su voluntad política, ellos realmente la tratan como inconveniencia. Yo creo que es algo muy importante y muy dañino para ambos países, presentar un presidente como único… Además, creo que no toleran de una manera cívica, democrática, a la oposición: o están conmigo o están en mi contra”. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 2)
El reemplazo de todos los mandos de las aduanas en Tamaulipas y Nuevo León, lo mismo que el discurso del director de Aduanas, Horacio Duarte, al darles posesión, es un capítulo más del enfrentamiento de la Federación con el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca.
Al mismo tiempo que esto sucedía en la frontera de Tamaulipas y Nuevo León con Texas, el primer encuentro virtual entre el presidente López Obrador y su homólogo estadunidense, Joe Biden, se desarrollaba con cordialidad, pero sin acuerdos.
No hay química. López Obrador rescató su llamado a respetar la soberanía, Biden, el sentido de igualdad entre ambos países, pero ninguno de los temas centrales estuvieron sobre la mesa: desde horas antes de la comunicación entre ambos presidentes en plena conferencia de prensa en la Casa Blanca se había descartado la posibilidad de compartir vacunas con México, al mismo tiempo que López Obrador decía que la contrarreforma energética, un tema de franca preocupación entre empresarios de la Unión Americana, no interferiría en la relación con Estados Unidos, lo que es, por lo menos, optimista, porque el discurso de Biden y sus políticas van en sentido abiertamente contrario al de la administración López Obrador.
Lo cierto es que ni siquiera se celebraron en la parte mexicana las iniciativas migratorias de Biden, las más amplias desde el gobierno de Ronald Reagan, ni se establecieron acuerdos en los otros tres temas centrales de la relación: la energía, en el contexto del T-MEC y la complementación económica, la seguridad y la lucha contra la pandemia. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Coronavirus alerta, p. 10)
Este lunes se reunió de manera virtual el presidente Joe Biden con Andrés Manuel López Obrador para abordar temas de la agenda bilateral. Entre ellos, se discutieron la pandemia por COVID-19, la recuperación económica y el cambio climático. Sin embargo, el eje central fue la cooperación en materia migratoria.
Funcionarios de alto nivel del gobierno estadounidense me informaron que la Casa Blanca utilizaría este encuentro para establecer un tono de amistad y buena fe con México. Biden ha frenado la construcción del muro fronterizo, eliminado la política de separación de familias y ha presentado una reforma migratoria integral al Congreso, la cual ofrece un camino hacia la ciudadanía estadounidense a más de 11 millones de indocumentados y un plan de inversión de cuatro mil millones de dólares para Centroamérica, al igual que el desmantelamiento del programa Permanece en México, impuesto por el expresidente Donald Trump.
Por su parte, el presidente mexicano inició la reunión con la Virgen de Guadalupe, Benito Juárez y citó a Porfirio Díaz. La risa de Biden lo dijo todo. Pese a esto, el encuentro se calificó como un éxito diplomático, la declaración en conjunto resaltó la disposición de ambas partes de colaborar en una variedad de temas importantes para el futuro de la relación bilateral.
Sin embargo, López Obrador se quedó con las manos vacías, nada de vacunas para México y nada de Operación Braceros de la Segunda Guerra Mundial. Lo que me parece interesante es: ¿Por qué no se lo pidió a Trump teniendo tan buena relación? (Lila Abed, El Heraldo de México, Editorial, p. 11)
Entre estómago y corazón. En el límite, AMLO se alineó el lunes al mensaje y a la agenda de Biden, finalmente más cercana al interés de los migrantes mexicanos que las extorsiones de Trump que el presidente López Obrador valoraba como muestras de respeto. Entre las simpatías por el eje bolivariano del sur, y el realismo de la vinculación al norte, el México de AMLO amaneció con Evo y Maduro en el corazón, pero con el estómago en las remesas y el T-MEC. (José Carreño Carlón, El Universal, Nación, p. 10)
e reestableció sin sobresaltos la primera reunión de alto nivel entre México y Estados Unidos de la era Biden. No obstante, sabemos que entre los dichos y los hechos hay mucho trecho, sobre todo cuando se trata de política internacional. Pero, en primera instancia alivia ver al presiente Andrés Manuel López Obrador dialogar con un homólogo sin parecidos a Donald Trump.
El tema central fue el migratorio. Ahí fue donde ambos mandatarios mostraron más preocupación. Y es que la movilidad de personas podría ser histórica en los próximos meses. Conforme se vaya generalizando la vacunación y paralelamente se comiencen a normalizar las actividades globales, al mismo tiempo, los flujos migratorios podrían aumentar dramáticamente. La pobreza y el desempleo mundial, provocados por los efectos devastadores de la pandemia de Covid-19, impactarán sin lugar a dudas.
Además, se debe asumir que hay nuevas acciones que los migrantes están desarrollando como método para ser más resilientes en su peligrosa aventura de llegar a los Estados Unidos: transitar en caravanas y así intentar cruzar más de cuatro mil kilómetros que separan, por ejemplo, Centroamérica de Tijuana, un hecho que, aunque no es nuevo, sí es más concurrente.
Antes de la pandemia, el 12 de octubre de 2018, se originó la primera caravana, proveniente de Honduras. El 20 de octubre se formó otra más. El 29 y 31 de octubre dos más, desde San Salvador. Una quinta, el 9 de noviembre. Las medidas por parte del gobierno mexicano fueron redefinidas y ya no dejaron cruzar a los migrantes por territorio nacional.
La amenaza de Trump al gobierno de México fue implacable: o los frenas en la frontera sur, o habrá castigos económicos. Después llegó la pandemia y frenó todo, incluidas las caravanas migrantes… pero, ¿hasta cuándo? Por lo pronto, ambos gobiernos se comprometieron a impulsar el desarrollo de Centroamérica y del sur de nuestro país con una inversión de cuatro mil millones de dólares. (Omar Cepeda, El Financiero, Opinión, p.26)
El lunes, Andrés Manuel López Obrador sostuvo su primera reunión oficial con Joe Biden, presidente de Estados Unidos. De acuerdo con sus declaraciones recientes, AMLO propuso un acuerdo para que personas mexicanas trabajen en aquel país legalmente, haciendo referencia a dos conceptos contradictorios con aparente inadvertencia. Por un lado, expresó su deseo por empujar un modelo basado en derechos humanos. Por el otro, mencionó el programa bracero, establecido para abordar la escasez de mano de obra en Estados Unidos frente a la Segunda Guerra Mundial.
A lo largo de los últimos 15 años, en el Centro de los Derechos del Migrante hemos documentado miles de casos de abusos bajo los vestigios del programa bracero: los programas de visas de trabajo temporal. Nuestro consejo es simple: para trazar un modelo basado en derechos humanos es necesario mirar hacia adelante. De no hacerlo, la propuesta de AMLO contribuiría a una tendencia peligrosa: la privatización de la migración laboral. Son los empleadores estadounidenses, no los gobiernos, quienes están controlando los estándares laborales.
Cubriendo una gama de industrias, los programas de visas existentes permiten a cientos de miles de personas laborar en Estados Unidos temporalmente; estructuralmente, agilizan la discriminación, limitan la movilidad laboral e impiden el acceso a servicios básicos.
Bajo estos programas, reclutadores desaprensivos cobran miles de pesos a cambio de oportunidades de trabajo; estas cuotas desalientan a las personas migrantes a dejar condiciones abusivas por miedo a no poder pagar las deudas que adquirieron por conseguir su trabajo. Además, es común que los reclutadores se nieguen a contratar a mujeres y personas mayores.
La pandemia ha resaltado el imbalance de poder que distingue a estos programas. Las visas ligan a las y los trabajadores a su empleo. Si dejan su trabajo, aunque sea por abandonar condiciones abusivas o inseguras, pierden su estatus migratorio -y hasta su hogar y acceso a servicios que habitualmente están provistos por el empleador. (Evy Peña, Reforma, Opinión, p. 10)
Habitan en Estados Unidos un poco más de 11 millones de personas nacidas en México y, la mitad, siguen sin documentos. Pero además de los que ya residen por allá, ha habido flujos temporales de trabajadores que han viajado mayormente sin documentos. Actualmente, sin embargo, el gran cambio de estos últimos años (de 2015 en adelante), ha sido que ahora la mayor parte de los mexicanos que van a trabajar allá temporalmente lo hacen de manera documentada.
El promedio anual, durante los años 2015-2019, ha sido de un poco más de 200,000 personas. Son cifras quizás todavía desconocidas por el público. En los años posteriores a 2007 se hicieron inviables los viajes por los altos costos del cruce y ello provocó una paulatina escasez de los trabajadores mexicanos especialmente en la agricultura y los servicios. Para solventar estas necesidades los empresarios americanos acudieron al rescate de las visas H2-A y H2-B que ocasionalmente las habían utilizado desde finales de los años 40 aunque de manera muy limitada. Estas visas permiten que los trabajadores extranjeros puedan llegar a trabajar legalmente por tiempos definidos y bajo ciertas condiciones que impone el Departamento de Estado americano.
Recordemos que en el primer año de gobierno del presidente Fox empezó a cocinarse la idea de establecer un flujo legal de trabajadores temporales desde México. Desafortunadamente, los eventos de septiembre del 2001 echaron por tierra cualquier posibilidad de acuerdo por las presuntas amenazas a la seguridad de Estados Unidos. A pesar de que los flujos de mexicanos no documentados siguieron aumentando, la posibilidad de hablar con los americanos de un flujo legal fue imposible y había seguido siéndolo. La respuesta laboral actual por la que se está contratando a tantos mexicanos y mexicanas de manera legal, ha venido de las necesidades de mano de obra que fueron experimentando los empresarios americanos. (Gustavo Verduzco Igartúa, Reforma, Opinión, p. 8)
AMLO revela detalles del diálogo con Biden // Ebrard y Blinken zanjarán conflictos del T-MEC // Congreso local busca frenar desafuero de García Cabeza de Vaca
Solventar controversias.- AMLO y Biden acordaron la integración de un grupo de alto nivel encabezado por el secretario de Estado, Antony Blinken, y el canciller Marcelo Ebrard para resolver las controversias que puedan generarse del T-MEC. Comentó: Lo invité a México; le hablé de las cortinas de desarrollo para que la gente no se vea obligada a emigrar del país. Le hablé del Tren Maya, del desarrollo del Istmo y de los caminos que están haciendo las comunidades indígenas en Oaxaca. Vamos viendo cuándo se logra que yo vaya. Tal vez en abril, cuando tendrá lugar una reunión con el tema del cambio climático. En realidad, las fechas se fijarán de acuerdo con los movimientos que puedan hacerse por la pandemia.

(Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)