Opinión Migración 030326

Sacapuntas

Reconocimiento

Quien estuvo de manteles largos fue el Comisionado del Instituto Nacional de Migración, Sergio Salomón Céspedes, al recibir el grado de Doctor Honoris Causa por parte del IPN. El reconocimiento no es menor: se le otorgó por el impulso a la educación en sus etapas como legislador, presidente municipal y gobernador interino de su natal Puebla. “Este reconocimiento más que algo propio, lo asumo como algo colectivo, pertenece a mi pueblo, a mi estado”, dijo. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)

Sin derecho de réplica / Céspedes en la antesala de Gobernación

Fuentes bien informadas me confirmaron que en los próximos días, Sergio Salomón Céspedes Peregrina podría convertirse en el nuevo Secretario de Gobernación. No sería un relevo cualquiera pues la designación coincidiría con el inminente fracaso de la reforma electoral. Una reforma que nació debilitada y que hoy agoniza en el Congreso. El PT no la votará y el PVEM, a pesar que esta dudando, al final irá en contra. El PRI y el PAN, pero ni de locos. Sin aliados no hay mayoría y sin mayoría no hay reforma. Así de simple.

Pero como siempre, los fracasos siempre encuentran padrinos. El costo político recaería en Rosa Icela Rodríguez (ausente en los operativos que dieron muerte a El Mencho), en Ricardo Monreal como principal negociador en la Cámara de Diputados y en menor medida, en Ignacio Mier, quien, según los cercanos a los acuerdos, habría tenido menos margen de maniobra para convencer a los grupos parlamentarios, es decir, tendría una segunda oportunidad. El relevo en Gobernación sería una corrección estratégica, porque cuando una reforma presidencial fracasa, el problema no es legislativo, sino político. Y cuando el problema es político, se cambia al político.

Sergio Salomón ha demostrado disciplina, lealtad y capacidad de operación en momentos críticos. Lo que viene no es sólo un nombramiento, sino un ajuste interno y más aún, la confirmación de que la presidenta Claudia Sheinbaum busca hacerse de un grupo de su absoluta confianza, dejando de lado las herencias que le endosó López Obrador.

Es así como perdiendo gana, es decir, cumple con haber presentado la reforma, aunque no logre la mayoría calificada. Y como consecuencia, echa la culpa a los malos operadores obradoristas.

La pasada fue una semana positiva para Céspedes. El 24 de febrero estuvo muy cerca de la mandataria de la nación en el evento oficial del Día de la Bandera. El 25 acudió a la Cámara de Diputados para comenzar a cabildear la reforma para cambiar el marco legal de lo que será el Instituto de Movilidad Humana; y el viernes recibió el doctorado Honoris Causa por parte del Instituto Politécnico Nacional.

Nada mal para quien se apunta a ser el encargado de la política interna del país. (Alberto Rueda, Milenio Puebla, Online)

Historias de reportero / Sheinbaum, ni Maduro ni el ayatola

Trump quiso que no cruzara ni un migrante más sin documentos a su país. El gobierno mexicano desplegó 10 mil soldados para contener a los migrantes desde que trataban de entrar por Guatemala. Trump quiso que México recibiera a los deportados, aunque fueran de otra nacionalidad. México los recibió. Trump quiso que México realmente combatiera el tráfico de fentanilo. México desechó por completo la estrategia de “abrazos no balazos” y ya desmanteló dos mil narcolaboratorios. Trump quiso que le mandaran a los capos más peligrosos de México porque seguían operando desde las cárceles. México le mandó a cien, en tres remesas diferentes. Trump quiso que China dejara de usar el comercio con México como puerta trasera para entrar al territorio de Estados Unidos. México le puso tremendos aranceles a miles de productos chinos en particular y asiáticos en general. Trump quiso que México le dejara de mandar petróleo a Cuba. México le dejó de mandar petróleo a Cuba.

A diferencia del ayatola Alí Jamenei o el presidente Nicolás Maduro, la presidenta Claudia Sheinbaum ha entendido que a Trump no se le dice que no. Los líderes de Irán y Venezuela creyeron que podían tomarle el pelo, ganar tiempo y sacarle la vuelta. La presidenta de México ha respondido con eficiencia y en tiempo récord ante las exigencias del mandatario estadounidense.

Esos son los hechos. La retórica es otra cosa. De saliva juntamos un tinaco si sólo escuchamos las conferencias mañaneras. En la realidad, ni soberanía ni no subordinación ni un soldado en cada hijo te dio. La presidenta Sheinbaum ha identificado con claridad la asimetría militar y la dependencia económica, y ha actuado en consecuencia. No le gusta reconocerlo en público, pero no está sujeto a debate. Los hechos ahí están.

A la luz de lo que hemos visto en Irán y Venezuela, qué bueno para el gobierno de México que el “hubiera” no existe. ¿Qué hubiera pasado si el gobierno de México no hubiera frenado el flujo migratorio? ¿Qué hubiera pasado si hubiera seguido el “abrazos no balazos”? ¿Qué hubiera pasado si en vez de desmantelar narcolaboratorios hubieran seguido con el discurso de “aquí no hay laboratorios de fentanilo”? ¿Qué hubiera pasado si no se rompiera la cercanía comercial con China o el pornográfico subsidio a la dictadura cubana a través del petróleo?

Creo que con lo que hemos visto en los últimos días, cobra aún más credibilidad y relevancia la prueba que le puso el gobierno de Estados Unidos a su contraparte mexicana y la respuesta de México en el caso de Nemesio Oseguera “El Mencho”, líder del cártel Jalisco Nueva Generación. Haberse negado o no haber cumplido pudo haber tenido consecuencias explosivas. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. A9)

El Privilegio de Opinar / Libre comercio de armas

Dicen que las armas no caminan solas. Mentira. Las que llegan a México desde Estados Unidos deben tener piernas, visa láser y hasta puntos acumulados en alguna aerolínea, porque cruzan la frontera con una facilidad que ya quisieran millones de migrantes.

El dato es contundente, aunque ya ni sorprende: el 78 por ciento de las armas incautadas en México provienen de Estados Unidos. Lo informó el general Ricardo Trevilla, secretario de la Defensa Nacional, al presentar cifras de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. En lo que va del gobierno se han asegurado 18,000 armas largas y cortas, y la inmensa mayoría nació del otro lado del Río Bravo, ese lugar donde las armas tienen más derechos constitucionales que las personas.

Uno pensaría que se trata de pistolas discretas o rifles de colección para cazar venados jubilados. Pero no. Entre los decomisos aparecen 250 rifles calibre .50, los consentidos del narcotráfico, capaces de perforar vehículos blindados, muros y hasta discursos oficiales. También figuran 20 lanzagranadas calibre 40, 13 lanzacohetes y 273 ametralladoras de distintos calibres. Es decir, un arsenal suficiente para filmar varias temporadas de una serie bélica sin necesidad de efectos especiales.

La información tomó vuelo tras un reportaje de The New York Times que reveló que en ataques contra policías y ciudadanos mexicanos se ha utilizado munición producida en una planta del propio ejército estadounidense. Balas fabricadas bajo estándares militares que terminaron participando, sin permiso diplomático, en la violencia mexicana. El general Trevilla añadió otro dato revelador: desde 2012 se han asegurado 137 mil cartuchos calibre .50, y el 47 por ciento proviene de la Lake City Army Ammunition Plant, instalación propiedad del gobierno estadounidense ubicada en Missouri. Es decir, las municiones llegan con árbol genealógico conocido.

La pregunta es inevitable. ¿Cómo armas y municiones de uso exclusivo militar cruzan la frontera? ¿Se extraviaron? ¿Se clonaron? ¿Se teletransportaron? O, simplemente está tácitamente convenido que la frontera del lado gringo es muy estricta para los migrantes y la frontera del lado mexicano es muy flexible para el armamento pesado.

Aquí es donde aparece la ironía internacional; Estados Unidos suele exigir a México resultados inmediatos contra el narcotráfico mientras México intenta explicar que buena parte del poder de fuego criminal tiene origen en tiendas legales, ferias de armas y cadenas de distribución perfectamente registradas al norte de la frontera.

Es como si un vecino reclamara por el ruido de la fiesta y él prestó las bocinas.

No deja de ser paradójico que en el país donde un adolescente, en muchos estados, no puede comprar cerveza legalmente, sí pueda adquirirse armamento capaz de alterar el equilibrio táctico de una región completa. Esas armas cruzan a México, donde el ciudadano común apenas puede aspirar a una resortera sin permiso.

La violencia, entonces, se convierte en un producto binacional: unos ponen el mercado ilegal que compra y otros el mercado legal que vende. Y ambos gobiernos anuncian reuniones, mesas de diálogo y compromisos históricos que duran exactamente hasta la siguiente conferencia de prensa. Mientras tanto, las cifras crecen y los decomisos se celebran como triunfos parciales: cada arma incautada confirma, al mismo tiempo, dos cosas: que fue posible detenerla y que fue posible que entrara.

Tal vez el verdadero problema no sea la falta de cooperación, sino el exceso de simulación. Porque reconocer que el flujo de armas es un componente estructural de la violencia implicaría aceptar responsabilidades compartidas, y eso equivale a admitir que nadie tiene completamente la razón.

Así que seguimos en este extraño intercambio diplomático donde México pone los muertos, Estados Unidos expresa preocupación y ambos países prometen reforzar controles que, misteriosamente, nunca parecen suficientes.

Al final, uno concluye que las armas sí cruzan solas. No porque tengan piernas, sino porque existe todo un sistema que les abre la puerta, les desea buen viaje y luego finge sorpresa cuando aparecen del otro lado causando estragos. (Manuel Ajenjo, El Economista, Política y Sociedad, p. 41)

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(Perujo, El Economista, El Foro, p. 47)