Cara larga. Como parte de la estrategia del gobierno federal para atender a los migrantes heridos en el incendio de la estancia provisional de Ciudad Juárez, titulares del INM e IMSS, así como el secretario de Salud y el subsecretario de Seguridad Pública, visitaron a los afectados en diversos hospitales de la ciudad fronteriza. Francisco Garduño, Zoé Robledo, Jorge Alcocer y José Luis Rodríguez Bucio, respectivamente, recorrieron tres hospitales del IMSS, uno de la Secretaría de Salud y uno del ISSSTE. Manifestaron su intención de brindar toda la ayuda necesaria a los migrantes heridos. Lo que urge es que Garduño, titular de Migración, dé la cara como directo responsable. El resto está de más… (Excélsior, Nacional, p. 9)
No se hicieron esperar las reacciones de los dirigentes de los partidos de oposición después del incendio que el lunes pasado mató a 39 personas e hirió a 28 más en la cárcel migratoria que opera el Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Al día siguiente del evento, el presidente nacional del PRI y el coordinador de los diputados federales del PRD, Alejandro Moreno y Luis Cházaro, respectivamente, difundieron sus puntos de vista por medio de un tuit.
Alito escribió: “Lamentable la tragedia acontecida en Ciudad Juárez, en donde 39 migrantes perdieron la vida y más de 20 lesionados en instalaciones del @INAMI_mx. Es necesario dar claridad total a la situación y deslindar responsabilidades ante el terrible suceso”; el perredista anotó: “La evidencia deja en claro que agentes federales abandonaron a su suerte a los migrantes que murieron anoche en Ciudad Juárez. El titular del @INAMI_mx debe renunciar, al tiempo que se lleve a cabo una investigación independiente y seria. #FueElEstado”.
Ese mismo día, el presidente nacional del PAN Marko Cortés, a través de un comunicado, señaló que “Ante los videos que demuestran, sin lugar a dudas, un crimen de Estado en el centro de detención para migrantes del Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez, Acción Nacional demanda la renuncia inmediata de Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; de Adán Augusto López, secretario de Gobernación, y del comisionado del INM, Francisco Garduño Yáñez”.
El miércoles, después de un inútil debate de seis horas, los morenistas y sus aliados en el Senado rechazaron citar a comparecer a López Hernández y Ebrard para que respondieran preguntas en torno al asunto.
Hoy, los de Morena defienden a ambos a pesar de que pueden ser responsables, si bien no culpables, de lo que ocurrió y olvidan la manera en que cuando eran parte de la oposición exigían comparecencias y renuncias de funcionarios de los gabinetes de Vicente Fox, Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto.
Por ejemplo, cuando el 11 de julio de 2015 se fugó Joaquín el Chapo Guzmán de la cárcel federal del Altiplano, el entonces presidente del Consejo Nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, dijo esto en un video que difundió por Facebook: “Creo que es algo muy grave, es una fuga espectacular, va a tener muchas repercusiones no solo en el país, sino en el mundo. Por eso considero que es prudente que Enrique Peña Nieto se regrese de inmediato, que se regrese de Francia para atender este asunto y también, hay que decirlo, para no pasar la vergüenza afuera, chueco o derecho él es el presidente de México. Nuestro país no debe ser el hazmerreír de nadie”. Y por medio de un tuit opinó que “Si cuando menos no renuncia el gabinete de seguridad, va a quedar la idea de que hubo complicidad al más alto nivel en la fuga del Chapo”.
No cabe la menor duda, nuestros políticos, sin importar el partido al que pertenecen o la ideología política que manifiestan, son igualitos. Cuando están en el poder defienden a los suyos contra sus adversarios y cuando no lo están exigen que rindan cuentas o renuncien los funcionarios del gobierno al que se oponen.
La mayoría de ellos no son demócratas ni creen en la rendición de cuentas. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
Un total de 39 migrantes perdieron la vida y 27 resultaron heridos, debido a un incendio ocurrido la noche del lunes 27 de marzo. Los hechos ocurrieron en una estación del Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez. Los reportes oficiales indican que un colombiano, un ecuatoriano, 12 salvadoreños, 28 guatemaltecos, 13 hondureños y 12 venezolanos fueron víctimas de este percance. A través de un video, se viralizó la forma en que, durante el inicio del siniestro, los migrantes trataron infructuosamente de abrir una puerta para salir de la zona en que estaban confinados. Al momento de los hechos, del otro lado de la misma, se aprecia la presencia de dos funcionarios del INM que se retiraron sin abrirla.
El primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador, lamentó la muerte de migrantes, aunque también responsabilizó a algunos de ellos del incendio, tras afirmar que, “como protesta en la puerta del albergue pusieron colchonetas… les prendieron fuego y no imaginaron que esto iba a causar esta terrible desgracia”. El terrible acontecimiento generó que de inmediato algunas autoridades buscaran deslindarse de la responsabilidad. El secretario de Gobernación, Adán Augusto López, sostuvo que, aunque “formalmente” es la Segob, que él encabeza, la encargada de coordinar la política migratoria en el país,áexiste “un acuerdo al interior del gobierno” federal en el que se asigna dicha tarea a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).
En respuesta a los dichos de Adán Augusto, el canciller Marcelo Ebrard señaló: “Cada cual debe hacer lo que le corresponde”, y se pronunció por dejar cualquier “consideración de índole política” para otro momento. Adicionalmente, informó que “los responsables directos de los hechos –fueron– presentados ante la Fiscalía General de la República” y convocó a embajadores y cónsules de los países de origen de las víctimas a fin de coordinar las gestiones para la atención de lesionados, repatriación de los afectados y definir los pasos a seguir. Posteriormente, la propia SRE aclaró que el supuesto acuerdo interno había sido suspendido.
Reacciones, críticas y cuestionamientos no se hicieron esperar. La Conferencia del Episcopado Mexicano denunció que las estaciones migratorias del gobierno federal “no son albergues”, sino prisiones –con celdas y barrotes– en las que se criminaliza la migración irregular.
El secretario general de la ONU, António Guterres, pidió una exhaustiva investigación del incendio ocurrido en las instalaciones del Instituto. Integrantes de los grupos parlamentarios de oposición, exigieron la renuncia inmediata de Francisco Garduño como titular de la dependencia en cuestión. Incluso figuras relevantes de la 4T como Epigmenio Ibarra, cuestionaran la política prevaleciente en esta materia: “Si migrar no es delito, como lo ha dicho una y otra vez López Obrador; ¿por qué entonces el INM tenía detenidos a estas y estos migrantes?”.
Aun cuando el gobierno de Estados Unidos expresó sus condolencias a los familiares de las víctimas del incendio del centro de detención de migrantes, ofreció asistencia para investigar la tragedia y declaró que admitirá a los heridos para que reciban tratamiento en su territorio, la crítica hacia dicho país empieza a crecer. Cabe recordar que ha sido precisamente debido al convenio establecido desde la era de Donald Trump, que México funciona en los hechos como “tercer país seguro”.
Es decir, aquellas personas que abandonaron su país de origen se mantienen en territorio mexicano, en tanto reciben asilo o reasentamiento permanente en otro país, en este caso, quienes intentan quedarse en Estados Unidos.
Más allá de que este tema empieza a ser utilizado como instrumento para el “golpeteo” político entre los aspirantes presidenciales de Morena, en torno a la sucesión presidencial, la desgracia de 39 personas que perdieron la vida y otras tantas que resultaron heridas, deja claro que la política migratoria presenta importantes retos y severos riesgos en materia de derechos humanos. México no cuenta con la infraestructura necesaria y suficiente para atender a las miles de personas que han quedado “varadas” en suelo mexicano. De no atenderse el tema con mayor seriedad, recursos y visión, se corre el riesgo de que este desafortunado tipo de eventos se repita con frecuencia.
Es indispensable tomar cartas en el asunto, profundizar en la materia y desarrollar una política bilateral mucho más sostenible. La #SociedadHorizontal tiene en sus manos la oportunidad de empujar el tema migratorio, como un pilar en la construcción de una nueva relación con nuestro vecino del norte. (Armando Ríos Piter, Excelsior, Nacional, p. 9)
Aseo bajo lupa. El incendio que cobró la vida de decenas de personas en el Instituto Nacional de Migración (INM), que lidera Francisco Garduño, deja de manifiesto la urgencia de revisar a profundidad las acciones que se llevan a cabo dentro de este organismo, situación que se refuerza al conocer que las labores de limpia del mismo en lo que resta del año han quedado en manos de dos firmas relacionadas a José Juan Reyes Domínguez, conocido como “Rey de la limpieza”, tras el veredicto del proceso TA-04-K00-004K00001-N-20-2023.
Los relatos aseguran que crea diversas firmas con el fin de aparentar competencia, por lo que salta a la vista que precisamente Servicios Inmobiliarios Iroa se haya quedado con dos de las partidas por una cifra máxima de 46 millones 700 mil pesos, sin dejar fuera del panorama a Aseo Privado Institucional cuya bolsa tiene un tope de poco más de 32 millones 900 mil pesos.
En el haber de Reyes Domínguez hay acusaciones por empresas vinculadas a su nombre con historial de falta de maquinaria y equipo, no inscripción de los trabajadores en el IMSS, así como falta de pagos injustificada, o salarios por debajo de lo prometido. ¿Se seguirá con lupa su desempeño? (Julio Pilotzi, La Razón, Negocios, p. 17)
“Ponte en mis zapatos”
Nos hacen ver que la Semana Santa podría no implicar forzosamente que el asunto de la tragedia ocurrida en un centro de retención de migrantes en Ciudad Juárez, pase a un segundo lugar de relevancia entre los temas de la agenda pública. La tarde de ayer indocumentados de varias nacionalidades escenificaron un Viacrucis en el borde del río Bravo, para demandar justicia por los fallecidos en el incendio de las instalaciones del Instituto Nacional de Migración. Las personas caminaron descalzas, a un lado de la línea fronteriza entre México y Estados Unidos en Chihuahua. Algunos de los migrantes cargaron una cruz por turnos, hasta llegar a la estación migratoria, donde gritaron todo tipo de consignas. No pedían ceses de funcionarios ni castigos para nadie. Su Viacrucis únicamente tenía un lema: “Ponte en mis zapatos”. (La Razón, La dos, p. 2)
Son orillados a salir de sus países y en su peregrinar por una vida mejor tienen que pasar por el infierno llamado México. Los migrantes que todos dicen cuidar pero que nadie quiere tener, sufrieron la semana pasada una de las peores tragedias en nuestro país cuando 39 de ellos murieron en un incendio registrado en una Estancia migratoria.
Fiel a su costumbre de echar culpas, desde la primera información oficial, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador dijo que el incendio fue provocado por un grupo de migrantes, pero no dijo los motivos y tampoco que los guardias y los agentes Migratorios los dejaron encerrados en medio del fuego.
Y siguiendo a su líder, el secretario de Gobernación, a quien la Ley otorga la responsabilidad de los centros migratorios y del Instituto Nacional de Migración (INM), fue el segundo en evadir su responsabilidad y aprovechó para endilgar el problema a su contrincante en la carrera presidencial, Marcelo Ebrard, bajo el pretexto de tener un acuerdo por el que la Secretaría de Relaciones Exteriores es la encargada de los centros migratorios.
La indolencia con la que este Gobierno trata a los migrantes, se vio reflejada el viernes cuando el primer mandatario acudió a Ciudad Juárez, Chihuahua y ni por equivocación tuvo algún gesto de humanidad con los centroamericanos que se encuentran en esa Ciudad: ni los vio ni los escuchó.
De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 2022 fue el año con mayor número de detenciones a migrantes que transitaban por México en una situación irregular por lo cual se hicieron 444 mil 439 arrestos, un 44% más que en 2021.
Honduras, El Salvador y Guatemala ya no son los únicos países en expulsar a su población. Ahora hay que sumar niveles sin precedentes de personas migrantes que llegan por tierra a México cruzando a través de Centroamérica desde la República Bolivariana de Venezuela, Cuba, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Haití, o incluso desde países de África, Asia, y Europa incluidos Rusia y Ucrania.
López Obrador anunció la creación de una comisión para garantizar la protección de los derechos humanos de los migrantes, lo que deja en evidencia que ni la Comisión Nacional de los Derechos Humanos a cargo de Rosario Piedra y ni la subsecretaría de Derechos Humanos, Población y Migración a cargo de Alejandro Encinas están haciendo su trabajo.
Lo menos que tendría que haber hecho el Presidente, es exigirle su renuncia al titular del INM, Francisco Garduño, pero eso sería reconocer que están fallando.
No cabe duda que la soberbia, la indolencia, la irresponsabilidad, la mezquindad con que el Gobierno de la Cuarta Transformación deja pasar las tragedias, pone en evidencia su falta de capacidad para gobernar.
Y en Pregunta Sin Ofensa:
¿Lograrán los nuevos consejeros del INE afines a Morena, ser autónomos e independientes en sus decisiones y organizar elecciones en paz y transparentes? (Karina Aguilar, 24 Horas, CDMX, p. 8)
La trágica muerte de 39 migrantes es consecuencia del entreguismo y de la corrupción. Por miedo a Donald Trump, el presidente López Obrador avaló algo muy parecido al status de tercer país seguro y, peor aún, aceptó convertirse de facto en el comisionado de la “migra” estadounidense en México. Y por la corruptela nuestra de cada día, la corrupción sistémica contra la cual AMLO no ha establecido ninguna política pública, los migrantes son ultrajados por el Instituto Nacional de Migración. Ambas cosas llevaron al crimen de Ciudad Juárez.
El gobierno mexicano se dobló ante Trump y se mantiene doblado ante Biden. De 2020 para acá, a partir de la salida de su impresentable amigo de la Casa Blanca, AMLO endureció las palabras pero, paradójicamente, suavizó los hechos. En la agenda migratoria de nuestra relación bilateral con Estados Unidos nada ha cambiado: se sigue deteniendo a los migrantes en nuestra frontera sur, vejándolos a lo largo del país y guardándolos en la inhóspita sala de espera de nuestra frontera norte. Aquí entra en juego la corrupción: los agentes del INM los extorsionan y los zahieren porque eso han hecho siempre y porque nada se hace hoy para evitarlo.
Corromper es echar a perder, dice el diccionario, y la corrupción sistémica echa a perder sistemáticamente a México. Está enquistada en la burocracia y no desaparece cuando un presidente decide no encabezarla. La maquinaria corruptora es transexenal: no se apaga nunca, solo incorpora nuevos mandos y beneficiarios cada seis años y relega a quienes no quieran entrar al juego. No se detiene con voluntarismo sino con cambios estructurales que anulen los incentivos perversos que la alimentan. Cierto, hay otra corrupción, la del saqueo episódico de políticos encumbrados, pero esa tampoco se corrige por ósmosis; funcionará mientras exista el pacto de impunidad que protege a expresidentes corruptos como Peña Nieto, a quien AMLO no quiere tocar.
He aquí las causas de la tragedia de Juárez. Nos comprometimos con Estados Unidos a disminuir el número de inmigrantes en su territorio -y aumentarlo en el nuestro- y AMLO encomendó la ejecución de tal despropósito a la Guardia Nacional y al INM, tan corrompidos como las policías o las aduanas, como todas las dependencias que “atienden” a la gente. La cuestión es si AMLO puede impedir que una atrocidad así vuelva a suceder en tanto siga haciendo el trabajo sucio a los vecinos. Ni modo que defienda el desatino de la militarización como correctivo: el delegado o representante del INM en Chihuahua es un contralmirante retirado.
Si el Sistema Nacional Anticorrupción le parece ineficaz a AMLO, que lo simplifique o lo reemplace. Creer que basta con su voluntad para que nuestro país deje de echarse a perder es una necedad. Es imperativo acercar la norma a la realidad y tener buenas políticas públicas. La mafia del poder también está en los mandos medios; de hecho, está en toda la estructura burocrática que opera bajo las inefables reglas no escritas que rigen cotidianamente a este país y que, al final del gobierno de AMLO, siguen intactas.
Hace cinco años la 4T proclamó que recibiría a los migrantes con los brazos abiertos. Ahora permite que se calcinen entre las llamas porque mantiene la puerta cerrada. (Agustín Basave, Milenio, P.p.)
El infierno en 32 segundos
El video que registró una cámara de seguridad en el refugio para migrantes en Ciudad Juárez muestra el inicio del fuego. Aparecen dos agentes, pero no se acercan a la reja de la zona de detención. Un migrante patea la puerta y aparentemente grita. Los custodios nunca voltean a mirarlo. El fuego se extiende, ahora hay llamas que brotan detrás del migrante. El humo, cada vez más denso, comienza a llenar la habitación. Los custodios salen y dejan encerrados a los migrantes. El humo lo cubre todo. Es el infierno en 32 segundos.
Había 68 personas detrás de esa reja, en medio del fuego. Murieron 39 de ellos. Otros 29 quedaron heridos, casi todos graves. El horror, la tristeza y la indignación suscitados por esas muertes, no han sido compartidos por el gobierno mexicano.
La mañana del martes 28 de abril, horas después de la tragedia, el presidente Andrés Manuel López ya conocía ese video y sabía que los migrantes murieron porque los dejaron encerrados. Sin embargo quiso propalar la versión de que, simplemente, esas muertes se debieron a que uno de ellos les prendió fuego a varias colchonetas. Ese día, la conferencia de prensa del presidente duró 2 horas con 40 minutos. De ese tiempo, 2 minutos con 20 segundos estuvieron dedicados a los hechos en el refugio fronterizo.
Si, como dijo después, la tragedia le “partió el alma”, el presidente lo disimuló muy bien. Esa mañana del martes, río con soltura varias veces durante la conferencia de prensa. Las formas, como él bien sabe, en estos casos son parte del fondo. La ligereza de López Obrador y su gobierno ante la muerte de 39 personas, es parte del infructuoso esfuerzo para restarle importancia a esa terrible catástrofe.
Entre el martes 28 cuando se conoció la tragedia en Ciudad Juárez y el viernes 31, López Obrador ofreció cuatro conferencias de prensa que, en total, ocuparon 8 horas con 54 minutos. De todo ese tiempo, el presidente se refirió a los hechos de Ciudad Juárez durante 41 minutos. El miércoles, fueron 17 minutos. El jueves, aunque ya circulaba abundante información sobre la negligencia del gobierno, habló del tema 3 minutos. El viernes, fueron 18 minutos y medio debido a las preguntas de varios reporteros pero la mayor parte de ese tiempo se le fue en auto elogios a sus iniciativas (hasta ahora fallidas) para que los centroamericanos no migren hacia el norte.
Ese viernes, López Obrador fue a Ciudad Juárez pero no a visitar a los heridos. sino para atender asuntos ya agendados. Al presidente no le gusta reunirse con las víctimas de tragedias, quizá porque no pueden ni quieren vitorearlo. Cuando un gobernante se encuentra con los damnificados de alguna catástrofe, él no es el centro de la noticia. A López Obrador no se le dan las actitudes compasivas. Tampoco suele ofrecer explicaciones y, mucho menos, disculpas. Por eso, de casi nueve horas que destinó a esas conferencias de prensa, habló de la tragedia menos del 8% de ese tiempo y en ningún momento explicó, ni reconoció, sus causas.
Los migrantes no tenían por qué estar detenidos pero el gobierno mexicano, en ese tema, actúa tal y como prescribió hace cuatro años el entonces presidente Donald Trump. Ese personaje se ufana de haber “doblado” a López Obrador para que la Guardia Nacional mantenga en México a los migrantes que llegan de otros países. En vez de resguardarlos a los migrantes los encarcelan, se les maltrata y extorsiona, de muchas mujeres se abusa físicamente, se les regatean la alimentación y atención médica.
En las crisis, se manifiesta el talante y la capacidad de las personas. De la crisis en Ciudad Juárez, el presidente ha querido echarle la culpa a otros (la falta de apoyo del gobierno estadounidense, las colchonetas quemadas o los propios migrantes). Adán Augusto López quiso eludir su responsabilidad diciendo que los asuntos migratorios los atiende Relaciones Exteriores, aunque el Instituto de esa índole está adscrito a la Secretaría de Gobernación.
Tanto Adán López como Marcelo Ebrard, tendrían que haber renunciado porque ambos han tomado decisiones que condujeron a la muerte de los migrantes. Uno, al permitir que el INM funcione como organismo de contención y reclusión. El otro, al aceptar y promover una política anti migrantes, subordinada a las exigencias de Estados Unidos. López Obrador, ha avalado esas decisiones.
De manera inevitable, se han podido recordar otras desgracias relacionadas con negligencias del gobierno en turno. Cuando en junio de 2009 murieron 49 niños en la guardería ABC en Hermosillo, López Obrador y sus propagandistas culparon al gobierno del presidente Felipe Calderón. Lo mismo dijeron del presidente Enrique Peña Nieto, cuando fueron asesinados los 43 normalistas de Ayotzinapa. Cada caso ha sido distinto, pero en ellos y ahora en la muerte de los migrantes hay responsabilidades oficiales.
Si fue el Estado, o no, será solamente una fórmula retórica mientras no se deslinden culpas y omisiones específicas. Todo indica que López Obrador quiere resolver este episodio sancionando a empleados y funcionarios menores. Pero el intento para subestimarlo, el nulo aprecio por los migrantes y sus derechos y insensibilidad del presidente, harán del incendio en Ciudad Juárez uno de los mayores oprobios de su gobierno.
ALACENA: Raúl Padilla López
La Feria Internacional del Libro, el Festival de Cine, las unidades regionales y numerosos centros de investigación de la Universidad de Guadalajara, se deben al afán promotor de Raúl Padilla López. Del liderazgo en la antigua Federación de Estudiantes Padilla transitó más tarde, en 1989, a la rectoría de la UdeG. Allí consolidó el influyente grupo que la ha dirigido desde entonces. La presencia pública de esa institución, lo enfrentó con el actual gobierno de Jalisco. La libertad crítica en la FIL, desató el intolerante rechazo del presidente López Obrador. Hombre inteligente, fue muy apreciado en el mundo de la cultura hispanoamericana. La decisión de Padilla para quitarse la vida este domingo, pone a prueba la solidez de las instituciones que creó. (Raúl Trejo Delarbre, La Crónica, P.p.)
El capataz migratorio del Imperio
La dantesca tragedia en la cárcel-crematorio de Ciudad Juárez, donde murieron 39 migrantes (hasta hoy) y otros muchos quedaron lesionados, produce indignación y dolor, pero no debe causar sorpresa, por dos razones:
La primera, porque Trump (ese loco racista y antimexicano) hizo de Tartufo su capataz migratorio y le ordenó enviar de inmediato a nuestra frontera sur a 28,000 soldados y guardias nacionales para impedir a palos y puntapiés el paso de migrantes por territorio nacional; y este miserable lo ejecutó precisamente después de haber invitado a todos los migrantes, habidos y por haber, a venir a México porque su “gobierno humanista” los recibiría con las puertas abiertas y el corazón en la mano, para darles una vida digna.
La segunda razón por la cual esta tragedia no debe causar sorpresa es, porque si este gobierno no ha sabido enfrentar eficazmente los grandes desafíos nacionales (trátese de violencia, servicios de salud, pobreza, discriminación, costo de la vida y muchos más) porque todos ellos han empeorado, menos podemos esperar de él un esfuerzo genuino para atender el complejo y gravísimo problema migratorio, porque a los migrantes (nacionales y extranjeros) siendo los seres humanos más desvalidos, los trata como infrabestias.
Por lo pronto, bastaron 3 minutos de una mañanera para resolver la tragedia de Cd. Juárez: su Alteza Pequeñísima, en su sano y sabio juicio, sentenció: “Ellos fueron los que se quemaron”.
Al decir el secretario de Gobernación: “todos los funcionarios del gobierno debemos dar la cara”, debería explicarnos qué significa para él dar la cara, porque la espada de la justicia sólo caerá sobre 5 o 6 empleados menores y quizá en un mando medio si la presión nacional e internacional se mantiene.
Cuando la secretaria de Seguridad afirma: “¡Se llegará hasta donde tope!”, ya sabemos hasta dónde va a topar, pero “los que deben dar la cara” seguirán escondidos.
Antes, el “luchador social” exigió un castigo severo para los más altos funcionarios por la tragedia del ABC en Sonora; ahora, como presidente, culpa a los calcinados en Cd. Juárez.
Los medios de información narran a diario los tratos crueles e infamantes de funcionarios públicos, narcotraficantes y polleros en agravio de migrantes (nacionales y extranjeros), pero si este gobierno tuviera un mínimo de dignidad frente a EU y no dilapidara cientos de miles de millones en los caprichos y perversidades de su Alteza Pequeñísima la situación migratoria en México sería, al menos, algo humana.
La cárcel-crematorio de Cd. Juárez será “el Ayotzinapa del sexenio”. Nada acallará la condena mundial contra el principal responsable (ética, política y jurídicamente) por su criminal manejo migratorio. De algún modo, pronto o tarde, la habrá de pagar ese capataz culiempinado ante el Imperio. (Diego Fernández DE Cevallos, Milenio, Al Frente, p. 3)
Pepe Grillo
Migraciones en Desde la Fe
La tragedia de Ciudad Juárez no debe quedar impune. No se le puede dar vuelta a la página. No se puede sacar el tema de la agenda como si fuera un episodio menor. Que esta vez no haya impunidad es la primera demanda de la jerarquía católica mexicana.
En el editorial Desde la fe, la Conferencia del Episcopado Mexicano denunció que 40 vidas fueron apagadas por el fuego ante funcionarios y elementos de seguridad que no hicieron nada para auxiliarlos. Ni siquiera pudieron encontrar las llaves.
Para los obispos mexicanos el dolor de dejar su país y su hogar en busca de mejores oportunidades ya es demasiado para los migrantes como para ser tratados como criminales durante su trayecto.
Se olvida que son personas vulnerables con historias dramáticas y se perciben únicamente como una molestia. Eso en México es particularmente inadmisible, porque millones de nuestros compatriotas también emigran y también son vistos como molestia en las naciones del norte. Cómo lograr que los migrantes que atraviesan México rumbo a la frontera con Estados Unidos sean tratados con dignidad, que no sean extorsionados en el recorrido y embodegados al llegar a la frontera. La respuesta a esta interrogante es hoy una prioridad nacional. (Pepe Grillo, La Crónica, Columnistas, p. 3)
Todos migraremos
Vivimos una crisis mundial migratoria sin precedentes. De 2010 a 2023 la cifra de personas desplazadas en el mundo se duplicó, pasando de 41 a 82 millones de personas, en la actualidad, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Una de cada cinco mujeres desplazadas ha sufrido violencia de género. El origen de este éxodo humano son los conflictos armados, la falta de alimentación y la violencia en todas sus formas.
Solemos horrorizarnos con las noticias de los migrantes que buscan por mar y tierra llegar a Europa. Basta recordar fotografías como la ganadora del World Press Photo 2015 titulada «Esperanza en una nueva vida», que retrata el instante en el que un hombre entrega un bebé a otra persona por una alambrada de espino en la frontera entre Hungría y Serbia. (…)
La mañana del martes despertamos con la realidad de una crisis migratoria en todo nuestro país. Existe por parte de algunas autoridades un doble discurso entre lo que se piensa, se dice y se hace con respecto a la migración; por un lado, denuncian las violaciones a derechos humanos que sufren nuestros connacionales que cruzan la frontera norte; por otro lado, permiten y cometen agravios en contra de los migrantes que transitan por México con la finalidad de llegar a los Estados Unidos. Es muy lamentable y triste cuando los sueños se convierten en tragedias y eso fue lo que sucedió el lunes pasado en la Estancia Provisional de Ciudad Juárez, donde murieron 39 migrantes.
Estas prisiones, llamadas de forma oficial como “estaciones migratorias o estancias provisionales”, han sido señaladas por sus constantes violaciones a derechos humanos por la CNDH desde 2013 a la fecha. En lo que va de la actual administración, se han emitido 20 recomendaciones al Instituto Nacional de Migración por el estado en el que se encuentran dichas estaciones, los proto colos de actuación por parte del personal que las opera, y por una serie de acciones que han costado la vida de personas en años anteriores.
Hay quienes no han entendido que la migración es un derecho universal y que bajo ningún motivo se puede recluir a los migrantes. El 15 de marzo de 2023, la primera sala de la SCJN determinó que la reclusión de personas migrantes en centros de detención migratoria no debe exceder las 36 horas. Con dicha resolución se declaró inconstitucional el apartado del artículo 111 de la Ley de Migración, donde establece que los migrantes pueden estar alojados en las estaciones por periodos de quince y hasta sesenta días hábiles.
En la actualidad todas las naciones están conformadas por personas que dejaron sus países de origen y que llegaron a otro, enriqueciendo la cultura y la diversidad de identidades en el mundo. En los albores de este sexenio, parecía que la actual administración trataría a todos los migrantes con solidaridad y sería ésta una política de gobierno.
El entonces presidente electo, ante la llegada de las dos primeras caravanas de migrantes que le tocaría recibir, dijo que durante su gestión se les daría una buena bienvenida y que se les trataría de forma humanitaria. Incluso mencionó que se brindarían facilidades para que pudieran establecerse aquí. “Donde come uno, comen dos”. Los años pasaron y ahora no se les ha recibido con tanta hermandad. Por el contrario, en lugar de permitirles transitar se les ha recluido.
La reflexión deber ser profunda sobre nuestra humanidad y si, en efecto, nuestro actuar es coincidente a ella, respecto al trato hacia los migrantes. Espero que no se repita nunca más otro incidente como el ocurrido en la estación migratoria de Ciudad Juárez. Debemos aprender de nuestra historia para no repetirla. México tiene que ser una nación de vanguardia y referente en cuanto al trato humanitario hacia los migrantes en la segunda década del siglo XXI. (Jorge Gaviño, La Crónica, Metrópoli, p. 17)
¿Será?
Crisis ignorada
La ola migrante no se detiene, siguen entrando miles de personas al país de forma irregular, más que el año pasado, según el más reciente informe del Gobierno mexicano, el cual, hasta ahora no ha anunciado un cambio de su política en la materia, pese a la tragedia ocurrida en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde por cierto estuvo el presidente López Obrador el viernes pasado y no se detuvo para atender los reclamos de justicia y trato digno para quienes dejaron su país en busca de otra forma de vida. ¿Asumirá el Gobierno su parte de responsabilidad por las tragedias y abusos que viven los migrantes o seguirá desviando la atención? ¿Será? (Redacción, 24 Horas, p. 2)
…Y ahí siguen los refugiados
Más de cinco millones de personas viven invisibilizadas desde hace más de un año en las fronteras de Ucrania con Polonia, Moldavia, Eslovaquia, Hungría y Rumanía.
Al principio todo fue solidaridad y noticias. Los camarógrafos y los reporteros se apostaban en esas fronteras para comprobar el drama. Más de cinco millones de vidas que se habían marchado con lo puesto y sus tristezas para llorarlas en esas fronteras.
Pasaron los meses y también se cumplió el año y sus memorias se perdieron por el camino de la soledad. Hoy son almas desterradas. Ya no hay cámaras ni reporteros que atestigüen su largo e infortunado destino.
Todos seguimos haciendo nuestras vidas. El planeta es tan duramente inflexible que no se detiene ante nada ni ante nadie. Sigue teniendo una total falta de empatía. El tiempo no se detiene. Tal vez nunca supo hacerlo.
Estos emigrantes forzosos no tenían otra opción más allá de la muerte, y su instinto de supervivencia es mucho más poderoso.
Pero muchos de ellos también cayeron en las profundidades de la depresión. Un tunel obscuro de tener que seguir porque la guerra iba a comerlos. Llegó a sus mentes y así como destruyó casas y edificios a base de bombardeos, también bombardeó sus intelectos. Y esas enfermedades – las mentales – son tanto o más peligrosas que las físicas. Y ahí están como fardos inermes pasando frío o calor, esperando algo para comer o para beber, retorciéndose en su propio vómito de depresión; maldiciendo a la guerra y a sus sayones.
Ellos no son culpables, son inocentes y víctimas que no tienen nada que ver pero que sufren las consecuencias. Ellos, los refugiados que se convierten en estigma sin querer, porque ya todo el mundo los mira de otra manera; el mundo con ternura y tristeza, ellos con rencor pero con resignación, esperando un hálito de esperanza que tendría que llegar de la mano de Putin o Zelenski pero que no va a llegar porque sus “jefes” son mucho más orgullosos que la propia paz.
La Tierra, mientras tanto, sigue girando sin importarle la guerra o las víctimas. (Alberto Peláez, 24 Horas, Mundo, p. 16)
Biden necesita a AMLO para 2024 de EU
Por el escenario político-electoral que se está dibujando con muchas tensiones en Estados Unidos, el mandatario Biden parece que tendrá que llegar a la conclusión de que el presidente López Obrador y todos sus reclamos serán sus principales aliados para enfrentar el proyecto político de los republicanos y del expresidente Donald Trump.
Los principales colaboradores del área de política exterior de la Casa Blanca, primero fueron muy críticos contra el Presidente mexicano por el tema del narcotráfico y los cárteles, pero iniciativas legislativas republicanas le cambiaron el escenario del juego político a Biden y los mismos colaboradores tuvieron que bajarle el tono agresivo en sus referencias a México.
El Gobierno de Estados Unidos no tiene tiempo ni cuenta con las herramientas necesarias como para replantear toda su política exterior con México, sobre todo porque los tres temas centrales de la relación bilateral parecen tener la sartén por el mango del lado mexicano: los conflictos dentro del Tratado de Libre Comercio, el narcotráfico y los cárteles mexicanos y la invasión de migrantes a las puertas de EU.
La cuota que tendría que pagar Biden para cuando menos lograr que México y López Obrador no sean un problema estadounidense es bastante sencilla: tratar de entender las razones que tiene el Presidente mexicano en esos tres temas y lograr cuando menos un entendimiento que enfríe la temperatura del conflicto.
Los republicanos le ganaron la ventaja a Biden con la iniciativa para caracterizar a los cárteles como terroristas y ahora la Casa Blanca está haciendo literalmente maromas para neutralizar ese paso provocador del grupo de Trump en el Congreso.
O Biden logra la alianza de México o los republicanos ganarán votos con sus propuestas radicales.
Zona Zero
El tono agresivo de los discursos e iniciativas republicanas están fortaleciendo la posición política interna del presidente López Obrador, porque la caracterización de narcoterrorismo implicaría la llegada a México de tropas operativas del Ejército estadounidense, sin duda uno de los factores de cohesión elementales que define el llamado nacionalismo defensivo mexicano y que despertaría los fantasmas del pasado llevando, inclusive, a una revisión histórica de la guerra de 1847, con los soldados estadounidenses en México y el Tratado de Guadalupe Hidalgo que le quitó a México la mitad de su territorio. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Estados, p. 13)
El Espejo // Los migrantes como moneda de cambio
La tragedia en que al menos 39 migrantes latinoamericanos murieron en Ciudad Juárez, devorados por el fuego mientras las autoridades mexicanas se negaron a dejarlos salir, es el punto más bajo de una crisis de manufactura humana que no puede verse como un hecho aislado. Señalar sólo a un puñado de responsables —como el personal directamente asignado al centro de detención—sería equivocado, pues es necesario analizar la política migratoria mexicana en su conjunto.
Hay que recordar que la promesa con la que inició esta administración fue muy diferente de la política que hoy tenemos. El 17 de octubre del 2018, semanas antes de tomar posesión como Presidente, Andrés Manuel López Obrador declaró: “En México, a partir del primero de diciembre, vamos a ofrecer empleo, trabajo, a migrantes centroamericanos. Ése es un plan que tenemos: que el que quiera trabajar en nuestro país va a tener apoyo, va a tener una visa de trabajo. Estamos viendo eso. No atender el asunto sólo con deportaciones o con medidas de fuerza”.
Este aparente giro en la política migratoria era una bocanada de aire fresco para los miles de migrantes que pensaban o ya arriesgaban su vida para buscar mejores condiciones de las que tenían en sus países de origen. Si las autoridades mexicanas estarían de su lado, tal vez no tendrían que ponerse en manos de polleros y criminales que los traficaran y escondieran hacinados, donde lo mismo podían ser abandonados para morir encerrados, secuestrados o simplemente desaparecer sin dejar rastro alguno. Sin embargo, muy rápido esta idea fue cuestionada en Estados Unidos, donde el gobierno de Donald Trump vio en la llegada masiva de migrantes a su frontera sur una amenaza.
Muy a la Trump, un tuit fue el que movilizó todo; el 30 de mayo del 2019, publicó: “El 10 de junio, Estados Unidos impondrá un arancel del 5% a todos los bienes que ingresan a nuestro país desde México, hasta que los inmigrantes ilegales que ingresan a través de México y a nuestro país, SE DETENGAN”. El gobierno mexicano corrió de inmediato a Washington y logró desactivar la amenaza de aranceles. El problema es que catafixiaron a los migrantes para darle gusto a Trump. Por un lado, militarizaron la política migratoria, convirtiendo en los hechos a la Guardia Nacional en una especie de extensión de la Border Patrol, que actuaría ahora desde el río Suchiate. Por otro, convirtieron a México en los hechos en un “tercer país seguro”, pues comenzó la política “Remain in Mexico” en la que los solicitantes de asilo que llegaran a Estados Unidos serían devueltos a México, que se encargaría de “cuidarlos” mientras durase el trámite. El 7 de junio esto se formalizó con una declaración conjunta que se celebró como un éxito, pero que fue una condena para los migrantes.
A partir de ese momento, la preocupación por los migrantes cambió por completo. En lugar de ser destinatarios de una política de protección y respeto a los derechos humanos, se convirtieron en una herramienta que permitiría presionar y negociar de vuelta. Apareció la pandemia, Trump se fue y Biden llegó, pero México ya había encontrado qué hacer con los migrantes, así que no cambió su aproximación. Y probablemente no cambiará. (Leonardo Núñez, La Razón, Mundo, p. 20)
Pulso político // Andanada de AMLO a EU
Ubicado de nuevo en blanco de reclamos y críticas no sólo por la muerte de 39 migrantes en Ciudad Juárez, sino por casos de corrupción en algunas dependencias y áreas de su gobierno, en otro intento de distraer la atención, el Presidente Andrés Manuel López Obrador endureció su enfrentamiento no sólo contra congresistas de Estados Unidos sino al Gobierno de ese país, al que ahora acusa de fomentar el consumo de drogas como el fentanilo, aun a pesar de las reacciones que pueda tener.
Después de que el fin de semana fue rudamente increpado en la población fronteriza por grupos de migrantes que permanecen allá tras la tragedia y de que afloraran otros casos de ilícitos en dependencias federales, hizo una “visita privada” a Nayarit, en donde declaró que EU “amenaza con invadir, vende armas de alto poder en sus tianguis, no hacen nada por sus jóvenes que padecen la terrible y mortal pandemia del fentanilo, pero no atienden las causas, no les preocupa el bienestar, sólo el dinero y tampoco limitan el consumo de drogas”. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 7)
Desde el otro lado
Cuarenta migrantes se suman a los miles que han muerto al tratar de llegar a la tierra prometida. Fueron los que el lunes pasado perdieron la vida en un incendio cuyos primeros visos apuntan como responsables a la corrupción en el sistema carcelario y a una criminal irresponsabilidad en su manejo.
Desafortunadamente no fueron muy diferentes a los que han muerto al cruzar los inhóspitos desiertos de Texas, Nuevo México y Arizona, o los que mueren hacinados en las cajas de los camiones donde son transportados como ganado, o quienes fueron victimados por la migra y los vigilantes y cowboys que los persiguen y cazan como trofeos de un safari. Lo sucedido en Ciudad Juárez es criminal y por desgracia no es muy diferente a lo que se sufre en otras latitudes.
Cada día son más los que huyen de la pobreza, la represión, la guerra, el crimen y, recientemente, por las calamidades que produce el cambio climático.
Miles de historias y miles de libros e investigaciones se han escrito desde cubículos y centros de estudio con base en las condiciones de quienes intentan huir de esas terribles calamidades; sin embargo, no está clara la fórmula que ayude a evitar o, cuando menos, atenuar las condiciones y peligros de quienes buscan una vida mejor en otras tierras.
En el caso concreto de los países centroamericanos, se intentó una solución que trataba de acotar el problema migratorio fortaleciendo sus finanzas y sistemas de seguridad. La pregunta es dónde quedó el acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y México que se coordinó con los de los países centroamericanos. No sería extraño encontrar una de las respuestas en el Senado de Estados Unidos, donde un puñado de legisladores conservadores se oponen sistemáticamente a la solución integral del problema.
Al parecer no ha existido, no hay ni habrá una solución viable mientras no se presente un cambio radical en los países de origen de los migrantes. Pero ese cambio tampoco será posible debido a los desequilibrios económicos provocados por las naciones que históricamente se han aprovechado de los recursos humanos y materiales de aquellos países, cuya solución es expulsar a sus ciudadanos como único recurso para que sobrevivan.
Mientras tanto la literatura sobre las migraciones seguirá enriqueciéndose con las mil y una desgracias de quienes, involuntariamente, mueren lejos de la tierra que los vio nacer, como la de quienes murieron en Ciudad Juárez. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Opinión, p. 17)
El Estado laico y las diversas visiones del mundo
El inicio del siglo XXI marcó un punto de inflexión en lo que respecta a los datos sobre creencias y prácticas religiosas en México. A partir de esa fecha, los datos de los Censos muestran una acelerada disminución del número y proporción de personas que en México se autoadscriben a alguna religión o sistema de creencias.
En efecto, en el 2020 el Inegi documentó el mayor número de personas que no tienen ninguna creencia o que, teniéndola, no se declaran como parte de alguna de las religiones existentes en el país, cuya cifra no es menor, pues llegó a 12.59 millones de personas. Dada la tendencia, se espera en los años por venir que la cantidad siga creciendo de manera relevante. (…)
Pero como ya se dijo, hay millones para quienes estas fechas no tienen el mismo significado; y otros para los que, aún siendo creyentes, no hay una mayor significación, sino la de la fiesta, las vacaciones y el alivio del ajetreo del mundo de la vida cotidiana.
Por eso es tan relevante que, en un país como el nuestro, puedan fortalecerse los valores de la tolerancia, del respeto a todas las formas de creencias y de no creencias; y por ello debe destacarse la relevancia del Estado laico, pues sólo con base en él, la posibilidad de la tolerancia y la convivencia respetuosa entre distintas visiones del mundo puede darse.
La pregunta sobre el significado de estas fechas también tiene un importante sentido simbólico y sociológico, sobre todo en un país tan lleno de violencia y episodios horrendos; provocados la mayoría de ellos por la criminalidad; pero en otros, también por las omisiones y errores garrafales del Estado, como en el reciente caso de las personas fallecidas en la estación migratoria del Instituto Nacional de Migración, en Ciudad Juárez.
Hasta hace unas cuántas décadas se pensaba a México como una sociedad “relativamente uniforme”; y no es que haya dejado de serlo, sino que, antes bien, ese discurso ocultaba la enorme diversidad y pluralidad que nos ha caracterizado siempre. No somos, nunca hemos sido, una sociedad “isomórfica”, sino que la enorme cantidad de visiones y formas de ver el mundo y la vida nos definen como una sociedad poliédrica.
Pero siendo esto así, ¿cómo entonces convivir armónicamente y conciliar la posibilidad de la paz y el respeto muto? La respuesta ante ello no puede ser otra sino la vigencia del Estado de derecho: la aceptación y el cumplimiento de las libertades que nos reconoce la Constitución a todas y todos. Para lo cual es indispensable un gobierno que afirme la tolerancia y se comprometa todos los días con el diálogo público y con la práctica de una pedagogía de la libertad y los derechos humanos. (…)
Para México es urgente revalorar la vida, revalorar la justicia y la paz. Revalorar aquello que nos une y reconcilia, y abonar todas y todos para avanzar hacia un nuevo Estado social de Derecho, en el que las continuas escenas de espanto que aterran a diario, desaparezcan de nuestra sociedad y podamos coexistir, todas y todos, en un país de bienestar y dignidad compartida. (Mario Luis Fuentes, Excélsior, Nacional, p. 8)
SOS por los migrantes desplazados forzados internos
Yo nací en la ciudad Tijuana, Baja California, y desde que tengo uso de razón siempre he tenido en la mente la migración, ya sea por el muro o por los miles de historias, documentales y hasta películas de Hollywood que se han realizado en esta frontera con Estados Unidos. Recuerdo muy bien que, en la época de mi niñez, la migración de nacionales a nuestra frontera era por oportunidades de empleo, algunos de estos migrantes no estaban tan obstinados en cruzar a Estados Unidos, muchos de ellos llegaban con la clara intención de vivir en Tijuana, venían con la idea de que acá se ganaba en dólares.
A partir del 2008, las razones de esta migración comenzaron a cambiar de manera drástica, se agregó el factor de la violencia, que detonó el desplazamiento de nacionales, producto de la mal llamada y fallida “guerra contra el narcotráfico”. Las autoridades responsables en aquel entonces no previeron sus daños colaterales: la extorsión, despojo de propiedades y de pequeños negocios de ciudadanos comunes que con mucho esfuerzo lograron construir.
Fue en ese entonces el punto de quiebre de una oleada de nuevos migrantes que, para los estudiosos del tema migratorio, lo han denominado “Desplazamiento Forzado Interno” (DFI). Una migración silenciosa, así la he llamado yo por sus características: no viajan en caravana, no están organizados, son opacados por migración extranjera, no atraviesan ninguna frontera internacional y no se cuenta con algún censo.
Los DFI que llegan a Tijuana son principalmente de ciudades que se encuentran en el estado Michoacán como Apatzingán, Uruapan, Jacona, entre otros; en Guerrero: Zihuatanejo, Chilpancingo y hasta la mismísima ciudad de Acapulco y, últimamente, Ojocaliente, Zacatecas. Esta población ocupa entre 50, 60 y hasttres 70% de la red de los más de 30 albergues que se encuentran en Tijuana, es decir, unas 2 mil 600 personas.
En la garita fronteriza Tijuana-San Ysidro, todos los días se aproximan nuevos migrantes a solicitar asilo, siete de cada 10 de estos son desplazados internos. En estos grupos de personas se encuentran familias enteras que van desde tres hasta 32 integrantes. Es sorprendente ver a tantos desplazados, como si municipios de Michoacán y Guerrero se estuvieran vaciando.
Otro dato contundente y que evidencia esta situación son los de la oficina de aduanas y patrulla fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), la que mes por mes publica la cifra de retornadas a México. En lo que va del año fiscal 2023 (octubre 2022 hasta la fecha), fueron expulsados desde Estados Unidos 152,564 mil mexicanos de manera expedita bajo el título 42 en el mismo punto fronterizo de donde intentaron cruzar de manera irregular y que en su mayoría venían en el contexto de DFI. Esta cifra representa el 59.27% de intentos de cruces irregulares comparados con migrantes de otras nacionalidades.
Es muy duro escuchar las trágicas historias, que van desde amenazas de muerte hasta el asesinato de un familiar. Ellos huyen de una persecución que los alcanza hasta en las ciudades donde encuentran refugio a través de la extorsión psicológica con mensajes de texto que reciben desde sus celulares y con los que constantemente los torturan diciéndoles “ya sabemos en dónde estás”.
Los DFI que se encuentran en ciudades fronterizas, son solicitantes de asilo en Estados Unidos y es muy probable que de los que ya se encuentran en aquel país por medio de un permiso humanitario esperando su cita en alguna corte norteamericana, las solicitudes sean rechazadas por un juez y tengan que ser repatriados a México por no contar con las evidencias suficientes para fundamentar su caso, una de ellas y la más importante es la denuncia ante el Ministerio Público, la cual no lograron presentar en su momento porque tuvieron que salir huyendo o porque temían que la autoridad en esa región este coludida con los criminales.
Los desplazados internos se encuentran en el mismo grado de vulnerabilidad y corren el riesgo de perder la vida si permanecen un día más en su lugar de origen, al igual que un ucraniano desplazado por la guerra, un hondureño por las maras o un venezolano por la represión que se vive en su país.
Si bien ya existen leyes a nivel estatal para la prevención y atención del desplazamiento forzado interno, es inaplazable aprobar la ley general en esta materia que se encuentra congelada en el Senado de la República, para que la Federación pueda intervenir, se creen instituciones y se designe presupuesto para su atención, ya que los estados con mayor número de desplazados se han visto rebasados ante la magnitud del problema.
Por lo pronto, es urgente encontrar soluciones en el corto plazo para evitar que cientos de personas sigan abandonando su lugar de origen por razones de vida o muerte y, así, estar en la posibilidad de cumplir con el objetivo trazado por nuestro Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, cuando menciona que “la migración sea opcional, no forzada”.
Podemos tener argumentos suficientes para solicitarle a EU que se responsabilice por la migración extranjera que está de tránsito en nuestro país, pero con la de nuestros nacionales, no; en este caso, hay una responsabilidad directa del Estado mexicano de atenderla y encontrar soluciones. Comienza a notarse un nuevo éxodo de mexicanos y es el único que está en nuestras manos evitar. (Enrique Lucero Vázquez, Excélsior, Nacional, p. 14)
Personas en situación de movilidad por México
A partir de las caravanas migrantes de 2017 provenientes de Centroamérica a México, se generó un aumento considerable en el número de personas provenientes de esa región, el cual se mantiene hasta el día hoy. Tan solo en el primer bimestre del año 2023 el Instituto Nacional de Migración (INM) ha reportado un total de 70,526 eventos (detenciones) a nivel nacional, de los cuales 20,706 pertenecen a la región centroamericana.
Las causas que motivan la salida de sus países de origen son la violencia exacerbada, amenazas, extorsión, violencia por razones de género, falta de oportunidades económicas, impunidad y el temor de perder la vida si permanecen en su país.
En este primer bimestre hubo un aumento de las personas provenientes de la región sudamericana (en su mayoría ecuatorianos y venezolanos); provenientes de las islas del caribe (cubanos y haitianos encabezan la lista) y extracontinentales (angolanos, cameruneses, hindúes, entre otros).
El INM cuenta con 32 oficinas de representación a lo largo del territorio mexicano, así como con Estancias Migratorias y Estancias provisionales. Las Estancias (centros de detención) son lugares destinados para el “alojamiento” temporal de personas detenidas por agentes del INM por no acreditar su estancia migratoria regular en México.
El INM en su informe de rendición de cuentas 2012, “Modernización de estaciones migratorias” afirmó que contaba con 35 estaciones migratorias, ubicadas en 24 entidades federativas, con una capacidad de albergar 3, 647 personas de manera simultánea. Las estancias provisionales se generaron a partir del aumento de “presentaciones” (detenciones) y de la falta de espacios de recepción; a pesar de esta medida siguen siendo insuficientes para la atención digna de las personas en contextos de movilidad.
El pasado 27 de Marzo con la muerte de 39 personas migrantes extranjeras dentro de una estación provisional del INM debido a un incendio en Ciudad Juárez, Chihuahua se evidenció una vez más la vulnerabilidad con la que se vive en estos centros de detención. Ya que en el año 2020 en una estación migratoria de Tenosique, Tabasco ocurrió un incendio similar y ese lamentable hecho no genero en las autoridades garantías de no repetición, al contrario se mostró un trato inhumano hacia las personas afectadas, heridas y fallecidas. Todos merecemos un trato digno.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos, las organizaciones de la sociedad civil y representantes eclesiásticos han denunciado en diversas ocasiones las malas condiciones de estas estaciones migratorias, como el hacinamiento, falta de atención médica, incomunicación y desinformación. Además que al recluir e impedir la salida por voluntad propia de las personas en movilidad se les da un carácter punitivo y criminalízante.
La criminalización de personas migrantes es peligrosa, ya que legitima la discriminación, el uso de la fuerza y el maltrato durante los operativos, la detención, el traslado y permanencia en los centros de detención. El gobierno federal debe garantizar la protección de personas migrantes y solicitantes de asilo. (Maya Menchú, El Sol de México, Análisis, p. 12)
El estigma de ser migrante
El 27 de marzo de 2023 quedará marcado en nuestras memorias. La noche de ese día en la estación migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua, un incendio acabó con la vida de al menos 39 migrantes y dejó heridos a otros 28, en su mayoría centroamericanos. Las personas que migran no lo hacen por gusto, dejan detrás a familiares, seres cercanos, sus pertenencias, sueños y anhelos; todo por prosperar lejos de su tierra de origen.
Nuestra Constitución establece el derecho de toda persona migrante a recibir y solicitar refugio en nuestro país. Sin embargo, aún prevalecen prácticas que los discriminan y estigmatizan. La política migratoria tiene que guiarse por los principios elementales de respeto, fraternidad y protección de los derechos humanos. No podemos ser ajenos ante el dolor que provocó el incendio de Ciudad Juárez. Tenemos una deuda pendiente con todo ser humano que cruza nuestro territorio, quienes son víctimas de la violencia y padecen de manera cotidiana miedo, angustia, incertidumbre y desesperación.
Migrar es un fenómeno intrínseco al ser humano. La humanidad y la civilización surgen de la migración. Por esta razón, presenté una iniciativa en 2020, con la finalidad de que las personas migrantes no puedan ser expulsados a otro país en donde su vida, integridad, seguridad, libertad o derechos civiles y políticos se encuentren en peligro.
Además, propuse que se prohibieran las limitaciones de los derechos humanos de las personas migrantes. Asimismo, que se les reconozca el derecho a contar con mecanismos de acceso a la justicia y que esta sea de manera pronta y expedita. No debemos ignorar a los menores migrantes, quienes son doblemente vulnerados, por lo que propuse que se prohíba la detención de las niñas, niños y adolescentes con una situación migratoria irregular.
México, derivado de su posición geográfica, se ha convertido en origen, tránsito y destino de personas migrantes y en años recientes, este fenómeno ha incrementado exponencialmente. En 2022, nuestro país y Estados Unidos deportaron a más de 196 mil migrantes centroamericanos. Y en este mismo año, fueron detenidos más de 444 mil migrantes que transitaban por nuestro territorio, la cifra es 44% mayor al año anterior.
La tragedia de Ciudad Juárez se pudo evitar. El caso no debe quedar impune, es prioritario esclarecer la verdad de lo sucedido y llegar hasta las últimas consecuencias. El Estado mexicano tiene el deber jurídico y moral de apoyar, proteger y respetar la vida de las personas migrantes. Migrar es un derecho humano, no debe ser una condena. (Geovanna Bañuelos de la Torre, El Sol de México, Análisis, p. 14)
Pulso CdMx | Todxs somos migrantes
Frente al homicidio de 39 personas migrantes organizaciones de la sociedad civil presentaron una denuncia ante la Fiscalía y una queja en la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Buscan también la instalación de una comisión internacional para visibilizar aún más la situación de violación constante a los derechos humanos, los tratos inhumanos, las redadas, las detenciones ilegales, las condiciones violentas en centros de detención o la corrupción del sistema migratorio en México.
A falta de política de atención humana, incluyente, en paz y coordinada entre distintos niveles de gobierno, son las organizaciones de la sociedad civil, las albergues, asociaciones religiosas quienes intentan mitigar las violencias de una política mexicana militarizada y criminalizante de contención o de control migratorio.
La falta de recursos o incluso la disminución presupuestal frente al aumento histórico de los flujos migratorios y solicitudes de asilo, la corrupción o la impunidad frente a los abusos violentos de parte de las autoridades son una bomba de tiempo. La militarización de la frontera sur y la transferencia directa del tema al Ejercito han provocado un aumento sensible de la violencia como lo atestigua el número de quejas en materia de violación a los derechos humanos. El titular del Instituto Nacional de Migración debe rendir cuentas ante el Senado de la República de manera pública por este crimen de Estado y las demás violencias cotidianas.
Si bien el fenómeno migratorio es complejo y revela diferencias en función de los territorios o de las poblaciones afectadas, existen patrones comunes de extrema violencia, de trato inhumano, de exclusión y de discriminación. El análisis y la atención con perspectiva de infancias o de género es también fundamental para entenderlo como bien lo señala reiterativamente desde sus grandes labores la experta Gretchen Kuhner, directora del Instituto de las Mujeres en Migración. Con respecto al acontecimiento terrible de Ciudad Juárez, se ha referido a “tragedias que son anunciadas y prevenibles”.
Y con esta tragedia resulta que toda la opinocracia se indignó llenando las columnas de denuncias. Por un lado, que bueno que se visibilice el tema, por el otro muchas de esas personas e incluso la derecha son también responsables de lo que hoy está ocurriendo por sus gobiernos pasados. ¿Cuáles son las propuestas para una política migratoria humana basada en derechos? Urge una gran convención nacional transparente y participativa con pluralidad de voces que sí conocen o viven el flagelo migratorio en México; junto con organismos internacionales y personas tomadoras de decisión rediseñar una postura y estrategia nacional coordinada que busque terminar con la imposición criminal de Estados Unidos.
Aunque suene utópico, lo inhumano debe dejar de estar supeditado a intereses económicos o políticos de unos cuantos. Migrar no es un delito. La movilidad humana es un derecho y la base de la libertad humana. Poder transitar libremente con seguridad ha sido impedido en gran parte por las restricciones impuestas al mundo por los países del Norte Global. No lo olvidemos: con privilegios o condenas injustas, en la historia mundial o desde nuestras historias familiares, todxs somos migrantes. (Aurelien Guilabert, El Sol de México, Metrópoli, p. 20)
En tercera persona // AMLO, a la deriva
—Que se me hace que te mandó Maru, mi amor –tronó el presidente López Obrador desde su camioneta, al ser increpado el fin de semana pasado por migrantes, luego de la tragedia que cobró la vida de 39 personas que murieron quemadas y asfixiadas en una estación provisional que se hallaba a cargo del Instituto Nacional de Migración, en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Un día después de aquel terrible suceso, el presidente se limitó a decir en su “mañanera” que los migrantes habían puesto en la puerta colchonetas y les habían prendido fuego. Como ya se ha relatado con lujo de detalles, Andrés Manuel López Obrador pasó de inmediato a otro tema y luego comenzó a reír a carcajadas, feliz de sus propias ocurrencias.
Las reacciones frente a aquella “mañanera” fueron demoledoras, sobre todo en redes, y le fueron presentadas al mandatario por su vocero, Jesús Ramírez Cuevas. López Obrador se vio obligado a intentar un control de daños: en su “mañanera” siguiente apareció vestido de negro y dijo con rostro compungido que la muerte de los migrantes —ilegalmente encerrados, incluso con candado— le había partido el alma.
“Me ha dolido mucho y me ha dañado”.
En su visita a Juárez, sin embargo, migrantes cerraron el paso de la caravana en la que se movía López Obrador. Mientras un grupo de servidores con chalecos de la Secretaría del Bienestar gritaban la frase consabida (“es un honor estar con Obrador”), los migrantes comenzaron a exigir justicia.
—¡No provoques, yo no le hacía así! —les replicó el presidente, quien los acusó de ser enviados de la gobernadora panista Maru Campos.
A pesar de haber confesado que tenía el alma partida, no quiso escuchar a los migrantes. Su camioneta avanzó a trompicones entre la gente que le gritaba: “¡No huya!”.
López Obrador se había mostrado sin contención alguna en los días previos. En la mañanera del miércoles 29 de marzo dijo que los medios que habían cubierto la tragedia eran “los campeones del amarillismo, del sensacionalismo”: traficantes del dolor humano.
“Yo sé que ustedes están muy interesados, más por el dolor que les pueda causar, por el amarillismo, es lo mismo que tú tienes…”, le dijo a un reportero que lo cuestionó sobre el grado de responsabilidad de su gobierno en la muerte de los migrantes.
Había sido una semana de cuchillos largos en Palacio Nacional, en la que el presidente de México lucía cada vez más descompuesto. El 22 de marzo, López Obrador calificó como “bodrio” el Informe de Derechos Humanos realizado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, que reporta la existencia en el país de abusos de los cuerpos de seguridad, de impunidad, de tortura, y de restricción a la libertad de expresión.
AMLO dijo que el documento había sido elaborado por “el departamentito del Departamento de Estado”, que “protege el conservadurismo” y calificó a sus autores de “mentirosos y calumniadores”.
Dos días más tarde refutó al secretario de Estado del vecino país, Antony Blinken, y negó que en México hubiera regiones en manos del crimen organizado: “Eso es falso, no es cierto”.
Su siguiente embestida, en cosa de horas, fue contra el ministro Javier Laynez: molesto porque “canceló” su Plan B, dijo que el único Dios de Laynez era el dinero y más tarde lo llamó “Su Alteza Serenísima” porque detenta “un cargo que ni siquiera fue electo por el pueblo” (al mismo tiempo, uno de los miembros de su “prensa amiga”, como la llama él, intentaba desprestigiar a Laynez divulgando fotografías que eran, en realidad, del cantante español Silverio).
“Son iguales que Ciro (Murayama), que Claudio X. González, que los conservadores que no quieren que haya democracia”, explotó con rostro amargo tras la “cancelación” del Plan B.
En la misma semana dijo que tenía, sin embargo, un Plan C: “llamar a la población para que no vote por el bloque conservador”. Poco después calificó de “churro” a la nueva película de Luis Estrada (“¡Que Viva México!”), porque “es en contra nuestra, para consumo de los conservadores…” y fue hecha, según él, por un cineasta “progre, buena ondita”.
(En la misma oportunidad, el presidente aprovechó para expresar que sus experiencias y sus contactos con la realidad son tan ricos, que no necesita ver cine).
Para cerrar, se lanzó contra la oligarquía “disfrazada de demócrata”, negó que en México hubiera una crisis de adicción a las drogas (“hay bandas, pero no consumo”) y arremetió otra vez contra Estados Unidos que amenaza “con invadir” pero “vende armas de alto poder en sus tianguis” y “no hace nada por sus jóvenes… ni fortalece valores”.
En Palacio Nacional, colaboradores cercanos del presidente han tomado nota de la deriva en que este se halla, así como de sus desesperados esfuerzos por retomar la agenda nacional.
Tras la renuncia, hace cosa de un mes, de su jefe de asesores, Lázaro Cárdenas, López Obrador quedó encadenado a la estrecha visión de su vocero —que antes de ocupar el cargo era editor de la revista Regeneración—, Jesús Ramírez Cuevas.
En Palacio se dice que el momento más peligroso del día son los minutos previos a la “mañanera”. Es la hora en que Ramírez Cuevas “pone al tanto” al presidente de los temas de la agenda: de lo que se publicó y se dijo sobre su gobierno, de los ajustes de cuentas que hay que realizar.
Cárdenas, con una visión política experimentada, y una mirada de alcance internacional, era un contrapeso a la influencia de Ramírez. En 2021, cuando The Economist publicó aquella portada titulada “El Falso Mesías”, Ramírez Cuevas le dijo al presidente que se trataba solo de una revista desgastada y desacreditada: fue Cárdenas quien le informó que era en realidad una publicación leída y atendida por tomadores de decisiones y líderes mundiales.
Hoy es evidente la deriva de AMLO, la situación errática de AMLO. El derrumbe se ha acelerado y lo están viendo desde el interior mismo de Palacio, el reino de las filtraciones. (Héctor de Mauleón, El Universal, Nación, p. 5)
Eufemismos criminales en la Ley de Migración
La tragedia de Ciudad Juárez debe llevarnos a la acción inmediata. Debemos cambiar lo que sabemos que está mal. Empecemos llamando a las cosas por su nombre.
Un documento de Sin Fronteras de hace tiempo analiza los eufemismos legales que se utilizan en la Ley General de Migración para darle la vuelta a la Constitución. Esta es clarísima: nadie puede ser molestado en su “persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad” y sólo tienen facultades de detención las fiscalías y los policías.
Entonces, ¿en qué se fundamentan las detenciones que llevan a cabo los agentes de Migración? Lo que hace la ley es cambiar las palabras: no les llama “detenciones”, sino “alojamiento” y bajo este marco legal actúan los agentes, quienes no son policías ni están bajo el mando de las fiscalías. Además, no se nos olvide, la Guardia Nacional también detiene migrantes masivamente.
Más aún, la misma Constitución prohíbe castigar las faltas administrativas por medio de detenciones y privación de la libertad, pero la Ley de Migración de 2011 “continúa permitiendo la detención de migrantes si se les encuentra en el país sin los documentos apropiados”. Lo hacen, de nuevo, modificando las palabras: a la pérdida de la libertad le llaman “restricción al libre tránsito” y los centros de detención —verdaderas cárceles— son llamados “estaciones migratorias”. Como dice el reporte de Sin Fronteras: “Esta elección de palabras le permite al INM continuar con la práctica de detener y deportar migrantes aun cuando la Ley de Migración convirtió a la migración irregular en una falta administrativa”, la cual, en teoría, no ameritaría detención.
En resumen, la regulación migratoria es orwelliana: los términos legales significan lo que le conviene al poder.
Todas estas facultades inconstitucionales en manos de agentes de Migración y de militares llevan a tragedias como las que vimos la semana pasada. Porque no es cierto que su mandato sea el de garantizar el libre tránsito de los migrantes por el país, ni de garantizar sus demás derechos fundamentales, no, con los eufemismos normativos se les ordena detener a diestra y siniestra a los extranjeros que pasen por nuestro territorio. El simple hecho de que a los migrantes se les detenga de esta manera y se vulneren sus derechos de forma tan burda parte de una concepción del migrante como delincuente, alguien cuya forma de vida ha sido criminalizada de antemano.
Las imágenes de Ciudad Juárez nos muestran un escenario en donde los guardias no ven a los detenidos como ciudadanos de otro país en busca de un futuro mejor, sino como criminales cuya pena debe ser la muerte. Sumen a esta visión la presión política ejercida por EU —y aceptada por México— para que se detenga al mayor número de migrantes posibles y aparece el infierno que vimos la semana pasada. (Martín Vivanco, El Universal, Opinión, p. 20)
Fue el Estado
Hace tres años, el presidente de México les ofrecía trabajo, hoy les ofrece la muerte. El manejo del problema migratorio en México evidencia, entre otras cosas, una enorme torpeza.
Debemos entender que la migración es un fenómeno que acompañará siempre a Latinoamérica y particularmente a nuestro país. Sin duda alguna tiene mucho que ver con seguridad nacional, pero también con derechos humanos y con el trato humano que debe darse en cualquier parte del territorio a los migrantes
En la Cámara de Diputados denuncié la tragedia del 9 de diciembre pasado cuando un tráiler que transportaba personas se accidentó y el resultado fueron 55 migrantes fallecidos y 100 heridos. De aquella tragedia no se supo más, ni siquiera qué respuesta le dieron a las familias de los migrantes. A este hecho sucedieron otros más que fueron advirtiendo la debilidad del Estado también en materia migratoria.
Desde la oposición denunciamos el acuerdo del Presidente de la República y de la Secretaría de Relaciones Exteriores con Estados Unidos para que México sirviera de tercer país seguro, como el propio Ildefonso Guajardo se los recordara hace unos días. Se trata de un acuerdo que obliga a México a retener al menos 30 mil migrantes al mes. La diputada Daniela Álvarez ya había denunciado que en Ciudad Juárez se violaba sistemáticamente la ley de Migración.
No hay comparación posible con muchas otras tragedias que hemos sufrido en México durante este siglo. Es decir, las dimensiones son enormes cuando hablamos de la vergonzosa tragedia acontecida el pasado lunes 27 de marzo en la “estancia” migratoria en Ciudad Juárez:
Y lo que siguió fue más penoso en términos de acciones de gobierno: declaraciones que muestran la falta de coordinación, el poco apego a la ley y la irresponsabilidad absoluta. Ante el video que conmovió a México, el Secretario de Gobernación dijo que el video había sido filtrado por el gobierno de Chihuahua y que lo tenían desde la mañana. Es decir, el presidente dio la mañanera y chacoteó en público cuando ya había visto el video.
Finalmente, se dio a conocer que la seguridad de la Cárcel Migratoria se había encargado a la empresa del cónsul honorario de Nicaragua en un contrato de 3,000 millones de pesos para las estancias migratorias y bancos de bienestar. Y para terminar con el tema, anunciaron que se cancelaba el contrato en ese momento. Sin embargo, restan muchas preguntas: ¿cuántos centros dejaron de cuidarse? ¿o fue un simulación para apoyar a Nicaragua?
En la Cámara de Diputados, los integrantes de Morena y el gobierno se niegan a aceptar que el responsable de esta tragedia es el Estado. Y fue el Estado porque los migrantes están bajo la custodia del Estado, habían iniciado el proceso administrativo y estaban en la cárcel del Estado. No fue un accidente, el responsable de esto no es el crimen organizado sino el Estado.
Fue el Estado porque carece de política migratoria, porque no le importa otra cosa que no sean programas para votar, porque no cumplió con sus obligaciones elementales y porque son unos irresponsables. (Margarita Zavala, El Universal, Opinión, p. 20)
La disfuncionalidad
Es probable que una popularidad del 60% consiga dar un salvoconducto al gobierno de AMLO y sortear la grave crisis de Ciudad Juárez. El sentido crítico de muchos se ha tomado vacaciones. Es probable también que su mayoría en las Cámaras logre bloquear la comparecencia de los secretarios para rendir cuentas de las insuficiencias del esquema de seguridad y del funcionamiento del Instituto Nacional de Migración.
Esas mayorías los salvarán de comparecer, pero no pueden salvar su prestigio ya que los y las legisladoras que han decidido ser cómplices de una maniobra obstructiva a lo mejor creerán que están haciendo una operación política de altos vuelos, tratando de lavar la responsabilidad de alguna corcholata, pero en el fondo de su alma saben que están cumpliendo el papel de comparsas. Triste y, desde luego, nada humanista.
Algunos de ellos, incluido el Presidente, tendrán que digerir con sal de frutas el haber recordado tantas veces (como señalaba Verónica Ortiz) el razonamiento del ministro Zaldívar sobre la Guardería ABC, en el sentido de que la responsabilidad tenía que llegar a lo más alto por un incendio en una guardería subrogada. Ahora ha ocurrido en un recinto federal en el que lo único que se ha subrogado es la seguridad.
Sangrienta paradoja: el gobierno que ha estigmatizado la subcontratación, subcontrata a una empresa para proteger a uno de los institutos que está en el corazón de la seguridad nacional. Por más pasión ideológica y lealtad férrea que se le ponga, es muy difícil comulgar con esa rueda de molino, incluso para los legisladores más serviles.
El padre Solalinde, que ha demostrado ser más hombre de partido que de Dios, trató de proveer la consabida coartada de girar cheques a la cuenta del pasado, pero ni él mismo se atrevió a replicar su indigesta absolución y es que 39 muertos son muchos, incluso para un gobierno que prefiere hablar de cualquier otra cosa menos de su responsabilidad.
La rápida reacción del secretario de Gobernación lanzando los reflectores sobre Marcelo refleja un gobierno desorganizado y caótico en lo administrativo y confusión en los tramos de responsabilidad; la falta de solidaridad entre sus miembros contrasta con la verticalidad con la que el Presidente ejerce el poder y los alinea. Además, es sabido que ambos secretarios participan con regularidad en las reuniones matutinas de seguridad. ¿Qué pudo haber pasado de las 5:30 de la mañana a la 1:30 de la tarde cuando Adán Augusto declara a López Dóriga que la responsabilidad es de Ebrard? Un ánimo de descarrilar al canciller, eludiendo una responsabilidad directa.
Lo mismo ocurre en el plano de la comunicación donde durante varios días la responsabilidad de informar recayó en Rosa Icela Rodríguez, en vez de que los secretarios directamente involucrados, o el propio presidente en la mañanera, informaran de lo ocurrido. Resultó disfuncional que en una mañanera en la que se habló hasta de los gustos cinematográficos del Presidente no se abordara con mayor profundidad el caso de los migrantes achicharrados por la cruel insensibilidad de funcionarios federales. Para acabar la disfuncionalidad, el viernes que fue a Ciudad Juárez AMLO prefirió llevar porra ¡es un honor…! que montar una guardia de honor en el lugar de la tragedia. La memoria y el sentido crítico se pueden anestesiar, pero no amputar. Al tiempo. (Leonardo Curzio, El Universal, Opinión, p. 21)
Migración, una asignatura pendiente
En su novela Cien años de soledad, Gabriel García Márquez narra la historia de la familia Buendía, que emigra en busca de una existencia mejor y se establece en Macondo, una tierra nueva y desconocida. Allí enfrentan muchos desafíos, incluyendo la soledad y la falta de recursos y comunicación con el mundo exterior. Esta narración es un reflejo de la experiencia que muchas personas inmigrantes enfrentan actualmente al dejar sus lugares de origen, tratando de mejorar su calidad de vida.
A escala mundial, la migración es un fenómeno que ha estado presente a lo largo de la historia humana. Hoy en día, millones de personas en todo el orbe dejan los países que las vieron nacer, en pos de mejores oportunidades, seguridad, protección o, en muchas ocasiones, para reencontrarse y reunirse con sus familias. De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2020 había más de 281 millones de migrantes internacionales, lo que representa aproximadamente el 3.6 por ciento de la población mundial.
Por otra parte, la migración irregular, es decir, la migración que se realiza sin cumplir los requisitos legales de entrada y permanencia en el país de destino, es un fenómeno significativo a nivel internacional, en el que inciden diversos factores, como la globalización, el cambio climático, los conflictos armados, y la desigualdad económica y social, entre otros. Según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020 de la OIM, se estima que había alrededor de 20 millones de migrantes irregulares en todo el planeta.
Un caso concreto, en este sentido, es la migración forzosa en Siria, uno de los mayores desafíos humanitarios de nuestro tiempo. Desde que comenzó la guerra civil, en 2011, millones de habitantes sirios han sido desplazados dentro del país o huyeron a otros en busca de seguridad y protección. Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), hay actualmente más de 6.6 millones de desplazados internos en esa nación y más de 5.5 millones de personas sirias refugiadas en países vecinos, como Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto, en su mayoría, mujeres y niños que enfrentan una variedad de desafíos, como la falta de acceso a educación y atención médica, así como el riesgo de explotación y violencia.
De igual manera, la situación de inmigrantes de África hacia países como España se ve impulsada por la pobreza, los conflictos armados, falta de oportunidades económicas y la inestabilidad política en muchas de sus naciones de origen. La mayoría llega a través de rutas peligrosas, a menudo en embarcaciones precarias. Muchos enfrentan el riesgo de ahogarse en el mar, o ser detenidos y deportados por las autoridades españolas. Adicionalmente, suelen padecer discriminación y explotación, lo que dificulta su integración.
Según la OIM, Estados Unidos es el país con la mayor cantidad de migrantes internacionales, con aproximadamente 51 millones, incluyendo a nuestros connacionales y a personas provenientes de Centro y Sudamérica; otras naciones son Alemania (13 millones), Arabia Saudita (10) y el Reino Unido (9).
Como se mencionó, este fenómeno muchas veces implica discriminación y violencia contra las y los migrantes. Según Amnistía Internacional, las personas migrantes y refugiadas son particularmente vulnerables a la violación de sus derechos humanos, incluida la violencia física y sexual, la detención arbitraria y la expulsión forzada.
En el caso de México, aún están recientes los lamentables hechos ocurridos en la estación migratoria de Ciudad Juárez, Chihuahua, en donde perdieron la vida 39 migrantes y 28 más resultaron heridos.
El presidente Andrés Manuel López Obrador se trasladó al estado fronterizo, dio la cara y escuchó la voz de decenas de migrantes, pero también se reunió con el personal médico que atiende a las personas heridas en la estación migratoria, en una muestra de humanismo que no se vio antes con otro mandatario durante hechos similares, como en los casos de la Guardería ABC o Ayotzinapa, Guerrero.
Hoy la migración sigue siendo una asignatura pendiente para los Gobiernos y las organizaciones a favor de los derechos humanos en todo el mundo. Por eso, en estas fechas de Semana Santa bien podemos reflexionar y recordar que la reconciliación es una herramienta para que los pueblos prosperen. Debemos confiar en que la mejor solución es el consenso y el acuerdo; en que los grandes problemas los podemos resolver todos juntos y que, sin renunciar a nuestros principios y valores, todas y todos podemos aportar soluciones a la sociedad. (Ricardo Monreal, El Universal, Opinión, p. 21)
Sin rodeos // El capataz migratorio del Imperio
La dantesca tragedia en la cárcel-crematorio de Ciudad Juárez, donde murieron 39 migrantes (hasta hoy) y otros muchos quedaron lesionados, produce indignación y dolor, pero no debe causar sorpresa, por dos razones:
La primera, porque Trump (ese loco racista y antimexicano) hizo de Tartufo su capataz migratorio y le ordenó enviar de inmediato a nuestra frontera sur a 28,000 soldados y guardias nacionales para impedir a palos y puntapiés el paso de migrantes por territorio nacional; y este miserable lo ejecutó precisamente después de haber invitado a todos los migrantes, habidos y por haber, a venir a México porque su “gobierno humanista” los recibiría con las puertas abiertas y el corazón en la mano, para darles una vida digna.
La segunda razón por la cual esta tragedia no debe causar sorpresa es, porque si este gobierno no ha sabido enfrentar eficazmente los grandes desafíos nacionales (trátese de violencia, servicios de salud, pobreza, discriminación, costo de la vida y muchos más) porque todos ellos han empeorado, menos podemos esperar de él un esfuerzo genuino para atender el complejo y gravísimo problema migratorio, porque a los migrantes (nacionales y extranjeros) siendo los seres humanos más desvalidos, los trata como infrabestias.
Por lo pronto, bastaron 3 minutos de una mañanera para resolver la tragedia de Cd. Juárez: su Alteza Pequeñísima, en su sano y sabio juicio, sentenció: “Ellos fueron los que se quemaron”.
Al decir el secretario de Gobernación: “todos los funcionarios del gobierno debemos dar la cara”, debería explicarnos qué significa para él dar la cara, porque la espada de la justicia sólo caerá sobre 5 o 6 empleados menores y quizá en un mando medio si la presión nacional e internacional se mantiene.
Cuando la secretaria de Seguridad afirma: “¡Se llegará hasta donde tope!”, ya sabemos hasta dónde va a topar, pero “los que deben dar la cara” seguirán escondidos.
Antes, el “luchador social” exigió un castigo severo para los más altos funcionarios por la tragedia del ABC en Sonora; ahora, como presidente, culpa a los calcinados en Cd. Juárez.
Los medios de información narran a diario los tratos crueles e infamantes de funcionarios públicos, narcotraficantes y polleros en agravio de migrantes (nacionales y extranjeros), pero si este gobierno tuviera un mínimo de dignidad frente a EU y no dilapidara cientos de miles de millones en los caprichos y perversidades de su Alteza Pequeñísima la situación migratoria en México sería, al menos, algo humana.
La cárcel-crematorio de Cd. Juárez será “el Ayotzinapa del sexenio”. Nada acallará la condena mundial contra el principal responsable (ética, política y jurídicamente) por su criminal manejo migratorio. De algún modo, pronto o tarde, la habrá de pagar ese capataz culiempinado ante el Imperio. (Diego Fernández de Cevallos, Milenio Diario, Política, p. 3)
El cajón del filoneísmo // Migrantes: de los brazos abiertos a la puerta cerrada
La trágica muerte de 39 migrantes es consecuencia del entreguismo y de la corrupción. Por miedo a Donald Trump, el presidente López Obrador avaló algo muy parecido al status de tercer país seguro y, peor aún, aceptó convertirse de facto en el comisionado de la “migra” estadounidense en México. Y por la corruptela nuestra de cada día, la corrupción sistémica contra la cual AMLO no ha establecido ninguna política pública, los migrantes son ultrajados por el Instituto Nacional de Migración. Ambas cosas llevaron al crimen de Ciudad Juárez.
El gobierno mexicano se dobló ante Trump y se mantiene doblado ante Biden. De 2020 para acá, a partir de la salida de su impresentable amigo de la Casa Blanca, AMLO endureció las palabras pero, paradójicamente, suavizó los hechos. En la agenda migratoria de nuestra relación bilateral con Estados Unidos nada ha cambiado: se sigue deteniendo a los migrantes en nuestra frontera sur, vejándolos a lo largo del país y guardándolos en la inhóspita sala de espera de nuestra frontera norte. Aquí entra en juego la corrupción: los agentes del INM los extorsionan y los zahieren porque eso han hecho siempre y porque nada se hace hoy para evitarlo.
Corromper es echar a perder, dice el diccionario, y la corrupción sistémica echa a perder sistemáticamente a México. Está enquistada en la burocracia y no desaparece cuando un presidente decide no encabezarla. La maquinaria corruptora es transexenal: no se apaga nunca, solo incorpora nuevos mandos y beneficiarios cada seis años y relega a quienes no quieran entrar al juego. No se detiene con voluntarismo sino con cambios estructurales que anulen los incentivos perversos que la alimentan. Cierto, hay otra corrupción, la del saqueo episódico de políticos encumbrados, pero esa tampoco se corrige por ósmosis; funcionará mientras exista el pacto de impunidad que protege a expresidentes corruptos como Peña Nieto, a quien AMLO no quiere tocar.
He aquí las causas de la tragedia de Juárez. Nos comprometimos con Estados Unidos a disminuir el número de inmigrantes en su territorio -y aumentarlo en el nuestro- y AMLO encomendó la ejecución de tal despropósito a la Guardia Nacional y al INM, tan corrompidos como las policías o las aduanas, como todas las dependencias que “atienden” a la gente. La cuestión es si AMLO puede impedir que una atrocidad así vuelva a suceder en tanto siga haciendo el trabajo sucio a los vecinos. Ni modo que defienda el desatino de la militarización como correctivo: el delegado o representante del INM en Chihuahua es un contralmirante retirado.
Si el Sistema Nacional Anticorrupción le parece ineficaz a AMLO, que lo simplifique o lo reemplace. Creer que basta con su voluntad para que nuestro país deje de echarse a perder es una necedad. Es imperativo acercar la norma a la realidad y tener buenas políticas públicas. La mafia del poder también está en los mandos medios; de hecho, está en toda la estructura burocrática que opera bajo las inefables reglas no escritas que rigen cotidianamente a este país y que, al final del gobierno de AMLO, siguen intactas.
Hace cinco años la 4T proclamó que recibiría a los migrantes con los brazos abiertos. Ahora permite que se calcinen entre las llamas porque mantiene la puerta cerrada. (Agustín Basave, Milenio Diario, Política, p. 5)
Bala de terciopelo // ¡Que viva México!
Es de esas imágenes que no se olvidan. Obscena por la verdad que desnuda. Grosera. Un hombre abre un libro empastado en piel y grabado con letras de oro en donde se lee: Constitución Política. Estados Unidos Mexicanos. Cruza la primera hoja que, con una majestuosa águila impresa sirve de anteportada y, al dar vuelta a la página, se descubre que el resto de las hojas han sido recortadas de forma precisa y rectangular para convertir el magnífico ejemplar en un libro vacío; pero también, en una alcancía, un escondite, una pequeña tumba. El hueco está lleno de billetes y monedas. El tipo mete la mano dentro de la Constitución, rasca hasta el fondo y se lo roba todo.
No necesitamos más, pensé al ver la imagen. Síntesis escandalosa de lo que somos. Provocación y bofetada. A partir de esa imagen construí un par de spots que servirían como promoción para La ley de Herodes, primera película de la tetralogía fársica de Luis Estrada sobre la realidad nacional en 1999. Estaba convencida de que la imagen no dejaría a nadie intacto. Imaginé desde la risa hasta la indignación. Sin embargo, ni en mis sueños más soviéticos sospeché la reacción de las televisoras nacionales: se negaron a transmitir la publicidad. La imagen no saldría en la televisión. Había que cambiarla.
Ese era otro México, dirán algunos. Y sí, ese era el México del siglo pasado, el del siglo XX que tanto nos quedó a deber. Ernesto Zedillo era el Presidente de nuestro país y los estertores del PRI hegemónico se hacían cada día más audibles. La alternancia estaba a punto de estrenarse en nuestra nación.
A esa película siguieron El Infierno, sobre la violencia y la guerra contra el narco y La Dictadura Perfecta, sobre el poder de los medios. Cada película hacía una esperpéntica crítica del Presidente en turno y presentaba la foto oficial de cada uno presidiendo una oficina donde sucedía lo inconcebible. Supongo que ni a Calderón ni a Peña les gustó verse así reflejados, pero aguantaron. Se tragaron la burla, la crítica y el disenso.
Hace un par de semanas Luis Estrada estrenó ¡Qué viva México!, la cuarta película de la saga, que hace referencia a este sexenio y a nuestro actual Presidente. La película es corrosivamente entretenida, una sátira que refleja el México que somos con todo y su Constitución-alcancía, como un trágico guiño a eso que no podemos dejar de ser.
El tema es que nuestro Presidente no aguantó. El miércoles pasado, teniendo como contexto la tragedia de los 39 migrantes muertos que el Gobierno todavía no ha podido explicar, nuestro mandatario trivializó la mañanera y se lanzó contra la película. Dijo que era un “churro” y se burló e insultó a Estrada. Si fuera publicidad inversa –criticar algo para que todos terminen por probarlo–, resultaría interesante, pero no es. Se trata tan solo de evadir la realidad y tal vez de algo más. Dos días después en una insólita cápsula, un programa de revista de la mañana retomó la imagen del Presidente y su crítica y puso a uno de sus conductores estelares a comerse un “churro” y pedirle a la gente que no fuera al cine.
No pude evitar recordar los modos y las formas del siglo pasado. Nuestra trágica saga. No, no son como antes sino como mucho más antes. Con lo cual, si llegamos a tener futuro, será de puro churro. (Ana María Olabuenaga, Milenio Diario, Política, p. 12)
Risa presidencial
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿De los 39 migrantes muertos por una política migratoria que ha significado el doblegamiento total de México ante las exigencias de Estados Unidos? ¿Por permitir que el gobierno estadounidense impusiera unilateralmente la obligación de recibir a los deportados en espera de asilo en Estados Unidos, dejándolos en una situación de desamparo y degradación? ¿De transformar a México en lo que nunca había sido, aun con los peores presidentes del pasado? ¿De volvernos policía y carcelero que mata migrantes?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿De haber convertido al país que gobierna en un lugar militarizado, xenófobo y antimigrante? ¿De estar a las órdenes del Departamento de Homeland Security y el Departamento de Justicia mientras su gobierno enarbola un falso discurso “soberanista”?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿De cómo en la última reunión con Biden, aceptó que México recibiera a 30 mil migrantes deportados de Estados Unidos al mes, para luego perseguirlos y detenerlos? ¿De que a cambio Biden aterrizara en el AIFA?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿De violar tanto la Constitución como los compromisos internacionales que México ha suscrito en temas de derechos humanos, al detener ilegalmente a seres humanos y encarcelarlos?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿De cuando usted calló ante la política de separación de familias migrantes al norte de la frontera, lo cual llevó a niños enjaulados que no encuentran a sus padres, y cómo hace lo mismo aquí? ¿Del arresto y la persecución constante de nuestros connacionales, sin alzar la voz, y ahora copia esa práctica?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿Por usar la Doctrina Estrada -de no intervención en los asuntos internos de otros países- a contentillo y a conveniencia, escudándose en ella un día y violándola al otro? ¿Por exigir a los consulados que operen en contra del Partido Republicano ya que algunos de sus miembros lo criticaron, cuando no ha promovido esa actividad en defensa de los migrantes mexicanos allá?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿Del aumento de la migración mexicana a Estados Unidos por la pauperización que su gobierno ha acentuado? ¿Del aumento de las remesas como si fuera un triunfo de la 4T, cuando revela el fracaso de la promesa de crear mayor prosperidad?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿Por recurrir a la narrativa de la defensa de la soberanía nacional frente a Biden, cuando en temas migratorios la ha puesto en entredicho desde la época de Trump? ¿Por la belicosidad pública que esconde los acuerdos privados? ¿Por tratos hechos con Estados Unidos a oscuras y lejos del escrutinio de la población mexicana? ¿Por gritar que “no somos colonia” cuando la guerra contra las drogas y la migración han llevado a que su gobierno acepte lo inaceptable?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿De cómo personajes cercanos a usted han lucrado con el encarcelamiento de migrantes, haciendo negocios con los centros ilegales de detención? ¿De la protección política que le está dando a los que cargan con la responsabilidad política y administrativa de la desgracia, incluyendo a Francisco Garduño y Adán Augusto López?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿De llamar “provocadores” a los migrantes dolientes que le reclamaron en Ciudad Juárez? ¿De no parar su camioneta y hablar con ellos? ¿De criminalizar a las víctimas como lo hacía Felipe Calderón?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿Por saber que en el caso de los 39 migrantes muertos prevalecerá la impunidad de siempre? ¿Porque el titular del INAMI y el secretario de Gobernación no serán tocados ni con el pétalo de una investigación? ¿Porque Morena bloqueó la demanda de comparecencia de Adán Augusto López en el Congreso?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿Porque no le preocupa ser congruente y reconocer que en Ciudad Juárez #FueElEstado, así como en la Guardería ABC y Ayotzinapa? ¿Por minimizar que ocurrió en una instalación ilegal del gobierno? ¿Por pensar que bastará con inculpar a un par de custodios y a nadie le importan los migrantes?
¿De qué se ríe, señor Presidente? ¿Del engaño que ha sido el “humanismo mexicano”, aplicado selectivamente? ¿De su propia falta de empatía ante el sufrimiento de víctimas incómodas para su gobierno y para su imagen? ¿Por no entender que su frase preferida -“la verdadera doctrina de los conservadores es la hipocresía”- es una frase que aplica a usted? (Denise Dresser, Reforma, Opinión, p. 9)
Confidencial
Brotan más anomalías enINM
Cada vez son más y más evidentes las anomalías en el centro de detención del INM. Ya no es sólo el hecho de que los guardias les vendieran cigarros a los detenidos. A raíz del incendio que se dio el lunes pasado se ha podido saber que también les vendían su libertad, y hasta encerraban a personas que tenían permiso de estar en México. Y esto parece ser sólo el comienzo. (El Financiero, Nacional, p. 33)
Solalinde: blanquear sepulcros
Soy un mal católico, un pecador que no quiere, ni puede, dar lecciones de religión; además, creo firmemente en el Estado laico y en la libertad religiosa. Pero en esta llamada Semana Santa para el mundo católico, y después de que el Presidente dijo sentir que el infortunio de los latinoamericanos muertos en la cárcel migratoria de Ciudad Juárez le “partió el alma”, y del anuncio de un nuevo órgano burocrático para migrantes, encabezado por el sacerdote Alejandro Solalinde, debo recordar un episodio católico, histórico, de hace unos años, cuando el sacerdote Solalinde era guía espiritual y tenía una enorme autoridad moral, por encabezar la indignación frente a la violación sistemática de los derechos humanos a los migrantes; incluso la Universidad Autónoma del Estado de México no sólo lo reconoció como “Doctor Honoris causa”, sino que lo propuso al Premio Nobel de la Paz. Era instrumento de paz, bienaventurado porque perseguía justicia para migrantes. Otros tiempos, otros datos.
El Papa Francisco, entonces recién electo, realizó su primer viaje a una isla en el mar Mediterráneo, Lampedusa, donde llegan muchos migrantes en balsas, para intentar llegar a la rica Europa procedentes de la pobre África. El Pontificado del Papa jesuita está marcado desde ese día y sin titubeos, por reclamar a todos los gobiernos un trato humano a las personas migrantes. Era el 8 de julio de 2013. Iniciaba el ayuno del Ramadán para los musulmanes y el Papa los recordó y felicitó. Invitó al mundo a “llorar junto” a los migrantes, y denunció la “globalización de la indiferencia que se ha llevado nuestra capacidad de sentir”.
Ahora el Padre Solalinde ya no pide, con radicalidad, justicia a migrantes, sino comprensión a López Obrador; ya no llora con los pobres de Centroamérica, sino consuela al inquilino de Palacio Nacional; ya no es capellán de los descartables, sino candidato a sacristán y campanero del jerarca de Palacio Nacional, pues se apresuró a decir en una radio veracruzana, que los muertos de la cárcel migratoria de Ciudad Juárez “no es un crimen de Estado…”, y como esos políticos malabaristas y serviles de todos los partidos y épocas agregó textual: “hay responsabilidades, se tienen que delimitar; pero será más rápidos los planes de López Obrador tiene de transformación que ya urgían, pero que por alguna razón no se habían dado” (XEU, 29.03.23).
Con las palabras del Papa al mundo y a los migrantes de Lampedusa, pregunto al sacerdote Solalinde: “¿Dónde está tu hermano?”. La voz de la sangre de Ciudad Juárez te grita desde esa cárcel migratoria convertida en infierno, ¿dónde está tu hermano?; ¿está en justificar la política gubernamental arrodillada frente a Estados Unidos, con miles de policías en la frontera?, o, ¿en el dolor de las familias rotas y abandonadas que no volverán a ver a sus muertos quemados y asfixiados en la prisión de Adán Augusto López?; ¿dónde está tu hermano, Padre Solalinde?, ¿en aceptar un puesto gubernamental para hacerle la tarea a la inútil Comisión Nacional de los Derechos Humanos?, ¿en sustituir a los jefes del Instituto Nacional de Migración para seguir apaleando, encarcelando y matando migrantes? ¿Dónde está tu hermano, Padre Solalinde, ahora que te estás dedicando a limpiarle y blanquearle a López Obrador las tumbas llenas de mediocridad e inmundicia gubernamental? ¿Dónde está tu hermano, en alcaides militares? ¿Dónde está tu hermano esta Semana Mayor?
Si el cura Solalinde cambió de Dios no lo critico, insisto, creo en la libertad religiosa. Pero no puede venir, con vanagloria, a decirnos que este gobierno trata a los emigrantes como humanos. Sus sermones son réplica de “las mañaneras” morenistas, más que de las palabras del Papa Francisco. Solalinde ya no se arrodilla frente a la cruz de los migrantes que recordamos justo esta Semana Santa, prefirió hincarse en el templo de la 4T y llenar de incienso y cánticos de mentira a su dios de Macuspana. (Germán Martínez Cázares, Reforma, Opinión, p. 10)
Al dolor, insulto
Al dolor, insulto. Frente a la exigencia de justicia, el Presidente no tiene otro reflejo que la descalificación. Quien pide consuelo y claridad de un jefe de Estado recibe de inmediato la agresión verbal. El Presidente no puede reconocer el sufrimiento de otros si no logra usarlo para su ventaja. Las lágrimas de una viuda son falsas porque no son lágrimas de éxtasis ante su divina presencia. El grito de justicia es hipocresía porque no sale de sus labios. Quien no idolatra al caudillo es un títere de sus enemigos. El megalómano no tiene otro vínculo con el mundo que el desprecio. El “amor al pueblo” es, en realidad, una extensión de su narcisismo. El Presidente no escucha la voz de quien reclama. No es persona quien le exige respuesta: es títere de los peores intereses. ¿Quién te mandó a reclamarme?, pregunta con indignación el Presidente a la mujer que le exigía que su gobierno respetara los derechos humanos y escuchara los migrantes. Para el Presidente, una mujer justamente indignada no tiene voz propia. No es más que la mensajera de un grupo hostil. ¿Te envió la gobernadora? La llama “mi amor”. La acusación se envuelve en condescendencia. Desprecio y ofensa paternalista. A los ojos del Presidente, el crítico carece de resorte interno. Es siempre un instrumento de perversos.
El crimen de Ciudad Juárez no es, por supuesto, una simple muestra de esa ceguera moral. Es, sobre todo, resumen de la irresponsabilidad hecha política. En la cámara de gases de la estación migratoria desemboca una política que desprecia la claridad en la conducción administrativa; una política de gestos que se desentiende de los procesos y de las consecuencias; una política de valentonadas nacionalistas que es, en realidad, sumisa.
El gobierno federal es responsable de la muerte de cerca de 40 migrantes. No hay manera de negarlo. Más allá de las responsabilidades penales, hay una innegable responsabilidad política del gobierno de la República. Fue decisión de este gobierno el convertirse en muro de migrantes. Fue el gobierno de la República quien traicionó su compromiso de respetar sus derechos, mientras impedía su avance a la frontera para mantener contentos a los ocupantes de la Casa Blanca. Bajo la vigilancia del gobierno federal, una estación migratoria se transformó en cárcel y bajo su supervisión la prisión fue convertida en crematorio. De las condiciones de la reclusión no hay más responsable que el gobierno de la República. La inacción ante las llamas fue decisión de las autoridades migratorias. Entre las tragedias cotidianas ésta tiene un sello peculiar. Todo, desde el diseño de la política hasta la pasividad en el momento de la emergencia fue responsabilidad del gobierno federal.
Los migrantes no fueron víctimas de los polleros que trafican con la desesperación de quienes se ven obligados a escapar de sus países. Los migrantes fueron víctimas de una política que los convirtió en mercancía de un trueque comercial. Los cadáveres no fueron descubiertos en un camión abandonado a la mitad del desierto. Los migrantes se asfixiaron en instalaciones de la Secretaría de Gobernación. No los mató el crimen organizado: los mató el gobierno mexicano.
A la irresponsabilidad criminal se agrega una inhumana insensibilidad. Ninguna declaración de luto nacional. La primera reacción del Presidente fue culpabilizar a los muertos. Ellos provocaron el fuego que terminó con sus vidas, dijo. Y unos minutos después, podía verse al Presidente carcajearse. El hombre que tenía el alma destrozada, reía a boca llena. Al mismo tiempo, el secretario de Gobernación tenía la desfachatez de anunciar sus ambiciones presidenciales mientras rehuía su responsabilidad acusando al canciller de ser el diseñador de la estrategia fatídica. El secretario de Relaciones Exteriores, por su parte, se retrataba para las fotos de su campaña.
El populismo es una política de irresponsabilidad. Es política de gesto, no compromiso con las consecuencias. Por eso se desentiende de los efectos de su propia actuación. Los causantes del mal son, por definición, los otros: es el pasado o los de antes que conspiran para descarrilar el “proyecto”. Ese discurso, desde luego, no es inocuo. Es una irresponsabilidad que mata. (Jesús Silva-Herzog Márquez, Reforma, Opinión, p. 8)
Autonomía relativa // Penoso y decadente
Lo sabemos, no se cansa , de decirlo: su pecho no es bodega. Y su cabeza no es cafetera, porque no tiene filtros. Posiblemente el presidente López Obrador considera que no guardar discreción sobre asuntos o incluso sobre lo que él piensa de determinadas cosas es una virtud. Algo que lo distingue como buen hombre porque, según él, no tiene nada que ocultar.
Esta curiosa percepción de la probidad y la sinceridad tiene como resultado una boca floja que pronuncia lo que llega de la cabeza sin tapujo alguno. Eso sí, es revelador para los que atendemos sus palabras para bien o para mal.
El señor Presidente no tiene procesos que le permitirían entender que no se puede decir todo lo que se le ocurre, sus elaboraciones son muy primarias y por lo tanto dice muchas bobearías.
Uno de los resultados de comportarse de esa manera inmadura, de no detenerse en pensar las consecuencias y significados de lo que dice, son las maneras en que agrede a sus gobernados.
Se la pasa pidiendo respeto a su investidura y es el primero que la degrada. De esa forma percibe lo que sucede en la realidad y cree que se trata sobre él, de su éxito o su fracaso.
Si es de lo primero, es obra de su condición de divinidad en la tierra, si es lo segundo es obra del maligno que opera a través de fuerzas conservadoras que desean detener su obra transformadora.
Es entonces que ve enemigos, representantes del mal en todas partes. Es incapaz de encontrar algo genuino en un reclamo, así sea de justicia, así sea del familiar de alguna víctima porque en esta tierra no hay más víctima que él.
En su visita a Ciudad Juárez, tierra de la tragedia migrante en el obradorato y que cobró 39 víctimas en una situación de negligencia criminal, el Presidente enfrentó reclamos ciudadanos. Por supuesto reclamó airadamente a los protestantes: esas no son maneras de manifestarse, dijo. Cuando una mujer le comentó que en el pasado
él había bloqueado calles para reclamar injusticias, se encolerizó y descalificó a la mujer: “que se me hace que te mandó Maru, mi amor”, le espetó a la mujer. Más allá del tono misógino de la respuesta, está la descalificación de la persona, el Presidente la trató como si fuera una emisaria de la gobernadora y, de paso, a la gobernadora le dio trato de enemigo en medio de la tragedia. Insensible al dolor de los demás no duda en ponerse de ejemplo y en descalificar a quien sea.
Su conocido afán moralizante que lo convierte sistemáticamente en un predicador fanatizado también forma parte en su relación con otros países. Como su pecho no es bodega y piensa que los gringos son en general unos pinches miraguanos y que se drogan porque no saben convivir en familia y como ganan dinero entonces se vuelven materialistas y se drogan todo el tiempo.
El sábado puso este tuit de lo que tiene en la cabeza respecto a Estados Unidos : “Amenazan con invadir, venden armas de alto poder en sus tianguis, no hacen nada por sus jóvenes, padecen-lamentablemente- de la terrible y mortal pandemia del fentanilo, pero no atienden las causas. No les preocupa el bienestar, sólo el dinero, ni fortalecen valores morales, culturales y espirituales; tampoco limitan el consumo de drogas, por el contrario, lo fomentan hasta en el deporte. Es penoso y decadente”.
La verdad que lo penoso y decadente es nuestro Presidente que no sabe detenerse a pensar un momento lo que va a decir. Su pecho no es bodega, su boca está floja y su cerebro está lleno de aserrín. Nada bueno puede salir de esa combinación. (Juan Ignacio Zavala, El Financiero, Nacional, p. 36)
La feria // Te mandó Maru, mi amor…
Te mandó Maru, mi amor, porque las y los ciudadanos mexicanos no reclaman, no se indignan, menos se movilizan si muere un migrante, o decenas, lo mismo da. Así es. Tu protesta es eso, politiquería.
Por eso, no viniste voluntariamente, te mandó Maru, mi amor, porque las personas en México son resignada carne de cañón en medio de la violencia, trabajadores sumisos ante esos mendrugos que ellos llaman prestaciones, borregos de oportunistas pastores del asistencialismo, consumidores sin derechos… A ver, di conmigo, beeeeh, beeeeeh.
Cómo voy a creer, mi amor, que porque te dolió ver una reja con candado, unas llamas amenazantes, guardias que claudican a su deber de cuidar no una oficina, sino a seres humanos, dijiste, ahora voy y me le paro en frente al Peje. ¿No serás zopilota?
Te mandó Maru, mi amor, porque hasta a mí, que me encanta la faramalla, a ver, ¿ves aquí a Marcelo o a Adán? No los traje a Ciudad Juárez, ¿verdad? ¿Sabes por qué? Primero, porque ellos tampoco saben cómo fue que en sus narices ocurrió lo que tenían que haber prevenido. Así que qué inutilidad traerlos, pero sobre todo porque si yo decreto que la muerte de 40 personas migrantes ya chole, que ya no es nota, a poco alguien como tú me va a poner agenda, no mi amor. Ni Nayeli, pues.
Y para que lo sepas, la tragedia me dolió muchísmo, pero mucho. De verdad. Son mis hermanos. De Guatemala. De Venezuela. De Honduras… Haz de cuenta que sus familias y yo, la misma cosa. Porque nunca como antes, óyelo bien, nun-ca, un presidente había hecho más por los migrantes. Nun-ca. Qué pena me causa que Maru te haya mandado.
¿Cómo? ¿Que dónde está Francisco Garduño, del Inami? ¿Para qué lo quieres? A las 5 de la mañana, diario, yo mismo reviso la seguridad junto con la secretaria Rosa Icela, y el general Cresencio y el almirante. Y el de la Guardia. Para qué quieres a Garduño. Yo madrugo para que tú, mi amor, puedas dedicarte a… aaaa, ah sí, a que te mande Maru.
No te equivoques, dile a Maru que esto no es la guardería ABC ni Ayotzinapa. Nada de que fue el Estado. Nada de escalar las responsabilidades hasta los más altos niveles de responsabilidad. Nada de renuncias. Si no somos iguales. No los pudimos salvar porque ellos iniciaron esto, iban a ser deportados y en protesta, en la puerta del albergue pusieron colchonetas, y les prendieron fuego y no imaginaron que esto iba a causar esta terrible desgracia. Triste, pero caso resuelto, cero impunidad.
A mí se me hace que Maru además de enviarte a ti también filtró el video. Si no nos chupamos el dedo. Qué casualidad: ahora todos andan diciendo que nosotros los dejamos encerrados. Y no, eso noooo.
O sea, se va a investigar, pero luego luego ya quieren que digamos que si la empresa de seguridad esto o lo otro, que si mis acuerdos con Trump, que si los protocolos, que el almirante delegado del Inami no autorizó que se abriera el candado. Y quién ha hablado de eso: pues la prensa que no nos quiere. ¿Ves?, medios carroñeros.
Que por qué 39 migrantes muertos no fueron EL tema de mi visita, que por qué no corrijo la política migratoria, que por qué no declaro duelo nacional… Maru haría lo mismo. Primero y sobre todas las cosas mi transformación, y nada ni nadie hará cambiar esa ruta: ni masacres, ni desabastos, ni los muertos por ser la cárcel migratoria de Biden, nada, mi amor. (Salvador Camarena, El Financiero, Nacional, p. 39)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 8)

(Chavo del Toro, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)

(Nerilicón, El Economista, El Foro, p. 46)