Opinión Migración 030521

Templo Mayor

ESTE VIERNES será el esperado encuentro virtual entre Andrés Manuel López Obrador y la vicepresidenta norteamericana, Kamala Harris, para hablar sobre la crisis migratoria. Y ya se sabe que el presidente mexicano volverá a insistir en que Estados Unidos patrocine “Sembrando Vida” en Centroamérica.

SIN EMBARGO, en Guatemala, Honduras y El Salvador se preguntan quién nombró a AMLO vocero de la región y cómo por qué supone que puede andar negociando por ellos en su nombre. Mañana que llegue el mandatario guatemalteco, Alejandro Giammattei, se le podría preguntar si no le incomoda cederle sus facultades a López Obrador.

EN CÍRCULOS diplomáticos se comenta que no cayó nada bien que AMLO lanzara su plan para Centroamérica… sin consultarlo con los gobiernos centroamericanos. Está reviviendo, dicen, esa vieja actitud colonialista de que México es el hermano mayor de la zona, lo cual siempre ha molestado a los países vecinos.

DA LA IMPRESIÓN, dicen, que para el presidente mexicano la dichosa Doctrina Estrada -de no meterse en los asuntos de otros países- sólo aplica cuando se trata de Venezuela. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p.10)

American curios / 100 días

Los cambios anunciados y logrados durante los primeros 100 días de Joe Biden en la Casa Blanca son, en gran medida, resultado de miles de días de lucha social contra el proyecto neoliberal de los pasados 40 años y la desigualdad económica, contra el racismo sistémico, contra la cultura de violencia armada dentro y fuera del país, por los derechos civiles de afroestadunidenses, latinos, asiáticos, indígenas y los inmigrantes, y por el futuro del planeta ante el cambio climático.

O sea, ni la elección de Biden ni la agenda política que está impulsando se entienden sin tomar en cuenta el masivo trabajo cotidiano del amplio mosaico de luchas sociales, incluyendo el de las vidas negras en el movimiento de protesta más grande de la historia con la participación de más de 26 millones, que mucho antes de Biden ya estaban cambiando la dinámica política del país y obligando a dar un giro hacia lo que se puede llamar, en términos generales, la izquierda.

Vale reiterar que la reciente elección presidencial no fue definida por el voto a favor de Biden, sino por el sufragio para derrotar el proyecto neofascista de Donald Trump, y ese triunfo fue impulsado por el mosaico de fuerzas progresistas de Estados Unidos –esas son las contrapartes y aliados naturales de los que aman la justicia y sus países también (parafraseando a Albert Camus) en cualquier parte del mundo.

Biden siempre había sido un político centrista que apoyó el consenso neoliberal de las cúpulas como las políticas bélicas imperiales, pero la dinámica política estadunidense ha cambiado y, por lo tanto, él ha sido obligado a cambiar; primero, para lograr ser electo y ahora para gobernar un país en crisis donde diversos movimientos exigen reformas económicas, políticas, sociales y ambientales a fondo.

Los cambios anunciados por Biden hasta ahora –algunos aún limitados o parciales; otros, promesas por cumplirse– no aparecen porque él de repente se volvió radical socialista (como acusa la derecha), sino porque han tenido que responder al abanico de movimientos y expresiones organizadas progresistas que han surgido en esta nación durante los años recientes, algunos novedosos y otros resucitando los grandes movimientos históricos sobre derechos laborales, de inmigrantes, derechos civiles y antiguerra. Tan es así que Biden ahora está impulsando una masiva reforma antineoliberal, sin precedente en décadas, al responder a las demandas de las fuerzas políticas encabezadas por Bernie Sanders y sus aliados así como los movimientos del altermundismo hasta Ocupa Wall Street, que fueron sus antecedentes durante las pasadas tres décadas.

Hemos resistido el neofascismo y el terror de la supremacía blanca del trumpismo. La elección fue sólo una puerta, no es el fin, comentó sobre los primeros 100 días del nuevo gobierno Maurice Mitchell, líder del Working Families Party, parte clave del gran mosaico progresista. Se trata de construir un movimiento los próximos cuatro años y transformar la sociedad al rescatar a nuestro planeta del cambio climático y a la gente, del racismo y la desigualdad económica, resumió el consenso de una amplia gama de estas fuerzas progresistas. Nse Ufot, del New Georgia Project, comentó que estamos celebrando la llegada del Estados Unidos del futuro: multirracial, multiétnico y solidario; ahora, el reto es construir un democracia participativa más representativa para todos.

Ese futuro depende de la recuperación de la memoria, de la historia, de abajo. Los inmigrantes han regalado a este país la recuperación del 1º de mayo (el cual no es día festivo oficial) que nació aquí, conmemorando el movimiento por la jornada de ocho horas que culminó con 300 mil trabajadores, muchos inmigrantes, estallando en huelga lo largo del país a favor de un vida digna y los mártires de Chicago, ocho anarquistas, que fueron condenados a muerte por atreverse a promover el cambio social y económico del país. Esa memoria colectiva está presente llena de la música, ira, lágrimas, nobleza y festejo de miles de días de lucha, incluyendo durante los recientes 100. (David Brooks, La Jornada, Opinión, p.23)

Viaja al mundo la montaña

Quién diría que los mejor dotados en México para trascender la fatídica cortina de nopal son los pueblos originarios. Tampoco debería sorprendernos su peculiar cosmopolitismo. Lo demuestran de manera dramática decenas de miles de indígenas migrantes hacia los países del norte. Se adaptan con lucidez y tino a los campos de Estados Unidos y Canadá, a las monstruosas ciudades yanquis, a las lenguas ajenas (siéndoles también ajeno el castellano nacional). A la vez, el exilio refuerza sus identidades y en lo posible sus lenguas verdaderas. Los migrantes mantienen lazos permanentes, no sólo económicos, con sus comunidades de origen. Las nada desdeñables remesas, principal ingreso del país, son producto del esfuerzo de jornaleros indígenas y trabajadores urbanos cuyas ganancias no se deben a ningún programa, a ninguna dádiva, a ningún crédito. (Hermann Bellinghausen, La Jornada, Opinión, p.8)

Quebradero / Migración, el problema no deja de estar

El presidente de EU, Joe Biden, en sus primeros 100 días de gobierno ha avanzado de forma significativa en muchos de sus proyectos, pero lo que sigue siendo un asunto difícil de superar, como se presumía, es el tema migratorio.

Es claro que al interior de su país existen un conjunto de intereses históricos de toda índole, lo que incluye un evidente racismo. Los republicanos en el Congreso difícilmente van a avalar una reforma migratoria, a lo que hay que sumar un amplio sector de la sociedad estadounidense, la llamada América profunda; no quieren a los migrantes, aunque no sepan qué hacer sin ellos.

La reforma era impensable en la pasada administración. Donald Trump iba por un rumbo totalmente contrario. La construcción del muro era la manifestación de la forma de pensar del empresario-presidente sobre migración y sobre los migrantes.

El gobierno de López Obrador asumió una actitud pasiva ante las acciones y adjetivos que lanzaba el entonces presidente a los migrantes y en el camino a nuestro país. Mientras el tabasqueño era candidato no paró de criticar a Trump junto con la “pasividad” del gobierno de Peña Nieto, incluso hizo un libro sobre ello.

Sin embargo, paradójicamente, el tabasqueño terminó por hacerse a un lado tomando distancia y, lo que son las cosas, teniendo una muy buena relación con “mi amigo”.

Entre los demócratas sigue siendo un enigma el porqué durante la visita de López Obrador a Washington no se reunió con ellos siendo que cuando el hoy presidente de EU, en su carácter de vicepresidente, visitó el país en medio del proceso electoral mexicano y se encontró con los candidatos de todos los partidos entre quienes estaba López Obrador.

La reforma migratoria con el mediático Barack Obama fue más bien un conjunto de buenas intenciones. No pasó nada y más bien las expulsiones de migrantes alcanzaron cifras históricas.

En los últimos años nuestro país ha terminado por ser como siempre un actor central y también como siempre un actor pasivo. Difícilmente los gobiernos mexicanos han exigido respeto a los migrantes quizá para evitarse presiones de cualquier tipo, pero también porque las “benditas remesas” le dan un impulso brutal a la economía mexicana; las cifras de los últimos meses están siendo históricas.

No hay manera de que el país viva sin las remesas. Imaginemos qué sería de la economía y la vida de millones de mexicanos sin ellas. Imaginemos qué sería del país en medio de la pandemia, el escaso crecimiento de la economía y el desempleo. Las remesas son lo que permiten que muchas familias puedan en medio de un sinfín de adversidades recibir dinero para su vida diaria.

Ante la imposibilidad de instrumentar una reforma, por parte de Biden ha ido creciendo una falsa esperanza entre mucha gente de Honduras, El Salvador y Guatemala, sin perder de vista el incremento de un buen número de mexicanos (hecho que ha colocado a la migración de nuevo como un eje en la vida del país).

Mientras esto sucede estamos bajo un serio y grave escenario, un gran número de migrantes está siendo expulsado de EU colocando a México como tercer país.

Se está pasando por alto el drama que se está viviendo en las fronteras. Además de la gran cantidad de migrantes que se encuentran en ellas, sumemos la esperanza cotidiana de poder entrar a EU, o colocarse en una lista que eventualmente les permita verse beneficiados con la reforma.

El hecho de que no se esté hablando del tema no quita la tensión, desinformación y drama. Las propuestas del gobierno han sido materialmente bateadas. Lo que por ahora nos corresponde es velar por los migrantes en nuestro país y ahora con mayor razón, debido a que la tendencia migratoria mexicana ha crecido de manera significativa. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, La Dos, p.2)

Justa Medianía / Por nuestros niños

El Día del Niño, más que un festejo, debe ser el detonador de un proceso profundo de reflexión y generación de estrategias para construir un mejor presente y futuro para los niños de México. Los hallazgos aquí y allá demuestran que debemos de redoblar los esfuerzos para lograr dotar a nuestros niños de una vida mejor.

La organización Save the Children México nos revela un dato igualmente doloroso, pero mucho más indignante que los anteriormente expuestos: en 4 de cada 10 delitos sexuales las víctimas son menores de edad, además de que México es el primer país emisor y generador de pornografía infantil. Nuestros niños continúan migrando, pero ahora su número se ha multiplicado de manera espectacular, pasando de 380 a casi 3 mil 500 en cuestión de meses, muchos de ellos lo hacen solos.

El diseño y ejecución de los proyectos, programas y políticas públicas a nivel local y nacional deberán concentrarse en privilegiar el bienestar de los menores de edad, sin ello, el presente y futuro de nuestro país se encontrará en entredicho. (David E. León Romero, La Razón, México, p.10)

Allá, albergues para los niños. ¿Y acá?

Muchas cosas han cambiado en Estados Unidos desde el comienzo de la presidencia de Joe Biden. El paquete de estímulo económico y sus proyectos de infraestructura y apoyo a las familias equivalen, en conjunto, a la mayor reconsideración del papel del gobierno en la vida de los estadounidenses desde la transformación de Roosevelt hace casi un siglo. Aunque hay al menos cinco millones de personas que no han acudido a la aplicación de su segunda dosis de inmunización y millones más que insisten en la estupidez de no vacunarse, la campaña de inmunización ha sido un éxito rotundo: 31% de la población de Estados Unidos ya está completamente vacunada (en Rusia, por ejemplo, la cifra es apenas 5%). Y ni hablar del tono desde el megáfono presidencial. Atrás quedaron los tiempos de la estridencia, en los que Donald Trump ejercía de ruidoso narrador en jefe de la vida del país.

Pero no todo ha cambiado con Biden, o no como debería. Por desgracia, la agenda migratoria sigue siendo un pendiente. Estados Unidos sigue deportando de inmediato familias y migrantes solteros, exponiéndolos a peligros graves en México. La prioridad estadounidense en Centroamérica y México sigue siendo la estrategia punitiva de Trump. Esto es una mala noticia. La migración no se resuelve con medidas de castigo sino con desarrollo regional (en esto siempre ha acertado el presidente López Obrador, aunque la ampliación de Sembrando Vida sea una ingenuidad).

Ahora bien, incluso en el tema migratorio, Biden ha hecho ajustes de gran trascendencia. El más importante tiene que ver con los niños no acompañados. A diferencia de Trump, Biden ha decidido permitir a los menores quedarse en Estados unidos para buscar, aquí, reunirse con sus padres, abuelos y demás. Para ello ha establecido un sistema de albergues temporales que puedan recibir a los niños mientras el gobierno procesa la reunificación familiar. No es un escenario ideal, evidentemente. Cada noche que un niño pasa rodeado de extraños es, de una manera u otra, un posible trauma. Pero los matices importan. A diferencia de otros tiempos, en los que los menores migrantes estaban bajo custodia de autoridades migratorias (sin el conocimiento ni la intención de cuidarlos como es debido), el gobierno de Biden ha dado la responsabilidad al departamento de Salud y Servicios Humanos, que encabeza el secretario Xavier Becerra, californiano de raíces mexicanas. Bajo las órdenes de Becerra, el gobierno federal de Estados Unidos ha llegado a acuerdos con amplios centros de convenciones donde ha instalado albergues cuyos estándares de atención son muy superiores no solo a los de otros tiempos sino a todo lo que existe en la región.

En las últimas semanas, por ejemplo, el gobierno ha abierto las puertas de dos albergues en el sur de California, en las ciudades de Long Beach y Pomona. Hay que aclarar, porque es importante, que “abrir las puertas” es un decir: las instalaciones están resguardadas con estrictas medidas de seguridad para proteger a los niños. Aun así, en los recorridos de las instalaciones previos a la llegada de los menores y en distintas entrevistas con los encargados de ambos lugares, los reporteros pudimos constatar que los albergues son eso: refugios antes que cárceles. Desde acceso médico hasta escuela o canchas deportivas, los menores migrantes están en una mejor situación que el vía crucis que la mayoría de ellos vivió en su camino a la frontera y, por supuesto, inmensamente mejor que lo que se vive en los campamentos de refugiados en la frontera norte de México.

Y esa es, para el gobierno mexicano, la gran lección. Durante años, el gobierno en México se ha resistido (entre otras cosas) a mejorar de verdad la infraestructura de albergues para migrantes. La actual administración fue un paso más allá, recortando apoyo a los refugios que, en ciudades como Tijuana, hacen milagros para cuidar y apoyar a la población migrante en riesgo. En parte, la negativa tiene que ver con el riesgo de que instalaciones más dignas y funcionales se interpreten como una señal de hospitalidad. En otras palabras: parecería que México no quiere que los migrantes sepan que les esperan condiciones dignas en el país. Hasta hace poco, algo parecido ocurría en Estados Unidos. Y es comprensible: en efecto, es posible que más padres arriesguen a sus hijos a la peligrosísima travesía si saben que, al final, hay un albergue como el que vi en Long Beach. Pero eso no ha detenido a Biden. Y no lo ha detenido porque es lo correcto, moralmente. México debería hacer lo propio. Por tradición, nuestro país es puerto de refugio, no nido de temores y horrores para los vulnerables que vienen de otra tierra. Es hora de estar a la altura. (León Krauze, El Universal, Nación, p.6)

El informe Oppenheimer / Biden, sin prisa con Cuba

A juzgar por lo que me dijo el principal asesor de asuntos latinoamericanos del Presidente Joe Biden en una entrevista, Estados Unidos no tiene prisa por volver a una normalización total de las relaciones con Cuba, a pesar de las presiones de la izquierda del Partido Demócrata.

Juan S. González, director para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, me indicó en una entrevista del 27 de abril que La Habana tendría que dar pasos concretos hacia una apertura económica o política para que Washington decida regresar de lleno a la normalización de relaciones de la era de Obama.

González me dijo que Biden seguirá adelante con sus promesas de campaña de relajar las restricciones sobre los viajes y las remesas a Cuba, y que buscará dar 20 mil visas al año a los migrantes cubanos. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p.15)