Deportan a Keila Simpson, mujer transgénero de 55 años de edad.
Keila es brasileña y hablaría sobre derechos humanos en un foro (Foro Mundial Social).
Para mala suerte, Keila no mostró sus comprobantes de vuelo redondo ni hospedaje a causa de no tener internet en su dispositivo móvil.
Hasta aquí entiendo la situación, hasta aquí comprendo que estos agentes pertenecientes al INM (Instituto Nacional de Migración) cumplieran con no permitirle la entrada a la activista.
Bueno, pero lo que no comprendo es por qué la mantuvieron incomunicada durante un espacio de 10 horas, a pesar de la presencia de personal de la CNDH (Comisión Nacional de Derechos Humanos).
Y aunque los responsables del evento acudieron para presentar la documentación que se estaba solicitando, los elementos de Migración no permitieron que Keila recibiera los papeles.
¿Por qué tratar de esta manera a una activista que defiende los derechos de otras personas que no reciben justicia de la manera adecuada como ella misma? ¿Qué les falta capacitación o sentido común a estos señores del Instituto Nacional de Migración?
No es algo que yo invente, pues Jessica Marjane, abogada integrante de Juventudes Trans, refirió que la defensora de derechos humanos sufrió privación ilegal de su libertad.
Marjane dijo que Simpson era parte de una delegación de 20 personas provenientes de Brasil que participarían en el Foro. Este foro se está celebrando en la Ciudad de México del 1 al 6 de mayo. De todas las participantes, la mujer trans de rasgos afro fue la única a quien las autoridades migratorias impidieron el acceso.
Sin embargo, varias de las participantes –quienes llegaron a México en distintos vuelos– estaban con el mismo problema de no tener documentos impresos ni acceso a internet.
Si sólo fue una decisión de este personal del INM, sí me uno a que se investigue y que ya no permitan este comportamiento del personal que atiende los lugares de acceso del país. (María Luna, Excélsior, Yo lector, p. 8)
Vecino lioso
La visita del canciller Marcelo Ebrard a Estados Unidos se dará en medio de sus acusaciones por extorsión al gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott. Recordemos que visitará en Washington a Anthony Blinken, secretario de Estado, y a Alejandro Mayorkas de DHS. Ya dicen que en la reunión tocará este tema que también tiene que ver con la creciente migración a ese país. ¿Será? (24 Horas, La dos, p. 2)
Momento clave
La apuesta es muy grande en palacio Nacional y lo que haga hoy el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, en la Casa Blanca, será un antes y después, pues no hacen ver que de esta negociación depende si avanzan o no los programas de desarrollo en Centroamérica. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
RESQUICIOS
Semana interesante en la relación México-EU. El 5 de mayo se va a celebrar lo que consideran nuestra fiesta nacional en la Casa Blanca. Días después se llevará a cabo en LA la Cumbre de América en la cual ni estarán todos los que son ni todos los que están. También se va a revisar la migración, López Obrador le ha hecho saber a Biden que el tema va “lento” a diferencia de los tiempos de Trump con quien prevalecía la mesura en exceso. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)
Sin banderas ideológicas
Beatriz Gutiérrez Müller será la invitada de honor en la celebración del 5 de Mayo en la Casa Blanca este jueves. Es versátil la no primera dama, así como va al corazón del anticapitalismo latinoamericano en la feria del libro de La Habana, también asiste sin problemas con los padres del capitalismo en Washington. Hace bien la doctora en no tomar banderas ideológicas. Más ahora que se van a negociar en Washington temas tan importantes como la migración y la seguridad. Parece que la administración Biden quiso hacer un guiño a López Obrador, dando un lugar privilegiado a su esposa en la fiesta hispana más importante de la Unión Americana. (Confidencial, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 27)
Más víctimas: madres migrantes buscan en México a los suyos
La llegada a Chiapas de la caravana de madres migrantes, quienes durante 10 días buscarán a sus hijos e hijas desaparecidos en territorio mexicano, nos dicen, ha puesto una vez más en evidencia los grandes vacíos en los sistemas de procuración de justicia en el país, y en el respeto a los derechos humanos, que hoy están en manos de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. Según nos detallan, el grupo integrado por 47 madres y algunos padres asegura que en 16 años de búsqueda han encontrado 370 migrantes desaparecidos, pero aún son unos 35 mil los que permanecen ausentes luego de transitar por el país en busca de llegar a EU. Al final, nos mencionan, está por verse cuál será el actuar de las autoridades chiapanecas y federales, si ante el paso de la caravana respaldarán con hechos a las madres o se quedarán mirando cómo ellas hacen el trabajo. (El Universal, Estados, p. 19)
Tiene razón el presidente Andrés Manuel López Obrador en que lo que está haciendo Greg Abbott, el gobernador de Texas, respecto a la migración sin documentos en su estado tiene que ver con un asunto electoral.
Pero eso, y no está claro si lo sabe el Presidente o lo entiende su gobierno, es solo una parte. Porque si es electoral es porque el discurso que siempre ha estado ahí, pero que en los años de trumpismo creció y se instaló en las mentes y sentimientos de más estadunidenses, anuncia lo que podrían ser tiempos terribles para nuestros paisanos que ya viven en Estados Unidos y los que quieren llegar, que son muchos.
El discurso xenófobo y racista ha invadido el país completo. Hoy en día, hasta en estados con pocos migrantes hay debates sobre lo que la derecha republicana llama “la invasión” —como lo dice Abbott—, pero aún peor, “el gran reemplazo”, como lo llama el conductor más visto de la televisión por cable de EU Tucker Carlson, que cada vez que puede alucina y transmite con eficacia la fantasía de que todo es un plan de los demócratas para reemplazar a la población blanca con extranjeros que votarán por ellos. Una locura, pero que penetra.
Un reciente estudio de Pew Research señala que cuatro de cada diez “latinos” (lo entrecomillo porque nunca queda claro quiénes son precisamente esos) tiene miedo de que alguien cercano pueda ser deportado. Y la cifra no cambió entre Trump y Biden.
Esos que tienen miedo son a los que Andrés Manuel López Obrador celebra como héroes —todos son sus paisanos, dijo ayer— cada vez que puede por la cantidad de dinero que mandan a México, y lo celebra un poco como si fuera triunfo de su movimiento, aunque aquí nunca he tenido claro por qué, más bien parecería un fracaso…
Pues son esos los que tienen miedo. Y aunque en estas semanas el debate ha estado centrado en lo que se viene para la frontera por el posible final de la política provocada por el Título 42, la discusión seguirá y se hará más dura.
Y como lo vimos durante la presidencia de Trump, cada vez más gobernadores y alcaldes republicanos actuarán contra su población migrante.
Pero de eso lo único que dice el Presidente es que cuando Biden anuncie una iniciativa de reforma (cosa que no hará) él la apoyará. Mientras tanto, pues que vaya Cuba a la cumbre y eso… pura cosa importante. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Cuando el viernes el presidente López Obrador habló por teléfono con Joe Biden, le planteó la asistencia de Cuba, Nicaragua y Venezuela a la Cumbre de las Américas en junio en Los Ángeles, en lo que estoy de acuerdo, aunque rechace a los sátrapas que los gobiernan.
Ese mismo día, en Radio Fórmula, el director para América del Norte de la SRE, Roberto Velasco, aseguró: Cuba ha participado en todas las cumbres de las Américas. Cuando apunté que desde la primera, en diciembre de 1994 en Miami, había sido excluida, rebatió: No tengo el relato de todas, pero sí te puedo decir que en las últimas, incluyendo la última, participó, y aceptó lo importante, que ese había sido tema en la conversación, momentos antes, entre los presidentes.
Yo puedo decir, porque como reportero he participado en varias desde la primera hace 28 años en Miami, que Cuba siempre ha sido la gran ausente y por eso la gran presente. No estuvo en 1998 en Santiago de Chile, ni en 2001 en Quebec, ni en 2004 en Monterrey, ni en 2005 en Mar de Plata, ni en 2009 en Puerto España, ni en 2012 en Cartagena.
Participó por primera vez, por una decisión de Barack Obama, en la de 2015 en Panamá, a la que asistió Raúl Castro, y en la de 2018 en Lima, a la que envió a su canciller.
Pero recupero el fondo: ayer el Presidente confirmó lo que me había dicho Velasco el viernes: que le había pedido a Biden que convocara a Cuba, Nicaragua y Venezuela y que le había contestado que lo iba a pensar. Pero no le pensó mucho. Ayer, unas horas más tarde, el subsecretario de Estado, Brian Nichols, anunció que esos tres gobiernos estaban fuera de la cumbre de Los Ángeles, presencia en la que López Obrador, con sus razones y filias, se empeñó y que Biden le negó.
A ver qué le responde hoy y a ver qué el domingo en La Habana, que será lo importante.
RETALES
Las últimas semanas han sido difíciles en la relación México-Estados Unidos, entre vaivenes provocados precisamente por la profundidad de los vínculos y la variedad de actores e intereses que intervienen en ella.
El mensaje oficial de la Casa Blanca es que la relación es buena y que México es un aliado importante, literalmente en todos los niveles y en todos los temas, particularmente el de migración, que pese al ruido causado por cuestiones y diferendos comerciales es el mayor eje de posibles problemas bilaterales.
Pero el discurso de congresistas y dirigentes del opositor Partido Republicano es absolutamente distinto, tanto que el texano Greg Abbott habla de “invasión” y trata de establecer sus propios controles fronterizos para presumir luego de que “obligó” a gobernadores de estados mexicanos a adoptar mayores medidas de seguridad.
México no sólo es una fuente de migrantes, sino un punto de paso para un número creciente de individuos que buscan llegar a Estados Unidos; el tema tiene incidencias literalmente a lo largo y ancho de la relación, tanto por su impacto en la economía como en las sociedades y ciertamente en cuestiones de seguridad, y hasta delincuencia organizada vinculada con tráfico de personas y drogas.
La importancia de ese tema no puede ser minimizada. Su permanencia en la opinión pública está asegurada por la decisión de grupos republicanos para usar la migración y la frontera como arma política para movilizar a sectores nacionalistas y con antecedentes racistas y xenofóbicos contra el gobierno de Joe Biden.
Las protestas provocadas por la medida de Abbott –que busca la reelección y luego una carrera política nacional– y su impacto negativo en el comercio transfronterizo, pusieron de relieve la importancia de las cadenas de suministro y las interdependencias creadas por los acuerdos de libre comercio entre los dos países. Lo cierto es que en el lado mexicano hay medidas de política con metas domésticas que provocan irritantes al otro lado de la frontera.
La presunta participación en una oleada de izquierda regional es menos irritante que la renuencia a criticar a los gobiernos de Nicaragua y Venezuela; y de hecho, la postura mexicana respecto a la invasión a Ucrania ha sido más irritante que la ya histórica interlocución con Cuba, que se da por descontada y ha sido a veces útil para La Habana y Washington.
Las propuestas de reforma eléctrica y minera provocaron molestia entre sectores financieros estadounidenses, que las vieron como señal de la incertidumbre legal de invertir en México y potencialmente violatorias del Tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
Los problemas de violencia en el país y de política económica son señalados también como dificultades bilaterales, tanto por las posibles pérdidas económicas como por la creciente integración social entre las dos naciones y la posibilidad de que incrementen los flujos migratorios. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)
Uno los principales objetivos del quehacer diplomático es llegar a entendimientos incluso con quienes no estamos de acuerdo. Fue así como en el verano de 2019, por instrucciones del presidente López Obrador, el canciller Ebrard encabezó una delegación que rechazó la imposición de un Acuerdo de Tercer País Seguro, sin detonar la amenaza arancelaria del entonces presidente Trump. Así, observamos el cumplimiento de nuestra tarea central: el ejercicio del diálogo para evitar confrontaciones, aun entre visiones políticas opuestas. No obstante, recientemente se han difundido algunas declaraciones que, en honor a la verdad, vale la pena aclarar.
En primer lugar, la Embajada de México en Estados Unidos fue partícipe de las conversaciones diplomáticas. La embajadora Martha Bárcena, en su momento, participó en la definición de las estrategias que se llevaron a cabo. Con base en una diplomacia de unidad nacional, se informó, en tiempo y forma, al Senado de la República y hubo un nutrido debate con todas las fuerzas políticas sobre lo sucedido. Llevamos a cabo una estrategia de la cual el equipo de nuestra embajada fue central y que también tomó en cuenta los necesarios contrapesos y el escrutinio del Legislativo.
En segundo lugar, se ha señalado que Javier López Casarín encabezó una supuesta negociación del programa conocido como Quédate en México, previo a la entrada del actual gobierno.
Esto es también falso, como lo es el establecimiento de una supuesta oficina paralela. Como parte del equipo del entonces canciller designado, López Casarín participó en la organización logística en una serie de eventos que fueron públicos y transparentes. Por ejemplo, la visita del exsecretario Pompeo con una delegación de Estados Unidos, poco después de la elección, en julio de 2018.
También es falso que haya habido una reunión secreta entre el canciller Ebrard y el expresidente Trump. La única reunión entre ambos ocurrió el 10 de septiembre de 2019, meses después de la negociación que evitó la imposición de aranceles. Ese breve encuentro se dio después de una reunión en la que presentamos los resultados de la estrategia mexicana y rechazamos de manera definitiva la negociación de un Acuerdo de Tercer País Seguro. El secretario Ebrard nos reseñó el contenido de esa conversación en la residencia de nuestra embajadora, estando el autor de este texto presente.
Los resultados de las negociaciones de ese periodo están a la vista. A pesar de la negativa por parte de México a la principal demanda estadunidense, no hubo una confrontación con EU ni tampoco una guerra comercial —hechos que hubieran tenido efectos muy negativos para ambos países. Además, planteamos entonces y ahora la necesidad de tener una robusta cooperación para el desarrollo de la región. En síntesis, hemos realizado un trabajo anclado en la transparencia, el diálogo y la defensa firme de los intereses de nuestro país.
Naturalmente, la voluntad de diálogo del gobierno de México es permanente. La relación con la administración del presidente Biden es indudablemente sólida. En ese sentido, acompaño estos días al canciller Ebrard a la capital de Estados Unidos. La visita de trabajo, donde conversaremos con los secretarios Antony Blinken y Alejandro Mayorkas, entre otros, busca enfatizar justamente la voluntad de diálogo de México en el marco de la Cumbre de las Américas, a celebrarse en junio en Los Ángeles, California. Además, revisaremos avances y próximos pasos en materia de cooperación para el desarrollo en las comunidades de origen de las personas migrantes, a fin de que migrar sea una opción y no una obligación —como ha señalado el presidente López Obrador. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 14)
Cual abogado de oficio u oficioso, el presidente López Obrador intercedió el viernes ante el presidente Joe Biden para que “todos los países y sus gobernantes” del continente americano fueran invitados a la Cumbre de las Américas que tendrá lugar el próximo mes de junio en Los Ángeles. Aunque no mencionó nombres, el presidente en realidad se refería a la negativa del gobierno de los Estados Unidos, anfitriones de esta cumbre, a invitar a los tres dictadores activos de Latinoamérica: Nicolás Maduro, de Venezuela; Miguel Díaz-Canel, de Cuba; y Daniel Ortega, de Nicaragua.
“Con todo respeto, le planteé al presidente Biden que, si va a haber una cumbre de las Américas, tienen que platicar todos los países y todos los pueblos de América… Que Nadie debe excluir a nadie (los periodistas le gritaban nombres de Maduro, Díaz-Canel u Ortega) Todos, todos, todos… que nadie debe excluir a nadie. Y que ya tiene que cambiar la política en América, ya no podemos seguir manteniendo la política de hace dos siglos. Porque ¿cómo es que convocamos a una Cumbre de las Américas, pero no invitamos a todos, entonces de dónde son los que no están invitados, de qué continente, galaxia o satélite?”, dijo ayer el mandatario.
La respuesta a los oficios de López Obrador en favor de los tres gobernantes autoritarios, llegó ayer mismo desde la Casa Blanca: Estados Unidos no invitará a Venezuela, Cuba y Nicaragua a la cumbre de Los Ángeles por considerarlos gobiernos antidemocráticos. Fue el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Bryan Nichols, quien ayer dejó en claro la posición de su gobierno, ante las peticiones que le hizo el presidente mexicano a Biden:
“Es un momento clave en nuestro hemisferio, un momento en el que estamos enfrentando retos a la democracia y los países de Cuba, Nicaragua y el régimen de (Nicolás) Maduro, no respetan la Carta Democrática de las Américas y por lo tanto no espero su presencia”, dijo Nichols en entrevista ayer con una televisora estadounidense. “El régimen cubano en el poder desde hace décadas, estuvo en la Cumbre de 2015 en Panamá, ¿ustedes lo van a invitar a esta Cumbre?”, preguntó el conductor. “No, es una decisión para el presidente (Biden) pero yo creo que el presidente ha sido bien claro en que las presidencias de los países que por sus actuaciones no respeten la democracia, no van a recibir invitaciones”, respondió contundente el funcionario de la Casa Blanca.
Quedó claro, pues, que las oficiosas peticiones del mandatario mexicano fueron desechadas por el presidente Biden, quien por cierto en aquella llamada telefónica del viernes pasado también le pidió y conminó a López Obrador a que “México se sume a las sanciones y represalias en contra de Rusia por la invasión a Ucrania” y apoye así al bloque de países que no sólo han condenado esta invasión de palabra –como de hecho lo hizo el gobierno mexicano– sino que también tome acciones para castigar al régimen invasor de Vladimir Putin. De eso nada dijo a los mexicanos el mandatario tabasqueño que sólo resaltó su abogamiento por la inclusión de todos los países americanos en la Cumbre.
El choque de visiones y posiciones sobre la política latinoamericana entre las administraciones de López Obrador y Biden no es nuevo y ya se había manifestado desde la recepción de Estado que el mandatario mexicano le ofreció al dictador cubano, Miguel Díaz-Canel, a quien tuvo como invitado de honor en las pasadas fiestas Patrias de 2021. Luego vino la Cumbre de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) a la que vino también como invitado a la Ciudad de México, Nicolás Maduro, y en el caso del dictador de Nicaragua, Daniel Ortega, el gobierno mexicano se ha negado a condenar los asesinatos, persecuciones y encarcelamientos de candidatos opositores, periodistas y líderes disidentes.
Y para que no quedaran dudas, el presidente anunció ayer mismo su visita de Estado de este fin de semana por Cuba, donde será recibido por el presidente Díaz-Canel; dijo que arribará a La Habana la tarde del viernes 6 de mayo procedente de Centroamérica, que comenzará con su visita a Guatemala el jueves 5 de mayo, luego a El Salvador, donde se reunirá con el presidente Nayib Bukele, y el viernes temprano llegará a Honduras para entrevistarse con la presidenta Xiomara Castro; de ahí viajará a Belice y de ahí al territorio cubano donde estará al fin de semana para regresar el domingo por la noche a México.
Aunque en la agenda oficial de la visita a Cuba solo está contemplada una reunión con el presidente Díaz-Canel, ayer en medios de La Habana y de México se comentaba la reciente reaparición del expresidente Raúl Castro, quien, tras una larga ausencia, se dejó ver en el Desfile del Día del Trabajo el domingo 1 de mayo en la capital cubana. ¿Será que a López Obrador también lo recibirá el único sobreviviente de los hermanos Castro?
En todo caso queda claro que, por alguna extraña razón, al presidente López Obrador se le da más fácil la confrontación de posiciones en las que no está de acuerdo con Joe Biden, a quien sí se atreve a responderle y a decirle cuando no coincide en sus planteamientos, mientras que con Donald Trump siempre se negó a contestarle ni con el pétalo de una declaración, menos un reclamo, cuando despachaba en la Casa Blanca y aun ahora que ya está fuera del poder y anda en campaña. ¿Por qué con Biden sí puede diferir y reclamar y no con Trump?
Lo más curioso es que en sus peticiones “con todo respeto” a Biden para que aceptara incluir a los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua en su Cumbre del mes próximo, López Obrador decía ayer que la política estadounidense hacia Latinoamérica debe cambiar para ser más incluyente y promover el diálogo entre todos. “Además, vamos a dialogar, vamos a entendernos, vamos a unirnos, vamos a hermanarnos, eso es lo que necesitamos, no la confrontación”, dijo el presidente mexicano. Y ¿entonces? Si lo tiene tan claro por qué no lo practica en casa, donde no dialoga ni con ambientalistas, ni con opositores, ni con feministas ni con madres de desaparecidos; mucho menos fomenta la unión y lejos de “hermanarnos” se empeña en dividir, confrontar y polarizar a los mexicanos entre sí. Con razón le dicen siempre al tabasqueño que es un buen candil de la calle. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 9)
Nuestros hijos y parientes que viven en EU, quienes cruzaron la frontera descalzos o jugándose la vida a nado en el Río Bravo con el peligro de ser secuestrados, engañados, asaltados o hasta asesinados por los terribles “polleros” o arrestados por la despreciable “migra”, hoy en día, para nuestra vergüenza, mantienen al país con el envío de sus remesas obtenidas después de años de esfuerzos…
Si huyeron de México en busca de una prosperidad imposible de encontrar en su propia patria, que no vuelvan al terruño, porque todo ha empeorado: las oportunidades se han perdido, las humildes familias ya no encuentran medicamentos ni les será fácil emplearse ni dar con una buena educación.
Que no vuelvan porque aquí podrían recibir, a saber por cuánto tiempo, ayudas insignificantes entregadas casi siempre en efectivo a cambio de votos, oportunidad que aprovechan los pagadores del gobierno para robarse la mitad de esos miserables fondos, mientras allá pueden ganar 6 o 7 veces más, aunque en condiciones de explotación inhumana al ser mojados y no contar con la nacionalidad yanqui, sí, pero allá no hay desaparecidos ni asesinan cada 15 minutos a un compatriota ni el narco los expulsa de sus terruños ni se obliga a sus hijos a formar pandillas defensoras de los intereses del hampa; por el contrario, existen escuelas públicas de mediana calidad, al igual que servicios de salud.
Que no vuelvan nuestros hijos que estudian en universidades norteamericanas, ilusionados con el “American Dream”, en tanto aquí, en México, no hay “Mexican Dream”, ni posibilidades de un nuevo “Milagro Mexicano” como cuando crecíamos al 7%. La Virgen de Guadalupe parece habernos abandonado… Nuestros hijos, una vez graduados, ganan en dólares, disfrutan de accesibles créditos personales, seguros de gastos médicos, seguridad pública propia de un Estado de Derecho, sin depender de los estados de ánimo del actual Presidente. Allá nuestros hijos colocan ladrillos encima de los otros y construyen un porvenir garantizado para ellos y su familia.
Que no vuelvan nuestros hijos dedicados a la investigación científica porque aquí, en México, ya no existe, de hecho, el Conacyt y no dispondrán de presupuesto ni para la compra de microscopios ni recursos para avanzar en temas como la robotización o el genoma humano, o el combate al cáncer o la reprogramación celular, entre otros objetivos más. No solo debe alarmar la enorme fuga de cerebros, sino la imposibilidad de repatriarlos para apoyar nuestro desarrollo científico. Que no vuelvan nuestros hijos que se ganan exitosamente la vida en Silicon Valley. Aquí, el gobierno está decidido a generar pobres, ignorantes y resignados, entes improductivos dependientes de la gracia del gobierno, tal y como acontece en la Cuba de nuestros días. (Francisco Martín Moreno, Reforma, Opinión, p. 8)
Washington rechazó la propuesta de incluir a todos los países del hemisferio en la Cumbre de las Américas que se realizará en junio próximo en Los Ángeles, California, realizada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que el mandatario estadunidense, Joe Biden, se comprometió a analizarla. Washington cumplió así su amenaza de exclusión: no invitará a la reunión a Cuba, Venezuela y Nicaragua debido a las diferencias políticas e ideológicas que mantiene con esos tres países.
La idea de dejar fuera a esas tres naciones, porque sus respectivos gobiernos no son del agrado del anfitrión, resulta grotesca y perniciosa para cualquier perspectiva de construcción de acuerdos regionales de cooperación y entendimiento, además de que sienta un tóxico precedente de polarización en las relaciones intracontinentales; en los encuentros futuros, los países que los hospeden podrían dejar fuera de ellos a gobernantes con los que sostienen conflictos económicos o fronterizos, divergencias comerciales o políticas, o simples animadversiones.
Por lo que hace a Cuba, es evidente que Estados Unidos tiene mucho de qué hablar con la nación isleña, empezando por asuntos migratorios y económicos que no podrán resolverse si persiste la actitud de Biden de proseguir el endurecimiento de las medidas hostiles a La Habana que fueron adoptadas durante la administración de su antecesor, Donald Trump. Y a falta de contactos bilaterales consistentes, la Cumbre de las Américas representa una ocasión perfecta para retomar el deshielo iniciado por Barack Obama, en cuyos periodos de gobierno Biden fungió como vicepresidente.
En lo que respecta a Caracas, la exclusión resultaría hipócrita, habida cuenta que a raíz de la guerra en Ucrania y de sus implicaciones en materia de abasto energético y petrolero, la Casa Blanca no ha tenido escrúpulos en procurar la reanudación del abasto de hidrocarburos venezolanos a Estados Unidos, lo que la obliga a dejar sin efecto algunas de las sanciones económicas impuestas de manera injusta a Venezuela.
En tales circunstancias, a todas luces resulta desafortunado que Biden haya decidido no escuchar la petición formulada por el mandatario mexicano de que la reunión de Los Ángeles sea verdaderamente continental, sin marginaciones ni exclusiones. El gobernante demócrata desaprovechó la oportunidad de dar una señal inequívoca de deslinde con respecto a su predecesor republicano, deslinde que sigue sin producirse en los ámbitos de la política hemisférica de Washington y en la injustificable cerrazón migratoria, terrenos en los que el actual huésped de a Casa Blanca se ha comportado como un mero continuador de los caprichos trumpistas. (Editorial, La Jornada, p. 4)
Pues nada, que nuestros vecinos del norte está espantados y trinando contra México por la que llaman la “oleada migratoria” que se les aproxima. Ahora resulta que es culpa nuestra que su país sea invadido por migrantes mexicanos, centroamericanos y de otros confines del planeta. El fenómeno migratorio es una problemática compartida como añeja.
Ya es momento de que los países implicados hagan algo para dar solución al problema. Por supuesto, me refiero a Estados Unidos, México y todos los países centroamericanos, pues, al final, es un asunto que los afecta a todos en mayor o menor medida.
“EU advierte de oleada migratoria sin precedentes en frontera con México. Alejandro Mayorkas reconoció que EU se prepara para recibir una oleada de inmigrantes y enfrentar una ‘presión extraordinaria’ en la frontera con México. El secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, reconoció este domingo que el país se prepara para recibir una oleada de inmigrantes y enfrentar una ‘presión extraordinaria’ en la frontera con México una vez que se eliminen las restricciones de entrada relacionadas con la pandemia de covid-19. Entrevistado por la cadena televisiva ABC, el secretario Mayorkas admitió la amplitud del problema y repitió el contundente mensaje de ‘no vengas’ a cualquier posible migrante que esté pensando en cruzar la frontera ilegalmente” (Excélsior, 2/V/22).
Lo cierto es que estamos hablando de personas, no son sólo cifras frías que provocan aversión, racismo y miedo a los gringos. Hablamos de gente que está sufriendo violencia, hambre e inseguridad. Es momento de ser más empáticos con quienes cruzan nuestro país en busca de una mejor vida.
Por supuesto que ninguno de esos migrantes lo hace por gusto, todos y cada uno de ellos tienen una historia de sufrimiento, de necesidad. Insisto, creo que ya va siendo hora de que se trabaje en planes conjuntos a nivel internacional para evitar el sufrimiento migrante. (Edgar López G. Excélsior, Yo lector, p. 9)