Reunión de altura. Marcelo Ebrard, canciller mexicano, se reunió con Antony Blinken, secretario de Estado de EU, para abordar temas de la agenda común. Este diálogo de alto nivel le viene bien a los dos países, sobre todo porque es una antesala de lo que será el encuentro del lunes entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y Kamala Harris, vicepresidenta de EU. En su cuenta de Twitter, Ebrard compartió una foto y señaló: “Conversación con Antony Blinken, secretario de Estado de EU, en Costa Rica. Entre los temas: migración, acción climática, cooperación frente a covid-19, recuperación económica y esfuerzos para apoyar a Centroamérica. Avanzamos hacia una visión común”. Y tiene razón. Vamos adelante. (Excélsior, Nacional, p. 17)
Temas prioritarios
Está ya a la vuelta de la esquina —es el próximo martes— la visita que realizará la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, a México, sobre la que diversos expertos coinciden en señalar que tendrá como tema central el de la migración, aunque pudiera no ser el único o tener otros concatenados.
Ayer el canciller Marcelo Ebrard y el secretario de Estado de EU, Antony Blinken, tuvieron en Costa Rica una reunión preparatoria para el encuentro Harris-López Obrador, en la que, de la parte mexicana se informó que los temas tratados fueron: migración, cooperación contra la pandemia y seguridad; mientras que del lado estadounidense el orden fue seguridad y migración. Nos hacen ver que el tema de la pandemia no es otro que el planteamiento que ha venido haciendo México, para poder tener un creciente acceso a vacunas “a fin de avanzar en una distribución más justa y equitativa” de los biológicos a nivel regional. (La Razón, La Dos, p. 2)
Control de plagas
El presidente López Obrador puso en aprietos a los diplomáticos de EU encargados de redactar las tarjetas informativas que envían a sus jefes en el Departamento de Estado.
Cómo traducir y qué significa aquellos de que la “Embajada de Estados Unidos reparte maíz con gorgojo” entre intelectuales mexicanos opuestos al régimen de la 4T.
El gorgojo es un insecto plaga que afecta los cultivos de maíz. Los de la embajada, desconcertados, dijeron que ellos no reparten maíz ni ningún otro grano.
Después de revisar todos los tipos del maligno gorgojo se rindieron. Le enviaron a Antony Blinken una tarjeta con la sugerencia de que a la comitiva de la vicepresidenta Kamala Harris, que llega el martes a México, se sume un experto en control de plagas. (La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)
Parece que Marcelo Ebrard se quedó sin alma desde la noche de la Línea 12. En sus apariciones públicas parece un fantasma de aquel “todas-mías” que operaba y resolvía cuanta bronca brincaba en el gobierno del presidente López Obrador.
La foto de ayer al lado de Antony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, buscaba contrarrestar las versiones de que los dos no se llevan bien. En la imagen, no podían lucir más tiesos: desde esa noche del 3 de mayo, Ebrard no parece cómodo ni consigo mismo.
Al día siguiente de las elecciones, llega a México la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris. Aterriza ya muy noche. Su agenda política será el martes. La visita ha desatado toda suerte de especulaciones.
Por un lado, un amplio sector —no sé si más como fruto del deseo que del análisis— piensa que la vicepresidenta viene a leerle la cartilla a López Obrador. A hablarle sobre las preocupaciones estadounidenses por sus desplantes autoritarios, por sus ataques a la democracia, a advertirle que la potencia no tolerará esos arranques al sur de su frontera.
No creo que nada de eso vaya a suceder. Imagino más bien una visita protocolaria en la que, sin duda, el asunto migratorio será el eje central. Si en algo se pone ruda la vicepresidenta (que dicen que sabe cómo ponerse ruda), será en esa negociación. Esa es su tarea, esa es su preocupación y por eso tiene que rendir cuentas ante su electorado y ante su jefe, el presidente Joe Biden.
Por ello, tampoco coincido con quienes —del lado del presidente AMLO— piensan que la visita es un espaldarazo al obradorato, una suerte de ¡mentís! a todo aquel que cuestiona el derrotero del sexenio y los disparates de Palacio.
Claro que hay preocupaciones en Estados Unidos. Y los arranques antidemocráticos son una de ellas. Pero también el tema de los agentes de inteligencia en territorio mexicano, los temas de seguridad y terrorismo, la política de brazos caídos ante el crimen organizado, la política energética, la política laboral, el TMEC, y el medio ambiente.
Pero también México no es una prioridad para la administración Biden. Con el Covid, la oposición republicana, los pendientes ante el racismo, más China, Rusia, Irán, Israel-Palestina… ni siquiera creo que México esté en el Top-10 de sus tareas.
Por eso, y porque la administración Biden ha demostrado que juega con el librito tradicional, no me imagino escándalo en la visita.
Pero por la fecha, ¡y qué fecha!, cada gesto de la vicepresidenta desatará toda suerte de especulaciones.
SACIAMORBOS
En varios sectores de las Fuerzas Armadas se piensa que lo del general Cienfuegos fue una petición del presidente de México al entonces presidente de Estados Unidos de un doble favor. El primero fue detenerlo, y por eso su reacción virulenta del día siguiente a la aprehensión, hablando de la corrupción del pasado. El segundo favor fue soltarlo, y por eso dos días después del arresto cambió totalmente el tono de sus declaraciones, porque el Ejército, empezando por su propio secretario de la Defensa, arropó al general. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 2)
Joe Biden suspendió el oprobioso programa Permanecer en México (PM) que Marcelo Ebrard negoció en contra de nuestra política humanitaria de asilo.
¡Qué ironía! El decoro nacional ha sido restituido por un presidente extranjero. En cambio, el Senado mexicano, encargado de supervisar la política exterior, avaló el programa Permanecer en México y su acuerdo secreto para frenar la migración por la fuerza, que en un principio ocultó la SRE, y solo después de que Trump lo divulgó, lo entregó a los senadores.
El programa Permanecer en México tiene un origen espurio pues fue acordado en principio por Ebrard, cuando todavía no asumía el cargo de secretario de Relaciones Exteriores, y con la ayuda de un ciudadano privado que no era diplomático.
El 15 de noviembre de 2018 en Houston, Permanecer en México fue acordado por Ebrard en secreto, quince días antes de asumir el puesto, con Mike Pompeo y con Kirstjen Nielsen, secretarios de Estado y de Seguridad Nacional del gobierno de Trump.
Pompeo no daba crédito por su victoria y satisfecho le confió a un funcionario mexicano sobre sus conversaciones con Ebrard: It´s too good to be true (es demasiado bueno para ser verdad).
Antes, Pompeo se había reunido con Luis Videgaray para negociar un Acuerdo de Tercer País Seguro (ATPS) por el cual México se obligaba a otorgar asilo a los centroamericanos, devueltos por Estados Unidos, pero Videgaray prefirió abstenerse, no porque desechara la propuesta, sino porque argumentó que la entrada en vigor del acuerdo recaería en el gobierno entrante, al cual no quería comprometerlo.
Pero de todos modos Pompeo y Nielsen lograron su objetivo de comprometer al gobierno de López Obrador, ya no para dar asilo en México, sino para recibir a los solicitantes de asilo mientras corren los trámites, diferencia esencial entre el ATPS, un tratado bilateral, y el programa Permanecer en México, una norma interna estadunidense con efectos en nuestro país que solo con la cooperación mexicana podría implementarse.
Ebrard practicó una cuestionable diplomacia personal. A la reunión en Houston únicamente se hizo acompañar por su amigo, Javier López Casarín, un oscuro empresario que, sin ningún cargo oficial, carente de plenos poderes, conocido como JLo (así lo llamaban en el equipo de Nielsen, con el mismo apodo de la cantante Jennifer López), desarrolló negociaciones privadas con funcionarios estadunidenses.
La crónica fiel de los hechos fue expuesta en el libro Border wars, inside Trump’s assault on immigration por los corresponsales en Washington de The New York Times, Julie Hirschfeld y Michael D. Shear: “Siguieron semanas de diplomacia clandestina entre Miles Taylor, asesor de Nielsen, y Javier López Casarín, la mano derecha de Ebrard, para afinar los términos del acuerdo. Se reunieron en la Ciudad de México y en Washington en habitaciones de hotel, restaurantes y bares para afinar el programa”.
Según el libro, Ebrard condicionó el apoyo de nuestro país al programa “Permanecer en México” siempre y cuando el gobierno de Trump financiara con diez mil millones de dólares el desarrollo de México y de Centroamérica. Pero nunca hubo tal financiamiento más que en los optimistas comunicados de la SRE.
El resultado de las negociaciones de Ebrard: Trump no nos dio ni un dólar y en cambio sí le hicimos la tarea sucia de controlar con la fuerza militar la migración centroamericana. (Agustín Gutiérrez Canet, Mileno Diario, Política, p. 15)
Los hechos aparentemente disímbolos, el primer centenario de la masacre de Greenwood, donde murieron unos 300 negros a manos de una turba blanca, y la reunión del secretario de Estado Antony Blinken con los ministros de Relaciones Exteriores de Centroamérica y México para abordar temas migratorios, están ligados por uno de los temas más complicados en la sociedad estadounidense: la raza.
En un país donde la cuestión racial nunca está del todo lejos de las preocupaciones y se presenta como un factor permanente en la política, la relación entre la mayoría blanca y las minorías raciales –en especial afroestadounidenses, latinos y asiáticos– aparece como parte de estrategias electorales.
De acuerdo con un análisis del portal político Axios, la estrategia republicana para las elecciones de 2022 y más allá, “virtualmente aseguran que prácticamente la raza, y el racismo, serán fundamentales en el debate político durante los próximos años”.
Según el análisis, basado en una encuesta, el expresidente Donald Trump aprovechó debates alrededor de la cuestión racial para su beneficio propio, pero con o sin él, los republicanos parecen más inclinados a usarla como argumento electoral, sea porque lo ven como necesidad política o un alegato “ganador”, por su relación con las leyes de votación, la teoría de la raza crítica, criminalidad en las grandes ciudades, inmigración y corrección política.
En términos generales y un tanto simplistas, los temas raciales oponen a un Partido Republicano mayormente blanco contra un Partido Demócrata que se presenta como campeón de la diversidad racial y, no sorpresivamente, de la migración.
Que durante su campaña electoral de 2016 Trump haya usado con cierto éxito la cuestión migratoria como un argumento para consolidar su posición y se haya aliado, de hecho, con grupos considerados como racistas para fortalecer la coalición política republicana durante su régimen, dio fuerza a la percepción de unos y otros.
El choque se presenta en muchos frentes. Lo mismo en los debates sobre la relación entre la Policía y las minorías que en lo que respecta a oportunidad económica o igualdad ante la ley. Y por supuesto, en torno a la migración: el encuentro del martes en San José de Costa Rica buscaba formalmente encontrar fórmulas que permitan regular o reducir los flujos migratorios, en vez de sólo contenerlos por la fuerza.
Estados Unidos ha adelantado un largo camino desde aquel 31 de mayo de 1921 en Greenwood, un suburbio de Tulsa (Oklahoma) conocido como el Wall Street negro por una prosperidad demolida por la intolerancia blanca.
Igualmente, las actitudes han cambiado mucho respecto a los latinos y la deportación masiva de méxico-estadounidenses y mexicanos en los años 30, con todo y los llamados por la construcción de muros fronterizos. Pero en el fondo, las percepciones sobre raza y migración persisten, favorecidas por conveniencias políticas. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 23)
RETALES
AUSENCIA. Cuando le preguntaron al Presidente sobre la degradación aérea a su gobierno dictada por la FAA, dijo que no había problema, porque las aerolíneas mexicanas hacen vuelos nacionales. Ayer, la IATA dio a conocer que esa baja le quitará a México 5 mil 76 millones de pesos, equivalente a 25 por ciento del gasto 2021 del aeropuerto Felipe Ángeles; 94 por ciento de esa pérdida es por venta de boletos y el resto por turbosina. Que le informen bien. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
De esto y de aquello…
En su mañanera de ayer y de nueva cuenta, el Presidente López Obrador arremetió contra la embajada de Estados Unidos en México, a la que acusó de financiar a las organizaciones civiles de nuestro país, a las que califica de opositoras a su Gobierno, y de “maicear” a periodistas e intelectuales sometidos o subordinados, que supuestamente acuden a la sede diplomática a recibir “maíz con gorgojo”.
Así volvió a reprochar al gobierno del presidente Joe Biden que no haya respondido la nota diplomática que le envió para “exigirle” que la estadounidense Agencia para el Desarrollo —USAID, por sus siglas en inglés— deje de financiar a Mexicanos Contra la Corrupción y a otras organizaciones a las que considera enemigas de su Gobierno.
Sorpresivo primer encuentro del secretario de Estado del gobierno estadounidense, Antony Blinken, y el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, ayer, en la capital de Costa Rica, en el marco de la reunión de titulares de Relaciones Exteriores de países miembros del Sistema de Integración Centroamericana, para analizar el espinoso tema migratorio en la región.
Ambos aprovecharon para tratar asuntos de la relación bilateral México-EU, previo a la visita que la vicepresidenta del vecino país del norte, Kamala Harris, hará la próxima semana, de paso a las que hará a Guatemala y Honduras, en donde desde éste emprenden las caravanas de migrantes. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)
Un día después de la elección llegará por primera vez a México la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, para reunirse, al día siguiente, con el presidente López Obrador.
Los temas oficiales son migración y desarrollo económico.
Prólogo de ese importante encuentro ha sido la obsesión de López Obrador de que se suspendan los fondos de USAID a la organización México contra la Corrupción y la Impunidad, a la que pertenece Claudio X. González.
Harris llegará a la CDMX un mes después de que la Cancillería mexicana enviara una nota diplomática en la que pide a Washington deje de financiar a “grupos opositores” en el país.
Pero dejaron al gobierno mexicano como la última carta a Eufemia: sin contestación.
El silencio de Estados Unidos no le ha parecido al señor Presidente. Dijo ayer en la mañanera:
“Estamos viendo que van a cobrar los de la llamada sociedad civil a la embajada de Estados Unidos, o sea, que la embajada de Estados Unidos reparte maíz con gorgojo”.
La molestia es patente. No tiene vitacilina. La pregunta es ¿se atreverá a planteárselo en corto a Harris? Ya dijo en una mañanera que ése no será tema de discusión con visitantes. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Si la administración Trump, según ha declarado el exembajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, tenía como objetivo central y prioritario en la relación con México el tema migratorio, y mientras se cumpliera con esos compromisos el resto de los temas de la agenda bilateral no estaban en la preocupación de la Casa Blanca, con la llegada de Joe Biden todo ese escenario se ha modificado.
Durante la administración Trump el relajamiento de los sistemas de control y mando desde la cima del propio gobierno federal, los constantes cambios en el departamento de la Defensa, de Estado, en el Homeland Security, en la propia jefatura de la oficina de la Casa Blanca, permitieron que muchas de las estrategias políticas se difuminaran sin tener responsables específicos y permitiendo a muchas áreas seguir sus propias agendas.
En otro contexto, los intentos que se realizaron desde el Departamento de Justicia de realizar una suerte de maxiproceso contra México a partir del juicio del Chapo Guzmán, difícilmente hubieran prosperado, incluyendo capítulos como la detención de Genaro García Luna (a un año y medio de su detención, sus fiscales no están aún en condiciones de iniciar un juicio) y mucho menos la del general Salvador Cienfuegos.
De inicio, la administración Biden advirtió que sería diferente. La agenda con la que llegó el nuevo mandatario a la Casa Blanca incluye muchos temas neurálgicos y controvertidos en la relación con México, que ahora abordará en la visita que comenzará el lunes, en pleno proceso poselectoral, la vicepresidenta Kamala Harris, a quien Biden ha hecho responsable de todo lo relacionado con México y Centroamérica, con énfasis en el tema migratorio, pero con una agenda mucho más amplia.
Ayer, funcionarios del equipo de la poderosa vicepresidenta (encargada de muchas políticas ejecutivas por el propio Biden, la más reciente esta misma semana, la de garantizar el derecho al voto de todos los estadunidenses, ante los intentos conservadores de restringirlo directa e indirectamente) hablaron de la agenda que abordará en México y Guatemala y, obviamente, el principal es migración, pero también quiere hablar de la agenda climática, de seguridad, de seguridad alimentaria, de derechos de las mujeres y del covid.
Existen otros temas que son centrales en la relación, como las políticas energéticas, relacionadas con el clima (un capítulo prioritario para Biden y Harris), donde las diferencias con México son manifiestas.
Nadie se equivocaría si decimos que ésta es una visita estratégica para el futuro de la relación bilateral, no sólo por los temas a tratar, sino porque todos ellos son parte, también, de la agenda interna de la Unión Americana. La migración afecta coyuntural y directamente a la administración Biden, es prioritario frenar los flujos migratorios y, al mismo tiempo, dignificar el tratamiento a los migrantes.
Que se haya acabado con el capítulo más vergonzoso, que como país habíamos aceptado sin protestar, como era el programa Quédate en México, mediante el cual quienes solicitaban el ingreso a la Unión Americana, sea como asilados o migrantes, debían permanecer en México hasta que algún día se les otorgara ese permiso, es una muy buena señal.
En los hechos, funcionábamos, aunque ello nunca se reconoció explícitamente, como tercer país seguro, con afectaciones, ahí sí, a la soberanía, a los derechos humanos, pero también con graves desafíos a la seguridad y la salud públicas. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)
Kamala Harris pisará territorio nacional al día siguiente de la elección en México. Para ese entonces tendremos números que avalen el futuro del Congreso. ¿Morena tendrá mayoría? ¿Al Presidente le habrán concedido los electores tres años más de gracia y libertad legislativa?
Vaya momento para este primer encuentro presencial entre ambos. Estados Unidos ha sido sumamente cauteloso en el tono de su relación con nuestro país. No cobra factura por la cercanía de Andrés Manuel López Obrador con Donald Trump, pero tampoco se desvive por alimentar la fraternidad, que parece haberse estancado.
El gobierno de EU ha decidido tratar a México, no con recelo, pero sí con la distancia suficiente que permite intuir una lectura adelantada de lo que podrían ser los próximos meses. No han sido buenos días ni para México ni para el Presidente fuera de nuestras fronteras.
Primero fue The Economist: “López Obrador divide a los mexicanos en dos grupos: ‘el pueblo’, con lo que se refiere a quienes lo apoyan, y ‘la élite’, a la que denuncia, a menudo por su nombre, como delincuentes y traidores a los que culpa de todos los problemas de México…”, en la edición donde lo señaló en su portada como un falso mesías. Hace un par de días fue el periódico francés Le Monde: “Nunca un presidente mexicano ha desacreditado tanto a las autoridades electorales.
El enfrentamiento entablado por Andrés Manuel López Obrador electrifica la campaña de elecciones legislativas y locales programadas para el 6 de junio…”. Y el último, apenas ayer, el diario alemán Die Welt: “López Obrador es un maestro de la pintura en blanco y negro, del afilado sí o no, del enfrentamiento implacable. Le gusta afirmar que México en realidad no está avanzando a través de procesos electorales democráticos, sino sólo a través de la movilización social permanente…”.
A la publicación británica le respondió. Nada nuevo, la califica de neoliberal, a las otras dos las pasó de largo, aunque seguro llegará la embestida desde Palacio Nacional.
López Obrador no ha encontrado el tono (ni la agenda) que logre comunicar que él entiende debidamente lo que Estados Unidos es y representa para nuestro país: nuestro principal socio comercial y también (aunque no le guste al Presidente) todavía la primera potencia del planeta.
Y como tal, por un lado pide auxilio para el acceso a las vacunas o para financiar programas que ayuden a contener la migración centroamericana a nuestro país, pero después le escuchamos señalamientos contra el gobierno de EU y organizaciones mexicanas que él considera “opositoras”, que más bien son de la sociedad civil (y que mucho han trabajado para alimentar la democracia mexicana, sin la que hubiera sido imposible el triunfo de Morena en 2018, por decir algo).
Y ayer, cinco días antes de la llegada de la vicepresidenta Harris, el Presidente mexicano creyó que era oportuno decir esto: “eran pocos medios los que informaban, y algunos en los estados. Era un periodismo totalmente sometido, los intelectuales ‘bien maiceados’, todos, esto que estamos viendo que van a cobrar los de la llamada sociedad civil a la embajada de Estados Unidos, o sea que la embajada de Estados Unidos reparte maíz con gorgojo…”. ¡Ay, Presidente!
La degradación aérea a nuestro país, la visita del subdirector de la CIA, la degradación de la calificación de la refinería que México recién le compró a los texanos, el mensaje de ayer del secretario de Estado Antony Blinken y las posibilidades varias a lo que suceda tras la elección… todo previo a la que será una de las visitas de más alto nivel que encabece López Obrador.
Curiosas ¿coincidencias?. (Y por supuesto que el que tiene que salir como malabarista a intentar que todos los equilibrios —internos y externos— prevalezcan es el canciller Marcelo Ebrard, quien sin duda entiende como pocos en la 4T todas las señales que se han mandado en las últimas semanas). (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 18)
La vicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, recibió una granada de manos de su jefe, Joe Biden… tú serás la encargada de coordinar todos los esfuerzos para alcanzar una solución para el grave problema migratoria que vivimos, ¿entendido…? Sí señor presidente, fue la respuesta de la mujer más poderosa del país, comenzó a trabajar, estudiar, cuestionar y a reunir a los especialistas del tema y como respuesta, el pasado 27 de mayo, convocó a un primer evento en la Casa Blanca, un “Llamado a la Acción“ para que las empresas y las de participación social, asuman compromisos nuevos e importantes para ayudar a enviar una señal de esperanza” a los países de Centroamérica.
El evento fue el resultado de la cooperación entre la Casa Presidencial y la Alianza por Centroamérica (“Partnership for Central America”), que consiguió conforme a lo planeado, ayudar al desarrollo económico y social de los países del Triángulo Norte: El Salvador, Guatemala y Honduras…“creo que las empresas, en particular nuestro sector empresarial privado tienen un papel muy importante que desempeñar en la creación de empleos, la promoción de oportunidades económicas y el desarrollo a largo plazo”, enfatizó la Vicepresidenta Harris en su cuenta de Twitter.
La Alianza por Centroamérica reunió bajo un mismo interés a líderes del mundo empresarial como: Mastercard, Microsoft, Organizaciones sin fines de lucro como Pro Mujer, World Economic Forum o el World Economic Forum (WHO, World Economic Forum), el mundo de la academia específicamente la Escuela T.H. Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard.
En total han sido hasta el momento 12 empresas y organizaciones las que anunciaron ya su compromiso con los objetivos del grupo como parte del lanzamiento del llamado a la Acción.
Además de estas empresas se han sumado ya: Nespresso, Chobani, Acción, Bancolombia, Davivienda, Duolingo y Tent Partnership for Refugees.
Kamala Harris les habló sobre su participación… “tienen un papel muy significativo en la creación de empleos, en promover oportunidades económicas y en generar desarrollo a largo plazo”.
Evidentemente, hay mucho por hacer. La situación social en; El Salvador, Guatemala y Honduras es grave, la violencia parece incontrolable, hace penosa la vida de la población y aumenta la de por sí imperante pobreza.
Uno de los participantes en esta reunión, Jonathan Fantini Porter, cofundador de la Asociación dijo… “las familias en estos tres países confrontan los niveles más altos de violencia, desigualdad económica y cambio climático”. Con iniciativas económicas que establezcan oportunidades tendremos un impacto significativo en la vida de muchos en la región”, ahí esta la ruta y por ahí es donde debemos transitar agregó.
Y bueno, todo esto cobra gran importancia a unos días de que la vicepresidenta, Kamala Harris, visite México. (Alma Núñez Beal, Diario Contra Réplica, On line)
Parecía que el vecino del norte había entendido la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador acerca de ir a las causas del fenómeno migratorio para convertirlo en una opción y no en una necesidad. Estrategia que supone apoyar a los países expulsores para que transformen las condiciones de dependencia económica y subdesarrollo que generan pobreza, corrupción y mina la posibilidad de desarrollar a cabalidad la democracia, con políticas de inclusión y de bienestar para las poblaciones.
Es decir, no hay duda que los estados tienen la obligación y la responsabilidad de propiciar las condiciones para el bienestar de las personas generando educación masiva y gratuita, salud universal y salarios dignos, en primera instancia. Los países bajo condiciones de dependencia, subordinación y asimetría económica, no requieren lo que Washington está proponiendo, ni para México ni para Centroamérica.
El reporte del corresponsal de La Jornada David Brooks el 29 de mayo, simplemente pone los pelos de punta acerca de cómo Joe Biden está decidiendo aplicar su propuesta de gasto del Departamento de Estado.
Estados Unidos manifiesta claramente que quiere reafirmar el liderazgo estadunidense en la promoción de la democracia para contrarrestar el creciente autoritarismo, pero, si algo se ha demostrado en los últimos años, y no digamos a partir del 6 de enero con la toma del Capitolio en Washington es que, la democracia en ese país está rota, como muchos autores han señalado.
La verdad es que la potencia está en peligro de perder la hegemonía, y para detener ese camino que, sin embargo, parece inevitable, su idea es utilizar la región para recuperarla. En ningún momento se plantea qué hacer dentro de Estados Unidos, dónde aplicar los fondos para detener la terrible crisis del aumento de adictos y del crimen organizado. No, lo que pretende es aplicar los fondos para que México y otras partes del hemisferio occidental los administren y apliquen a diversos programas que incluyen los destinados al combate al narcotráfico, capacitación militar, iniciativas de seguridad incluyendo la migración, y, lo increíble: enfrentar amenazas de fuerzas malignas.
En realidad lo que quiere Estados Unidos es apoyar la industria militar, a la industria de la guerra, a la industria de las armas, generando programas de educación y capacitación militar internacional dedicado a fortalecer las alianzas militares y coaliciones internacionales para los objetivos estadunidenses de seguridad nacional y estabilidad regional.
La propuesta de ir a las causas del fenómeno migratorio, sin duda es el camino correcto, pero no a través de militarizar a la región, de imponer valores y cultura, combatir el narcotráfico en nuestras regiones, incluyendo el combate a las drogas sintéticas fabricadas en México, pero ni una palabra de primero hacerlo en el territorio estadunidense, aplicando una política de salud pública para los adictos y así disminuir la perversa demanda de drogas que tiene a la región sumida en el infierno.
Lo que pretende Joe Biden es “América para los americanos, es decir, para los estadunidenses”, dominar la región para enfrentar la competencia directa de lo que considera son naciones que no comparten nuestros valores de libertad, democracia y respeto de los derechos humanos y ejerciendo todo su poder económico y militar para evitar que algún país se le ocurra desviarse como nación de los valores de Estados Unidos, y así enfrentar lo que considera la influencia maligna de China y Rusia.
Nuestras regiones lo que requieren es, entre otras cosas, comercio justo como herramienta de cooperación, cambiar las injustas reglas del comercio internacional que consolidan la pobreza y la desigualdad mundial, para que todas las zonas desfavorecidas de Asia, América Latina o África puedan producir bajo los criterios del comercio justo y no para satisfacer a los adictos de Estados Unidos. (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 16)
Apertura, desregulación y privatizaciones
En las últimas décadas, la mayoría de las economías latinoamericanas se habían reorganizado siguiendo la receta de la apertura, la desregulación y las privatizaciones. Y una de las consecuencias mas notorias fue el achicamiento del Estado y el traspaso de muchas de sus funciones, especialmente en materia de educación, salud y previsión, al sector privado.
La llegada de gobiernos de corte social demócrata o izquierdistas morigeró a ratos ese proceso, mediante una redistribución via presupuesto. Pero ello descansó en gran medida en el incremento de los recursos fiscales que proveyó el boom de las materias primas a comienzos de siglo. Hacia mediados de la segunda década las economías comenzaron a enfriarse y la crispación volvió a emerger.
En 2019 Ecuador, Chile, Colombia y Bolivia vivieron convulsos estallidos sociales. Regiones del interior de Perú se resistían a diversos proyectos extractivistas avalados por los gobernantes limeños y crecía la indignaba con la corrupción de sus elites. Los argentinos vivieron ese año un derrumbe económico, con una gran inflación y una peor devaluación, lo cual terminó con una deuda impagable con el FMI. Las elecciones sirvieron de válvula de escape y así emergió el gobierno de Alberto Fernández.
Brasil y México vivían los primeros momentos de Bolsonaro y AMLO, cada uno en su estilo canalizando la protesta social acumulada. Venezuela prosiguió en crisis y expulsando migrantes que empezaron a saturar la capacidad de los países vecinos. Y en Centro América, entre la eterna crisis y la amenaza de las maras, surgieron las caravanas de migrantes rumbo al Norte.
Ante semejante escenario, como siempre, el republicano Uruguay y la democrática Costa Rica se mantenían como los únicos bastiones de estabilidad en la región. (Gabriel Gaspar, El Universal, Opinión, On line)
El flujo migratorio ha crecido en los primeros días del año y con ello los republicanos se encontraron con un motivo para desacreditar a la Casa Blanca y mandar el mensaje de que con Donald Trump las cosas eran mejor.
Por primera vez en su gestión López Obrador tendrá que negociar con una mujer de poder.
Los temas crecieron y se diversificaron. A la preocupación por el problema migratorio, el gobierno de Joe Biden agregó el tráfico de fentanilo, las quejas de los empresarios del sector energético y las presiones del mayor sindicato de los Estados Unidos. Por eso, la visita de la vicepresidenta Kamala Harris deja entrever que no será un paseo, que las conversaciones serán complejas.
Y no, el subdirector de la CIA no estuvo en México para coordinar la agenda de la vicepresidenta, la CIA juega en otras ligas, por normatividad las funciones del personal de la agencia son independientes de la administración; en todo caso el secretario de Estado Antony Blinken, ya le dio algunos adelantos al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, en los encuentros que tuvieron esta semana en Costa Rica.
El flujo migratorio ha crecido en los primeros días del año y con ello los republicanos se encontraron con un motivo para desacreditar a la Casa Blanca y mandar el mensaje de que con Donald Trump las cosas eran mejor, legisladores se dieron cita en la frontera, exhibieron las condiciones en los centros de detención y agrandaron un problema, que sí lo es, pero que supieron magnificar.
Biden había depositado su confianza en la exembajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson, pero rápido se la retiró para entregarle la responsabilidad a la Vicepresidenta, justamente la misma receta de Barack Obama, que le encargó el trato con la región en sus años en la vicepresidencia.
El trasiego de drogas se ha complicado por las consecuencias que está teniendo el consumo de opiáceos que cobra miles de víctimas en Estados Unidos y como el fentanilo, es la base para la producción de metanfetaminas y los cárteles mexicanos han fortalecido la ruta Asia-México-Estados Unidos.
Luego vienen las quejas que han turnado a diferentes dependencias las organizaciones de las energías limpias que se están viendo perjudicadas con los cambios que promueve el gobierno de López Obrador a la energía eléctrica y los hidrocarburos y que contravienen lo convenido en el nuevo Tratado de Libre Comercio.
Hay que añadir la reciente queja de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFI-CIO, por sus siglas en inglés) por los despidos y abusos contra trabajadores de la empresa estadounidense Tridonex, con sede en Matamoros. Hay que subrayar que los sindicatos laborales están muy ligados con los demócratas, de hecho, su apoyo fue vital en la recta final de las negociaciones del acuerdo comercial.
Así las cosas, la visita de la vicepresidenta Harris no será un día de campo y lo debería saber el gobierno de México, resulta que tras de que los presidentes de Guatemala y México se reunieron virtualmente con ella, se produjo una visita de emergencia del mandatario guatemalteco en la que seguramente hablaron de los temas que vinculan a los tres países.
Será la primera gira internacional de Kamala Harris, quien siendo una política de buenos oficios, no se caracteriza por la suavidad cuando tiene que afrontar asuntos espinosos, así lo saben quienes trataron con ella como fiscal de San Francisco y del estado de California y en el Senado de los Estados Unidos. Es más, el propio presidente Biden vivió en carne propia el estilo Harris durante la contienda demócrata, una de las razones por las que la eligió como compañera de fórmula.
¿López Obrador está preparado para negociar con Kamala? (Juan María Naveja, El Economista, El Foro, p.55)
La relación privilegiada que por 32 años ha tenido México con Estados Unidos se estropeó.
El gobierno mexicano optó por estrechar lazos con Moscú, que es su socio comercial número 35, en detrimento de la relación con el número uno, su vecino y aliado.
Tal cambio provocó que Estados Unidos “empaquete” a México en Centroamérica, y no como un integrante del bloque de América del Norte.
El deterioro ocurre cuando la administración de este país presentó el mayor presupuesto de la historia para dar trato seguro y humano a los migrantes detenidos.
No pidió un dólar para construir más muro.
Solicitó la legalización de 11 millones de indocumentados –mexicanos, en su inmensa mayoría– que viven en Estados Unidos.
Garantizó la ciudadanía a los dreamers que Trump buscaba deportar.
Con los apoyos –sin distingos– que el presidente Biden entrega a las personas para hacer frente a la crisis, las familias mexicanas han recibido remesas como nunca antes: 14 mil 663 millones de dólares en cuatro meses.
Este año, las remesas que envían los paisanos en Estados Unidos podrían duplicar el monto total de la inversión extranjera directa en México.
¿Por qué se avinagra una relación que tiene los mejores vientos para navegar sin sobresaltos, en beneficio de los dos países?
Lo fundamental no es la apuesta que hizo el gobierno mexicano en favor de Donald Trump en las pasadas elecciones (usted y yo “conseguimos poner a nuestros votantes y ciudadanos al centro y desplazar al establishment o régimen dominante”, le dijo el Presidente de México a Trump).
El punto crítico está en lo que ha ocurrido después del triunfo de Biden (un hombre 100 por ciento del establishment, por cierto).
Ven al gobierno de México tan lejos de Washington y tan cerca de Moscú, que les preocupa.
Y envían señales de que México ha dejado de ser una oportunidad de inversiones y alianzas en estrategias compartidas, para convertirse en un problema para Estados Unidos.
Marcelo Ebrard, que no se manda solo, no ha pisado este país desde que asumió Biden, y en ese periodo ya estuvo en Pekín y en Moscú.
La visita a Rusia no fue relámpago, como hacen los cancilleres: estuvo desde el 25 al 29 de abril. El comunicado de la SRE informó que con el viaje “se alcanzó el objetivo se promover la cooperación bilateral y de trazar líneas prioritarias de acción de corto y largo plazo”.
¿Qué “línea de acción de largo plazo” se estableció con Rusia? Ni idea.
De corto plazo, se dijo que la vacuna Sputnik V se envasaría en México a partir de mayo. Estamos en junio y nada.
Muy contento quedó Ebrard de su viaje a Moscú y decidió despedirse, a través de redes sociales, con un mensaje escrito en ruso que remata con “espero volver pronto”.
Eso es hostilidad para Biden, que tiene en Rusia a un adversario explícito por su intromisión en las pasadas y antepasadas elecciones en Estados Unidos.
Los rusos han trabajado directamente para enlodar en el terreno personal a Joe Biden y a su hijo con falsas historias de corrupción en Ucrania.
Según la administración Biden, desde Rusia sale el terrorismo cibernético, que es su nuevo gran enemigo.
Cinco días de camaradería del canciller mexicano en Moscú, y ni un minuto en ningún punto de Estados Unidos desde que se fue Trump, es un hecho que no pasa desapercibido ni es ingenuidad del gobierno mexicano.
La relación va mal.
En lugar de visitar México, el primer viaje del secretario de Estado a Latinoamérica es a Costa Rica.
Y al canciller mexicano lo incluyen en la reunión con sus pares de Honduras, Nicaragua, El Salvador, donde Antony Blinken les pide elecciones libres y limpias.
Ahí en San José, no en México, Blinken se reunió por separado con Ebrard, para hablar “asuntos relacionados con la democracia, la gobernanza y la seguridad”.
Quien sí visitó México fue el subdirector de la CIA, David Cohen, el jueves de la semana pasada.
EL FINANCIERO solicitó a la Agencia Central de Inteligencia el readout de la visita de Cohen, y aún no se ha obtenido respuesta. ¿A qué fue? Sólo sabemos que llegó en un C-130 (Hércules) de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, algo inusual.
La exembajadora de México en Washington, Martha Bárcena, con información privilegiada o imaginación fértil, dijo que había ido William J. Burns, director de la CIA.
Corresponde al gobierno de Estados Unidos aclararlo, pero en el supuesto caso de que también haya ido Burns, tendría razón la embajadora al inquietarse porque la primera visita de un alto funcionario de EU a México haya sido la del director de la CIA.
El fondo es lo que llama la atención, sea Cohen o Burns quien haya ido: a la CIA le preocupa México. Y ellos no actúan directamente en el campo de narcóticos ni migratorio, sino en el de la estabilidad política.
De estabilidad política y gobernanza en México hablaron Blinken y Ebrard ayer en San José.
Tienen sus motivos para estar inquietos: 89 asesinatos políticos en la campaña electoral, de los cuales 35 eran candidatos. Setenta y cinco por ciento de ellos, opositores al gobierno.
Desde que existe el narco (Estados Unidos pidió a México sembrar amapola para obtener morfina durante la guerra de Corea), éste han tenido aliados en la política. Pero nunca tan extendido y ostensible como ahora.
Quitan y ponen candidatos. Matan a plena luz del día sin importar que los filmen. No dejan inscribirse a aspirantes, o les prohíben hacer campañas. Los secuestran.
¿En manos de quiénes van a quedar los estados con litoral en el océano Pacífico?
Hay preocupación por lo que está pasando en México, a juzgar por las señales de enfriamiento.
Si en algún momento hay convulsiones sociales o políticas en territorio mexicano, el problema dejará de ser un asunto interno.
Por ahora, el gobierno de México acusa a Estados Unidos de injerencia electoral, mientras endulza la relación con Moscú. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p.34)