¿De qué manera discurrirán el control fronterizo y la contención migratoria si gana el continuismo de Morena o la coalición opositora? ¿Cómo impactaría la continuidad del gobierno de Joe Biden o el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca?
Hoy no tenemos respuesta a esas preguntas, pero lo cierto es que en la gestión de fronteras y flujos migratorios, las políticas anunciadas han chocado de manera brutal contra la realidad de los hechos en el territorio.
Nuestras fronteras han registrado una doble ‘desterritorialización’: el control del crimen organizado en amplias franjas de la geografía mexicana, y el corrimiento o externalización de la línea divisoria con EU hasta el río Suchiate.
Hace 5 años se otorgaron funciones de control y verificación migratoria a la Guardia Nacional y se desplegaron 25 mil agentes en las fronteras norte y sur de nuestro país. En el ocaso sexenal, resulta evidente que la política migratoria militarizada no redujo la migración, pero sí incrementó las violaciones a los derechos humanos contra los migrantes.
El saldo de violencia y muerte de migrantes en este sexenio es devastador:
Esa ha sido la política migratoria ‘humanista’ del gobierno mexicano. Claudia Sheinbaum ha declarado que ‘continuará ayudando (¿¡!?) a los migrantes y que se dará atención a las causas de raíz de la migración’. Sin embargo, Marcelo Ebrard y Juan Ramón de la Fuente se tropiezan entre sí para prometer que un hipotético gobierno morenista daría continuidad a la contención migratoria militarizada que ha realizado el gobierno de AMLO, como moneda de cambio con Washington.
El 14 de mayo de 2024 (con sólo 135 días por transcurrir para el fin del sexenio), la SRE anunció un ‘Modelo Mexicano de Movilidad Humana’, que incluye cuatro ejes:
El anuncio parece un tardío intento civilizatorio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, para llenar vacíos, y para compensar el salvajismo con que se ha conducido el Instituto Nacional de Migración en este sexenio. En los hechos ha prevalecido el desmantelamiento institucional, la impunidad de funcionarios, y la indiferencia ante la crisis humanitaria por el abandono e indefensión de migrantes en manos del crimen organizado. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p. A39)
Este año, la llegada de turistas internacionales por vía aérea a México creció 5.9% entre enero y abril, contra el mismo periodo del año anterior, pero el cuarto mes sólo lo hizo a 0.9 por ciento.
De acuerdo con el Reporte Gemes, de Héctor Flores Santana, se trata de un dato preocupante, ya que hasta marzo las cifras anticipaban otro año muy positivo para esta actividad.
Si revisamos los datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación, se observa claramente que las principales bajas se concentran en América del Sur.
La llegada de estadunidenses aumentó 7.5% en el cuatrimestre, pero sólo 2.4% en abril para llegar a cinco millones, mientras Canadá lo hizo 12.3% en el acumulado, y 7.3% en abril, para llegar a 1.4 millones.
En cambio, la situación es muy distinta cuando se revisan las cifras relativas a los países del Cono Sur.
En palabras del Reporte Gemes: el desempeño de los principales mercados sudamericanos continúa siendo preocupante, pues se observa que, en al menos tres de los principales (…) se ha venido deteriorando desde el primer trimestre del año pasado. Colombia, que por el número de llegadas al país es el mercado más grande de la región, reportó para abril de 2024 una significativa disminución de -21.1% respecto al mismo periodo del año pasado (12 mil 400 extranjeros menos que el año pasado).
“Argentina, cuyo comportamiento ha sido muy inestable por varios años, y que para el primer mes de 2024 mostraba llegadas a México cercanas a los 38 mil visitantes, para abril reportó un ligero incremento anual de 1.2% en los visitantes a México respecto al mismo periodo de 2023, sin embargo, hila tres meses consecutivos en el año con disminución en el número de llegadas a México.
“Por otro lado, los visitantes brasileños reportaron un crecimiento de 10.8% en el cuarto mes de 2024 y el mercado chileno registró una variación de 0.7% anual. En cuanto a los extranjeros provenientes de Perú y Ecuador registraron para el periodo en cuestión una disminución de -18.1% y -6.5%, respectivamente”, hasta aquí el análisis de Gemes.
La situación es difícil para el resto del año, pues la mayoría de los países sudamericanos con cifras negativas enfrentan retos políticos y económicos.
Además de los problemas que han sufrido los colombianos con las autoridades migratorias de México, el tercer emisor de viajeros enfrenta una recesión que los economistas coinciden en que se podría corregir hasta 2025.
Argentina, por su parte, está en un momento económico de choque tras la llegada al poder del presidente Javier Milei y todavía no es claro hasta qué punto ese país logrará resurgir, comenzando porque los cambios de paradigmas propuestos por el político ultraliberal están enfrentando una gran oposición.
Hace unos días, Aeroméxico anunció que el 1º de julio dejará de volar de la Ciudad de México a Quito, tras el rompimiento de relaciones entre México y Ecuador, pues las actividades comerciales y económicas se han caído.
Mientras que Chile también viene saliendo de un año de crecimiento cero y en este 2024 los cálculos optimistas apuntan a que lo hará al 2 por ciento.
En este contexto, el negocio del turismo internacional para México se concentrará todavía más en Estados Unidos y Canadá, una situación que tampoco es la más deseable, pues aumenta la dependencia ahora que la competencia crece. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 4)
Una mezcla de expectación y escepticismo rodeó la visión externa de las elecciones en México. La victoria de Claudia Sheinbaum, la candidata oficialista, era considerada como segura, aunque no dejaba de notarse la presencia de Xóchitl Gálvez, apoyada por una coalición opositora.
En todo caso, la elección de una mujer como presidenta este domingo representó un hecho histórico, “pero por lo demás dejará la política prácticamente sin cambios”, estimó un reporte de la organización Puente News, publicado por Palabra, la revista de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ, por sus siglas en inglés).
De hecho, la publicación opinó que la votación no reflejaría el deseo de un cambio radical en la dirección del país, como el que tuvo lugar hace seis años, cuando los altos niveles de corrupción de las autoridades estatales y federales llevaron a los votantes a elegir una nueva alternativa, representada por Andrés Manuel López Obrador y Morena, su partido político.
En ese sentido, tampoco se espera mucha variación en la relación con Estados Unidos.
De acuerdo con un texto publicado por el diario The San Diego Union, es de esperarse que haya pocos cambios. Para los autores, Alan Bersin y Diego Marroquín, se requiere un nuevo acuerdo binacional para administrar la migración irregular, al margen de quien sea electo a la Presidencia en los Estados Unidos.
“Sin embargo, el funcionamiento del acuerdo y la forma en que se alcance diferirán, según si lo negocia el equipo de (Donald) Trump o el de (Joe) Biden”, advirtieron Bersin, exzar fronterizo con Bill Clinton y director de Aduanas y Protección Fronteriza -CPB- con Barack Obama, y Marroquín, experto en Norteamérica del Wilson Center.
“En cualquier caso, no se espera que Claudia Sheinbaum, como probable nueva Presidenta de México, actúe de manera diferente a Andrés Manuel López Obrador, en materia de migración (…) La pregunta sigue siendo si comprenderá, como nunca lo hizo AMLO, la necesidad de una cooperación más estrecha con EU en estos y otros temas críticos de seguridad.
“Lamentablemente, lo más probable es que México continúe en un modo totalmente reactivo mientras la frontera suroeste de Estados Unidos lucha por la ausencia de una reforma migratoria integral en este país”, escribieron.
Puente News hizo notar que Sheinbaum, de 61 años, es física, ingeniera ambiental y exalcaldesa de la Ciudad de México, “étnicamente judía en una sociedad abrumadoramente católica”, pero también que su probable elección “se produce en medio de un control cada vez más profundo de las mafias sobre el país y temores generalizados entre analistas políticos y votantes de un retorno al régimen autocrático que gobernó México hasta principios de este siglo”.
El escepticismo, y aún la visión de retroceso democrático, son parte de las opiniones, sobre todo, a partir de lo que se considera como concentración de poder en la figura de López Obrador. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 34)
“Persiste la migración en tránsito y que muchos de los latinoamericanos desplazados se han establecido en México ejerciendo su oficio o profesión, de tal forma que cuentan con ingresos que les permite enviar recursos a sus países de origen… los países destino de las transferencias que salen de México en forma de remesas son principalmente Haití, Venezuela, Honduras y Guatemala”. (Eduardo Ley, El Economista, El Foro, p. 46)
México transmite su división a los observadores internacionales
Hasta en los observadores internacionales se nota la polarización.
Aunque hayan venido unos mil 300 acreditados, los hay de todo signo, oficialistas, independientes, representantes de organismos multilaterales o abiertamente opositores.
Si hace seis años Andrés Manuel López Obrador invitó al Parlamento Europeo, en esta ocasión no porque ya dieron su veredicto y durante su sexenio hubo severos desencuentros.
Para los diputados de ese continente, muchas de sus políticas lopezobradoristas en materia de derechos humanos, libertad de expresión y persecución de periodistas por su “retórica populista”.
La respuesta presidencial fue severa:
“Basta de corrupción, de mentiras y de hipocresías. Es lamentable que se sumen como borregos a la estrategia reaccionaria y golpista del grupo corrupto que se opone a la cuarta transformación”.
-La respuesta se descalifica por sí misma -criticó a su vez el Parlamento Europeo sin que aún se haya zanjado ese desencuentro.
Por eso ahora el partido del gobierno invitó a un grupo de observadores muy afines: los expresidentes Evo Morales (Bolivia) y Alberto Fernández (Argentina) y un diputado de izquierda sin mayor relevancia.
CADA QUIEN SU OBSERVADOR
Hay otros observadores internacionales al margen del oficialismo.
Ha venido una comisión de la OEA encabezada por Heraldo Muñoz y ha tenido reuniones con candidatos de distintas fuerzas políticas, además de desplegar su vigilancia.
Otro grupo está integrado por decenas de miembros de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (Copppal), organización nacida y liderada siempre por el PRI.
Precisamente el dirigente Alejandro Moreno les ofreció el viernes una comida sin discursos bajo una carpa, se retrató con ellos en la escalinata y sólo una recomendación:
-Son libres de ir a cualquier lugar de la República a observar cuanto suceda para que luego hagan los comentarios que crean conveniente. Háganlo con entera libertad.
La idea era distribuir al menos diez por entidad, pero no da el número y además difícilmente ingresarían y saldrían íntegros a muchos lugares como Chiapas, Tabasco, Guerrero…
Como sea, al final tendremos juicios al gusto de todos, al oficialismo con elogios de Evo Morales y Alberto Fernández, y la oposición con denuncias de violencia, retraso de casillas, robo de urnas o hasta balazos y muerte.
GUERRA SUCIA PARA TABOADA
Se vieron violaciones inclusive en la Ciudad de México.
Ayer, desde muy temprano, se repartieron millones de volantes donde a partir de notas tendenciosas de un periódico del régimen, el favorito en publicidad, se ataca a Santiago Taboada. (José Ureña, 24 Horas, En 2024 Eliges, p. 5)
Molestia causó entre partidos de oposición y algunos ciudadanos la presencia del expresidente de Bolivia, *Evo Morales*. Al Instituto Nacional Electoral (INE) llegaron solicitudes para que el árbitro electoral se pronuncie sobre la legalidad de la misión de observación que vino a hacer el exmandatario sudamericano, pues aseguran que su presencia no estaba prevista dentro de ningún grupo de observación internacional, y que obedece a una invitación expresa del partido en el poder, Morena. (Redacción, El Universal, p. A2)
LA SOCIEDAD habló y se hizo escuchar con fuerza. Como hace mucho tiempo no se veía, ayer domingo la participación ciudadana desbordó las urnas.
QUIZÁS NO SE DIERON los porcentajes de votación de 77 por ciento que ocurrieron en la elección de 1994 cuando el país vivía en la zozobra de los asesinatos políticos, pero sin duda ha sido una ejemplar participación ciudadana que supera expectativas.
PERSONAS que se formaron desde las 3 de la mañana para alcanzar una boleta en las casillas especiales del interior del país, jóvenes que acudieron en masa a revelar el misterio de sus preferencias electorales, miles de mexicanos que acudieron a votar en los consulados de Madrid, París, San Diego, Londres… y esperaron cuatro, cinco, siete horas para ejercer su derecho al sufragio.
Y EL MENSAJE de esos millones de personas fue claro: quieren pluralidad, no uniformidad. Si bien en la democracia gana quien tiene más votos, quienes votaron en contra también son ciudadanos y tienen que ser escuchados. La de ayer, sin duda, fue una fiesta cívica nunca antes vista.
ADEMÁS, hay que reconocer la acción ciudadana en la organización del proceso, la instalación de casillas y el conteo de los votos. La campaña electoral más violenta tuvo unas elecciones pacíficas y participativas. No es poca cosa. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
Pésima (y sospechosa) logística para el voto en el extranjero
Extraño se dio el voto en el sur de Estados Unidos, donde les decían a los connacionales que había pocas boletas o que no todos iban a alcanzar a votar. Claro que quienes fueron temprano no tuvieron problema, pero parece sospechoso, cuando menos, que los diplomáticos aparentemente quisieran desalentar la elección. Pero eso no fue todo, lo peor ocurrió en Madrid. Pese a que el consulado le dijo a Radio Nacional de España que todos podrían votar, sin importar la hora del cierre, después de que algunos conciudadanos esperaran ¡hasta 18 horas!, la representación diplomática cerró las puertas y hasta le habló a la policía antimotines para dispersar a los ciudadanos mexicanos. (Redacción, El Financiero, Elecciones 2024, p. 5)
Que los invitados especiales de Morena Evo Morales y Alberto Fernández, ex presidentes de Bolivia y Argentina, aprovecharon su visita para participar en una discusión con el Grupo de Puebla, espacio de reflexión que coordinan Ernesto Samper, Cecilia Nicolini, Carol Proner y Marco Enríquez-Ominami. Y de pasada, por supuesto, acompañaron a Claudia Sheinbaum, ganadora de la elección, durante la jornada electoral y al término, cuando incluso ambos subieron a sus redes sociales fotos con la doctora. (Redacción, Milenio, Al Frente, p. 2)
Al momento de escribir estas líneas no hay una ganadora definida en las elecciones federales, ni en la mayoría de las estatales. Lo que sí ha sido notable es la participación en muchas zonas del país, con largas colas para votar, zonas muy específicas donde no se pudieron instalar casillas, pero salvo incidentes aislados (en algunos casos no tanto, en zonas de Chiapas), hasta el cierre de las casillas se votó en orden y con tranquilidad. La excepción fue en buena medida el exterior donde la organización, como se preveía, no estuvo a la altura de las circunstancias y de los miles de mexicanos que viven fuera. Pero lo importante es la participación y que la gente demostró que no quiere imposiciones, ni siquiera que los candidatos o funcionarios se saltaran la fila a la hora de votar.
Pero miremos hacia el futuro. Nadie tendrá una mayoría calificada en el Congreso y, por ende, tampoco tendremos, afortunadamente, un plan C. Si alguien pensaba que esta elección era un mero trámite se equivocó: la disputa electoral fue intensa, la votación también, el poder quedó distribuido entre distintas fuerzas políticas y candidatos. No habrá plan C ni un paquete de reformas a votar en septiembre que cambie el escenario constitucional y el equilibrio de poderes. Hoy el país está políticamente polarizado, pero no es viable seguir con la lógica de la ruptura. La sociedad ha vuelto a demostrar, ya lo hizo incluso en 2021 y la señal fue ignorada, que no quiere hegemonías ni monopolios políticos. El país es plural y quiere seguir siéndolo.
La próxima administración tiene que entenderlo y el gobierno asumirlo: el país no puede seguir viviendo un clima de ruptura y polarización porque éste inmoviliza, rompe con la normalidad y fomenta la inseguridad. Todas las encuestas han exhibido que nada preocupa más a la gente que la inseguridad, la violencia, la extorsión, pero no se puede tomar control sobre la seguridad sin la participación de todos los ámbitos sociales y políticos: se requieren fuerzas federales más sólidas, policías preventivas y de investigación eficientes, donde, además de definir el papel militar en este esquema, se demandan fuerzas policiales en los estados homologadas y coordinadas con las federales. Y mucho más. Pero para eso se necesitan acuerdos, estar convencidos de que existen estrategias y esfuerzos comunes. La inseguridad exige políticas comunes. Habrá mayorías y minorías y confrontación política e ideológica, a nadie le interesa ni le sirven los pensamientos únicos, pero no tenemos margen para que esa confrontación se siga convirtiendo en nuevas y más profundas rupturas.
Estoy convencido de que pasado este 2 de junio y luego del inicio del nuevo gobierno el 1º de octubre, cambiará profundamente el sistema político: con las semanas no tendremos la misma estructura de partidos, tendremos fuertes realineamientos, dentro y fuera de cada fuerza, y habrá que construir nuevas mayorías.
Ésas también son exigencias para crecer económicamente y para fenómenos como el nearshoring. No es verdad que estemos aprovechando plenamente las coyunturas especiales que estamos viviendo: el crecimiento económico ha sido mínimo en todo el sexenio, las inversiones son importantes, pero no son mayores a las del pasado, el fenómeno de la relocalización no lo hemos explotado porque no existen condiciones en el ámbito de la energía, el agua, la seguridad, ni la certeza jurídica suficiente como para detonarlo en la forma en que deberíamos.
A eso habrá que agregarle el factor EU: si la próxima administración estadunidense la encabeza Joe Biden o Donald Trump, pero mucho más si es éste, tendrá una posición más dura respecto a México que las que hemos vivido: la migración, el fentanilo y la renegociación del Tratado de Libre Comercio son temas torales que no podemos afrontar con una sociedad dividida.
El día de ayer, en la larga fila de más de dos horas que me tocó hacer para votar, recordaba 1994. Hay similitudes: ambiente de crispación y enorme ansia de participación; una decisión estratégica sobre el futuro del país; violencia en aquellos años derivada del levantamiento zapatista y de los secuestros por grupos guerrilleros de prominentes empresarios, en estos años evidentemente por el crimen organizado; división interna en diferentes partidos y en el oficialismo; la sensación de que el país se podía ir de las manos. Hubo una elección en buena medida ejemplar, pero llegaron después meses terribles de violencia, crisis económica y desconcierto, derivadas de la ruptura interna, de la polarización generada desde el propio poder. Las ejemplares elecciones de agosto del 94 derivaron, contra todo pronóstico, en nuevos crímenes y en una crisis económica brutal.
Lo mismo sucede en lo electoral. El avance desde aquel 1994 es notable. Claro que podríamos tener un sistema mejor. Las reformas electorales de 2007 y, sobre todo, la del 2013-14 han sobrerregulado el sistema, lo han hecho complejo, difícil de predecir y de cumplir, con normas un poco, o un mucho, insensatas, le ha dejado a la dirigencia de los partidos el control de las candidaturas, de los recursos y de los spots y queda la ciudadanía como simple espectadora de un juego en el que no puede participar, salvo a la hora de votar.
Nos podríamos ahorrar mucho desgaste como país simplemente exigiéndole a todos, más allá de las pasiones partidarias, que apostaran por aprovechar y respetar las instituciones y las oportunidades que tenemos como nación. Nadie quiere que 2024 termine como otro 1994. Han pasado 30 años, la división y la violencia generaron aquella crisis: aprendamos de la historia para no repetirla. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 16)