El funcionario que desobedece a AMLO
Francisco Garduño Yáñez, comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), de plano ha ignorado las órdenes del presidente Andrés Manuel López Obrador. El mandatario le ordenó no maltratar más a los migrantes provenientes de Centroamérica y el Caribe que están cruzando por la frontera sur. Sin embargo, los agentes del INM no solo siguen maltratando a los migrantes e insultándolos con palabras altisonantes y discriminatorias, sino que ahora también han arremetido contra los y las periodistas que están documentando los operativos. Nos dicen que hubo una instrucción directa de algunos mandos del INM en Chiapas de no permitir que los reporteros tomaran fotografías o videos de las detenciones y choques con los extranjeros que luego son reproducidos en los medios y los dejan muy mal parados. Nos hacen ver que además de las agresiones, lo que las imágenes documentan es una absoluta falta de protocolos y preparación de los agentes migratorios para realizar detenciones apegadas a los derechos humanos y con un uso proporcional de la fuerza. Las gráficas y videos muestran cómo hasta seis elementos someten a una mujer, y dos o tres lo hacen con un niño. ¿En algún momento don Francisco obedecerá al presidente? (El Universal, Nación, p. 2)
Que una imagen, como reza el popular refrán, dice más que mil palabras es una verdad incontrovertible. Más aún, cuando a la misma se suman dos, tres, una docena o más que, cual es el caso que nos ocupa, muestran a agentes del Instituto Nacional de Migración (INM), apoyados por la Guardia Nacional (GN) sometiendo con singular violencia a migrantes de paso hacia la frontera norte.
Imágenes duras que si bien ilustran situaciones injustificables y difíciles de explicar son, igualmente, la mejor evidencia del penoso papel de “muro de contención” de miles de salvadoreños, hondureños, guatemaltecos, haitianos en ruta a Estados Unidos que, guste o no, parece haber impuesto la Casa Blanca a México y que el gobierno busca cumplir de manera puntual… al tiempo que, sin éxito hasta ahora, Andrés Manuel López Obrador busca convencer a la administración encabezada por el demócrata Joe Biden que financie programas “sociales” diseñados por la 4T —Sembrando Vida, de manera destacada— en la región centroamericana.
No se explica, de otra manera, la agresividad y evidente falta de todo respeto a los derechos humanos que en los últimos días han mostrado agentes del Instituto de Francisco Garduño Yáñez o de la “civilista” Guardia del general en retito Luis Rodríguez Bucio hacia los migrantes y que, si bien a nivel nacional ha pasado prácticamente desapercibida, ha ilustrado un sinnúmero de imágenes que, literal, están dando la vuelta al mundo y, perdón, avalan toda suerte de críticas al país.
Es verdad, y hay que decirlo, que la responsabilidad de la migración de miles de ciudadanos en fuga de sus países de origen, en busca de un mejor futuro en la Unión Americana excede en mucho a la actual administración sexenal, como también lo es que el principio de respeto pleno a los derechos de la persona no debe transgredirse, incluso en momentos de crisis como los que ahora se viven… y menos, perdón, cuando al tiempo que se posiciona aquello de los “abrazos (y) no balazos” cuando del crimen organizado se trata, se instruye a la fuerza pública a arremeter contra hombres y mujeres, niños incluso en total indefensión. (Enrique Aranda, Excélsior, Nacional, p. 20)
Al grito de ahora sí putos, valieron verga, un funcionario de Instituto Nacional de Migración persigue migrantes haitianos en Chiapas. Esto, unos días después que viéramos a otro funcionario patear a un migrante en el suelo.
Guardia Nacional e INM buscan en hoteles y en calles a los migrantes que desesperados dejaron los albergues para avanzar hacia el norte.
Frente a esta nueva oleada de personas huyendo de su país y la intención de retenerlos en Chiapas, la Secretaría de Gobernación anuncia que está intentando instalar un “campamento humanitario” para los haitianos junto con la representación en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana.
Así lo explicó ayer el Presidente: “Nosotros estamos b u s c a n d o q u e s e mantengan en albergues en el sur sureste, nada más que ellos llevan un plan desde que salen de sus pueblos; hacen acuerdos, muchos, con traficantes de personas, con polleros, reúnen dinero con ese propósito y lo que quieren es llegar a Estados Unidos. Entonces, estamos haciendo una labor para contener la afluencia migratoria, hasta donde podemos…”.
Está claro, somos el nuevo muro y como bien lo sabe el Presidente, es un muro que los que vienen quieren saltar.
Frente a eso lo que veremos los próximos días serán escenas similares a las que han circulado.
El gobierno de Estados Unidos ha prometido recursos para los países expulsores y el Presidente insiste que lo que se tiene que hacer es implementar sus programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro. Pero, aunque el dinero llegara o los programas funcionaran, eso tarda.
Lo que queda claro es que la falta de imaginación de ambos gobiernos para buscar otro tipo de soluciones, diferentes a las que se han mantenido por años, solo aumentará la violencia en ambas fronteras.
La situación en los países expulsores no cambiará por arte de magia y seguirán creciendo los números de migrantes.
Sin otro tipo de acciones, estamos condenados a seguir viendo cacerías como las de estos días. Una vergüenza. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
No fue caso aislado…
En el mensaje por su tercer informe, López Obrador aseguró que la brutal golpiza de unos agentes de Migración a un haitiano de la caravana migrante fue un caso aislado, que ya fueron cesados los funcionarios y que en su gobierno no hay ya represión. Sin embargo, siguen apareciendo pruebas, videos y testimonios del uso excesivo de la fuerza. O los altos mandos del INM no escucharon al Presidente o le están llevando la contraria descaradamente. Mientras, la imagen de México como represor de migrantes da la vuelta al mundo. (El Financiero, Nacional, p. 37)
Que la Secretaría de Gobernación al mando de Adán Augusto López Hernández va a tener más fuerza en lo político, ¡ni duda cabe! Ya se vio cuando su nuevo titular entregó el informe ante el Congreso —¡hasta la bufalada asomó de nuevo!— y con el titipuchal de cosas que ya le encomendó su paisano el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Pero esa decisión de tener una Segob más fuerte en lo político, será aparejada con un menor peso en la protección de derechos humanos. Eso es lo que se perfila, a la luz de la reestructuración que por razones de austeridad se está proyectando y que contempla la fusión de diversos organismos descentralizados y desconcentrados.
Desde oficinas de Palacio Nacional, con Hacienda a la cabeza y la participación de todas las instancias involucradas, se está trabajando en el nuevo diseño. Una reconfiguración que por ahora contempla:
—La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia (Conavim) clave para el combate a la violencia contra las mujeres, la absorberá Inmujeres.
—El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) dejará su autonomía y se incorporará a Gobernación.
—El Consejo Nacional de Población (Conapo) pasará a ser parte del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).
—La Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) encargada de la defensa de los refugiados, pasará a formar parte del Instituto Nacional de Migración (INM), que los deporta.
—El Consejo Nacional para Prevenir La Discriminación (Conapred) podría trasladarse —se está valorando— al Instituto Nacional Indigenista (INI).
—El Sistema de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna) pasaría al Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la familia (DIF).
El proyecto va muy avanzado. Ya están trabajando los acuerdos para hacer los cambios más inmediatos y elaborando las propuestas de reforma de leyes para los que se ocupe.
Han intentado que el Presidente cambie estas propuestas, pero López Obrador impulsa estos cambios como parte de las medidas de austeridad que correrán en su segundo tramo de gobierno. Uno de los más afectados —se ha opuesto incluso— es el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Segob, Alejandro Encinas.
Poco ha podido revertir. Imágenes de refugiados pidiendo asilo con los agentes de Migración, que los detuvieron, o de la comunidad gay, trans y demás atendiendo sus temas en el Instituto Nacional Indigenista no parecen ser muy buena idea, pero es lo que dice la nueva arquitectura en el papel. (Martha Anaya, El Heraldo de México, País, p. 5)
Resquicios
No deja de ser una pesadilla la frontera sur para los migrantes. Las imágenes que recorren el mundo sobre los operativos evidencian insensibilidad, lo que se está viviendo y cómo el gobierno sin chistar sigue los dictados de contención que vienen del norte. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)
¿Y el padre Solalinde?
Con la novedad de que activistas en derechos humanos y ciudadanos que tienen como foro de expresión a las “benditas redes” han empezado a echar de menos una voz relevante en asuntos de migración y en particular de defensa de los derechos de los migrantes. Y es que desde hace algunos días, a partir de que un grupo de haitianos inició una caravana en Chiapas, también se han visto más frontales las acciones de contención de parte del Instituto Nacional de Migración, lo cual ha provocado ya pronunciamientos de organismos internacionales y ONG.
Ante ello, las propias autoridades han señalado que no puede haber libre tránsito por el país de personas que entraron de manera irregular. En medio de una crisis que empieza a mostrar signos de desbordamiento, el que no ha tenido mayor participación con su voz siempre aliada a los migrantes es el fundador del albergue Hermanos en el Camino, el padre Solalinde, nos comentan. (La Razón, La dos, p. 2)
La Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración disolvieron una nueva caravana migrante en Chiapas. Estaba integrada por haitianos, centroamericanos y venezolanos que buscan llegar a Estados Unidos. Margarita Núñez, coordinadora del Programa de Asuntos Migratorios de la UIA, nos habla al respecto.
(Ana Paula Ordorica, El Universal, On line)
El frío calaba tanto como el desencanto de ese amor trasatlántico, era noviembre, la madrugada y la nieve me hicieron desistir del arrebato con el que quería largarme de aquel departamento tan europeo y civilizado, tan ordenado, tan primer mundo, tan rubio y tan Bonn. Eso y la mirada de él cuando le pregunté si alguien como yo corría riesgo saliendo a la calle a esa hora, primero dijo que no y luego sugirió que desmaquillara el smokey eyes que yo usaba por entonces: así pareces árabe, me dijo.
El problema, lo he sabido siempre, no eran los ojos ahumados sino la piel oscura. Ese color marrón que levanta sospechas dondequiera que vayamos. Tener aspecto latino o árabe no es bien visto en ningún lugar del mundo.
De modo que “pareces árabe” fue contundente. Decidí quedarme junto a ese hombre rubio, de ojos azules, tan alto de estatura como de rango en la empresa internacional donde trabajaba y que no podía -aunque trató- entender que yo tuviera miedo de ir al aeropuerto donde un mes antes me habían retenido una hora en Migración para que mostrara mis credenciales, hablara en español, en inglés, en alemán las tres frases que sabía y, sobre todo, comprobara que esa tarjeta dorada que prometía ser la llave del mundo y con la que pagaría el viaje, era mía.
Viajar por turismo y con miedo es jodido: mantener a raya la incomodidad, saber que la probabilidad de que vuelvan a cuestionarte en el aeropuerto está ahí; que van a mirarte con reserva en los sitios que visites, que siempre atenderán primero al más alto y de piel más clara que tú, que no hay tarjeta platino ni dorada que le baje cuatro tonos al pantone café de tu piel. Que al mundo no le gustas, aunque sí le guste tu dinero. Ese mensaje lo repite, incluso oficialmente, el Estado: bienvenidas las remesas de los migrantes, los migrantes no.
Pero viajar para sobrevivir huyendo de un país que se ha vuelto tal infierno que es mejor arriesgarte a cruzar fronteras donde la humillación es el menor de los males porque pueden seguirte como a un animal de caza: golpearte, raptarte, esclavizarte, asesinar a tus hijos y a tu pareja frente a ti o desaparecerte, es el fenómeno eterno que viene de una idea perversa pero perfectamente institucionalizada: unas vidas importan más que otras y el derecho a ser tratados como seres humanos depende del color de la piel; porque incluso en el desprecio migratorio hay distancias epiteliales.
Ver a funcionarios del Instituto Nacional de Migración y miembros de la Guardia Nacional cazando y gritando “ahora sí, putos, ya valieron verga” a la caravana que intenta cruzar Chiapas es perturbador, o debería serlo, y ahí, me temo, está la grieta de nuestra presumida civilidad. Porque no nos perturba, porque hay un sector de la sociedad al que le parece adecuado este tratamiento; son los que piensan que tienen cierta superioridad cognitiva y moral por haber nacido blancos, los que -como recién leí en un tuit- llaman color cazuela a quien compara la inundación del Metro en Nueva York con el Metro Pantitlán, los que llaman resentido a quien reclama sus derechos, los que sienten asco cuando el personal de servicio usa los baños de su casa.
¿Los funcionarios de Migración responderían igual si toparan con una caravana de personas rubias?
Como dice ese poema de Langston Hughes que dedica para algunos intelectuales:
Tú no eres amigo mío / Porque soy pobre, / Negro, / Ignorante y lento. / No soy de tu tipo.
Pienso en las mujeres afganas que huyen del régimen talibán y, sólo porque hay una carga geopolítica que involucra a Estados Unidos, en algunos lugares son recibidas no por gusto, sino por estrategia.
El mundo nació con una marcha migrante, una marcha eterna que no ha parado nunca como no ha parado nunca la institucionalización de la supremacía blanca.
En el aeropuerto de Frankfurt volvieron a interrogarme, venía de un país rubio, de una ciudad blanquísima, pero para mí se había convertido en un oscuro viaje; el remate inmejorable de mi travesía fue cuando alguien lamentó mi ruptura con el alemán porque había perdido mi oportunidad de mejorar la raza.
Tenía siete años, dice Victoria Santa Cruz, de pronto unas voces en la calle me gritaron ¡Negra! ¡Negra! ¡Negra!
Y me sentí negra, ¡Negra! / Como ellos decían ¡Negra! / Y retrocedí ¡Negra!/ Como ellos querían ¡Negra! (Alma Delia Murillo, Reforma, Opinión, p. 8)
Su grito todavía se escucha. “¡No se vayan, no se vayan!”. Es un grito desgarrador. Viene desde el estómago, la garganta ya no puede más. Un niño implora que no lo dejen solo en la noche, en la frontera, debajo del cruce entre Ciudad Juárez y El Paso. Únicamente se ve su silueta junto al río, un faro del puente fronterizo apenas lo alumbra con su luz amarilla.
Pero el clamor del niño lo cubre todo: “¡No se vayan!”, exclama ronco y desesperado. Si uno se fija bien, alcanza a ver que con un brazo se aferra a su oso de peluche, mientras suplica que no lo abandonen.
Tiembla de miedo, inmóvil. Se ve que dos sombras se alejan: son la pareja que lo llevó hasta ese lugar. Y él, con todas sus fuerzas les grita que no lo dejen solo.
No le hacen caso. Vi este video por primera vez hace unas semanas, en Noticias Telemundo del fin de semana. Pero los tiempos de la televisión son injustos, así que fui a revisar el material original y ahí pude escucharlo completo. Imposible no pensar en mis hijos y el pánico que cualquier niño sentiría ahí.
Está también Wilton, nicaragüense, símbolo del drama migrante en los últimos meses. A él, los coyotes lo dejaron atrás mientras dormía. Despertó para descubrirse abandonado, con sus once años, en el desierto de Texas. O las cinco niñas que aparecieron solas también en el desierto. Tres son hondureñas y dos son guatemaltecas. Tienen siete, cinco, tres y dos años. La quinta tiene once meses. Y así, uno tras otro, todos los días.
Apenas esta semana, el reportero Víctor Castillo encontró a dos hermanas salvadoreñas de ocho y dos años en la frontera. Venían de pasar días de sed y de hambre. Lo que yo pueda decir aquí sobre su angustia y su llanto, es poco.
Éstos son los casos que vemos, pero ¿cuántos más igual de dolorosos habrá? Según datos de Aduanas y Protección Fronteriza en Estados Unidos, en julio cruzaron cerca de 19 mil menores “no acompañados” (es el término que se usa para referirse a niños migrantes que entran a Estados Unidos de forma irregular sin sus padres).
Con el gobierno de Trump, desde que comenzó la pandemia del coronavirus, Estados Unidos impidió la entrada de inmigrantes sin papeles. Antes los detenían y los procesaban. Ahora, sin preguntas, nadie entra: los detienen y los regresan en el acto. Con Joe Biden eso cambió un poco: el paso está cerrado para todos, excepto para menores migrantes que viajan sin sus papás. A ellos los llevan a albergues y revisan sus casos para definir su futuro. Por eso hemos visto que más padres mandan a sus hijos solos con la esperanza de que, al menos ellos, encuentren mejor futuro en Estados Unidos.
Ésta es la emergencia en la frontera. Niños que cruzan solos. El problema existe desde hace años, pero por ahora atraviesa uno de sus peores momentos. Nunca antes tantos menores no acompañados habían entrado a Estados Unidos de forma irregular.
Es una crisis que Biden no ha resuelto. Es oro molido para los republicanos. Es un arma política. Pero es, sobre todo, una desgracia humanitaria. Y ahí está, como una súplica, el grito de un niño abandonado en medio de la noche que implora, por favor, que no lo dejen solo. (Julio Vaqueiro, La Razón, México, p. 12)
Lo ricos viajan, los pobres migran, reza el dicho popular. Migrar es un derecho, solo en el papel. Las declaraciones del Presidente López Obrador al hablar de los migrantes centroamericanos en La Mañanera sintetizan magistralmente las contradicciones de Estado mexicano en su política de migración. Resumo. No dejamos pasar a los migrantes en la frontera sur porque sus derechos humanos corren peligro, porque hay crimen organizado que los va a extorsionar y no podemos proteger su vida.
¿Quién viola los derechos humanos? El Estado. O el Presidente no distingue entre delincuencia y violación de derechos humanos (una confusión bastante común entre políticos de este país) o el mismo Presidente que el día anterior en su informe había decretado que en México “ya no se violan derechos humanos” simplemente cambio de opinión. Ambas cosas son posibles e igual de delicadas.
Si López Obrador no entiende los que son los derechos humanos, qué nos extraña entonces que la presidenta de la Comisión Nacional, Rosario Piedra, tampoco. Eso explicaría el desastre de la CNDH y el pasmo en que vive el Subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas. Si, por el contrario, estamos ante una confesión de parte del Jefe del Estado mexicano de que no puede garantizar los derechos humanos de los migrantes ni el combate a la delincuencia organizada, el asunto es peor de lo imaginado.
Como el padre chantajista que golpea a sus hijos al grito de “esto me duele más a mí que a ti”, el Presidente dice que detener a los migrantes a palazos con la Guardia Nacional y encerrarlos en albergues es por su bien, un acto humanitario, porque lo que les espera en México es peor.
La realidad es que existe una terrible crisis migratoria y una ausencia de políticas públicas para atender el problema. En tres años hemos pasado “aquí se les ofrece trabajo a los migrantes en el programa sembrando vidas” (ver conferencia de prensa Mañanera del 17 de enero 2020) al “no pasarán” en solo veinte meses. Lo cierto es que, en materia de migración, como en muchísimos otros campos de la administración pública, lo que prevalece es la improvisación.
Podemos coincidir que este es uno de esos problemas que no tienen solución de corto plazo, que cada vez habrá más personas entrenado por la frontera sur y un sello mayor de la frontera norte. Así ha sido desde el comienzo de este siglo y seguirá por muchos años más sin importar si en Estados Unidos gobiernan demócratas o republicanos. A los mexicanos nos toca decidir cómo vamos a enfrentar el fenómeno migratorio en México. Sí, es un problema que implica a muchas naciones, pero lo que pasa en nuestro territorio nos compete solo a nosotros. También es cierto que nada lo hicieron los gobiernos anteriores, pero lo que pasa hoy le toca a este Gobierno.
México necesita una política de Estado en materia migratoria no contradictorias improvisaciones en la Mañanera. (Diego Petersen Farah, El Economista, El Informador, p. 39)
El documento de empresarios afines a la 4T, del que publiqué ayer una parte, contiene otras interesantes afirmaciones respecto de la gestión de Andrés Manuel López Obrador en la Presidencia.
Además de los cascabeles puestos a los poderes económico, político, mediático y sindical, AMLO “busca dejar como legado una nueva burocracia más esbelta, delgada, capacitada y digital, en vez del elefante reumático y mañoso que todo lo atora; una nueva burocracia que sustente su vocación de servicio en hacer más con menos y en dar una respuesta ética, ágil y rápida a los requerimientos internos del gobierno y de los ciudadanos”.
Considera que Estados Unidos es “un aliado especial para construir un proyecto de nación sin corrupción”.
Según el texto circulado entre picudos y que arranca preguntando: ¿De qué se ríe el Presidente?, Joe Biden, la vicepresidenta Kamala Harris, republicanos y los demócratas “ven con sorpresa, incredulidad y complicidad al personaje disruptor, valiente, honesto e incorruptible que EU había esperado por décadas”, a cuyo gobierno está decidido a apoyar “para contribuir a convertir a México en el socio más confiable de ese país en su desafío geopolítico y comercial con China y sus aliados. Ellos saben que la fortaleza de largo plazo de EU depende en gran medida de que México evolucione en el menor tiempo posible (12 años) a país desarrollado, sin corrupción, con mucha inversión en infraestructura, en relocalización de extensas cadenas productivas asiáticas y en la formación acelerada de capital humano para reemplazar a socios comerciales remotos de alto riesgo”.
De la integración regional y el T-MEC, gobierno y congreso estadunidenses “apoyan la mayor participación posible de las fuerzas armadas mexicanas en la actividad pública para quebrar la columna vertebral de la corrupción endémica de México en puertos, aduanas, obra pública, compras, distribución de medicinas e insumos y en seguridad pública”.
EU, dice el escrito, quiere que se impulse “a cualquier costo” la infraestructura y desarrollo “del empobrecido Sureste de México y que el modelo se extienda a Centroamérica para mitigar y contener la migración”.
Para el o los autores, la potencia ve bien “una gran depuración y transformación del Poder Judicial y el desmantelamiento de la industria de Justicia al Mejor Postor que contribuye y permite una vergonzante impunidad de 97 por ciento”.
Sobre las críticas a la 4T, dice: “Sí, hay muchos cuestionamientos y reclamos justificados al gobierno por muchas veces cortar tejido sano al tratar de extirpar tumores de corrupción (…), pero solo el que no se atreve a limpiar y exorcizar los demonios de su casa no comete errores (…). ¿Que la pandemia fue mal manejada? Claro que hubo errores, pero no hay un solo país en el mundo donde la gente diga que su gobierno la manejó bien”.
En resumen, estos machuchones del dinero celebran la puesta en marcha de los “nuevos fundamentos estructurales de largo plazo: éticos, económicos, sociales y de justicia…”. (Carlos Marín, Milenio Diario, Política, p. 7)
La derrota electoral en la Ciudad de México y el tropezón legislativo de la revocación de mandato fueron epicentro de cambios importantes y de un golpe de timón. Sin el manejo de las formas políticas el Ejecutivo agravia con dolo, no hay porqué infundir miedo mediante símbolos si se puede atacar directamente: puede cualquiera quedar excluido, difamado, señalado, marginado, castigado, regañado o grillado. Y en esta zozobra interna la realidad impone situaciones que deberían alertar sobre las consecuencias. El vergonzoso episodio de permanecer en su camioneta con la jefa de Gobierno adentro —invitada de última hora a Chiapas— en la puerta de la VII Región Militar exhibió no sólo su irresponsable terquedad sino el desastre logístico, de inteligencia y de reacción de su gabinete de seguridad.
Cómo pensar que se le va a abrir paso al jefe del Estado mexicano atropellando al pueblo bueno de la CNTE si se puede desquitar con los migrantes y de paso el crash course aprendido se aplica para alcaldes electos y que se oiga claro y fuerte, “no pasarán” y al diablo la palabrería del humanismo y Ghandi.
Los militares encargados de velar por el paso seguro del presidente a su mañanera en los hechos fallaron y debería llenarlos de vergüenza las imágenes del zafarrancho chiapaneco.
Pero el caos es fiel compañero del régimen; el caos rodeando el vehículo presidencial. El caos rodeando a la caravana migrante. El caos rodeando a autoridades electas golpeadas afuera de un recinto legislativo.
Y todo se minimiza, se justifica y se escala la polarización social y política ante el silencio ensordecedor de los de casa. Pero la complicidad tiene límites, el vaso de la burbuja interna resiente las formas presidenciales y se resquebraja la confianza. (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Nación, p. 2)
Representación lista. A unos días de la reunión de alto nivel entre México y Estados Unidos, Ken Salazar rindió juramento este miércoles ante la vicepresidenta estadunidense, Kamala Harris, como nuevo embajador en México. “Yo, Ken Salazar, juro solemnemente que apoyaré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos contra todos los enemigos internos y externos, que mantendré verdadera fe y lealtad a la misma, asumo esta obligación libremente, sin ninguna reserva mental o propósito de evasión, que cumpliré bien y fielmente con los deberes del cargo en el que estoy a punto de ingresar, así que ayúdame, Dios”, expresó. Hay embajador y hay voluntad de una relación cordial. Y eso siempre es bienvenido y más de alguien que conoce el terreno. (Excélsior, Nacional, p. 17)
La salida estadounidense de Afganistán lleva a un mayor énfasis del gobierno de Joe Biden en temas domésticos y en ese marco a un reajuste de políticas hacia Latinoamérica en general y México en particular.
Esa formulación puede combinar con las propuestas políticas del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Pero al mismo tiempo, Estados Unidos tiene claro interés en la estabilidad política y económica de México, que está integrado a su entorno económico y de seguridad.
Por ahí de 2018, el senador republicano Marco Rubio subrayó lo que bien podría ser una máxima de la política estadounidense hacia México. Eran los meses previos al triunfo electoral de López Obrador. Y aunque no necesariamente del gusto de Rubio, de origen cubano, recordó que “el interés mutuo de Estados Unidos y México es tan fuerte, tan significativo, que es difícil imaginar que incluso alguien de la izquierda dura lo ignore, si verdaderamente quiere ser exitoso. No se puede ser Presidente de México si no se reconoce esa realidad”.
Es evidente que el presidente López Obrador ha prestado atención, en el régimen de Trump y el actual, aunque las relaciones personales hayan sido descuidadas.
Ese interés se refleja visiblemente en la virtual aceptación de la política “permanece en México” y las decisiones de controlar la llegada de indocumentados centroamericanos y definirlos como “refugiados económicos”, y en la determinación aparente de actuar como “bisagra” entre EEUU y América Latina, especialmente los gobiernos de la nueva “marea rosa”.
La idea de un nuevo organismo regional, que margine a la Organización de Estados Americanos (OEA), puede verse como un choque con la política tradicional estadounidense, pero también como la posibilidad de que permita a Washington buscar una nueva relación, menos contenciosa y acorde con su interés en “contener” los avances de China en el hemisferio, amén de deshacerse del bagaje de la Guerra Fría y tal vez hallar un camino alrededor del absurdo embargo económico contra Cuba, que es parte de su política doméstica.
Hay tres puntos a considerar desde el punto de vista bilateral: seguridad –incluso migración y narcotráfico–, economía –complementariedad de políticas más allá de los procesos de producción– y estabilidad social, con respeto a procesos democráticos incluidos.
En seguridad, se está en la negociación de un nuevo acuerdo que modifique aspectos de lo ya existente, en especial de la llamada Iniciativa Mérida sobre la lucha contra las drogas y el crimen organizado, así como posiciones conjuntas sobre migración, especialmente no regional. Para el gobierno Biden, los temas ambientales son de seguridad.
Lo económico puede ser más complicado, toda vez que la retórica del gobierno mexicano y algunas medidas legales, como la reforma energética, han creado incertidumbres de inversionistas y abiertas denuncias. Pero nada que no pueda resolverse con un batallón de abogados. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)
Le conviene a México que Estados Unidos siga perdiendo poder en el mundo. Mi respuesta es no.
El hecho de que Estados Unidos viva inmerso en un proceso de debilitamiento geopolítico puede traer consigo efectos negativos para los mexicanos.
El debilitamiento de Estados Unidos en su rol de “potencia indispensable” –como la llamara por primer vez Bill Clinton hace 25 años– es una mala noticia para muchos.
De entrada, para los millones de mexicanos que vivimos en Estados Unidos, ya sea que hayamos nacido en México o aquí, con papeles o sin papeles, nuestro bienestar está ligado a la prosperidad y a la seguridad de este país.
La economía mexicana se beneficia profundamente de las oportunidades que genera la vecindad con Estados Unidos. Remesas, turismo, exportaciones, importaciones, atracción de inversiones, cadenas productivas.
No todo es color de rosa, la asimetría de fuerzas ya nos costó en el siglo XIX la mitad de lo que fuera nuestro territorio.
La absurda “guerra contra las drogas” nos baña en sangre con sus violentos y perversos efectos, al mismo tiempo que el descontrolado flujo de armas de alto poder convierte a los carteles del crimen organizado en verdaderos escuadrones letales y aterradores.
Al poner en la balanza lo que México y los mexicanos ganamos o perdemos con el debilitamiento de Estados Unidos, es evidente que no nos conviene que la espiral vaya a la baja.
Los lados negativos y espinosos de la relación de México y Estados Unidos podremos con trolarlos mejor solo con el fortalecimiento de ambas naciones.
Cooperación y sinergia –en lugar de nocivos juegos de suma cero– es lo que debemos impulsar en ambos lados de la frontera.
Por eso, el famoso muro de Donald Trump no fue una señal de fortaleza geopolítica, sino por el contrario, un símbolo de un país temeroso del exterior, cerrado sobre sí mismo dando la espalda al mundo.
La historia nos enseña que “el que se encierra pierde”. El poder de las naciones, de las corporaciones, de las dinastías, de las personas en general, suele radicar en su capacidad de crear relaciones, establecer puentes y alimentar intercambios en los que se multiplican la riqueza, los aprendizajes y la influencia.
El rotundo fracaso de Estados Unidos en Afganistán ha detonado múltiples reflexiones sobre cuál debe y puede ser el rol de este país de cara a los retos globales que enfrentamos como humanidad en el siglo XXI.
Ha quedado claro que el poder militar puede destruir naciones, pero no puede construirlas. También se ha evidenciado que no basta ser el más fuerte –el ejercito más poderoso del mundo–, sino que lo que importa es la inteligencia, entendida en un sentido amplio como la capacidad para entender la realidad para adaptarse a ella y, en un sentido de real politik, como el entendimiento de las fuerzas políticas, económicas y socioculturales que entran en conflicto.
Se ha etiquetado a la salida de Afganistán como el fin de “la guerra más larga”, sin embargo, hay un conflicto más añejo en la raíz misma de los Estados Unidos –no olvidemos que aquí hubo una guerra civil– que enfrenta dos visiones opuestas de lo que debe ser este país. El norte contra el sur, las poblaciones costeras –este y oeste– contra las del interior, los blancos contra las minorías “de color”, demócratas contra republicanos, MSNBC contra FOX News y así un largo etcétera.
Los Estados Unidos, divididos serán vencidos. Hoy aquí todo se politiza y es casi imposible encontrar el espacio de encuentro, el bien común. Batallas absurdas que radicalizan los asuntos más elementales para la sobrevivencia como la aplicación de las vacunas, el uso del cubrebocas, la regulación de las armas de fuego, la libertad de decidir de las mujeres o la cada día más evidente necesidad de actuar con firmeza a escala planetaria para contener los estragos que causa el cambio climático (a la vista en los incendios de California y las inundaciones en Luisiana).
Hoy los rivales de Estados Unidos ven cómo al interior se están destrozando. Los actores políticos no están procesando adecuadamente ni las demandas y necesidades de sus ciudadanos ni generando acuerdos relevantes para consolidar su poder de cara a sus intereses geoestratégicos. China seguirá avanzando como su principal retador y otras naciones con intereses y cosmovisiones opuestas como Rusia, Irán o Corea del Norte podrán ir ocupando los espacios que la debilidad creciente de Estados Unidos les concede.
Los países que se dejan dividir por las acciones de personajes políticos que lucran con la polarización y el conflicto están condenados a perder influencia al desperdiciar las oportunidades que dan la cooperación y el diálogo. Al final del día solo recogerán el cascajo producido por sus batallitas mezquinas.
Por eso los habitantes de Norteamérica debemos entender que la polarización al interior de nuestros países solo sirve a otros, pero no a nosotros, es rentable exclusivamente para los mercenarios del resentimiento que ganan su pequeño poder a costa de un peor futuro para su gente. (Guido Lara, El Financiero, Opinión, p. 32)
El Presidente rindió su tercer informe de Gobierno enunciando el éxito de sus políticas en materia energética, obras públicas, el programa de vacunación, economía, empleo, seguridad y desarrollo social.
El informe luce esperanzador porque, en efecto, Banxico estima que el crecimiento económico del país oscilará entre el 5.7% y el 6.7% en 2021, y porque el Presidente presumió récords históricos en remesas, inversión extranjera, en incremento al salario mínimo, en no devaluación del peso, en no incremento de deuda, entre otros.
Sin embargo, algo no cuadra. De acuerdo con el Coneval, la población con carencia a acceso a los servicios de salud pasó de 16.2% en 2018 a 28.2% en 2020, lo que significa un incremento de 15.6 millones de personas. Es relevante, porque el Presidente, al referirse al tema de salud, no mencionó la política de unificación de los sistemas de salud o los resultados del Insabi.
A su vez, la población en situación de pobreza pasó de 51.9 millones en 2018 a 55.7 millones en 2020, una diferencia de 3.8 millones de personas. Es decir, el porcentaje de la población en situación de pobreza pasó de 41.9% a 43.9%. A pesar del esfuerzo por expandir los programas sociales y las transferencias directas, éstas no han sido suficientes para distribuir el celebrado crecimiento de alrededor del 6% en la población más pobre.
El empobrecimiento de la población tiene diversos efectos, pero uno tiene que ver con la migración. Uno podría relacionar el incremento de la migración a EU con el de las remesas, mencionado por el Presidente, pero el desempleo en la población migrante de EU ha incrementado drásticamente por la pandemia. Por lo que el incremento de las remesas, de acuerdo con investigaciones, apunta más a que los cárteles de las drogas están utilizando el sistema financiero de las remesas para lavar el dinero que reciben en Estados Unidos para enviarlo a México.
Fortalece a esta hipótesis el hecho de que los estados con mayor incremento de remesas son en donde la presencia del narco se ha fortalecido.
Esto está relacionado con una cuestionable estrategia que apela más a la comprensión y buen comportamiento de los grupos delictivos, que a una persecución de sus operaciones financieras y paramilitares.
Que, a su vez, se ha reflejado en una muy humilde reducción del 0.5% de los homicidios, explicada por el Presidente, cuando es bien sabido que la cifra de homicidios asciende a más de 81 mil personas en lo que va de su sexenio y, de continuar la tendencia, podría rebasar los 200 mil homicidios en 2024.
En suma, los resultados del informe de Gobierno del Ejecutivo, en efecto, son una buena lección de política tecnocrática neoliberal, que resume los éxitos del Gobierno en cifras macroeconómicas estables y esperanzadoras, pero que parecen no traducirse en bienestar y paz en la población más pobre. (Pedro Sánchez Rodríguez, La Razón, La dos, p. 8)

(Rictus, El Financiero, Nacional, p. 40)

(El país de nunca Jabaz, Milenio Diario, Al frente, p. 3)

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 13)

(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 15)

Maltrato migratorio