Tiene SRE nueva jefa de protocolo
Nos comentan que este martes doña Susana Iruegas se convertirá en la nueva directora general de Protocolo de la Secretaría de Relaciones Exteriores. La funcionaria cuenta con una larga trayectoria en áreas de protocolo, ceremonial y relaciones públicas. Fue, por ejemplo, directora de protocolo diplomático en el Gobierno de la Ciudad de México durante la administración de Marcelo Ebrard. Es viuda del embajador de carrera Gustavo Iruegas, quien en 2006 fue nombrado por Andrés Manuel López Obrador Secretario de Relaciones Internacionales, en el denominada gabinete legítimo que formó luego de autoproclamarse presidente legítimo, tras argumentar que fue víctima de un fraude electoral que le impidió llegar a la Presidencia. Durante su matrimonio de 43 años, doña Susana acompañó al embajador Iruegas en sus múltiples comisiones en el exterior. En Nicaragua, por ejemplo, se le recuerda por haber atendido a los alrededor de 500 jóvenes que se habían exiliado en la embajada mexicana en Managua, huyendo del dictador Somoza. (El Universal, Opinión, p.2)
En México, pendientes por elección
Las elecciones de Estados Unidos siempre despiertan el interés del mundo, pero en especial de México, donde la relación se reconoce amplia y muy compleja por muchas razones. Lo que sucede en el vecino país del norte tiene siempre notorias repercusiones aquí. Si bien no fuimos tema electoral, Donald Trump sí expresó en algunos eventos su afinidad y simpatía por Andrés Manuel López Obrador y agradeció su apoyo para frenar las caravanas de migrantes centroamericanos que tenían como destino EU. Nos comentan que en Palacio Nacional seguirán minuto a minuto esta jornada electoral, que desde ahora se antoja de pronóstico reservado. ¿Será?
¿Caballo que alcanza gana?
Por cierto, algunos analistas comenzaron a señalar anoche que a pesar de que las encuestas favorecían a Joe Biden, se observaba un avance importante de Trump en las preferencias electorales, a tal grado que no debería de sorprender si hay reelección. Lo que sí ha resultado una sorpresa es el apoyo abierto a los demócratas por parte de quienes son opositores al Presidente mexicano; ¿estarán convencidos o los empuja su rivalidad con el mandatario? ¿Será? (24 Horas, Opinión, p.2)
Trump revive campaña de odio e inventa dia contra migrantes mexicanos
A su más puro estilo y olvidando su “amistad” con el presidente López Obrador, Donald Trump regresó a su campaña de odio para ganar votantes en vísperas de las elecciones del 3 noviembre. Declaró el 1 de noviembre como el “Día Nacional de Conmemoración de los Estadounidenses Asesinados por los migrantes ilegales”. Amor y paz responderán seguramente desde Palacio Nacional este martes ante la xenofobia y desprecio por los “héroes” mexicanos. (Contra Replica, Opinión, 2)
A unas horas de conocerse el resultado electoral en Estados Unidos que definirá la geopolítica mundial, repasemos rápido la relación entre los gobiernos de López Obrador y Trump. Desde antes y al principio del sexenio del Presidente mexicano mucho se habló de un riesgo en el trato bilateral. Se dibujaron escenarios catastróficos y un choque de trenes que pondría en riesgo a nuestro país frente al mandatario estadounidense por su manera de mirar a México y tratar a los indocumentados.
Ya en el poder, López Obrador modificó su papel de candidato. Iba a encarar a Trump al ritmo que éste marcara, pero no hubo tuitazos al tú por tú para responderle al habitante de la Casa Blanca, ni respuestas en el mismo tono a sus discursos racistas. Marcelo Ebrard, canciller de México, terminó construyendo una relación con EU que cambió la ruta de la confrontación que presagiaron especialistas con el gobierno vecino, como las tuvo con economías más fuertes: Francia, Alemania, Japón y la misma de Canadá.
La cancillería tomó por primera vez en la historia de México las funciones de Gobernación en materia migratoria. La Guardia Nacional asumió funciones de Border Patrol en territorio nacional para contener las caravanas centroamericanas. Trump también enarboló el nuevo tratado comercial con México como una victoria y hasta se unieron ante los países petroleros. (Alejandro Sánchez, El Heraldo de México, Opinión, p.7)
¿ Cuál debe ser la postura de México frente al resultado de las elecciones en Estados Unidos (EU)?
El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha preferido establecer una relación tremendamente funcional con el gobierno de Donald Trump a grado tal que, en su negociación final del T-MEC, en sus acuerdos migratorio y petrolero, y en su visita el verano pasado a la Casa Blanca, sus críticos le han echado en cara que ha apostado por la reelección del republicano.
Pero lo que pocos han leído de la relación que estableció AMLO con Trump es que el presidente de México eliminó en la práctica el fantasma de la supuesta vocación que nuestro país tenía para fungir como ‘patio trasero’ de Estados Unidos.
Esta aparente nimiedad es fruto del quirúrgico manejo diplomático del canciller Marcelo Ebrard y, si bien es imposible que a partir de ella se establezca una relación totalmente equilibrada, sí es palpable que desde la Casa Blanca dejaron de emitirse —o se redujeron mucho— los juicios flamígeros y los sistemas de evaluación sobre nuestro desempeño.
Un ejemplo nítido: quienes temían que el día que entró en vigor el T-MEC íbamos a atestiguar una horda de inspectores estadounidenses inundando las fábricas en México para ver si se cumplía aquí con la democracia sindical y con los derechos laborales, se quedaron con las ganas. No hubo tal. (Carlos Mota, El Heraldo de México, Opinión, p.30)
Por primera vez en la historia, los latinos son la minoría más grande en los Estados Unidos según el Pew Research Center. Representan el 13% del potencial de votantes, superando al electorado afroamericano cuya proporción es del 12%, seguido de los migrantes de origen asiático con el 4.7%. No obstante que 32 millones de latinos son elegibles para votar, sólo cerca de 17 millones se han registrado para participar, de los cuales 5 millones han votado tempranamente, lo que representa el doble respecto a las elecciones de 2016.
La juventud es la clave. El 44% de los latinos que votaron en 2016 eran jóvenes. Desde entonces, cada año 1 millón de personas de origen latino cumple 18 años, con lo que tenemos 4 millones más de jóvenes con posibilidad de votar en estos comicios. A pesar de que históricamente los latinos han sido de los grupos con menor participación electoral, la comunidad parece estar despertando y la juventud latina actuando para hacer valer su voz y sus derechos.
México es, de lejos, el país más representado con más del 67% del total de los latinos en Estados Unidos, seguido por Puerto Rico, Cuba, El Salvador y República Dominicana. El 61% de los migrantes viven en los cuatro estados más poblados del país: California, Nueva York, Texas y Florida. De acuerdo al Pew Research Center, 6 de cada 10 latinos planean votar por Joe Biden. Sin embargo, debemos entender que la comunidad hispana no es un bloque único y homogéneo. Importa su historia, contexto, situación personal y familiar y si son de primera, segunda o tercera generación. También, tanto algunos connacionales que se sienten estables en la Unión Americana y prefieren que no ingresen más migrantes, como la mayoría de los cubanos y venezolanos por la situación política de sus países de origen, están a favor de Trump. Por ello, Florida, estado bisagra y uno de los de mayor peso electoral en el que los latinos representan el 20% de los votantes, muestra como en 2016, una tendencia muy reñida. (Eunice Rendón, Reforma, Opinión, p.10)
Francamente, creo que un mexicano defendiendo a Trump es lo mismo que un pavo defendiendo la Navidad.
Vamos, el tipo nos ha insultado y humillado en público en innumerables ocasiones, nos ha dicho violadores, bad hombres, narcos y hasta, de plano, animales. Construye un muro tan ridículo, tan enorme como su propio ego y ha doblado al gobierno mexicano, con la permanente amenaza de aranceles, obligándonos a usar nuestra Guardia Nacional como su policía del patio trasero: aquí hacemos el trabajo sucio para que, allá, el hombre naranja pueda presumir el sometimiento nacional ante su electorado más nativista y radical.
Aún así, el gobierno de la 4T ha hecho su apuesta a favor de Trump, el desgastado y falso argumento del TMEC 2.0 se caerá a pedazos en unos meses más cuando vengan las primeras demandas norteamericanas en los paneles de controversia laboral y las empresas mexicanas terminen contra las cuerdas, esa será nuestro más peligroso lastre de un acuerdo genuflexo, firmado de rodillas, que nos costará muchísimo gane o pierda Donald Trump.
Por simple dignidad, no veo cómo un mexicano pudiera echar porras a un hombre que desborda odio contra México mismo, pero la escuela masoquista, de la que, a veces, parecemos dignos representantes, ha formado también ciudadanos amantes de la degradación propia.
El domingo, convocados por el presidente del Partido Republicano en México, Larry Rubin, unos 200 vehículos, entiendo que la mayoría de ciudadanos norteamericanos o mexicano-americanos, partieron de Xochimilco hacia el Parque Lincoln en Polanco en una caravana a favor de Trump… Somos tan surreales. (Luis Cárdenas, El Universal, Opinión, p.5)
¿En verdad nos conviene —a México, a los mexicanos— que se reelija Donald Trump?
Es lo que algunos creen. Ven el camino ya andado. Creen que han logrado “domar” al republicano y que además se llevan bien el de la Casa Blanca y el de Palacio Nacional. Además, apostaron por él…
Pero no todos piensan igual. Arturo Sarukhán, ex embajador de México en Estados Unidos, es uno de ellos. Él, al igual que otros diplomáticos, politólogos y estudiosos de la relación entre México y Estados Unidos, advierten que con la reelección del hombre naranja podría irnos peor que con Joe Biden.
“Quienes en y desde #México argumentan que a nuestro país le conviene el triunfo de Trump en las #Elecciones2020, ya sea porque siguen de manera pavloviana lo que intuyen pudiesen ser las inclinaciones y preferencias del presidente mexicano, porque se bebieron el kool aid… (Martha Anaya, El Heraldo de México, Opinión, p.5)
SI LAS ENCUESTAS, la razón y la Divina Providencia no fallan, hoy debería ganar Joe Biden la Presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, todo indica que Donald Trump pretende aplicarle la obradoriña, rechazando desde ahora los resultados y adelantando que los impugnará voto por voto, casilla por casilla.
MÁS ALLÁ de quien despache en la Oficina Oval el próximo año, la pregunta es si México mantendrá su política exterior estilo Temoaya, por aquello de que ahí se hacen muy bonitos tapetes. Es claro que una derrota de Trump sería una derrota para Andrés Manuel López Obrador, dada la prestancia que ha tenido para darle gusto en sus demandas y la molestia que esto ha provocado entre las filas del Partido Demócrata.
NO OBSTANTE, un eventual triunfo de Biden podría ser una buena noticia para México en tanto que tiene mucho más conocimiento y entendimiento de lo que hay al sur del Río Bravo, gracias a que como vicepresidente fue prácticamente el encargado de las relaciones con Latinoamérica. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión,,p.8)
Hace cuatro años los electores estadounidenses optaron por romper con buena parte de su pasado.
La elección de Donald Trump en 2016 selló un giro de 180 grados en la política de la nación más poderosa del mundo.
Se rompió la visión que por décadas caracterizó a nuestro vecino del norte como líder de occidente. La vocación que surgió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial fue abandonada.
El liderazgo de Trump resucitó un nacionalismo expresado en la consigna: Make America Great Again.
Una parte de los trabajadores norteamericanos votó por una opción en la que resonaban los ecos del pasado. Los tiempos en los que había escasa competencia internacional y existía seguridad en los puestos de trabajo. Una era en la cual la migración era un fenómeno marginal y la diversidad racial y cultural de la sociedad norteamericana eran mucho menores. (Enrique Quintana, El Financiero, Opinión, p.2)
Francisco Moreno es un michoacano que hace 37 años dejó sus estudios de derecho en la Universidad de Guadalajara para emigrar a Los Ángeles, California.
Su idea era quedarse dos meses. Los imponderables de la vida lo llevaron a echar raíces en la ciudad emblema de la industria cinematográfica.
Le tocó limpiar pisos y lavar baños. Su tenacidad lo llevó a escalar. Después de tres décadas como activista, fue electo en julio pasado como presidente del proinmigrante Consejo de Federaciones Mexicanas (Cofem).
El Cofem integra once organizaciones y reivindica más de 50 mil afiliados. Periódicos como Los Angeles Times han destacado su labor.
Lo buscamos para que hablara de las elecciones en Estados Unidos. La charla derivó en la supuesta “amistad” de López Obrador con Trump.
De inmediato nos hizo saber que muchos migrantes de origen mexicano se sienten ofendidos por el trato de “amigos” que el mexicano le dispensa al jefe de la Casa Blanca.
“Sentí coraje cuando López Obrador vino a Estados Unidos a decirle amigo a un hombre que ha ofendido, denostado, tratado muy mal a los mexicanos”, nos dijo en charla telefónica.
Le duele que ni el Presidente mexicano ni en canciller Ebrard “entiendan” la realidad que viven los migrantes mexicanos allá, sobre todo los que no tienen documentos. (Francisco Garfias, Excélsior, Opinión, p.6)
Por décadas, el seguimiento de las elecciones presidenciales norteamericanas ha sido casi un deporte nacional entre las élites mediáticas, políticas y empresariales mexicanas asumiendo que del resultado habrá consecuencias, de un tipo u otro, en la relación entre ambos países. Esta vez no ha sido la excepción pero, al igual que en el pasado, dicha observación parte de una simplificación excesiva: que la naturaleza de dicha relación depende tan sólo de la voluntad personalísima del presidente de Estados Unidos. ¿Es así? Veamos.
Largamente discutida pero nunca resuelta, la relación con EU sigue siendo un aspecto traumático de nuestra cultura cívica y, lógicamente, de la forma como México se relaciona con el exterior. Aunque dicen que el psicoanálisis es la única enfermedad que ha generado su propia terapia, a veces parece que es el único camino que nos queda para aceptar que ningún país puede ingresar a la edad adulta si no comprende y procesa con nitidez y sentido práctico las lecciones de su propio pasado y afronta sus fantasmas de la etapa formativa.
La percepción de las relaciones México-EU, a pesar de que han sido muy estudiadas, no han producido un cambio profundo en la mentalidad colectiva de lo que significa ese vínculo, geográfica, política y económicamente ineludible. Hace cuarenta años que en México existen centros académicos y publicaciones especializadas en Estados Unidos; estudiantes, profesores, trabajadores y gente de negocios vienen y van al norte del Bravo; todos tenemos un pariente al otro lado, y la mayoría de los medios mexicanos tienen corresponsales en el país vecino. Y, sin embargo, todo ello no ha logrado crear en la opinión pública mexicana una pedagogía que arroje más claridad sobre la naturaleza, relevancia y complejidad de esa relación.
Basta ver las declaraciones políticas o algunas encuestas acerca de las posiciones de México ante EU para darse cuenta de que el antiamericanismo, fermentado por décadas, de buena parte de la ciudadanía, sigue bien abonado por una mezcla de raíces históricas y de prejuicios, resentimientos y lugares comunes. Pero aún con la ambigüedad que subyace en ese comportamiento, algunos sectores académicos y privados han hecho su tarea para construir con EU un marco de relaciones que, a sabiendas de que siempre existirán mitos, diferencias y tensiones, los canalice de forma tal que distinga los asuntos de fondo entre ambas naciones de las fricciones cotidianas inevitables. Los hechos concretos y los datos duros en materia de seguridad regional, violencia fronteriza, migración, medio ambiente, comercio, drogas, remesas, etc. –que constituyen la estructura vertebral de la relación bilateral– son inequívocos: México no tiene ni tendrá una relación tan crucial y estratégica como con EU. (Otto Granados, El Financiero, Opinión,p.35)
Si bien cada cuatro años sucede lo mismo, esta vez parece que el espectáculo brindado por la clase política de Estados Unidos y sus ciudadanos ha atraído aquí, con mucho, a más mexicanos que en elecciones anteriores.
De repente, como malas hierbas en terreno agrícola después de la lluvia, han surgido en México miles de especialistas en el proceso electoral de aquel país; con una facilidad que asusta y preocupa, hablan, con la seguridad que sólo da la ignorancia, de temas como el voto popular y los votos electorales. También, de los estados swing que decidirán —según ellos— la elección de hoy.
Total, a querer y no, estamos viendo un espectáculo fársico en el cual, a los pocos verdaderos especialistas conocedores del sistema electoral de Estados Unidos y sus formas de hacer política, se han unido hoy millones de mexicanos quienes, lejos de aceptar su ignorancia, pontifican después de haber intentado —sin éxito, por supuesto— entender lo dicho en un programa de análisis del proceso que hoy cierra una etapa —la emisión presencial del voto— sin haber entendido algo. (Ángel Verduzco, Excélsior, Opinión, p.5)