Luego de 40 muertos y muchos pendientes, Garduño al fin se va del INM
Nos comentan que ha comenzado la transición para dejar cuentas claras en el Instituto Nacional de Migración (INM), que actualmente está a cargo de Francisco Garduño Yáñez, y a partir de la segunda quincena de diciembre entre al relevo Sergio Salomón Céspedes Peregrina, quien dejará de gobernar Puebla. En los pasillos de Palacio Nacional se ha visto a Francisco Garduño desde que el próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó las amenazas de aumentar los aranceles en caso de no atender la migración. Nos cuentan que don Francisco tiene la indicación de dejar la casa en orden y ahora sí dedicarse de lleno al proceso judicial que se le sigue por la muerte de 40 migrantes en el incendio de la estación migratoria en Ciudad Juárez, tragedia que nunca fue suficiente para que Garduño fuera cesado. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
Deportaciones de Migrantes Ilegales
El Instituto Nacional de Migración (INM) está rebasado. En la garita de San Ysidro, al igual que en otros cruces fronterizos del lado mexicano, se ha exacerbado la carencia de espacios para alojar a los migrantes ilegales que el gobierno de Trump ya ha expulsado hacia México: Más de un cuarto de millón de personas han sido devueltas a suelo mexicano en un año con escasas o nulas posibilidades de volver a pisar suelo estadounidense de forma legal.
El INM con ayuda del ejército mexicano a través del Plan DN-III ha logrado establecer ayuda humanitaria a la población expulsada – una gran mayoría son menores de edad – de forma muy improvisada pero el gobierno mexicano no tiene todavía – como tampoco lo tuvo durante el sexenio pasado – un plan concreto y a largo plazo para la devolución de estos migrantes a sus lugares de origen o asimilación legal a territorio mexicano.
La situación es delicada porque México se encuentra en duras negociaciones con el gobierno estadounidense para evitar la devolución de otro cuarto de millón de personas. México no puede hacer nada más que negociar el número de migrantes devueltos en forma escalonada y por etapas. (Ana Leroy, El Sol de Cuernavaca, Online)
Nueva caravana, pero…
Vaya paradoja la que se presenta en el tema de la migración: Trump, que no quiere migración, la provoca. Y es que ayer se informó que una nueva caravana conformada por unas mil 500 personas, salió de Tapachula hacia el norte y se ha dicho que se adelantaron para ganar tiempo, pues esperan llegar antes de que asuma Trump como presidente y aplique medidas más radicales que les impidan entrar a Estados Unidos. Se trata de ciudadanos procedentes de Venezuela, Cuba, Haití, Colombia, Guatemala y Honduras, entre otros países. Sin embargo, lo que recién comentó la Presidenta Claudia Sheinbaum a Trump en la llamada que tuvieron sobre las caravanas en el sentido de que éstas ya no llegan a la frontera norte es verdad. Durante el fin de semana un contingente que avanzaba se disipó y antes ocurrió lo mismo con otro. Autoridades les ofrecieron alternativas de traslado a otras ciudades para intentar regularizar su situación o para que busquen sujetarse a la modalidad CBP1. En el último año, según cifras oficiales estadounidenses, las llegadas a su frontera han caído notablemente. Ya se verá qué ocurre con la que tomó camino ayer. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Más de un 1 bdp enviarán este año los paisanos
Repuntaron los envíos de dólares de nuestros paisanos a sus familias a 5 mil 722 millones de dólares en octubre pasado. El mes anterior, septiembre, fueron 5 mil 338 millones, pero no han alcanzado todavía la cifra de 6 mil 82 millones de agosto. Las familias no resentirán la baja porque el peso se ha venido devaluando. No es lo mismo recibir 300 dólares de 16.20 pesos que ganarle más a 20.20. En realidad, el superpeso las hacía perder dinero. Este año las remesas continuarán siendo la principal fuente de divisas del país. Superarán los 63 mil millones de dólares, sólo que con la actual cotización, marcarán un megarrécord histórico: más de un billón de pesos. Sin esa contribución, la economía del país se iría a pique. Por eso hay que defender a nuestros migrantes hasta con los dientes. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)
El Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (Cemla) se ha especializado en el estudio y medición de remesas en la región. Derivado de esas investigaciones, un último documento elaborado por el experto Jesús Cervantes se centra en documentar el perfil de la población inmigrante latinoamericana en Estados Unidos. Dicho documento revela un cúmulo muy rico de estadísticas acerca de las características de la inmigración mexicana hacia el vecino del norte. Ante la amenaza de deportaciones masivas de indocumentados, es conveniente citar algunas cifras interesantes del trabajo de Cervantes. Algunas tienen corte a 2022 y otras a 2023.
La población migrante en Estados Unidos procedente de México en 2023 fue de 10.9 millones de personas, que por mucho es el grupo más numeroso entre los 15 grupos migratorios latinoamericanos. Pero entre 2015 y 2023, México fue el único grupo migratorio que mostró una contracción (de 6.2%). No obstante, en 2023 hubo incrementos importantes en el número de nuevos migrantes originarios de nuestro país (185,487 personas), muy por encima de otros grupos numerosos como Cuba, Venezuela y Colombia.
Considerando una comparación de la estructura de edades en 2023 de la población inmigrante originaria de países latinoamericanos, México destaca como el grupo migratorio con mayor porcentaje con edades de 18 a 65 años (83.1%) y el que registra la menor presencia de menores de edad (3.7%).
De acuerdo con estimaciones del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en 2022 había en ese país un total de 11 millones de inmigrantes indocumentados, de los cuales 69.3% (7.6 millones) eran originarios de siete países latinoamericanos. Los indocumentados mexicanos fueron 4.8 millones lo que correspondió al 45% del total de 10.7 millones de inmigrantes de México, otra vez, el grupo de indocumentados más numeroso entre los 15 países latinoamericanos. Resulta interesante que del total de inmigrantes mexicanos citado, el 35.2% tiene la ciudadanía estadounidense y el 19.8% es residente documentado sin ciudadanía (3.8 millones y 2.1 millones de personas, respectivamente). Así que el universo de indocumentados mexicanos susceptibles de ser deportados es alrededor de 5 millones, encontrándose la mayoría en California y Texas, concentrados en la construcción y en el sector manufacturero.
La intención de Trump de deportar a “millones” es más retórica que realidad, simplemente por el problema logístico y presupuestario que ello implicaría. Su estrategia es la construcción de un enorme centro de detención en Texas, donde el primer paso es investigar a los indocumentados y deportar a los que tengan un récord criminal. Pero el reto es respetar los derechos humanos.
Se sabe que los migrantes mexicanos tienen una elevada productividad y aportan valor a esa economía. Por ello, se requiere una ley de inmigración funcional por parte del Congreso que regule los flujos migratorios. México debe negociar que solo sean deportados mexicanos y que a los de otras nacionalidades se les regrese a su país de origen. Por parte del gobierno mexicano, aún no se vislumbra al equipo experto que tenga la experiencia y habilidad para conducir las negociaciones sobre este tema. (Federico Rubli Kaiser, El Economista, El Foro, p. 46)
México, tenemos un problema. La presidenta Claudia Sheinbaum responde con lugares comunes ante la amenaza de Donald Trump de imponer aranceles de 25% mientras el fentanilo y la migración indocumentada de México y Canadá no se frenen, y va reaccionando en cámara lenta, cuya parsimonia se magnifica ante la velocidad como el primer ministro Justin Trudeau apura su paso para contener las bravatas del presidente electo. No se trata sólo de una métrica sobre la capacidad de reacción, sino la pachorra para actuar. Uno tomó la iniciativa y ella se sentó en la silla para hablar consigo misma y señalar a Trump y Trudeau de no ver su realidad. Pobre. Y pobres de nosotros.
Trump amenazó a México y Canadá hace ocho días, y el mismo lunes de su declaración, Trudeau le habló por teléfono. A esas mismas horas Sheinbaum escribía una carta –¿de dónde habrá sacado que la comunicación epistolar es mejor que una directa?–, que antes de enviar a Mar-a-Lago la leyó en la mañanera –al estilo de su mentor Andrés Manuel López Obrador de hablar a las audiencias locales, sin importar las consecuencias de la grosería diplomática–, donde le da un sermón sobre la política migratoria mexicana, los problemas de adicción en Estados Unidos, el daño que hacen las armas de su país en México y que aplicará la ley del talión en el caso de los aranceles.
¿Y hablaría ella con Trump por teléfono?, le preguntaron en su mañanera. Más adelante. Los diplomáticos de carrera en la Cancillería le consiguieron una llamada con Trump el miércoles por la noche. Mientras ella hablaba con el terminator de Florida, en Ottawa se hacían los arreglos para una cena en Mar-a-Lago entre Trump y futuros miembros de su gabinete, y Trudeau y su gabinete el sábado por la noche. ¿Y habrá cena con Trump?, inquirieron a la Presidenta. “No hemos fijado la fecha, pero vamos muy bien”, respondió. Bueno.
Trudeau salió muy contento de la cena y sugirió que había neutralizado las amenazas de Trump. El domingo anunció el reforzamiento de la frontera con Estados Unidos con drones, helicópteros y más personal, y el lunes inició una campaña de spots para advertir en varios idiomas que migrar a Canadá ya no será fácil. En México se decomisaron productos piratas –para que vean en Florida que se combate el dumping chino– en una plaza en la Ciudad de México. “Se acabó la fiesta” para las agencias aduanales, celebró Ebrard. Patético.
Trudeau, que ha dicho que no quiere que México quede fuera del acuerdo comercial norteamericano, como le están pidiendo los gobernadores de las 13 provincias y territorios canadienses, se mostró dispuesto ante Trump a bajar del autobús trilateral a México. No somos iguales, narró la embajadora canadiense en Washington que le dijo a Trump en la cena y lo convenció de ello. ¿Y qué tiene que decir Sheinbaum?
Otra acusación: Canadá tiene un problema de adicción al fentanilo –nadie le ha dicho, parece, que una ruta importante del fentanilo a Vancouver, la ciudad más afectada por el opiáceo, la maneja una red de traficantes cercana a Morena–. Y una declaración extraña: “A México se le respeta. Somos un país grandioso, con enormes riquezas, con nuestras problemáticas que estamos atendiendo y que estamos desarrollando un presente y un futuro muy promisorio”.
Eso está en duda. El domingo The New York Times publicó un reportaje de primera plana donde describen que el Cártel de Sinaloa está reclutando estudiantes de química para empezar a producir los precursores del fentanilo en México y dejar de importarlos de China. Y este lunes, The Globe and Mail, el principal diario canadiense, analizó la exportación de fentanilo de México y Canadá a Estados Unidos, y mostró que los decomisos en 2022 fueron 500 veces más lo que provenía de este país.
Otros sectores influyentes en el mundo tampoco coinciden con la cosmogonía que tiene Sheinbaum de México. El Financial Times, uno de los dos periódicos financieros internacionales más importantes, publicó ayer un análisis que se titula El riesgo de que México sea excluido de Norteamérica está creciendo, donde menciona que los mercados no han registrado las amenazas de Trump porque han optado por la visión optimista de que su nueva administración repetirá lo que hizo en su primer periodo, sin tomar en cuenta que las condiciones cambiaron radicalmente, como por ejemplo que no necesita contenerse porque no iría a la reelección.
El Financial Times sugiere hacerle caso a Trump y no pensar que está blofeando, una recomendación que podría tomar también Sheinbaum, que está actuando como si no fuera posible que concretara su amenaza desde el primer día en que despache en la Oficina Oval, como lo ha prometido.
Por sus declaraciones y sus escritos, la Presidenta parece estar convencida de que Trump blofea, que es una consecuencia de los diagnósticos y escenarios que le han presentado los secretarios de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, y de Economía, Marcelo Ebrard, que siguen haciendo política inexperta, en el caso del primero, y economía básica, en el caso del segundo, llevándola a pensar que la racionalidad es la motivación del terminator de Florida, y no las emociones que envuelve en acciones mediáticas espectaculares.
Sheinbaum debe saber que De La Fuente es inexperto y desconocido en el equipo de Trump, y que de Ebrard tienen tan mala impresión como negociador, que han ignorado en el equipo de transición sus intentos por agendar una cita con Howard Lutnick, a quien designó como el futuro secretario de Comercio y quien llegará la negociación comercial. Ambos la han llevado hasta a ser una pendenciera ante Trump sin tener la fuerza porque la estrategia sugerida de pelearse simétricamente es un callejón sin salida.
Trudeau optó por el método de ceder ante Trump en lo menos para obtener lo más, que no haya aranceles contra Canadá. Sheinbaum ni cede estratégicamente, ni hace nada que se vea eficaz. Así no, porque está caminando hacia un abismo a donde llevará a todo el país. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 38)
Nadie más bravucón con Donald Trump que el candidato Andrés Manuel López Obrador. Le dedicó un libro en el 2017, “Oye Trump”, donde se descoció en contra del republicano.
Pero nada más llegaron los dos al poder y López Obrador pasó de aquella opinión sobre el muro de Trump de: “rechazamos la erección de ese monumento a la hipocresía y a la crueldad porque no queremos familias separadas”, a desplegar a la Guardia Nacional en la frontera para evitar la migración ilegal.
Y cuando a finales de mayo del 2019 el gobierno mexicano recibió por parte de Trump la amenaza de aranceles si no detenía el flujo migratorio ilegal, López Obrador acuñó aquella de, no creo en el ojo por ojo y diente por diente porque todos nos quedaríamos chimuelos o tuertos.
Apagó una crisis aplicando el control de daños que sólo el maestro de la propaganda podía capitalizar a su favor, porque no solucionó el problema, sí tranquilizó a la bestia republicana, pero hoy México padece un crimen organizado empoderado y extendido.
El punto de partida de la relación actual con América del Norte no tiene que ser el posicionamiento de Canadá o la posibilidad que sí tiene Justin Trudeau de tomar el avión oficial y volar de inmediato a Mar-a-Lago.
Canadá fue puesto en la misma canasta que México y eso no es correcto, porque los problemas bilaterales no son los mismos.
México no tiene un dilema con Estados Unidos por una diferencia de visiones en la OTAN, o por las posturas a seguir en el G7, mucho menos por el Círculo Ártico.
Pero Canadá no enfrenta el tamaño de problemas de migración y narcotráfico que sí tiene México en su frontera común con Estados Unidos.
Ahí están los datos, los agentes de aduanas y protección fronteriza de Estados Unidos (CBP) decomisaron durante el último año 19 kilos de fentanilo en la frontera con Canadá y en la división con México fueron casi 10,000 kilos.
En noviembre pasado la oficina de control migratorio (ICE) detuvo a 47,000 inmigrantes ilegales a Estados Unidos en la frontera con México, mientras que en la división con Canadá fueron 700.
El gobierno mexicano no puede sentirse ofendido porque Canadá se defienda como gato boca arriba de Trump, ni puede amenazar con que a un arancel le sigue otro arancel en respuesta.
Canadá va a hacer su trabajo y México no se puede sentir menospreciado por ello. Nuestro país tendrá que hacer lo suyo en los temas que interesan a Donald Trump; ni hablar, esa es la realidad.
Tiene que haber algo más que unas cuantas bolsas de fayuca en Izazaga, más que desintegrar una caravana migrante, incluso más que conseguir un boleto en un vuelo comercial a Miami para llegar a Mar-a-Lago.
Si se lo propone el gobierno mexicano, hoy tiene posibilidades de encontrar soluciones a problemas reales, como el narcotráfico, la migración ilegal y el comercio desleal de China en dos personajes centrales: Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard. Son dos activos del presente gobierno.
Mientras tanto, que desempolven el manual del populista del sexenio pasado y eviten engancharse con un bully del tamaño de Donald Trump. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 13)
Condenan la deportación de activistas colombianos
El grupo de trabajo de agroecología política del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) manifiesta su solidaridad ante el agravio cometido por las autoridades migratorias mexicanas, señalando de manera enfática nuestro profundo repudio ante este tipo de situaciones que se repiten constantemente en el país al deportar a nuestras y nuestros hermanos colombianos, y en este caso a nuestras colegas del Movimiento Agroecológico Colombiano, quienes viajaban cubriendo todos los requisitos legales, además de que poseían invitaciones impresas y respaldadas por académicos de la UNAM en Yucatán, para compartir con mexicanas y mexicanos que sostienen sus reivindicaciones y luchas por la soberanía alimentaria bajo principios agroecológicos desde sus territorios. Ello, en el contexto del proyecto en agroecología implementado entre el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Colombia y el Ministerio Federal de Alimentación y Agricultura de Alemania.
Resulta incomprensible y vergonzoso que sigan ocurriendo estos actos que atentan contra los derechos humanos y reflejan racismo y discriminación con las y los hermanos colombianos, especialmente en un país como México que defiende al maíz nativo frente a los transgénicos. Consideramos que resulta imprescindible que se reparen dichos agravios con justicia y con una disculpa pública.
Les extendemos nuestra más sincera solidaridad. En realidad, teníamos una gran ilusión de recibirles en nuestras milpas y huertos familiares. Hacemos un llamado a la reflexión sobre la importancia de garantizar un trato digno y respetuoso a quienes viajan con el propósito de compartir saberes y construir puentes de aprendizaje y cooperación. (Narciso Barrera Bassols, coordinador del grupo de trabajo agroecología política del Clacso, La Jornada, Editorial, p. 2)
Suele suceder cuando tienes a un bully, a un provocador en el grupo. Los demás se dan con todo entre ellos, se acusan de cualquier cosa para quedar bien con el malo. Él se ríe.
Claro, esto sucede en la escuela. Que suceda en las relaciones internacionales, que afectan los destinos de países, pues no parece lo más adecuado.
“¡Tú produces más fentanilo!”. “¡Tú tienes más adictos!”. “¡Tú no cuidas a tus jóvenes!”. “¡Tú los mandas al norte con droga!”. “¡Tú no tienes cultura milenaria!”. “¡Si pones aranceles a ti te va ir peor!”. “¡No, a ti!” “¡A mí ya me invitó a cenar!”. “Lero, lero”… En fin, los más recientes intercambios entre los países que integran el poderoso bloque comercial de Norteamérica parecen sacados de la bronca en una escuela primaria en la que no hay maestra que ponga orden.
Está claro que un personaje como Trump, más ahora que llega recargado, nunca es sencillo para tratar, pero Justin Trudeau y Claudia Sheinbaum fueron a la primaria y saben que nada da más placer al provocador que los otros caigan en su juego. Y que la bronca entre los provocados solo beneficia al bully.
Esto no quiere decir que México y Canadá tienen que estar de acuerdo en todo o formar un bloque en contra de la avalancha que se viene el próximo año con el presidente Trump. Cada país tiene sus intereses y en algunas cosas no coinciden ni coincidirán. Pero el tamaño del reto que viene en los próximos meses y años en lo comercial, lo económico, la migración, el tráfico y consumo de drogas de todo tipo no está para andarse peleando a gritos en el patio.
En todos los temas mencionados en el párrafo anterior, los tres países tienen ventajas, desventajas, mayores y menores problemas. Lo que está claro es que solo trabajando juntos podrán encontrarse soluciones o dar buen cauce a proyectos. No, no es a gritos y sombrerazos, ni con malos chistes.
Lo que se necesita para enfrentar al elefante, no en la sala, sino en la Casa Blanca, es estrategia, trabajo, negociación y paciencia. Burlándose e insultando en público al otro no se logra mucho.
Eso, parece evidente hasta hoy, no parece estar sucediendo en este mes desde la elección estadunidense. Y pues sí, así gana el provocador, siempre, como en la primaria. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
Donald Trump no está pensando en una “invasión suave” en México, como publicó Rolling Stone: sus asesores de seguridad y él mismo están pensando en intervenciones muy específicas para destruir laboratorios de fentanilo y detener operadores claves de los cárteles.
No es ningún secreto, ya lo propuso Trump en los últimos meses de su anterior mandato presidencial. Para esas fechas, la historia está muy bien contada por Bob Woodward en el últimos de los libros que hizo sobre la presidencia de Trump, fueron sus mandos militares los que lo impidieron y le dijeron que era una propuesta que tendría más consecuencias negativas que positivas.
Pero lo cierto es que, en los siguientes cuatro años, la administración López Obrador colmó la paciencia de la Casa Blanca y el gobierno de Biden terminó realizando la operación de inteligencia que detuvo a El Mayo Zambada y Joaquín Guzmán López, el 25 de julio pasado. Trump es menos elegante que Biden y sus acciones también lo serán y la única opción para evitarlo es que la presidenta Sheinbaum se gane su confianza con acciones que se vean, en Washington, como realmente decididas en contra del crimen organizado. E incluso así no hay garantía alguna de que Trump no emprenda alguna acción que esté destinada, sobre todo, a satisfacer su mercado interno y a intimidar el externo.
No se ve en el equipo de Trump quién podrá actuar como amortiguador de las ideas más radicales del mandatario. En los hechos, muchos de ellos son más radicales que el propio Trump. Decía ayer la presidenta Sheinbaum que, cuando hablaron por teléfono la semana pasada, Trump le ofreció ayuda para combatir a los grupos criminales, apoyo que la mandataria rechazó destacando las características de su equipo de seguridad. Pero también decía que sería bueno que se compartiera información, inteligencia, que hubiera cooperación. Y es verdad: sería importante y útil, pero eso implica también reconocer lo que hemos dicho muchas veces: desde el último año de López Obrador esa cooperación en términos de inteligencia e información está interrumpida o reducida al máximo. Y el operativo de El Mayo Zambada es la mejor demostración de ello.
Hay que insistir en que no se podrá tener éxito en el combate al crimen organizado sin un enfoque y cooperación regional. Por supuesto que México, Estados Unidos o Canadá pueden y deben hacer mucho más en sus respectivas estrategias de seguridad contra el crimen, pero no podemos depender de Estados Unidos, o de cualquier otro país, para tomar las medidas de seguridad pública interior y nacional que la situación amerita.
En los temas de migración o narcotráfico, incluyendo el tráfico de fentanilo, hay demandas estadunidenses, pero se debe comprender que combatirlo es una exigencia de nuestro propio interés nacional, más allá de Trump. Recuperar el control de la frontera sur es una exigencia de seguridad nacional, como lo es combatir a los grupos criminales que están asolando muchos estados de la República y generando un número exorbitante de víctimas, unas 4 mil 500 desde la llegada de la presidenta Sheinbaum al poder.
Los grupos criminales desafían el poder del Estado y expolian a la sociedad y por eso deben ser combatidos hasta acabar con su propia capacidad de control. El problema que solemos tener, y que se agudiza en ciertos sectores de la 4T, sobre todos en los que siguen pensando que los abrazos y no balazos fue una política correcta y eficiente, es que asumen que ésa es una exigencia externa cuando se trata de nuestro propio interés nacional.
No es muy verosímil, como publicó el NYT este fin de semana, que se esté reclutando a estudiantes de química para que se conviertan en cocineros de fentanilo para los cárteles. Sin duda, debe haber casos, pero no parece ser algo extendido: los grupos criminales tienen, dentro y fuera de México, sus cocineros de metanfetaminas y fentanilo, que diseñan esas drogas para consumo y luego los que se encargan de prepararlas suelen ser una mano de obra tan barata como desechable (nadie que trabaje mucho tiempo en un laboratorio de metanfetaminas o fentanilo tendrá una vida muy larga).
Pero sí es verdad, como se publicó también este fin de semana, que se está contratando a sicarios de Colombia, Guatemala, El Salvador y otros países. Lo vimos en un reciente enfrentamiento en Tecpan de Galeana donde hubo 19 muertos, numerosos detenidos y pocos eran de origen mexicano. Vienen contratados o huyendo de sus países (como los maras salvadoreños). Esos personajes terminan alimentando, además, la alianza de los cárteles mexicanos con grupos externos, lo vemos en Colombia, en Perú, en Ecuador, en España.
Si no entendemos que se necesita cooperación y operación regional para combatir el fenómeno criminal, incluyendo la migración ilegal, si no entendemos que la administración Trump sí se propone hacer mucho de lo que dice, no nos va a alcanzar el esfuerzo nacional en seguridad, que hoy está bien encauzado, pero que soporta presiones extraordinarias.
Adiós, Cuitláhuac
Dejó el gobierno de Veracruz Cuitláhuac García, uno de los peores gobernantes que ha tenido ese estado. Lo deja con una estela de corrupción y autoritarismo, de persecución a adversarios políticos, dentro y fuera de Morena. Lo deja con el mayor índice de secuestros, con altísimos índices de extorsión, robos en carreteras, feminicidios, desapariciones, trata de personas, analfabetismo. Dicen que seguirá en la administración pública, nadie sabe con qué méritos. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)
A la memoria de la inteligencia inquieta de Claudio Isaac
Vueltas da la vida. Trump se hizo mundialmente famoso por su ostentoso uso de la mentira, miles de falsedades con las que timó a los estadunidenses. Al sur de su país, ocurrió algo muy similar. Gracias a esfuerzos como los de Luis Estrada, conocimos del impacto de la ametralladora de mentiras mañaneras. En el conteo final el mexican style superó por mucho –230%– al de Trump. Sin ningún recato, las ráfagas aquí siguieron su desbocada marcha. Hoy sabemos de las perversiones que la metralla provocó, tanto en la percepción, como en la cultura ciudadana. ¿Algo de qué asombrarse?
Un estudio reciente (Data OPM-Este país) muestra cómo los mexicanos ya no consideran a la corrupción como un problema mayor. Atrás están miles de expresiones afirmando eso: llegamos nosotros… y se acabó la corrupción. Segalmex y otros escándalos soterrados por el megáfono autoritario. Sin embargo, la gran mayoría ¡considera fallido el combate, la corrupción sigue! ¡Por fin!
Varios pensadores como Rob Riemen o Timothy Snyder, arrojaron luz sobre esa perversión: la mentira. Snyder incluso estableció etapas en la destrucción social de la verdad: 1. la no verificación por parte de los medios, 2. la repetición de las mentiras (Goebbels dixit) hasta reescribir la verdad, 3. el ocultamiento de las contradicciones, 4. la fe en los “mesías del pueblo”, ellos encarnan la verdad. En seis años los incipientes reflejos democráticos de la sociedad mexicana se fueron diluyendo. Así se dio la ratificación de la continuidad. Colofón: acabar de un plumazo con los organismos autónomos con capacidad de señalar falsedades, pero también de acreditar verdades.
2024, Trump regresa, prefirieron sus mentiras. Las consecuencias allá también fueron graves. Alrededor de 70% de la población no reconoció algún logro económico a Biden. Los hubo. Hoy los migrantes son pandemonio. Pero las mentiras tropiezan. Ahora, dadas las confrontaciones abiertas entre mentirosos sobre el papel de los trabajadores mexicanos en EU, o las “caravanas” de migrantes, o el destino de los autos chinos que llegan a México, o el daño del maíz transgénico en los seres humanos, o los extraños envíos de petróleo a Cuba y muchos otros, ambos mandatarios tendrán que acreditar sus dichos con verdades. Ironías de la vida.
¿Desplazan los mexicanos a los estadunidenses o… esos puestos a ellos ya no les interesan? ¿Cuántos migrantes han sido detenidos aquí? ¿Ocultamos importaciones chinas o no? Datos y posturas binarias: sí o no. Para el gobierno mexicano de entrada habrá un problema: ser juez y parte en las discusiones. Algo muy diferente sería con actores independientes –en lo automotriz hay varios– que dieran sus cifras. Lo mismo con los migrantes. Existe una serie de organizaciones que desde hace décadas siguen ese fenómeno. Para eso exactamente sirve tener voces independientes y autorizadas, que no sean parte de la discusión.
Desde hace muchos años ronda la idea de crear una organización que podría denominarse como “Amigos del TLC” o de “América del Norte”, canadienses, estadunidenses y mexicanos, trenzados por el fantástico intercambio comercial que los tratados han provocado. Voces que ayuden –en momentos como éstos, en que la escaramuza lo único que provoca es mayor confusión– a centrar el debate. Qué tan grande será la ambición autoritaria, que el gobierno mexicano decidió convertirse en voz única en todas las materias. Supongamos que hubiera grandes avances en educación ¿quién –con independencia– los puede acreditar? Lo mismo vale para la seguridad en la que, por fin, pareciera haber un giro. Si las cifras surgen sólo de los responsables directos, de entrada, pueden ser descalificadas.
Dejemos la ética atrás. Pragmatismo puro. El centralismo y el autoritarismo son –políticamente hablando– sistemas de gobierno tortuosos y poco eficientes. Gobernar en democracia es más sencillo.
Ahora van solos. (Federico Reyes Heroles, Excélsior, Nacional, p. 10)
La política siempre es de tiempos y momentos. El 10 de agosto de este año, estando en la histórica gira de transición entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum, y a pocos días de que había ocurrido un episodio que tenía que ver con la detención de una persona por parte de autoridades estadunidenses en suelo mexicano, el presidente López Obrador, en la inauguración del nuevo Hospital del IMSS-Bienestar en Culiacán, aprovechó el momento para hablar de la postura del gobierno de México:
“Nosotros tenemos muy buena relación con el pueblo estadunidense y con los gobiernos de Estados Unidos, pero hay esa tentación de querer mandar en todas partes, meter las narices en todos lados. Pues nada más recordar que México es un país independiente, libre, soberano. Aquí mandamos los mexicanos”.
De la misma manera, el sábado pasado estando en Nuevo León en la inauguración de la nueva Unidad de Medicina Familiar No. 73 del IMSS, en San Nicolás de los Garza, la Presidenta hizo extraordinario y muy oportuno discurso; aprovechó para hablar del momento que estamos viviendo en México con nuestra relación con Estados Unidos.
Señaló la importancia de los estados fronterizos en la histórica relación con nuestros vecinos del norte. Comentó que ha habido crecimiento en la región gracias a los tratados comerciales, pero también gracias a la formación de jóvenes en diversas carreras de ingeniería y a la extraordinaria calidad del trabajo de las y los mexicanos.
También habló de las aportaciones que hacen los mexicanos en Estados Unidos a su economía: respecto a la seguridad social; “si la migración aumentara en 200 mil migrantes al año, la solvencia del seguro social en Estados Unidos se extendería por dos años, aumentando sus reservas en 284 mil millones a lo largo de 10 años”.
En el IMSS durante los últimos cinco años incrementamos los años de viabilidad financiera del instituto, que hoy es de 13 años, mientras que en 2017 solo se tenía una viabilidad de dos años.
Gran parte de ello se debe a que abrimos la seguridad social a sectores históricamente excluidos: personas trabajadoras del hogar, trabajadores independientes e incluso a trabajadores migrantes de Guatemala, que permitieron incrementar la recaudación del instituto.
Hace unas semanas se publicó una encuesta de Bankrate, reconocida empresa de servicios financieros, en la que señala que 73 por ciento de los usuarios del sistema de seguro social estadunidense está preocupado por su viabilidad y teme recortes de los beneficios que actualmente contempla. La migración podría representar una oportunidad para ellos.
Luego de una semana que inició con declaraciones del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la imposición de aranceles al país, de la respuesta de la Presidenta el martes, de la llamada telefónica entre ambos mandatarios el miércoles, la semana cerró con el discurso de San Nicolás.
La postura de la Presidenta demostró que la política tiene mucho de preventivo y lo demostró en su discurso: “La relación entre México y Estados Unidos será buena y de respeto, y prevalecerá siempre el diálogo y la colaboración”.
Hablando de tiempos y momentos: si bien durante los últimos cinco años ha habido mucha inversión del IMSS en Nuevo León; compramos un hospital, rehabilitamos tres hospitales de alta especialidad, construimos tres nuevas Unidades de Primer Nivel y estamos planeando construir dos más y remodelamos un almacén regional, la Presidenta no solo dejó en claro que la relación con la oposición es de respeto y apoyo, lo demostró con la gran inversión que hará el Seguro Social con el nuevo Hospital Regional de 260 camas que construiremos en Santa Catarina. (Zoé Robledo, Milenio, Política, p. 14)
A nivel internacional, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca nos deja con importantes inquietudes que han suscitado las más variadas predicciones. Desde las más negativas que recuerdan los tiempos más caóticos de su periodo anterior en los que rompió de facto relaciones con sus aliados e inició una guerra arancelaria que provocó inestabilidad y un alza de precios generalizada, hasta los más favorables que ven al republicano como un hombre fuerte que puede hacerle frente al caos que los gobiernos más progresistas no han podido frenar por sus temores a parecer políticamente incorrectos.
Es de todos sabido que Trump siente simpatía y se reconoce en los líderes mundiales que no temen aplicar medidas restrictivas dentro y fuera de sus países por salvaguardar el orden interno y la cultura propia.
Por esto es tan afín a Vladimir Putin, por ejemplo. El America first es un claro ejemplo de este vuelco a lo propio que tiene tantos claroscuros en un mundo globalizado y agitado por problemáticas globales, como la guerra y el cambio climático, que han cuestionado las fronteras y provocado una movilidad humana que refuerza el imparable multiculturalismo en el planeta. ¿Qué se entiende como lo propio, lo “americano”, cuando la migración de millones de personas es la constante en las últimas décadas?
Sin embargo, Trump ha aprendido mucho en los últimos años y parece que ahora buscará esta misma estrategia bajo la coordinación de un plan no aislacionista. Los vientos indican que buscará fortalecer la alianza que tiene en el Pacífico con India, Japón y Australia para cerrarle caminos a China, que es percibida como su principal enemigo comercial. En este escenario, la amenaza de aranceles podría limitarle caminos a Beijing y sentarlos a la mesa de negociación.
Este camino mucho más estratégico hace agua cuando la mirada del republicano se posa en sus fronteras. Las amenazas vertidas a México y Canadá engloban los dos temas álgidos de su plan internacional: la migración y los aranceles comerciales. A ambos países los ha conminado a frenar la migración, al tiempo que los amenaza con la subida de impuestos. Esta doble estrategia no sólo puede colapsar la relación con sus aliados y vecinos, sino que puede provocar efectos contraproducentes.
La estrategia de apretar económicamente a México, por ejemplo, no es el mejor camino para frenar la migración. Apoyo y colaboración para el desarrollo de las comunidades marginadas dentro y fuera de México es lo que se necesita para lograr que la gente no tenga que migrar buscando subsistir. Las bravuconadas y las medidas a corto plazo no sólo no resuelven el problema, sino que rompen la cohesión internacional necesaria para atajar una problemática global. (Montserrat Salomón, La Razón, Mundo, p. 25)
Justin Trudeau se dobló rapidísimo. Enseñó el cobre en tiempo récord. El canadiense se subió a su avión y se apersonó en la residencia de Donald Trump en Florida para ponerse a sus órdenes y para decirle al oído que el mejor T-MEC sería un tratado en el que México no estuviera incluido. Va por un tratado bilateral, no tripartita.
Justin Judas y otros líderes canadienses quieren cambiar la hoja de maple por una cruz en llamas. Repiten, a manera de mantra, que la frontera entre Canadá y Estados Unidos no se puede comparar con la de México. Claro que no. Tenemos problemas diferentes. México tiene un costal enorme de desafíos, muchos de ellos derivados por ser vecinos de EU, como el narcotráfico y la migración. Los adictos son gringos y canadienses y los migrantes quieren llegar a esos países y a México le toca batallar con esos problemas de solución imposible si no hay cooperación y corresponsabilidad de Estados Unidos y Canadá.
A pesar de todo eso, México es el primer socio comercial de los estadounidenses, no Canadá. Esa sociedad sería más provechosa si no tuviéramos que sortear los problemas que el insaciable apetito de drogas del otro lado del Río Bravo. Canadá tiene derecho a defenderse como pueda de las embestidas de Trump, lo que no puede es hacerlo echándole tierra a México sin entrar al fondo de los problemas. Lo cierto es que el gobierno del Segundo Piso de la 4T tiene dos frentes para las próximas semanas, el de EU y ahora también el de Canadá. Con esos socios comerciales para qué queremos enemigos.
¿Irá la presidenta Sheinbaum a Florida a hablar mal de Canadá? Claro que no, no somos iguales. Hay quien dice que Trump no es aficionado a la lectura, de modo que apuestan a que no leyó la carta que le envió la presidenta, que por eso conviene un encuentro personal. Trump es un abusador de grandes ligas. Hoy mismo dirá que ya logró doblar al gobierno de Canadá, porque lo que quiere mostrar a su electorado es que es el macho de la región y con un manotazo en el escritorio pone a temblar a sus vecinos que se apresuran a buscar su clemencia.
Se desarrolla en estos días una batalla por el control de la narrativa sobre el papel de los migrantes, en particular los trabajadores mexicanos que están en Estados Unidos. El gobierno ya comenzó a difundir datos duros que fortalecerán nuestra posición y meter la versión mexicana sobre este problema tan compleja Si los trabajadores mexicanos dejarán de consumir en Estados Unidos la economía estadounidense se contraería en más de un punto de su PIB. Reducir en 50 por ciento la migración legal en los próximos 10 años representaría pérdidas para el Seguro Social de Estados Unidos de hasta 1.5 billones de dólares Las y los migrantes que llegan sin documentos también aportan 13 mdd a la economía estadounidense al no reclamar los beneficios del Seguro Social; el 92 por ciento de ese dinero beneficia a los estadounidenses. De acuerdo con el Peterson Institute for International Economics (PIIE) el 80 por ciento de sus salarios se consumen en territorio estadounidense. Si los trabajadores mexicanos dejaran de consumir en Estados Unidos la economía de Estados Unidos se contraería en más de un punto de su Producto Interno Bruto.
Glifos
Arrancó en Veracruz el gobierno de Rocío Nahle con los mejores augurios. Tiene de entrada dos objetivos principales, terminar con la falta de transparencia en la administración pública y su relación con los empresarios y recuperar la paz en todo el territorio veracruzano. Lo que dicen en los portales es que para el nuevo gobierno es un alivio que el exgobernador Cuitláhuac García deje la costa y viaje al altiplano. Son apenas 300 kilómetros de distancia, lo quisieran más lejos, pero algo es algo. (Juan Manuel Asai, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 8)
El Presidente saliente usa su poder y le otorga inmunidad a su hijo para que no pueda ser enjuiciado y encarcelado por un acto criminal que cometió. El Presidente entrante nombra a otro familiar más dentro de su próximo gabinete, repleto de personas sin experiencia para sus futuras responsabilidades y nadie dice nada. No hay protestas en las calles. Hay un retroceso enorme en la vitalidad democrática estadounidense que parece cada vez más profunda.
Durante décadas EU quiso ser el farol del mundo con la vitalidad interna de su democracia. Presumía su llamada revolución americana como la única durable y exitosa del mundo con la creación del sistema presidencial más estable. Desde su nacimiento hasta el siglo 20, EU quiso proyectarse como la democracia indispensable. La democracia liberal que defendía el derecho de asociación, la propiedad privada, la libertad de expresión, el derecho al voto, los contrapesos y la separación de poderes. La democracia que ponía el ideal al cual había que aspirar. Una democracia sin corrupción, con participación ciudadana, con transparencia y con partidos políticos que se fueron democratizando y abriendo a la participación ciudadana. Así se pensaban hacia adentro y esos eran los valores que proyectaban hacia el mundo.
Sin embargo, algo ha pasado con esa vitalidad y estabilidad democrática. La década de los años 60 del siglo pasado demostró que el ideal democrático no estaba completo. Los afroamericanos marcharon y protestaron contra la segregación racial, contra las leyes Jim Crow y siguieron el liderazgo de MLK. Las mujeres habían conseguido el voto en 1919, pero en los 60 empezaron a demandar un país sin violencia de género, con igualdad salarial, con derecho al aborto, con derecho al placer, entre otros. Los homosexuales, lesbianas, bisexuales y trans lucharon todo el siglo 20 para garantizarse desde el derecho de asociación, pasando por el derecho a la identidad, el derecho al matrimonio, el acceso a la salud y hasta el derecho a usar un baño.
El siglo 21 estadounidense ha visto los mayores retrocesos en derechos. La guerra contra el terrorismo impuso un estado de emergencia que quitó derechos a los estadounidenses con la Ley Patriota. Los 8 años de George W. Bush expandieron los poderes presidenciales, ampliando las atribuciones del Estado para espiar a sus ciudadanos. Todas sus agendas globales se securitizaron, incluyendo la migración. Los atentados del 11S abrieron una vena autoritaria. La ultraderecha conservadora le susurró al oído a Bush y consiguió que éste impusiera un tufo cristiano a su batalla. Incluso intentó modificar la Constitución para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Obama fue un interludio, con él el péndulo volvió hacia los valores progresistas. Aunque firmó una ampliación de la Ley Patriota y siguió la ocupación de Afganistán, la agenda antiterrorismo poco a poco fue saliendo de la ecuación. Su política exterior incluyó la defensa de derechos LGBT y la neutralidad de la red, la defensa del internet, como pilares. Sin embargo, en los hechos EU siguió lleno de contradicciones. Un hombre negro en la Presidencia no fue suficiente para detener el racismo sistémico. La policía siguió con el perfilamiento racial y con la brutalidad contra las poblaciones afro. Obama prometió una reforma migratoria y terminó siendo el Deportador en Jefe. Al final su mandato desilusionó y solo le abrió la puerta a Trump.
Desde 2016 en adelante se ha acelerado el retroceso democrático. Una suprema corte moldeada por Bush Jr. y Trump, con la derecha evangélica de su lado, eliminó el derecho a decidir a nivel nacional. Trump solo confía en las reglas de la democracia si él gana. Amenaza con usar el poder del Estado para ir contra sus adversarios y con deportaciones masivas desde el día 1. Despedirá del Ejército a las personas trans y buscará revertir todo lo ganado en los últimos años en sus derechos. La democracia estadounidense está en crisis y ésta se profundizará con la segunda Presidencia de Trump. (Genaro Lozano, Reforma, Opinión, p. 11)
Días de amenazas que vienen del norte con un trumpismo que regresa más furioso y desafiante que antes. ¿Cómo nos encuentra el enorme desafío que representa este reto para los próximos cuatro años?
Cuando se mira lo que ha pasado en México desde que la 4T llegó al poder, se puede ver que el modelo de acumulación de capital no ha cambiado; que la estrategia de exportación a Estados Unidos se mantiene y se profundiza; que nuestra inserción internacional está completamente enmarcada en el T-MEC. Por lo tanto, hay que distinguir entre el plano estructural de nuestra economía y el discurso en contra del “neoliberalismo”, que se hace para consumo interno y para nutrir la narrativa política del morenismo.
A diferencia de la estructura económica la parte política y la administración pública sí han cambiado de forma importante a partir de diciembre de 2018. Empezamos con un realineamiento político-electoral en la sucesión de 2018, proceso que se profundiza en 2024, lo cual modifica el sistema de partidos y los niveles de competencia. La narrativa del oficialismo y las debilitadas oposiciones entran a una fase de mayor polarización en el debate público. El discurso presidencial se enmarca de lleno en el paradigma populista. Se da un incremento de funciones a las fuerzas armadas y un desplazamiento de los civiles. Hay un renovado nacionalismo con Pemex y la CFE, empresas públicas con severos problemas financieros.
El presupuesto se modifica y, bajo la pantalla de una falsa austeridad, se debilitan múltiples capacidades del Estado en beneficio de las grandes obras como el tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el programa social para adultos mayores. Se observan deficiencias graves en materia de salud y de educación. Crece el control territorial del crimen organizado, hay una expansión de la economía criminal y la violencia se incrementa de forma importante. Al mismo tiempo, se da un aumento constante al salario mínimo y una reforma que cambia el régimen laboral. Todas estas marcas caracterizaron al gobierno anterior.
Con el cambio de sexenio hemos pasado a otra etapa, el segundo piso de 4T. Aquí empieza a construirse otra Constitución que dará como resultado un nuevo Estado mexicano. Desde febrero de este año el entonces presidente anunció sus 20 reformas, que fueron su herencia para el actual gobierno morenista. Pasamos por el proceso electoral y por la sobrerrepresentación legislativa, para llegar al tobogán de reformas constitucionales. En el sexenio anterior el sistema político conservó el carácter de una democracia debilitada. A partir de las reformas —que se iniciaron el septiembre pasado—, esa categoría ha cambiado de forma importante y hoy se debate si ya estamos en un sistema autoritario o todavía tenemos una democracia.
Hay dos reformas que cambian nuestra institucionalidad: con lo que pasó el sexenio anterior se podía corregir el rumbo y aprovechar algunos resultados positivos, como lo salarial y lo laboral. Ahora con varias de estas reformas se pone en duda la vigencia democrática. La reforma judicial destruye la autonomía e independencia de ese poder del Estado, con lo cual se fractura la división de poderes y el sistema de contrapesos. La desaparición de siete organismos autónomos, además de la captura de la CNDH y el debilitamiento del INE, suprimen derechos, borran mecanismos para la rendición de cuentas, se pierde el arbitraje económico, desaparecen la división entre funciones del Estado y de gobierno, y la autoridad pasa a ser juez y parte del entramado público. Este nuevo sistema de partido dominante, con tintes de hegemónicos, debilita la pluralidad y dificulta la competencia electoral.
¿El nuevo entramado institucional en México será problemático para el trumpismo o favorecerá la relación con Estados Unidos? Una hipótesis es que el populismo de la 4T y el gobierno de ultraderecha de la Casa Blanca encuentren muchos puntos de entendimiento, como ya los hubo antes. Queda claro que la enorme dependencia económica de nuestro país nos llevará a una muy complicada revisión-renegociación del T-MEC. Las exigencias del trumpismo no serán sobre nuestros dilemas entre democracia y autoritarismo, sino sobre comercio-aranceles, drogas y migración… (Alberto Aziz Nassif, El Universal, Opinión, p. A15)
Por demás sabido es que, históricamente, la vecindad geográfica que vincula a México con Estados Unidos de América, ha propiciado un cierto pasado histórico común, pero desigual y con episodios de desencuentros y tragedias nacionales.
En el siglo XIX la consolidación de Estados Unidos como potencia regional, y referente ideológico de la democracia republicana, impactó positiva y negativamente en la creación de México como nación.
Así, inspiró en José Miguel Ramos Arizpe el régimen federalista y el sistema presidencial que se vería reflejado en la Constitución de 1824, tras una sacudida histórica de rechazo al efímero inicio del imperio mexicano. Posteriormente, la primera mitad decimonónica bajo el signo de la lucha interna y fraterna que fue propiciada por las logias masónicas y la grosera injerencia del plenipotenciario Joel Roberts Poinsett, nos llevaron pendularmente del federalismo al centralismo y de regreso.
Peor aún, la idea del destino manifiesto norteamericano desmembró y amputó la integridad territorial mexicana. Primero, con la puesta en escena taimada de la aparente independencia de Texas en 1836 y, posteriormente, en 1847 de la descarada invasión y guerra entre México y Estados Unidos. Tal vez, éste sea el episodio más denigrante de la ambición norteamericana a costa de nuestro país, al grado de ver ondear durante un ominoso período la bandera de las barras y las estrellas en el Palacio Nacional, en pleno corazón de la nación.
Esto generó una histórica desconfianza y sana distancia entre ambos países quien la encarnó con mucha precaución fue el general Porfirio Díaz. No estaba tan desorientado, pues durante la Revolución Mexicana dos episodios volvieron a ensombrecer la relación amor-odio hacia los Estados Unidos. Por un lado, la Decena Trágica con la participación directa del embajador estadounidense Lane Wilson que llevó al asesinato del presidente Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez. Y, por el otro, el bochornoso asunto del telegrama Zimmerman durante el gobierno de don Venustiano Carranza en pleno fragor de la Gran Guerra.
Por supuesto, el visto bueno de una entonces potencia emergente y cada vez más pujante orillaba a los gobernantes mexicanos a buscar el reconocimiento en la algarabía revolucionaria y, tal vez, el mejor ejemplo hayan sido los Tratados de Bucareli de 1923, todo a cambio del reconocimiento del gobierno del general Obregón por EUA.
La política de buena vecindad patrocinada por Franklin D. Roosevelt con el resto del continente, esto es, con una América Latina despreciada, fue necesaria tras la necesidad de aliados que suministraran materias primas para el esfuerzo bélico en la Segunda Guerra Mundial. Cada vez los acercamientos entre ambos países fueron más diplomáticos, pues debe recordarse la devolución del Chamizal en tiempos de los presidentes Kennedy y López Mateos.
A partir de la década de 1990 a la fecha, la relación se fincó en sendos de acuerdos y tratados comerciales libres de aranceles y que han fomentado un bloque geoeconómico en América del Norte. Sin embargo, la primera llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos obligó a reformular los términos de esas bases.
Ahora el segundo arribo de Trump trae aparejada una política agresiva especialmente dirigida a México bajo tres cánones: migración, narcotráfico y comercio bilateral. Una agenda complicada por interlocutores impositivos, posible falta de experiencia de una administración entrante y problemas internos agravantes. Se requerirá de prudencia, conocimiento, buen manejo de la relación y, sobre todo, no amedrentarse ante las bravuconadas que es el sello distintivo del próximo mandato de Trump. (Juan Luis González Alcántara Carrancá, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
Cali-Baja, concepto referido a la región de California y Baja California y el conglomerado Tijuana/San Diego son prueba clara de que la cooperación, la coordinación y la convivencia pueden ser ejemplo de una frontera creativa e innovadora, aun cuando prevalezcan retos y problemas a resolver, como la contaminación del Río Tijuana.
El 12 y 13 de noviembre se celebró en Tijuana/San Diego el encuentro Beyond Boundaries (Más allá de las fronteras), en el marco de la conferencia de Diseño Mundial. Por primera vez, dos ciudades fueron sede de este importante encuentro, para mostrar la profunda interrelación e interdependencia de estas.
La frontera México-EU se puede definir por la interdependencia e interacción; creatividad, innovación y futuro compartido; migración y movilidad laboral; historia y espacio geográfico común; medio ambiente, agua, contaminación; comunicación, tolerancia, cultura, creatividad e innovación.
Pero en Washington se habla sólo de amenazas a la seguridad, crimen, drogas, sequía y migración y en la capital mexicana hay desconocimiento y lejanía. Nuestras ciudades fronterizas son históricas y dieron al mundo la Ensalada César (Tijuana) y el coctel Margarita (el bar Kentucky en Cd Juárez), a Juan Gabriel, y a poetas y escritores mexicanos. Son biculturales, bilingües, cosmopolitas y contrastantes en distribución de la riqueza. Es imperativo cambiar la visión negativa de la frontera atacando los problemas y compartiendo una narrativa real y positiva, al subrayar sus fortalezas y no sólo sus problemas.
Tijuana/San Diego es polo de cultura, de tecnología, software, de equipos médicos, de universidades e investigación. Empresas como ThermoFisher, líder en biotecnología y la islandesa Össur, que fabrica productos de ortopedia, están en Tijuana. El aeropuerto de la ciudad es el aeropuerto internacional de San Diego, a través del innovador cruce CBX. El puerto fronterizo de Mesa de Otay 2 será ejemplo de modernidad.
Cd. Juárez concentra la inversión de las empresas de tecnología de punta de Taiwán, entre ellas Inventec, Foxconn, Wistron y Pegatron, especializadas en electrónica, computación y semiconductores e insumos para Nvidia, líder en el desarrollo de la inteligencia artificial. El triángulo Cd. Juárez, Austin y Phoenix es el futuro para el ecosistema de la producción de semiconductores en América del Norte, si continúa la integración económica.
Hay muchos retos por delante, algunos de larga data, como el manejo sustentable de los recursos naturales, entre ellos el agua, otros recientes debido a la saturación poblacional resultado del programa Quédate en México y las medidas del gobernador de Texas. Vendrán más con una administración Trump amenazando con imposición de aranceles, deportaciones masivas y una revisión/renegociación del T-MEC, aunadas al cierre vigente de la frontera al ganado mexicano que ha causado pérdidas considerables. (Martha Bárcena Coqui, El Heraldo de México, País, p. 5)

(Calderón, Reforma, Opinión, p. 11)
Breaking 4T

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad)
La Capital del Fentanilo

(Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)