Ezequiel es un chico muy valiente que puede lograr todo lo que se proponga. Al menos eso fue lo que su madre le dijo cuando apenas tenía 13 años y tuvo que dejar su natal Chiapas para irse a los Estados Unidos al reencuentro con su padre migrante.
Hoy, cinco años después, Ezequiel no sólo logró cruzar la frontera de manera indocumentada y encontró trabajo en un viñedo de California, también estudia para salir adelante y llegar a ser, en unos años más, el abogado que le prometió a su madre.
Ezequiel es parte de los millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos y que a diario se las arreglan para salir adelante y mandar lo necesario a sus hogares en México, pero que, también, viven con temor de lo que pueda ocurrir con ellos cada que se acercan elecciones en la Unión Americana.
En este sentido, Donald Trump y Joe Biden siguen afinando estrategias para lo que parece ser un segundo round por la presidencia de los Estados Unidos. ¿Será que la vida política les dará una segunda oportunidad a Trump o a Biden para resarcir el daño que han provocado dos gestiones sin un atisbo de solidaridad para los migrantes? Estamos a meses de saberlo y, al menos por lo que vemos en los noticieros, las cosas no pintan muy bien que digamos.
Hoy, más que nunca, la intención de voto en Estados Unidos está muy pareja. Según una encuesta realizada por la Facultad de Derecho de la Universidad de Marquette, si hoy fueran las elecciones para el próximo presidente estadounidense, tanto el republicano Donald Trump como el demócrata Joe Biden tendrían el 50% de los votos cada uno. Esto es revelador y hasta cierto punto motivante para ambos contendientes, no obstante, lo sería aún más si dentro de sus campañas nos explicaran cómo piensan ayudar a migrantes como Ezequiel, el mexicano, Beatriz la cubana, Jaime el Venezolano o Rita la puertorriqueña. Para nadie es un secreto que la migración es, después del tema económico, diplomático y del cambio climático, la gran discusión ahora mismo en el mundo entero.
Ante este panorama tan complejo, los gobiernos estadounidense y mexicano parecen tener (¡por fin!), conciencia del gran reto que deben afrontar de manera conjunta. Tan sólo en el lapso de dos meses, se han llevada a cabo dos reuniones entre equipos de alto rango gubernamental de los dos países para aterrizar una estrategia integral que ayude a mitigar el problema de la migración. “Tenemos dos caminos, pero debemos elegir uno…”, dijo la canciller de México, Alicia Bárcena, en la última reunión que sostuvieron en Washington, para dar respuesta al flujo migratorio inédito que se está dando no sólo en la frontera entre Estados Unidos y México sino en todo el Continente Americano. (Basta con ver el número de caravanas que atraviesan el Darién hoy en día para entender la magnitud del problema). De estas dos reuniones se definieron 10 puntos de acuerdo, entre los que destacan la realización de reuniones trilaterales entre Estados Unidos, México y Guatemala; además, sostener reuniones con Panamá para mitigar el aumento de migrantes que cruzan por el Darién; de igual forma, dar seguimiento a las medidas del gobernador de Texas, Greg Abbot, para contrarrestar estas iniciativas que, dicho por los defensores de los derechos de los migrantes, son acciones inhumanas.
No obstante a estas reuniones de buena voluntad entre ambos gobiernos, el presidente Joe Biden dio un comunicado el viernes pasado con un tono severo, en el que presiona al Congreso para que aprueben un plan bipartidista que fortalezca la seguridad fronteriza. “El plan me daría, como presidente, una nueva autoridad de emergencia para cerrar la frontera cuando se vea abrumada. Y si tuviera esa autoridad, la usaría el día que firme el proyecto de ley”, sentenció Biden en su comunicado. Esta postura pretende que el gobierno de López Obrador tome medidas más fuertes en la frontera y, por su puesto, pone en alerta a los miles de migrantes que buscan ingresar a los Estados Unidos.
Ante este contexto que parece ser muy complicado para los migrantes, muchos especialistas (como un servidor y otros colegas) creemos que estamos ante una oportunidad histórica para que los latinos impacten en la elección del próximo presidente de los EE.UU. y, a su vez, nuestros paisanos en la Unión Americana consoliden a México como la gran nación transnacional. Les he comentado en colaboraciones anteriores que somos un país conformado por 170 millones de personas divididas sólo por un río, y que las ganas de lograr todo en la vida, como lo hacen a diario paisanos nuestros como Ezequiel, trasciende mucho más allá del gran apoyo que dan a sus familias y a sus comunidades de origen a través de las remesas. Los migrantes mexicanos deberían ser vistos en la Unión Americana, tanto por demócratas como por republicanos, como una gran oportunidad para aprovechar no sólo su mano de obra sino su talento.
Cada migrante tienen rostro, corazón y también el derecho a ser feliz. ¿En sus campañas Trump usará insultos a los niños migrantes y Biden guardará silencio? Mientras ambos políticos siguen en su disputa rumbo a las elecciones presidenciales, nuestros paisanos dan su máximo esfuerzo en los sembradíos de California, en las grandes construcciones de Chicago o en los lujosos restaurantes de New York. Y aunque estos mexicanos decidieron buscar una mejor oportunidad en los Estados Unidos (un país tan cercano en distancia al ser nuestro vecino pero muy lejano por el maltrato que muchos gobernantes como Abbot dan a nuestros connacionales), hoy tienen la oportunidad histórica de hacerse sentir tan cerca como los sienten en sus hogares cada mañana, cuando sus familias salen a la vida con la esperanza de volverlos a ver pronto. (Juan Hernández, Coordinador Nacional Migrante del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional, El Sol de México, Análisis, p. 15)
Se ha hablado mucho de la importancia de las elecciones de 2024, para México será determinante elegir entre la continuidad de un proyecto cuyas promesas aún están en el aire o darle una nueva oportunidad a una oposición fusionada al vapor.
En la región, también el ejercicio en los Estados Unidos será relevante no solo para ese país sino para las aspiraciones políticas y económicas del mundo.
Pero ¿qué pasa “del otro lado del charco”?, la región europea también enfrentará un 2024 que será relevante para la misma zona y el mundo, empezando con los dos conflictos armados que mas atención han acaparado en el último tiempo, Ucrania e Israel, ambos con implicaciones directas para Europa, el viejo continente tendrá que lidiar con estas y otras crisis, como la de la inflación o la migración, principal preocupación en la mente del electorado.
El nacionalismo, tal como lo conocemos de este lado, también se hace presente del otro, cada vez son más en cantidad y en alcance las voces que hacen no solamente cuestionamientos fuertes a la cesión de soberanía de cada país que conforma la Unión Europea, sino que ya incluso plantean recuperar independencia a cada gobierno frente a Unión con sede en Bruselas.
Los líderes tendrán que ser muy inteligentes para plantear una agenda que pueda atender las preocupaciones nacionales de sus habitantes, al tiempo que, si bien no hagan más estrecha la unión, si logren mantener la existente.
Frente a los conflictos mencionados, especialmente en el de Kiev, el resultado puede influir en la seguridad del continente y, colateralmente, en los mercados económicos mundiales. Hasta ahora, la influencia y reacción europea en el conflicto ha sido incongruente, inconsistente y poco determinante por estas diferencias entre los países que conformar la Unión. Europa tiene una urgente necesidad de mostrar una avanzada bien amalgamada que le permita ser ese actor global que marque ya una diferencia.
La región contigua a Ucrania entiende muy bien la importancia del conflicto y, dada la cercanía geográfica, están más conscientes del peligro ruso, sin embargo, algunos otros, los mas alejados, están inseguros sobre si el desenlace del conflicto debería ocupar la agenda o no.
El reto es más complejo de lo que parece, y ahora más que nunca, los europeos tienen que explotar los beneficios de la Unión para producir los componentes que logren regular sus propias fracciones que amenazan con la división.
No podemos dejar de decir que México tiene que observar muy de cerca todo lo que ocurra del otro lado del Atlántico, formar alianzas y crear presencias que puedan eventualmente traer beneficios económicos y contrarrestar la interdependencia con los del norte. (Azul Etcheverry, El Heraldo de México, Online)
Joe Biden, en su búsqueda por la reelección y mantenerse en la Casa Blanca, ha sufrido grandes y relevantes contratiempos.
Ante diversos aspectos cruciales de la agenda internacional y local de Estados Unidos, Biden está demostrando un liderazgo errático.
Ucrania representa uno de ellos.
Respaldar el liderazgo de Zelensky ante todos los escenarios, le está elevando el precio de su impopularidad ante los estadounidenses.
En el caso de Israel, como hemos mencionado en anteriores columnas, la Presidencia de Biden está perdiendo el respaldo de la comunidad judía estadounidense, dado el genonicidio que despliega el gobierno de Netanyahu en la franja de Gaza.
Por esa vía se arriesga a su vez, el peso del respaldo de la comunidad judía a su gobierno en el electorado demócrata.
Debemos señalar que la apuesta por mostrar una cara más amable con la migración no le ha funcionado a su Presidencia.
En los medios masivos estadounidenses le ha ganado la presión política al presentarse el fenómeno migratorio como una abierta invasión a Estados Unidos.
En esa línea está la disputa con el gobierno texano de Greg Abbott -posición al que se han sumado varios gobiernos estatales estadounidenses-, que le ha conllevado a asumir para sí la ruta trumpiana de radicalización anti inmigrante en su Presidencia, asumiendo en los hechos que se equivocó y plasmando su propia incongruencia.
Su presidencia ha solicitado al gobierno mexicano de López Obrador para tratar de que se cambie las percepciones a su favor ante el complejo fenómeno migratorio; al mismo tiempo, se han abierto hostilidades contra directas contra el Presidente AMLO.
Biden no ha podido enfriar el fuego abierto a su mandato en varios frentes y testimonia cómo se deterioran a corto plazo sus posibilidades de consolidarse ante Trump.
Debemos lamentar que es inminente la votación del Senado estadounidense que para lograr sostener los objetivos de política exterior en Israel, Ucrania y países aliados, al mismo tiempo puede resolver en pro de endurecer ¿acaso por militarizarse?, la política estadounidense ante la migración creciente y la frontera con México.
Pedro Isnardo De la Cruz es Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y profesor en la UNAM. Publicó en 2017 Decisiones estratégicas presidenciales en EUA: El aprovechamiento de la ocasión en crisis de Seguridad nacional y Terrorismo. George W. Bush y Barack Obama (2001-2012).
Juan Carlos Barrón es Licenciado en Administración, Maestro en Estudios para el Desarrollo por la Universidad de East Anglia (Norwich, Inglaterra) y Doctor en Filosofía del Desarrollo Internacional. Actualmente es Secretario Académico del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM. (Pedro Isnardo de la Cruz y Juan Carlos Barrón, El Universal, Online)
Aunque algunos integrantes del gabinete están abocados a cumplir con sus tareas, otros actúan cada vez más en función de futuros cálculos políticos.
Entre estos últimos está Alicia Bárcena, una mujer inteligente y preparada –quizás de las más profesionales del gabinete–, pero cuya gestión en la Cancillería podría nublarse por su obsesión de quedarse a cualquier precio en la próxima administración.
En esa lógica, la secretaria se ha enfrentado a dos pesos pesados que parece ver como obstáculos en su camino: Juan Ramón de la Fuente y Marcelo Ebrard.
No bien llegó a su puesto, Bárcena frenó el nombramiento de Eduardo Jaramillo, muy cercano a De la Fuente, quien ya se perfilaba en el Senado para ocuparse de la subsecretaría de Asuntos Multilaterales. Con esto, quiso cerrarle la puerta al exembajador de Naciones Unidas, quien hoy se muestra con más posibilidades de llegar a la Cancillería. Según la versión que no dio la canciller, el funcionario tiene problemas de salud.
Con Ebrard y el equipo que dejó en SRE, las fricciones están a flor de piel. En días recientes, se publicó que el excanciller había recibido una condecoración del gobierno de Honduras, sin antes pedir permiso en Cancillería.
En artículos periodísticos se ha acusado a Marcelo de no haber solicitado en tiempo y forma el permiso para portar la condecoración, y no ha faltado quien asevere que por ello tendría que perder la nacionalidad mexicana. Consultada al respecto, la misma canciller reveló que “el proceso para solicitar una condecoración debe seguirse ex ante” y que el trámite llegó dos días después.
Aunque el área de protocolo de Cancillería respondió positivamente a la solicitud, lo que violaría sus propias reglas, existen versiones de que la propia Bárcena alimenta en los círculos del poder la narrativa de que Ebrard podría perder su nacionalidad por ese detalle.
En cuanto a la relación con el Presidente, la gestión de Bárcena ha tenido algunos tropiezos.
A la más reciente reunión del Foro Económico Mundial, en Davos, la secretaria pretendía llevar a siete funcionarios, más personal de la Embajada. Al parecer, el tema irritó a López Obrador, quien decidió bajar a Bárcena con todo su séquito, enviando solamente a un subsecretario. Alicia terminó yendo a Washington, aunque podría haber hecho los dos viajes.
Algunos de los colaboradores de la secretaria también han sido cuestionados internamente, como es el caso de Rodrigo Morales Castillo, hijo de Hellen Castillo, quien por años ha sido secretaria privada y socia de Julio Scherer Ibarra, figura que no terminó bien con el Presidente y tiene serios cuestionamientos de corrupción. Recientemente, la canciller se hizo acompañar por Morales a una gira por China –de la que poco se sabe– para comprar electrodomésticos para Acapulco.
Otro perfil que ha despertado dudas es el de Israel Soberanis, director de Finanzas. En agosto, un reportero recordó en la mañanera que se trata de un personaje cercano a figuras del más rancio priismo guerrerense, cosa que llevó al Presidente a decirse “sorprendido” por el nombramiento de su canciller.
Algo parece haber generado sospechas en la conducta de este funcionario, quien está dejando la SRE en condiciones poco claras, mientras desde Hacienda se le impuso a la secretaria un nuevo titular, en lo que pareciera un poco de desconfianza.
Pregunté a la secretaria las razones de esta salida: “Presentó su renuncia por razones de salud”, fue su lacónica respuesta. (Hernán Gómez, El Universal, Nación, p. 5)