PRIMER ACTO: En Palacio Nacional festejan cada vez que las remesas enviadas en dólares desde EU a México rompen récord.
SEGUNDO ACTO: En Palacio Nacional festejan cada vez que el peso se fortalece frente al dólar y presumen la graaan estabilidad de la moneda mexicana que ayer llegó a estar debajo de los 18 pesos.
TERCER ACTO: En Palacio Nacional ni siquiera se menciona que un peso taaaan fuerte debilita el poder de compra de los beneficiarios de las remesas que, en vez de recibir 2 mil pesos por cada 100 dólares, ahora se quedan con mil 800… o menos, por aquello de las comisiones.
¿CÓMO se llamó la obra? “Hasta el que gana… ¡pierde!”. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
Embajadas y consulados de México, en aprietos bancarios
Las que andan en aprietos administrativos, nos cuentan, son las representaciones diplomáticas de México en el exterior por causa de un reciente acuerdo de la Tesorería de la Federación que ordena que a más tardar el 31 de marzo se cancelen todas las cuentas bancarias autorizadas por dicha entidad. Nos comentan que las quejas le llovieron a la Dirección General de Programación, Organización y Presupuesto de la Cancillería, toda vez que para embajadas y consulados “no son enchiladas” cerrar y luego volver a abrir cuentas, por las disposiciones de cada país. Así que la respuesta fue: se abrirá una nueva cuenta, se hace un traspaso de la existente y listo, tramitología arreglada. A ver si no empiezan la primavera las embajadas y consulados con escenas penosas de falta de pagos y de servicios. (Redacción, El Universal, p. A2)
BOLIVIA SE SUMA AL PLAN DE AMLO
Y fue el presidente de Bolivia, Luis Arce, el que ya se sumó a la propuesta que hizo el Presidente López Obrador para que un puñado de países latinoamericanos armen un plan conjunto contra la inflación. “En contacto telefónico con el hermano Andrés Manuel López Obrador, expresamos nuestro acuerdo con el plan antiinflacionario de ayuda mutua”, señaló ayer el mandatario boliviano. López Obrador dio cuenta el jueves de varias llamadas que hizo a varios de sus homólogos para ese fin. Entre los países a los que ha decidido convocar están Brasil, Colombia, Cuba, Argentina, Honduras, Chile y, por supuesto, Bolivia. Se entiende que por la grave situación que enfrentan las relaciones bilaterales a la presidenta de Perú no la invitará. Por lo pronto, se informó que una primera cita virtual entre presidentes será el 5 de abril. Ahí el dato. (Reacción, La Razón, LADOS, p. 2)
Chuck Grassley tiene 89 años y ha sido senador por Iowa desde 1981. Apoyó a Trump, es uno de los republicanos más influyentes de Washington y lidera el Comité del Senado estadounidense para el Control Internacional de Narcóticos. Ese comité supervisa el dinero que Estados Unidos envía fuera de sus fronteras para que otros países obtengan equipo, asignen contratos, reciban información o entrenamiento.
Durante 15 años, Grassley ha seguido la “guerra contra el narcotráfico” en México. Es uno de los legisladores que ha vigilado la inversión de más de 3 mil millones de dólares que Estados Unidos envió a México para frenar el trasiego de drogas. Y no ha estado contento con los resultados.
En 2015, dijo en una audiencia que a pesar de todo ese dinero gastado por Estados Unidos, México continuaba como un país de tránsito, producción de drogas y un centro para el lavado de dinero.
Hace dos años, México y Estados Unidos negociaban un nuevo programa, que sustituyó a la Iniciativa Mérida. Lo llamaron Entendimiento Bicentenario. Grassley seguía criticando. En otra audiencia, dijo que por casi 15 años Estados Unidos ha buscado trabajar con aliados en México para detener el flujo de drogas, pero los cárteles mantienen el control del trasiego con violencia, intimidación y corrupción.
Ahora, Grassley inició una nueva línea de investigación para entender por qué todo ese dinero estadounidense no ha resultado en menos drogas. Esa línea se llama Genaro García Luna.
El 21 de febrero, un juzgado en Nueva York declaró culpable a García Luna de ser un narcotraficante. Al día siguiente, Grassley envió una carta a Anne Milgram y Christopher Wray, la jefa de la DEA y el director del FBI. Desde el primer párrafo, va al grano. Dice: García Luna trabajó con la DEA y el FBI mientras traficaba 46.7 toneladas de cocaína.
Luego relata cómo los testigos en el juicio explicaron que la cocaína llegaba al aeropuerto de la Ciudad de México, los policías la transportaban en patrullas y la entregaban al Cártel de Sinaloa. Esas patrullas, dice la carta, las donó el gobierno de Estados Unidos, que también capacitó a los policías.
El senador añadió que, en 2008, la embajada de Estados Unidos supo de la corrupción de García Luna. En 2010, Sergio Villarreal, alias “El Grande”, informó a la DEA que García Luna trabajaba con los cárteles. Con estos antecedentes, Grassley pidió a la DEA y al FBI que le informen qué sabían de los crímenes del ex funcionario y cuándo lo supieron.
El 22 de marzo, las agencias deben entregar al Senado todas las grabaciones que tengan de García Luna, los documentos de la acusación penal de Nueva York y lo que había en su celular y laptop cuando la DEA lo detuvo, en 2019.
Además, Grassley pidió explicaciones. La DEA y el FBI deben detallar qué sabían sobre la corrupción de García Luna, cómo lo supieron, a quiénes les informaron y cuándo. También, Grassley exigió que las agencias digan quiénes de sus empleados dieron su visto bueno a García Luna para recibir dinero, datos sensibles y capacitación de Estados Unidos, y cuándo lo hicieron.
El senador escribió que los contribuyentes de Estados Unidos, quienes pagan los impuestos que sostienen la operación de la DEA y el FBI, deben asegurarse de que la aplicación de la ley realmente se vigile.
Por eso, las agencias deben entregar la información.
Supe de la carta mientras estaba en mi oficina, preparando el último episodio sobre el juicio para el podcast que conduzco, “USA vs. García Luna”. Me sorprendió que las preguntas de Grassley eran las mismas que mi compañera María Hinojosa y yo hemos repetido durante 11 episodios, cuando cuestionamos qué sabía el gobierno de Estados Unidos sobre García Luna, cuándo lo supo y por qué no hicieron algo antes.
La coincidencia no era casual. La carta de Grassley estaba llena de pies de página con referencias a nuestro podcast, donde contamos que la embajada recibió las alertas, que la DEA sabía, que tenían grabaciones de García Luna, que las patrullas eran “deliveristas” para el cártel.
Me emociona cerrar con esa carta esta serie de siete columnas sobre el juicio contra García Luna en Nueva York. Y me emociona porque, como suele suceder en mi oficio, una investigación termina y otra no ha hecho sino empezar. (Peniley Ramírez, Reforma, Opinión, p. 8)