Opinión Migración 040426

Ajustes en el Poder / El reacomodo del gabinete de Sheinbaum en lo que va de su gobierno

Renuncias, relevos y reacomodos marcan los movimientos en el gabinete de Claudia Sheinbaum en lo que va de su gobierno.

A casi año y medio del inicio del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, su administración ha registrado una serie de cambios significativos en el gabinete federal y en puestos estratégicos de la administración pública.

Los ajustes abarcan áreas clave como seguridad, hacienda, migración, cultura y política exterior, y reflejan la intención de la mandataria de fortalecer su equipo frente a los desafíos políticos, sociales y económicos del país.

Migración y seguridad

En abril de 2025, se concretó un relevo en el Instituto Nacional de Migración (INM). Sergio Salomón asumió la dirección tras la salida de Francisco Garduño, en medio de cuestionamientos por un incendio en una estación migratoria en Ciudad Juárez y ante el aumento del flujo migratorio en territorio mexicano. Garduño fue reubicado como director general de Centros de Formación para el Trabajo en la Secretaría de Educación Pública (SEP).

En seguridad, Miguel Torruco Garza fue nombrado subsecretario de Prevención de las Violencias en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) en enero de 2026, con la misión de reforzar la estrategia de prevención del delito y atender los focos de violencia en diversas regiones del país.

Los movimientos en el gabinete de Claudia Sheinbaum evidencian un gobierno en constante reacomodo, buscando fortalecer áreas estratégicas, responder a coyunturas urgentes y consolidar un equipo capaz de enfrentar los desafíos que plantea la realidad política, social y económica del país. (Laura Vázquez, Quinto Poder, Online)

SRE, una nueva era

La renuncia del doctor Juan Ramón de la Fuente Ramírez a la secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), -por asuntos de salud– debe ser motivo para un reconocimiento a su trabajo y al de su equipo, por una razón fundamental: puso a México en el concurso internacional, además, de fortalecer el respeto que hay de la mayoría de las naciones hacia nuestro país, no es nada sencillo lograrlo.

Estamos ante un mexicano universal de primer nivel que siempre ha defendido a la nación adentro y afuera. En su lugar, ya se perfila para asumir la responsabilidad, Roberto Velasco Álvarez que tendrá que ser ratificado por el Senado de la República en las próximas semanas.

Sostengo la tesis, que este relevo en la Cancillería servirá para fortalecer todo el trabajo en el servicio exterior y permitirá innovar nuevas cosas. Como lo señaló la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el doctor de la Fuente Ramírez seguirá ayudándole en temas fundamentales para la estabilidad de la nación, mientras, el exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) atiende una vieja lesión en su espalda. Como lo señalé líneas arriba, corresponde a la cámara alta aprobar el nombramiento de Velasco Álvarez, subsecretario para América del Norte. Estamos ante un funcionario joven de sobradas capacidades y experiencia en el servicio exterior.

Queda claro desde ahora, que los retos y desafíos son enormes y de toda naturaleza para quien será el próximo Canciller, sobre todo, porque México es un referente en el mundo en tiempos de tanta convulsión. Desde el Senado de la República estaremos muy receptivos a la llamada para analizar, discutir y, en su momento, votar el nombramiento del sucesor del doctor De la Fuente (quien no tengo duda seguirá ayudando a la 4T y en la academia). La propia presidenta Sheinbaum dejó entrever el grado de confianza hacia quien se perfila para la titularidad de la secretaría de Relaciones Exteriores.

Sobra decir que, en términos generales, México es un país respetado por la gran mayoría de los países, de la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU). De manera que, entre otras encomiendas estará la de fortalecer las relaciones diplomáticas con quienes ya las hay, pero, también habrá que trabajar en aquellas en las cuales tenemos un diferendo, en especial, con algunos países de América Latina, como Perú, Bolivia y Ecuador.

RELACIONES CON EU, PRIORIDAD

No faltamos a la palabra, cuando decimos desde ahora que, si una relación debe ser cuidada por el nuevo funcionario, esa es la que actualmente tenemos con los Estados Unidos, nuestro principal socio comercial en el Tratado de América del Norte (T-MEC). Temas como: migración, seguridad, comercio, economía, desarrollo, educación, ciencia y cultura tendrán que ser reforzados, apoyados con sus respectivos secretarios del área. En esta historia, seguramente, el actual secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sabrá aconsejar bastante bien a Roberto Velasco. No hay que olvidar que ya están en marcha las negociaciones del Tratado para América del Norte.

Pero, también está la experiencia, de la actual titular de la secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Alicia Bárcenas Ibarra que también le sabe muy bien a estos temas del servicio exterior. De manera que, confiamos desde ahora, que le elección que hizo la doctora Sheinbaum fue más que razonada.

En suma, buen trabajo hizo el experimentado doctor Juan Ramón de la Fuente Ramírez en la Cancillería mexicana y quien, una vez recuperado de su salud seguirá respaldando a la doctora Sheinbaum Pardo. Desde ahora, bienvenido Roberto Velasco Álvarez que aún tiene que pasar la aduana del Senado. (Saúl Monreal Ávila, El Sol de México, Análisis, p. 12)

Disco duro / Desaparecidos: negar no alcanza

México no es una dictadura. No es un régimen que desaparezca personas por motivos políticos desde el aparato del Estado, como ocurrió en las peores etapas de América Latina en el siglo XX.

Esa precisión importa, y conviene dejarla clara frente al señalamiento del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, que ha puesto al país en el escaparate internacional con una acusación mayor: la posibilidad de crímenes de lesa humanidad.

Pero que México no sea una dictadura no significa que esté haciendo bien las cosas. Más bien al contrario.

El problema no está sólo en el diagnóstico de la ONU —discutible en su alcance jurídico— sino en la respuesta del Estado mexicano: reactiva, defensiva y, sobre todo, políticamente torpe. Negar de entrada, descalificar el informe y refugiarse en la soberanía es una salida conocida y casi siempre insuficiente.

Porque hay un hecho imposible de esconder: México vive una crisis de desapariciones que el propio Estado no ha sabido contener. Y ahí es donde el discurso oficial empieza a hacer agua.

Desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la relación con los colectivos de madres buscadoras se contaminó innecesariamente. La descalificación de que todo lo que hacían era “politiquería” no fue un desliz: fue una señal política. Colocó a las víctimas bajo sospecha, como si la exigencia de encontrar a sus hijos tuviera agenda oculta. El daño fue profundo. Y persiste.

Hoy, en el gobierno de Claudia Sheinbaum, la distancia no sólo continúa: se ha institucionalizado. El no recibir a los colectivos en el arranque del sexenio no es un detalle menor; es un mensaje. Uno que confirma que el tema no está en el centro de las prioridades políticas, aunque sí lo esté en la tragedia nacional.

A eso se suma lo más grave: la inacción. No solo en la búsqueda efectiva de desaparecidos —que sigue descansando en buena medida en las propias familias—, sino en el combate a nuevas modalidades del fenómeno. La leva criminal, por ejemplo. Jóvenes que responden a ofertas de trabajo y terminan reclutados por grupos delictivos. Migrantes en tránsito que desaparecen sin dejar rastro. Trabajadores captados al azar en regiones donde el Estado simplemente no llega. Ese México sí existe. Y no necesita que lo declare la ONU para ser real.

Frente a ello, el recurso más socorrido del oficialismo ha sido mirar hacia atrás. La explicación recurrente: todo es culpa de la estrategia de seguridad de Felipe Calderón. Algo de verdad hay en ese argumento. Pero ocho años después, empieza a sonar más a coartada que a diagnóstico. Porque gobernar también es hacerse cargo del presente.

Y en ese presente, el Estado mexicano no ha logrado ni frenar las desapariciones ni construir una política eficaz de búsqueda. Mucho menos una relación de confianza con las víctimas.

No hay mayor prueba del fracaso gubernamental que el hecho que una madre como Ceci Flores haya encontrado los restos de uno de sus hijos por sus propios esfuerzos, sin ayuda de ninguna autoridad ni presupuesto oficial.

Ahí está el fondo del problema. No en si México es o no una dictadura. No en si la ONU exagera o no su lenguaje.

El verdadero déficit está en la incapacidad —o falta de voluntad— para asumir la dimensión del fenómeno y enfrentarlo sin cálculo político. Negar no alcanza. Descalificar tampoco.

Y mientras tanto, en algún punto del país, hoy, alguien, miles, siguen desapareciendo. (Alejandro Jiménez, El Sol de México, República, p. 2)