Desde su campaña, Joe Biden se comprometió a revertir las políticas de Donald Trump y a impulsar una reforma integral del sistema migratorio. La semana pasada, en su primera intervención ante el Congreso, pidió acabar con la “guerra agotadora” para avanzar en la materia.
Biden ha dado pasos importantes para proteger a los dreamers, detener la construcción del muro y buscar la reunificación de familias. También se ha comprometido a invertir en Centroamérica para atender las causas de la migración.
Y, sin embargo, la reforma prometida aún se ve lejana. Los críticos de Biden presentaron la crisis en la frontera como resultado de su postura ante el tema migratorio. Tal vez por esto, con el pretexto de la pandemia, continúa la expulsión de migrantes que buscan asilo.
El reto mayor es tener una nueva legislación que abra el camino de la ciudadanía a millones de migrantes. La iniciativa ya está en el Congreso, pero no hay garantía de que será aprobada.
Si bien Biden cuenta con una opinión pública mayoritariamente a favor de esa vía a la ciudadanía, la crisis en la frontera mermó parte del apoyo. Al presidente no le va bien en las evaluaciones sobre su manejo de los asuntos migratorios.
Esto no sorprende, pues en este tema las identidades partidistas dividen opiniones y posiciones en el Congreso. Y aunque los demócratas tienen la mayoría en ambas Cámaras, las reglas parlamentarias abren la posibilidad de que los republicanos bloqueen la iniciativa en el Senado.
Ante el Congreso, Biden ya dijo que, de no aprobarse su reforma, al menos había que avanzar en los temas donde es más factible un acuerdo, entre ellos, la protección a los dreamers, la ampliación del estatuto de protección temporal (TPS) y la vía a la ciudadanía para los trabajadores agrícolas.
El ala más progresista de su partido podría rechazar estas propuestas si no son parte de una reforma más amplia. Y así, a pesar de las buenas intenciones y los compromisos asumidos, no puede descartarse que los cambios se empantanen en el Legislativo.
Los próximos meses serán decisivos. La tregua exigida será aún más complicada una vez que inicien las campañas para las elecciones del próximo año. Es ahora o tal vez nunca. (Leopoldo Gómez, Milenio, Opinión, p.3)
Las remesas a México llegaron a un nuevo máximo al alcanzar 4 mil 152 millones de dólares en marzo de 2021, superando el anterior récord de 4 mil 45 mdd en marzo de 2020, cuando crecieron 35.1 por ciento. La importancia de esta cantidad de dinero se puede resumir así: 5 de cada 100 hogares recibieron estos recursos, podrían llegar a representar 3.8 por ciento del PIB nacional, superaron a los ingresos de divisas por IED, turismo y exportación de petróleo crudo, y en Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Zacatecas y Nayarit las remesas podrían equivaler a más de 10 por ciento de su PIB estatal.
Más de la mitad de esos hogares receptores están en zonas rurales o semiurbanas y el dinero se gasta en lo más básico. Tienen, que nadie lo dude, mucho más impacto que cualquier programa social.
Ahora, habría que recordar que, como bien apunta el informe de BBVA Research que sigue como nadie el asunto de migración remesas: “Considerando las acciones migratorias de aprehensiones, inadmisiones y expulsiones en EU, en el mes de marzo de 2021 fueron detenidos 62 mil migrantes de origen mexicano, su mayor nivel en un solo mes posiblemente desde el término de la pasada recesión financiera mundial”.
De marzo del año pasado a marzo de este año, gracias a las políticas iniciadas por Trump y que Biden no ha podido eliminar del todo, poco más de 400 mil mexicanos han sido devueltos al país, 68 por ciento del total de expulsados.
Es difícil saber con precisión hoy las razones por las que las remesas siguen aumentando y seguramente es la combinación de varios factores. El dinero que en pandemia se ha repartido en EU, el hecho que la frontera está cerrada al paso de mexicanos, el alto número de expulsiones y, también, el deterioro económico de las familias en México que dependen de esos dólares para lo más fundamental.
Entiendo y comparto el agradecimiento a los paisanos, pero me cuesta mucho celebrar la situación, la doble situación, la de otra vez miles de mexicanos huyendo y otros necesitando cada vez más dinero de quienes allá tienen otras oportunidades y, por cierto, también la han pasado mal económicamente por la pandemia. No es ningún “logro” de nadie. Es el retrato de un fracaso. Son de esos récords que, creo, no habría que andar ni presumiendo ni celebrando. (Carlos Puig, Milenio, Opinión, p.2)
La guerra del gobierno federal y sus secuaces en el Congreso contra el gobernador panista de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, es jurídica y políticamente aberrante.
Desaforarlo y despojarlo del cargo que ganó en las urnas para procesarlo por una presunta evasión de impuestos provocaría la ingobernabilidad en un estado fronterizo con tres puertos marítimos y la mayor recaudación tributaria; que pese a la violencia crónica tiene positivos resultados contra el crimen organizado y por cuyo territorio cruza la mayoría de los traficantes de drogas y personas que esquilman a decenas de miles de migrantes.
La flagrante violación a los procedimientos legales que están cometiendo la Fiscalía General de la República, la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, el jefe del Ejecutivo y, desde ayer, la Secretaría de Gobernación, traerá como consecuencia el rompimiento del dichoso y cacareado Pacto Federal y un absoluto caos en esa entidad y el resto del país.
Es ociosa la discusión acerca de si el desafuero federal es suficiente o se requiere de lo mismo por parte del congreso local para que la persecución tenga sustento constitucional: la reforma de 1982 al Título Cuarto de la Carta Magna actualizó el régimen de responsabilidades de los servidores públicos federales y locales, y estableció excepciones a la facultad de las entidades federativas para responsabilizar exclusiva y sistemáticamente a sus servidores públicos locales. Una de ellas quedó plasmada en el párrafo quinto del artículo 111 y consta de un procedimiento compuesto para atribuir responsabilidades penales a ciertos altos funcionarios estatales por delitos del fuero federal. Es el recurso de declaración de procedencia, que norma el desarrollo de la investigación para determinar la probable comisión de un delito por los servidores públicos de las entidades federativas, mismo que prevé remover el doble fuero —federal y local— antes de proceder penalmente contra el objetivo.
Propuso el Constituyente “que el Congreso de la Unión y las Legislaturas de los estados, dentro de los ámbitos de sus respectivas competencias, establezcan las responsabilidades exigibles”, pero con el “más estricto respeto a la soberanía de los estados que integran nuestro Pacto federal”.
La declaración de procedencia será para el efecto de que se comunique a las Legislaturas locales para que, en ejercicio de sus atribuciones, procedan como corresponda.
De otra manera: se reserva a los Congresos estatales la decisión última. La inmunidad procesal solo se “levanta” mediante la declaratoria de procedencia que efectúa la Cámara federal de Diputados para el efecto de que se comunique a las diputaciones locales.
El razonamiento es lógico porque evita abusos y persecuciones políticas, dejando a salvo la soberanía de las entidades federativas.
Como su nombre lo indica, la declaración de procedencia tiene solamente un efecto declarativo, de ninguna manera constitutivo de alguna repercusión jurídica… (Carlos Marín, Milenio, Opinión, p.7)
Kamala Harris, vicepresidente de Estados Unidos, conoce México. En algunos aspectos bastante bien. Ha encabezado comisiones de investigación sobre temas de inseguridad y migración entre los dos países, ha visitado el nuestro en varias ocasiones. Pero tengo la impresión, tras leer su autobiografía (Nuestra Verdad, Planeta), de que nos conoce como nos conoce el especialista que consultamos sobre un padecimiento: entiende perfectamente la naturaleza de la infección, tiene a la vista los resultados de laboratorio y sabe cosas de algunos rincones de nuestro cuerpo que incluso ignoramos; pero en esencia, y como seres humanos, le resultamos unos perfectos desconocidos. Algo similar sucede con la vicepresidente y México. Tampoco es su responsabilidad, desde luego. No obstante, su visita en junio próximo es una oportunidad para subsanar parte de ese desconocimiento. Algo que podría ser clave de cara al futuro.
Con la visita de Kamala Harris solo espero que no suceda lo que le pasó a Enrique Jackson con Felipe Calderón. Allá por 2005 hicimos la presentación de Los Suspirantes, un libro con los perfiles de más de una docena de políticos que buscaban la silla presidencial. Para la presentación invitamos a los precandidatos a comentar sus propios perfiles y la mitad de ellos aceptaron, entre ellos Felipe Calderón. La noche en cuestión llegaron puntuales todos ellos menos el panista, aunque uno de sus asistentes se había adelantado para pedirnos unos minutos de tolerancia porque el tráfico tenía atorado a su jefe a pocas cuadras del lugar. Pasados 15 minutos comenzó a crecer la impaciencia entre el público, pero sobre todo entre los propios precandidatos, a los cuales no les hacía ninguna gracia esperar por un futuro rival. Jackson, quien era uno de los suspirantes por el PRI (Roberto Madrazo le ganaría la candidatura de su partido), no aguantó la incomodidad y me apremió a arrancar el evento: “ya no esperemos al chaparro, total tiene menos posibilidades de conseguir ser candidato por el PAN, que yo por el PRI”. Y en efecto, en ese momento todos los pronósticos favorecían a Santiago Creel, el delfín de Vicente Fox, para hacerse de la nominación por el blanquiazul. Decidimos arrancar la presentación, aunque dejamos una silla para Calderón a la orilla del estrado. En algún momento el futuro presidente se incorporó al presídium, pero no sin que su asistente lo hubiera puesto al tanto de las palabras de Jackson. Sobra decir que el resto del sexenio resultó un páramo para el político priista.
La anécdota ha vuelto a mi cabeza a propósito de la visita de Kamala Harris a México porque tengo la impresión de que no se ha aquilatado en toda su dimensión la relevancia de la entrevista que tendrá, entre otras, con López Obrador. Se asume que es una enviada del gobierno de Biden de primer nivel, lo cual es cierto, pero es mucho más que eso. Simple y sencillamente porque podría terminar convertida en presidente de su país. Al menos tiene más probabilidades de serlo de las que tenía Felipe Calderón en la primavera de 2005.
Para empezar, Joe Biden tiene 78 años y quiere gobernar los siguientes ocho, lo cual supondría terminar a los 86 de edad. Como se sabe, frente a cualquier eventualidad durante su primer o su segundo período (asumiendo que Harris siga ocupando la vicepresidencia), ella tomaría su lugar, como lo hizo Lyndon B. Johnson, quien terminó quedándose seis años como titular de la Casa Blanca. Segundo, porque incluso sin una emergencia de por medio, el mero hecho de ser vicepresidente la coloca automáticamente en la precandidatura de su partido, al terminar el ciclo de Biden. Quince vicepresidentes en la historia de Estados Unidos han subido al siguiente escalón, entre ellos el propio Biden. Los más recientes, Nixon, Ford y Bush.
Eso hace de Kamala Harris, insisto, algo mucho más que la simple enviada de Biden. En una de esas, la comprensión que adquiera sobre nuestras realidades a partir de visitas como ésta podría ser decisiva en la actitud y en la definición de políticas de la Casa Blanca respecto a México en los próximos años.
Desde luego la relación entre dos países, así sea tan desigual como la de Estados Unidos y México no empieza y termina con los humores personales del ocupante de la Casa Blanca. Hay enormes inercias en la compleja interdependencia entre los dos países. Pero son tales los impactos que las decisiones del norte provocan en las exportaciones, las remesas, la migración, el turismo o la inversión, que la suerte de muchos compatriotas, empresarios y regiones termina dependiendo del “estilo personal de gobernar” del ejecutivo en funciones.
No se trata, por supuesto, de un exhorto a hacer la corte ni ofrecer las perlas de la virgen para asegurar una buena disposición de Kamala Harris para con nuestro país. Se trata esencialmente de aprovechar la oportunidad para hacerla más sensible a la verdadera dimensión de nuestros problemas. Los mayores daños suelen surgir no de la mala leche, sino de la ignorancia o los prejuicios. Ella sabe que los boicots al tomate, al aguacate o las autopartes de México producen desempleados que tarde o temprano atosigarán sus fronteras. Pero una cosa es leerlo en un briefing y otra muy distinta entenderlo a cabalidad. Es muy fácil, desde el escritorio de la Casa Blanca, ceder a la presión de un grupo de agricultores o de obreros estadounidenses que exigen el endurecimiento de fronteras, pero la decisión se vuelve más ardua cuando el responsable está consciente de todas las consecuencias.
Ser hija de migrantes, haber crecido como miembro de las minorías y tener una trayectoria de abogada y fiscal de causas sociales la harían sensible a muchas de las banderas y preocupaciones del gobierno de la 4T. Pero su énfasis en temas de cambio climático, derechos humanos y agendas del movimiento feminista podrían provocar desencuentros y mutuas desconfianzas. Más allá de las fobias y filias personales que puedan desarrollarse entre AMLO y ella, es mucho lo que está en juego. Solo podemos desear que la visita y lo que derive de esta sea abordada con la mayor de las atenciones, responsabilidad e inteligencia. ¿La habrá? (Jorge Zepeda Patterson, Milenio, Opinión, p.12)
Cuando las fuerzas irregulares del Cártel de Sinaloa se enfrentaron contra efectivos regulares de la Guardia Nacional, el Ejército, la Marina y las policías locales de Sinaloa, las primeras sufrieron una derrota por abandono.
En términos militares, entregaron la plaza; esa región calentada hasta los extremos de la barbarie por los cárteles de la droga y sus derivaciones de crimen organizado.
El gobierno de la República simplemente adujo –desde la jefatura del Estado– el riesgo inútil de un baño de sangre, y para proteger a la población civil soltó al capo cuya captura había desatado el infierno en Culiacán.
Desde entonces, y a pesar de saber dónde estaba –al menos cuando lo soltaron, lo cual facilitaba seguirlo constantemente, así se tuvieran únicamente las párvulas artes de un Boy Scout– el Capito Ovidio Guzmán, hijo del Capo Chapo, goza de la libertad al parecer sin amenazas de ninguna especie.
¿Dónde?
Donde el gobierno sabe.
¿Y por qué no lo han detenido, por qué nadie lo busca, por qué Santiago Nieto no ha bloqueado sus cuentas ni la Unidad de Inteligencia Financiera ha inteligenciado algo en su contra?
Pues las razones sólo las conoce el gobierno.
Por esa y muchas otras razones el ex embajador de Estados Unidos en México, el muy guadalupano señor Landau, les ha dicho a sus colegas del Departamento de Estado, cómo el gobierno mexicano se muestra lene ante algunas organizaciones del crimen organizado, cuya presencia es abrumadora en casi 40 por ciento del territorio, como lo comprueban los michoacanos de Aguililla y zonas aledañas.
Pero el presidente se ha ofendido por estas declaraciones y le ha extrapolado a otro de sus motivos de indignación: el “sabadazo” en favor del “Güero” Palma, uno de los más desalmados criminales de nuestra historia.
Y en torno del “sabadazo” mismo, el presidente dijo esto:
“…He dado instrucciones a la secretaria de Gobernación, la licenciada Olga Sánchez Cordero, para que se analice la conveniencia de llevar a cabo una reforma en las leyes correspondientes para que asuntos de esta naturaleza no se traten en días inhábiles, que no sean los sábados y los domingos.
“Esto no significa limitar las libertades e incumplir con lo que establecen las leyes, es actuar con transparencia absoluta, porque no es un asunto nada más de carácter legal que corresponda al Poder Judicial, al Poder Ejecutivo. Es un asunto de Estado. Se tiene que cuidar el decoro y la dignidad del Estado mexicano, no se puede exponer el prestigio del Estado mexicano.
“Imaginemos si se libera a cualquier persona y al día siguiente, a los dos días, aparece, como ya ha sucedido, que es buscado por agencias extranjeras. ¿Cómo queda el gobierno de la República? Bajo sospecha. Y nuestro gobierno no establece relaciones de complicidad con nadie y no va a caer en ninguna trampa que signifique desprestigiar al Estado mexicano…”
Y aquí la puerca tuerce el rabo, si se me permite tan porcina expresión:
“Imaginemos si se libera a cualquier persona y al día siguiente, a los dos días, aparece, como ya ha sucedido, que es buscado por agencias extranjeras. ¿Cómo queda el gobierno de la República?”
Pues quedaría en ridículo, especialmente cuando a quien se libera (no de la prisión, sino de una aprehensión instantánea) es un capo cuya fugaz captura obedeció a una solicitud de extradición del gobierno de los Estados Unidos.
–¿Qué van a decir?
Pues ya lo sabemos, ya se los dijo Landau:
“Dejó ir a Ovidio Guzmán (el gobierno por órdenes presidenciales expresas), porque no quería tener un derramamiento de sangre más generalizado en Culiacán. Fue simplemente un momento terrible. La verdad es que el Ejército mexicano fue superado en armas…”
Y en cuanto a los sabadazos y los apresuramientos judiciales, el gobierno se viene dandoi cuenta apenas ahora. No se había incluido este elemento en la reforma cuya ejecución necesita forzosamente la presencia irrenmplazable del ministro Arturo Zaldívar, consentido de la corte y cortesano favorito.
Los “sabadazos” se resolverán mediante la docta intervención de la Señora Olga Sánchez Cordero quien desde la secretaría de Gobernación le ha sacado más jugo a su condición de Ministra en retiro, que cuando era ministra en activo.
Pero asi van las cosas. La Corte debe resolver desafueros extravagantes; prolongaciones inconsistentes y horarios para el abuso.
Es triste darse cuenta cuántas cosas tenemos de República Bananera”.
ERRATA
No era “Sudamericana” la editorial del libro de Ortega y Gasset de ayer. Era la colección Austral. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Opinión, p.3)
Buscan nuevos acuerdos
Nos adelantan que, este martes, los presidentes de Guatemala y de México, Alejandro Giammattei y Andrés Manuel López Obrador, buscarán tejer un plan migratorio y de desarrollo para presentarlo a Estados Unidos, especialmente a la vicepresidenta de ese país, Kamala Harris, con quien habrá una segunda llamada telefónica esta misma semana. (El Heraldo de México, Opinión, p.2)
Las remesas han sido un factor de estabilidad económica y social en México.
Paradójicamente los mexicanos que no encuentran oportunidades de trabajo en su propio país y que por ello tienen que migrar a Estados Unidos, son el principal sustento de miles de familias en México.
El año pasado, el monto de las remesas que llegaron a México superaron los ingresos de divisas por Inversión Extranjera Directa, turismo y exportación de petróleo crudo, de acuerdo con un análisis de BBVA México.
Las remesas llegan a alrededor de 1.8 millones de hogares y más de la mitad de ellos están en localidades de menos de 15,000 habitantes, es decir, zonas rurales y semiurbanas.
El monto de las remesas ha aumentado considerablemente y el impulso a la economía de EU que está dando el presidente Joe Biden podría hacer que crezca 7% y se ubiquen en los 43,450 millones de dólares, al cierre de este año.
En el 2020, las remesas alcanzaron un monto total de 40,607 millones de dólares.
Ese año llegaron a representar el 3.8% del Producto Interno Bruto del país.
Banco de México informó que las remesas que envían los mexicanos que trabajan en Estados Unidos a México llegaron a un nuevo máximo de 4,152 millones de dólares al cierre de marzo de este año 2021.
El récord previo fue de 4 mil 45 millones de dólares en marzo del 2020, con un impresionante aumento de 35.1%.
Fue justo con el inicio de la pandemia del Covid-19 cuando se registró el espectacular incremento.
La diferencia entre el récord histórico del 2020 y el del 2021 es de apenas el 2.6%.
De acuerdo con el análisis de la institución bancaria si se compara el dato de 2021 contra el de 2019, el incremento de las remesas fue de 38.7%
Los datos son impresionantes. Detrás de las remesas, hay que recordarlo y enfatizarlo, hay personas y familias que sufren y padecen historias de terror.
En todo caso debería causar vergüenza que no se les ha podido retener con oportunidades de empleo y salarios dignos. (Marco A. Mares, El Economista, Opinión, p.23)
La reunión entre el presidente López Obrador y la vicepresidenta Kamala Harris, el 7 de mayo, es en un contexto propicio para que ambas partes logren un diálogo constructivo y mayor cooperación en tema migratorio.
Kamala Harris, por su origen californiano, tiene una visión de frontera y migración muy diferente a la administración Trump. El 7 de mayo el presidente López Obrador se reunirá con la vicepresidenta. El contexto:
No es seguro que nuestros países logren ponerse de acuerdo en la visión y estrategia a seguir en el corto, mediano y largo plazo respecto a la migración, pero las condiciones están dadas para un diálogo constructivo y una cooperación en la que cada parte logre parte de sus objetivos. (Martha Bárcenas, El Heraldo de México, Opinión, p.7)
El surgimiento de la figura del “bracero” como estigma social, en el doble sentido, primero como “brazos al servicio” de la agricultura estadounidense y, después, como “viejo migrante”, se fue transformando hasta llegar a hacer ahora de los inmigrantes, no solo una condición social que suma y apoya en la construcción de la riqueza de México y Estados Unidos, sino en movimiento que es resultado del trabajo de décadas de diversos expresiones sociales que lo han vuelto en una latente y viva realidad.
Por ello, los cambios que empiezan a vislumbrarse en los primeros tres meses de gobierno de Joe Biden, son en gran medida el resultado de décadas de lucha en contra de un proyecto económico que generó desigualdades sociales, un permanente racismo, violencia y persecución a la migración.
La programada amplia reforma migratoria de Biden, que contempla dar la ciudadanía a poco más de 11 millones de personas en condición migratoria irregular, beneficiar a trabajadores agrícolas y los “dreamers”, y que reunirá a familias separadas durante el gobierno de Donad Trump, son un buen comienzo.
La realidad global se ha venido modificando, al grado que la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca no habría sido posible sin la permanente voz de las organizaciones sociales y grupos organizados en su permanente batalla en contra del racismo y la violencia armada, o en favor de los derechos civiles de afroestadounidenses, indígenas, latinos, asiáticos y migrantes, incluido el respeto al medio ambiente.
Es gracias a todas esas, y más, fuerzas progresistas que ahora son una realidad, tanto el triunfo de Biden como la agenda migratoria que está impulsando. La consecuencia de ese espíritu combativo permitió que en la pasada elección en Estados Unidos pesará en demasía el voto en contra de Donald Trump y el proyecto que representaba.
Lo que actualmente vemos en Estados Unidos, con esperanza, es un proceso en el que los cambios propuestos en materia migratoria, responden precisamente a ese cúmulo de voces de movimientos históricos y progresistas que no se ha detenido en su anhelo de cambio y reconocimiento a su papel dentro de una nación que los ha acogido.
Sin duda entramos a una nueva etapa de esos movimientos progresistas que enfilan los cambios a una transformación social que incluye una amplia reforma migratoria, pero que además siente las bases en contra del racismo y la desigualdad social y económica que ha prevalecido.
Es una etapa en la que el nuevo paradigma debe centrarse en alcanzar una sociedad más igualitaria e inclusiva, que reconozca su composición plural y valore el esfuerzo y aportaciones de los migrantes.
Es tiempo de reconocer su entrega en la construcción y mantenimiento de nuestros países. En Estados Unidos son fundamentales como mano de obra en sectores de la economía, considerados esenciales, como en el agrícola y de servicios, jugando un papel relevante ante la pandemia, por haber estado más expuestos a contagios. Pero también representan un factor importante en la innovación, el emprendimiento y la recuperación de la economía de nuestro vecino del norte.
Los 11 millones de personas en condición migratoria irregular, de los cuales la mitad son mexicanos, pagaron al Estado 492 mil millones de dólares en impuestos federales y locales (Informe del Congressional Hispanic Caucus Institute).
La importancia de los inmigrantes hispanos es de vital relevancia para Estados Unidos porque representan uno de cada siete ciudadanos y uno de cada seis empleados. Colaboran en los sectores agrícola, sanitario y de servicios, los cuales mantuvieron a flote la economía estadounidense.
Además son quienes generan el 25 por ciento de los nuevos negocios. De hecho, hay estados en la Unión Americana que dependen en gran medida de su trabajo: 69 por ciento de los trabajadores agrícolas de California, siete de cada diez de los empleados de procesamiento de productos del mar de Alaska y 66 por ciento de quienes participan en el procesamiento de carne en Nebraska, son migrantes.
En el ámbito sanitario, la situación es parecida, por su nivel de participación: casi cuatro de cada diez asistentes de salud en el hogar, tres de cada diez médicos y 22 por ciento de los auxiliares de enfermería, quienes estuvieron en la primera línea de acción en contra de la pandemia.
En el caso de México, los migrantes se han convertido en el pilar principal de la economía mexicana por el nivel de remesas que envían. Tan solo en 2020, el monto de las remesas que enviaron al país supero los 39,500 millones de dólares. En el primer trimestre de 2021, alcanzaron los 10,623 mil millones de dólares.
Por tanto, estamos en presencia de un capítulo que augura cambios trascendentales en la sociedad globalizada, que habrá de beneficiar a los migrantes. La elección que dio el triunfo a Biden es el inicio. (Pilar Lozano Mac Donald, El Universal, Opinión, Online)
Isabel Arvide acudía a las mañaneras en representación de su blog, “Estado Mayor”, le hacía preguntas lisonjeras al Presidente e incluso le pidió dinero. El 9 de enero de 2020 le “preguntó”: “El 70 por ciento de las personas se informa por internet y, sin embargo, quien recibe la publicidad oficial es un semanario que se llama Proceso que usted dijo que no se lee. Quienes tenemos un portal, estamos en las redes sociales, estamos aquí desde la madrugada, no recibimos un centavo de publicidad”. Añadió que Proceso “solo tiene contenido que le pega” al Presidente.
No sé si el mandatario le dio finalmente el “chayote” al blog de Arvide, el cual se sigue publicando con su participación, pero sí la nombró cónsul en Estambul. Como es un cargo para diplomáticos de “carrera”, no tuvo que pasar por la aprobación del Senado. Solo que ella no es diplomática. Cuando este domingo llegó después de un vuelo a Chetumal (supongo que para cumplir con funciones consulares) declaró: “¿Por qué me nombró el Presidente? Porque le dio su gana nombrarme”.
Al servicio exterior mexicano, en cambio, es muy difícil ingresar. Hay que aprobar un examen de cultura general, pruebas de español, inglés y otro idioma, redactar un ensayo, someterse a exámenes médicos y psicológicos, tomar cursos en el Instituto Matías Romero y realizar prácticas en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Pero estos son solo requisitos para presentarse a un concurso de oposición bianual. Si el aspirante obtiene finalmente una plaza, empieza a trabajar con nivel de técnico administrativo C.
Desde siempre, sin embargo, los presidentes han menospreciado al servicio exterior y han dado las representaciones más importantes a aliados o amigos. Uno podría entender que de manera excepcional se confiara una legación a un especialista o a un político cercano al mandatario, pero convertirlo en una práctica habitual es inadmisible.
Arvide no solo no tiene experiencia diplomática, sino que ni siquiera muestra un trato educado con sus subalternos, como lo han exhibido grabaciones difundidas en redes sociales. No es, empero, el único caso en que el Presidente nombra a quien le da la gana. Blanca Jiménez renunció a Conagua por “un problema familiar” que la obligaba a salir del país, pero el Presidente salió al quite y la nombró embajadora en Francia. Josefa González Blanco fue obligada a renunciar a la Secretaría del Medio Ambiente por pedir que un avión comercial regresara a puerta a recogerla, ya que llegaba tarde, pero recibió como premio la embajada ante el Reino Unido. Alberto Barranco es periodista y lo admiro como cronista urbano, pero no tiene experiencia diplomática y, sin embargo, fue nombrado embajador ante el Vaticano. La lista sigue.
Washington da algunas embajadas a políticos o donantes de campañas, pero la mayor parte recaen en diplomáticos. En los países de Europa es excepcional que un embajador no sea diplomático. La designación de Martha Bárcena, del servicio exterior, como embajadora en Washington al principio del sexenio fue una señal positiva, pero a pesar de su excelente trabajo en el complicado gobierno de Donald Trump la reemplazó Esteban Moctezuma (excompañero de trabajo mío), quien no tiene experiencia diplomática.
El presidente López Obrador dice con frecuencia: “No somos iguales”. Quizá sea cierto en algunos campos, pero en el menosprecio a los diplomáticos de carrera ha sido igual o peor que sus predecesores.
El presidente populista de El Salvador, Nayib Bukele, logró la ansiada mayoría absoluta en la nueva Asamblea Legislativa. La primera medida de los nuevos legisladores ha sido destituir a los jueces constitucionales y al fiscal general. Así empiezan las dictaduras. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p.8)
Como muy pocos estados, e incluso países enteros, Texas tiene una relación esencial para México. Colindante con Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y Chihuahua, el intercambio comercial y humano con Texas es extraordinario. Por un lado, el intercambio de bienes y servicios entre México y Texas ascendió a 213 mil millones de dólares en 2019, lo que es equivalente a 35 veces el flujo comercial que tenemos con Francia y ocho veces con Alemania. Las actividades comerciales entre México y Texas generan más de 382 mil empleos en el estado, mientras que las empresas mexicanas ahí establecidas son responsables de ofrecer más de 20 mil empleos.
Por otro lado, alrededor de 2.4 millones de personas mexicanas viven en el estado. Destacan las zonas metropolitanas de Houston y Dallas-Fort Worth. En consecuencia, 11 de nuestros 50 consulados en Estados Unidos se encuentran en Texas. Tras la visita de trabajo que realicé a California, un estado esencial para los intereses de México, la semana pasada visité cuatro ciudades texanas clave: Dallas, Fort Worth, Houston y Austin. La agenda de trabajo combina componentes que buscan mejorar la atención para las personas migrantes en el estado, sin importar su condición migratoria, con reuniones en los ámbitos político, cultural, educativo, económico y de salud.
En virtud de las circunstancias actuales que el SARS-CoV-2 ha generado, el componente de salud fue fundamental. En Dallas, el próximo 5 de mayo inicia operaciones el centro de vacunación del consulado, mismo que funcionará de manera continua de lunes a viernes. En Austin, tuve el gusto de inaugurar el centro de vacunación dentro del consulado, mientras que en Houston acompañé la jornada de inmunización enfocada a jóvenes beneficiarios del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Además, en esa ciudad me reuní con médicos y estudiantes de medicina que han atendido a las comunidades mexicanas contra el covid-19.
Un tema de vital importancia para la seguridad nacional de México y de Estados Unidos es el control de armas. En este sentido, llevé a cabo una reunión con distintos representantes de organizaciones de la sociedad civil en favor de la regulación de armas de alto calibre en el estado. Si bien el gobierno de México es respetuoso de las normas texanas y estadunidenses, el tráfico internacional de armas y municiones hacia nuestro territorio representa un muy grave riesgo para la seguridad nacional y regional, como han reiterado el presidente López Obrador y el canciller Ebrard.
En Austin conversé con la secretaria de Estado, Ruth Hughs, y el jefe de Oficina del gobernador Greg Abbott, Luis Sáenz. En dicha reunión, también intercambié puntos de vista con John Hellerstedt, director del Departamento de Salud, y Christi Craddick, directora de la Comisión de Ferrocarriles, a fin de reactivar el dinamismo de nuestra frontera común. Agradecí también por la colaboración para reactivar la exportación de gas natural a México, tras las bajas temperaturas registradas a principios de este año.
Durante la visita de trabajo tuve la oportunidad de estar acompañado por tres excelentes titulares, los cónsules Francisco de la Torre, Alicia Kerber y Pablo Marentes, así como con miembros de sus equipos. Reconozco y agradezco todo su trabajo en favor de nuestras comunidades. Volví a México con nuevas ideas y con el compromiso de intensificar nuestro trabajo para beneficio de las y los mexicanos en Texas y en defensa de los intereses de nuestro país. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Opinión, p.30)