El alargamiento del conflicto en Irán se ha consolidado como el principal factor de incertidumbre geopolítica y económica a escala global. Lejos de ser un episodio regional confinado al golfo Pérsico, esta confrontación prolongada genera ondas de choque que llegan directamente a las economías emergentes y, de manera muy concreta, al bolsillo de los mexicanos.
La disrupción en el suminis-tro de hidrocarburos, el encarecimiento del transporte marítimo y la volatilidad extrema en los precios de las materias primas han creado un entorno donde la inflación importada se vuelve estructural. En México, esto se traduce en productos básicos más caros en la canasta familiar, presiones sobre la gasolina y el diésel –insumos críticos para la logística y la agricultura–, mayor estrés sobre las finanzas públicas por subsidios crecientes y una desaceleración del crecimiento económico. Además, la incertidumbre actúa como un freno poderoso a la inversión privada: las grandes decisiones de capital se posponen o se redirigen hacia destinos más predecibles. En un país que necesita tasas de inversión superiores a 25 por ciento del PIB para generar empleos de calidad, este “efecto espera” es particularmente dañino.
Desde una perspectiva macroeconómica, la correlación entre conflictos geopolíticos prolongados e inflación es bien conocida. Las guerras modernas no sólo destruyen capital físico, sino que distorsionan cadenas de suministro globales y elevan las primas de riesgo. Los mercados financieros ya lo reflejan: spreads soberanos más amplios para economías emergentes, dólar fortalecido como activo refugio y commodities energéticos con sesgo alcista. Para México, cuya economía está altamente integrada a Estados Unidos y expuesta al ciclo energético global, estos choques externos se amplifican.
Ante este panorama, ¿qué solución viable existe en el corto plazo? La respuesta honesta es incómoda: muy poca. Donald Trump no puede permitirse una percepción de derrota estratégica en Irán. Llegar a las elecciones de noviembre con una imagen de “otro Irak o Afganistán” sería políticamente suicida para su base. Por ello, la administración mantiene una postura de máxima presión, sin señales claras de desescalada. Esta rigidez no es solo ideológica; es electoral.
Paradójicamente, el hecho de que la guerra y la inflación asociada escapen cada vez más del control directo de la Casa Blanca incentiva una mayor agresividad en otros frentes de política exterior. Cuando no se puede ganar fácilmente en el tablero principal, se buscan victorias simbólicas y tangibles en otros. Es aquí donde América Latina, y México en particular, entra en el radar con mayor intensidad.
Ya observamos los primeros movimientos: la reactivación agresiva de la agenda de seguridad y narcotráfico contra México. Se trata de una narrativa probada que genera réditos electorales en Estados Unidos. Designaciones de cárteles como organizaciones terroristas, amenazas de aranceles punitivos, presión militar indirecta y exigencias de mayor cooperación en materia migratoria forman parte de un paquete coherente. No es casualidad. En tiempos de frustración geopolítica, el vecino del sur se convierte en un objetivo políticamente rentable.
En este contexto de alta incertidumbre, México se enfrenta a la renegociación del tratado más importante de su historia económica moderna: el T-MEC. El acuerdo trilateral no sólo representa más de 80 por ciento de nuestro comercio exterior, sino que es la columna vertebral de las cadenas de suministro regionales y un ancla de estabilidad para la inversión manufacturera.
La administración Trump llegará a la mesa de renegociación con una posición de fuerza asimétrica. Usará la palanca dela seguridad nacional, el déficit comercial percibido y la narrativa del narcotráfico para exigir concesiones en varios frentes: reglas de origen más estrictas en automotriz y acero, mayores compras de energía estadu-nidense, revisión del capítulo laboral y, probablemente, mecanismos de revisión anual más intrusivos. La vinculación explícita entre comercio y seguridad será, casi con certeza, el elemento nuevo y más disruptivo.
Desde la óptica de un economista, México debe entrar a esta renegociación con realismo estratégico, no con ingenuidad.
La guerra en Irán nos recuer-da una verdad incómoda: en unmundo de grandes potencias, las economías medianas como la mexicana no son meros espectadores. Nuestras decisiones internas y nuestra capacidad de anticipación determinarán si convertimos la incertidumbre externa en una oportunidad de reposicionamiento o en un lastre prolongado.
El desafío es mayúsculo, pero no inédito. México ha navegado turbulencias geopolíticas antes. Basta recordar las décadas de los años 70 y 80. La diferencia hoy radica en la velocidad de los acontecimientos y la profundidad de nuestra integración con el socio que, al mismo tiempo, representa tanto nuestra mayor oportunidad como nuestro principal riesgo. (David Penchyna Grub, La Jornada, Política, p. 10)
ARA LA GRAN mayoría de los estadunidenses estaba casi borrada la historia del Primero de Mayo hasta que fue rescatada por cientos de miles de trabajadores inmigrantes en las megamarchas que arrancaron en 2005 y culminaron el primero de mayo de 2006. Con ello, los empleados del mundo que llegaron a Estados Unidos retornaron la memoria a sus compañeros estadunidenses. El viernes pasado, la conmemoración regresó a sus orígenes en el movimiento laboral y sindical con unos 5 mil actos por todo el país.
EL DÍA INTERNACIONAL de Trabajo festeja el gran movimiento nacional de cientos de miles de estadunidenses e inmigrantes en 1886 para demandar la jornada laboral de ocho horas. En Chicago esa movilización fue reprimida y durante una protesta contra la violencia oficial, ocho anarquistas fueron culpados, sin evidencia, de lanzar un bomba durante la confrontación en Haymarket Square, con varios de ellos condenados a muerte. Los “mártires de Chicago” y el movimiento por una jornada de “ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que quieras”, actualmente son festejados alrededor del mundo cada Primero de Mayo, menos en Estados Unidos. Eso fue a propósito: ante preocupaciones de que la fecha sería políticamente peligrosa, en 1894 el presidente Grove Cleveland designó el primer lunes de septiembre como el Día del Trabajo oficial para borrar el Primero de Mayo.
EL VIERNES PASADO, en las marchas y actos del Primero de Mayo, algo extraordinario ocurrió: se marcó el día en lugares donde nunca antes se había festejado. Más aún, las movilizaciones se vincularon no sólo al tema de los derechos laborales, sino a un abanico de demandas, que incluyen poner fin a las medidas antimigrantes en el país, frenar las guerras en el extranjero, solidarizarse con el pueblo palestino, repudio contra los ataques a la educación, bibliotecas y salud pública, así como la defensa de los principios democráticos y derechos civiles frente al asalto de la derecha en el poder en Washington.
EN ESE SENTIDO, las movilizaciones de este Primero de Mayo se relacionaron explícitamente con las acciones nacionales anteriores del Día de No a Reyes (No Kings Day) y expresiones contra las medidas antimigrantes alrededor del país, sobre todo en la resistencia ejemplar en Mineápolis.
PERO NO SÓLO fue el mosaico de demandas y consignas, sino también de los participantes. En las movilizaciones de No a Reyes y otras contra la migra, la participación ha sido mayoritariamente de blancos. Se entiende la ausencia de inmigrantes latinos y de otras regiones del Sur global dada la ofensiva brutal contra ellos y cualquiera que se parezca (víctimas han incluido hasta indígenas estadunidenses por “verse como inmigrantes” con toda la ironía que son más “estadunidenses” que los agentes y los políticos antimigrantes, quienes en los hechos fueron los primeros “ilegales” en llegar a estas tierras sin permiso).
EL VIERNES SE manifestó en las calles el gran arcoíris y coro multilingüe de este país, en gran medida por la participación de sindicatos y organizaciones de trabajadores inmigrantes. Y es que el movimiento laboral en este país surge, es nutrido y su futuro depende de inmigrantes. En Haymarket se habló inglés y alemán, y estaban presentes irlandeses y una de las figuras claves ahí fue Lucy Gonzalez Parsons, de origen mexicano, indígena y afroestadunidense. “ESTE ES NUESTRO Día del Trabajo, no el falso que designaron gente rica para que no recordemos nuestra historia. Homenajeamos a nuestro mártires al luchar como el infierno y continuar esa lucha… Este es el momento de definición de nuestra generación, igual como lo fue con nuestros antepasados hace 140 años”, declaró en Chicago el viernes el presidente del sindicato automotriz UAW, Shawn Fain.
EL FUTURO DE la democracia estadunidense depende, afirman líderes sindicales, inmigrantes y políticos nacionales como Bernie Sanders, de la lucha social por los derechos de las mayorías contra la consolidación de una oligarquía, igual como hace justo 140 años. DOWN STOP DEPORTATIONS FAMILIES TOGETHER THE NO ICE! DEPORTATIONS! STOP THE DERECHOS DE LOS INMIGRANTES Las movilizaciones en Estados Unidos para conmemorar el Primero de Mayo se vincularon no sólo al tema de los derechos laborales, sino a un abanico de demandas, que incluyen poner fin a las medidas antimigrantes en el país, frenar las guerras en el extranjero y solidarizarse con el pueblo palestino. (David Brooks, La Jornada, Mundo, p. 23)
Alerta mundialista en Miami
Este lunes, organizaciones civiles del sur de Florida realizarán una conferencia de prensa frente a las oficinas del Comité Anfitrión de Miami-Dade para exigir rendición de cuentas a la FIFA y organizadores locales, luego de que organizaciones civiles emitieron una alerta recomendando a latinos e inmigrantes considerar los riesgos de viajar para el Mundial 2026, citando preocupaciones sobre operativos de ICE. Solicitan a la FIFA garantías de seguridad ante posibles detenciones en los alrededores de los estadios.
El movimiento destaca la alerta de viaje emitida por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y Amnistía Internacional, suscrita por 120 organizaciones, sobre riesgos en la aplicación de leyes migratorias, vigilancia y libertades civiles durante el Mundial 2026 en Estados Unidos. Tras más de una decena de reuniones en un año, los activistas reportan falta de transparencia y compromisos exigibles en derechos laborales y seguridad comunitaria. Una carta firmada por casi 30 organizaciones denuncia promesas incumplidas y opacidad en la contratación de proveedores por parte de la FIFA y el Comité de Miami. Los antecedentes de eventos previos de la federación registran abusos como robo de salarios y condiciones peligrosas que afectan a trabajadores migrantes. (De Jefes, El Financiero, Empresas, p. 17)
El endurecimiento de las políticas migratorias y las restricciones de viaje en Estados Unidos ya comienza a tener efectos medibles en el flujo internacional de turistas, en un momento clave rumbo a la Copa Mundial de 2026. Datos de la International Trade Administration muestran que las llegadas internacionales al país vecino cayeron 5.5 por ciento en 2025, hasta 68.3 millones de visitantes, en contraste con los 72.3 millones registrados en 2024, lo que marca la primera contracción desde 2020. En este contexto. México emerge como un actor central: mientras mercados como Canadá y Alemania retrocedieron, los viajes desde territorio mexicano hacia Estados Unidos crecieron 6.4 por ciento en 2025, consolidándose como uno de los principales flujos turísticos bilaterales en la región. (A la Sombra, El Sol de México, Republica, p. 2)