Unos 800 mil mexicanos regresarán al país empujados por la crisis sanitaria-económica que golpea a Estados Unidos, lo que agravará los problemas que, por esa misma razón, enfrentamos en México.
En febrero pasado, cinco y medio millones de personas estaban desempleadas en Estados Unidos. Con el cierre económico obligado por la pandemia, el paro alcanzó en abril 22.7 millones de trabajadores, la cifra más alta en la historia de ese país. La consultora Oxford Economics estima que en mayo fueron 27.9 millones los desempleados y que en junio sumarán unos 36 millones.
¿Cuántos, de ese total, son mexicanos despedidos allá de sus trabajos? El Instituto de Política Migratoria de Estados Unidos estima que un millón 400 mil, de los que al menos la mitad (700 mil) están en una situación migratoria irregular.
Ese universo de indocumentados, más otro no estimado que tienen estatus regular pero que por la crisis sanitaria y sus consecuencias económicas fueron despedidos o registraron pérdida de ingreso y que, conservadoramente, serían unos cien mil, es el que está en la disyuntiva de regresar a México, temporal o permanentemente, en un creciente flujo que se empezó a registrar desde marzo pasado, según el análisis recientemente publicado por Tonatiuh Guillén, excomisionado del Instituto Nacional de Migración (INM) y expresidente del Colegio de la Frontera Norte, en el estudio “Cambiar el rumbo: el desarrollo tras la pandemia” del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Opinión, p.10)
Piden a AMLO sana distancia de Trump
Migrantes mexicanos en Estados Unidos sugieren al presidente Andrés Manuel López Obrador tener una sana distancia con el mandatario de la Unión Americana, Donald Trump. Nos dicen que organizaciones de migrantes mexicanos preparan una carta para el Presidente mexicano con el fin de sugerirle que no visite Trump en Washington, porque a considerar de esta comunidad, estaría entrando en la campaña estadounidense y con ello apoyando los ataques que Trump lanza a los migrantes y mexicanos de manera constante. (El Universal, Opinión, p.2)
Varios analistas políticos y periodistas que reportan sobre América Latina han comentado que las protestas que estallaron después del asesinato de George Floyd en Minneapolis y otras ciudades son ejemplo de una supuesta latinoamericanización de Estados Unidos. Otros han indicado que las movilizaciones les producen la sensación de que están en Caracas, México o en Puerto Príncipe. Aunque estas comparaciones parezcan humorosas, la realidad es que se sustentan en viejos estereotipos sociales y raciales que representan a Latinoamérica como una región desestabilizada y Estados Unidos como el modelo de orden, desarrollo y democracia para el mundo. O sea, lo peor que le podría pasar a Estados Unidos es llegar a ser como América Latina.
La realidad es que la actual crisis por la que atraviesa Estados Unidos no viene del sur. Más bien es producto directo de más de 400 años de racismo y discriminación que, aún después de la manumisión en 1865, se manifiesta en las estructuras de poder y en la sociedad estadunidense mediante un sistema de segregación denominado Jim Crow que persistió hasta el final de los sesenta. El racismo estructural que se refleja en el sistema de justicia en Estados Unidos es lo que permite que un policía impunemente asesine, una y otra vez, a una persona afrodescendiente o latina. Es lo que permite que Estados Unidos tenga el número más alto de personas de color encarceladas y detenidas en el llamado mundo desarrollado. (Miguel Tinker Salas y April Mayes*, La Jornada, Opinión, p.18)