Opinión Migración 040722

Templo Mayor

A PROPÓSITO de diputados, al coordinador panista, Jorge Romero, le tocó vivir ayer en carne propia el suplicio de quienes arriban al AICM. El legislador estuvo esperando a que su maleta saliera por la banda tanto tiempo, que le hubiera alcanzado para ir a San Lázaro, votar alguna iniciativa y regresar a recogerla. Y por suerte no tuvo que pasar por Migración, porque ¡ahí seguiría! (F. Brtolomé, Reforma, Opinión, p. 10)

Caravanas o tráileres, el terrible dilema de los migrantes

Ahorrar, endeudarse y pagar desde 5 mil hasta 15 mil dólares a un tratante para poder llegar a alguna de las ciudades de Estados Unidos, con el riesgo de fallecer deshidratado y sofocado, sin poder respirar, como ocurrió con los 53 migrantes indocumentados que murieron en un tráiler en San Antonio. O en su defecto, sumarse a una caravana en donde la fuerza de la masa crítica otorga protección frente a las mafias y hasta las propias autoridades migratorias mexicanas, ese es el dilema.

Miles de centroamericanos, aun después de conocer la tragedia de Texas, tomaron camino la madrugada del viernes desde Tapachula rumbo a Huixtla, en una nueva caravana de miles de indocumentados, entre ellos más de 500 niños y 200 mujeres embarazadas, que buscan una vida mejor, lejos de la violencia y la pobreza que los rodea.

Esa difícil opción, caminar bajo el sol, con los pies en el asfalto ardiendo, durmiendo en plazas públicas y soportando maltratos y malas caras es preferible a la de morir sofocado de calor y sin poder respirar, como ocurrió con los migrantes del tráiler, uno de los miles que circulan en el sur de Estados Unidos rumbo a los diferentes centros de trabajo que demandan mano de obra.

Es una característica del capitalismo moderno que depende del trabajo migratorio. No estamos frente a una crisis migratoria, sino frente a nuevas modalidades de un fenómeno social orgánico, que responde a las necesidades de acumulación del sistema.

Son formas de esclavitud moderna, como lo reveló la investigación publicada por MILENIO el mismo viernes, donde el crimen organizado “vendió en 21 mil dólares a 30 de sus trabajadores, como si se tratara de ganado. Fueron comprados en efectivo por rancheros de un campo en Indianápolis, quienes desembolsaron 700 dólares por cada ‘esclavo’”. (https://www.milenio.com/politica/eu-crimen-vende-migrantes-700-dolares-esclavizarlos).

El “tráiler de la muerte” en San Antonio no fue una excepción, sino uno más de los miles que sirven a la trata de personas allende la frontera, en una nueva modalidad de tráfico humano que encontró en oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos aliados perfectos para mantener un negocio multimillonario.

Por eso importa seguir a detalle la suerte de cada caravana, como la que anoche permanecía estacionada en Huixtla, donde miles de venezolanos, africanos, colombianos y haitianos están a la espera de salvoconductos, documentos migratorios que les permitan un tránsito libre por el país, además de instrumentar un corredor seguro que les permita cruzarlo sin que autoridades migratorias los “rescaten” y terminen devueltos a sus países de origen.

Es un reto enorme para la Guardia Nacional, el Instituto Nacional de Migración y el Ejército, cuyos integrantes tendrían que atender a los migrantes bajo el nuevo paradigma que este gobierno anunció a su llegada: primacía del pleno respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales de todas las personas migrantes.

Atender a las caravanas al mismo tiempo que las causas estructurales de la migración y la defensa de sus derechos humanos es básico, pues ellos, como lo demuestra el interés del crimen organizado pueden ser fuente de prosperidad e impulso del desarrollo sostenible. (Héctor Zamarrón, Milenio, Política, p. 16)

Asfixiados

Acostumbrado a los incendios, a caminar en medio del fuego y conociendo el difícil oficio de separar las llamas de las personas, conmovía que se hubiera detenido en ese trágico detalle, que lo mencionara, que lo tuviera tan fresco entre los dedos, tan vivo en la memoria. “Los cuerpos tenían la piel caliente”, dijo Charles Hood, jefe de Bomberos de San Antonio, quien acudió el lunes pasado al llamado de auxilio desde una carretera vecinal cerca de la ciudad de San Antonio, Texas, para descubrir una de las peores tragedias de migrantes en la historia de Estados Unidos. La caja de un tráiler abandonado que se quedó sin aire y en donde murieron de asfixia 51 de los más de 60 ilegales que ahí viajaban. La mayoría de ellos mexicanos, pero también guatemaltecos, hondureños, familias, niños; 51 muertos con la piel caliente. Un contrasentido solo posible aquí, uno de los infiernos que nos hemos construido. El de los migrantes, los traficantes de personas, los coyotes, los polleros.

La misma historia contada millones de veces. Como aquella de 1963 que le da nombre a parte del fenómeno y que relató el periodista J. Jesús Blancornelas: “…los aduaneros de Tijuana encontraron en el coche de un contrabandista unos pollos completamente chamuscados por el calentamiento del motor, después de aquel espectáculo de pollos quemados, en la misma garita y dos años después, una larga camioneta pick-up fue sometida a revisión. El vigilante descubrió un doble fondo. Iban apretujados casi 10 mexicanos (…) Fotógrafos y camarógrafos captaron a los empaquetados y frustrados indocumentados. Alguien dijo ‘parecen pollos’, recordando el chevroletito con las aves chamuscadas. Desde entonces así les dicen”. Los pollos de los polleros a los que las autoridades de este y de aquel lado les sacan fotos. Siempre asustados, a veces sin aliento y otras veces, menos que eso.

El lunes pasado los pollos estaban sudados, amoratados, muertos. Esta vez las autoridades se peleaban por no sacar la foto y mucho menos salir en ella. Los gringos decían que el tráiler había salido de México. Los nuestros que no, de ninguna manera, imposible, que había salido del otro lado. Estúpido pensar que con ello eludirían la responsabilidad en el crimen. No importa de dónde salió el tráiler. Los mexicanos salieron de México, los guatemaltecos de Guatemala, los hondureños de Honduras y los muertos murieron en Estados Unidos. Todos son responsables.

El Presidente dio el pésame y anunció que la migración sería un tema fundamental en la reunión que sostendrá la semana entrante con Biden. Es por pobreza y desesperación que estos hechos suceden, dijo, y tiene razón. Que es necesario llegar a un acuerdo migratorio, también tiene razón, y no miente al decir que para los estadunidenses el tema pasa por la política y las elecciones. Lo que no dijo es que aquí también. Que siempre suena bien indignarse y exigirles a los gringos, pero en el fondo es vergonzoso. No existe ninguna razón para que los estadunidenses acepten ilegales. El país de donde huyen los mexicanos es de México.

Mexicanos ahogados por su país que se van a morir de asfixia al Gabacho con una cruz y una lápida encima que dice: “Lo siento, la remesa que les iba a enviar no llegará”. (Ana María Olabuenaga, Milenio, Política, p. 10)

Melilla y San Antonio

Dos sucesos desgarradores ocuparon los espacios de los medios de comunicación en días recientes. Ambos describen la crisis por la que atraviesan distintos puntos de nuestro planeta, que obligan a sus habitantes a migrar arriesgando la vida, y desafortunadamente, perdiéndola.

Dos ciudades, San Antonio, en Estados Unidos, y Melilla, en territorio español. Ambas ubicadas en una región fronteriza. La primera en la colindancia entre México y Estados Unidos, la segunda entre Marruecos y España, en el continente africano.

En la primera 53 personas perdieron la vida y 16 fueron hospitalizadas, al permanecer hacinadas demasiado tiempo dentro de la caja de un tráiler. En la segunda, 23 personas murieron y más de 200 sufrieron lesiones.

Ambas tragedias resultado de un esfuerzo por migrar, por dejar el territorio de origen a causa de la falta de seguridad y bienestar. Éstos son sólo dos casos de miles que se han registrado en distintas fronteras del planeta. Son muy pocos los seres humanos que migran por gusto, la gran mayoría lo hacen obligados por las condiciones en las que viven.

Las fronteras se han endurecido y con ello se ha incrementado la dificultad para cruzar a otro territorio. Con ello, los migrantes han tenido que buscar diversas formas para lograr su objetivo, incrementando el riesgo de morir. La respuesta de las autoridades, predecible, lógica y automática, sigue el mismo patrón, endurecer los protocolos para evitar los cruces de migrantes.

Sin embargo, detengámonos un momento a reflexionar lo siguiente. Obra en distintos libros, estudios y testimonios, que en específico en la frontera que divide nuestro país con el vecino del norte, solía darse un fenómeno interesante que a continuación describo: hace algunas décadas, la frontera carecía de controles estrictos, así que nuestros paisanos cruzaban al otro lado a trabajar por temporadas, teniendo facilidad de volver a sus comunidades de origen, lo que les permitía traer prosperidad sin deseos o necesidad de permanecer en Estados Unidos. Es decir, iban, trabajaban, producían y volvían, así año con año. Cuando la frontera comenzó a cerrarse, la idea de migrar definitivamente y con toda la familia se reprodujo. Lo que pasó después es historia de todos conocida. Pareciera entonces que, fronteras más estrictas producen mayor migración ilegal, con el enorme peligro que intentar sortearlas significa.

El Gobierno de México acierta exportando sus programas sociales a los países centroamericanos expulsores de migrantes; acierta también promoviendo la inversión por parte de Estados Unidos en esas mismas naciones. Quien vive con bienestar no piensa en migrar y para alcanzarlo es necesario garantizar seguridad y trabajo.

Es urgente fortalecer los mecanismos existentes de migración regular, ordenada y segura, y crear nuevos. Los migrantes traen enormes beneficios a las naciones a las que migran, gracias al valor de su trabajo y la productividad que inyectan a esas economías. Encontrar esquemas para que ellos puedan migrar sin riesgo, brindando beneficios y obteniendo lo necesario para vivir con un piso mínimo de bienestar debe ser el objetivo central de las políticas migratorias de fronteras como las de San Antonio y Melilla. Toda mi solidaridad con los millones de personas que emprenden ese viaje de peligro e incertidumbre. (David E. León Romero, La Razón, México, p. 12)

Migrantes y remesas, una historia de terror

Triste e indignante que se sientan orgullosos, y que lo sumen como logro, si bien saben que detrás de los 50 mil millones de dólares que presume el presidente de México proveniente de las remesas, hay auténticas historias de terror.

¿Primero los pobres? Ya lo decían desde hace cuatro años y sí, pobres eran los 27 mexicanos que murieron en un camión en San Antonio, Texas, tratando de huir del desempleo, de la pobreza, de la inseguridad y de la falta de oportunidades que se vive en cada rincón de nuestro país.

Es verdad, siempre han existido los mexicanos que intentan migrar de manera ilegal a Estados Unidos, pero no podemos cerrar los ojos, ni disimular las cifras que evidencian que México no ha crecido económicamente y tampoco se han creado empleos suficientemente atractivos para poder retener a quienes aspiran legítimamente a no tener un solo par de zapatos como sugiere el presidente López Obrador.

No, no es avaricia, la realidad es que nadie debe vivir tan limitado y por ello la esperanza de alcanzar el llamado “sueño americano”. En Estados Unidos, la jornada laboral se paga en 16 dólares por hora, algo así como 335 pesos, no se trabaja más de 40 horas semanales si es que no hay horas extras de por medio; en México la diferencia es abismal, el salario mínimo por día es de 172 pesos con 87 centavos y en la mayoría de los casos ni hablar de horas extras si es que no se cuenta con sindicato.

Díganme, en qué momento se puede presumir que tus ciudadanos huyan del país que gobiernas, por aspirar a tener una vida ya no mejor, sino digna. Si algún mérito tiene el Gobierno es ser el motivador del éxodo; tristemente la migración incluye a la familia completa, el riesgo que se corre de morir en el intento se multiplica.

El Gobierno no es generador de empleos, las empresas sí; sin embargo, lejos de encontrar una mancuerna para impulsar nuevas plazas de trabajo, se han topado con falta de apoyo, de incentivos y en algunos casos hasta con una persecución por parte del fisco. La creación de empleos formales bien remunerados cada vez es menor y los sectores con posibilidades de expansión son limitados por la misma administración federal.

La pobreza en las mesas de las familias mexicanas llega cada día más agresiva. En 2019, nuestros connacionales, con papeles y sin papeles, enviaron a nuestro país 38 mil 500 millones de dólares de remesas, hoy esta cifra se ha incrementado en 30% y no precisamente porque los salarios en Estados Unidos hayan aumentado como nunca antes, sino que precisamente esos 11 mil 500 millones de dólares extras seguramente son producto de más mexicanos buscando salir de la pobreza.

Nada tiene que ver el Gobierno con los estudios que han pagado las remesas, con las casas construidas o ampliadas, con los medicamentos comprados que no dan ni el IMSS, ni el ISSSTE, con los regalos del Día de la Madre o con la fiesta de XV años que enorgullece a las familias, eso, que quede claro, es logro únicamente de aquellos que día a día libran la migra y que despiertan con el temor de ser deportados.

Es momento que el Gobierno deje de ver como logro lo que para muchas familias es tragedia y separación, no bastan las condolencias tras las muertes ni ofrecer empleos sin prestaciones disfrazados de becas, es momento de tomar la responsabilidad de crear plazas formales con seguridad social, de trabajar junto con las empresas para estos fines, de lo contrario, seguiremos viendo el incremento en el cruce de indocumentados de la mano de historias como la de Texas. (Carlos Pavón, 24 Horas, Estados, p. 12)

Las remesas y los estoicos migrantes

Al presidente López Obrador le da por agradecer, cada vez que puede, a los innumerables trabajadores que desde el exterior envían a diario remesas de dinero hacia nuestro país. Esto es más que justo, ni duda cabe. Pero, como muestra su última declaración al respecto, el presidente no tiene ni la más remota idea de los factores que están atrás del envío de las remesas: “Les agradecemos mucho a nuestros héroes vivientes. Es una inyección de solidaridad […] No había sucedido desde hace 20 años; nos compromete a seguir apoyando al pueblo de México”.

Antes de comentar la sorpresiva segunda parte de tal declaración presidencial, bien vale la pena hacer dos observaciones. La primera es recordar que no todos esos trabajadores son, propiamente hablando, migrantes internacionales con nacionalidad mexicana. Algunos tienen ya una residencia legal en un segundo país, mientras que otros no son nativos, pero tienen ascendencia mexicana por parte de sus padres u otros ancestros. Lo que sí tienen en común son fuertes lazos familiares aquí, tan fuertes que ayudan a mantener a flote a muchos hogares mexicanos que siguen padeciendo el reciente desempeño catastrófico de la economía mexicana.

La segunda observación es que parte de esas transferencias que llegan a México, aunque es difícil dar un porcentaje, pueden no ser fruto de un trabajo legítimo. Una de las vías que usan los narcotraficantes para ocultar el origen ilícito de sus fondos se da a través de esas remesas aparentemente inocuas.

Pero volviendo a la citada declaración presidencial, la primera parte de ella, “nuestros héroes vivientes”, está más que justificada. La cantidad de remesas que llegaron tan solo durante el año 2021 a México, provenientes de Estados Unidos y otros países, excedieron los 51 mil millones de dólares. Tal cantidad fue mayor que la suma de todas las exportaciones de productos petroleros hechas el año pasado (29 mil millones) y del gasto hecho aquí por turistas extranjeros (20 mil millones). Bajo otra perspectiva, si esas remesas fueran parte del PIB del 2021, que no lo son pues éste representa solo la producción interna, el monto de ellas hubiera sido del orden de 3.8% del total.

La segunda parte de la declaración es, por otro lado, incomprensible: ese envío, dice el presidente, “nos compromete a seguir apoyando al pueblo de México”. Qué afirmación tan surrealista. Más bien al contrario, si hubiera un mayor crecimiento económico aquí, la cantidad de remesas sería menor, pues los trabajadores en el exterior no tendrían que sacrificarse tanto por sus familiares que viven acá.

Los 27 migrantes mexicanos, junto con otros de Centroamérica, que murieron recientemente atrapados en un tráiler que transitaba por Texas, dan muestra cabal del sinsentido de esa declaración del presidente. Durante los cinco primeros meses de este año, tan solo de enero a mayo, la patrulla fronteriza de los Estados Unidos detuvo a alrededor de 400 mil compatriotas que intentaron entrar de manera ilegal. Durante el mismo lapso, en 2021 fueron detenidos alrededor de 285 mil, cuarenta por ciento menos, mientras que tanto en 2020 como en 2019 fueron una cuarta parte, alrededor de cien mil personas. De manera preocupante, pues, 80 mil compatriotas están tratando cada mes de cruzar la frontera de manera ilegal. Por algo será. (Carlos M. Urzúa, El Universal, Opinión, p. A21)

Cacofonía de las relaciones México-EU

En vísperas de la visita que el presidente Andrés Manuel López Obrador hará a Washington, el embajador Ken Salazar parece empeñado en hacer un gran show de cercanía entre los gobiernos de Estados Unidos y México.

En parte ese es su trabajo, hacer valer apariencias en público y tratar de poner los desacuerdos en privado, en una relación planteada sobre la base del “acuerdo en estar en desacuerdo” y aislar conflictos para evitar que contaminen el resto. El diplomático aprovechó la tradicional celebración del aniversario de la Declaración de Independencia y el 200 aniversario de las relaciones diplomáticas bilaterales para subrayar una visión de países “unidos para siempre”.

La expresión es correcta, a pesar de las esperanzas de algunos en EU que creen que una pared en la frontera va a resolver problemas de larga data, o de quienes en México piensan que con declaraciones van a cancelar la realidad geopolítica del país. La frase, en todo caso, hace recordar aquella de “matrimonio sin posibilidad de divorcio” que usó en los 80 John Gavin, uno de los embajadores estadounidenses más polémicos en la historia moderna.

Pero es un hecho real en cualquiera de sus formas, y aunque es una relación asimétrica es también una de interdependencia: en lo económico están integrados y México es parte de las cadenas de producción estadounidenses; en lo ambiental son parte de las mismas cuencas ecológicas y en temas de salud están obligados a actuar de acuerdo; en lo social comparten millones de familias y la seguridad nacional de ambos países depende del otro.

De hecho, algunos de los problemas que hoy ensombrecen la relación son en realidad anecdóticos: las esperadas demandas por inversionistas estadounidenses en energía tienen un espacio para resolverse en el T-MEC, donde los excesos retóricos y legales de autoridades mexicanas pueden ser parte de los argumentos en su contra.

De la misma manera, las quejas mexicanas y canadienses por disposiciones estadounidenses de contenidos norteamericanos tienen su propio panel de solución desde enero último.

Hay otros temas, de migración y las formas de resolverla a las divergencias sobre la forma de enfrentar la delincuencia organizada y el narcotráfico, donde la colaboración real está a la sombra de debates públicos en que cada parte culpa a la otra.

Actores de la sociedad civil en ambos lados contribuyen a una discusión cacofónica. La historia bilateral está llena de hechos que los mexicanos no pueden olvidar y los estadounidenses no quieren recordar, pero es el marco para fórmulas y protocolos no escritos de comportamiento que hoy parecen estirados, tirantes, incluso, pero no rotos.

“Estamos profundamente unidos por nuestros lazos geográficos, económicos y familiares”, señaló Salazar. “Somos dos naciones, con un futuro compartido”. Pero es un futuro que pese a todos los esfuerzos y bases sólidas se ve lleno de baches, desconfianzas y vidrios rotos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 27)

Canadá, un millón de plazas disponibles

El tema migratorio es muy completo y técnico, con cambio constante en las reglas”, afirma Marc-André Séguin, socio fundador de Exeo, la firma internacional de abogados especializados en el tema que diseña en México estrategias de inmigración para trabajadores, profesionales, técnicos empresarios, inversionistas y familias.

Explica que los perfiles de interés de mexicanos para migrar a Estados Unidos, Canadá o Europa son diferentes. “Con EU hay enlaces familiares muy fuertes y por eso es el mercado número uno, pero crece mucho la atención por ir a Canadá, donde existe un millón de posiciones laborales en espera de ser ocupadas; Portugal tiene una demanda constante de quienes ya quieren retirarse por las ventajas que ofrece”.

Séguin comenta que en Canadá hay ofertas laborales de todo tipo, no solo agrícolas, porque hay negocios que no pueden mantener abiertas sus puertas por la falta de mano de obra. “Hay mucha demanda en servicios, de informática, mano de obra calificada para minería, salud, energía; hay 80 programas migratorios diferentes con requisitos especiales que pueden atenderse incluso al llegar al aeropuerto”.

En Exeo se simplifican los trámites a cumplir con oferta de trabajo o no, si puede ir desde el principio acompañado de su familia o no, si debe o no hablar inglés o francés, si cumple con todos los requisitos según el empleo o empleador. “No necesita ir a la embajada y no se requiere Visa para internarse a Canadá. Nuestro trabajo es dar tranquilidad y confianza a nuestros clientes para avanzar en nuevos mercados”.

Cuarto de junto

El Bufete Esquer Ruiz continúa su litigio con Banca Mifel. Lo nuevo es que la institución que encabeza Daniel Becker presiona al poder judicial y supuestamente utiliza las influencias de Julio Scherer, ex asesor jurídico en la Presidencia, para su beneficio; en los pasillos se dice que éste fue el artífice del nombramiento de Becker como presidente de los banqueros. Y hay más: Sergio Cepeda Suárez, director de operaciones de Viasunsa Ventures, denunció que el banco no les regresa más de 70 millones de pesos a pesar de órdenes judiciales y de multas por desacato… El viernes el AICM repuso la licitación LA-009KDN001-E37-2021 para los servicios de limpieza de las terminales 1 y 2, y se espera que hoy se emita el fallo. El órgano interno de control, a cargo de Guillermo Solís, admitió la inconformidad de que se beneficiaba al consorcio integrado por Aseo Privado Institucional, Tecnolimpieza Delta, Joad Limpieza y Servicios, y Servicios Inmobiliarios Iroa, con un contrato por 520 millones de pesos para desempeñarse hasta 2023. Hay denuncias de que Iroa dejó fuera del registro del IMSS a 65 por ciento de sus trabajadores y de supuestas complicidades con el director de Administración del AICM, Jordi Messeguer. (J. Jesús Rangel M., Milenio, Negocios, p. 20)

Complacencia entre monarquías

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, volvió a exculpar ayer al régimen marroquí por la parte de responsabilidad que le corresponde en la muerte de decenas de subsaharianos (entre 23 y 37, dependiendo de las fuentes) en la incursión masiva de migrantes que tuvo lugar el pasado 24 de junio en un paso fronterizo entre Marruecos y el enclave español de Melilla, en el norte de África. Según Sánchez, Europa debe reconocer el esfuerzo que está haciendo Marruecos, que también está sufriendo la presión de la migración irregular por defender, en este caso, la fronteras que no son suyas, que son las fronteras de España, y pidió la solidaridad europea para con el vecino reino alauita.

En una declaración anterior, el gobernante ya había elogiado la actuación de las fuerzas policiales de ambos países, las cuales trabajaron coordinadamente, calificó la incursión de ataque a la integridad de España y atribuyó la culpa de las muertes a las mafias que trafican con seres humanos. Tras la difusión de imágenes en las que podía verse cuerpos desparramados, golpizas a sobrevivientes heridos por policías marroquíes y guardias civiles españoles que lanzaban proyectiles de gas lacrimógeno a quienes se habían quedado ensartados en el alambre de púas de las vallas fronterizas, las autoridades de Marruecos inhumaron los cadáveres en fosas anónimas y tanto Rabat como Madrid optaron por acallar toda la información de la barbarie.

Las expresiones de Sánchez no sólo muestran complacencia y autocomplacencia ante políticas migratorias inhumanas, represivas e inequívocamente violatorias de los derechos humanos, sino que exhiben la obsesión que recorre el Palacio de la Zarzuela de quedar bien con un vecino autoritario y violento que no sólo reprime a sus ciudadanos y a los extranjeros que pasan por su territorio con la esperanza de llegar a tierras europeas, sino que practica contra la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) un expolio territorial incluso peor al que lleva a cabo Israel a expensas de Palestina.

Debe recordarse, en efecto, que en marzo pasado Sánchez consumó la traición histórica a los habitantes del antiguo Sahara español al aceptar, en una misiva enviada al rey marroquí, Mohamed VI, que el territorio ocupado de la RASD pase a convertirse en una región autónoma del reino alauita, postura manifiestamente contraria a la legalidad internacional y al principio de autodeterminación. A cambio de eso, Rabat renunciaría a sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla, las dos ciudades españolas enclavadas en territorio marroquí.

Ni los gobiernos de derecha de José María Aznar y Mariano Rajoy llegaron a tanta obsecuencia hacia Marruecos como lo ha hecho Sánchez, cuyas posturas fueron calificadas por sus propios aliados en el gobierno de herencia de las políticas de Donald Trump. Pero es importante considerar que el abandono de la tradicional neutralidad de España ante el conflicto saharaui-marroquí y el remplazo de estrategias migratorias por la simple brutalidad policial no son lineamientos de gobierno, sino de Estado. A fin de cuentas, hay numerosos puntos de encuentro económicos, políticos e incluso ideológicos entre dos monarquías belicistas, corruptas y opresivas –con catalanes y vascos, España, y con los saharauis, Marruecos– que se contemplan una a otra en el espejo desde ambas orillas del Estrecho de Gibraltar. (Editorial, La Jornada, p. 2)

No entienden nada

Washington, D.C. Hace unos días se anunció la reunión que sostendrán el presidente López Obrador y el presidente Biden. Entre los temas que presentará López Obrador están la “integración” del continente americano y la “migración”. Muchas personas han expuesto que el Presidente debería “exigir” al presidente Biden, más visas para migrantes, programas de apoyos para el sur de México y Centroamérica y, menos restricciones en las fronteras. Dicho así, parece todo muy fácil.

En México, desde los tiempos del PRI (y sigue en la actualidad), muchos asumen que es posible que el Presidente de Estados Unidos (EU), con su dedito, haga y deshaga en el país, aprobando o cancelando proyectos, cambios en política migratoria, política exterior, salud, etc. Tengo la pena de comunicarles, que ni siquiera los liderazgos más radicales como Trump, lograron esto. Aunque muchos no lo crean, sigue existiendo un sistema de pesos y contrapesos que, a lo largo de la historia, se cree es el motivo de su estabilidad económica y democrática.

No solo el Presidente no tiene “hiperpoderes” como vemos en otros países de América Latina, ya no digamos países como Cuba, Nicaragua, Venezuela, sino que además los diputados no responden al presidente. En EU, existe una división de poderes a nivel de Estado y, un sistema de rendición de cuentas entre los congresistas y la población del distrito al que pertenecen y que votaron por ellos. Esto significa que sus votaciones, en gran medida, estarán influenciadas por los intereses de la población a la que representan. Nada que ver con México en donde no existe la rendición de cuentas. El caso cubano es un caso emblemático: las políticas de EU en cuanto al embargo de Cuba, responden a demandas e intereses de la población cubanoamericana en el Estado de Florida (uno de los más importantes en el Colegio Electoral) que tiene la mayor concentración de cubanos en el país.

Recientemente, la republicana naturalizada Mayra Flores nacida en Tamaulipas, ganó en el sur de Texas, es la primera mexicana que entra al congreso. En México que se dicen pro-inmigrante esto no podría suceder jamás. De entrada, ningún mexicano naturalizado puede acceder a una gran cantidad de puestos, incluyendo ser diputado o senador. Ya no digamos el trato a extranjeros en los aeropuertos del país. Considero que ahí habría que partir para hablar de “integración” del continente americano.

Mayra Flores ganó una elección especial en un distrito donde los latinos (en su mayoría de origen mexicano) son el 84 por ciento de la población y los demócratas habían estado en el poder desde 1870. Y ¿Qué creen? Flores está a favor de una política migratoria más controlada que en los términos actuales y tendrá que votar por lo que la mayoría de su distrito electoral prefiera. Ella ganó con promesas de campaña que tendrá que cumplir.

Por otro lado, a propósito de las visas temporales de trabajo que pedirá López Obrador, no todas las aprueba el Presidente sino el Congreso, quién además indica los límites en la emisión de cada tipo. Y aún estas visas aprobadas por el Congreso, no son en el orden de los que vayan llegando, tienen que ser solicitadas, gestionadas y amparadas por los empleadores y hacerse responsables por los migrantes que soliciten.

Con estos antecedentes ¿Cómo se explica que en la agenda del presidente López Obrador no haya una sola reunión con congresistas? El discurso político y los golpes de mesa sacarán muchas portadas en los periódicos y tuits viralizados, pero en términos prácticos no llevarán a ninguna parte. Como lo he dicho en muchas ocasiones, México desde hace mucho tiempo ha perdido la oportunidad de construir sistemas de cabildeo y de dialogo con los congresistas. En los últimos años se ha alejado todavía más. Siguen sin entender cómo funciona la política interna de Estados Unidos. (Jacques Rogozinski, El Financiero, Economía, p. 11)