A Rosa Icela nadie la pela
La secretaria de Seguridad tiene a su cargo la estructura más importante para combatir la violencia en el país, pero ella no la opera. Aunque Rosa Icela Rodríguez es una persona que goza de la confianza del presidente, eso no le da más fuerza interna.
El Centro Nacional de Inteligencia, a cargo del general Audomaro Martínez, aunque es muy amable con doña Rosa Icela, en realidad no puede ofrecerle productos de inteligencia confiables, porque no están haciéndolos, los únicos que lo hacen son el Ejército y Marina, y esas instituciones nada le comparten a la secretaria, sólo en las reuniones de seguridad con el mandatario presente.
El comisionado Francisco Garduño sólo se cuadra con el Ejército y no con su jefa, y el coordinador de las prisiones federales, José Ángel Ávila Pérez, con poca experiencia y pocos recursos, apenas cuida que los presos se porten bien y no se le fuguen, a pesar de las fallas de seguridad (especialmente en Almoloya), y la Guardia Nacional mucho menos la considera un mando. (Eje Central, On line)
Las elecciones de gobernador en Virginia, ganadas por los republicanos por primera vez en una década, y la cerrada competencia en New Jersey, donde Biden ganó su elección por 16 puntos, han prendido en Estados Unidos los primeros focos de alarma sobre la elección intermedia de aquel país, sobre la posible derrota de los demócratas en esas elecciones y sobre el posible regreso de Trump a la contienda presidencial en 2024. Nada menos. (NYT, https://nyti.ms/3weHf0z).
El inicio del gobierno de Biden ha sido muy bueno y muy malo. Enfrentó con decisión admirable el doble reto de la pandemia sin control y de la contracción económica, asumiendo la primera con rigor científico y la segunda con una inyección de recursos fiscales sin precedente.
Regresó el discurso de Washington a sus compromisos globales reasumiendo lideratos en temas como el cambio global y la contención de China y Rusia.
Pero tuvo una retirada desastrosa de Afganistán y ha tardado mucho en negociar en el Congreso su paquete de inversión histórica en infraestructura. Tampoco ha podido dar una respuesta eficaz al jeroglífico migratorio de su frontera sur, que adquiere por momentos los perfiles de una crisis humanitaria.
La resultante de todas esas variables es simplemente mala para el nuevo gobierno. Biden ha perdido la aprobación que tenía, nunca muy alta pero sí mayoritaria, y encuentra en el flanco demócrata resistencias y dudas.
Trump parece ir en el sentido contrario. Es el líder político indisputado del Partido Republicano, donde difícilmente se moverá una hoja del árbol electoral sin su consentimiento, rumbo a las elecciones intermedias, las cuales pueden convertirse, por interpósitos candidatos, en una especie de referendo nacional sobre el trumpismo y el no trumpismo. (Héctor Aguilar Camín, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Remesas: 115 mil mdd en la 4T // Más de medio billón en 32 años // Fox: exportamos jardineros
Incontenible es el flujo de remesas de los paisanos expulsados de su propia tierra ante la falta de oportunidades y decrecientes niveles de bienestar provocados por esa suerte de apartheid económico que representó el régimen neoliberal. Cómo olvidar, por ejemplo, al impresentable Vicente Fox cuando, como inquilino de Los Pinos, se pavoneaba: exportamos jardineros de muy buena calidad; existe una gran necesidad en Estados Unidos de jardineros, nosotros en Guanajuato estamos entrenando gente para eso, para que luego vengan a trabajar a Estados Unidos, sin olvidar que los migrantes mexicanos hacen el trabajo que ni los negros quieren hacer.
Pues bien, tampoco hay que dejar de lado que por cada minuto que Fox permaneció en Los Pinos un mexicano emigró por razones económicas, hasta sumar alrededor de 3 millones 200 mil paisanos en el sexenio.
Cierto es que el voluminoso ingreso de divisas por el concepto citado no debe presumirse como un éxito de la 4T, pero sí hay que reconocer que la creciente emigración de mexicanos fue consecuencia de gobiernos neoliberales que dejaron a su suerte a millones de mexicanos, quienes no tuvieron otra opción que mirar hacia el norte y buscar lo que su propio país les negó. Y lo mismo ha sucedido en toda América Latina y el Caribe.
El informe más reciente sobre el particular ( La Jornada, Dora Villanueva y Julio Gutiérrez) dice así: “los trabajadores mexicanos en el extranjero han enviado al país 37 mil 333 millones de dólares en lo que va del año. El monto no sólo implica un incremento de 24.6 por ciento anual, también es el mayor del que hay registro para un periodo similar –enero a septiembre– y de seguir la tendencia actual en un mes se batirá la cifra de todo 2020, muestran datos del Banco de México. Sólo en septiembre, las remesas sumaron 4 mil 403 millones de dólares, 23.3 por ciento más que en el mismo mes de 2020”.
Algo más: si bien se frenó el avance de montos históricos que se registraron durante julio y agosto, el dinero que los trabajadores mandan a México lleva 17 meses seguidos de crecimiento interanual, es decir, que justo en el periodo que lleva la crisis de la pandemia de Covid-19, los trabajadores en el extranjero han aumentado sus contribuciones al país, pues desde mayo de 2020 los flujos de remesas no han dejado de avanzar, al tiempo que se recupera el empleo para migrantes en Estados Unidos. Con esta perspectiva, se espera que las entradas de remesas a México superen 50 mil millones de dólares al cierre de 2021, monto que terminaría 78.6 por ciento por arriba que la inversión extranjera directa estimada en 28 mil millones de dólares por especialistas que consulta el Banco de México (ídem).
Esa información permite conocer que, por el concepto referido, a lo largo del gobierno del presidente López Obrador han ingresado cerca de 115 mil millones de dólares (algo así como 2 billones 300 mil millones de pesos). Como punto de referencia vale comparar ese monto con el captado por la exportación petrolera en igual periodo: alrededor de 55 mil millones de dólares, hasta septiembre pasado.
En el recuento, de 1989 a 2018 (tres gobiernos priístas y dos panistas) a México ingresaron alrededor de 440 mil millones de dólares en remesas. Hay que sumar los 115 mil millones en tiempos de la 4T, para un total de 550 mil millones de billetes verdes, monto equivalente a algo así como la mitad del producto interno bruto mexicano a precios actuales. No hay que dejar a un lado que lo que 32 años atrás se captaba en poco más de un bienio (1989-1990) hoy se registra en un mes (septiembre, por ejemplo).
Por remesas, en el sexenio salinista (el de la solidaridad) ingresaron, en números cerrados, 16 mil millones de dólares; en el Zedillo (bienestar para la familia) 32 mil millones, el doble que en el previo. Con Fox (cambio que a ti te conviene) el monto creció a 92 mil millones, con Borolas (para vivir mejor) a 140 mil millones y con Peña Nieto (mi compromiso es con México) a 160 mil millones. Y la cuenta es ascendente. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 24)